Unzueta1996

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Tabla de contenidos

Introducción

Si como afirma Andrea Giardina: "...para aproximarnos al tipo romano debemos acercarnos a la ciudad (1991:17)"; así también, para conocer las características y la raíz de la romanitas de un territorio, deberíamos estudiar la naturaleza de los núcleos de población que en él existieron.

Colonia, forum, vicus... serán los ejes que verebrarán el paisaje romano del Cantábrico Oriental; de su presencia o ausencia, así como de sus características, dependerá la mayor o menor integración de esta región en el sistema administrativo de Roma.

Intimamente unido a la modalidad de los asentamientos y como otro pilar básico del fenómeno asimilador debemos de considerar el trazado de las nuevas vías de comunicación, que cruzando el territorio de norte a sur, enlazaban los principales poblamientos costeros con los núcleos del interior provincial, abriendo las tierras a todo tipo de influencia foránea.

Fase previa, cuyo inicio se sitúa en fechas próximas a las luchas entre Sertorio y Pompeyo en tierras navarras y riojanas, tomando como fecha emblemática de partida la de la fundación de Pompaelo (75-74 a.C.) y establecer su conclusión en vísperas de las Guerras Cántabras (26 a.C.).

Para este periodo no se conocen actividades de los ejércitos contendientes sobre la franja costera.

Las únicas evidencias materiales autóctonas a este medio son las acuñaciones ibéricas halladas en las ocultaciones de Usátegui (Atáun), Amalda (Cestona) y Lejarza (Larrabezúa) (Cepeda 1990).

Resulta evidente que las monedas presentes en estos tesorillos, compuestos por denarios ibéricos de cecas como Bolskan, Turiaso, Sekobirices, Baskunes, Arekoratas o Arasos, deben de fijar su fecha de acuñación en torno a las Guerras Sertorianas o fechas ligeramente anteriores, así como que pudieron ser el medio de pago para las tropas indígenas involucradas en las luchas de Roma.

Aunque ésta sería la razón para su entrada en el ámbito cantábrico, no queda justificada la presencia de las ocultaciones como un efecto inmediato de las contiendas, ya que éstas se dieron en escenarios alejados de los lugares de la lucha.

Resulta más coherente suponer que se tratara de una moneda de prestigio circulante entre los grupos indígenas, acopiada a raíz de las contiendas, que en un momento determinado, avanzado el siglo I a.C., se oculta por otras causas, hoy desconocidas.

Ante otra falta de evidencias, pudiéramos considerar las palabras de César (De Bello Civili I, 38) cuando narra el reclutamiento de auxilia por Afranio --general de Pompeyo--, de tropas entre los bárbaros de la costa en vísperas de la batalla de Ilerda (49 a.C.), como una muestra de la capacidad de Roma para intervenir en el área cantábrica.

El alcance de esta influencia no puede ser determinado con seguridad, aunque creemos que la menos debió de incidir sobre el territorio costero de los vascones, dada su integración temprana en el entorno romano; así como la del otro pueblo "bárbaro", el várdulo, que las primeras fuentes, como Plinio (Naturalis Historia IV, 110), colocan en las tierras costeras junto a los cántabros.

Primera fase: periodo Julio-Claudio (26 a.C -69 d.C)

El primer contacto directo entre ambas sociedades, entendiendo esto como el asentamiento de contingentes romanos en el Cantábrico Oriental, se debió de producir en fechas próximas a las Guerras Cántabras (26-24 a.C.), bien como un precedente destinado a crear una cabeza de puente para afrontar las futuras luchas, ya como consecuencia inmediata de éstas.

Las fuentes grecolatinas que tratan de estas operaciones bélicas establecen la intervención de la flota de Aquitania con frecuentes desembarcos en las costas, tras las líneas indígenas (Orosio, Historia adversus haereses VI, 21, 4).

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El Portus Amanum se comunicaba con las tierras del interior mediante la calzada que unía este núcleo con Pisoraca (Herrera de Pisuerga) cruzando el valle de Otañes y las cuencas medias de los ríos Barbadún y Cadagua hasta llegar al puerto de El Cabrio.

Esta vía, documentada desde temprano por un mliario de Tiberio (33 d.C.) y dos de Nerón (61 d.C.) pasa por tres asentamientos prerromanos de gran envergadura: los castros de Peña de Sámano (Castro Urdiales), Pico Moro (Galdames) y Opio (Valle de Mena).

La influencia de su trazado sobre estos hábitats indígenas debío de ser temprana, decisiva y un fuerte condicionante para su posterior evolución.

Durante este periodo se reorganiza el norte peninsular, trazando las nuevas calzadas y creando los asentamientos sobre los que girará la vida económica y social de los primeros siglos del Imperio.

La consolidación de la calzada Ab ASturica Burdigalam, cruzando la Llanada alavesa, la vía oriental Tarraco - Oiasso, pasando por Pompaelo, la nueva vía Pisoraca - Portus Amanum y la ruta marítima, ya practicable en la totalidad de las costa cantábrica, crearon el esquema principal de las comunicaciones de este territorio.

