SantosYanguas1992

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Reconstrucción paleogeográfica de autrigones, caristios y várdulos Amalia Emborujo, Estíbaliz Ortiz de Urbina, J. Santos Complutum, ISSN 1131-6993, Nº 2-3, 1992 (Ejemplar dedicado a: Paleoetnología de la Península Ibérica: actas de la Reunión celebrada en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense, Madrid, 13-15 diciembre de 1989 / coord. por Gonzalo Ruiz Zapatero, Martín Almagro Gorbea), págs. 449-468

http://revistas.ucm.es/ghi/11316993/articulos/CMPL9292120449A.PDF

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El marca geográfico de nuestro estudio comprende las grupos de población indígena que, paría información que nos transmiten las fuentes escritas (literarias, epigráficas y numismáticas) y los testimonios arqueológicos, sabemos que ocuparon en la AntigUedad las provincias que integran el actual País Vasco. De estos pueblos, autrigones, carístios y várdulos, las fueníes mencionan sus civitates, referencias geográficas concretas sobre su asentamiento, relaciones con zonas vecinas (cántabras, turmogos. celtíberos, vascones), información que nos permite establecer hipótesis sobre el contexto geográfico y sus límites en época prerromana y romana.


Previamente han acotado las fuentes de información (1992:450):

Las fuentes literarias relativas a autrigones, carístíos y várdulos, que nos aportan datos geográficos e históricos para una posterior delimitación geográfica son los textos de los geógrafos clásicos Estrabón, Mela y Ptolomeo, del naturalista Plinio y de los histonadares Tito Livio y Floro.

Las fuentes epigráficas, que pueden ser en ciertos casos muy clarificadoras para el establecimiento de los límites, por lo que respecta a autrigones, carístios y várdulos no nos ofrecen, tanto en la forma externa como en su contenido lingüístico, datos diferenciadores claros para delimitar can mayor precisión, dentro de lo posible, el territorio de estos grupos de población.

Por su parte los yacimientos arqueológicos de que disponemos para el estudio de estos pueblos adolecen de la falta de investigación sistemática, que nos permita establecer unas conclusiones basadas en un contexto estratigráfico y no en los planteamientos hipotéticos con los que contamos par el momento.

Estas conclusiones arqueológicas, extraídas de los resultados que nos aportarían las excavaciones de los yacimientos, habría que ponerlas en relación con las ofrecidas por los estudios língüísticos, campo en el que se han realizado importantes contribuciones.

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En la utilización de las fuentes geográficas e históricas (Estrabón, Mela, Ptolomeo, Livio...) hay que tener en cuenta que la mayor parte de los autores que escriben sobre los pueblos del norte de la Península Ibérica no los conocieron directamente, sino que se sirvieronde la información de otros autores y de la de aquellos que participaron en las guerras cántabro-astures, lo que plantea problemas de credibilidad y sentido histórico.

A esto hay que añadir que los modelos sociológicos e históricos de los autores griegos y latinos no coinciden con los de las culturas de las que nos transmiten información.


Santos Yanguas, Emborujo y Ortiz de Urbina (1992:455), delimitan el territorio de los caristios con precisión:

Ptolomeo sitúa a los caristios entre los várdulos y los autrigones, haciéndoles llegar a la desembocadura del río Deva (II, 6, 52). Por la costa este grupo de población se extendería, por lo tanto, desde el Nervión al Deva. El límite oriental marca la frontera entre caristios y várdulos. Este límite partiría del Deva, seguiría por el Puerto de Azcárate y la zona al Este de Vergara, para ir a la Sierra de Aitzgorri, la Sierra de Elguea y el Puerto de Arlabán, atravesando después la Llanada alavesa, dejando a oriente la civitas várdula de Tullonium (Alegría de Alava) (Ptol., II, 6, 65) y a poniente la civitas caristia de Suessatio (Arcaya) (Ptol., II, 6, 64), hasta llegar a los Montes del Condado de Treviño.

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Es Plinio el primer autor que hace referencia a los caristios. Al describir el conventas Cluniensis menciona a los carietes y vennenses con cinco civitates, una de las cuales es Veleia. Estos carietes han de identificarse con los caristios de Ptolomeo (II.6,8 y II,6,64). Estas son las únicas referencias a los caristios que hallamos en las fuentes literarias de época romana.

Los carietes aparecen también en las fuentes epigráficas.

Contamos con una inscripción que hace referencia a una cohors carietum et veniaesum que tanto Roldán (1964, 155) como García y Bellido (1969, 97-107) consideran formada por los caristios y sus vecinos los vennenses.

