SainzRipa1990

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Los árabes en la diócesis de Calahorra

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La llegada de los árabes a La Rioja se produce en 714.

Contando con que el cristianismo era reconocido en el Corán como religión revelada, los nuevos invasores permitían a los cristianos seguir viviendo bajo su fe y cultos cristianos si no se convertían al Islam.

Esto explica que en Calahorra los dominadores no destruyeran iglesias hasta Mutarrib al-Morrid en el siglo X.

Se infiere que con los cristianos tenían estipulado un marco de coexistencia, como en otras regiones de Hispania: satisfechos unos tributos a los invasores, éstos toleraban seguir su vida social y religiosa.

En el año citado de 714 los responsables de los pueblos del alto Ebro, según la crónica islámica, acudieran en masa a Miranda de Ebro para "pedir pactos" a Muza ibn Nusayr.

Pasado el primer momento de la ocupación señorearon las comarcas de Tudela, Calahorra, Ocón y Arnedo con sus respectivos fortines los BanuQasi, descendientes del conde Casius, señor hispano islamizado en el Ebro medio.

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En los días de fiebre fundamentalista los obispos huyeron a la corte de Oviedo: Theodomiro (finales del s. VIII) en tiempos de Alfonso el Casto, que en el año 792 asistió a la consagración de la catedral de Oviedo; el obispo Recaredo, que aparece en el año 812, viviendo en Oviedo y el obispo Severo de Calahorra, exiliado también hacia el año 876 en la corte ovetense.

Paralelamente a los avances de la Reconquista reaparecen en siglo IX los pequeños monasterios e iglesias de la comarca de los Obaranes, del Tirón, Najerilla, rescoldo cristiano más o menos oculto a la llegada de los árabes.

La sede subsidaria de Nájera en los siglos X y XI

Calahorra cede a Nájera la residencia de los obispos en el siglo X.

Risco habla "del estado miserable a que vino la iglesia de Calahorra en el siglo X desde que en el año 920 al-Morrid conquista la plaza y destruye las iglesias de los mozárabes".

En una campaña conjunta, Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Pamplona contra los BanuQasi reconquistan Nájera a fines de octubre de 923, y una vez pacificadas las cuencas del Tirón, del Oja, del Najerilla, del Iregua y del Leza, la vida eclesiástica diocesana se polariza en la nueva sede episcopal de Nájera y en los monasterios de San Millán de la Cogolla y de San Martín de Albelda.

Hacia el año 922 el obispo de Pamplona Galindo (922-938) consagró para la nueva sede de Nájera a Sesuldo, tal vez hasta entonces monje de Albelda (923-938).

A Sesuldo sucedieron en Nájera durante los siglos X y XI trece obispos que gobernaron las parroquias de la Rioja Alta y valles próximos burgaleses, mientras se luchaba en la Rioja Baja con los BanuQasi.

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El obispado de Nájera llegó a abarcar los valles de la Rioja Alta y de la Rioja Media, del Iregua y del Leza; y desde 1052 las iglesias del obispado de Valpuesta, anexionado a Nájera por García el de Nájera.

El monacato riojano: benedictinos, cistercienses

De lustro en lustro el proceso de benedictización se intensifica y, por otra parte, en los siglos X y XI salían de los claustros monacales hombres que los reyes elegían para el gobierno de las sedes diocesanas por su preparación humana y doctrinal.

Monjes fueron Sesulto, Gomesano, Sancho y otros.

Se inicia el ciclo esplendoroso de los monasterios de San Martín de Albelda y de San Millán de la Cogolla a partir de sus scriptorium y de sus bibliotecas.

Ambos se vieron visitados por condes, reyes, obispos y favorecidos por sus donaciones y privilegios.

En ambos se atendía a pobres y peregrinos.

No alcanzó tanto renombre a lo largo del siglo XI el monasterio de Santa María de Valvanera en el alto Najerilla.

A la comunidad de clérigos seculares de Santa María de Nájera siguió la anexión a Cluny decidida por Alfonso VI, apoyándose en los derechos que le concedía el patronato regio sobre monasterios seculares.

No faltaron tensiones entre monasterios y obispos por el cobro de censos, tercias y otros privilegios.

Un cardenal legado enviado a Hispania por Alejandro II por los años de 1065 a 1068 convocó a las partes en el concilio de Nájera de 1067 y condenó a los obispos Munio de Calahorra, Velasco de Pamplona y Simeón de Burgos.

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Se formalizó en 1170 la fundación femenina del monasterio cistercense de Cañas, cerca de Nájera.

En abril de 1173 de 1173 Deigo Jiménez, señor de Cameros, escrituraba la fundación cisterciense de Santa María de Herce, en el valle del Cidacos.

