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Los nombres vascónicos

Respecto a los nombres de origen euskérico o prerromanos no vascos (p. ej. Duranco n34), pero muy arraigados en territorio de habla vasca, es preciso establecer también dos etapas distintas:

En los primeros documentos nos encontramos de nuevo con una gran riqueza de nombres para sostener el sistema del nombre único; entre ellos destaca sobre todos Obeco n35, después ampliamente extendido por otros territorios hispánicos, especialmente en la mitad occidental, y que perdura en los Cartularios hasta principios del XI. Otros nombres de origen vasco de este período son: Abayza n36, Ahostar/ Affostar n37, Annaso/ Analso n38, Amunnu (sobre amona ‘ abuela’), n33. Arnaldo Gigelmo, archidiacono; posiblemente su nombre indique su procedencia ultrapire-naica.

n34. MICHELENA (1989 [1959]: 48, s.v. – anga), defiende el origen céltico o, al menos, no vasco que ya propuso G. BÄHR para esta voz, partiendo de TURANCUS. M. L. ALBERTOS (1970: 203) recoge el nombre cántabro TURANCUS, formado sobre una base TUROS, que se haya en topónimos vascos del tipo Durango o Durana.

n35. Es uno de los nombres denominados “de Valpuesta” o “vascos occidentales”, según la denominación de MICHELENA; muchos han querido ver una etimología transparente vinculándolo con vasc. ( h)obe ‘mejor’ y un sufijo hipocorístico - ko, cf. KNÖRR (1999: 136-137); hay que tener en cuenta además que ha dado lugar a numerosos topónimos en territorio vasco, del tipo Obécuri (Hobeco-ri en la Reja de San Millán), en CARO BAROJA (1945: 163), autor que no duda de su origen vascónico, más al verlo citado entre antroponimia de ese origen en el apéndice a la donación a la iglesia de San Vicente de Ocoizta (Acosta) del año 1034: Belagga, Oveco, Ulaquide, Ame, Munnizu…, nombres, por otra parte, documentados todos ellos en Valpuesta, cf. SERRANO (1930)

n36. J. CARO BAROJA (1945: 162-163) relaciona este nombre con el topónimo Abaiz ( Abaici).

En Valvanera se recoge Abeiça (1082), cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950). En Albelda, Abeiz y Abeiza en el siglo X, UBIETO ARTETA (1981).

n37. J.CARO BAROJA (1945: 163-165) relacionó este nombre con otros de las inscripciones aquitanas del tipo Bihotar, Hotar, Oncotar… y del bronce de Ascoli y de algunas inscripciones ibéricas: Chadar, Urgidar. Asimismo lo vincula con los topónimos vascos Otharre (en el País Vascofrancés) y Ustarror o Ustariz. Un Lupe Ahoçtarriç aparece en la donación del monasterio de Varría (San Esteban de Echevarría. Elorrio) de 1053, patronímico que compara con el genitivo de las inscripciones aquitanas, tipo Halscotarris). La confusión entre – f– y – h– que se da precisamente en el Cartulario de Valpuesta indica, para él, que, como en el suletino actual, en Álava y en Vizcaya existía en el habla popular una aspiración luego perdida.

n38. Según J. CARO BAROJA (1945: 166) podría estar relacionado con los nombres Hanna, Hannac, Hannas de las inscripciones aquitanas –que explicarían el topónimo Janariz,–, más un sufijo de diminutivo - xo, también documentado en las inscripciones aquitanas.

Un Analso de Cillamayor en 1118 en un documento de Oña referente a Cordovilla, DEL ÁLAMO (1950).

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Amusco, Anderazu/ Enderazu/ Anderaza (sobre andere ‘señora’39), Anderguina/ Anderkina 40 , Argisso, Assuri 41, Dulquiti (sobre una base latina DULCIDIUS), Duranco, Ereti 42, Hanni 43, Iaunso, Ionti 44, Izani 45, Kara 46, Lihoti 47,

n39. GORROCHATEGUI (1984:127-128) ofrece un conjunto de inscripciones aquitanas en las que andere y sus derivados se utilizan como nombre de persona. CARO BAROJA (1945: 157-159).

Para Anderazu, GORROCHATEGUI (1984: 128) aporta un ANDEREXO aquitano.

Es un nombre general en las colecciones diplomáticas similares de monasterios castellanos, riojanos y navarros: en el de Valvanera desde 1035, cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950), en San Millán aparece con Anderkina en el documento fundacional de San Miguel de Pedroso, fechado en el siglo VIII, aunque evidentemente se trata de una composición muy posterior, cf. SERRANO (1930) y LEDESMA RUBIO (1989), y en Oña en el siglo XII, J. DEL ÁLAMO (1950) e I. OCEJA (1983).

n40. GORROCHATEGUI (1984:128) cree que puede reconstruirse partiendo de andere ‘señora’, ampliamente documentado como nombre en las inscripciones aquitanas, más un sufijo – kin(n)– con *- nn geminada, que no desaparece entre vocales.

n41. CARO BAROJA (1945:161) lo considera un nombre femenino relacionado con la Assona cita-da en el Códice de Roda, hija de Íñigo Arista; en este caso es el nombre de un abad 10 (919). Assur Gasseça y Asur Hanniz en Oña, año 944, DEL ÁLAMO (1950).

n42. Quizá relacionado con el Heret, pescador del siglo X en Albelda, UBIETO ARTETA (1981).

n43. Podría relacionarse con los nombres aquitanos Hahanni, y Hanna y derivados recogidos por GORROCHATEGUI (1984: 211-212 y 216-218), con los que Caro Baroja relacionaba Annasso.

