RosCubas2013/entities/-ika

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  1. Detengámonos en Mendeika.
  2. Si buscábamos con ahínco un antropónimo es porque estamos ante un nomen possesoris, y eso tampoco es gratuito.
  3. La posesión se marca preferiblemente con la marca de genitivo, sentido que supuestamente le adjudican al -icus /-a latino, pero eso es mucho suponer.
  4. En Galicia con nombres como el que nos ocupa, con el mismo antropónimo, encontramos otra cosa.
  5. No encontramos, **Menderica o **Venderica, sino Menderez, Menderiz n51, Mendríguez,… o Venderez, Venderiz, Vendríguez, etc.
  6. n51 No marcamos el acento porque estos apellidos suelen ser oxítonos, en Galicia al menos, como las famosas aguas de Mondariz, para el que hay que partir, digámoslo de paso, del antropónimo Mondericus.
  7. 'Félix Muguruza (2004:6-24)') Félix Muguruza. «Etimologías: Los nombres en versión original», Aunia 8, 2004, pp. 6-24.Félix Muguruza (2004)</a> intuye bien cuando vislumbra el antropónimo Vendiricus, aunque podría haber apurado un poco más y proponer directamente Vendericus o incluso Mendericus del que saldría directamente Mendeika.
  8. 'Patxi Salaberri (2011)' Patxi Salaberri «Sobre el sufijo occidental -ika y otras cuestiones de toponimia vasca», FLV 113, 2011, pp. 139-176.Patxi Salaberri (2011)</a> se aleja al indagar sólo en el saco de los nombres latinos, obviando los germánicos, donde encuentra de saldo Ventenius en vez del **Venterius que buscaba.
  9. Podemos repetir el mismo ejercicio con otros nombres y seguir preguntándonos por qué si -ika corresponde a un -ica latino que forma nombres de propiedades, no aparece sino en el occidente vasco.
  10. No hace falta darle más vueltas, lo que hace falta es observar con más detenimiento la disección entre base y sufijo.
  11. Menderez, por citar una sola de las muchas variantes, procede de *Menderic-i.
  12. Esa segmentación no coincide para nada con la que se practica a la vasca en Mender-ika.
  13. Esa disección que se lleva por delante parte del nombre es la que lleva a buscar nombres amputados ahí donde no existen.
  14. Es cierto que hay muchos dobletes al estilo Victorius / Victoriacus en los que no se nota la amputante disección,
  15. pero no hay **Delius, **Odelius, **Venterius, **Beren- dius, **Cedelius, etc. y sí Odericus, Ventericus, Berendicus o Theodericus.
  16. Son nombres germánicos en su mayor parte, aunque no necesariamente.
  17. No es un detalle nimio ni desconocido.
  18. El sufijo -ez, -iz de los apellidos castellanos y circunvecinos necesita de estos nombres en -icus, del que Rodericus es adalid.
  19. De ellos sale el sufijo castellano de marras sin más rodeos.
  20. Son muchos nombres los que presentan dicha terminación, pero pareciera que no los suficientes como para que se extendiera por analogía la terminación -iz, -ez derivada de ellos.
  21. Se ha aducido la proliferación que tuvieron dichos nombres.
  22. Pudo ayudar en dicha proliferación, además de la moda, el uso del mismo sufijo con valor diminutivo, como sugiere " Ensayo histórico, etimológico y filológico sobre los apellidos castellanos desde el siglo X hasta nuestra era, Madrid, 1871, p. 13.Ángel de los Ríos (1871:13), en uno de los trabajos clásicos sobre la materia.
  23. De esta manera, partiendo de un *Nunicus diminutivo de Nunius, se explica Núñez y de paso, dificultades acentuales al margen, el Munika vasco que citábamos más arriba.
  24. No sé si la explicación analógica es suficiente, pero sí al menos apropiada y necesaria.
  25. También para la onomástica vasca que lidia con los nucleónimos en -ika.
  26. Tampoco podemos evaluar aquí y ahora la posible influencia de las formas vascas que, procedentes de -onis, confluyeron en el mismo resultado que pudo facilitar aún más la analogía n53.
  27. n53 Para un exhaustivo acopio de lo escrito sobre la materia tenemos disponible Euskal deiturategia: patronimia, Udako Euskal Unibertsitatea, 2003, de Patxi Salaberri.
