SanchezMoreno2009

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Resumen

Las siguientes líneas proponen una reflexión sobre el grado de identidad cultural y cohesión étnica de las poblaciones que identificamos con el etnónimo vetones (ουεττωνεζ /vettones en la transmisión de las fuentes grecolatinas). En primer lugar atendiendo a su estadio prerromano o formativo de la Edad del Hierro, para seguidamente abordar la definición de la Vettonia, su demarcación territorial, como espacio etnopolítico del Occidente hispano. ¿Responden estas gentes y su región a un proceso de identidad y apropiación endógeno, a una realidad indígena, o son más bien el resultado de una construcción romana, de una particular ordenación del espacio conquistado?

Los vetones constituyen el ethnos más oriental comprendido en los límites de la Lusitania romana. El escrutinio de las fuentes (básicamente la enumeración de pueblos en vecindad geográfica, por parte de Estrabón y Plinio, y las ciudades de adscripción vetona que recoge Tolomeo a mediados del siglo II d.C.) y ciertos indicadores arqueológicos (distribución de verracos, castros, cerámicas peinadas y manufacturas metálicas, fundamentalmente) llevan a relacionar a los vetones con un extenso territorio a ambos lados del Sistema Central. Un espacio tradicionalmente circunscrito a las actuales provincias de Ávila y Salamanca -hasta la ribera zamorana del Duero y los valles del Águeda y el Côa en los confines de la Beira portuguesa-, el sector oriental de la provincia de Cáceres, el occidente toledano y los límites del Guadiana central.

Según las fuentes los vetones comparten frontera con los vacceos al Norte, astures al Noreste, lusitanos al Oeste, célticos y túrdulos al Sur, oretanos al Sureste, carpetanos al Este y quizá con los arévacos hacia el Noreste (Roldán, 1968-69: 100-106, Sánchez-Moreno, 1994). Pero hay que tener en cuenta las imprecisiones y anacronismos en la proyección literaria de los territoria de la Hispania antigua, sujeta a las directrices del imperialismo romano, en cuyo discurso se inserta como instrumento de propaganda y alteridad (Plácido, 1987-88, Ciprés y Cruz Andreotti, 1998, en general Clarke, 1999). E igualmente deben reconocerse las dificultades en la definición política de esas unidades de población dentro de unas coordenadas espacio-temporales objetivables. Volveré sobre ambos aspectos más adelante (Fig. 1).

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En lo que a la etnogénesis de estas poblaciones se refiere, su punto de arranque suele establecerse, no sin dudas, en la cultura de Cogotas I del Bronce Medio-Final, a partir de ciertos indicios de continuidad poblacional y la filiación de elementos de cultura material, en particular de algunos repertorios cerámicos (Álvarez-Sanchís, 1999: 37-61). En cualquier caso su proceso formativo se afianza más claramente en el Hierro Antiguo con un poblamiento castreño paralelo al horizonte Soto de Medinilla del Duero central (Delibes et al., 1995: 59-88, Fernández-Posse, 1998: 46-55, 141-155), que, aun sujeto a matices, podemos definir como estadio protovetón (Álvarez-Sanchís, 2003a, Sánchez-Moreno, 2000a: 199-204). En estos “siglos oscuros” -VIII-V a.C.- se configura un sustrato cultural que al menos lingüísticamente cabe considerar indoeuropeo según constata el posterior registro onomástico de la región (García Alonso, 2001). Pero el Hierro Antiguo es momento en el que se reciben también importantes influencias orientalizantes a través del viejo camino de la Plata y los vados del Tajo (Martín Bravo, 1998), hasta el punto de constituir -lo que será luego la Vetonia- un hinterland septentrional de Tarteso (Sánchez-Moreno, 2000a: 193-199, Rodríguez Díaz y Enríquez, 2001: 137-189).

A este respecto y en el contexto de las relaciones comerciales con los activos centros del Sur, conviene subrayar el papel suministrador de recursos naturales (metales, ganado, cosechas) y humanos de las regiones comprendidas entre el Guadiana y el Duero, y la aculturación resultante de lo mismo. Este sustrato orientalizante y otras estrategias culturales explican el sabor “iberizante” de algunas manifestaciones de la arqueología vetona: recipientes de bronce, producciones orfebres, cerámicas pintadas, grafitos en escritura meridional, etc. (Barril y Galán, 2007). A partir del siglo V a.C., con el desarrollo de las periferias tras el ocaso tartésico y la reorientación interregional que la continua, arraiga en el interfluvio Tajo-Duero un patrón de asentamiento cuyo hábitat más expresivo son los núcleos fortificados o castros (en general, Almagro Gorbea, 1994, 1995, Martín Bravo, 1999: 131-218, cfr. Berrocal y Moret, 2007). Éstos se emplazan en laderas, piedemontes y riberos, sobre posiciones preeminentes y con buenas condiciones para el control de territorios y caminos. Algunos son de nueva planta y otros, preexistentes desde el Bronce Final, se potencian con la llegada de nuevos grupos en procesos de concentración y presión territorial. Alrededor de los castros se disponen en ocasiones asentamientos menores y dispersos (aldeas, caseríos) que señalan una jerarquización del poblamiento en respuesta a factores estratégico-defensivos y con vistas al aprovechamiento económico del medio. Y como es bien sabido, a finales de la Edad del Hierro, coincidiendo con el avance de púnicos y romanos por el interior peninsular, algunos castros se convierten en lugares centrales u oppida, esto es, en núcleos urbanos mayores dotados de sólidas defensas y con poblaciones que superarían el millar de personas. Los oppida abulenses de Ulaca (Solosancho), Mesa de Miranda (Chamartín de la Sierra) o El Raso (Candelada), con superficies comprendidas entre 20-60 ha., representan los mejores ejemplos (Álvarez-Sanchís, 1999: 111-168, González-Tablas, 2001) (Fig.2-3).