No obstante sorprende su evolución. En San Millán, Hani, testis, en 913 (Orbañanos), Hanni Diaz en 1063, Hanni Hanniz y Sarracino Hanniz en 1062 (Grisaleña), convirtiéndose Hannez/ Hanniz en un patronímico habitual, cf. SERRANO (1930); en Oña Assur Hanniz en 1011, Hannez es patroními-co frecuente en el s. XI, pero también aparece el nombre Fan o Fanne DEL ÁLAMO (1950), en 1082 Fanno o Fanni en un documento de San Román de Tovillas y de otros lugares de Álava y Burgos, I. OCEJA (1983), lo que nos lleva a equiparar estos nombres, encontrándonos entonces con un nuevo caso de aspiración de F- como en el caso Felix/ Heriz.

GODOY ALCÁNTARA (1981 [1871]) equiparaba las formas Hanno, Han, Fan, Hanne, Fanne, Hannez, Hanniz, Aniaz, Fannez, Yañez, etc. con Ibañez.

n44. Muy frecuente en la documentación castellana, navarra y riojana: Iaunti, Ionti en Albelda, UBIETO ARTETA (1981). En San Millán en 1058 Monio Jontiz en Loranco, SERRANO (1930).

n45. Origen del topónimo Izanoz, según CARO BAROJA (1945: 110-112) y MICHELENA (1989 [1959]: 144, s. v. ( h)otz).

RUIZ DE LOIZAGA (1995:87) lo considera árabe, siguiendo a LAPESA (1986: 183) que se apoya precisamente en este ejemplo; en el cartulario de Albelda, UBIETO ARTETA (1981) con muchos nombres de este origen, se cita un Eiza Ibn Gamar, un Eizani y Zani.

n46. Según CARO BAROJA (1945: 162) un nombre antiguo en la toponimia vascónica, cf. Santa-cara (Navarra); era la ciudad vascona de los carenses, estipendiarios de Roma, según SAYÁS (1984:302). Si estuviera relacionado con el KARINAE de las inscripciones aquitanas de GORROCHATEGUI (1984: 222) se trataría de un nombre general en la Galia con distribución celtibérica en la Península Ibérica, según UNTERMANN (mapa 31, Carus), quien recoge las inscripciones alavesas de Iruña: Caricus y de Contrasta: Caricus, cari, considerando además la frecuencia de topónimos sobre esta base en Celtiberia: Cara, Caracca…

n47. Quizá debiéramos vincular este nombre con el Lihoiart, ostiarius, que se cita en Albelda, UBIETO ARTETA (1981), relacionado con nombres del tipo Leioar, Lifuar, Liger, Leier, Ligoarius… con los que se ha vinculado el nombre de Leire, cf. IRIGOYEN (1977: 586 y ss., s.v. LEIOAR) y CIERBIDE (1996:120-123).

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Munnata/ Munassum n48, Nequeti n49 , Olaquide n50, Ozoa (del vasc. otsoa ‘el lobo’), Zorraquinus n51…, que llegan a utilizarse incluso en fórmulas de nombre doble: Beraxa Afostar (939).

A fines del siglo X decae el uso de estos nombres, permaneciendo sólo Oveco, Vela y sus supuestos derivados (más abajo veremos los problemas que estos nombres suscitan), junto con nombres femeninos como Anderkina o Anderazu/ Enderazu/ Anderaco n52, que están documentados hasta principios del XII ( Anderazo Munnioz y Anderkina Dominikoz en 1101, Anderkina Alvarez en 1107).

No obstante, a fines del siglo X y, sobre todo, a lo largo del siglo XI, cuando se desplaza el uso del nombre único, comienzan a datarse algunas estructuras compuestas por un nombre vasco que expresa relación social o de parentesco más un nombre románico y sobre las que volveremos más adelante: Eita Munio (957), Eita Duenno (1039), Annaia (1050), Ama Aufrisia de Villa Auta (1065)…

Uno de los nombres característicos de Valpuesta es Vela, que no aparece así documentado hasta los siglos XI y XII, con el femenino Uelo n46 (fines del X) n53; no obstante, otros nombres que se han relacionado con él, con sufijos euskéricos, Beraxa o Velasco, aparecen a fines del siglo IX y son generales a lo largo de toda la documentación, junto con los patronímicos que originan. Nos encontramos por tanto ante un nombre o mejor ante un conjunto de nombres realmente problemático, que se cruza con el visigótico Vigila- Veila n54. Sí parece claro que la documentación de Valpuesta hace una distribución cronológica nítida entre las diversas variantes del nombre: así en los documentos del IX y en los de la primera mitad del X se utilizan las formas Vigila- Begela (esta es la variante de los documentos de Buezo, de modo que será conscientemente arcaizante), durante el X y durante todo el XI, la variante utilizada es Beila- Veila, hasta fines del XI y desde fines del XI y todo el XII, Vela, que convive con Velia en unos pocos documentos, de fines del XI y principios del XII; con respecto a los patronímicos: Veliaz, V elet y Velascoz conviven durante el siglo XII.

n48. Serían nombres femeninos, derivados de Munna, con sufijos de tipo vasco-aquitano (- ta, - xo).

n49. El onomástico presente en topónimos como Lequeitio. En Albelda, Nequetius, UBIETO ARTETA (1981); en San Millán Munno Nequetiz en Salcedo (Álava), SERRANO (1930).

n50. Quizá formado sobre ol(h)a ‘ferrería’, en ronc. y sul. ‘cabaña’, MICHELENA (1989 [1959]: 183), base de numerosos topónimos vascos, más kide.

En Albelda se recoge un Frulaquide (¿sobre Fruela?), UBIETO ARTETA (1981).

n51. Cf. el topónimo Zorraquín en La Rioja, incluido en la zona de repoblación medieval de vascos occidentales propuesta por MICHELENA (1976). Habría que suponer entonces un sufijo similar al de Anderkina.

