RamirezSadaba1988

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  • Antroponimia vascona y altomedieval navarra, factor de conocimiento étnico-lingüístico de un pueblo
  • José Luis Ramírez Sádaba
  • Príncipe de Viana. Anejo, ISSN 1137-7054, Nº. 8, 1988 (Ejemplar dedicado a: Primer Congreso General de Historia de Navarra. Comunicaciones. Edad Media), págs. 147-160


Es la antroponimia una ciencia siempre valiosa, pero más preciosa cuando las fuentes literarias y arqueológicas son particularmente parcas y poco clarificadoras. De ahí su aplicación para delimitar áreas étnicas y lingüísticas de los pueblos prerromanos. Con respecto a los vascones y sus vecinos, la vieja teoría vasco-iberista, hace tiempo bastante desacreditada, ' dejó paso a otra concepción más indoeuropci- zante, según la cual los indo-europeos habrían penetrado y predominado en la zona meridional de Navarra (al sur de la línea Pamplona-Lumbier-Leyre) y en el territorio de Alava, según criterio de Sayas y Albertos n2. Pero recientemente se han analizado sistemáticamente las relaciones vascones-aquitanos, cuyas ramificaciones alcanzan a los pueblos ibéricos, como han puesto de manifiesto Gorrochategui1984 y Tovar n3.

Esta revisión de posiciones ha sido posible principalmente por el sensible incremento de documentos disponibles, principalmente antroponímicos, debido tanto al hallazgo de nuevas inscripciones romanas como a la publicación de cartularios medie- vales (acompañados en su mayor parte de los índices correspondientes). Todo ello ha puesto a disposición del investigador un caudal tan abundante que se hace necesaria su regulación para evitar el vernos desbordados. Y por eso presentamos esta contribución como un avance de una investigación en curso, con las limitaciones inherentes a las propias fuentes y las resultantes de toda investigación inconclusa.

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Sin embargo nos pareció un deber aportar al Primer Congreso General de Historia de Navarra un estado actualizado de los logros conseguidos gracias a la antroponimia así como algunas directrices por las que encaminar la investigación del futuro. Consecuentemente abordaremos el tema analizando las dos fases documentadas: la antroponimia correspondiente a la época romana y la correspondiente a la época altomedieval, para obtener referencias concretas sobre su perdurabilidad/evolución y sobre su vitalidad o debilidad/aculturación, observando simultáneamente los condicionantes a tener en cuenta para introducir los factores correctores necesarios a fin de llegar a unas conclusiones rigurosamente científicas.

Las primeras referencias a los vascones las proporcionan los romanos, y su primera onomástica conocida aparece ya bajo contexto latino. Es imposible (hoy por hoy) conocer en estado puro el vascón cronológicamente prerromano, y por eso partimos del estado de su facies romanizada. Prescindiendo de las personas de origen alógeno, aunque se documenten en territorio vascón n4, lo que predominan son los nomina y cognomina romanos, siendo menos numerosos los indígenas, cuya filiación lingüística corresponde a dos grupos distintos: uno indoeuropeo y otro no-indoeuropeo. Su distribución es ésta:

n4. Caso, p.c., de Iulius Longinus Doles, soldado de origen tracio, cuyo epígrafe se encontró en Calahorra (C1L II, 2984), como muestra Roldan Hispania y el ejército romano, Salamanca, 1974, pág. 342. Lo mismo puede decirse de L. Pompeius Primianus y L. Sempronius Taurinus con quienes los pompelonenses estipularon pacto de hospitalidad (el segundo fue propuesto además como patrono). Cfr. CIL II, 1958 y I960.

a) Antropónimos romanos: Aeminianus, Apronius, Apruncla, Athenio, Caecilinaus, Carus, Certus, Corneliana, Crysaeis, Felicio, Felix, Festus/a, Flaccus, Flaccinus, Flavus, Fortunatus, Fronto, Fuscus, Geminus, Germanus, Hastatus, Leontis, Leucadius, Licinianus, Licinius, Maternus, Marcellus/a, Martialis, Octavia, Paternus/ a, Patruinus, Peregrinus, Piculla, Pudens, Rustica, Sempronia, Sempronianus/a, Serenus, Severina, Severus, Sextilus, Silo, Stratonice, Successus, Telesinus, Tesphorus, Valerius, Valerianus, Ursinus. Añadamos Fortunius, registrado en IRMN como nomen, que nosotros preferimos interpretar como cognomen n5. Flavus, Hastatus, Maternus representan la continuidad de nombres indígenas latinizados, del mismo modo que para Athenio, Antonia Crysaeis, y los Coeli Tesphorus y Telesinus puede postularse un origen alógeno, pero en cualquier caso se presentan con morfología romana y deben considerarse romanos a efectos antroponímicos n6.

