Quiros2011

De EsWiki

  • Juan Antonio Quirós (2011).
  • Title: La arquitectura doméstica en los yacimientos rurales en torno al 711.

p66

Sin embargo los espacios rurales altomedievales del cuadrante nordoccidental de la península y sus construcciones domésticas han sido casi absolutamente desconocidos hasta hace poco más de diez o quince años.

Yacimientos rurales como Lancha de Trigo (Palacios et alii, 1958), Cañal en Pelayos (Fabián et alii, 1985; Storch, 1998) o yacimientos fortificados como Monte Cildá (García Guinea et alii, 1966) o El Castellar de Villajimena (García Guinea et alii, 1963), y en una área más lejana, el Bovalar (Palol, 1986), constituyeron durante decenios, los únicos referentes arqueológicos de las ocupaciones rurales altomedievales en nuestro territorio.

Una de las características principales de estos yacimientos es que cuentan con arquitecturas realizadas en piedra, de tal manera que resultaba entonces imposible verificar si efectivamente había arquitecturas de madera y de otros materiales pobres en la Alta Edad Media peninsular, tal y como ocurría en otros sectores europeos.

Hay que tener en cuenta que la hegemonía intelectual que han tenido paradigmas como el del despoblamiento masivo del Duero en la Alta Edad Media (Sánchez Albornoz, 1966) o el hecho de que las denominadas “necrópolis visigodas” estuviesen aparentemente aisladas respecto a los espacios habitados, aunque seguramente los asentamientos estuviesen próximos (Ripoll, 1989: 396-399), ha hecho soportable, en cierto modo, el silencio de los espacios habitados rurales altomedievales.

Y aunque a partir de finales de los ochenta, y sobre todo los noventa, fueron legión los que cuestionaron el primero de estos paradigmas y propusieron nuevos escenarios interpretativos, el poblamiento rural siguió siendo esquivo e inaprensible, de tal forma que se terminó por abrazar un nuevo paradigma que caracterizaba las formas de ocupación del espacio altomedieval como “dispersas”, tal y como proponían varias escuelas europeas (Chapelot, Fossier, 1980).

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Conclusiones

Una primera conclusión que hay que plantear es que queda mucho trabajo por hacer en torno a esta temática.

Es preciso superar la mera constatación de la existencia de agujeros de poste, rozas y otras evidencias de ocupaciones domésticas y hacer un esfuerzo para recuperar plantas integrales y comprensibles que permitan crear una masa crítica de estudio de una cierta entidad.

Necesitamos, además, ediciones sistemáticas de los muchos yacimientos aún inéditos y depurar notablemente nuestros instrumentos de análisis, dando prioridad al estudio de los registros arqueobiológicos y realizando análisis de fosfatos sobre las superficies de estas construcciones, que tan buenos resultados han proporcionado en otros contextos europeos (Hamerow, 2002; Milek, 1999).

Además queda pendiente por realizar un estudio sistemático de los documentos escritos, similar al que ha realizado P. Galetti en Italia (Galetti, 1997: 2001).

En segundo lugar hay que plantearse cuáles son los motivos por los que la arquitectura en materiales efímeros y en madera parece localizarse únicamente en el área septentrional de la península, salvo la excepción ya señalada.

¿Refleja tendencias de fondo o solamente el estado actual de la investigación?

Recientemente este problema ha sido planteado en el caso del sur de Italia por P. Arthur. Este autor (Arthur, 2010), retomando otros trabajos previos, ha cuestionado el planteamiento maniqueo que atribuye el empleo de la arquitectura doméstica en piedra al sur de Europa y el uso de la madera al área septentrional, y ha trazado un cuadro mucho más articulado.

En tercer lugar hay que señalar que los datos disponibles permiten plantear ya algunas tendencias que habrá que desarrollar en el futuro.

La arquitectura doméstica de los siglos VI y VII en la meseta muestra la emergencia de formas de habitar que son novedosas respecto al período inmediatamente precedente.

De la misma forma que la gestión de los procesos productivos se descentraliza y se transfiere a las comunidades campesinas, también los procesos constructivos se resuelven en el seno de estas comunidades.

Este ambiente técnico y productivo determina las soluciones adoptadas, lo que se traduce en una simplificación y selección de los ciclos de producción.

Ello no implica, en cualquier caso, que cada uno se construye su casa.

Ciertamente se socializan y se incorporan en clave tecnológica ciertos saberes constructivos, pero los rasgos de complejidad que muestran algunos edificios y procesos constructivos (como pueden ser las cubiertas de tejas) así como la homogeneidad de ciertas soluciones, implican la existencia de artesanos dotados de cierta especialidad.

Probablemente son pocos, son itinerantes y trabajan hombro con hombro con los propios campesinos, pero su impronta es indudable.

Al igual que en Italia (Gelichi, Librenti, 1997: 215) y en otros sectores europeos, hacia el VII-VIII se produce un cambio significativo en las tipologías y en las técnicas constructivas.

Es entonces cuando vemos aflorar las primeras longhouses, que hemos sugerido que puedan interpretarse en términos de marcadores sociales.

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Por sus dimensiones y sus características constructivas son edificios que requieren de una mayor sofisticación y una mayor inversión que podría sugerir la existencia, en fechas tan tempranas como el 700 ca, de élites dotadas de una importante capacidad de inversión social.

Además, estas construcciones se caracterizan por una larga perduración y una mayor estabilidad en las formas de apropiación y gestión del espacio.

En cambio, en la mayor parte de las aldeas que se desarrollan a partir del 700 en el norte peninsular, los ciclos de vida de las viviendas son muy cortos y las unidades domésticas vienen reconstruidas de forma recurrente.

En muchos agujeros de poste no se hallan huellas de los propios postes, lo que sugiere que muchos de estos edificios eran desmantelados y de hecho tenemos constancia en la documentación escrita de la práctica de este desmontaje y reutilización de los postes, tanto en España como en Italia.

La variabilidad de soluciones arquitectónicas y sus características colocan, en este caso, en primer plano a las comunidades campesinas como actores de los procesos constructivos.

Y es en el seno de este ambiente técnico en el que se observa la generalización de los zócalos de piedra en el siglo X o las nuevas formas de articulación de las unidades domésticas contiguas que caracterizarán las aldeas norteñas hasta que, como resultado de la formación de las parroquias, se produzca la compactación del caserío rural tal y como todavía lo reconocemos hoy en día.

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