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La antroponimia que se refleja en los documentos de los cartularios valpostanos (ss. IX-XII) es comparada con los nombres de persona aparecidos en documentación navarra y riojana coetánea para llegar a diferentes conclusiones en torno a la evolución, tanto de los nombres propios como de los apellidos, en el área de contacto vasco-románico.

Palabras Clave: Antroponimia. Siglos IX-XII. Lingüística vasco-románica


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Cuando en el año 1999, becada por Eusko Ikaskuntza, realicé el análisis lingüístico sobre los Cartularios de Valpuesta, era consciente de que quedaban dos grandes apartados por escudriñar: la antroponimia y la toponimia n1, puesto que ambas podían seguir arrojando luz sobre aspectos de la lengua de la llamada época de orígenes, amén de aportarnos otro tipo de datos de carácter histórico o social. Esta es la razón de que, en este momento, vuelva sobre este tema, centrándome en el apartado de la antroponimia.

Son muchos los que se han visto atraídos por los nombres de persona de estos documentos n2; mi pretensión con este trabajo es la de recopilar algunas de las hipótesis planteadas y ofrecer una visión de conjunto, en torno fundamentalmente a la evolución de los nombres del cartulario, teniendo en cuenta, en la medida de lo posible, el lugar de creación de los documentos y las posibles manipulaciones posteriores de los mismos.

Sigo partiendo de la dificultad añadida que supone trabajar con documentación transcrita por otras manos n3, trabajo que, por otra parte, está siendo actualmente revisado. Me preocupaba y me preocupa, en especial, la cuestión de la datación de los textos, cuestión que afecta principalmente, a mi modo de ver, a los documentos más antiguos. No obstante, creo que, a pesar de los escollos, estos textos pueden ser un buen referente para ejemplificar la evolución de los nombres de persona en la primitiva Castilla y que podemos utilizar los resultados de este análisis para contraponer o comparar, al menos, lo que sucede en esta área, frente a lo que sucede en otras como la navarra de Leyre o la riojana de San Millán n4, estableciendo así una media luna geográfica en torno a la zona de habla vasca.

Resultaría provechoso averiguar cómo evolucionan las tendencias antroponímicas entre los siglos IX y XIII en el área originaria del castellano, para, posteriormente, establecer una relación con la información obtenida de otros conjuntos documentales, de la misma zona o de otras, siguiendo siempre el área vasco-románica que he delimitado arriba.

n1. Sobre estos aspectos trabajó S. RUIZ DE LOIZAGA (1995:11-95), ocupándose especialmente del apartado de la toponimia mayor del Cartulario, sin analizar los topónimos incluidos en los nombres de persona.

n2. Además del mencionado trabajo de RUIZ DE LOIZAGA (1995), J. CARO BAROJA (1943, 1945) se preocupó de la onomástica de origen vasco, del mismo modo que MICHELENA o IRIGOYEN en varias ocasiones.

n3. L. Barrau-Dihigo (1900) y posteriormente M. D. Pérez Soler (1970) realizaron una transcripción de los 78 documentos de Valpuesta corres pondientes al tiempo en que el monasterio fue sede episcopal, es decir, entre el 804 y 1087, (fols. 1-29, 50-63, 70-92, 109-113), todos ellos en letra visigoda, tratándose por tanto del conjunto más antiguo del códice. En 1995 S. Ruiz de Loízaga, publicó la transcripción del resto de los cartularios, desde 1090 hasta 1140, incluyendo también tres documentos que sobrepasan esta fecha; este autor ha realizado la útil tarea de disponer en dos columnas los do cumentos de ambos Becerros, de forma que se pueden cotejar con facilidad las escrituras del Gótico con sus copias en el Galicano. Ruiz de Loízaga ha continuado la numeración de documentos que había utilizado Soler.

n4. Me sirve como punto de partida el trabajo de J. L. RAMÍREZ SÁDABA (1986) en torno a la antroponimia altomedieval Navarra en relación con la vascona.

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Es evidente que un trabajo de este calibre no va a caber en estas páginas, pero quisiera esbozar aquí un adelanto de lo que puede ser un proyecto más amplio.

Este conjunto documental nos permitirá así mismo volver sobre la formación de los apellidos hispánicos5 durante el periodo que nos ocupa, además de inci-dir sobre los elementos que lo forman, no sólo en lo que respecta al patroními-co, sino también a los topónimos que en él se integran y que nos transmiten información extralingüística, verbigracia, sobre movimientos de población6, o a los apodos y nombres de oficio que, poco a poco, van fosilizándose como parte de las denominaciones personales y cuyas aportaciones a la lingüística a menudo olvidamos7.

No dejaré de insistir en el cuidado con que hemos de tratar una documentación que, maquillada de latín, en muchas ocasiones sólo nos está ofreciendo romance. Las perspectivas de estudio de la historia de la lengua y de la gramática histórica de las lenguas romances han cambiado mucho a partir del estudio de R. WRIGHT (1989). Independientemente de la postura que tomemos en este sentido, lo que está claro es que no todo lo que hasta ahora se ha considerado latín debe entenderse de esa manera; en muchas ocasiones el copista está encorsetando una realidad romance para latinizarla, especialmente desde el momento en que hablamos de latín reformado n8; así, lo “latino”, es decir, lo que refleja la escritura, no responde a veces a ninguna realidad hablada: ni romance ni latina.

De ahí que sea importante, y la documentación de Valpuesta nos lo permite, tener en cuenta los cambios producidos en las copias desde los Cartularios Góticos, en letra mayoritariamente gótica o ya de transición, a los Cartularios Galicanos, redactados en letra carolina. En los Góticos, los copistas sólo conocen un sistema gráfico y un sistema morfosintáctico, los propios del latín, así que, dependiendo de su pericia para emplearlo, encontraremos más o menos rasgos del romance hablado en los textos, bien reflejados de una manera inconsciente –como sucede en los documentos que analizamos aquí–, bien de forma tímidamente consciente –como parece el caso de algunas de las Glosas Emilianenses–.

Sin embargo, en los Galicanos, los copistas disponen ya de dos herramientas para expresar dos lenguas, ahora sí, bien diferenciadas en la oralidad y en la escritura y por tanto manifiestan una clara conciencia lingüística.

n5. Línea tan certeramente seguida por M. ALVAR (1973) partiendo de la documentación medieval aragonesa.

n6. Veáse, por ejemplo, al respecto el trabajo de FORT CAÑELLAS (1984).

n7. D. KREMER (1987:1597) recordaba la aportación de estos elementos a la historia de la lengua, especialmente, en el apartado léxico, al que, con frecuencia, aportan primeras dataciones.

n8. F. GIMENO (2006) considera que hay dos momentos en los que se activa el conflicto lingüístico en la Península Ibérica, el segundo coincide con la reforma gregoriana del siglo XI, momento clave para WRIGHT, pero además existe un primer momento de transición que se inicia incluso ya en el siglo X.

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Sólo en esta documentación en letra carolina, que no encontraremos hasta el siglo XII, podemos hablar ya de latín y, en ocasiones también de romance, en la escritura; en los siglos precedentes, desde el siglo IX al XI, la confusión y la imprecisión son mayores y aún nos queda mucho camino para desmadejar, si es que es posible, esa maraña n9.

9. Lejos quedan ya las tesis, por otro lado fundamentales, del gran MENÉNDEZ PIDAL en torno a lo que él denominó latín vulgar leonés. Por un lado, las posturas que defienden el monolingüismo en la época de orígenes: desde el propio WRIGHT (1989; 1997:968-969) o BLAKE (1992: 303-304; 1998:931). En España son muchos los que han adaptado con mayor o menor rigurosidad las tesis de Wright, por ejemplo, ECHENIQUE (1998), QUILIS (1999), ECHENIQUE y QUILIS (1997), GARCÍA VALLE (1998: 140-161). BUSTOS TOVAR (1995) busca el equilibrio entre las dos posturas extremas, proponiendo dos variantes orales hasta el siglo XII en la península (latín y romance), aunque sólo el latín era utilizado en la escritura, (222-223), esto es, su teoría se sustenta no sobre un monolingüismo sino en lo que él denomina tensión entre la oralidad y la escritura: “El avance de la oralidad (romance) respecto de la escritura (latín), constituye un largo proceso iniciado ya en el siglo X, que supone un deslizamiento de la oralidad hacia la escritura y, por ello, una sustitución progresiva del latín por el romance” (234-235). F. GIMENO, por su parte (1995b: 287; 2006), defiende un estado de diglosia hasta el siglo XI entre el latín medieval, oral formal y escrito, y el romance, variedad oral informal o familiar, diglosia que derivaría a fines del XI en un conflicto lingüístico o un proceso complejo de normalización lingüística, desencadenando la sustitución lingüística del romance.

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Señaladas, que no salvadas, todas estas dificultades, ofreceremos un análisis de la antroponimia de la documentación de Valpuesta, estableciendo dos grandes bloques, uno dedicado a los nombres propios, a la frecuencia con que aparecen, a su origen, distribución y evolución cronológica, y otro al apellido, a su estructura y a la evolución de la misma en el tiempo, así como a los elementos que lo componen.

LOS NOMBRES PROPIOS

Estructura y etimología de los nombres

El nombre único

Queda patente en esta documentación, como ya ha indicado, entre otros, RAMÍREZ SÁDABA (1986: 152-156), que existe una diferencia entre el uso de los nombres de persona en los documentos más antiguos, de los siglos IX al X, y el empleo que se realiza en documentos más recientes, siglos XI y XII. Este cambio no es exclusivo de esta zona: el propio Ramírez Sádaba está comparando documentación gestada en la zona pirenaica con otros textos, incluidos los de la propia Valpuesta, y es evidente asimismo en la documentación catalana, como por ejemplo constata MORÁN i OCERINJÁUREGUI (1999: 517-521), quien considera revolucionario el año 1000 para la evolución de la antroponimia en esa zona.

El uso del nombre único se mantiene en Valpuesta hasta el siglo XI n10. Durante los siglos IX, X y XI van apareciendo muy poco a poco designaciones que complementan al nombre propio; en los primeros documentos se añade únicamente el oficio, cargo o situación social del individuo, no se recurre a relaciones de parentesco y sólo tímidamente comienzan a surgir algunos patronímicos, generalmente en personajes nobles o en reyes, marcando así el linaje al que pertenecen.

Como es habitual, suponen una clara excepción a esta tendencia el documento número 2 n11 y los documentos de Buezo del año 950, en los cuales es habitual el uso de patronímicos.

n10. Es llamativa la menor frecuencia de nombres únicos en otra documentación como la de Leire, debido evidentemente a que la documentación no es anterior al siglo X; cf. CIERBIDE (1977, 1978).

n11. Como señala S. RUIZ DE LOÍZAGA (2004: 429) este documento número 2 es un texto creado en el siglo XII, cuando el monasterio-colegiata ya estaba incluido en el obispado de Burgos y necesitaba justificar sus derechos y privilegios, de modo que la gran mayoría de los personajes que aparecen en él son inventados. Así, he optado por incluir la información que da, pero siempre considerando que se trata de datos que pueden reflejar una situación antroponímica de, al menos, tres siglos más tarde.

Respecto al documento 1, RUIZ DE LOÍZAGA (2004:428-429), sostiene que se trata de una copia del original perdido; nosotros utilizaremos sus datos con todas las reservas.