n5. Dichos antropónimos se encuentran recogidos en: CIL II; Inscripciones Romanas del Museo de Navarra (IRMN), por CASTILLO-GÓMEZ PANTOJA-MAULEON, Pamplona 1981; «Placa de bronce con inscripción procedente de Ándelos» por MIZQUÍRIZ M.J. A. en Trabajos de Arqueología Navarra, 4, I. Príncipe de Viana, Pamplona 1985; «Nuevas inscripciones romanas» por RUBIO ALIJA J. en Zephyrus VI (1955) 295-99; «Dos aras romanas de Garisoain por JIMENO JURIO J.M.en Príncipe de Viana, 138-139 (1975) 111-12; y «Nuevas inscripciones de Navarra» por GÓMEZ PANTOJA, J., en Príncipe de Viana, 154-155 (1979), 5-30.

n6. Athenio podría ser un dispensator municipalis (hipótesis de IRMN, págs. 95-96). Sin entrar a debatir a tondo la cuestión (non est hic locus) obsérvese que no hay ningún municipio próximo, y que tanto su nombre como el de su dedicatoria (Antonia Crysaeis) parecen abogar por un origen alógeno y lejano. Lo mismo cabe argumentar de los Coeli Tesphorus y Telesinus, máxime cuando Kajanto reclama para este último cognomen la ciudad de Telesia como origen (vid. The latin congnomina, Ed. Bretschneider, Roma 1982, 50-52). Por otra parte, no hay que olvidar (aunque no se hayan incluido por el caracter, de Historia de Navarra que tiene este Congreso) que hay otros vascones como Valerius Beltesonis en Oyarzun o Municia Procula y Avia en Jaca.

b) Antropónimos indo-europeos: Ambatus/a, Boutia, Calaetus, Cantaber, Celtus, Doitena, Equesus, Magilo, Viriatus, Vironus, Betunus y probablemente Arquius y Vendio n7.

n7. Como ha observado UNTERMANN (Elementos de un atlas antroponimico de la Hispania antigua, B. P. H., Madrid, 1965) varios de estos nombres tienen su centro en Celtiberia: Ambatus, Betunus (su variante Bedunus), Calaetus, Cantaber y Vironus, mientras Arquius, Boutius, Viriatus y Celtus (vanante Celtius) lo tienen en el área lusitano-galaica, y Doitena ν Magilo se hallan principalemtne en Lusitânia Orientai y Asturias. La filiación de Vendio es dudosa (vid. mapa 83), y para la de Arquius recuérdese que «argin» en euskera significa «cantero», aunque la pronunciación (arkwi) induce a pensar en un origen indoeuropeo y no euskerico.

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e) Antropónimos no-indoeuropeos: Abisunhar, Acnon, Andio, Araca/Araica, Atta, Buturra, Coema/Coemia, Geseladion, Nanena, Narhunges, Ordunetsi, Urchatetel, Sahar, Umme y los teónimos Lacubegui, Loxa/sa, Peremusta y Selatsa. Con el ibero se relacionan Ordunetsi y Urchatetel, mientras que se detectan elementos aquitanos en Abi (sunhari), Atta, Narhunges, Selatse y Umme-Sahar, y morfología y lexema euskéricos pueden postularse para Andio, Losa, Umme-Sahar y tal vez Selatse n8.

n8. Sin espacio para una discusión en detalle, nos limitamos a recordar que Abi, And (ossi), Atta, Ume/Ombe, Sahar, Selats, contienen elementos aquitanos, así como Ordunetsi y Urchatetelli los contienen de tipo iberico (vid. Gorrochategui, op. cit. 258 ss.). Incluimos los teónimos porque son vestigios evidentes de unas creencias (arraigadas y presuntamente antiguas) que no tienen relación con el mundo indoeuropeo (vid. Ramírez Sádaba J. L. «Las creencias religiosas, perviviencia última de las civilizaciones prerromanas en la Península Ibérica» en La Religión romana en Hispania, Madrid 1981, 228 ss.).

Araca/Araica pertenece a un grupo onomástico extendido por el Norte, según Untermann (op. cit. mapa 11), pero en nuestra opinión se ha agrupado un material heterogéneo. Araca/Araica parece contener un lexema frecuente en la hidronimia pirenaica (Ara, Arga, Araquil, etc.) que se localiza en zonas montañosas y al que se atribuye una filiación pre-indoeuropea (vid. Dauzat, Deslandes, Rostaing, Dictionaire étymologique des noms de rivières et de montagnes en France, Klinsieck. París, 1978, voz AR, pág. 20).

