Unzueta1994

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  • Title: Indigenismo prerromano en la vertiente cantábrica del País Vasco: fuentes documentales y contexto arqueológico
  • Miguel Unzueta Portilla
  • Illunzar, ISSN 1886-418X, Nº. 2, 1994, págs. 101-112

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Cuestiones sobre las fuentes clásicas, la problemática arqueológica y el marco historiográfico en el que estas se desarrollaron en el País Vasco.

Replantearse la principal hipótesis de carácter histórico en vigor.

Esbozo de las circunstancias culturales de las comunidades prerromanas a través del análisis de las evidencias arqueológicas n1.

Situación del entrono costero de la vertiente cantábrica al este de la cuenca del Asón en la etapa en que estos territorios pasan a integrarse en el sistema administrativo y social de Roma (siglos II a.C. a II d.C.).

Se ha escrito sobre la distribución de los pueblos indígenas, su filiación étnica respecto a vascones y cántabros, o sobre su lengua.

Debemos ser conscientes del lastre que supone la aceptación a priori de hechos étnicos y lingüísticos no documentados ni demostrados.

Abordar el estudio de la sociedad indígena implica un replanteamiento de las estrategias de investigación, hecho que no es frecuente en las dos principales disciplinas que se aplican a ello: el análisis de las obras geográficas e históricas de los autores clásicos y el estudio arqueológico de la cultura material.

Las fuentes documentales

La aparición de La Cantabria de Enrique Flórez (1768), en la que diferenciaba entre vascones y cántabros, situando la Cantabria romana fuera del País Vasco, significó el abandono de las tesis cantabristas, concluyendo la polémica que caracterizó a la producción historiográfica de los siglos XVI a XVIII n3.

La principal consecuencia de la obra de Flórez fue la aceptación de la Geografía de Claudio Ptolomeo, escrita hacia el 150 d.C., por historiadores y lingüistas como principal base argumental para establecer la geografía antigua y la distribución étnica de la península, tanto durante el período romano como en fechas inmediatamente anteriores.

Claudio Sánchez Albornoz retomó la línea argumental de Flórez y la llevó hasta sus últimas consecuencias al distribuir los datos geográficos citados por el geógrafo alejandrino sobre la cartografía de la cornisa cantábrica.

Creó la por todos conocida distribución de las etnias indígenas del actual País Vasco en franjas paralelas de desarrollo vertical dispuestas entre el mar Cantábrico y las tierras interiores de la cuenca del Ebro.

A partir de esta distribución y aceptándola como un hecho demostrado, se ha articulado el eje central de la investigación y la interpretación de la protohistoria y del período romano en el País Vasco.

Es una constante en la historiografía del periodo romano considerar como equivalente etnónimo y etnia.

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Para Sánchez Albornoz y para quienes le siguen los etnónimos citados por Ptolomeo, bajo los cuales se recogen las correspondientes ciudades, se justifican por indicar la pertenencia directa de sus pobladores a la etnia citada; razón por la cual pueden atribuir los territorios a cada uno de los pueblos indígenas.

Pero es necesario evaluar el verdadero significado de los etnónimos transmitidos por Ptolomeo, un autor tan alejado temporal, geográfica y culturalmente de la realidad étnica prerromana que debiera hacernos dudar sobre el acceso que pueda tener a información certera sobre ésta.

Las realidades étnicas durante el periodo romano fue mutable y distinto con relación a fechas anteriores a la integración de las tierras del norte en el marco político romano.

De cara a la administración romana, los grupos étnicos prerromanos parecen haber perdido consistencia como unidades de carácter político desde fechas tempranas.

Vascones, várdulos, caristios y autrigones no son considerados en los textos romanos como unidades políticas.

Suponemos una organización territorial en función de los principales núcleos de población y no subyugados a las colectividades étnicas (Untermann 1993) n6.