Es preciso resaltar que las copias de Valpuesta no son anteriores, en ningún caso, al siglo X, como corrobora el propio RUIZ DE LOÍZAGA (2004:427), siguiendo a J.A. FERNÁNDEZ FLÓREZ (2002: 115). Es decir, como casi siempre que trabajamos con documentación medieval, nos movemos en un margen muy amplio a la hora de fechar los datos manejados, lo que puede llevarnos a conclusiones erróneas.

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Como también veremos con respecto al tipo de nombres empleados en Buezo n12, esta particularidad o modernidad, si se quiere, con respecto al resto del Cartulario nos debe hacer pensar que son documentos creados en una fecha mucho más tardía, en las épocas en las que Valpuesta necesitaba ya documentación que acreditara una riqueza económica y territorial que estaba perdiendo, aunque la fecha de composición debe fijarse en torno a mediados del XI, puesto que están redactados aún en letra gótica.

El empleo del nombre único en los primeros siglos de esta documentación explica que nos encontremos en ella una gran variedad de nombres con la intención de evitar, en lo posible, la ambigüedad. De este modo, aunque ya los nombres particulares de Valpuesta: MUNNIUS, NUNNUS, OBECUS, TELLUS, DIDACUS, LUPUS, PATERNUS, FELIX o VELASCO puedan aparecer en documentos del IX y del X, en ningún caso son los nombres predominantes, sino que se entremezclan en una variada lista. No obstante ese pequeño conjunto de nombres será sin embargo el que destaque mayoritariamente a partir del siglo XI, momento de cambio, en el que comienzan a utilizarse nuevos nombres propios como GARCIA, IOHANNES, MARTINUS, FORTUNIUS n13, PETRUS, DOMINICUS, incluso ENNECO, que no se documenta de manera habitual hasta el siglo XII.

n12. Curiosamente hay un gran número de nombres de origen vasco, a pesar de situarse Buezo más al sur, en la zona de Briviesca; en este caso, parece evidente que esos nombres se deben a movimientos de población altomedievales, como así lo piensa también S. RUIZ DE LOIZAGA (1995:93). Se cita en esta documentación a una mujer llamada María, nombre no empleado hasta el siglo XI o a un Sanzone, tampoco habitual hasta fechas muy posteriores. Aparecen por primera vez apodos como Fueracasas o Mañero, muy escasos y más tardíos en esta documentación, junto con patronímicos e incluso un apellido toponímico de Solaco.

n13. Uno de los más habituales en el Becerro Antiguo de Leyre (XI-XII) según CIERBIDE

(1996:127).

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Nombres como SANCIUS, EXIMENUS (Semen, Semeno, Scemeno), BEREMUNDUS, GUNDISALVUS, ALBARUS… comienzan a citarse en el siglo X, pero, a menudo, de la mano de abades, nobles y reyes n14.

Los nombres latinos

Entre los nombres documentados en los siglos IX y X15 encontramos nombres

latinos como los ya mencionados Munnius n16, Nunnus n17, Tellus, Didacus n18, Lupus, Paternus, Felix o una variada nómina procedente de la antigua antroponimia romana: Abita (<AVITUS), Aboli (<AVOLUS) n19, Amatus, Ato (<ATTUS) n20, Balerius, Cardellus n21, Centullus, Ciscla/ Cisla (<ACISCLUS) n22,

n14. Situación similar a la observada por RAMÍREZ SÁDABA (1986:152) para el Becerro Antiguo de Leyre (a partir del siglo X).

n15. No tengo en cuenta los documentos de Buezo, ni el número 2.

n16. Lo incluyo aquí, a pesar de que debiéramos considerarlo como un nombre de dudosa etimología. I. BOULLÓN (1999: 85 y 320-327) considera que MUNNIO(NE)/MUNNIA son formas tal vez de origen prerromano, pero que penetraron rápidamente en el latín.

Que es un nombre vinculado al territorio de habla vasca, aunque quizá su origen no esté en esta lengua, lo demuestra el topónimo alavés de Munáin, Munniahin en la Reja de San Millán en 1025.

Sin embargo no hay una hipótesis clara sobre su origen, así lo recoge, por ejemplo, I. BOULLÓN (1999:320-327).

n17. Frente a Munnius, Nonnus y sus múltiples derivados están ampliamente documentados en las inscripciones romanas, aunque se incluye habitualmente entre los nombres de difícil interpretación; quizá su origen sea celta, si atendemos a su distribución, cf. KAJANTO (1982: 99 y 366). Admite numerosos sufijos hipocorísticos, tanto de tipo latino, Nunnina, como góticos, Nunnilo, cf. más adelante posibles sufijos vascos.

I. BOULLÓN (1999:320-327) atribuye NUNNO(NE) a una raíz latino-romance, originada en el lenguaje infantil.

n18. De origen prerromano para I. BOULLÓN (1999:85). IRIGOYEN (1995:10-11) lo considera una formación mixta: base latina DIDIUS y sufijo prerromano - ko, cf. infra 1.4. El empleo de hipocorísticos.

n19. UNTERMANN (1965: mapa 1) da una base Abil, Apil-, indígena indoeuropea, con tendencia a - b- en las inscripciones del norte de la Península, en la que también pudiera estar el origen de este nombre.

n20. Quizá la domna Ate de 1060 del monasterio de Valvanera, sea el correspondiente femenino, LUCAS ÁLVAREZ (1950); en Albelda encontramos el nombre Atti en el siglo X, UBIETO ARTETA (1981).

Ato Orelia es señor de Ricla, aragonés, a las órdenes de Alfonso I el Batallador en un documento de Oña, DEL ÁLAMO (1950). FORT CAÑELLAS (1992: 970) recoge Atus, Actus y Atto como nombre único en la Colección Diplomática de Obarra (Huesca) en la primera mitad del siglo XI. Habría que pensar en el topónimo Atahuri de suso y Atahuri de yuso recogido en la Reja de San Millán, SERRANO (1930).

KAJANTO (1982: 42 y 176), incluye a ATTUS entre los nombres raros u obsoletos y lo identifica con el dialecto de los Sabinos.

UNTERMANN (1965: 21 y mapa 13), al trazar el mapa de los nombres indígenas propios de la Celtiberia incluye Atto, junto con Aio, Caelius, Cantaber y Caricus, cara.

n21. En el antropónimo Gardélegui, cerca de Vitoria, Gardellihi en la Reja de San Millán de 1025.

n22. Ciscla aparece como nombre único en 21 (950) en documento de Buezo; Cisla es un nombre apuesto: Nunu Cisla confirma el documento 55 (1050). En Albelda recoge UBIETO ARTETA (1981) Ascisclus y también el femenino Cisla. Juan Ciscla en 1064 en San Millán, SERRANO (1930).

KAJANTO (1982: 342) documenta Acisc(u)lus en el apartado de nombres procedentes de herramientas y objetos, ‘azuela’-

PIEL y KREMER (1976:66) derivan Cisla del gót. Cix-ila.


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Dolkiti (< DULCIDIUS) n23, Donnus, Duenna, Flainus/ Flaininus, Gemellus, Iulianus, Iustus, Iusta, Oilo (<AULIUS), Kolio (<CAULIUS), Lauzellus, Licinius/ Licinianus, Lusidius, Maure/ Maurellus, Meritus, Mirabilis, Montanus, Olio (<AULIUS) n24, Placentius, Puni n25, Quellus, Romanus, Sampronius, Sarracinus, Saturninus, Seuerus, Victorius, Ziezo (< CECIUS) n26…

Esta amplia mayoría de nombres latinos que continúa la tradición de los praenomina romanos, se verá ampliada con los nombres latino-romances de nueva tradición o los semíticos del Nuevo Testamento, que se incluyen, como se ha dicho, hacia el siglo XI: Martinus sólo aparece en el siglo XI, Iohannes se generaliza en el XI y XII n27, de Petrus encontramos tres ejemplos en el siglo X, pero sólo aumenta su frecuencia a partir de fines XI, Dominicus no surge antes de fines del siglo XI, Michael en el XI, del mismo modo que Maria, Marina/ Marino son mencionados ya en el siglo XII. D. KREMER (1987: 1590) dice al repecto:

En el siglo XI, con posterioridad de (sic) la moda de nombres germánicos y a la aparición de nombres adicionales, se inicia una nueva revolución en la onomástica: la rápida introducción y la subsiguiente moda, que barre los hábitos anteriores, y que consiste en la utilización de los que llamamos nombres de santos o nombres cristianos. Esta revolución es un fenómeno europeo y, por tanto, de todo el ámbito románico, pero las direcciones por las que se dispara este impulso deberán ser verificadas con mayor exactitud. En cualquier caso, la Península Ibérica se une prontamente a esta nueva tendencia: la reforma cluniacense, el Camino de Santiago y los avances de la Reconquista contribuyeron, sin duda, a expandir esta nueva moda onomástica.

n23. Por el sufijo - ti y la fonética lo integraremos en el grupo de nombres vascos. De este modo lo considera MICHELENA (1989 [1959]: 152, s.v. - ti).

Dulquiti, Dulquitus lo recoge UBIETO ARTETA (1981) en el Cartulario de Albelda, Dolquitiz como patronímico en San Millán, en SERRANO (1930); en Oña, sin embargo las variantes combinan el nombre de fonética vasca Dolchiti, Dolquite con Millán, en SERRANO (1930); en Oña, sin embargo las variantes combinan el nombre de fonética vasca Dolchiti, Dolquite con el latino Dulcidius, cf. DEL ÁLAMO (1950).

n24. KAJANTO (1982:163) da Aulius como derivado de Aulus.

n25. Forma parte de topónimos como el navarro Punicastro o el de Villapún en Valdegovía: el monasterio de Santiago de Villapún fue uno de los cedidos a San Millán en el siglo XI, cf. SERRANO (1930).

I. BOULLÓN (1999: 379) cita un Punnina, nombre femenino con un sufijo de tipo -INA, sobre un nombre no claramente identificado, quizá del lat. PUNIUS.

n26. En los documentos de Buezo de 950; KAJANTO (1982: 142) ofrece derivados como Caeicia-nus, Caecianus, que considera gentilicios (Dalmacia).

n27. Se recoge algún ejemplo desde fines del X, aunque en documentos de fecha cuestionable.

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Los nombres germánicos

Un paralelismo similar al que acabamos de establecer entre los antiguos nombres romanos y los nombres latino-cristianos, puede plantearse entre los nombres visigóticos, que encontramos fundamentalmente en la documentación más antigua, vinculados al nombre único, y los nombres, germánicos también, pero fundamentalmente de origen franco, que comienzan a utilizarse con fuerza a partir del siglo XI n28.