Hay que llamar la atención sobre el hecho de que en dos de las tres ocasiones en que se menciona a los caristios, éstos aparecen unidos a los vennenses, y son nombrados con el término carietes. Se trata además de referencias que hay que situar a comienzos del Imperio y que no van más allá del siglo I d. C.. mientras que en el texto de Ptolomeo, ya desde el siglo II d. C., los vennenses no aparecen y el término que se emplea para designar a los caristios es caristios no carietes.

Esto nos lleva a pensar en una afinidad étnica entre ambos grupos, que parece estar corroborada por otros datos, así Plinio no hace una distinción entre ambos pueblos a la hora de enumerar las civitates que corresponderían a cada uno, sino que les atribuye un número global de cinco, mencionando únicamente los velienses que parece corresponder a la Veleia caristia de Ptolomeo (II, 6, 64).

Por otro lado hallamos a carietes y vennenses formando parte de la misma cohors y hemos de recordar que era frecuente la formación de unidades auxiliares a partir de dos grupos étnicos vecinos (J. M. Roldán, 1964, 155).

García y Bellido (1969, 102-103) considera a los vennenses vecinos de los caristios por el Sur, piensa que debían ocupar buena parte de la actual provincia de Alava, hasta el Ebro.

Sin embargo, es imposible por el momento llegar a delimitar el territorio que este grupo de población controlaba.

Lo que puede deducirse de las fuentes es que entre carietes y vennenses habría una gran afinidad y es posible que entre el siglo I y el siglo II de nuestra era se realizara un proceso de fusión, de unificación de ambos grupos, proceso que explicaría la no aparición de los vennenses en la obra de Ptolomeo, como veremos.

C. Ptolomeo redacta a mediados del s. II d. C. su obra, un nomenclator de lugares con su situación en coordenadas de latitud y longitud.

Ya para entonces Roma ha dado forma administrativa a lo anterior.

Las noticias que este autor nos ofrece sobre autrigones, caristios y várdulos se encuadran en la descripción de la Provincia Hispania Citerior Tarraconensis, situándolos en su vertiente cantábrica y mediterránea y ofreciéndonos el nombre de sus nóKgí~.

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En los diferentes autores antiguos que nos trasmiten noticias de los autrigones, caristios y várdulos existen contradicciones entre la extensión y los límites que se establecen para cada uno de estos pueblos.

En este sentido se puede pensar que tuvieron fronteras y extensiones variables y que cada autor nos informa de la localización de autrigones, caristios y várdulos.

Según la época en que escriba o que, sin admitir la existencia de desplazamientos, estos geógrafos e historiadores muestran un desconocimiento bastante profundo de estos pueblos alejados de su país de origen.

La primera teoría fue propuesta por C. Sánchez Albornoz (1976, 85-86) en la segunda hipótesis de las dos que establece cuando presenta las soluciones a las contradicciones de las fuentes literarias para los pueblos del Norte de la Península Ibérica3 y, en sus mismos términos, es aceptada por J. M. Blázquez (1966, 188ss) y J. M. Solana(1978, 35-37); la segunda, desde el punto de partida de la negación de cualquier movimiento de pueblos, fue planteada por C. Sánchez Albornoz (1976, 84-86)~, P. Bosch Gimpera (1933,7- l0)~ y J. Caro Baroja (1970, 55-58)~ aunque con matices diferentes.

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De este modo el límite [entre várdulos y vascones] discurriría entre los valles del Oyarzun y del Urumea, siguiendo hacia el Sur por la frontera actual de Guipúzcoa y Navarra, hasta las Sierras de Aralar, Andía y Urbasa para llegar al Valle del Ega dejando en territorio várdulo la Burunda navarra hasta Echarri Aranaz, el Valle de Lana (Gastíain, Ullíbarri. etc.) y el alto Valle del Ega (Aguilar de Codés, Marañón).

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Por lo que respecta al límite entre berones y caristios y várdulos se han propuesto dos interpretaciones diferentes: una la aceptación de la Sierra de Cantabria como separación natural entre ambos (C. Sánchez Albornoz, 1976, 70-71: P. Bosch Gimpera, 1974, 518; J. Caro Baroja, 1943,211 ss. y MM L. Albertos, 1970, 122) y otra en la que la frontera la marcaría el lecho del río Ebro (B. Taracena, 1940, 159). En su trabajo sobre los berones, Mª A. Villacampa —(1980, 34) afirma que los testimonios arqueológicos y lingtüísticos permiten pensar que el límite entre estos pueblos vendría marcado por la Sierra de Cantabria, ubicándose los berones en el Sur de la provincia de Alava, opinión que compartimos.


Civitates

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Tullica

La única referencia que poseemos por parte de los autores clásicos a esta comunidad caristia se la debemos a Ptolomeo, quien la menciona junto a las dos anteriores (II, 6, 64).