Zorrakin, Zorraquine se cita en el becerro de Valvanera, LUCAS ÁLVAREZ (1950), y como nombre apuesto aparece un Zhorrakin en el siglo XI en San Millán, SERRANO (1930).

n52. Una Anderazu es hermana de Proclina y de Uermudo, es decir, un nombre vasco, junto a uno de la antigua tradición romana y otro germánico n35 (957).

n53. El número que acompaña a los nombres citados hace referencia al número de documento que les otorgaron PÉREZ SOLER o RUIZ DE LOIZAGA; el número que sigue, entre paréntesis o corchetes, indica la fecha con la que aparecen en las transcripciones hechas por estos autores.

n54. Véase por ejemplo, MICHELENA (1969: 10, n. 34), quien utiliza Vigila, Veila como base de Bellacoz.


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Las confusiones son abundantes a fines del XI entre Vela y Velia: Velia Garciez 92 (1099), Vela Garcieç 91 (1098), Veila Garcieç 105 (1106), Vela Garciez 106 [1106]… lo que no supone demasiados problemas si no fuera porque tenemos un Vela Telliz en 165 (1135) y un Velasco Telliz 165 (1135) que parecen la misma persona. Da la sensación de que, no sólo nosotros, sino también los propios escribas del siglo XII habían llegado a relacionar dos apelativos que, en origen, son completamente distintos, pero que llegan a confluir, por un cambio fonético desde – r– a – l– que se da en la adaptación desde la lengua vasca al romance entre Berasco/ Belasco.

Este Velasco ( Uelasco, Velasco, Belasco, Belasconi) y su patronímico Blascoz, Belascoz, Uelascoz componen el segundo grupo de nombres en conflicto; parece claro su origen en un nombre aquitano Belexconis, formado sobre una raíz Belex- y seguramente relacionado con el ibérico - belés, - bels n55 y el eusk. beltz ‘negro’, que dio un Berasco en el vasco medieval n56. Como expone MICHELENA (1989 [1959]: 69-70), siguiendo a LUCHAIRE, Belasco no puede relacionarse con bela ‘cuervo’ puesto que la ecuación medieval hacía equivaler el vasco – r– con una – l– romance y el vasco – l– con – ll– romance; por eso el vasco medieval Berasco dio Belasco en romance, mientras que un derivado de bela habría dado –ll–.

Todo ello nos lleva a concluir, como ya anticipó MENÉNDEZ PIDAL (1999 [1950]: § 14 ), que existe un solo nombre, de origen visigótico, que evoluciona gráficamente a través de nuestra documentación, desde Vigila a Vela n57, que no parece tener nada que ver con el vasco bela ‘cuervo’, y que tiene una vida paralela a la de Velasco (< vasc. Berasco), con el que acabará confluyendo.

Respecto a Beraxa, que aparece en tres ocasiones, MICHELENA (1989 [1959]: 71-72) lo hace derivar de beratz- beratx, sobre bera ‘blando’, y lo propone como elemento integrante de topónimos del tipo Beras(a)tegui, Barasoain, Berasain n58; pero cabe preguntarse hasta qué punto no podemos ver también aquí la base aquitana BELEX, aportada por GORROCHATEGUI (1984:156-158), base del BELEXCONIS que origina Berasco/ Belasco. Este Beraxa sería una forma vasca, no pasada aún por la fonética romance, de ahí que conserve su – r– n59.

n55. Cf. el mapa 17 de UNTERMANN (1965:71-72) donde se reflejan sus derivados en la zona este peninsular.

n56. Como atestigua J. GORROCHATEGUI (1984:159-160 y 360), quien también considera que bela, bele, belatz suponen un étimo distinto, con *L fuerte invariable en vasco histórico (1984:156-158, s.v. BELEX).

Como ejemplo, un Berasco coca (¿) de Echarri atestiguado en el siglo XIII por el Libro Rubro de Iranzu, cf. LACARRA (1930: 250) y JIMENO JURÍO (1970).

n57. PIEL y KREMER (1976:282-283) recogen Vigila-Vigilani-Veila-Vigilarz-Veilaz-Veliaz como variantes del gót. VIGILA.


n58. Siguiendo a CARO BAROJA (1945: 163-165).

n59. ¿Quizá frente al Belastar del siglo IX en las donaciones a Taranco, en Pando, del cartulario de San Millán, SERRANO (1930)?


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En cuanto a Belaza, nombre apuesto que se cita en los documentos de Buezo, MICHELENA (1989 [1959]: 69-70) lo vincula de nuevo con un derivado de bela ‘cuervo’, en este caso belatz ‘gavilán’, pero el hecho de que sólo aparezca en Buezo, apuesto al nombre propio, como cualquier patronímico y teniendo en cuenta que en Buezo aparece también Gaseza (sobre García), nos inclinan a pensar, bien en una reconstrucción de un patronímico n60, a modo de los antiguos Uigilazi, bien en un sufijo de tipo vasco, que no sería extraño en un conjunto de documentos donde son frecuentes nombres de este origen. Habría que relacionarlo entonces con el Lopaza del documento 43 (973) n61.

Otros nombres vinculados al área vascónica oriental como Eneco, Endura, Garcia, Semeno o Sancho n62, no entrarán a formar parte de la lista de nombres de Valpuesta hasta finales del siglo X o bien entrado el siglo XI: Aparece Semeno en el año 945 y también en los documentos de Buezo, donde se recogen varios nombres de origen vasco, y no volvemos a encontrar un Scemena hasta 1048 bajo dominación Navarra; para hombre y para mujer se generaliza este nombre a fines del XI. Se menciona un Enneco en el año 968, pero no vuelve a aparecer hasta 1087. Garcia no es habitual hasta fines del XI, ya que, si aparece en el X y XI, designa a nobles, reyes y altos dignatarios de la iglesia. Del mismo modo el Sanctio/ Santio citado a fines del siglo X es el rey de León (hay un Sanzone anterior, pero se halla en la documentación de Buezo) y no se convierte en nombre habitual hasta el siglo XI, casi de manera contemporánea a su patronímico. Endura se recoge a fines del XI y en el XII.