Prescindimos de Alpetus, Marsille, Pesine o Fesine, Pimaus y Coisi, por ser lecturas dudosas o nombres cuya indocumentación en el CIL II aconseja mantener ciertas dosis de prudencia, antes de elaborar hipótesis n9.

n9. Los autores del IRMN mantienen sus dudas respecto a Marsille y Fesine (nombres que, por otra parte, no se encuentran en el CIL II). Alpetus es una lectura más verosímil, pero tampoco segura, y tampoco existen el en CIL II Pimaus ni Coisi, que son las lecturas de GÓMEZ PANTOJA, op. cit.

La evidencia antroponimica así diseccionada permite inferir:

-Lo avanzado del proceso de aculturación. Los nombres romanos son mucho más numerosos que los indígenas, pudiendo detectarse la fase intermedia del proceso en casos como el de Calpurnia Urchatetel. Mientras el nomen evidencia su relación con una gens romana, el cognomen implica su vinculación lingüística (y presumiblemente étnica) con el mundo ibérico, lo que corrobora el nombre Ándelos lugar donde se halla la inscripción. Ándelos (en el centro del territorio vascón) contiene un lexema documentado en Aquitania y en el área ibérica n10.

n10. Para Ándelos postula GORROCHATEGUi (op. cit. pág. 139, siguiendo la teoría de Michelena) un elemento «and» relacionable con el euskera «andi» = grande, que se encuentra en el antropónimo aquitano And-ossus/And-oxus, y que Caro Baroja también pone en relación con los Andossini (op. cit., pág. 165).

—La dispersión de la onomástica no-indoeuropea por la mayor parte del territorio vascón (prácticamente por todo el que está representado epigráficamente). En el Este destaca el sector Sangüesa-Eslava-Lerga-Ujué. (Ummesahar, Abisunhar, Narhunges, Peremusta, Lacubegui) que tiene claras conexiones lingüísticas con las Cinco Villas de Aragón (donde se encuentran Narungeni, Ederetta y los segienses de la Turma Salluitana). Pero conviene observar y retener, asimismo, que rebasa Estella por el Sur y por el Oeste (Ordunetsi en Mues y Selatse en Barbarin, que podría relacionarse con Helasse en Minano Mayor n11.

n11. Cfr. GORROCHATEGUI, op. cit., pág. 330, y con razones más pormenorizadas en «Acerca de Helasse, teónimo indígena atestiguado en Minano Mayor (Alava)», Veleia, 1 (1984), 261 ss.


-La onomástica indoeuropea se aduce como prueba de la penetración de grupos étnicos de origen centroeuropeo, especialmente densos en el sector más suroccidental, precisamente la zona de contacto con berones y várdulos (Aguilar de Codés, Maráñon y Gastiain) n12.

n12. Los romanos no tuvieron interés alguno en precisar los límites de los vascones, y éstos se determinan en función de los «pueblos» que les atribuyen. Las «civitates» vasconas quedan lejos del sector sur-occidental, con lo que los límites son difíciles de definir. La más próxima es la berona Varcia, y entre las vasconas las que más se aproximan son Calagurris, Cara, Ándelos y los Aracelitani (tómese la fuente que se tome: Plinio el Viejo, III-3-4; Ptolomeo, II-6-66 o los Itineraria Romana). Todo el sector occidental de Tierra Estella consituye un vacío en el mapa.

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Se hace, en consecuencia, ineludible la comparación con la onomástica de época romana para ver si existe continuidad o si, por el contrario, los cambios ocurridos en el transcurso del tiempo han producido una ruptura con la situación anterior.

Otra prueba (o al menos otra variable que permitiría precisar aún más esta situación) la aportaría el contraste con la antroponimia altomedieval que existió en la orilla vascona del valle del Ebro (de Calahorra a Tudela) antes de la expansión navarra. Permitiría comprobar si el grado de romanización constatado en Calagurris había consolidado una onomástica totalmente diferenciada de la pirenaica o legerense, sín- toma o efecto de una división lingüística del primitivo territorio vascón en dos subáreas: la septentrional y la meridional.

Pero los documentos a nuestro alcance no resuelven la cosa. Una inferencia puede obtenerse de una zona no vascona, sino berona (la correspondiente a la Rioja Alta), donde existe onomástica temprana conteniendo nombres romanos, germánicos, vascones pirenaicos (= legerenses) y vascones occidentales (denominados también castellanos o de Valpuesta).

Los vascones pirenaicos se potenciaron con la ocupación navarra, pero los romanos y germánicos desaparecieron, lo cual induce a Ubieto a pensar que esta innovación onomástica implica la ruptura con la cultura romano-visigoda que había sobrevivido a pesar de los efectos de la invasión musulmana, ruptura imputable por tanto al reino vascón de Pamplona n28.

