SanchezMoreno2009/refs

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  1. Según las fuentes la frontera de los vetones está compartida con los vacceos al Norte, astures al Noreste, lusitanos al Oeste, célticos y túrdulos al Sur, oretanos al Sureste, carpetanos al Este y quizá con los arévacos hacia el Noreste (Roldán, 1968-69: 100-106, Sánchez-Moreno, 1994).
  2. Pero hay que tener en cuenta las imprecisiones y anacronismos en la proyección literaria de los territoria de la Hispania antigua, sujeta a las directrices del imperialismo romano, en cuyo discurso se inserta como instrumento de propaganda y alteridad (Plácido, 1987-88, Ciprés y Cruz Andreotti, 1998, en general Clarke, 1999).
  3. En lo que a la etnogénesis de estas poblaciones se refiere, su punto de arranque suele establecerse, no sin dudas, en la cultura de Cogotas I del Bronce Medio-Final, a partir de ciertos indicios de continuidad poblacionaly la filiación de elementos de cultura material, en particular de algunos repertorios cerámicos (Álvarez-Sanchís, 1999: 37-61).
  4. En cualquier caso su proceso formativo en el Hierro Antiguo con un poblamiento castreño paralelo al horizonte Soto de Medinilla del Duero central (Delibes et al., 1995: 59-88, Fernández-Posse, 1998: 46-55, 141-155), que, aun sujeto a matices, podemos definir como estadio protovetón (Álvarez-Sanchís, 2003a, Sánchez-Moreno, 2000a: 199-204).
  5. En estos “siglos oscuros” -VIII-V a.C.- se configura un sustrato cultural lingüísticamente indoeuropeo según constata el posterior registro onomástico de la región (García Alonso, 2001).
  6. Pero el Hierro Antiguo es momento en el que se reciben también importantes influencias orientalizantes a través del viejo camino de la Plata y los vados del Tajo (Martín Bravo, 1998), hasta el punto de constituir -lo que será luego la Vetonia- un hinterland septentrional de Tarteso (Sánchez-Moreno, 2000a: 193-199, Rodríguez Díaz y Enríquez, 2001: 137-189).
  7. Este sustrato orientalizante y otras estrategias culturales explican el sabor “iberizante” de algunas manifestaciones de la arqueología vetona: recipientes de bronce, producciones orfebres, cerámicas pintadas, grafitos en escritura meridional, etc. (Barril y Galán, 2007).
  8. A partir del siglo V a.C., con el desarrollo de las periferias tras el ocaso tartésico y la reorientación interregional que la continua, arraiga en el interfluvio Tajo-Duero un patrón de asentamiento de núcleos fortificados o castros (Almagro Gorbea, 1994, 1995, Martín Bravo, 1999: 131-218, cfr. Berrocal y Moret, 2007).
  9. Los oppida abulenses de Ulaca (Solosancho), Mesa de Miranda (Chamartín de la Sierra) o El Raso (Candelada), con superficies comprendidas entre 20-60 ha., representan los mejores ejemplos (Álvarez-Sanchís, 1999: 111-168, González-Tablas, 2001)
  10. Las gentes vetonas conforman desde una clasificación cultural podemos definir como una sociedad “guerrera y pastoril”, lo que en realidad no es una singularidad sino un lenguaje común de la Protohistoria (Ciprés, 1993: 135-159, Gracia, 2003: 4394).
  11. Pero, ciertamente, la riqueza ganadera y el cariz guerrero son rasgos definitorios de la identidad vetona, en especial de sus elites rectoras, pues la posesión de rebaños es fuente de poder y la ostentación de armas y sus implicaciones un indicador de estatus (Sánchez-Moreno, e.p.).
  12. En momentos plenos de la Edad del Hierro una parte importante de la información sobre la estructura social procede de las necrópolis de cremación (Ruiz Zapatero, 2007); de entre ellas las más célebres y mejor estudiadas son las abulenses de Las Cogotas (Cardeñosa), La Osera ([Chamartín de la Sierra) y El Raso (Candelada), clásicas de la arqueología vetona (Álvarez-Sanchís, 1999: 169-172, 295-308, SánchezMoreno, 2000a: 87-106, Baquedano, 2007).
  13. la etnicidad en el debate de las identidades de la Hispania prerromana, un tema de notable actualidad (Cruz Andreotti y Mora, 2004).
  14. Los conceptos “etnia” o “pueblo” no son categorías absolutas como hacen pensar las fuentes al alumbrar a las gentes paleohispanas como realidades fijas o atemporales (Gómez Fraile, 2001: 72), sino procesos dinámicos y situacionales en constante construcción.
  15. la etnicidad es una construcción subjetiva que responde a determinadas percepciones, coyunturas y manipulaciones (Banks, 1996, Jenkins, 1997, Jones, 1997, Lucy, 2005).
  16. Supone, por tanto, un interesantísimo objeto de estudio en tanto fenómeno histórico (revisión del pasado) pero también la etnicidad como objeto historiográfico (revisión de las maneras en que se ha leído el pasado desde distintos presentes) (Graves-Brown et al., 1996, Hutchinson y Smith, 1996, Smith, 2004).