Tendremos que argüir para estos casos que su uso como nombres generales de la población es el resultado de una moda o tendencia marcada por la monarquía y la nobleza castellano-leonesas (vinculadas por matrimonio con la navarra) y alentada quizá a partir de 1035, inicio de la pertenencia de Valpuesta al reino de Navarra. Algo similar a lo que sucede con nombres femeninos como Toda, Mayor o Urraca, los tres recogidos en el siglo XII, de origen germánico o romance, quizá prerromano en el último caso n63, pero vinculados especialmente a la monarquía navarra.

Coincido con S. RUIZ DE LOIZAGA (1995: 92) en que los nombres de origen vasco se concentran básicamente en dos grupos de documentos: los de Pan do n64, documentos 9, 12, 15 y 32, y los de Buezo (Briviesca), números 19 al 30.

A partir del documento 35 (957) los nombres de dicho origen se ven reducidos a ejemplos aislados: Anderazo/ Anderazu, Amusco, Munata, Nequeti, quizá Petri, Lopaza… y comienzan a emplearse las variantes de Aita como praenomen.

n60. Recordemos que la documentación de Buezo parece compuesta ya en el siglo XI.

n61. En el monasterio de Valvanera: Belagga o Blagga Gomiz, también llamado Belascia, Belasia o Belaxa en el siglo XI, lo que nos llevaría a un Bela más un sufijo - xa/- za de tipo vascónico; cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950).

n62. Cf. RAMÍREZ SÁDABA (1986: 155, n. 28) quien los califica de “típicamente legerenses”.

n63. Así lo considera I. BOULLÓN (1999:85), quien le atribuye origen ibérico.

n64. San Cipriano de Pando, en Sojo, cerca del límite entre las diócesis de Burgos y Calahorra, en S. RUIZ DE LOIZAGA (1995: 92). Sojo es una población en el extremo occidental de la Cuadrilla de Ayala (Álava), es decir, casi en el límite con Burgos; al sur de esa demarcación se encuentra Orduña.

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Desde 1035, con la dependencia de Navarra, aumentan los Semeno, Eneco, Endura, Garcia, mientras que continúa el uso de los praenomina y de nombres como Anderazu o Anderkina. Llama la atención el documento 54 (1050), sobre propiedades de Mambliga, localidad del Valle de Losa, muy cercana a Valpuesta, donde se cita a Peitrokane, Ecta Bita, Annaia.

La intensidad con que se dan estos nombres en la zona de Pando es comprensible, dada su ubicación, en territorio de habla vasca. Sin embargo, la que se produce en Buezo frente a la de la documentación general de Valpuesta no creo que venga a explicar una falta de relación con el elemento vasco en el área valpostana, frente a una fuerte interacción en la de Buezo, como quiere RUIZ DE LOIZAGA (1995: 92), si no más bien dos etapas de repoblación o de contacto diferentes. Recordando a MICHELENA (1976: 67-70), la zona de Briviesca, en la que se circunscribe Buezo, recibiría, junto con la Rioja occidental, una oleada de “pobladores alaveses o vascos occidentales” en torno a los siglos IX y X, quienes, bien establecidos, dejaron incluso una huella importante en la toponimia de la zona, como habían confirmado trabajos como los de J.B. MERINO URRUTIA (1962) para el valle de Ojacastro y nordeste de Burgos. El hecho de que la documentación de Buezo pueda además datarse en una fecha posterior a 950, hacia la segunda mitad del XI, como hemos indicado más arriba, podría corroborar este hecho.

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Sin embargo, la huella vasca en el resto de la antroponimia de Valpuesta estaría vinculada a otras razones: los elementos primeros, los de los siglos IX y X, serían fruto de contactos más antiguos entre gentes de habla vasca occidental y los hablantes romances del entorno de Valpuesta, contactos que no tendrían que presuponer asentamientos estables; ello explicaría, por ejemplo, que no haya huella toponímica relevante, al menos en la toponimia mayor; lógico también si entendemos que la diócesis de Valpuesta llega hasta el Cantábrico, atravesando tierras como Orduña o el Valle de Ayala. En otras palabras, la diócesis se asentaba en los antiguos territorios de los Autrigones, los cuales, citando a M.L. ALBERTOS (1970: 121-122) eran un pueblo mixto étnica y lingüísticamente hablando, que ocupaban el occidente de Vizcaya y Alava y el norte de Burgos (desde el Nervión a Laredo y por el sur hasta Pancorbo) n65.

Esta zona, previamente indoeuropeizada, fue profundamente romanizada después n66; de los contactos y la convivencia entre latinos e indígenas (celtiza-dos) quedan restos en los antropónimos de las inscripciones romanas de la zona, donde se puede encontrar, por ejemplo, una mujer con nombre indígena y un nombre latino para su padre, hermano o esposo o un padre con nombre indígena y un hijo con nombre latino n67.

Sin embargo, si, como sostiene ALBERTOS (1970), la relación de várdulos y caristios en territorio alavés con los vascones ya era escasa, a juzgar por los pocos antropónimos vascones en las inscripciones alavesas n68, mucho más escasas serían las de los autrigones con los vascones. ¿Cuándo se produjo el contacto entonces entre las gentes de la antigua Autrigonia y estos portadores de nombres de raíz vascónica? Seguramente a lo largo de la Alta Edad Media, si pensamos que ésta era una zona al abrigo de los montes, bastante segura y con un microclima templado n69, lo que podía hacerla atractiva a gentes vascófonas de territorios más al este, vizcaínos o gentes del noroeste alavés (herederos de los antiguos Caristios) n70, del mismo modo que había atraído a las comunidades de asturianos y mozárabes que Alfonso I y Alfonso II habían allí instalado.

n65. A través del testimonio de Estrabón. Sus ciudades eran Uxama Barca (Osma de Valdegovía), Deobriga (Arce, cerca de Miranda de Ebro), Vindeleia (cerca de Pancorbo), Virouesca (Briviesca), Tri-tium (Rodilla), Segisamunculum (Cerezo del Río Tirón) y Salionca (Poza de la Sal) en Burgos.

n66. ALBERTOS (1970: 122).