De ellas, siguiendo posiblemente los pasos tradicionales, se estableció el sistema de caminos y rutas fluviales que van a motivar el fuerte incremento del proceso asimilador de la fase siguiente.

Segunda Fase: el periodo Flavio (69 d.C. a inicios del siglo II de.C)

A partir de la segunda mitad del siglo I d.C. se observa en el norte de Hispania la revitalización de los asentamientos de fundación julio-claudia y la creación de nuevos núcleos de población.

La política decididamente integradora trazada por Vespasiano y seguida por sus hijos, dirigida a explotar los recursos de la provincia, también llega al Cantábrico.

Los asentamientos fundados en la etapa anterior son objeto de nuevas remodelaciones, documentándose ampliaciones y obras de infraestructuras.

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A partir de la escueta referencia de Plinio (Naturalis Historia IV, 34, 110) sabemos que el primitivo asentamiento del Portus Amanum recibió el estatuto de colonia bajo la denominación de Flaviobriga en tiempos de Vespasiano.

Entre Flaviobriga y Oiasso se extiende un territorio hasta este momento carente de presencia romana que a partir del cambio de la política imperial flavia comenzará a sufrir las primeras transformaciones.

En la segunda mitad del siglo I d.C. el litoral central de la costa vizcaína, en especial en la ría de Gernika, es ocupado por asentamientos de nueva planta sobre lugares en los que no se detecta habitación prerromana. Estos se establecen siempre sobre la misma línea de la costa, tanto en las márgenes de la ría como en sus desembocaduras: Forua, Lekeitio, Portuondo, Bermeo.

El contacto entre las dos sociedades sucedió de forma decisiva durante la segunda mitad del siglo I d.C.

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El poblamiento indígena

Compartiendo el paisaje con los yacimientos romanos de nueva planta arriba citados, se mantenía, al menos durante la segunda mitad del siglo I d.C. la ocupación de los poblamientos tradicionales indígenas, como ha quedado constatado a partir de los datos recogidos en las excavaciones de los castros de Berreaga y Kosnoaga.

Los núcleos de población habitados en estas fechas se encuentran en lugares fortificados de altura. El elemento más característico son sus sistemas defensivos, basados en cercos o murallas.

Las estructuras de habitación se caracterizan por su rusticidad. Son arquitecturas de madera de naturaleza semirrupestre cuya forma, tendente al círculo, depende de la configuración del terreno donde se asientan. Las cabañas se cierran por su lado exento mediante una empalizada de postes cubierta de manteado de barro.

Los ajuares son monótonos, ya que se encuentran esencialmente dos tipos de producciones cerámicas: las características elaboraciones de tipología celtibérica (vasos y orzas), junto a una producción local de pequeñas ollas de perfiles en "S" y fondo plano toscamente decoradas con marcas de cepillo o impresiones.

La cerámica de tipología romana, aun para pleno periodo flavio, es escasa. Se encuentra representada por algunos fragmentos de terra sigilata y cerámica común de escasa entidad.

El ajuar metálico está dominado por la presencia de venablos de hierro de enmangue tubular, conteras y pequeños cuchillos.

El bronce se utiliza como material para elementos de adorno en apliques y fíbulas.

El mundo de las creencias está representado en la necrópolis del castro de Berreaga, con indicios del rito incinerador en pequeñas cistas junto a un peculiar conjunto de estelas anepigráficas, discoideas y trapezoidales, decoradas con motivos geométricos, rectilíneos, cruciformes y esvásticas, cuyo origen estilístico debe encuadrarse en el mundo prerromano, aunque en sus manifestaciones más elaboradas corresponde ya a cronologías centradas en el siglo I y II d.C.

Consideración final

Sobre la sociedad indígena, cuyos rasgos nos transmiten un ambiente arcaizante, propio de una etapa cultural anterior, próxima al Bronce Final - Hierro I con ligeros indicios de celtiberización en sus ajuares, es sobre la que se incidirá el influjo romanizador.

El proceso de transformación de la sociedad indígena, iniciado al filo de las guerras cántabras, concluirá a principios del siglo II d.C., momento en que las evidencias arqueológicas de los castros desaparecen, a la par que comienzan a surgir en otras zonas del territorio nuevos núcleos de poblamiento, aún poco definidos.

Generalmente situados a media ladera y próximos a antiguos castros o asociados con las estelas y restos epigráficos de tradición indígena ya citados, se consolida un nuevo tipo de asentamiento que será el modelo más difundido en las tierras centrales de Vizcaya.

Exponentes de esta nueva realidad serían los núcleos de San Juan de Momoito (Garai), San Martín de Fínaga (Basauri) o San Pedro de Elorriaga (Lemona), entre otros, situándose todos ellos en el nexo entre el mundo prerromano y el altomedieval.

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