  17. Podemos definir la etnicidad como la identificación propia o externa de un grupo amplio de población sobre presunciones básicas como son, entre otras, un origen y descendencia común -ciertos o inventados-, un territorio familiar, una afinidad lingüística y una la etnicidad como diferenciación cultural por oposición percibida o trazada por oposición a otros con los que se coexiste o pretende diferenciarse (Shennan, 1989: 14, Jones, 1997: XIII).
  18. Por tanto la etnicidad y sus formas de expresión son resultado de una interacción: una entidad existe sólo en contraste con otra hasta el punto de venir frecuentemente definida desde fuera, de ser la percepción de un “yo” frente a un “otro”. manifiestamente en la topic:la etnicidad durante la Edad del Hierro y la conquista romana (Jones, 1997: 129-135, Woolf, 1997, Cunliffe, 1998, Wells, 1998, 2001).
  19. Los miembros de una comunidad -en mi opinión, más concretamente, los grupos de poder- hacen expresión de la identidad de los miembros de una comunidad de forma voluntaria o predeterminada a través de medios y comportamientos, lo que J. Hall siguiendo al antropólogo Horowitz denomina indicios y criterios (Hall, 1997: 20-26).
  20. los verracos son como hitos protectores de territorios, poblaciones y cabañas domésticas (Álvarez-Sanchís, 1994, 1999: 215-294, 2007, SánchezMoreno, 2000a: 138-146), si bien con un simbolismo polivalente que impide interpretar unívocamente los más de cuatrocientos ejemplares conocidos entre el siglo IV a.C. y tiempos altoimperiales.
  21. los verracos más antiguos sugieren, parece, un sentido territorial y apotropaico como marcadores de pastos, poblados y caminos sobre el paisaje cultural de la Edad del Hierro (Álvarez-Sanchís, 1998, 2007).
  22. Sin menoscabo de otras lecturas, los verracos zoomorfos son un icono de identidad espacial o etnicidad (Ruiz Zapatero y Álvarez-Sanchís, 2002: 263-265): la que opera sobre comunidades extendidas sobre un territorio.
  23. Pero además los verracos representan una de las mejores los verracos como expresiones del poder de las elites vetonas dueñas de pastos y rebaños, convirtiéndose en emblemas de los señores del ganado y la guerra (Ruiz-Gálvez, 2001: 216, Álvarez Sanchís, 2003b: 49-55, Sánchez-Moreno, 2006: 61-64).
  24. Acorde con la idea de la progresión de la identidad colectiva a partir del papel motriz de los jefes (Sánchez-Moreno, e.p.), los verracos traducirían inicialmente el poder individual de los jerarcas familiares (los propietarios de pastos y rebaños) para acabar convirtiéndose en un emblema de grupo (la comunidad o habitantes del castro que se identifica bajo este atributo zoomorfo, que es al tiempo sostén económico y expresión del poder de las elites).
  25. Esto último, el constituir una suerte de los verracos como imagen heráldica protectora de la comunidad, de la propia ciudad y sus gentes, cabe aplicarse al verraco descubierto en la primavera de 1999 en el nivel inferior de la Puerta de San Vicente, en la muralla de Ávila (Gutiérrez Robledo, 1999, Martínez Lillo y Murillo, 2003).
  26. Sin que pueda confirmarse todavía si la fundación de Ávila es una fundación ex novo del siglo I a.C., con gentes desplazadas de los castros de alrededor, o un asentamiento indígena preexistente (Centeno y Quintana, 2003)
  27. El nombre de ??ett??e? (en griego), vettones (en latín), es transmitido por primera vez en las fuentes a finales del siglo III a.C., con el alumbramiento de los pueblos de la Meseta a raíz de la expedición de Aníbal a tierras del Duero en el 220 a.C. (Sánchez-Moreno, 2000b, 2008)
  28. Tras la Segunda Guerra Púnica, de la mano del largo proceso de anexión y explotación de las tierras hispanas por parte de la República romana, se extensión del etnónimo vetón por el Occidente hispano (Roldán y Wulff, 2001) al tiempo que los conquistadores van teniendo constancia de las diversas unidades de población indígena.
  29. No es hasta el final de las guerras lusitanas, con las campañas de Servilio Cepión (139 a.C.) y sobre todo Junio Bruto (138 a.C.), el primero en arribar al país galaico, cuando las tierras ocupadas por integración de los vetones se integran en los límites de la Hispania Ulterior (Sayas, 1993: 216-220, de Francisco, 1996: 70-75, Roldán, 1997: 212).
  30. Es bien sabido que Augusto, princeps triunfante sobre cántabros y astures (29-19 a.C.), concluida en Hispania una conquista que se había prolongado por dos siglos, es el encargado de reorganizar los espacios provinciales y Augusto asienta las bases ideológicas de la romanización en Occidente (MacMullen, 2000, Holland, 2004, Everitt, 2008).
  31. Aun tratándose de un epíteto no constatado en los documentos antiguos, podemos considerar a Augusto es el pater Hispaniarum (GómezPantoja, 2008).