Para GARCÍA DE CORTÁZAR (1982: 60-61) esta zona había recibido una mayor romanización que el resto de su entorno, a través de los núcleos de Velegia-Iruña (Alava) y de Miranda de Ebro, aunque además debieron de existir numerosos núcleos rurales romanos que constituían explotaciones agrarias.

Esta profunda romanización se confirma perfectamente en el área de la propia Valpuesta, situada en el centro de tres yacimientos que conforman un triángulo: en la base, a orillas del río Omencillo, Las Arenas y Ribalpuesta, en el vértice El Manzanal (con el asentamiento tardorromano del Castillo de Astúlez); estos pequeños asentamientos romanos, rodeados de otros muchos, distan escasos kilómetros al oeste de la ciudad autrigona de Uxama Barca. Sobre estos y otros asentamientos romanos en la zona occidental de Álava, cf. FILLOY NIEVA y GIL ZUBILLAGA (2000).

n67. ALBERTOS (1972: 337).

n68. Lo cual por otra parte no indica que existieran en la práctica.

n69. GARCÍA DE CORTÁZAR (1982: 56-57).

n70. En los siglos IX-X la diócesis de Valpuesta se extendió desde La Bu reba al Cantábrico (valles de Cuartango, Valdegobía, Tobalina, Valdivielso, Ayala, Losa, Soba, Mena y Ca rranza), enmarcada al oeste por las sedes de Oviedo y Osma y al este por la de Alava-Calaho rra, en RUIZ DE LOIZAGA (1982: 83)

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Estas gentes, seguramente vascófonos, que pudieron llegar al calor de esta repoblación de la diócesis de Valpuesta, se habrían diluido pronto, asimilándose a los modos lingüísticos romances, en plena ebullición, tras dejar tal vez en éstos un sedimento de su propia lengua y los herederos de sus nombres n71. Frente a este movimiento repoblador antiguo, los vascófonos que llegaron dos siglos más tarde a las tierras más al sur, a la zona de Briviesca, se habrían encontrado ya con una lengua romance bien definida frente a la suya propia, y eso pudo contribuir a que mantuvieran por más tiempo, protegidos frente a una lengua totalmente extraña, sus topónimos y sus nombres de persona n72.

Los elementos más tardíos en la antroponimia valpostana serán, en parte, continuadores de los elementos más antiguos, y, en parte, producto del contacto con navarros y riojanos a partir del siglo XI, en un momento además de mayor apertura en los aledaños del valle del Ebro.

Algunos nombres de difícil adscripción

Araspio.

Keruda: Otro Queruda se cita en 1207 en Oña, DEL ÁLAMO (1950).

Kilicidi: GODOY ALCÁNTARA (1981 [1871]: 54) trae un Vellidici, judío, que no parece más que un patronímico sobre Bellido. Tal vez Kilicidi sea una mala lectura de una formación similar sobre Kideri/ Quederi de Kete-ricus –cf. PIEL y KREMER (1976:187)– o, más improbable, de Quiricus (que parece dio un Quilis con – l– romance).

Zelonius 12 (929)/ Zetlano 41(968)/ Zelano 16(940)/ Zelanus 9(913): Quizá pueda relacionarse con formaciones del tipo Celianus, var. Caelianus, recogidas por KAJANTO (1982:142) en inscripciones y calificados como derivados de gentilicios. O sobre una raíz gótica del tipo GIL-, GEL- que da formas como Geilanem, para derivados de esa raíz cf. PIEL y KREMER (1976: p. 152).

Osacius: tal vez sea una mala lectura. I. BOULLÓN (1999: 85 y 341) aporta un Osorius como un nombre prerromano, de amplia tradición indígena; var. Osarius en Sobrado (1006) y Osicus en Samos (982).

Mazacone: Un testigo llamado Mazocono aparece en el s. X en Albelda, UBIETO ARTETA (1981).

n71. Evidentemente, que los individuos citados en esta documentación lleven un nombre vascónico, no quiere indicar, en absoluto, que fueran vascófonos.

n72. Quizá no haya que descartar incursiones o incluso movimientos de repoblación anteriores, desde el territorio de los caristios hacia el de los autrigones, del mismo modo que, por el este, los vascones repoblaron territorios berones en época romana; así SAYÁS (1984: 289-310) recuerda la repoblación de Calagurris, una ciudad no vascona en principio, por los vascones cuando su población pereció a manos de las tropas de Pompeyo. Esto es, los caminos que siguió la monarquía de Pamplona durante su expansión medieval habían sido abiertos ya por la expansión vascona de épocas pasadas, de modo que podríamos suponer un esquema similar para las poblaciones al oeste del territorio de lengua vasca (en su sentido amplio).

La revolución onomástica del siglo XI

El hecho de que la lista de nombres propios se estabilice a fines del siglo X, eliminando una serie de nombres que hasta ese momento habían sido habituales, tuvo que forzar necesariamente la entrada o creación de nombres nuevos de diferentes orígenes a partir del siglo XI para evitar el caos absoluto, reestructurando y afianzando el sistema y haciéndolo más complejo al introducir el patronímico n73 e incluso el topónimo. Si bien y con seguridad el pueblo llano se serviría de otros muchos medios como los apodos, las referencias familiares o los hipocorísticos para no provocar confusiones.