Todo ello abre nuevas perspectivas que precisan una maduración que ahora no estamos en condiciones de hacer.

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Pero parece claro que esta antroponimia pirenaica tenía un área de difusión muy amplia y los factores políticos y militares la potenciaron y expandieron.

Los efectos de esta expansión pueden comprobarse analizando documentación procedente de los centros más meridionales como Calahorra o Sto. Domingo de la Calzada. En este último se percibe la influencia progresiva de la onomástica castellana a lo largo del siglo XIII. La onomástica navarra se mantiene todavía, pero en forma regresiva, al contrario de lo que ocurrió en territorio najerense a partir del 922 según acabamos de ver. En Calahorra, a partir de 1045, hay onomástica islámica junto a la pirenaica o legerense, que va siendo sustituida por la de cuño castellano. Pero esta sustitución, lo subrayo, no es uniforme: se impone en las zonas que cayeron bajo dominio del rey de Castilla, mientras los feligreses del obispado que serían siendo súbditos navarros conservaban la onomástica precedente, i.e., la legerense n29.

Independientemente de las consideraciones que el análisis anterior pueda sugerir, la síntesis que proponemos por nuestra parte es la siguiente:

1 .-La documentación utilizada es para-representativa

2.-La onomástica latina tiene escasa continuidad en época medieval. De los nombres de amplia difusión solamente son latinos Acenar, Auriol, Fortunio y Lope a los que se pueden añadir otros más esporádicos como Armentari, Gent ido y Falcon 30. Pero sorprendentemente el único que tiene documentado su antecesor en la epigrafía latina hallada en territorio vascón (precisamente en Liédena) es Fortunius, lo que efectivamente ha sido subrayado hace tiempo 31.

Pero la que tiene una continuidad claramente ininterrumpida es la onomástica ibero-aquitana (además de ciertos rasgos lingüísticos que también existían en el área aquitana). A este contexto cultural pertenecen Bela/Βelasco/Blasco, Eneco, posiblemente Semeno, apelativos del tipo Zaharra y Andere e incluso algunos elementos de composición 32.

Al mismo tiempo resulta sintomática, y por eso lo destacamos, la nula presencia de antropónimos de origen indoeuropeo en época medieval.

3.-La onomástica medieval es particularmente original con respecto a la onomástica latina (no se encuentra ninguno de los nomina más frecuentes y extendidos -ni siquiera Sempronius-) e incluso con respecto a otras zonas geográficas de la misma época (por próximas que estén). Aunque algunos nombres legerenses se extienden por el Valle del río Aragón, son varios los que parecen tener su núcleo principal en Leyre (Acenar, Bela/Belasco, Eneco, Fortunius, Garcés, Sanz/Sancio/Sanso, Semeno) y de ellos algunos parecen tener una etimología claramente euskérica, como Bela/Belasco, Garcés y Semeno 33. Este sustrato indígena aparece fortalecido por la frecuencia de apodos, también de filiación euskérica, y por el tipo de preferencia utilizado para la formación onomástica, tomado a partir de la denominación de determinados animales (Acenar, Lope/Oxoa, Bela/Belasco, Garcés/García, Armentan, Falcon).

La amplia difusión de algunos de estos nombres (Lope, Sancho, Iñigo), y la progresiva desaparación de otros (Laburra, Garbisso, Gardele) permitiría detectar la influencia de ciertos rasgos como el prestigio social, los efectos de la conquista, etc., pero en este momento nos desviaría de nuestro objetivo n34.

4.-Esta originalidad ha podido conservarse y manifestarse por la vitalidad de la lengua de los vascones (= el euskera). Además de la pervivencia de rasgos identifica- dos en las lenguas prerromanas ya mencionadas, la lengua de los vascones tuvo vitalidad para modificar, conforme a sus propias leyes fonéticas, nombres del más estricto origen latino, hecho claramente perceptible en Aceari, Balcoe, Orti, Guendulo. Rasgos fonéticos tan característicamente euskéricos como la relajación de la /n/ intervocálica, la de la /f/ inicial, o la fluctuación de guturales o labiales en su modo de articulación, alteraron los nombres latinos hasta hacerlos casi irreconocibles (caso de Balcoe). Los dobletes del tipo Acenari/Aceari permiten, a su vez, detectar procesos de avance-retroceso o sencillamente una situación de bilingüismo n35. Esta vitalidad ha teñido la toponimia navarra con unos colores claramente distintivos, lo que permitió inferir a Caro Baroja ciertos rasgos propios del euskera, lo que, aunque no corresponde a este lugar, tampoco puede omitirse, por ser otra vertiente (en definitiva onomástica también) en que se manifestó con claridad n36.

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