  32. Es precisamente en este horizonte de la pax augusta hay que leer a Estrabón (Salinas, 1998, Clarke, 1999: 281-328), nuestra principal fuente para el conocimiento de las etnias hispanas (Cruz Andreotti, 1999, García Quintela, 2007a, 2007b).
  33. Bastará como ejemplo un gráfico pasaje estraboniano a propósito de los vetones, que dicho sea de paso parece estar tomado de las viñetas de Astérix, lo que avala por igual la genialidad de R. Gosciny y A. Uderzo y su buen conocimiento de las fuentes históricas (van Royen y van der Vegt, 1999):
  34. “¡Están locos estos romanos!” hubiera sido la respuesta de Obélix (Feuerhahn, 1996).
  35. Entre la anécdota costumbrista y la caracterización estereotipada del bárbaro (Sánchez-Moreno, 2000a: 38-39), la estampa de estos vetones que no saben sino dormir o guerrear es el resultado de la simplificación de conductas contrapuestas a los parámetros clásicos
  36. La mayor parte de las noticias de los vetones son del tiempo de la conquista, cuando escribe Polibio (mediados del siglo II a.C.), y algo más tarde Estrabón y Diodoro de Sicilia (ines del siglo I a.C.) (Salinas, 1999)
  37. las relaciones geográficas de Plinio y Tolomeo corresponde ya a la organización administrativa altoimperial, por lo que conllevan una transformación del marco indígena (Guerra, 1995, Gómez Fraile, 1997, García Alonso, 2002).
  38. Un sector de la investigación actual considere que el mapa étnico que trazan las fuentes responda más a una constructio romana que a la realidad indígena (Gómez Fraile, 2001: 79-80, Plácido, 2004: 16).
  39. el etnónimo vettones parece derivar de un término paleohispánico indoeuropeo, acaso precelta o lusitano como sugiere J. Untermann 1992: 29-32, cfr. García Alonso, 2006: 91-93), reelaborado en su transcripción greco-latina.
  40. A.M. Canto plantea una relación del etnónimo vettones con el griego étos y el latín vetus, por lo que los vetones serían algo así como “los viejos, los antiguos” (Canto, 1995: 155). ~
  41. Por su parte M. Salinas, a partir de los trabajos de M.L. Albertos 1966: 244), entiende el radical vect- con el significado de “lucha, hostilidad, guerra” en varias lenguas celtas, para proponer que los vetones serían “los luchadores, los hombres de la guerra” (Salinas, 2001: 38-39, cfr. Tovar, 1976: 202).
  42. En similar línea, García Alonso, 2006: 93)
  43. La dinamización política se agudiza en momentos de stress como el provocado por el imperialismo romano, fenómeno que se superpone y matiza la etnogénesis final de las comunidades de la Edad del Hierro (Almagro Gorbea y Ruiz Zapatero, 1992).
  44. En primer lugar la coalición militar de vetones, celtíberos y vacceos en ayuda de los habitantes de Toletum, ante el avance de las tropas de Marco Fulvio, pretor de la Ulterior, en dos campañas sucesivas, 193 y 192 a.C. (Liv. 35.7.8 y 35.22.8); una coalición que recuerda muy de cerca el frente panmeseteño de vacceos, carpetanos y olcades que una generación antes había plantado cara a Aníbal en un vado sobre el Tajo, al regreso de la campaña del cartaginés al país vacceo (Polib. 3.13.5-14; Liv. 21.5.117) (Sánchez-Moreno, 2001b, 2008).
  45. Llegados a este punto podemos concluir que la Vettonia histórica (el dilatado espacio que hoy ocupa parte de Castilla-León, Extremadura y la raya portuguesa), como sujeto territorial, correspondió más a una reorganización provincial altoimperial, una la Vettonia histórica es una elaboración literaria y postrera como recientemente se ha sugerido (López Jiménez, 2004), que a los la Vetonia histórica responde a los límites políticos de un estado unitario o entidad prerromana global (Bonnaud, 2002).
  46. Como en el caso de Lusitania, Asturia o caso de la Callaecia, este último perfectamente estudiado por G. Pereira 1992), estaríamos ante un caso más de pars pro toto propio de la ordenatio territorial romana.
  47. En particular la definitiva creación de la provincia Hispania Ulterior Lusitania, en la que se integran los vetones, probablemente no antes del 15 a.C. como sugiere el edicto de El Bierzo con la mención a la provincia transduriana (SánchezPalencia y Mangas, 2000, Grau y Hoyas, 2001, cfr. Pérez Vilatela, 2000).
  48. Tiempo después en Lusitania se reconocían dos distritos fiscales o subunidades territoriales, Lusitania et Vettonia, la segunda correspondiente a la zona oriental de la provincia, según deducen las inscripciones que mencionan a procurator es de tal adscripción (Roldán, 1968-69: 80 Bonnaud, 2001: 14-16).
  49. Una idiosincrasia étnica que igualmente corrobora en época altoimperial el cuerpo auxiliar de caballería, operativo en Britania, integrado por contingente de origen vetón: el Ala Hispanorum Vettonum civium romanorum, atestiguado epigráficamente (Albertos, 1979, Le Roux, 1982: 93-96).
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