No hay duda de que en torno a estas fechas debió de producirse un trasvase político, social y cultural, no sólo entre los territorios ultrapirenaicos y los emergentes reinos hispánicos, sino también entre estos mismos reinos. De este modo podríamos justificar por ejemplo por qué en Valpuesta en ese momento tenemos nombres de tradición occidental como Muño u Obeco con nombres tradicionales del otro lado del arco vasco-románico como García o Eneco y viceversa n74, justo en una época en que la ribera del Ebro se convierte en un lugar de paso e intercambio.

Creación de prenombres sobre fórmulas de tratamiento o relaciones de parentesco

La documentación valpostana, como luego será habitual en otros textos castellanos, utiliza determinados elementos, vascos desde un punto de vista lingüístico, bien como prenombres, bien como tratamientos de respeto o cortesía, que acabarán fosilizados como nombres propios, generando incluso patronímicos:

Echa < aita ‘padre’: Agia Iohannes 111 [1107], Ecta Bita [ 54 [1050], Ecta o Ega Patierno de Elcedo 103 [1106], Ega Belasco 169 [1137], Ega Gutier 88 [1094], Ega Vela 150 [1131], Eiga Nunu de Macanare 142 [1125], Eita Munnio 35 [957], Eita Duenno 50 [1039], Eita Gemelle 32 [956], Exa Iohannes 119 [1109].

Ama ‘madre’: Ama Aufrisia de Villa Auta 66 [1065]75.

Annaia ‘hermano’ 54 [1050], se emplea ya claramente como nombre propio, dando lugar, por tanto, a la creación de un patronímico: Petro Annaiaz en el doc. 2 [804], por lo que deberíamos poner en cuarentena este dato, sólo aparecido en este documento de fecha cuestionable.

n73 En ocasiones da la sensación de que el sistema vacila entre la elección de un patronímico formado a partir de un nombre apuesto (como el sistema que triunfa en Cataluña) o la de uno formado mediante un sufijo en - z.

n74. Es la preocupación que ya anotaba RAMÍREZ SÁDABA (1986: 155), especialmente nota 28, cuando analizaba la lista de nombres de la Navarra medieval, sobre todo de Leire.

n75. UNTERMANN (1965: mapa 7) recoge derivados de Amma en todo el cuadrante noroeste peninsular, penetrando hasta Albarracín en el este.

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Ya indicaba MICHELENA (1969: 4-5), al calor del comentario de la antroponimia de la Colección diplomática de Irache, la tendencia de las inscripciones aquitanas a construir “apelativos que aluden a circunstancias personales de sexo, edad o parentesco, a menudo solos ( Andere, Cison, Nescato, cf. vasc. andere ‘señora, mujer’, gizon ‘uir’, neskato ‘muchacha’), otras veces acompañados de algún sufijo u otro determinante ( Sembe-tenn-, cf. seme ‘hijo’; acaso Atta- en relación con el vasc. aita ‘padre’, etc.) variedad a la que corresponde Umme-sahar en Lerga”; y con esta tendencia relaciona el empleo medieval en documentos navarros de Aita, Ama, Amunna, Annaia, bien como praenomina, bien como nombres solos, acompañados entonces de algún sufijo, como el nombre Anderazu76. Quizá la costumbre haya que ampliarla al menos a la antigua Celtiberia, a la vista, por ejemplo, del mapa para el nombre AMA propuesto por UNTERMANN (1965).

Realmente el euskera ha tendido a formar nombres de persona sobre denomi-

naciones que indican relaciones familiares o sociales: Semeno, de seme ‘hijito’77, Garsea, si aceptamos su vinculación con gaste ‘joven’ propuesto por A. IRIGOYEN

(1982)78, Andere y sus derivados, sobre andere ‘señora’, Ammuna ‘abuela’, Iaunso sobre jaun ‘señor’ y también deberíamos incluir aquí a Enneco, si admitimos el origen en el euskera ene ‘mío’79. En la documentación de Valpuesta se observa toda una variedad de nombres de persona de estas características:

Amunnu 7 [894], Amusco 9 [913], 37 [963], 32 [956], Anderaco 91 [1098], Anderaza de Arego 46 [984-995], Anderazo 35 [957], Anderazo Munnioz 93

[1101], Anderazu 41 [968], 46 [984-995], 68 [1066], Anderazu [ Enderazu] 20

[950], Anderguina 26 [950], Anderkina 126 [1097-1114], 160 [1132], Anderkina Albariz [111 [1107], Anderkina Dominicoz 93 [1101], Annaso 12 [929], Annasso, presbiter, 9 [913], Iaunso 32 [956], Ionti 9 [913].

Como puede comprobarse, la mayoría de ellos pertenecen a la documentación más antigua, de modo que podemos considerarlos como nombres propios de esta zona o fuertemente arraigados en ella.


n76. Es frecuente documentar este tipo de prenombres, que luego se convierten en nombres y finalmente originan patronímicos en otros monasterios castellanos, navarros y riojanos: en Valvanera Acta, Agge, Ecta, Eita, Annai, Annaia Ferrero… desde la segunda mitad del XI, cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950).

En Oña se documentan estos prenombres precedidos por el posesivo: Miegga en 1157, Miennaia Gutier Fernandez, mayordomo del rey Alfonso I el Batallador, del mismo modo que Mioro, todas en el siglo XI, DEL ÁLAMO (1950).

n77. Vid. H. KNÖRR (1999: 139-140) nos ofrecía algunos de los problemas que planteaba el nombre Semeno.

n78. H. KNÖRR (1999: 138-139) recoge las principales teorías acerca de este nombre, aceptan-do como válida la ofrecida por IRIGOYEN.

n79. A. IRIGOYEN (1984: 210-211) y R. CIERBIDE (1996: 124); vid. también H. KNÖRR (1999: 137-138), quien nos ofrecía algunos de los problemas que planteaba el nombre Enneco, vinculado a las inscripciones aquitanas e ibéricas

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Dejamos a un lado, en este caso, a nombres como Garsea/ Garcia/ Garsia, Semen/ Semeno y, por supuesto, Eneco y sus variantes, porque se trata de nombres relativamente tardíos en esta documentación y, por tanto, tal vez importados desde la zona vascónica oriental, como mencionaremos más adelante.