Esta civitas se ha identificado con el actual Tuyo, en cuyas cercanías se localiza igualmente la sierra de Tuyo, basándose en la homofonia que existe entre el topónimo actual y el antiguo (M. Cortés y López, 1836 u II. 438; 1’. Bosch Gimpera, (932. 459; M.~ L. Albertos, 1970, >72; C. García Merino, 19:5, 211).

Por su parte J. A. Llorente (1806, 16) la sitúa «hacia la mitad del territorio caristio entre Armentia y Deva o Motrico» y E. Baraibar (1893, 12) lo hace en las cercanías de Ullíbarri y próxima a Nanclares.

La reducción de Tullica a Tuyo se basa únicamente en un criterio fonético, pues en esta localidad no se han hallado restos arqueológicas de época romana que permitan suponer la existencia allí del centro de la civitas.

Se puede pensar que nos encontramos ante un ejemplo ya constatado en otras zonas de la Peninsula de una civitas que no posee un núcleo urbano, pero que sigue realizando su papel de elementa integrador de lo indígena en la práxis políticoadministrativa romana, como sucede por ejemplo en las civitates de los vadinienses y de los orgenomesci entre los cántabros (M.a C. González, 1986, 181).

Civitates várdulas

El número de las civitates várdulas es considerablemente mayor que el de las caristias.

En este caso, además de las mencionadas en las fuentes literarias, contamos con una inscripción funeraria, fechada entre finales del siglo I y principios del II d. C. y dedicada a C. Mocconius Verus, tribuno laticlavio de la Legio VII Gemine que fue encargado de realizar el censo de las veinticuatro civitates de várdulos y vascones (CIL VI 1463).

Para determinar cuántas de esas veinticuatro civitates hay que atribuir a várdtdas y cuántas a vascones la fuente fundamental son los textos de Plinio y Ptolomeo, los autores greco-latinos que proporcionan las referencias más importantes, tanto cuantitativa canto cualitativamente respecto a nuestro área de estudio.


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Por lo que respecta a la localización de las civitates várdulas que permanecen sin identificar, tres son situadas en la costa por los autores clásicos: Menosca (por Plinio y Ptolomeo), Morogi y Vesperies (ambas por Plinio).

Las restantes se sitúan en el interior: Gabalaeca, Alba, Trition Tuboricon y Tabuca.

Ninguna de estas civitates ha sido identificada con asentamientos de época romana que constituyeran el núcleo habitado de estas civitales.

Nos encontramos ante un caso similar al de la civitas de Tullicaa de los caristios.

Descartábamos para esta última la posibilidad de que la falta de identificación se debiera a la escasez de trabajos arqueológicos, ya que la zona ha sido bastante estudiada.

No ocurre, sin embargo, lo mismo en la zona de las civitates várdulas.

Por ello pensamos que en la explicación de este fenómeno hay que tener en cuenta dos posibilidades:

1. Que se trate de civitates que no poseen un núcleo central, sea de carácter urbano o no, y por eso no se ha identificado con ningún asentamiento de época romana.

2. Que esas civitates sí se correspondan con un núcleo central, pero que éste no se haya sido localizado todavía por el escaso desarrollo de las tareas arqueológicas.

A modo de conclusión observamos que en lo esencial los límites de autrigones, caristios y várdulos no han variado desde el tiempo de las fuentes de Estrabón a las de Ptolomeo.

Lo que se constata en las fuentes literarias, donde se han querido ver desplazamientos de pueblos, es fundamentalmente un conocimiento progresivo de estos grupos de población por parte de los autores clásicos, tal y como hemos intentado demostrar.

Dentro de sus áreas de ocupación tenemos que considerar que el desarrollo urbano se constata en algunas de las comunidades de estos grupos de población en época romana.

De este modo la utilización del término civitas para referirnos a los asentamientos mencionados en las fuentes escritas es el más apropiado, porque incluye una dualidad terminológica:

la que corresponde a la conversión de asentamientos prerromanos, con el proceso de conquista y posterior romanización, en núcleos urbanos con un territorio administrado desde estos centros y

la que indica una entidad abstracta de naturaleza político-administrativa.

Encontramos un hábitat concentrado en el área meridional del territorio estudiado, —en relación con el temprano inicio del proceso de conquista (anterior al 134 a. C. para los autrigones, Apiano, Iberia 87) y el trazado de la vía ab Astarica Burdigalam—, y la práctica inexistencia de identificación de asentamientos en la zona Norte.

En este sentido se hace necesario el desarrollo de trabajos arqueológicos, especialmente en el caso várdulo, cuyos datos nos permitan avanzar en la localización de sus civitates con aportaciones más fiables que las meras especulaciones de las que disponemos en la actualidad.

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