Entre los nombres de la tradición visigótica frecuentes en los primeros textos, siglos IX y X, encontramos de nuevo una gran variedad, que supera, incluso, a los nombres latino-romances, siendo Vigila-Veila el más empleado (ss. IX-XI): Adega n29, Ailani (<AGILA) n30, Alarico, Albarus, Albura, Braholio, Eilo n31, Eldoara, Felemirus, Fredenandus, Fredulfus, Fruela n32, Galindus, Gisclauara, Godesteus, Gontroda, Guisandus, Gugina, Gundisalvus, Ildefonsus, Ranimirus, Sintigaria, Teodemirus, Beremundus, Viliulfus…

A fines del siglo X la lista va estabilizándose con unos pocos nombres muy frecuentes, de la misma manera que sucedía con los nombres de origen latino: Albaro, Bermudo, Fredenando, Guntroda… son los nombres visigodos que se mantienen, ahora ya en clara minoría frente a los latinos.

n28. La introducción de los nombres germánicos no tiene necesariamente que ver con la influencia franca sobre los territorios pirenaicos, sino más bien con la entrada de nuevos pobladores y las nuevas tendencias culturales de influencia carolingia, tal y como MORÁN i OCERINJAUREGUI (1999: 517-520) lo constata para Cataluña, donde la reconquista carolingia en el siglo IX aporta nuevos nombres germánicos, pero aún góticos, debido al prestigio de la nobleza de esta procedencia en la Septimania. Esta ampliación enriquecerá la lista de nombres disponibles y permitirá seguir con el sistema del nombre único sin demasiadas confusiones. Será a finales del siglo X cuando este sistema entre en crisis, lo que favorece la introducción de nuevos nombres germánicos, ahora francos ( Wilielmus, Bernardus, Arnaldus, Raimundus), y provoca el uso del nombre doble, origen del apellido catalán, en torno al año mil. Sin embargo, D. KREMER (2005: 143), al establecer los dos estratos históricos en torno a la entrada en la Península de antroponimia germánica de origen francónico, da como fecha de inicio para el primero en el año 803, con la integración de Cataluña en el dominio franco, a pesar, dice, “de la marcada tradición neogótica en concreto de los de la dinastía condal de Barcelona”; el segundo periodo en la introducción de nombres de origen franco arrancaría. según Kremer, con la reforma cluniacense y el desarrollo del Camino de Santiago, esto es, coincide en este punto con la idea de Morán i Ocerinjaúregui de una revolución antroponomástica en el siglo XI.

n29. De un Ad-ekca, sobre la raíz ad- que también aparece en nombres como Alfonso o Adolfo, PIEL y KREMER (1976:63).

El abad Adica aparece en el siglo X en Albelda, UBIETO ARTETA (1981).

n30. Como VIGILA > Vigilani, en PIEL y KREMER (1976:66).

n31. J. CARO BAROJA (1945: 161-162) lo considera vascón, apoyándose en una Elo Bellacoz, señora del valle de Mena en 1102, según G. BALPARDA (1924). Historia crítica de Vizcaya y de sus fueros, II. Bilbao: 271; Elo Bellacoz aparece como posesora en Castro Urdiales en una donación a San Millán de 1112, SERRANO (1930). Eilo y Elo serían relacionables, según CARO BAROJA, con el masculino Eylon, conde de Álava en la época de Alfonso III, citado por Oihénart en su Notitia Utriusque Vasconiae, y con Ele, dios aquitano; también se basa CARO BAROJA en que Elo es el nombre antiguo de Monreal y en que existió el topónimo Elegui en Navarra.

GORROCHATEGUI (1984:201 y 319) sigue la tesis de CARO BAROJA, recogiendo inscripciones en referencia a ELE, deo. Lo relaciona también con el topónimo alavés Elosu ( El(h)osu en la Reja de San Millán).

FORT CAÑELLAS (1992: 973) lo considera germánico: EGILO > Elo, siguiendo a J. PIEL. Tiene sentido porque explica la vocal – i– y plantea un desarrollo paralelo al de VIGILA> Veila > Velia> Vela. También I. BOULLÓN (1999: 192-193) da como onomástico de origen el gót. EGILO(NE).

Aparece Eilo en el documento fundacional de San Miguel de Pedroso, doña Elo en un documento de Leiva de 1064, incluso Eilaz como patronímico también en el XI, cf. SERRANO (1930). Doña Eilo en 1011 en Oña, donde el nombre es general, DEL ÁLAMO (1950).

n32. Citado por primera vez en Buezo y en el documento 2, lo que indicaría que su entrada en realidad en esta zona no es anterior al XI.

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A partir del XI los nuevos nombres francos: Arnaldus ( Arnallo en 1092, Arnal o Arnaldo en el XII), Bernardo es un archidiacono frecuentemente mencionado en los años veinte y treinta del siglo XII, Gauzbertus en 1095, Rodericus sólo mencionado en dos Rodrigo Muñoz, padre e hijo, de principios del XII, con un Rodericus del siglo X que me parece dudoso (el primer patronímico sobre esta base es Vela Rodrice de 1137), un patronímico Gigelmo aparece en 1138 n33, Elbira en el siglo XI… Estos nombres de origen franco llegados del otro lado de los Pirineos deben vincularse con otros latinos como Martin o Marina/ Marino, nombres latinos, pero que llegan a la Península a través de vías similares.


Los nombres vascónicos

Respecto a los nombres de origen euskérico o prerromanos no vascos (p. ej. Duranco n34), pero muy arraigados en territorio de habla vasca, es preciso establecer también dos etapas distintas:

En los primeros documentos nos encontramos de nuevo con una gran riqueza de nombres para sostener el sistema del nombre único; entre ellos destaca sobre todos Obeco n35, después ampliamente extendido por otros territorios hispánicos, especialmente en la mitad occidental, y que perdura en los Cartularios hasta principios del XI. Otros nombres de origen vasco de este período son: Abayza n36, Ahostar/ Affostar n37, Annaso/ Analso n38, Amunnu (sobre amona ‘ abuela’), n33. Arnaldo Gigelmo, archidiacono; posiblemente su nombre indique su procedencia ultrapire-naica.

n34. MICHELENA (1989 [1959]: 48, s.v. – anga), defiende el origen céltico o, al menos, no vasco que ya propuso G. BÄHR para esta voz, partiendo de TURANCUS. M. L. ALBERTOS (1970: 203) recoge el nombre cántabro TURANCUS, formado sobre una base TUROS, que se haya en topónimos vascos del tipo Durango o Durana.

n35. Es uno de los nombres denominados “de Valpuesta” o “vascos occidentales”, según la denominación de MICHELENA; muchos han querido ver una etimología transparente vinculándolo con vasc. ( h)obe ‘mejor’ y un sufijo hipocorístico - ko, cf. KNÖRR (1999: 136-137); hay que tener en cuenta además que ha dado lugar a numerosos topónimos en territorio vasco, del tipo Obécuri (Hobeco-ri en la Reja de San Millán), en CARO BAROJA (1945: 163), autor que no duda de su origen vascónico, más al verlo citado entre antroponimia de ese origen en el apéndice a la donación a la iglesia de San Vicente de Ocoizta (Acosta) del año 1034: Belagga, Oveco, Ulaquide, Ame, Munnizu…, nombres, por otra parte, documentados todos ellos en Valpuesta, cf. SERRANO (1930)

n36. J. CARO BAROJA (1945: 162-163) relaciona este nombre con el topónimo Abaiz ( Abaici).

En Valvanera se recoge Abeiça (1082), cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950). En Albelda, Abeiz y Abeiza en el siglo X, UBIETO ARTETA (1981).

n37. J.CARO BAROJA (1945: 163-165) relacionó este nombre con otros de las inscripciones aquitanas del tipo Bihotar, Hotar, Oncotar… y del bronce de Ascoli y de algunas inscripciones ibéricas: Chadar, Urgidar. Asimismo lo vincula con los topónimos vascos Otharre (en el País Vascofrancés) y Ustarror o Ustariz. Un Lupe Ahoçtarriç aparece en la donación del monasterio de Varría (San Esteban de Echevarría. Elorrio) de 1053, patronímico que compara con el genitivo de las inscripciones aquitanas, tipo Halscotarris). La confusión entre – f– y – h– que se da precisamente en el Cartulario de Valpuesta indica, para él, que, como en el suletino actual, en Álava y en Vizcaya existía en el habla popular una aspiración luego perdida.

n38. Según J. CARO BAROJA (1945: 166) podría estar relacionado con los nombres Hanna, Hannac, Hannas de las inscripciones aquitanas –que explicarían el topónimo Janariz,–, más un sufijo de diminutivo - xo, también documentado en las inscripciones aquitanas.

Un Analso de Cillamayor en 1118 en un documento de Oña referente a Cordovilla, DEL ÁLAMO (1950).

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Amusco, Anderazu/ Enderazu/ Anderaza (sobre andere ‘señora’39), Anderguina/ Anderkina 40 , Argisso, Assuri 41, Dulquiti (sobre una base latina DULCIDIUS), Duranco, Ereti 42, Hanni 43, Iaunso, Ionti 44, Izani 45, Kara 46, Lihoti 47,

n39. GORROCHATEGUI (1984:127-128) ofrece un conjunto de inscripciones aquitanas en las que andere y sus derivados se utilizan como nombre de persona. CARO BAROJA (1945: 157-159).

Para Anderazu, GORROCHATEGUI (1984: 128) aporta un ANDEREXO aquitano.

Es un nombre general en las colecciones diplomáticas similares de monasterios castellanos, riojanos y navarros: en el de Valvanera desde 1035, cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950), en San Millán aparece con Anderkina en el documento fundacional de San Miguel de Pedroso, fechado en el siglo VIII, aunque evidentemente se trata de una composición muy posterior, cf. SERRANO (1930) y LEDESMA RUBIO (1989), y en Oña en el siglo XII, J. DEL ÁLAMO (1950) e I. OCEJA (1983).

n40. GORROCHATEGUI (1984:128) cree que puede reconstruirse partiendo de andere ‘señora’, ampliamente documentado como nombre en las inscripciones aquitanas, más un sufijo – kin(n)– con *- nn geminada, que no desaparece entre vocales.

n41. CARO BAROJA (1945:161) lo considera un nombre femenino relacionado con la Assona cita-da en el Códice de Roda, hija de Íñigo Arista; en este caso es el nombre de un abad 10 (919). Assur Gasseça y Asur Hanniz en Oña, año 944, DEL ÁLAMO (1950).

n42. Quizá relacionado con el Heret, pescador del siglo X en Albelda, UBIETO ARTETA (1981).

n43. Podría relacionarse con los nombres aquitanos Hahanni, y Hanna y derivados recogidos por GORROCHATEGUI (1984: 211-212 y 216-218), con los que Caro Baroja relacionaba Annasso.

No obstante sorprende su evolución. En San Millán, Hani, testis, en 913 (Orbañanos), Hanni Diaz en 1063, Hanni Hanniz y Sarracino Hanniz en 1062 (Grisaleña), convirtiéndose Hannez/ Hanniz en un patronímico habitual, cf. SERRANO (1930); en Oña Assur Hanniz en 1011, Hannez es patroními-co frecuente en el s. XI, pero también aparece el nombre Fan o Fanne DEL ÁLAMO (1950), en 1082 Fanno o Fanni en un documento de San Román de Tovillas y de otros lugares de Álava y Burgos, I. OCEJA (1983), lo que nos lleva a equiparar estos nombres, encontrándonos entonces con un nuevo caso de aspiración de F- como en el caso Felix/ Heriz.

GODOY ALCÁNTARA (1981 [1871]) equiparaba las formas Hanno, Han, Fan, Hanne, Fanne, Hannez, Hanniz, Aniaz, Fannez, Yañez, etc. con Ibañez.

n44. Muy frecuente en la documentación castellana, navarra y riojana: Iaunti, Ionti en Albelda, UBIETO ARTETA (1981). En San Millán en 1058 Monio Jontiz en Loranco, SERRANO (1930).

n45. Origen del topónimo Izanoz, según CARO BAROJA (1945: 110-112) y MICHELENA (1989 [1959]: 144, s. v. ( h)otz).