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Las gentes vetonas conforman una sociedad que desde una clasificación cultural podemos definir como “guerrera y pastoril”, lo que en realidad no es una singularidad sino un lenguaje común de la Protohistoria (Ciprés, 1993: 135-159, Gracia, 2003: 4394). Pero, ciertamente, la riqueza ganadera y el cariz guerrero son rasgos definitorios de la identidad vetona, en especial de sus elites rectoras, pues la posesión de rebaños es fuente de poder y la ostentación de armas y sus implicaciones un indicador de estatus (Sánchez-Moreno, e.p.). Estas comunidades se organizan en territorios políticos de distinto tamaño articulados por un castro u oppidum, capital y sede de las instituciones civiles y religiosas. Como ponen de manifiesto las necrópolis de cremación para los siglos IV-II a.C., a la cabeza de las comunidades vetonas (compuestas por grupos familiares de distinto rango) se sitúan aristocracias guerreras que basan su poder en el control de los recursos económicos -sustancialmente ganaderos, como indican los célebres verracos-, en las relaciones establecidas con otras regiones y en estrategias de dominio ideológico y coercitivo sobre su grupo.

En efecto, en momentos plenos de la Edad del Hierro una parte importante de la información sobre la estructura social procede de las necrópolis de cremación (Ruiz Zapatero, 2007); de entre ellas las más célebres y mejor estudiadas son las abulenses de Las Cogotas (Cardeñosa), La Osera (Chamartín de la Sierra) y El Raso (Candelada), clásicas de la arqueología vetona (Álvarez-Sanchís, 1999: 169-172, 295-308, SánchezMoreno, 2000a: 87-106, Baquedano, 2007). Organizadas en sectores funerarios que obedecen a agrupamientos familiares amplios, en ellas el acceso al espacio funerario es selectivo; con otras palabras: no está enterrada toda la población, sólo los individuos de derecho y por ello privilegiados. La formación de estos cementerios en paralelo al afianzamiento de los poblados a los que se vinculan como espacio de sus muertos, y su uso temporal (desde fines del siglo V hasta fines del II a.C. grosso modo) señalan una adscripción al territorio, una definitiva sedentarización y por ende un nexo de identidad espacial y colectiva en estas poblaciones. Las elites tienen su refrendo en las tumbas de mayor riqueza, que incluyen panoplias militares, instrumental equino y bienes de prestigio, y se señalan con estelas, empedrados y pequeños túmulos.

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Asimismo su porte guerrero es advertido por las fuentes literarias al significar el auxilio que los jefes vetones prestan a pueblos vecinos amenazados por el avance primero de cartagineses y luego de romanos, constituyendo una suerte de confederaciones militares (Liv. 35.7.8 y 22.8) o participando del lado de Viriato en las guerras lusitanas a mediados del siglo II a.C. (App., Iber. 56) (vide infra) (Fig. 4).

Los vetones antes de Roma: elementos de identidad en la Meseta occidental durante la Edad del Hierro

Es hora de preguntarnos por el grado de identidad de estas gentes. Por los rasgos que, en su caso, permitan deducir un auto-reconocimiento o “conciencia étnica”: la que lleva a los observadores griegos y romanos desplazados a la Península a singularizar y/ o diferenciar a los vettones de los restantes populi hispanos.

Permítaseme en este punto un par de reflexiones sobre la etnicidad en el debate de las identidades de la Hispania prerromana, un tema de notable actualidad (Cruz Andreotti y Mora, 2004). Los conceptos “etnia” o “pueblo” no son categorías absolutas como hacen pensar las fuentes al alumbrar a las gentes paleohispanas como realidades fijas o atemporales (Gómez Fraile, 2001: 72), sino procesos dinámicos y situacionales en constante construcción. La antropología y la sociología demuestran hoy que la etnicidad es un complejo agente en movimiento que nada tiene que ver con un decálogo biológico ni mucho menos racial (por ello invariable o inmóvil), como se asumía en el siglo XIX. Ni siquiera algo que tenga constatación directa con una cultura arqueológica, como pensara V. Gordon Childe con su exitosa propuesta de los círculos culturales. Al contrario, la etnicidad es una construcción subjetiva que responde a determinadas percepciones, coyunturas y manipulaciones (Banks, 1996, Jenkins, 1997, Jones, 1997, Lucy, 2005). Y que además se puede verificar de distinta forma, por ejemplo internamente (por parte del grupo protagonista) o desde fuera (por parte de otro, foráneamente); de manera consciente (movido por alguna motivación) o inconscientemente (sin intencionalidad manifiesta); en el propio tiempo de los protagonistas o a posteriori, etc.. Supone, por tanto, un interesantísimo objeto de estudio en tanto fenómeno histórico (revisión del pasado) pero también historiográfico (revisión de las maneras en que se ha leído el pasado desde distintos presentes) (Graves-Brown et al., 1996, Hutchinson y Smith, 1996, Smith, 2004).

Podemos definir la etnicidad como la identificación propia o externa de un grupo amplio de población sobre presunciones básicas como son, entre otras, un origen y descendencia común -ciertos o inventados-, un territorio familiar, una afinidad lingüística y una diferenciación cultural percibida o trazada por oposición a otros con los que se coexiste o pretende diferenciarse (Shennan, 1989: 14, Jones, 1997: XIII). Por tanto la etnicidad y sus formas de expresión son resultado de una interacción: una entidad existe sólo en contraste con otra hasta el punto de venir frecuentemente definida desde fuera, de ser la percepción de un “yo” frente a un “otro”. manifiestamente en la Edad del Hierro y durante la conquista romana (Jones, 1997: 129-135, Woolf, 1997, Cunliffe, 1998, Wells, 1998, 2001). Los miembros de una comunidad -en mi opinión, más concretamente, los grupos de poder- hacen expresión de su identidad de forma voluntaria o predeterminada a través de medios y comportamientos, lo que J. Hall siguiendo al antropólogo Horowitz denomina indicios y criterios (Hall, 1997: 20-26). Algunos de ellos serían ritos y creencias, formas de ocupación del espacio, tradiciones y leyes, usos onomásticos, atuendo personal, estilos decorativos, instituciones y emblemas, himnos y epopeyas…, que pueden preservarse o no en los registros informativos.