Estas peculiaridades de la antroponimia vascónica pudieron haber facilitado el uso de nombres romances del tipo: Donnu, frater, 13 [935], 14 [939], Donnus 10 [919], Duenna 160 [1132], 161 [1118-1132?], que, en estos casos, no se utilizan como fórmulas de tratamiento, o Madonna 145 [1126] y Mamadonna 88 [1094] n80. Llegan a formar patronímicos: Munnio Donniz: 93 (1101), Tello Duen 50 (1039). Del mismo modo se utiliza Cidi Didaz/ Ziti Didaz, (1050) de origen árabe n81.


Frecuencia de los nombres

Nombres masculinos

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Nombres femeninos

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El empleo de hipocorísticos

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LA EVOLUCIÓN DE LAS ESTRUCTURAS ONOMÁSTICAS

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Variantes en la estructura del apellido

Nombre propio

En los primeros documentos de Valpuesta nos encontramos sólo el nombre propio, acompañado en ocasiones por alguna designación complementaria, en este caso, una referencia al cargo que el personaje ocupa: rey, abad, presbítero, obispo…

Nombre propio + patronímico

Salvando el cuestionable documento 2, donde encontramos patronímicos en - z, el primer caso de la estructura nombre propio + patronímico –con diferentes formaciones, de las que hablaremos más adelante– lo hallamos en el documento 9 (913): Gemelle Uictoriz. En el mismo documento se cita otro patronímico, esta vez seguido también de denominación complementaria: Gondesalbo Telliz o Telluz, comite in Castella. A partir de aquí son escasas este tipo de estructuras durante la primera mitad del X, encontrándolas normalmente aplicadas a los condes de Álava y Castilla. Excepción son los documentos de Buezo, del año 950, donde el uso del patronímico se intensifica, pero ya se ha indicado que hemos de considerar este conjunto de textos como fechados en el siglo XI. El uso del patronímico es claramente habitual sólo a fines del siglo XI, principios del siglo XII.

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Nombre propio + patronímico + de + topónimo

También a fines del XI, cuando comienza a intensificarse el uso de patronímico, surgen tímidamente los primeros casos de esta estructura: Felix Beilac de Gruendes, Etello Didaz de Uilla Auta, en un documento de 1039; sorprende que aparezca en el momento en que Valpuesta pertenece a Navarra n125, quizá el contacto con el área vascónica oriental, abierta ya a la influencia franca, potencia, que no origina, este tipo de denominación personal. No obstante esta estructura no comienza a emplearse con continuidad hasta fines del XI y, especialmente, a principios del siglo XII. También se utiliza con un nombre apuesto: Munnio Vita de Vilanova 160 (1132) o Ama Aufrisia de Villa Auta 66 [1065].

En fechas anteriores al siglo XI sólo hay ejemplos aislados de la estructura, más sencilla, nombre propio + topónimo: Iohannes de Solago o Solaco se menciona en los documentos de Buezo de 950 y Lain de Ordunia en 32 (956), en un documento de Pando; en el documento 46, de fines del X, son dos mujeres las que reciben este tipo de apellido: Anderaza de Arego y doña Uelo de Pineto.

Godestio de Reuendeca se cita en el documento 50 (1039).

Nombre propio + apodo

Es poco frecuente en estos documentos la estructura formada por un apodo o cognomen: sólo un Fueracasas o Fuerakasas aparece citado en los documentos de Buezo de 950, documentos que reflejan material muy posterior; también en estos documentos aparecen los primeros ejemplos de nombre propio + apodo: Munnio Mannairo o Munnio Manno. El uso del apodo no comienza a regis-trarse en esta documentación hasta principios del XI, no siendo, de todos modos, habitual en el cartulario: Munnio Kovo o Covo 80 (1091), 86 (1094), Nunu Cobo 91 (1098), Tellu Paradiso 123 (1112), Garsia Relanio 150 (1131), Iohannes Albe? 153 (1131), Iusta Bonafilia n126 157 (1132) son los escasos ejemplos que aparecen.

Nombre propio + designación complementaria

Esta estructura incluye generalmente un oficio o cargo: Petro Celerizo o Cellerizo n127 128 (1119), 136 (1123), 141 (1118-1124), 144 (1125), 164 (1135), Vela Ferrero y Didaco Ferrero 149 (1127), Gonsalvo Ferrero 166 (1135), Garsia Merino 170 (1137), Munnio Ferrero 172 (fines XII), Garsia Merino 170 (1137); a menudo es difícil determinar hasta qué punto, en los siglos XI y XII, este tipo de designaciones funcionaba ya como auténticos apellidos, por eso sólo incluyo en 126. Si no se trata de un nombre apuesto, ya que Bonafilia se emplea también como nombre propio (1132).

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Nombre propio + relación de parentesco

Es frecuente también que la designación complementaria que acompaña al

nombre sea la de una relación de parentesco, estructura muy habitual cuando se trata de mujeres: Gontroda, mulier de Semeno 87 (1094), Gontroda, mulier de Sancio Garciez 103 (1106), Sancia, mulier de Lope Ennecoz, 111 (1107), Albariz, mulier de Gonsalvo Alvariz de Lancrares 146 [1126], Bonafilia de Moliniela, mulier de Martin Nuniz, nuera de Nun Suveriz 162 [1132].