RUIZ DE LOIZAGA (1995:87) lo considera árabe, siguiendo a LAPESA (1986: 183) que se apoya precisamente en este ejemplo; en el cartulario de Albelda, UBIETO ARTETA (1981) con muchos nombres de este origen, se cita un Eiza Ibn Gamar, un Eizani y Zani.

n46. Según CARO BAROJA (1945: 162) un nombre antiguo en la toponimia vascónica, cf. Santa-cara (Navarra); era la ciudad vascona de los carenses, estipendiarios de Roma, según SAYÁS (1984:302). Si estuviera relacionado con el KARINAE de las inscripciones aquitanas de GORROCHATEGUI (1984: 222) se trataría de un nombre general en la Galia con distribución celtibérica en la Península Ibérica, según UNTERMANN (mapa 31, Carus), quien recoge las inscripciones alavesas de Iruña: Caricus y de Contrasta: Caricus, cari, considerando además la frecuencia de topónimos sobre esta base en Celtiberia: Cara, Caracca…

n47. Quizá debiéramos vincular este nombre con el Lihoiart, ostiarius, que se cita en Albelda, UBIETO ARTETA (1981), relacionado con nombres del tipo Leioar, Lifuar, Liger, Leier, Ligoarius… con los que se ha vinculado el nombre de Leire, cf. IRIGOYEN (1977: 586 y ss., s.v. LEIOAR) y CIERBIDE (1996:120-123).

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Munnata/ Munassum n48, Nequeti n49 , Olaquide n50, Ozoa (del vasc. otsoa ‘el lobo’), Zorraquinus n51…, que llegan a utilizarse incluso en fórmulas de nombre doble: Beraxa Afostar (939).

A fines del siglo X decae el uso de estos nombres, permaneciendo sólo Oveco, Vela y sus supuestos derivados (más abajo veremos los problemas que estos nombres suscitan), junto con nombres femeninos como Anderkina o Anderazu/ Enderazu/ Anderaco n52, que están documentados hasta principios del XII ( Anderazo Munnioz y Anderkina Dominikoz en 1101, Anderkina Alvarez en 1107).

No obstante, a fines del siglo X y, sobre todo, a lo largo del siglo XI, cuando se desplaza el uso del nombre único, comienzan a datarse algunas estructuras compuestas por un nombre vasco que expresa relación social o de parentesco más un nombre románico y sobre las que volveremos más adelante: Eita Munio (957), Eita Duenno (1039), Annaia (1050), Ama Aufrisia de Villa Auta (1065)…

Uno de los nombres característicos de Valpuesta es Vela, que no aparece así documentado hasta los siglos XI y XII, con el femenino Uelo n46 (fines del X) n53; no obstante, otros nombres que se han relacionado con él, con sufijos euskéricos, Beraxa o Velasco, aparecen a fines del siglo IX y son generales a lo largo de toda la documentación, junto con los patronímicos que originan. Nos encontramos por tanto ante un nombre o mejor ante un conjunto de nombres realmente problemático, que se cruza con el visigótico Vigila- Veila n54. Sí parece claro que la documentación de Valpuesta hace una distribución cronológica nítida entre las diversas variantes del nombre: así en los documentos del IX y en los de la primera mitad del X se utilizan las formas Vigila- Begela (esta es la variante de los documentos de Buezo, de modo que será conscientemente arcaizante), durante el X y durante todo el XI, la variante utilizada es Beila- Veila, hasta fines del XI y desde fines del XI y todo el XII, Vela, que convive con Velia en unos pocos documentos, de fines del XI y principios del XII; con respecto a los patronímicos: Veliaz, V elet y Velascoz conviven durante el siglo XII.

n48. Serían nombres femeninos, derivados de Munna, con sufijos de tipo vasco-aquitano (- ta, - xo).

n49. El onomástico presente en topónimos como Lequeitio. En Albelda, Nequetius, UBIETO ARTETA (1981); en San Millán Munno Nequetiz en Salcedo (Álava), SERRANO (1930).

n50. Quizá formado sobre ol(h)a ‘ferrería’, en ronc. y sul. ‘cabaña’, MICHELENA (1989 [1959]: 183), base de numerosos topónimos vascos, más kide.

En Albelda se recoge un Frulaquide (¿sobre Fruela?), UBIETO ARTETA (1981).

n51. Cf. el topónimo Zorraquín en La Rioja, incluido en la zona de repoblación medieval de vascos occidentales propuesta por MICHELENA (1976). Habría que suponer entonces un sufijo similar al de Anderkina.

Zorrakin, Zorraquine se cita en el becerro de Valvanera, LUCAS ÁLVAREZ (1950), y como nombre apuesto aparece un Zhorrakin en el siglo XI en San Millán, SERRANO (1930).

n52. Una Anderazu es hermana de Proclina y de Uermudo, es decir, un nombre vasco, junto a uno de la antigua tradición romana y otro germánico n35 (957).

n53. El número que acompaña a los nombres citados hace referencia al número de documento que les otorgaron PÉREZ SOLER o RUIZ DE LOIZAGA; el número que sigue, entre paréntesis o corchetes, indica la fecha con la que aparecen en las transcripciones hechas por estos autores.

n54. Véase por ejemplo, MICHELENA (1969: 10, n. 34), quien utiliza Vigila, Veila como base de Bellacoz.


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Las confusiones son abundantes a fines del XI entre Vela y Velia: Velia Garciez 92 (1099), Vela Garcieç 91 (1098), Veila Garcieç 105 (1106), Vela Garciez 106 [1106]… lo que no supone demasiados problemas si no fuera porque tenemos un Vela Telliz en 165 (1135) y un Velasco Telliz 165 (1135) que parecen la misma persona. Da la sensación de que, no sólo nosotros, sino también los propios escribas del siglo XII habían llegado a relacionar dos apelativos que, en origen, son completamente distintos, pero que llegan a confluir, por un cambio fonético desde – r– a – l– que se da en la adaptación desde la lengua vasca al romance entre Berasco/ Belasco.

Este Velasco ( Uelasco, Velasco, Belasco, Belasconi) y su patronímico Blascoz, Belascoz, Uelascoz componen el segundo grupo de nombres en conflicto; parece claro su origen en un nombre aquitano Belexconis, formado sobre una raíz Belex- y seguramente relacionado con el ibérico - belés, - bels n55 y el eusk. beltz ‘negro’, que dio un Berasco en el vasco medieval n56. Como expone MICHELENA (1989 [1959]: 69-70), siguiendo a LUCHAIRE, Belasco no puede relacionarse con bela ‘cuervo’ puesto que la ecuación medieval hacía equivaler el vasco – r– con una – l– romance y el vasco – l– con – ll– romance; por eso el vasco medieval Berasco dio Belasco en romance, mientras que un derivado de bela habría dado –ll–.

Todo ello nos lleva a concluir, como ya anticipó MENÉNDEZ PIDAL (1999 [1950]: § 14 ), que existe un solo nombre, de origen visigótico, que evoluciona gráficamente a través de nuestra documentación, desde Vigila a Vela n57, que no parece tener nada que ver con el vasco bela ‘cuervo’, y que tiene una vida paralela a la de Velasco (< vasc. Berasco), con el que acabará confluyendo.

Respecto a Beraxa, que aparece en tres ocasiones, MICHELENA (1989 [1959]: 71-72) lo hace derivar de beratz- beratx, sobre bera ‘blando’, y lo propone como elemento integrante de topónimos del tipo Beras(a)tegui, Barasoain, Berasain n58; pero cabe preguntarse hasta qué punto no podemos ver también aquí la base aquitana BELEX, aportada por GORROCHATEGUI (1984:156-158), base del BELEXCONIS que origina Berasco/ Belasco. Este Beraxa sería una forma vasca, no pasada aún por la fonética romance, de ahí que conserve su – r– n59.

n55. Cf. el mapa 17 de UNTERMANN (1965:71-72) donde se reflejan sus derivados en la zona este peninsular.

n56. Como atestigua J. GORROCHATEGUI (1984:159-160 y 360), quien también considera que bela, bele, belatz suponen un étimo distinto, con *L fuerte invariable en vasco histórico (1984:156-158, s.v. BELEX).

Como ejemplo, un Berasco coca (¿) de Echarri atestiguado en el siglo XIII por el Libro Rubro de Iranzu, cf. LACARRA (1930: 250) y JIMENO JURÍO (1970).

n57. PIEL y KREMER (1976:282-283) recogen Vigila-Vigilani-Veila-Vigilarz-Veilaz-Veliaz como variantes del gót. VIGILA.


n58. Siguiendo a CARO BAROJA (1945: 163-165).

n59. ¿Quizá frente al Belastar del siglo IX en las donaciones a Taranco, en Pando, del cartulario de San Millán, SERRANO (1930)?


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En cuanto a Belaza, nombre apuesto que se cita en los documentos de Buezo, MICHELENA (1989 [1959]: 69-70) lo vincula de nuevo con un derivado de bela ‘cuervo’, en este caso belatz ‘gavilán’, pero el hecho de que sólo aparezca en Buezo, apuesto al nombre propio, como cualquier patronímico y teniendo en cuenta que en Buezo aparece también Gaseza (sobre García), nos inclinan a pensar, bien en una reconstrucción de un patronímico n60, a modo de los antiguos Uigilazi, bien en un sufijo de tipo vasco, que no sería extraño en un conjunto de documentos donde son frecuentes nombres de este origen. Habría que relacionarlo entonces con el Lopaza del documento 43 (973) n61.

Otros nombres vinculados al área vascónica oriental como Eneco, Endura, Garcia, Semeno o Sancho n62, no entrarán a formar parte de la lista de nombres de Valpuesta hasta finales del siglo X o bien entrado el siglo XI: Aparece Semeno en el año 945 y también en los documentos de Buezo, donde se recogen varios nombres de origen vasco, y no volvemos a encontrar un Scemena hasta 1048 bajo dominación Navarra; para hombre y para mujer se generaliza este nombre a fines del XI. Se menciona un Enneco en el año 968, pero no vuelve a aparecer hasta 1087. Garcia no es habitual hasta fines del XI, ya que, si aparece en el X y XI, designa a nobles, reyes y altos dignatarios de la iglesia. Del mismo modo el Sanctio/ Santio citado a fines del siglo X es el rey de León (hay un Sanzone anterior, pero se halla en la documentación de Buezo) y no se convierte en nombre habitual hasta el siglo XI, casi de manera contemporánea a su patronímico. Endura se recoge a fines del XI y en el XII.

Tendremos que argüir para estos casos que su uso como nombres generales de la población es el resultado de una moda o tendencia marcada por la monarquía y la nobleza castellano-leonesas (vinculadas por matrimonio con la navarra) y alentada quizá a partir de 1035, inicio de la pertenencia de Valpuesta al reino de Navarra. Algo similar a lo que sucede con nombres femeninos como Toda, Mayor o Urraca, los tres recogidos en el siglo XII, de origen germánico o romance, quizá prerromano en el último caso n63, pero vinculados especialmente a la monarquía navarra.

Coincido con S. RUIZ DE LOIZAGA (1995: 92) en que los nombres de origen vasco se concentran básicamente en dos grupos de documentos: los de Pan do n64, documentos 9, 12, 15 y 32, y los de Buezo (Briviesca), números 19 al 30.

A partir del documento 35 (957) los nombres de dicho origen se ven reducidos a ejemplos aislados: Anderazo/ Anderazu, Amusco, Munata, Nequeti, quizá Petri, Lopaza… y comienzan a emplearse las variantes de Aita como praenomen.

n60. Recordemos que la documentación de Buezo parece compuesta ya en el siglo XI.

n61. En el monasterio de Valvanera: Belagga o Blagga Gomiz, también llamado Belascia, Belasia o Belaxa en el siglo XI, lo que nos llevaría a un Bela más un sufijo - xa/- za de tipo vascónico; cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950).

n62. Cf. RAMÍREZ SÁDABA (1986: 155, n. 28) quien los califica de “típicamente legerenses”.

n63. Así lo considera I. BOULLÓN (1999:85), quien le atribuye origen ibérico.

n64. San Cipriano de Pando, en Sojo, cerca del límite entre las diócesis de Burgos y Calahorra, en S. RUIZ DE LOIZAGA (1995: 92). Sojo es una población en el extremo occidental de la Cuadrilla de Ayala (Álava), es decir, casi en el límite con Burgos; al sur de esa demarcación se encuentra Orduña.