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Los estilos cerámicos

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Manufacturas metálicas: Recipientes de bronce

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Verracos

Una de las creaciones más representativa de los vetones, los populares verracos, condensan magníficamente el peso de la ganadería en sus creencias y formas de vida. Las toscas esculturas de toros y suidos deben entenderse como hitos protectores de territorios, poblaciones y cabañas domésticas (Álvarez-Sanchís, 1994, 1999: 215-294, 2007, SánchezMoreno, 2000a: 138-146), si bien con un simbolismo polivalente que impide interpretar unívocamente los más de cuatrocientos ejemplares conocidos entre el siglo IV a.C. y tiempos altoimperiales. Al igual que su morfología (tipo) y conceptualización (significado), la función de los zoomorfos se reelabora con el tiempo. Los ejemplares más antiguos sugieren, parece, un sentido territorial y apotropaico como marcadores de pastos, poblados y caminos sobre el paisaje cultural de la Edad del Hierro (Álvarez-Sanchís, 1998, 2007). Sin menoscabo de otras lecturas, los zoomorfos son un icono de identidad espacial o etnicidad (Ruiz Zapatero y Álvarez-Sanchís, 2002: 263-265): la que opera sobre comunidades extendidas sobre un territorio. Pero además los verracos representan una de las mejores expresiones del poder de las elites vetonas dueñas de pastos y rebaños, convirtiéndose en emblemas de los señores del ganado y la guerra (Ruiz-Gálvez, 2001: 216, Álvarez Sanchís, 2003b: 49-55, Sánchez-Moreno, 2006: 61-64). Acorde con la idea que vengo defendiendo (la progresión de la identidad colectiva a partir del papel motriz de los jefes; Sánchez-Moreno, e.p.), los verracos traducirían inicialmente el poder individual de los jerarcas familiares (los propietarios de pastos y rebaños) para acabar convirtiéndose en un emblema de grupo (la comunidad o habitantes del castro que se identifica bajo este atributo zoomorfo, que es al tiempo sostén económico y expresión del poder de las elites). Esto último, el constituir una suerte de imagen heráldica protectora de la comunidad, de la propia ciudad y sus gentes, cabe aplicarse al verraco descubierto en la primavera de 1999 en el nivel inferior de la Puerta de San Vicente, en la muralla de Ávila (Gutiérrez Robledo, 1999, Martínez Lillo y Murillo, 2003). Un hallazgo excepcional al tratarse de un verraco tallado in situ, esculpido directamente en la roca natural e integrado en el primigenio recinto de la ciudad, marcando la entrada de una puerta o vano. Sin que pueda confirmarse todavía si Ávila es una fundación ex novo del siglo I a.C., con gentes desplazadas de los castros de alrededor, o un asentamiento indígena preexistente (Centeno y Quintana, 2003) (Fig. 9-11).


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En definitiva, de la observación de estos elementos cabe concluir que la relación entre repertorios materiales, sus usos funcionales y simbólicos y la construcción de identidades colectivas, es una interesante vía en la que hay que seguir profundizando.

La Vettonia como espacio etno-político: ¿una construcción romana?

El nombre de ουεττωνεζ (en griego), vettones (en latín), es transmitido por primera vez en las fuentes a finales del siglo III a.C., con el alumbramiento de los pueblos de la Meseta a raíz de la expedición de Aníbal a tierras del Duero en el 220 a.C. (Sánchez-Moreno, 2000b, 2008). Tras la Segunda Guerra Púnica, de la mano del largo proceso de anexión y explotación de las tierras hispanas por parte de la República romana, se extenderá el empleo de éste y otros etnónimos del Occidente hispano (Roldán y Wulff, 2001) al tiempo que los conquistadores van teniendo constancia de las diversas unidades de población indígena. Las primeras incursiones romanas en el territorio de los vetones se producen a inicios del siglo II a.C. con las expediciones de los gobernadores Fulvio Nobilior hasta el Tajo (193-192 a.C.) y Postumio Albino hasta el Duero (180-179 a.C.). Pero no es hasta el final de las guerras lusitanas, con las campañas de Servilio Cepión (139 a.C.) y sobre todo Junio Bruto (138 a.C.), el primero en arribar al país galaico, cuando las tierras ocupadas por los vetones se integran en los límites de la Hispania Ulterior (Sayas, 1993: 216-220, de Francisco, 1996: 70-75, Roldán, 1997: 212). Un dominio romano más teórico que real pues la pacificación plena del territorio no se logra, superada la inestabilidad del episodio sertoriano (8272 a.C.), hasta el gobierno de César. Primero como quaestor (69 a.C.) y más tarde como pretor de la Ulterior (61-60 a.C.), el brillante general y hábil político que es César desarrolla en Lusitania una labor que combina el sometimiento de últimas poblaciones levantiscas -obligadas a establecerse en el llano con la promoción jurídica y la potenciación urbana.

Por su parte, el corónimo Vettonia, como territorio de adscripción de los vettones, es posterior y hasta cierto punto artificial, consignándose probablemente en los últimos años del siglo I a.C. en el contexto de la reorganización administrativa llevada a cabo por Augusto. Es bien sabido que éste último, princeps triunfante sobre cántabros y astures (29-19 a.C.), concluida en Hispania una conquista que se había prolongado por dos siglos, es el encargado de reorganizar los espacios provinciales y asentar las bases ideológicas de la romanización en Occidente (MacMullen, 2000, Holland, 2004, Everitt, 2008). Por lo que, aun tratándose de un epíteto no constatado en los documentos antiguos, podemos considerar a Augusto como verdadero pater Hispaniarum (GómezPantoja, 2008). Y es precisamente en este horizonte de la pax augusta en el que hay que leer los datos de Estrabón (Salinas, 1998, Clarke, 1999: 281-328), nuestra principal fuente para el conocimiento de las etnias hispanas (Cruz Andreotti, 1999, García Quintela, 2007a, 2007b).

Ahora bien, la visión que las fuentes clásicas dan de los pueblos hispanos responde a la observación externa, a la lectura sesgada, que los autores grecorromanos proyectan desde el prisma del choque cultural. Y en una situación además determinante como es la conquista romana de la Península Ibérica, con el progresivo avance de las legiones. Roma traerá consigo no sólo la reestructuración de la territorialidad indígena, sino la reelaboración por parte de los conquistadores de una imagen estereotipada de los conquistados. Los otros, los bárbaros. Bastará como ejemplo un gráfico pasaje estraboniano a propósito de los vetones, que dicho sea de paso parece estar tomado de las viñetas de Astérix, lo que avala por igual la genialidad de R. Gosciny y A. Uderzo y su buen conocimiento de las fuentes históricas (van Royen y van der Vegt, 1999):

“Y que los vetones, cuando al entrar por primera vez en un campamento romano, al ver a algunos de los oficiales yendo y viniendo por las calles paseándose, creyeron que era locura y los condujeron a las tiendas, como si tuvieran que o permanecer tranquilamente sentados o combatir” (Strab., 3.4.16).