Así, en una fecha temprana (89 a.C.) el Bronce de Ascoli cita el origen de los caballeros allí inscritos mediante su relación con la ciudad de origen, no indicando la etnia a la que pertenecen, de lo que se desprende, según Untermann, que la pertenencia a una etnia concreta, en este caso ilergetes, sedetanos o vascones "ya no jugaba ningún papel político a comienzos del último siglo a.C. más de 200 años antes de la fecha de composición de la obra de Ptolomeo" (CIL I,2,709; Untermann 1993:24) n7.

Además, los trabajos realizados en el noroeste peninsular en las tierras de Gallaecia sobre la localización de las etnias prerromanas antes y después de la conquista permiten establecer que la distribución transmitida por Ptolomeo refleja realidades ajenas al muno prerromano.

Son unidades geográficas y jurídicas creadas por la administración romana en el proceso de reorganización del norte peninsular emprendido tras la conquista (Pereira Menaut 1984) n8.

La utilización de un determinado etnónimo en la denominación de una de estas divisiones no implica la necesaria pertenencia de esas tierras a la etnia citada, sino que debe considerarse como una interpretación romana, ciertamente basada en una realidad étnica previa, pero en la que se pueden esar dando casos de extensión de un etnónimo a costa de la superposición sobre otro menos conocido.

Estas modificaciones no tienen necesariamente que significar la desaparición del pueblo silenciado ni la migración de etnias a territorios vecinos n9.

Las dudas, que ya de por sí nos plantea la distribución de Ptolomeo tamizada por la interpretación de Sánchez Albornoz para explicar la localización de las etnias en la vertiente costera, se ven acrecentadas por el testimonio de C. Plinio Segundo.

Este concluye su Naturalis Historia en el último tercio del siglo I d.C. recogiendo informaciones contemporáneas y anteriores en obras de M. Vispasiano Agripa (Orbis Pictus), M. Terencio Varron (Antiquitates rerum humanorum) y de la Nititia Provinciae Tarraconensis de tiempos de Claudio.

Debemos considerar a Plinio como conocedor del entorno geográfico y administrativo del norte hispano por haber sido procurator de Vespasiano en la Privincia Hispania Citerior Tarraconensis.

La descripción que nos traza de la franja costera no admite dudas:

NH, IV, 110 "Proxima ora citerioris est a Tarraconensis situus a Pyrenaeo por oceanum Vasconum saltus, Olarso, Vardulorum oppida, Morogi, Menosca, Vesperies, Amanus portus, ubi nunc Flaviobrica colonia. Civitatium VIII regio Cantabrorum"

Los dos únicos grupos étnicos que cita en el territorio son los vascones, en torno a la actual Oyarzun-Irun, y los várdulos ocupando las tierras occidentales de Gipuzkoa, la totalidad de Bizkaia y posiblemente las tierras situadas la este del Asón.

Ni caristios ni autrigones son localizados del lado norte de la divisoria de aguas, contradiciendo la versión de Ptolomeo n10.

Hoy no parece posible que en una fecha tan avanzada, aproximadamente un siglo después de concluidas las Guerras Cántabras, Roma permitiera en el seno de los territorios por ella controlados un movimiento de población que necesariamente crearía desequilibrios y conflictos no deseados.

Vemos posible que la distribución de Ptolomeo para las tierras costeras sea reflejo de una redistribución geográfica o administrativa, como la documentada para las tierras del noroeste, pero no representativa del auténtico sustrato étnico.

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Por lo expuesto, creemos cuestionable la tradicional interpretación que Sánchez Albornoz realizó de las Geographia de Ptolomeo para ubicar las etnias prerromanas, rechazándola como medio válido para conocer la realidad prerromana de estos territorios y por tanto no válida para determinar, ni siquiera nominalmente, la geografía étnica prerromana n11.

Contexto arqueológico

Las investigaciones que pueden ser relacionadas con el estudio del sustrato indígena prerromano en el País Vasco, entendiendo como tales las que inciden en yacimientos o materiales atribuibles a la fase que denominamos genéricamente como II Edad de Hierro, son excepcionalmente parcas en cuanto a publicaciones científicas o trabajos de síntesis.