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Desde 1035, con la dependencia de Navarra, aumentan los Semeno, Eneco, Endura, Garcia, mientras que continúa el uso de los praenomina y de nombres como Anderazu o Anderkina. Llama la atención el documento 54 (1050), sobre propiedades de Mambliga, localidad del Valle de Losa, muy cercana a Valpuesta, donde se cita a Peitrokane, Ecta Bita, Annaia.

La intensidad con que se dan estos nombres en la zona de Pando es comprensible, dada su ubicación, en territorio de habla vasca. Sin embargo, la que se produce en Buezo frente a la de la documentación general de Valpuesta no creo que venga a explicar una falta de relación con el elemento vasco en el área valpostana, frente a una fuerte interacción en la de Buezo, como quiere RUIZ DE LOIZAGA (1995: 92), si no más bien dos etapas de repoblación o de contacto diferentes. Recordando a MICHELENA (1976: 67-70), la zona de Briviesca, en la que se circunscribe Buezo, recibiría, junto con la Rioja occidental, una oleada de “pobladores alaveses o vascos occidentales” en torno a los siglos IX y X, quienes, bien establecidos, dejaron incluso una huella importante en la toponimia de la zona, como habían confirmado trabajos como los de J.B. MERINO URRUTIA (1962) para el valle de Ojacastro y nordeste de Burgos. El hecho de que la documentación de Buezo pueda además datarse en una fecha posterior a 950, hacia la segunda mitad del XI, como hemos indicado más arriba, podría corroborar este hecho.

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Sin embargo, la huella vasca en el resto de la antroponimia de Valpuesta estaría vinculada a otras razones: los elementos primeros, los de los siglos IX y X, serían fruto de contactos más antiguos entre gentes de habla vasca occidental y los hablantes romances del entorno de Valpuesta, contactos que no tendrían que presuponer asentamientos estables; ello explicaría, por ejemplo, que no haya huella toponímica relevante, al menos en la toponimia mayor; lógico también si entendemos que la diócesis de Valpuesta llega hasta el Cantábrico, atravesando tierras como Orduña o el Valle de Ayala. En otras palabras, la diócesis se asentaba en los antiguos territorios de los Autrigones, los cuales, citando a M.L. ALBERTOS (1970: 121-122) eran un pueblo mixto étnica y lingüísticamente hablando, que ocupaban el occidente de Vizcaya y Alava y el norte de Burgos (desde el Nervión a Laredo y por el sur hasta Pancorbo) n65.

Esta zona, previamente indoeuropeizada, fue profundamente romanizada después n66; de los contactos y la convivencia entre latinos e indígenas (celtiza-dos) quedan restos en los antropónimos de las inscripciones romanas de la zona, donde se puede encontrar, por ejemplo, una mujer con nombre indígena y un nombre latino para su padre, hermano o esposo o un padre con nombre indígena y un hijo con nombre latino n67.

Sin embargo, si, como sostiene ALBERTOS (1970), la relación de várdulos y caristios en territorio alavés con los vascones ya era escasa, a juzgar por los pocos antropónimos vascones en las inscripciones alavesas n68, mucho más escasas serían las de los autrigones con los vascones. ¿Cuándo se produjo el contacto entonces entre las gentes de la antigua Autrigonia y estos portadores de nombres de raíz vascónica? Seguramente a lo largo de la Alta Edad Media, si pensamos que ésta era una zona al abrigo de los montes, bastante segura y con un microclima templado n69, lo que podía hacerla atractiva a gentes vascófonas de territorios más al este, vizcaínos o gentes del noroeste alavés (herederos de los antiguos Caristios) n70, del mismo modo que había atraído a las comunidades de asturianos y mozárabes que Alfonso I y Alfonso II habían allí instalado.

n65. A través del testimonio de Estrabón. Sus ciudades eran Uxama Barca (Osma de Valdegovía), Deobriga (Arce, cerca de Miranda de Ebro), Vindeleia (cerca de Pancorbo), Virouesca (Briviesca), Tri-tium (Rodilla), Segisamunculum (Cerezo del Río Tirón) y Salionca (Poza de la Sal) en Burgos.

n66. ALBERTOS (1970: 122).

Para GARCÍA DE CORTÁZAR (1982: 60-61) esta zona había recibido una mayor romanización que el resto de su entorno, a través de los núcleos de Velegia-Iruña (Alava) y de Miranda de Ebro, aunque además debieron de existir numerosos núcleos rurales romanos que constituían explotaciones agrarias.

Esta profunda romanización se confirma perfectamente en el área de la propia Valpuesta, situada en el centro de tres yacimientos que conforman un triángulo: en la base, a orillas del río Omencillo, Las Arenas y Ribalpuesta, en el vértice El Manzanal (con el asentamiento tardorromano del Castillo de Astúlez); estos pequeños asentamientos romanos, rodeados de otros muchos, distan escasos kilómetros al oeste de la ciudad autrigona de Uxama Barca. Sobre estos y otros asentamientos romanos en la zona occidental de Álava, cf. FILLOY NIEVA y GIL ZUBILLAGA (2000).

n67. ALBERTOS (1972: 337).

n68. Lo cual por otra parte no indica que existieran en la práctica.

n69. GARCÍA DE CORTÁZAR (1982: 56-57).

n70. En los siglos IX-X la diócesis de Valpuesta se extendió desde La Bu reba al Cantábrico (valles de Cuartango, Valdegobía, Tobalina, Valdivielso, Ayala, Losa, Soba, Mena y Ca rranza), enmarcada al oeste por las sedes de Oviedo y Osma y al este por la de Alava-Calaho rra, en RUIZ DE LOIZAGA (1982: 83)

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Estas gentes, seguramente vascófonos, que pudieron llegar al calor de esta repoblación de la diócesis de Valpuesta, se habrían diluido pronto, asimilándose a los modos lingüísticos romances, en plena ebullición, tras dejar tal vez en éstos un sedimento de su propia lengua y los herederos de sus nombres n71. Frente a este movimiento repoblador antiguo, los vascófonos que llegaron dos siglos más tarde a las tierras más al sur, a la zona de Briviesca, se habrían encontrado ya con una lengua romance bien definida frente a la suya propia, y eso pudo contribuir a que mantuvieran por más tiempo, protegidos frente a una lengua totalmente extraña, sus topónimos y sus nombres de persona n72.

Los elementos más tardíos en la antroponimia valpostana serán, en parte, continuadores de los elementos más antiguos, y, en parte, producto del contacto con navarros y riojanos a partir del siglo XI, en un momento además de mayor apertura en los aledaños del valle del Ebro.

Algunos nombres de difícil adscripción

Araspio.

Keruda: Otro Queruda se cita en 1207 en Oña, DEL ÁLAMO (1950).

Kilicidi: GODOY ALCÁNTARA (1981 [1871]: 54) trae un Vellidici, judío, que no parece más que un patronímico sobre Bellido. Tal vez Kilicidi sea una mala lectura de una formación similar sobre Kideri/ Quederi de Kete-ricus –cf. PIEL y KREMER (1976:187)– o, más improbable, de Quiricus (que parece dio un Quilis con – l– romance).

Zelonius 12 (929)/ Zetlano 41(968)/ Zelano 16(940)/ Zelanus 9(913): Quizá pueda relacionarse con formaciones del tipo Celianus, var. Caelianus, recogidas por KAJANTO (1982:142) en inscripciones y calificados como derivados de gentilicios. O sobre una raíz gótica del tipo GIL-, GEL- que da formas como Geilanem, para derivados de esa raíz cf. PIEL y KREMER (1976: p. 152).

Osacius: tal vez sea una mala lectura. I. BOULLÓN (1999: 85 y 341) aporta un Osorius como un nombre prerromano, de amplia tradición indígena; var. Osarius en Sobrado (1006) y Osicus en Samos (982).

Mazacone: Un testigo llamado Mazocono aparece en el s. X en Albelda, UBIETO ARTETA (1981).

n71. Evidentemente, que los individuos citados en esta documentación lleven un nombre vascónico, no quiere indicar, en absoluto, que fueran vascófonos.

n72. Quizá no haya que descartar incursiones o incluso movimientos de repoblación anteriores, desde el territorio de los caristios hacia el de los autrigones, del mismo modo que, por el este, los vascones repoblaron territorios berones en época romana; así SAYÁS (1984: 289-310) recuerda la repoblación de Calagurris, una ciudad no vascona en principio, por los vascones cuando su población pereció a manos de las tropas de Pompeyo. Esto es, los caminos que siguió la monarquía de Pamplona durante su expansión medieval habían sido abiertos ya por la expansión vascona de épocas pasadas, de modo que podríamos suponer un esquema similar para las poblaciones al oeste del territorio de lengua vasca (en su sentido amplio).

La revolución onomástica del siglo XI

El hecho de que la lista de nombres propios se estabilice a fines del siglo X, eliminando una serie de nombres que hasta ese momento habían sido habituales, tuvo que forzar necesariamente la entrada o creación de nombres nuevos de diferentes orígenes a partir del siglo XI para evitar el caos absoluto, reestructurando y afianzando el sistema y haciéndolo más complejo al introducir el patronímico n73 e incluso el topónimo. Si bien y con seguridad el pueblo llano se serviría de otros muchos medios como los apodos, las referencias familiares o los hipocorísticos para no provocar confusiones.

No hay duda de que en torno a estas fechas debió de producirse un trasvase político, social y cultural, no sólo entre los territorios ultrapirenaicos y los emergentes reinos hispánicos, sino también entre estos mismos reinos. De este modo podríamos justificar por ejemplo por qué en Valpuesta en ese momento tenemos nombres de tradición occidental como Muño u Obeco con nombres tradicionales del otro lado del arco vasco-románico como García o Eneco y viceversa n74, justo en una época en que la ribera del Ebro se convierte en un lugar de paso e intercambio.

Creación de prenombres sobre fórmulas de tratamiento o relaciones de parentesco

La documentación valpostana, como luego será habitual en otros textos castellanos, utiliza determinados elementos, vascos desde un punto de vista lingüístico, bien como prenombres, bien como tratamientos de respeto o cortesía, que acabarán fosilizados como nombres propios, generando incluso patronímicos:

Echa < aita ‘padre’: Agia Iohannes 111 [1107], Ecta Bita [ 54 [1050], Ecta o Ega Patierno de Elcedo 103 [1106], Ega Belasco 169 [1137], Ega Gutier 88 [1094], Ega Vela 150 [1131], Eiga Nunu de Macanare 142 [1125], Eita Munnio 35 [957], Eita Duenno 50 [1039], Eita Gemelle 32 [956], Exa Iohannes 119 [1109].

Ama ‘madre’: Ama Aufrisia de Villa Auta 66 [1065]75.