  28. n53 Sin embargo, a pesar de los años transcurridos desde su publicación sigue siendo imprescindible «El genitivo en la onomástica vasca», de Luis Michelena, Emerita 25, 1957, pp. 134-148, ahora OC 9, pp. 429-441
  29. Concluyamos lo expuesto con un último ejemplo.
  30. Hemos adelantado que Rodericus, del que sale el Rodrigo castellano, y a la postre los apellidos y topónimos Roderiz, Rodriz, Rodríguez, Rourís, Ruiz, … fue el antropónimo germánico paradigmático, si es que alguno merece tal distingo.
  31. También existe Odericus, no sé si forma abreviada del anterior o creación propia.
  32. De este Odericus salen nuestros Oderiz y Odelika n54, aunque tampoco sería mayor problema, y quizá más realista, partir directamente de Rodericus.
  33. n54 No creemos que se pueda meter en el mismo saco a Oderiaga por las razones que apuntaremos más adelante.
  34. Ordorika y alguna variante más nos daría cuenta de la vibrante perdida, si es que no son derivados de Urdulio o Urdulo como propone Ignacio Omaechevarria (1957:134).
  35. Paralelamente, se explica sin mayor contratiempo como habíamos adelantado arriba el vecino Zedelika a partir de Theodericus, que nos evita la ingeniosa pero poco realista explicación que le había encontrado 'Federico de Barrenengoa (1988-1990)' Onomástica de la Tierra de Ayala, (3 vols.), Vitoria-Gasteiz, 1988-1990Federico de Barrenengoa (1988-1990)</a> n56.
  36. n56 Lo hace derivar de *Cis-Delika, es decir ‘La Delika de Aquende’, a la latina. No hemos podido encontrar la referencia en Onomástica de Tierra de Ayala.
  37. Odelikia
  38. Lo que hemos querido de poner de manifiesto hasta aquí es que explicar lo gordo no sirve de nada si deja el detalle no tan solo inexplicado sino inexplicable.
  39. Hemos adelantado anteriormente que la -k- que observamos en Mendeika, lo mismo que en Odelika, pertenece a la base, es decir al antropónimo,
  40. lo cual nos deja una desinencia -a a secas, justamente en el lugar de la -i correspondiente al genitivo que esperaríamos.
  41. No vale la explicación de marca de género en que junto a otros que le precedieron insiste 'Patxi Salaberri (2011)' Patxi Salaberri «Sobre el sufijo occidental -ika y otras cuestiones de toponimia vasca», FLV 113, 2011, pp. 139-176.Patxi Salaberri (2011:151 et passim)</a>, la cual sirve en otros contextos para formas latinas y romances.
  42. La primera razón es la evidencia de que no estamos ante formas de nominativo y la segunda la certeza de nos encontramos ante formas específicamente vascas, que son las únicas que explican -k- en vez de -z- de las romances o latinas tardías.
  43. La marca de género femenino -a en nombres vascos solo se da en el Nomenclátor de Euskaltzaindia del año 2001 n62.
  44. n62 Otra cuestión muy distinta es la de los nombres en -ano y -ana, que son directamente latinos y/o romances.
  45. Como correlato de la -o de masculino, se da en préstamos modernos como majo / maja, extendido a otros como gizajo / gizaja ‘desgraciado, coitado’ y en otros más castizos pero también más complejos como pepelo / papala, memelo / mamala ‘imbécil’.
  46. Hay reflejo de esto en la onomástica antigua (" title="Iñigo, Andrés & Salaberri, Patxi, «Euskaraz femeninoak egiteko izan diren bideez», Euskera 42, 1997, pp. 257-260.Iñigo, Andrés & Salaberri, Patxi 1997), pero se trata siempre del modelo romance, pues romance es en su gran mayoría el sistema y pool antroponímico usado históricamente también por los vascos.
  47. Es por ello impensable y absurdo ver en -ika el sufijo que tenemos en lógica o matemática y en -ako, -aka las de cardiaco y polaca, como nos quiere hacer creer 'Félix Muguruza (2004:6-24)' Félix Muguruza. «Etimologías: Los nombres en versión original», Aunia 8, 2004, pp. 6-24.Félix Muguruza (2004:21)</a>.