Al norte de la divisoria de aguas, en la franja costera comprendida entre el río Asón y las estribaciones del Pirineo, los estudios sobre etapas tardías, desde el Bronce Final hasta el periodo romano, sufrieron un estancamiento.

El trabajo de sistematización elaborado por Juan María Apellaniz se centró en las fases más antiguas de estas etapas pero no profundizó, creemos por falta de evidencias arqueológicas, en el periodo protohistórico n12.

Nuestra línea de trabajo hasta ese momento se había centrado en el estudio del periodo romano, en concreto estábamos desarrollando las excavaciones de los asentamientos romanos de Forua y Portuondo (Pedernales); y el estudio de los niveles tardorromanos en cueva n16.

Esto permitía disponer de un marco de referencia basado en asentamientos y los ajuares asociados para establecer las formas y fases del proceso romanizador.

En el estudio de estos yacimientos se podía detectar la presencia de materiales procedentes de un sustrato cultural prerromano que fueron el punto de arranque de nuestra incursión en el estudio de los periodos inmediatamente anteriores.

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Consideración final

Concluyendo, resulta llamativa la conjunción de dos hechos que parecen contraponerse en la cultura material de estos grupos montañeses.

Frente al arcaísmo de las estructuras de habitación: de planta irregular que se adapta a las cavidades de la roca, levantadas mediante soportes de madera y cubiertas de paja y barro; encontramos una evidente actualidad en los ajuares metálicos en los que sobresalen piezas como la fíbula simétrica característica de ajuar celtibérico, o los regatones de enmangue tabular.

El ajuar cerámico convive de las dos tendencias, junto vasos, generalmente orzas de ñastas sienas propias de los tipos celtibéricos del Ebro y el Duero, convive una producción de ollas de cuellos ligeramente vueltos y decoraciones plásticas en engulaciones y cepillados. Ambos tipos se encuentran en todas las cabañas excavadas.

La presencia de útiles agrícolas (hoz de Itxur y reja de arado de Berreaga) permite suponer la existencia de una incipiente agricultura que parece confirmarse por la presencia de molinos de mano en Intxur, Berreaga, Malmasín, Lujar y quizás en Marueleza.

El hallazgo de restos de fundición en Intxur, así como la presencia de dos estructuras de combustión, junto a gotas de escoria de bronce y crisoles de barro en Berreaga permiten suponer la presencia de una producción metalúrgica propia.

En esta sociedad cuyos modos de vida se encuentran próximos a los que se conocen para etapas inmediatamente anteriores, Bronce Final - Hierro I en los poblados alaveses de Peñas de Oro y Henayo, debieron continuar con una ganadería tradicional que creemos fue su principal riqueza.

Es esta sociedad la que encontrará Roma a su llegada a las tierras de Sámano, Gernika o Mungia; diferente, sin duda, a las asentadas en los grandes poblados celtibéricos de la cuenca del Ebro con los que comparte únicamente piezas de prestigio (adorno, armas).

Si en una ocasión propusimos considerar esta cultura de los castros costeros como una facies local del tronco celtibérico, hoy creemos que es más exacto interpretarla como una perduración de las formas de vida del Bronce Final - Campos de Urnas con elementos celtibéricos en su ajuar.

Notas

n6

J Untermann (1993). Los etnónimos de la Hispania antigua y las lenguas prerromanas de la Península Ibérica. Complutum 2-3, p.19-33.

n8

G Pereira Menaut (1984). La formación histórica de los pueblos del norte Hispania. El caso de Gallaecia como paradigma. Veleia 1, p.272-305.

G Pereira Menaut (1984). Aproximación crítica al estudio de etnogénesis: la experiencia de Gallaecia. Complutum 2-3, p.35-43.

n9

Untermann (1993:29) "La perfección con la que Ptolomeo lleva a cabo su distribución [de los territorios triales] ya no correspondía en su época a ninguna realidad política o étnica"

Vasconia romana

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