Annaia ‘hermano’ 54 [1050], se emplea ya claramente como nombre propio, dando lugar, por tanto, a la creación de un patronímico: Petro Annaiaz en el doc. 2 [804], por lo que deberíamos poner en cuarentena este dato, sólo aparecido en este documento de fecha cuestionable.

n73 En ocasiones da la sensación de que el sistema vacila entre la elección de un patronímico formado a partir de un nombre apuesto (como el sistema que triunfa en Cataluña) o la de uno formado mediante un sufijo en - z.

n74. Es la preocupación que ya anotaba RAMÍREZ SÁDABA (1986: 155), especialmente nota 28, cuando analizaba la lista de nombres de la Navarra medieval, sobre todo de Leire.

n75. UNTERMANN (1965: mapa 7) recoge derivados de Amma en todo el cuadrante noroeste peninsular, penetrando hasta Albarracín en el este.

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Ya indicaba MICHELENA (1969: 4-5), al calor del comentario de la antroponimia de la Colección diplomática de Irache, la tendencia de las inscripciones aquitanas a construir “apelativos que aluden a circunstancias personales de sexo, edad o parentesco, a menudo solos ( Andere, Cison, Nescato, cf. vasc. andere ‘señora, mujer’, gizon ‘uir’, neskato ‘muchacha’), otras veces acompañados de algún sufijo u otro determinante ( Sembe-tenn-, cf. seme ‘hijo’; acaso Atta- en relación con el vasc. aita ‘padre’, etc.) variedad a la que corresponde Umme-sahar en Lerga”; y con esta tendencia relaciona el empleo medieval en documentos navarros de Aita, Ama, Amunna, Annaia, bien como praenomina, bien como nombres solos, acompañados entonces de algún sufijo, como el nombre Anderazu76. Quizá la costumbre haya que ampliarla al menos a la antigua Celtiberia, a la vista, por ejemplo, del mapa para el nombre AMA propuesto por UNTERMANN (1965).

Realmente el euskera ha tendido a formar nombres de persona sobre denomi-

naciones que indican relaciones familiares o sociales: Semeno, de seme ‘hijito’77, Garsea, si aceptamos su vinculación con gaste ‘joven’ propuesto por A. IRIGOYEN

(1982)78, Andere y sus derivados, sobre andere ‘señora’, Ammuna ‘abuela’, Iaunso sobre jaun ‘señor’ y también deberíamos incluir aquí a Enneco, si admitimos el origen en el euskera ene ‘mío’79. En la documentación de Valpuesta se observa toda una variedad de nombres de persona de estas características:

Amunnu 7 [894], Amusco 9 [913], 37 [963], 32 [956], Anderaco 91 [1098], Anderaza de Arego 46 [984-995], Anderazo 35 [957], Anderazo Munnioz 93

[1101], Anderazu 41 [968], 46 [984-995], 68 [1066], Anderazu [ Enderazu] 20

[950], Anderguina 26 [950], Anderkina 126 [1097-1114], 160 [1132], Anderkina Albariz [111 [1107], Anderkina Dominicoz 93 [1101], Annaso 12 [929], Annasso, presbiter, 9 [913], Iaunso 32 [956], Ionti 9 [913].

Como puede comprobarse, la mayoría de ellos pertenecen a la documentación más antigua, de modo que podemos considerarlos como nombres propios de esta zona o fuertemente arraigados en ella.


n76. Es frecuente documentar este tipo de prenombres, que luego se convierten en nombres y finalmente originan patronímicos en otros monasterios castellanos, navarros y riojanos: en Valvanera Acta, Agge, Ecta, Eita, Annai, Annaia Ferrero… desde la segunda mitad del XI, cf. LUCAS ÁLVAREZ (1950).

En Oña se documentan estos prenombres precedidos por el posesivo: Miegga en 1157, Miennaia Gutier Fernandez, mayordomo del rey Alfonso I el Batallador, del mismo modo que Mioro, todas en el siglo XI, DEL ÁLAMO (1950).

n77. Vid. H. KNÖRR (1999: 139-140) nos ofrecía algunos de los problemas que planteaba el nombre Semeno.

n78. H. KNÖRR (1999: 138-139) recoge las principales teorías acerca de este nombre, aceptan-do como válida la ofrecida por IRIGOYEN.

n79. A. IRIGOYEN (1984: 210-211) y R. CIERBIDE (1996: 124); vid. también H. KNÖRR (1999: 137-138), quien nos ofrecía algunos de los problemas que planteaba el nombre Enneco, vinculado a las inscripciones aquitanas e ibéricas

p517

Dejamos a un lado, en este caso, a nombres como Garsea/ Garcia/ Garsia, Semen/ Semeno y, por supuesto, Eneco y sus variantes, porque se trata de nombres relativamente tardíos en esta documentación y, por tanto, tal vez importados desde la zona vascónica oriental, como mencionaremos más adelante.

Estas peculiaridades de la antroponimia vascónica pudieron haber facilitado el uso de nombres romances del tipo: Donnu, frater, 13 [935], 14 [939], Donnus 10 [919], Duenna 160 [1132], 161 [1118-1132?], que, en estos casos, no se utilizan como fórmulas de tratamiento, o Madonna 145 [1126] y Mamadonna 88 [1094] n80. Llegan a formar patronímicos: Munnio Donniz: 93 (1101), Tello Duen 50 (1039). Del mismo modo se utiliza Cidi Didaz/ Ziti Didaz, (1050) de origen árabe n81.


Frecuencia de los nombres

Nombres masculinos

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Nombres femeninos

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El empleo de hipocorísticos

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LA EVOLUCIÓN DE LAS ESTRUCTURAS ONOMÁSTICAS

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Variantes en la estructura del apellido

Nombre propio

En los primeros documentos de Valpuesta nos encontramos sólo el nombre propio, acompañado en ocasiones por alguna designación complementaria, en este caso, una referencia al cargo que el personaje ocupa: rey, abad, presbítero, obispo…

Nombre propio + patronímico

Salvando el cuestionable documento 2, donde encontramos patronímicos en - z, el primer caso de la estructura nombre propio + patronímico –con diferentes formaciones, de las que hablaremos más adelante– lo hallamos en el documento 9 (913): Gemelle Uictoriz. En el mismo documento se cita otro patronímico, esta vez seguido también de denominación complementaria: Gondesalbo Telliz o Telluz, comite in Castella. A partir de aquí son escasas este tipo de estructuras durante la primera mitad del X, encontrándolas normalmente aplicadas a los condes de Álava y Castilla. Excepción son los documentos de Buezo, del año 950, donde el uso del patronímico se intensifica, pero ya se ha indicado que hemos de considerar este conjunto de textos como fechados en el siglo XI. El uso del patronímico es claramente habitual sólo a fines del siglo XI, principios del siglo XII.

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Nombre propio + patronímico + de + topónimo

También a fines del XI, cuando comienza a intensificarse el uso de patronímico, surgen tímidamente los primeros casos de esta estructura: Felix Beilac de Gruendes, Etello Didaz de Uilla Auta, en un documento de 1039; sorprende que aparezca en el momento en que Valpuesta pertenece a Navarra n125, quizá el contacto con el área vascónica oriental, abierta ya a la influencia franca, potencia, que no origina, este tipo de denominación personal. No obstante esta estructura no comienza a emplearse con continuidad hasta fines del XI y, especialmente, a principios del siglo XII. También se utiliza con un nombre apuesto: Munnio Vita de Vilanova 160 (1132) o Ama Aufrisia de Villa Auta 66 [1065].

En fechas anteriores al siglo XI sólo hay ejemplos aislados de la estructura, más sencilla, nombre propio + topónimo: Iohannes de Solago o Solaco se menciona en los documentos de Buezo de 950 y Lain de Ordunia en 32 (956), en un documento de Pando; en el documento 46, de fines del X, son dos mujeres las que reciben este tipo de apellido: Anderaza de Arego y doña Uelo de Pineto.

Godestio de Reuendeca se cita en el documento 50 (1039).

Nombre propio + apodo

Es poco frecuente en estos documentos la estructura formada por un apodo o cognomen: sólo un Fueracasas o Fuerakasas aparece citado en los documentos de Buezo de 950, documentos que reflejan material muy posterior; también en estos documentos aparecen los primeros ejemplos de nombre propio + apodo: Munnio Mannairo o Munnio Manno. El uso del apodo no comienza a regis-trarse en esta documentación hasta principios del XI, no siendo, de todos modos, habitual en el cartulario: Munnio Kovo o Covo 80 (1091), 86 (1094), Nunu Cobo 91 (1098), Tellu Paradiso 123 (1112), Garsia Relanio 150 (1131), Iohannes Albe? 153 (1131), Iusta Bonafilia n126 157 (1132) son los escasos ejemplos que aparecen.

Nombre propio + designación complementaria

Esta estructura incluye generalmente un oficio o cargo: Petro Celerizo o Cellerizo n127 128 (1119), 136 (1123), 141 (1118-1124), 144 (1125), 164 (1135), Vela Ferrero y Didaco Ferrero 149 (1127), Gonsalvo Ferrero 166 (1135), Garsia Merino 170 (1137), Munnio Ferrero 172 (fines XII), Garsia Merino 170 (1137); a menudo es difícil determinar hasta qué punto, en los siglos XI y XII, este tipo de designaciones funcionaba ya como auténticos apellidos, por eso sólo incluyo en 126. Si no se trata de un nombre apuesto, ya que Bonafilia se emplea también como nombre propio (1132).

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Nombre propio + relación de parentesco

Es frecuente también que la designación complementaria que acompaña al

nombre sea la de una relación de parentesco, estructura muy habitual cuando se trata de mujeres: Gontroda, mulier de Semeno 87 (1094), Gontroda, mulier de Sancio Garciez 103 (1106), Sancia, mulier de Lope Ennecoz, 111 (1107), Albariz, mulier de Gonsalvo Alvariz de Lancrares 146 [1126], Bonafilia de Moliniela, mulier de Martin Nuniz, nuera de Nun Suveriz 162 [1132].

Los escasos ejemplos en los que se indican relaciones de parentesco nos permiten intuir la forma de transmisión del patronímico: Munio Didaz, filio de senior Didaç Sancio 111 (1107), Munio Feles, filio de Feles Iohanes 128 (1119), Tellu Iohannes, hermano de Feles Iohannes 128 (1119), Nunu, filio de Nunu de Lagos 133 (1121), Dominico, filio Iohannis Dominici de Ancio 134 (1122?), Didac Lopez et suo iermano Lope Lopez 143 (1125?), Martin Iohannes, filio de Iohan Petriz 146 [1126], Bonafilia de Moliniela, mulier de Martin Nuniz, nuera de Nun Suveriz 162 [1132]. Son muy pocos ejemplos, pero muestran una tendencia a formar el patronímico sobre el nombre propio paterno, salvo la excepción Rodrico Munioz, filio de Rodrico Munioz de Faiolas 143 (1125?), donde el hijo adopta el mismo patronímico que el padre; todos los hermanos comparten patronímico, excepto en el caso de las mujeres, donde el patronímico o, al menos el topónimo del apellido, cambiará, seguramente por matrimonio: Maria Garciez, sorore [de Elbira de Espeio] 176 (1184).

El desarrollo del patronímico

p537

Hemos visto que los patronímicos comienzan a aparecer tímidamente en esta documentación a principios del siglo X: Gondesalbo Tellizi/ Telliz, conde de Lantarón 8 (911) o conde de Castilla 9 (913), Gemelle Victoriz 9 (913), Monio 536 Vigilazi, conde de Álava 10 (919), Albaro Herramelliz, conde de Lantarón 12 (929), Fredenando Gundesalbiz, conde de Lantarón o conde de Castilla 13 (935), 14 (939), 15 (939), 16 (940), Didaco Fredenandoz 16 (940), Fredenandoz Blascoz o Belascoz 16 (940)… Su uso sigue en la misma escasa proporción y generalmente vinculado a nobles hasta principios del siglo XII, momento en que se observa la proliferación de patronímicos, acompañados habitualmente de un topónimo.