En 1185 se implantan en el viejo monasterio de San Prudencio de Monte Laturce con su vocación colonizadora los cistercienses enriquecido hacia los años sesenta con la anexión del monasterio de Ruete y sus bienes en Ausenjo, Lagunilla y Logroño.

La conquista de Calahorra

García Sánchez III, llamdo García el de Nájera, rey de Pamplona y Nájera, conquistó la plaza de Calahorra para los cristianos definitivamente en el mes de abril de 1045.

Días después de la conquista de Calahorra García el de Nájera dotó al obispo don Sancho (1024-1046) y al templo calahorrano de fincas y diezmos suficientes para que la catedral recobrara el prestigio anterior a la invasión árabe.

No fue inmediato el regreso de los obispos a Calahorra.

En 1109 el obispo Sancho de Grañón (1108-1116) recibe la primera bula dirigida por el papa Pascual II "al venerable hermano Sancho, obispo de la diócesis de Calahorra" señalando los límites diocesanos con inclusión de Calahorra, Álava, Vizcaya, Nájera y ambos Cameros.

Con ello vino a restaurar la situación anterior al desconcierto de 711 y sancionó precisamente para el obispo de Calahorra el título de obispo y pastor.

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A Sancho de Grañón siguió Sancho de Funes (1118-1146) que se asienta definitivamente en Calahorra, cuando conquistadas las plazas de Tudela, Tarazona y Zaragoza hacia el año 1118 se normaliza la vida en la ciudad de Calahorra y se reactiva su función de cabeza de la diócesis.

Conquistada ya con anterioridad Tarragona quedaba nuevamente expedita la antigua via romana del Ebro desde esta metrópoli por Zaragoza, Tudela, Calahorra, Logroño, Nájera, Santo Domingo de la Calzada, que se convertiría en nueva ruta de peregrinación al sumarse en Logroño al camino francés.

Sanco Garcés III el Mayor (1000-1035), gran protector de la política europeizante, abrió un nuevo trazado por Puente la Reina, Los Arcos, Cuevas, Logroño, Nájera, Belorado.

Promocionó también a la civitas castellum de Nájera situando en su puente y en su alberguería un hito destacado del peregrinaje.

Alfonso VI (1072-1109) dio el fuero a Logroño.

En la historia del camino serí releante el paso del Ebro por Logroño gracias al fuero de 1095.

En ella pusieron los obispos desde el siglo XIII su residencia frecuentemente.

Por los años de 1087 aparece en el camino Domingo de la Calzada, como gran colonizador de la Calzada y crea con su hospital y su puente el tercer hito jacobeo en La Rioja.

Cuando éste murió en 1109 una cofradía dependiente de la iglesia local continuó su obra caricativa.

En 1152 gracias a Rodrigo de Cascante su iglesia queda convertida en colegial.

Los cambios de los siglos XI y XII

A mitad del siglo XI Roma quiso imponer en Hispania el rito romano; muchos obispos españoles intentaron mantener la vieja liturgia hispana.

El obispo Munio (1065-1080) se vio implicado junto con Jimeno, obispo de Oca, y Fortunio de Álava: llevaron los textos litúrgicos al papa que fueron hallados ortodoxos y aprobados.

Mas el rey y el obispo de Burgos, Jimeno, decididos paladines de la reforma, buscaron para neutralizar el empeño del calagurritano la forma de acusarlo de ordenación simoniaca; marchó a Romma y fue absuelto, pero bajo la promesa formal de aceptar en su territorio el oficio romano.

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En el siglo XI la fusión de la diócesis de Álava y Calahorra vino a favorecer a ésta en la banda norte de su geografía.

Por ello de nuevo se declararon los límites diocesanos.

Se debe anotar que el monasterio de Albelda a lo largo del siglo XII sufre una progresiva secularización, pasando a ser colegiata secular con un cabildo de canónigos hacia 1167.

Los demás monasterios siguen su vida regular.


Los obispos del siglo XII y los monjes de Cluny

A los obispos ya citados Sancho de Grañón y Sancho de Funes sucedió Rodrigo de Cascante (1147-1190).

En su largo mandato,m bajo presidencia del cardenal Jacino Orsini, que más adelante sería Celestino III, se celebró un concilio en Calahorra

El cardenal llegó a Nájera donde se detuvo ocupado en el puntilloso pleito de los cluniacenses najerinos con el obispo.

Llegado a Calahorra, el cardenal abrió la asamblea en fechas no aclaradas de marzo o abril.

Asistieron Pelayo, arzobispo de Compostela, Martín de Orenso, Gilberto de Lisboa, Guillermo de Barcelona, Odón de Huesca, Martín de Tarazona, Lope de Pamplona, Pedro de Zaragoza y los abades de San Juan de la Peña y de Montearagón y el anfitrión Rodrigo de Calahorra.