  48. La solución tiene que ser holística, como gusta decir ahora: o explica todo o no explica nada.
  49. Quizá quiera expresar lo mismo [ 'Félix Muguruza (2004:6-24)' Félix Muguruza. «Etimologías: Los nombres en versión original», Aunia 8, 2004, pp. 6-24.Félix Muguruza (2004)</a>, con aires de metafísica kantiana, cuando dice que debemos buscar que “el componente final sea una partícula que hace referencia a las cualidades de la parte central de los nombres”.
  50. Era más sencillo decir que a los nombres de poseedores acompaña un sufijo específico o, en términos más técnicos,
  51. que en nucleónimos braquilógicos formados a base de nomina possessorum se emplea, parece que especialmente en la norma culta de los escribanos, el genitivo latino, frente a formas adjetivales más populares en -ana / -o.
  52. El genitivo latino es -i para los masculinos de la secunda declinación y -ae para los femeninos de la primera, que son los más abundantes.
  53. Completa el cuadro la marca flexiva -is para los temas consonánticos de la tercera, extendido analógicamente según parece y sumado a la clase de supuesto influjo germánico en -o, -onis, ya presente en la onomástica aquitana.
  54. Como la propiedad y la patronimia (origen de muchos apellidos) corrían a cargo de los varones son las formas en masculino en -i de las que han derivado, primariamente al menos, apellidos y nombres de propiedades.
  55. Como ya ha quedado apuntado, de parte de ellos nacen los -ez castellanos con otras variantes romances,
  56. y parte de los -iz vascos, con la variante occidental -ika, que parece que, favorecidos por circunstancias que se nos escapan, se extendieron e hicieron fuertes fuera de sus exiguos dominios.
  57. Mirar atrás nos ha precavido de regodearnos con la forma evolucionada Delika y nos ha hecho centrarnos en la variante anterior Odelika.
  58. No obstante, nunca se debe dejar de mirar atrás.
  59. Es un conformismo no recomendable en lingüística histórica.
  60. Lo que tenemos que explicar cómo y por qué al -i latino, que se apocopa en romance, corresponde un -a vasco.
  61. Esa mirada plus ultra siempre recomendable que apologetizamos, nos da las claves del problema.
  62. Las primeras formas testadas para Delika no son Odelika sino las que corresponden a un Odelikia anterior.
  63. Seguramente tenga mucho que ver esta terminación -ikia con la conservación de la oclusiva sorda en formas romances del estilo de Roderíquiz,
  64. que quizá sea lo que tenemos en alguna al menos de las formas vascas Durikiz, Gerekiz, Lamikiz, Zendokiz o Zetokiz,
  65. y tenga explicación más germánica que latina.
  66. Hay que recordar que tanto la lengua latina como las germánicas, acabaron por fricatizar el grupo -ce-, -ci-,
  67. pero que las últimas fueron mucho más conservadoras y el mantenimiento de la oclusiva siempre fue un signo culto de distinción,
  68. frente a las formas fricatizadas y palatalizadas que se tenían por vulgares.
  69. Ahora bien, lo específicamente vasco, vasco occidental, es la intrusión de una -a paragógica.
  70. No tiene parangón ni por ello fácil explicación la adaptación -ki > -kia, que tenemos también en Domaikia, pueblo de Zuia,
  71. y quizá también en Astorkia, frente a Astorkiza y Astoreka.
  72. En otros casos, parece que esta inédita solución se esconde en formas fricatizadas: Erkizia, Erdozia, (B)ulazia, Ordizia, etc.
  73. Tenemos que descartar la interpretación de la -a como artículo,
  74. no ya por discutidas y discutibles cuestiones de cronología,
  75. sino porque sería inédito el uso masivo del artículo determinado en onomas.
  76. La única solución que parece viable es la de la extensión analógica. Pero, ¿de dónde?
  77. No hay ningún grupo de nombres ni en vasco ni en los romances circundantes que pudiera haber generado tal analogía.
  78. Lo único que se nos ocurre de momento es la analogía simpatética del apelativo parroquia, que es la categoría histórico-administrativa en la que encajan muchos de los nucleónimos que estudiamos.
  79. El grupo -kia, o su vocalismo mejor dicho, carece de optimalidad, si se nos permite el término, y por ende de estabilidad.