Como ya hemos mencionado, caso aparte es la documentación de Buezo, del año 950. En este conjunto de documentos nos encontramos con un número muy elevado de patronímicos con respecto a los documentos datados en Valpuesta; lo mismo puede comentarse sobre los dos documentos iniciales: en el documento 1, de letra gótica, sólo aparecen nombres propios con otro nombre en aposición a modo de patronímico, sin embargo en el 2, con letra gótica, pero de influencia carolina, lo que situaría su creación con seguridad en la segunda mitad del siglo XI, aparecen numerosos patronímicos en - z.

En cuanto a su morfología, a partir del siglo XII se estabilizan los patronímicos en - z, que alternan con los nombres apuestos, éstos en menor medida. Evidentemente el nombre apuesto expresa la simplificación desde la expresión hijo de, no muy habitual en nuestros textos. Durante el X encontramos algunos casos en los que la filiación se indica mediante la expresión latina prolis: Fredenandus prolis Gundesalbi, comite in Castella, siempre en los documentos de Buezo del año 950, donde esta fórmula alterna con Fredenando Gundesalbiz; partiendo de la redacción más tardía de estos documentos, debemos suponer un intento consciente de latinización, toda vez que en el siglo XI se está procediendo ya a la separación de las dos sistemas gráficos: el latino y el romance. Durante el siglo XI tenemos algunos casos de genitivo, del tipo: Munnio Gondesalbi 49 (1035), Veila Lacenti 50 (1039), Tellu Nunni 50 (1039), Beila Sebirie 53 (1050), Didaco Sebirie 53 (1050), Munnio Vincenti 70 (1070), Nunnu Nani 78 (segunda mitad del XI), Telu Aparicii 85 (1092), Iohannes Dominici de Ancio 134 (1122?).


Quizá en ese proceso de latinización que mencionábamos o, al menos, de vacilación entre dos sistemas gráficos, deberíamos enmarcar el uso de patronímicos en - ici y sus variantes en la segunda mitad del X y primera del XI: Munnio Assurizi 38 (966), Fredenando Gundesalbizi 40 (968), Nunnu Obecozi 45 [966-984], Garcea Fredenandizi 46 [966-984], Nunu Ferrozi 50 (1053), Obieco Munioze 53 (1050), Munio Tellize, Feles Beilaze 53 (1050), Gondesalbo Alborozi 55 (1050), Vela Rodrice 169 (1137). O también el uso del genitivo en - nis más habitual en el área oriental de la Península Ibérica n128: Munio Sanzone o Sanzonez, de nuevo en los documentos de Buezo. p538

A fines del X o principios del XI el patronímico en - z debía de estar perfectamente formado, si bien con vacilaciones entre los tipos - az, - ez, - iz- - oz y - uz, de modo que otras formas de patronímicos serían, como venimos sosteniendo, intentos de latinización y como latín ya reformado n129 deberíamos por tanto entenderlas, distinguiendo entre tendencias romances y tendencias latinas o latinizantes n130.

Respecto a los patronímicos en - z, un 13’5% son en - az, un 16% en - ez, un 47’2% en - iz, un 22’5% en - oz y un 0’7% en - uz (3 casos). Incluimos aquí los patronímicos en - ici y sus variantes en - ice, - oci, - oce, incluso en - aza ( Munnio Belaza, 950, docs. de Buezo) porque los consideramos intentos de latinización de los patronímicos en - z.

Los ejemplos más antiguos (no tengo en cuenta los del documento 2) son en - iz y en uz: Gondesalbo Tellizi o Gundesalbo Telluz en el documento 8 (911), también en - az: Monio Uigilazi 10 (919) y en - oz: Didaco Fredenandoz 16 (940); los casos de - ez o el citado Belaza (- az) en documentos datados en el X, pertenecen a documentación de Buezo. No podemos hablar de patronímicos en - ez hasta mediados del siglo XI, en plena dominación navarra: Munio Albarez 54 (1050), ejemplo aislado hasta fines del XI, cuando tenemos en el documento 78: Tellu Ammatez.

n129. GIMENO (2006).

n130. IRIGOYEN (1977: 566-569, n. 9), hace una defensa del origen del patronímico en - nis a través de hablantes vascos - nis> (- nes) > - ns > - iz -itz, partiendo de formas como el Sanzone de Valpuesta de los documentos de Buezo (Briviesca) de 950 –composición en el siglo XI–. Hay que recordar que, en esta documentación, Sanzone convive con Sanzonez. No estoy poniendo en duda tanto este posible origen del patronímico en - z como el uso de este ejemplo como punto de partida puesto que, remarco, se trataría de una latinización propia del momento de adaptación a la reforma carolina.

p539

La terminación en - ez (a menudo con grafía - et) surge con más intensidad a principios del siglo XI, curiosamente en documentos ya redactados en letra carolina, es decir, con un acto consciente del copista de estar manejando dos sistemas gráficos distintos, de ahí quizá la aparición de esa grafía - et, en un intento de buscar el signo apropiado para el sonido romance. No obstante convive con - oz, - iz y, menos, - az (exclusivo para Didaz, Veliaz y Anaiaz), hasta fines del siglo XII, triunfando en el único documento netamente romance de la colección, el 178 (salvo Velaz y Ortiz)131; ponemos fecha a un triunfo que, evidentemente, es sólo gráfico, pues la lengua hablada habría tomado partido mucho tiempo antes.

p540

El empleo del topónimo en la formación de los apellidos

La primera cita de un apellido toponímico la encontramos en los documentos de Buezo de Bureba: 950: Johannes de Solaco 23 (950) o de Solago 24 (950), de modo que, de nuevo, no podemos considerar ésta como la fecha de arranque, sino una muy posterior. Bajo este topónimo, pudiera subyacer el nombre celta Súlaco (la fonología romana trasladó el acento a la penúltima sílaba > Sulágo) n133.

El siguiente ejemplo lo encontramos en un Lain de Ordunia 32 (956), documento sobre una propiedad en Pando.

Ya a fines del X o principios del XI hallamos topónimos en apellidos, curiosamente, femeninos: Anderaza de Arego y Uelo de Pineto, documento 46. Arego es el actual Arreo en la Cuadrilla de Añana, cerca de Salinas (Álava) y Pinedo se encuentra en el municipio de Valdegovía (Cuadrilla de Añana, Álava).

Sólo ya entrado el siglo XI comenzamos a encontrar la estructura compleja de patronímico + topónimo: Felex Beilaç de Gruendes, Etello Didaz de Uilla Auta y Godestio de Reuendeca 50 (1039). Correspondiendo Gruendes al Gurendes de Valdegovía, Uilla Auta parece corresponder al despoblado de Villota en el valle de Losa (Burgos) y Revendeca recuerda al despoblado de Revenga, cerca de San Millán de San Zadornil n134; otro Didaco de Rebendeka 51 (1044) es el siguiente nombre, en orden cronólogico, que contiene en su estructura un topónimo.

[...]

p541

Los topónimos contenidos en los apellidos nos propocionan además otro tipo de información. Su localización en el espacio nos permite averiguar datos que interesarán a los historiadores sobre, por ejemplo, los movimientos de población.

En este conjunto de documentos, los nombres de lugar vinculados al nombre de persona hacen referencia en su gran mayoría a toponimia mayor, núcleos de población medievales situados en el área de influencia del monasterio, algunos ya despoblados; son poblaciones que actualmente se ubicarían dentro de una serie de municipios de las actuales Álava, Burgos y Vizcaya y que envuelven el área de Valpuesta; así, encontramos numerosos lugares pertenecientes n135:

A la actual Cuadrilla de Añana (Álava), en concreto a los municipios de Valdegovía n136 (Astúlez, Acebedo, Bachicabo, Basabe, Corro, Espejo, Gurendes, Fresneda, Magurdones por Villamardones, Minorvilla –despoblado de Villanueva–, Mioma, Pinedo,

n135. Sólo incluiremos aquí nombres de lugar recogidos en apellidos; respecto al resto de la toponimia, ofrece un análisis RUIZ DE LOIZAGA (1995: 67)

p542

Rivo de Ciela –despoblado de Villanueva n137–, Tobillas, Tuesta, Villalta –despoblado de Quintanilla–, Villamaderne, Villanueva n138), Añana (Fontes –despoblado de Salinas–, Orbón –despoblado de Salinas–, Terrazos –despoblado de Salinas–, Salinas, Villacones –despoblado de Salinas–), Lantarón (quizá San Martín, término de Pobes, Alcedo, Caicedo, Tisuenzo, Comunión, Fontecha, Molinilla, el despoblado de Quijera), Ribera Alta (Arreo139, Barrón, Lagos n140 –despoblado– Molinilla, Villambrosa), Ribera Baja e Iruña de Oca ( Lancrares/ Lanclares, o Nanclares).

2) A la comarca burgalesa de las Merindades, en especial, los ayuntamientos o juntas administrativas de: Berberana (a la que pertenece la propia Valpuesta y Berberana), Jurisdicción de San Zadornil ( Sancti Saturnini o San Zadornil, Arroyo, Revendeca –Revenga n141, despoblado de San Millán de San Zadornil-, Villa de Suso –despoblado de San Millán–), Villalba de Losa (Múrita), Junta de Traslaloma (Las Eras, Tabliega, Villalacre), Valle de Losa (Aostri, Robredo).

3) A la comarca denominada de Ebro (Burgos), en torno a Miranda de Ebro, Santa Gadea del Cid y Pancorbo en el límite sur: Encío, Moriana, Ayuelas ( Faiolas), junto a la cual se haya Gorejo – Goregio–.

4) A Orduña (exclave de Vizcaya en territorio alavés): la propia Orduña, Lendoño u Orruño (Barrio de Orduña según la Lista calagurritana).

5) A la comarca de la Bureba, quizá Solaco/ Solago.

6) A Montes de Oca pertenecerían Coscorrita (Cuzcurrita del Río Tirón) y Fontceia (Foncea, actualmente en La Rioja).

7) A la Cuadrilla de Ayala (Álava): Respaldiza.

Es probable que el topónimo que acompaña al individuo en este caso marque su lugar de residencia: “In loco qui dicitur in Villanova de Flumencielo, in Val-falcone, in Macanare super carrera qui pergit ad rio de Ciela et ad Sancti Martini, iuxta casa de Egia Nunu de Macanare” 142 (1125), “Cum una terra in territorio de Moriana et de Faiolas in locum qui dicitur Pozomoruta, illa terra que fuit de don Kilicidi de Moriana” 145 (1126), pero también puede indicar que esos individuos tengan posesiones en ese lugar n142.

n137. Vela de Rivo de Cela 149 (1127?), parece mala lectura del río de Ciela mencionado en el doc. 142 (1125) y que corresponde, según RUIZ DE LOIZAGA (1995: 65), al arroyo de San Martín que desemboca en el río Omecillo en Villanueva de Valdegovía.

n138. Hoy Villanueva de Valdegovía, pero en la Edad Media (vid. doc. 142 (1125)) se denominó Villanueva de Omecillo ( Flumenciello), en referencia al río, que desemboca en el Ebro en Puentelarrá y que la atraviesa. Cf. S. RUIZ DE LOIZAGA (1995: 64).

n139. Arreio, igual que en la Reja de San Millán

n140. Citado como Lagus en la Reja.

n141. Revendeca en la Reja.

n142. Véase al respecto cómo en la Llanada occidental alavesa, cuando un individuo, a fines de la Edad Media, obtiene nuevas propiedades por matrimonio, cambia su apellido por el de su esposa o bien añade otro topónimo al que ya forma parte de su apellido: RAMOS REMEDIOS (1999: II, 228).


p544

Designaciones complementarias: sobrenombres y nombres de oficio

Como ya indicábamos más arriba, al tratar sobre los hipocorísticos, estos documentos no nos permiten acercarnos a la lengua popular o familiar, de la cual suelen ser un buen exponente los apodos o cognomina que reciben los hombres medievales, algunos de los cuales se acabarán fosilizando y dando lugar a apellidos, del mismo modo que un gran número de nombres de oficio.