“¡Están locos estos romanos!” hubiera sido la respuesta de Obélix (Feuerhahn, 1996). Entre la anécdota costumbrista y la caracterización estereotipada del bárbaro (Sánchez-Moreno, 2000a: 38-39), la estampa de estos vetones que no saben sino dormir o guerrear es el resultado de la simplificación de conductas contrapuestas a los parámetros clásicos; sin embargo un ejercicio de decodificación nos permitiría recuperar algo del contexto originario en el que se crea y luego distorsiona esa imagen: el contexto de las jefaturas guerreras de la Edad del Hierro y, dentro del mismo, hábitos como el banquete aristocrático, la guerra o los retos personales como formas de afirmación social (Fig. 12-13).

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Figura 13. Mapa del poblamiento prerromano (territorios étnicos y lingüisticos) hacia el 200 a.C. (según L. Fraga da Silva, Associação Campo Arqueológico de Tavira, Portugal: http://www.arkeotavira.com/Mapas/Iberia/Populi.pdf).

Así pues, historiográficamente hablando, accedemos al paisaje étnico de Hispania a través de los ojos de Roma. ¿La idea que los vetones tuvieron de sí mismos -si tuvieron conciencia de identidad como grupo- coincide con la que transmiten los historiadores antiguos? Muy probablemente no. El cuadro que los clásicos brindan de las agrestes gentes hispanas es subjetivo (la visión del otro), selectivo (no están todos los pueblos que son) y predominantemente tardío. La mayor parte de las noticias son del tiempo de la conquista, cuando escribe Polibio (mediados del siglo II a.C.), y algo más tarde Estrabón y Diodoro de Sicilia (fines del siglo I a.C.) (Salinas, 1999); mientras que las relaciones geográficas de Plinio y Tolomeo corresponde ya a la organización administrativa altoimperial, por lo que conllevan una transformación del marco indígena (Guerra, 1995, Gómez Fraile, 1997, García Alonso, 2002).

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Desconocemos además los criterios últimos que emplearon los autores antiguos para enumerar pueblos y tierras, y, como veremos seguidamente, tampoco sabemos mucho sobre la génesis y transmisión de los etnónimos. Todo ello hace que un sector de la investigación actual considere que el mapa étnico que trazan las fuentes responda más a una constructio romana que a la realidad indígena (Gómez Fraile, 2001: 79-80, Plácido, 2004: 16). En este sentido, no se trataría de marcos étnicos sino de espacios caracterizados por ciertos rasgos geográficos o etnográficos (“las gentes que habitan junto a tal río”, “en torno al pueblo o lugar de tal nombre”), advertidos desde fuera, que Roma eleva ad hoc a la categoría de territorios históricos. Sin embargo, con matices pertinentes y asumiendo incluso que las etnias en su sentido nominal surjan del choque con Roma, parece lógico pensar que estamos ante procesos avanzados de configuración étnica y definición político-territorial susceptibles de reconocerse en una serie de indicadores a lo largo de la Edad del Hierro, en la línea de los analizados para el caso de los vetones. Siendo precisamente con la acción de Roma en Iberia cuando estas entidades se convierten en “sujetos históricos” al consignarse en la historiografía clásica. Hablamos entonces de vetones, lusitanos o vacceos como si de imágenes fijas se tratara… El mismo retrato estereotipado e infinito que los cómics de Astérix dibujan del galo, el germano, el griego o el egipcio como arquetipos etnográficos.

Volviendo al etnónimo vettones, poco sabemos de su etimología y origen. evemt__Parece derivar de un término paleohispánico indoeuropeo, acaso precelta o lusitano como sugiere J. Untermann (1992: 29-32, cfr. García Alonso, 2006: 91-93), reelaborado en su transcripción greco-latina. Significaría ello que event:estamos ante un elemento endógeno y por tanto con alguna connotación identitaria, que sin embargo desconocemos en su significado y aplicación originarias, alusivo a las gentes reconocidas luego como vettones. No hay que descartar sin embargo que esa denominación, aun en lenguaje indígena, podría venir dada desde fuera por un pueblo vecino a nuestros protagonistas en un contexto de enfrentamiento o enemistad, lo que incidiría en una calificación negativa o peyorativa de los vetones. Está comprobado que, frecuentemente, los etnónimos derivan de antropónimos (nombres de héroes fundadores o reyes epónimos, reales o míticos) o de denominaciones genéricas del tipo “los primeros”, “los antiguos”, “los valientes”, “los hombres”, “los libres”…, sin excluirse algunas derivaciones toponomásticas (nombres de ríos, montañas u otros parajes naturales de referencia).

En no pocos casos los calificativos étnicos aludirían a las elites dirigentes, que son quienes en un primer momento lideran y maniobran los procesos de identidad colectiva. Así, presentándose como valedores de la comunidad, los jefes guerreros cohesionan, definiéndola desde su propia caracterización ideológica, la etnicidad de las gentes sobre las que se imponen, inspirando con frecuencia su propio nombre colectivo. A fin de cuentas el poder es identidad y la identidad cubre el poder. Para los vetones se han propuesto etimologías en este sentido, hipotéticas pero ilustrativas. Así por ejemplo, A.M. Canto plantea una relación con el griego étos y el latín vetus, por lo que los vetones serían algo así como “los viejos, los antiguos” (Canto, 1995: 155). Por su parte M. Salinas, a partir de los trabajos de M.L. Albertos (1966: 244), entiende el radical vect- con el significado de “lucha, hostilidad, guerra” en varias lenguas celtas, para proponer que los vetones serían “los luchadores, los hombres de la guerra” (Salinas, 2001: 38-39, cfr. Tovar, 1976: 202). En similar línea, García Alonso, 2006: 93) (Fig. 14).