Los escasos ejemplos en los que se indican relaciones de parentesco nos permiten intuir la forma de transmisión del patronímico: Munio Didaz, filio de senior Didaç Sancio 111 (1107), Munio Feles, filio de Feles Iohanes 128 (1119), Tellu Iohannes, hermano de Feles Iohannes 128 (1119), Nunu, filio de Nunu de Lagos 133 (1121), Dominico, filio Iohannis Dominici de Ancio 134 (1122?), Didac Lopez et suo iermano Lope Lopez 143 (1125?), Martin Iohannes, filio de Iohan Petriz 146 [1126], Bonafilia de Moliniela, mulier de Martin Nuniz, nuera de Nun Suveriz 162 [1132]. Son muy pocos ejemplos, pero muestran una tendencia a formar el patronímico sobre el nombre propio paterno, salvo la excepción Rodrico Munioz, filio de Rodrico Munioz de Faiolas 143 (1125?), donde el hijo adopta el mismo patronímico que el padre; todos los hermanos comparten patronímico, excepto en el caso de las mujeres, donde el patronímico o, al menos el topónimo del apellido, cambiará, seguramente por matrimonio: Maria Garciez, sorore [de Elbira de Espeio] 176 (1184).

El desarrollo del patronímico

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Hemos visto que los patronímicos comienzan a aparecer tímidamente en esta documentación a principios del siglo X: Gondesalbo Tellizi/ Telliz, conde de Lantarón 8 (911) o conde de Castilla 9 (913), Gemelle Victoriz 9 (913), Monio 536 Vigilazi, conde de Álava 10 (919), Albaro Herramelliz, conde de Lantarón 12 (929), Fredenando Gundesalbiz, conde de Lantarón o conde de Castilla 13 (935), 14 (939), 15 (939), 16 (940), Didaco Fredenandoz 16 (940), Fredenandoz Blascoz o Belascoz 16 (940)… Su uso sigue en la misma escasa proporción y generalmente vinculado a nobles hasta principios del siglo XII, momento en que se observa la proliferación de patronímicos, acompañados habitualmente de un topónimo.

Como ya hemos mencionado, caso aparte es la documentación de Buezo, del año 950. En este conjunto de documentos nos encontramos con un número muy elevado de patronímicos con respecto a los documentos datados en Valpuesta; lo mismo puede comentarse sobre los dos documentos iniciales: en el documento 1, de letra gótica, sólo aparecen nombres propios con otro nombre en aposición a modo de patronímico, sin embargo en el 2, con letra gótica, pero de influencia carolina, lo que situaría su creación con seguridad en la segunda mitad del siglo XI, aparecen numerosos patronímicos en - z.

En cuanto a su morfología, a partir del siglo XII se estabilizan los patronímicos en - z, que alternan con los nombres apuestos, éstos en menor medida. Evidentemente el nombre apuesto expresa la simplificación desde la expresión hijo de, no muy habitual en nuestros textos. Durante el X encontramos algunos casos en los que la filiación se indica mediante la expresión latina prolis: Fredenandus prolis Gundesalbi, comite in Castella, siempre en los documentos de Buezo del año 950, donde esta fórmula alterna con Fredenando Gundesalbiz; partiendo de la redacción más tardía de estos documentos, debemos suponer un intento consciente de latinización, toda vez que en el siglo XI se está procediendo ya a la separación de las dos sistemas gráficos: el latino y el romance. Durante el siglo XI tenemos algunos casos de genitivo, del tipo: Munnio Gondesalbi 49 (1035), Veila Lacenti 50 (1039), Tellu Nunni 50 (1039), Beila Sebirie 53 (1050), Didaco Sebirie 53 (1050), Munnio Vincenti 70 (1070), Nunnu Nani 78 (segunda mitad del XI), Telu Aparicii 85 (1092), Iohannes Dominici de Ancio 134 (1122?).


Quizá en ese proceso de latinización que mencionábamos o, al menos, de vacilación entre dos sistemas gráficos, deberíamos enmarcar el uso de patronímicos en - ici y sus variantes en la segunda mitad del X y primera del XI: Munnio Assurizi 38 (966), Fredenando Gundesalbizi 40 (968), Nunnu Obecozi 45 [966-984], Garcea Fredenandizi 46 [966-984], Nunu Ferrozi 50 (1053), Obieco Munioze 53 (1050), Munio Tellize, Feles Beilaze 53 (1050), Gondesalbo Alborozi 55 (1050), Vela Rodrice 169 (1137). O también el uso del genitivo en - nis más habitual en el área oriental de la Península Ibérica n128: Munio Sanzone o Sanzonez, de nuevo en los documentos de Buezo.

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Event La zona de Briviesca, en la que se circunscribe Buezo, recibiría, junto con la Rioja occidental, una oleada de “pobladores alaveses o vascos occidentales” en torno a los siglos IX y X  +, La huella vasca en el resto de la antroponimia de Valpuesta estaría vinculada a otras razones  +, Los elementos primeros, los de los siglos IX y X, serían fruto de contactos más antiguos entre gentes de habla vasca occidental y los hablantes romances del entorno de Valpuesta  +, La diócesis se asentaba en los antiguos territorios de los Autrigones, los cuales, citando a M.L. ALBERTOS (1970: 121-122) eran un pueblo mixto étnica y lingüísticamente hablando  +, Sostiene ALBERTOS (1970), la relación de várdulos y caristios en territorio alavés con los vascones ya era escasa, a juzgar por los pocos antropónimos vascones en las inscripciones alavesas  +, Mucho más escasas serían las de los autrigones con los vascones  +, ¿Cuándo se produjo el contacto entonces entre las gentes de la antigua Autrigonia y estos portadores de nombres de raíz vascónica?  +, A lo largo de la Alta Edad Media  + y Tendencia de las inscripciones aquitanas a construir “apelativos que aluden a circunstancias personales de sexo, edad o parentesco  +
Monarch Alfonso I  + y Alfonso II  +
Monastery San Vicente de Ocoizta  +, San Esteban de Echevarría  + y Valvanera  +
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