Ahora bien, el hecho de que estos sobrenombres no se constaten por escrito no quiere decir que, en la lengua hablada, no se emplearan profusamente; no cabe pensar otra cosa por ejemplo en los momentos en que, en torno al siglo X, la lista de nombres personales se estabiliza, mientras aún no ha arraigado el uso del patronímico.

Lo que sí podemos deducir del análisis de esta documentación es que la aparición de los apodos es tardía. La primera documentación se produce en los textos de Buezo: Munio Mannairo o Manno y Fueracasas, hecho que constituye precisamente uno de los argumentos para determinar que se trata de una documentación bastante posterior. El apodo Mañairo o Maño procede del adjetivo mañero ‘esteril’, ‘muerto sin sucesión legítima’ n143. No creo que haya que ver en estas dos variantes del mismo apodo un paso a través hablantes vascófonos (a pesar de tratarse de los documentos de Buezo –Brivisesca–) como quiso ver A. IRIGOYEN (1977: 589), quien lo consideró producto de un cruce entre el lat. –ARIUM y el mismo sufijo transmitido por hablantes vascos n144. Si, como parece evidente, esta documentación fue confeccionada o, al menos, manipulada, en torno al s. XI, la forma Manno pudiera no ser más que una copia de un Mannero (la variante Mannairo será un arcaísmo que refleja la pronunciación real Mannero en el siglo XI) sin desarrollar la abreviatura er.

El siguiente ejemplo es ya de fines del XI: Munnio Covo (1091, 1094, 1098), uno de los casos más claros de apodo, junto con los dos citados de Buezo; Cobo puede hacer relación a ‘calvo’. Otro apodo aparece en Tellu Paradiso (1112).

El Petro Cellerizo que se repite en diferentes documentos de la primera mitad del siglo XII tendremos que considerarlo dentro de la categoría de oficios o cargos en vía de fosilización, aunque, como en el caso de los patronímicos, quizá no se transmita aún de padres a hijos o, al menos, no podemos certificarlo en esta documentación.

n143. DCECH, s. v. mañero. GODOY ALCNATARA (1981 [1871]: 172) menciona un Maino, procedente de Maynerio, con el significado bajolatino de ‘craido, serviente’ FRAGO GRACIA (1977), p. 251, explica de este modo un Dominici de Mainero de Tudela (1202).

Alfonso IRIGOYEN (1990), p. 194, y (1977): 589-592, relacionaba este adjetivo con topónimos como Mañaria, nombre de lugar que también vinculaba a antropónimos del tipo Mannaria (nombre femenino de una inscripción cristiana del siglo V) y otros medievales como Mainerius, Mainer... También CARO BAROJA (1980: 242-243), en el capítulo dedicado a la “Toponimia más enigmática”, sugirió una relación con el antropónimo Masnarius.

n144. A la luz de nombres navarros como Leiore- Leiro- Leier. IRIGOYEN se apoyaba en MICHELENA (1969: n. 51), quien sólo constató que Munnio Mannairo y Munnio Manno eran la misma persona.

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CONCLUSIONES

Poner en relación una pequeña muestra de antropónimos, en un espacio de tiempo concreto (siglos IX-XI) y en un área bien delimitada (antigua diócesis de Valpuesta), con información obtenida de otras áreas en el mismo espacio de tiempo, nos permite extraer una serie de conclusiones conectadas entre sí de tal modo que una lleva necesariamente a la otra:

1) Una primera cuestión que se plantea al analizar este sesgo antroponímico n145 es la del contacto vasco-románico; no podemos obviar esta realidad que ya atrajo a CARO BAROJA, a MICHELENA o a IRIGOYEN, entre otros; existe una conexión entre ciertos antropónimos de Valpuesta y antropónimos documentados desde las inscripciones aquitanas (GORROCHATEGUI, 1984). La mayor dificultad estriba en distinguir entre los verdaderamente vascónicos y otra serie de nombres ampliamente utilizados en zonas vascohablantes, pero cuyo origen lingüístico no tiene que ser necesariamente vasco, aunque sí pueda ser prerromano, indoeuropeo o no. Estos últimos pueden haber arraigado en otras zonas del norte peninsular y quizá sea ese el resultado de su éxito expansivo: Muño, Oveco… Pero hay rasgos especialmente subyugantes como el empleo de los hipocorísticos o de la palatalización expresiva, tendencia claramente vinculada con la lengua vasca.

n145. Elijo conscientemente el término sesgo porque quiero remarcar la arbitrariedad de los cortes que establecemos para el análisis.

p546

2) Al cruzar la información de Valpuesta con la de cartularios de otros monasterios nos preguntamos sobre la posibilidad de establecer áreas antroponímicas dentro del área de influencia vascónica. Hemos partido del artículo de RAMÍREZ SÁDABA (1986), quien, a raíz del trabajo de MICHELENA sobre San Millán de la Cogolla (1976), distingue entre un área occidental (la de Valpuesta) y un área oriental (Leire), con una zona de transición (La Rioja). Coincido plenamente con este punto de partida; además la división de esa área antropónimica que circunda la zona vasca por el sur responde también a una división lingüística en torno al curso alto del Ebro, que idénticamente genera un territorio de transición lingüística en La Rioja (RAMOS REMEDIOS, 1999: 273-275,vol II); es evidente que no sólo el sustrato y el tipo de latinización, sino además los avatares políticos medievales de estas zonas, entre los reinos navarro y castellano-leonés, son el motor de este estado lingüístico. Lo que se viene llamando área antroponímica vascónica, en su sentido amplio, desde Burgos a Navarra, se identifica asimismo con el área de nacimiento del romance hispánico central, con la “mezcla de dialectos” que acabó originando el castellano medieval.

3) Volviendo a los vaivenes políticos que sufren durante los siglos que nos ocupan estas áreas, entre Navarra y Castilla-León, los cruces dinásticos entre estas monarquías conllevaron también un baile de nombres: las Jimena, las Sancha, las Muña, las Urraca o las Toda aportaron, no sólo su dote o sus derechos de sucesión al trono, sino también sus nombres. Y, como nos recuerda KREMER (1987:1587), la onomástica siempre se ha movido impulsada por modas; esas modas, han avanzado desde arriba hacia abajo, de modo que, ya entrados en los siglos IX, X y XI, sobre todo en cuanto a determinados nombres (Muño, Oveco, Eneco, Jimeno, García…), es complicado determinar si su presencia en un texto se debe a con tactos entre la población o a modas que se transmiten a imitación de nobles y reyes.

4) De todos modos, resulta complejo establecer áreas nítidamente delimitadas, más cuando no tenemos una masa de datos siempre fiable, esto es, cuando no se ha hecho una revisión paleográfica de todas las colecciones documentales que manejamos, ni tampoco un trabajo exhaustivo de selección de esas colecciones: así, los textos de una misma colección y sus firmantes proceden de diversas áreas donde se mezclan documentos de zonas y épocas muy distintas, muchos personajes se repiten y otros no tienen relación con el área a la que pertenece el documento. Amén de la documentación falsificada o manipulada en época muy posterior a la fecha o cuyos nombres han sido mal interpretados, no sólo por los transcriptores modernos, sino también por los copistas medievales…

5) Pero incluso en este sentido, la propia antroponimia puede arrojar luz. Es el caso de la documentación de Buezo del año 950 incluida en Valpuesta: la particularidad de sus nombres de persona completa la labor paleográfica a la hora de establecer el momento aproximado de composición de los documentos.

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6) Hemos dicho ya que la onomástica esta sujeta a modas y los documentos de Valpuesta confirman con claridad las tendencias antroponímicas medievales: desde el nombre único al establecimiento en torno al siglo X de una estructura de denominación más compleja que parte de la adición de un patronímico, al que se le acabará añadiendo un topónimo. Esta estructura se consolidará en el siglo XI, momento de cambio determinante, no sólo en lo antroponímico, MORÁN i OCERINJAUREGUI (1997), sino también en lo religioso y lo cultural con la revolución que supone la refor-ma gregoriana, la cual viene a culminar en el XI lo iniciado en la Península en el siglo X por la carolingia (GIMENO: 2006). Esa época revolucionaria, con los nuevos aires que entran desde Europa, supondrá necesariamente un cambio en la tendencia de los nombres propios y aumentará el gusto por los nombres de nueva tradición cristiana o por los de origen fran-co, además del impulso de estructuras de denominación personal cada vez más complejas para poner nombre a situaciones personales diversas.

7) Los movimientos de población que genera esta transformación de la sociedad peninsular, así como los anteriores, motivados por los cambios de signo político o por las presiones demográficas y económicas, quedarán reflejados en la toponimia que se inserta en los nombres.

No obstante, queda aún camino por recorrer: la delimitación de las áreas antroponímicas debe llevarse a cabo a través de la comparación exhaustiva del mayor número posible de cartularios, cuyas transcripciones deberían ser previamente revisadas y cuya documentación debería ser seleccionada siguiendo criterios geográficos y también cronológicos muy precisos. No pueden compararse cartularios que incluyen documentación de los siglos IX y X con cartularios que no arrancan hasta el XI. Es una labor ingente que debiera llevarse a cabo de manera coordinada para poder establecer conclusiones fiables.

ÍNDICE DE ANTROPÓNIMOS

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Event La zona de Briviesca, en la que se circunscribe Buezo, recibiría, junto con la Rioja occidental, una oleada de “pobladores alaveses o vascos occidentales” en torno a los siglos IX y X  +, La huella vasca en el resto de la antroponimia de Valpuesta estaría vinculada a otras razones  +, Los elementos primeros, los de los siglos IX y X, serían fruto de contactos más antiguos entre gentes de habla vasca occidental y los hablantes romances del entorno de Valpuesta  +, La diócesis se asentaba en los antiguos territorios de los Autrigones, los cuales, citando a M.L. ALBERTOS (1970: 121-122) eran un pueblo mixto étnica y lingüísticamente hablando  +, Sostiene ALBERTOS (1970), la relación de várdulos y caristios en territorio alavés con los vascones ya era escasa, a juzgar por los pocos antropónimos vascones en las inscripciones alavesas  +, Mucho más escasas serían las de los autrigones con los vascones  +, ¿Cuándo se produjo el contacto entonces entre las gentes de la antigua Autrigonia y estos portadores de nombres de raíz vascónica?  +, A lo largo de la Alta Edad Media  +, Tendencia de las inscripciones aquitanas a construir “apelativos que aluden a circunstancias personales de sexo, edad o parentesco  + y En la Llanada occidental alavesa, cuando un individuo, a fines de la Edad Media, obtiene nuevas propiedades por matrimonio, cambia su apellido por el de su esposa o bien añade otro topónimo al que ya forma parte de su apellido  +
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