Fue un concilio de reclamaciones.

Rodrigo de Cascante recordó sus derechos como obispo contra los frailes de Nájera que favorecidos por el rey, amigo de los cluniacenses, le habían expoliado a él ya sus clérigos najerenses de la iglesia de Santa María la Real; pedía que pusieran las cosas como estaban a la llegada del rey Alfonso VI a Nájera.

En abril una carta del legado al papa Adriano denuncia que Alfonso VI para introducir a los de Cluny había echado contra toda justicia a los clérigos puestos por el obispo propio y que se cite a las parte para acabar con la controversia y el escándalo.

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Al fin, la sentencia favorable al obispo la confirmó Celestino III en 1194.

Otras diferencias entre los obispos y los cluniacenses de Nájera se sustanciaba durante el siglo XII en el nombramiento anticanónico de curas por parte del prior najerense en parroquias dependientes de Calahorra y en la negatia de ceder diezmos y preocupaciones al obispo.

Los arcedianos con asiento en las catedrales

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Desde los años del s. XII estaban ya estructurados los grandes arcedianazgos de Calahorra, de Cameros con Valdearnedo, de Nájera, de Álava y de Berberiego sustituido con el tiempo por la climata de Viana.

A estos más tarde se añadieron el de Vizcaya, el de La Calzada, el de Bilbao.

Cinco de estos tenían canonjía en Calahorra, los dos restantes en Santo Domingo.

La cultura y la economía de los clérigos

Para la cultura de los clérigos el obispo Aznar en 1240 sancionaba normas que ya estaban en el ambiente: mandó que hubiera en cada arcedianato dos maestros de gramática y, dispuso que los clérigos que quisieran frecuentar escuelas superiores fueran con licencia del obispo a Bolonia, París, Tolosa o Calahorra.

A la manera que hubo en Palencia estudio lo hubo también en las demás catedrales.

El sínodo de Aznar (1240)

Como eco del concilio IV de Letrán celebrado en 1215 se iniciaba un sínodo diocesano en Logroño el 20 de febrero de 1240.

Convocados por el obispo Aznar tomaban asiento en él los clérigos representantes de los arciprestazgos y arcedianatos de la diócesis.

Presidían con el prelado los abades benedictinos de San Millán de la Cogolla y de monastery:Santa María de Valvanera, los mitrados cistercienses de Santa María de Herrera y de San Prudencio de Monte Laturce, el prior de los predicadores de Burgos, los franciscanos fray Greciano y fray Plegrino, predicador este de los frailes menores, el ministro de la Santa Trinidad de Cuevas, cerca de Viana; excusó su ausencia por estar enfermo don Jimeno, monje de Nájera.

Del clero secular el arcediano de Cameros don Ruy Jiménez, el de Nájera don Ruy Pérez, el de Álava don Juan Suárez, el de Berberiego don Íñigo Martínez, venidos por sí y por el cabildo de Calahorra y la Calzada.

No fueron las de este sínodo las primeras sinodales diocesanas ya que en un momento de su texto se revalidan las "que fizo el obispo don Iohan Pérez" que lamentablemente hoy andan perdidas.

Quería Aznar actualizar las contituciones de este obispo don Juan Pérez, otro gran prelado reformador.

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Cambio institucional en el abadengo de La Calzada

Fernando III de Castilla no vio con buenos ojos la elevación de La Calzada a sede compartida con Calahorra.

Había puesto como condición para el traslado que le dieran el señorío de la villa calceatense y sus frutos con cuya cesión pretendía paliar en parte los gastos ocasionados por la conquista de Sevilla.

Allí se halló el obispo Aznar el 27 de mayor de 1248 con varios miembros del cabildo calcetense.

El 20 de abril de 1250 el rey celebraba en Sevilla una avenencia con el cabildo calcetense y con el obispo Aznar.

El burgo calceatense pasaba de abadengo a realengo.

Como compensación el rey el 15 de agosto de 1256 les daba la posesión de la villa cercana de Grañón.

El culto a San Prudencio de monte Laturce

Se veneraban los restos del confesor Prudencio en la cripta del monasterio levantado en las faldas surorientales del Monte Laturce.

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Sus monjes mantenían el culto en tiempo de Sancho el de Peñalén en 1058, siendo obispo Tudemiro.

Lo mismo en el mandato del obispo Pedro, obispo en Nájera y en Albelda (1089-1108).

A las donaciones de los fieles corresponde la singuar de Íñigo Jiménez y su mujer que fundan en San Prudencio su capilla mortuoria y legan a tal efecto sus bienes a los monjes.

En 1145 Alfonso VII permjta con los monjes de San Prudencio la villa de Lagunilla.

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