Por otra parte, y esto es un aspecto relevante, la presión de púnicos y desde el siglo II a.C. en adelante de romanos, representa un factor de inestabilidad en las poblaciones de la Meseta occidental, que forzosamente reaccionan. La dinamización política se agudiza en momentos de stress como el provocado por el imperialismo romano, fenómeno que se superpone y matiza la etnogénesis final de las comunidades de la Edad del Hierro (Almagro Gorbea y Ruiz Zapatero, 1992). Así pues, en este contexto se maniobran conciencias o procesos de etnicidad verificables por ejemplo en la aparición de confederaciones de pueblos indígenas frente a Roma, en la emergencia de régulos al mando de ejércitos ciudadanos o en la expansión del mercenariado. Suficientemente ilustrativos, dos ejemplos bastarán para el caso de los vetones. En primer lugar la coalición militar de vetones, celtíberos y vacceos en ayuda de los habitantes de Toletum, ante el avance de las tropas de Marco Fulvio, pretor de la Ulterior, en dos campañas sucesivas, 193 y 192 a.C. (Liv. 35.7.8 y 35.22.8); una coalición que recuerda muy de cerca el frente panmeseteño de vacceos, carpetanos y olcades que una generación antes había plantado cara a Aníbal en un vado sobre el Tajo, al regreso de la campaña del cartaginés al país vacceo (Polib. 3.13.5-14; Liv. 21.5.117) (Sánchez-Moreno, 2001b, 2008). En segundo lugar, el auxilio prolongado que a lo largo del siglo II a.C. algunos jefes vetones prestan a los lusitanos, y particularmente a Viriato, en su lucha contra Roma (App. Iber., 56 y 58). En suma, es en este horizonte de atomización política e inestabilidad provocado por la conquista romana, en el que las fuentes alumbran el engranaje étnico de las comunidades prerromanas.

Hacia un balance final

Llegados a este punto podemos concluir que la Vettonia histórica (el dilatado espacio que hoy ocupa parte de Castilla-León, Extremadura y la raya portuguesa), como sujeto territorial, correspondió más a una reorganización provincial altoimperial, una elaboración literaria y postrera como recientemente se ha sugerido (López Jiménez, 2004), que a los límites políticos de un estado unitario o entidad prerromana global (Bonnaud, 2002). Como en el caso de Lusitania, Asturia o Callaecia, este último perfectamente estudiado por G. Pereira (1992), estaríamos ante un caso más de pars pro toto propio de la ordenatio territorial romana. Esto es, la denominación de un amplio territorio a partir de la extensión del nombre de una de las tribus que lo pueblan (los vettones), en un momento -la época augustea- en que los espacios indígenas se redefinen en el nuevo orden impulsado por el princeps. En particular la definitiva creación de la provincia Hispania Ulterior Lusitania, en la que se integran los vetones, probablemente no antes del 15 a.C. como sugiere el edicto de El Bierzo con la mención a la provincia transduriana (SánchezPalencia y Mangas, 2000, Grau y Hoyas, 2001, cfr. Pérez Vilatela, 2000).

Tiempo después en Lusitania se reconocían dos distritos fiscales o subunidades territoriales, Lusitania et Vettonia, la segunda correspondiente a la zona oriental de la provincia, según deducen las inscripciones que mencionan a procurator es de tal adscripción (Roldán, 1968-69: 80, 98100, Bonnaud, 2001: 14-16). El mantenimiento de esos corónimos en la circunscripción administrativa del siglo III d.C., fecha de alguna de estas inscripciones, denota el arraigo de aquellas añejas demarcaciones prerromanas. Una idiosincrasia étnica que igualmente corrobora en época altoimperial el cuerpo auxiliar de caballería, operativo en Britania, integrado por contingente de origen vetón: el Ala Hispanorum Vettonum civium romanorum, atestiguado epigráficamente (Albertos, 1979, Le Roux, 1982: 93-96).


Sin embargo, la artificialidad de una Vettonia absoluta no invalida a mi juicio la existencia dentro de aquel espacio de comunidades políticas (castros, oppida, luego civitates) copartícipes de rasgos culturales y funcionales. Comunidades en las que, como señalan los verracos y otros indicadores, son reconocibles procesos y expresiones de identidad compartida a lo largo del I milenio a.C.. Obviamente según tiempos, circunstancias y agentes. Por ello mismo considero legítimo que los investigadores sigamos preguntándonos por “la identidad de los vetones”, bien entendiendo que se trata de una percepción globalizadora, plural, cambiante y en buena parte exógena.