  80. La cuestión que la lengua vasca, a excepción de ejemplos orientales, carece de diptongos crecientes.
  81. El grupo -ia- siempre está pues en hiato, distribuido en dos sílabas diferentes.
  82. La demarcación silábica se refuerza de normal con algún elemento consonántico palatal: y, x, ñ u otras palatales sonoras.
  83. De aquí quizá hayan podido surgir formas como Markina u Oikina, si se diera el caso de que hubiera que explicar el segmento -kina, que no sé si es el caso.
  84. La otra solución es simplificar el grupo, como se da en la pronunciación popular del nombre de muchas localidades según el modelo Donostia > Donosti.
  85. En los nombres que hoy presentan -ika, parecería que la simplificación se ha dado por pérdida de la yod: -ikia- > -ika-, pero quizá los hechos no sean tan sencillos.
  86. No son éstas, en efecto, las únicas soluciones, o quizá no es tan simple, como apuntábamos, la última evolución propuesta.
  87. Observamos con frecuencia una metátesis curiosa que favorece un diptongo frente al hiato.
  88. Es lo que tenemos, por ejemplo, en lat. asciola ‘hachuela’ > aizkora ‘hacha’,
  89. étimo que redescubrió <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=25544" title="Juan Gorostiaga. «De onomástica vasca», Euskera 3, 1958, p. 61.Juan Gorostiaga (1958:61)</a> para disgusto de los que siguen soñando con las raíces paleolíticas del idioma vasco.
  90. n65 <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=25544" title="Juan Gorostiaga. «De onomástica vasca», Euskera 3, 1958, p. 61.Juan Gorostiaga (1958:61)</a> reconoce no ser original la idea. Debió de ser H. Schuchardt (1888, 1893) el primero en sugerirla, pero luego abandonó la idea para proponer securis ‘hacha’.
  91. Tenemos en ese caso a – jo > ai – o, con paso de la yod a la sílaba anterior para conformar diptongo con la vocal abierta.
  92. Vale la misma explicación para Erdozia > Erdoitza, si se ha dado la evolución en este orden, como parece.
  93. Nos falta encontrar más antropónimos en -acus, -ocus, -ucus excluyendo los precedidos por la vocal -i-, que son la mayoría,
  94. pero aparte de Didacus, que parece no haber dejado más que las formas Díaz, Díez, Diéguez, … no constan por aquí nombre frecuentes en otros territorios continentales como Ademacus, Visernacus, Vuldonacus, Sparnacus, etc.
  95. Las formas en -icus presentarían el hándicap de haber sido absorbida por la -i- precedente la supuestamente adelantada por metátesis, pues tendríamos esta secuencia: *Amarici > *Amarikia > *Amariika > Amarika.
  96. Si el orónimo Oderiaga tuviera alguna relación con el Oderiz navarro y el Odelikia amurriano como pretendía Justo Gárate
  97. tendríamos una metátesis que no resolvería el hiato y perdería así su justificación teleológica y relacionaría definitivamente los nombres en -ika con los en -iaga,
  98. como se ha pretendido con insistencia, pero no encontramos ninguna evidencia que abone esta hipótesis.
  99. A falta de otras pruebas más concluyentes tenemos que pensar que los distintos -iago, -iaga parecen ser continuadores romances de los -iacus, -iaca latinos.
  100. El mencionado Justo Gárate defendió con vehemencia, y le siguió de cerca <a href="http://books.google.es/books/about/Idaz_lan_guztiak_Euskeralojia.html?id=2nflrQEACAAJ" title="Euskeralojia, Idazlan guztiak 8, Kardaberaz bilduma 29, 1984, pp. 167-170. 68Manuel Lekuona (1984)</a>, la relación sistemática entre -aga, -iaga e -ika,
  101. Ignacio Omaechevarría (1988-90:132-4), mucho más cabal como solía, sólamente la que tercia entre -iz e -ika.
  102. El último extremo que necesita explicación, la cual no parece muy complicada, es cómo -ika, correspondiente a temas latinos o latinizados en -cus, romances -co, de los cuales toma la consonante, se hace extensivo a otras bases, si es que hay caso.
  103. Habría que analizar todos los testimonios uno por uno y comprobar cuáles son realmente procedentes de antropónimos de terminación diferente a -cus.
  104. Entonces y sólo entonces estaríamos en disposición de dar carta de naturaleza a -ika como sufijo, así fuera creado analógicamente.
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