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Creator Eduardo Sánchez Moreno  +
Demonym Vetones  +
Event Responden estas gentes y su región a un proceso de identidad y apropiación endógeno, a una realidad indígena  +, O son más bien el resultado de una construcción romana, de una particular ordenación del espacio conquistado  +, Los vetones constituyen el ethnos más oriental comprendido en los límites de la Lusitania romana  +, Indicadores arqueológicos (distribución de verracos, castros, cerámicas peinadas y manufacturas metálicas, fundamentalmente) llevan a relacionar a los vetones con un extenso territorio a ambos lados del Sistema Central  +, Un espacio tradicionalmente circunscrito a las actuales provincias de Ávila y Salamanca -hasta la ribera zamorana del Duero y los valles del Águeda y el Côa en los confines de la Beira portuguesa-  +, El sector oriental de la provincia de Cáceres, el occidente toledano y los límites del Guadiana central  +, Según las fuentes los vetones comparten frontera con los vacceos al Norte, astures al Noreste, lusitanos al Oeste, célticos y túrdulos al Sur, oretanos al Sureste, carpetanos al Este y quizá con los arévacos hacia el Noreste  +, Hay que tener en cuenta las imprecisiones y anacronismos en la proyección literaria de los territoria de la Hispania antigua, sujeta a las directrices del imperialismo romano  +, En cuyo discurso se inserta como instrumento de propaganda y alteridad  +, E igualmente deben reconocerse las dificultades en la definición política de esas unidades de población dentro de unas coordenadas espacio-temporales objetivables  +, En lo que a la etnogénesis de estas poblaciones se refiere, su punto de arranque suele establecerse, no sin dudas, en la cultura de Cogotas I del Bronce Medio-Final  +, A partir de ciertos indicios de continuidad poblacional y la filiación de elementos de cultura material, en particular de algunos repertorios cerámicos  +, Su proceso formativo se afianza más claramente en el Hierro Antiguo con un poblamiento castreño paralelo al horizonte Soto de Medinilla del Duero central  +, Estadio protovetón  +, En estos “siglos oscuros” -VIII-V a.C.- se configura un sustrato cultural que al menos lingüísticamente cabe considerar indoeuropeo según constata el posterior registro onomástico de la región  +, El Hierro Antiguo es momento en el que se reciben también importantes influencias orientalizantes a través del viejo camino de la Plata y los vados del Tajo  +, Hasta el punto de constituir -lo que será luego la Vetonia- un hinterland septentrional de Tarteso  +, En el contexto de las relaciones comerciales con los activos centros del Sur  +, Conviene subrayar el papel suministrador de recursos naturales (metales, ganado, cosechas) y humanos de las regiones comprendidas entre el Guadiana y el Duero, y la aculturación resultante de lo mismo  +, Este sustrato orientalizante y otras estrategias culturales explican el sabor “iberizante” de algunas manifestaciones de la arqueología vetona  +, Recipientes de bronce, producciones orfebres, cerámicas pintadas, grafitos en escritura meridional, etc.  +, A partir del siglo V a.C., con el desarrollo de las periferias tras el ocaso tartésico y la reorientación interregional que la continua  +, Éstos se emplazan en laderas, piedemontes y riberos, sobre posiciones preeminentes y con buenas condiciones para el control de territorios y caminos  +, Algunos son de nueva planta y otros, preexistentes desde el Bronce Final, se potencian con la llegada de nuevos grupos en procesos de concentración y presión territorial  +, Alrededor de los castros se disponen en ocasiones asentamientos menores y dispersos (aldeas, caseríos) que señalan una jerarquización del poblamiento en respuesta a factores estratégico-defensivos y con vistas al aprovechamiento económico del medio  +, A finales de la Edad del Hierro, coincidiendo con el avance de púnicos y romanos por el interior peninsular  +, Algunos castros se convierten en lugares centrales u oppida, esto es, en núcleos urbanos mayores dotados de sólidas defensas y con poblaciones que superarían el millar de personas  +, Los oppida abulenses de Ulaca (Solosancho), Mesa de Miranda (Chamartín de la Sierra) o El Raso (Candelada), con superficies comprendidas entre 20-60 ha., representan los mejores ejemplos  +, Las gentes vetonas conforman una sociedad que desde una clasificación cultural podemos definir como “guerrera y pastoril”  +, Lo que en realidad no es una singularidad sino un lenguaje común de la Protohistoria  +, La riqueza ganadera y el cariz guerrero son rasgos definitorios de la identidad vetona, en especial de sus elites rectoras  +, La posesión de rebaños es fuente de poder y la ostentación de armas y sus implicaciones un indicador de estatus  +, Estas comunidades se organizan en territorios políticos de distinto tamaño articulados por un castro u oppidum, capital y sede de las instituciones civiles y religiosas  +, Como ponen de manifiesto las necrópolis de cremación para los siglos IV-II a.C.  +, A la cabeza de las comunidades vetonas (compuestas por grupos familiares de distinto rango) se sitúan aristocracias guerreras  +, Basan su poder en el control de los recursos económicos -sustancialmente ganaderos, como indican los célebres verracos-, en las relaciones establecidas con otras regiones  +, En estrategias de dominio ideológico y coercitivo sobre su grupo  +, En momentos plenos de la Edad del Hierro una parte importante de la información sobre la estructura social procede de las necrópolis de cremación  +, De entre ellas las más célebres y mejor estudiadas son las abulenses de Las Cogotas (Cardeñosa), La Osera (Chamartín de la Sierra) y El Raso (Candelada), clásicas de la arqueología vetona  +, Organizadas en sectores funerarios que obedecen a agrupamientos familiares amplios  +, En ellas el acceso al espacio funerario es selectivo  +, No está enterrada toda la población, sólo los individuos de derecho y por ello privilegiados  +, La formación de estos cementerios en paralelo al afianzamiento de los poblados a los que se vinculan como espacio de sus muertos, y su uso temporal (desde fines del siglo V hasta fines del II a.C. grosso modo) señalan una adscripción al territorio  +, Una definitiva sedentarización y por ende un nexo de identidad espacial y colectiva en estas poblaciones  +, Las elites tienen su refrendo en las tumbas de mayor riqueza, que incluyen panoplias militares, instrumental equino y bienes de prestigio, y se señalan con estelas, empedrados y pequeños túmulos  +, Su porte guerrero es advertido por las fuentes literarias al significar el auxilio que los jefes vetones prestan a pueblos vecinos  +, Amenazados por el avance primero de cartagineses y luego de romanos, constituyendo una suerte de confederaciones militares  +, O participando del lado de Viriato en las guerras lusitanas a mediados del siglo II a.C.  +, Es hora de preguntarnos por el grado de identidad de estas gentes  +, Los rasgos que, en su caso, permitan deducir un auto-reconocimiento o “conciencia étnica”  +, La que lleva a los observadores griegos y romanos desplazados a la Península a singularizar y/ o diferenciar a los vettones de los restantes populi hispanos  +, La etnicidad en el debate de las identidades de la Hispania prerromana, un tema de notable actualidad  +, Los conceptos “etnia” o “pueblo” no son categorías absolutas como hacen pensar las fuentes al alumbrar a las gentes paleohispanas como realidades fijas o atemporales  +, Sino procesos dinámicos y situacionales en constante construcción  +, La antropología y la sociología demuestran hoy que la etnicidad es un complejo agente en movimiento  +, Nada tiene que ver con un decálogo biológico ni mucho menos racial (por ello invariable o inmóvil), como se asumía en el siglo XIX  +, Ni siquiera algo que tenga constatación directa con una cultura arqueológica, como pensara V. Gordon Childe con su exitosa propuesta de los círculos culturales  +, Al contrario, la etnicidad es una construcción subjetiva que responde a determinadas percepciones, coyunturas y manipulaciones  +, Podemos definir la etnicidad como la identificación propia o externa de un grupo amplio de población sobre presunciones básicas  +, Como son, entre otras, un origen y descendencia común -ciertos o inventados-, un territorio familiar, una afinidad lingüística  +, Y una diferenciación cultural percibida o trazada por oposición a otros con los que se coexiste o pretende diferenciarse  +, La etnicidad y sus formas de expresión son resultado de una interacción: una entidad existe sólo en contraste con otra hasta el punto de venir frecuentemente definida desde fuera, de ser la percepción de un “yo” frente a un “otro”  +, Manifiestamente en la Edad del Hierro y durante la conquista romana  +, Los miembros de una comunidad -en mi opinión, más concretamente, los grupos de poder- hacen expresión de su identidad de forma voluntaria o predeterminada a través de medios y comportamientos  +, Algunos de ellos serían ritos y creencias, formas de ocupación del espacio, tradiciones y leyes, usos onomásticos, atuendo personal, estilos decorativos, instituciones y emblemas, himnos y epopeyas…  +, Los vetones, los populares verracos, condensan magníficamente el peso de la ganadería en sus creencias y formas de vida  +, Las toscas esculturas de toros y suidos deben entenderse como hitos protectores de territorios, poblaciones y cabañas domésticas  +, Si bien con un simbolismo polivalente que impide interpretar unívocamente los más de cuatrocientos ejemplares conocidos entre el siglo IV a.C. y tiempos altoimperiales  +, Los ejemplares más antiguos sugieren, parece, un sentido territorial y apotropaico como marcadores de pastos, poblados y caminos sobre el paisaje cultural de la Edad del Hierro  +, Los zoomorfos son un icono de identidad espacial o etnicidad  +, La que opera sobre comunidades extendidas sobre un territorio  +, Además los verracos representan una de las mejores expresiones del poder de las elites vetonas dueñas de pastos y rebaños  +, Convirtiéndose en emblemas de los señores del ganado y la guerra  +, Acorde con la idea que vengo defendiendo (la progresión de la identidad colectiva a partir del papel motriz de los jefes; Sánchez-Moreno, e.p.)  +, Los verracos traducirían inicialmente el poder individual de los jerarcas familiares (los propietarios de pastos y rebaños)  +, Para acabar convirtiéndose en un emblema de grupo (la comunidad o habitantes del castro que se identifica bajo este atributo zoomorfo  +, Que es al tiempo sostén económico y expresión del poder de las elites)  +, El constituir una suerte de imagen heráldica protectora de la comunidad, de la propia ciudad y sus gentes  +, Cabe aplicarse al verraco descubierto en la primavera de 1999 en el nivel inferior de la Puerta de San Vicente, en la muralla de Ávila  +, Un hallazgo excepcional al tratarse de un verraco tallado in situ  +, Esculpido directamente en la roca natural e integrado en el primigenio recinto de la ciudad, marcando la entrada de una puerta o vano  +, Sin que pueda confirmarse todavía si Ávila es una fundación ex novo del siglo I a.C., con gentes desplazadas de los castros de alrededor  +, O un asentamiento indígena preexistente  +, El nombre de ουεττωνεζ (en griego), vettones (en latín), es transmitido por primera vez en las fuentes a finales del siglo III a.C.  +, Con el alumbramiento de los pueblos de la Meseta a raíz de la expedición de Aníbal a tierras del Duero en el 220 a.C.  +, Tras la Segunda Guerra Púnica, de la mano del largo proceso de anexión y explotación de las tierras hispanas por parte de la República romana, se extenderá el empleo de éste y otros etnónimos del Occidente hispano  +, Al tiempo que los conquistadores van teniendo constancia de las diversas unidades de población indígena  +, Las primeras incursiones romanas en el territorio de los vetones se producen a inicios del siglo II a.C. con las expediciones de los gobernadores Fulvio Nobilior hasta el Tajo (193-192 a.C.) y Postumio Albino hasta el Duero (180-179 a.C.)  +, No es hasta el final de las guerras lusitanas, con las campañas de Servilio Cepión (139 a.C.) y sobre todo Junio Bruto (138 a.C.), el primero en arribar al país galaico  +, Cuando las tierras ocupadas por los vetones se integran en los límites de la Hispania Ulterior  +, Un dominio romano más teórico que real pues la pacificación plena del territorio no se logra, superada la inestabilidad del episodio sertoriano (8272 a.C.), hasta el gobierno de César  +, Primero como quaestor (69 a.C.) y más tarde como pretor de la Ulterior (61-60 a.C.)  +, El brillante general y hábil político que es César desarrolla en Lusitania una labor que combina el sometimiento de últimas poblaciones levantiscas -obligadas a establecerse en el llano con la promoción jurídica y la potenciación urbana  +, El corónimo Vettonia, como territorio de adscripción de los vettones, es posterior y hasta cierto punto artificial, consignándose probablemente en los últimos años del siglo I a.C.  +, En el contexto de la reorganización administrativa llevada a cabo por Augusto  +, Éste último, princeps triunfante sobre cántabros y astures (29-19 a.C.), concluida en Hispania una conquista que se había prolongado por dos siglos  +, Es el encargado de reorganizar los espacios provinciales y asentar las bases ideológicas de la romanización en Occidente  +, Podemos considerar a Augusto como verdadero pater Hispaniarum  +, Es precisamente en este horizonte de la pax augusta en el que hay que leer los datos de Estrabón  +, Nuestra principal fuente para el conocimiento de las etnias hispanas  +, La visión que las fuentes clásicas dan de los pueblos hispanos responde a la observación externa, a la lectura sesgada, que los autores grecorromanos proyectan desde el prisma del choque cultural  +, En una situación además determinante como es la conquista romana de la Península Ibérica, con el progresivo avance de las legiones  +, Roma traerá consigo no sólo la reestructuración de la territorialidad indígena, sino la reelaboración por parte de los conquistadores de una imagen estereotipada de los conquistados  +, La estampa de estos vetones que no saben sino dormir o guerrear es el resultado de la simplificación de conductas contrapuestas a los parámetros clásicos  +, Un ejercicio de decodificación nos permitiría recuperar algo del contexto originario en el que se crea y luego distorsiona esa imagen: el contexto de las jefaturas guerreras de la Edad del Hierro  +, Hábitos como el banquete aristocrático, la guerra o los retos personales como formas de afirmación social  +, Historiográficamente hablando, accedemos al paisaje étnico de Hispania a través de los ojos de Roma  +, ¿La idea que los vetones tuvieron de sí mismos -si tuvieron conciencia de identidad como grupo- coincide con la que transmiten los historiadores antiguos? Muy probablemente no  +, El cuadro que los clásicos brindan de las agrestes gentes hispanas es subjetivo (la visión del otro), selectivo (no están todos los pueblos que son) y predominantemente tardío  +, La mayor parte de las noticias son del tiempo de la conquista, cuando escribe Polibio (mediados del siglo II a.C.), y algo más tarde Estrabón y Diodoro de Sicilia (fines del siglo I a.C.)  +, Las relaciones geográficas de Plinio y Tolomeo corresponde ya a la organización administrativa altoimperial, por lo que conllevan una transformación del marco indígena  +, Desconocemos además los criterios últimos que emplearon los autores antiguos para enumerar pueblos y tierras  +, Tampoco sabemos mucho sobre la génesis y transmisión de los etnónimos  +, Un sector de la investigación actual considere que el mapa étnico que trazan las fuentes responda más a una constructio romana que a la realidad indígena  +, Roma eleva ad hoc a la categoría de territorios históricos  +, Asumiendo incluso que las etnias en su sentido nominal surjan del choque con Roma  +, Estamos ante procesos avanzados de configuración étnica y definición político-territorial susceptibles de reconocerse en una serie de indicadores a lo largo de la Edad del Hierro  +, Siendo precisamente con la acción de Roma en Iberia cuando estas entidades se convierten en “sujetos históricos” al consignarse en la historiografía clásica  +, Hablamos entonces de vetones, lusitanos o vacceos como si de imágenes fijas se tratara…  +, El mismo retrato estereotipado e infinito que los cómics de Astérix dibujan del galo, el germano, el griego o el egipcio como arquetipos etnográficos  +, Volviendo al etnónimo vettones, poco sabemos de su etimología y origen  +, No hay que descartar sin embargo que esa denominación, aun en lenguaje indígena, podría venir dada desde fuera por un pueblo vecino a nuestros protagonistas en un contexto de enfrentamiento o enemistad  +, Frecuentemente, los etnónimos derivan de antropónimos (nombres de héroes fundadores o reyes epónimos, reales o míticos)  +, O de denominaciones genéricas del tipo “los primeros”, “los antiguos”, “los valientes”, “los hombres”, “los libres”…  +, Sin excluirse algunas derivaciones toponomásticas (nombres de ríos, montañas u otros parajes naturales de referencia)  +, En no pocos casos los calificativos étnicos aludirían a las elites dirigentes  +, Que son quienes en un primer momento lideran y maniobran los procesos de identidad colectiva  +, Presentándose como valedores de la comunidad, los jefes guerreros cohesionan, definiéndola desde su propia caracterización ideológica, la etnicidad de las gentes sobre las que se imponen  +, El poder es identidad y la identidad cubre el poder  +, Para los vetones se han propuesto etimologías en este sentido, hipotéticas pero ilustrativas  +, A.M. Canto plantea una relación con el griego étos y el latín vetus, por lo que los vetones serían algo así como “los viejos, los antiguos  +, M. Salinas, a partir de los trabajos de M.L. Albertos (1966: 244), entiende el radical vect- con el significado de “lucha, hostilidad, guerra” en varias lenguas celtas  +, Para proponer que los vetones serían “los luchadores, los hombres de la guerra”  +, García Alonso, 2006: 93  +, La presión de púnicos y desde el siglo II a.C. en adelante de romanos, representa un factor de inestabilidad en las poblaciones de la Meseta occidental, que forzosamente reaccionan  +, La dinamización política se agudiza en momentos de stress como el provocado por el imperialismo romano, fenómeno que se superpone y matiza la etnogénesis final de las comunidades de la Edad del Hierro  +, En este contexto se maniobran conciencias o procesos de etnicidad verificables por ejemplo en la aparición de confederaciones de pueblos indígenas frente a Roma  +, La emergencia de régulos al mando de ejércitos ciudadanos o en la expansión del mercenariado  +, Dos ejemplos bastarán para el caso de los vetones  +, La coalición militar de vetones, celtíberos y vacceos en ayuda de los habitantes de Toletum, ante el avance de las tropas de Marco Fulvio, pretor de la Ulterior, en dos campañas sucesivas, 193 y 192 a.C.  +, Una coalición que recuerda muy de cerca el frente panmeseteño de vacceos, carpetanos y olcades que una generación antes había plantado cara a Aníbal en un vado sobre el Tajo, al regreso de la campaña del cartaginés al país vacceo  +, El auxilio prolongado que a lo largo del siglo II a.C. algunos jefes vetones prestan a los lusitanos, y particularmente a Viriato, en su lucha contra Roma  +, Es en este horizonte de atomización política e inestabilidad provocado por la conquista romana, en el que las fuentes alumbran el engranaje étnico de las comunidades prerromanas  +, Podemos concluir que la Vettonia histórica (el dilatado espacio que hoy ocupa parte de Castilla-León, Extremadura y la raya portuguesa), como sujeto territorial, correspondió más a una reorganización provincial altoimperial  +, Una elaboración literaria y postrera como recientemente se ha sugerido  +, Que a los límites políticos de un estado unitario o entidad prerromana global  +, Como en el caso de Lusitania, Asturia o Callaecia  +, Estaríamos ante un caso más de pars pro toto propio de la ordenatio territorial romana  +, La denominación de un amplio territorio a partir de la extensión del nombre de una de las tribus que lo pueblan (los vettones)  +, En un momento -la época augustea- en que los espacios indígenas se redefinen en el nuevo orden impulsado por el princeps  +, La definitiva creación de la provincia Hispania Ulterior Lusitania, en la que se integran los vetones, probablemente no antes del 15 a.C.  +, Como sugiere el edicto de El Bierzo con la mención a la provincia transduriana  +, Tiempo después en Lusitania se reconocían dos distritos fiscales o subunidades territoriales, Lusitania et Vettonia, la segunda correspondiente a la zona oriental de la provincia  +, El mantenimiento de esos corónimos en la circunscripción administrativa del siglo III d.C., fecha de alguna de estas inscripciones, denota el arraigo de aquellas añejas demarcaciones prerromanas  +, Una idiosincrasia étnica que igualmente corrobora en época altoimperial el cuerpo auxiliar de caballería, operativo en Britania  +, Integrado por contingente de origen vetón: el Ala Hispanorum Vettonum civium romanorum, atestiguado epigráficamente  +, La artificialidad de una Vettonia absoluta no invalida a mi juicio la existencia dentro de aquel espacio de comunidades políticas (castros, oppida, luego civitates) copartícipes de rasgos culturales y funcionales  +, Comunidades en las que, como señalan los verracos y otros indicadores, son reconocibles procesos y expresiones de identidad compartida a lo largo del I milenio a.C.  +, Por ello mismo considero legítimo que los investigadores sigamos preguntándonos por “la identidad de los vetones”  + y Bien entendiendo que se trata de una percepción globalizadora, plural, cambiante y en buena parte exógena  +
Time Edad del Hierro  +
Zite Gómez Fraile, 2001: 79-80  +, Plácido, 2004: 16  +, Canto, 1995: 155  +, Salinas, 2001: 38-39  +, Almagro Gorbea y Ruiz Zapatero, 1992  +, López Jiménez, 2004  +, Bonnaud, 2002  + y G. Pereira (1992)  +
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