PozoFlores2011

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J. Caro Baroja encontró en la débil romanización de los vascones la explicacin de los conflictos que las fuentes de los siglos VI y VII describen entre éstos y los reinos visigodo y merovingio.

Tal idea ha sido admitida por la mayor parte de los historiadores que han estudiado la cuestión.

Sin embargo, su aceptación trae aparejado un método típico de la primera mitad del siglo XX que es difícilmente admisible en la actualidad.

Este lastre ha impedido el avance de la investigación, dando lugar a que varias décadas después de Caro Baroja, la percepción de los habitantes de Vasconia tardoantigua como una población subromanizada no haya variado.

Tabla de contenidos

Introducción

p190

En torno a los vascones de la Tardoantigüedad es habitual hablar todavía hoy de pervivencias ancestrales ancladas en la Protohistoria.

Creemos que semejante peculiaridad tiene más que ver con la historiografía que con el análisis histórico.

En buena medida, traduce la formidable vitalidad de las propuestas hechas en 1943 por J. Caro Baroja en su obra fundacional Los Pueblos del Norte3.

En contraste con los avances que se han producido en el conocimiento de las sociedades post-romanas en Occidente, la imagen sobre los vascones de los siglos VI y VII sigue siendo, a grandes rasgos, la misma que hace varias décadas.

Nuestro propósito aquí es tratar esta cuestión, pero no tanto desde el punto de vista del mero examen historiográfico —que no deja de ser interesante—, como desde el de los efectos que la aceptación incondicional de determinadas tesis han tenido sobre el método mismo utilizado por la gran mayoría de los historiadores que se han ocupado de la Vasconia tardoantigua.

LA ESCASA ROMANIZACIÓN DE LOS VASCONES: LA GÉNESIS DE UNA IDEA CLAVE

En el páramo académico de la posguerra, no fue mérito pequeño de Caro Baroja el haber sido capaz de elaborar una sólida propuesta sobre la historia de los vascones del periodo germánico.

Interesado por los conflictos que les enfrentaban con los reinos visigodo y merovingio, Caro Baroja volvió su mirada hacia la situación social de la región a finales del periodo romano.

Encontró la explicación última del problema en la existencia de dos zonas socialmente contrapuestas en el interior de Vasconia4.

En la parte meridional, el ager, vivían según los parámetros de la romanización, mientras que las gentes de la vertiente atlántica, el saltus, pese a pertenecer políticamente al Imperio, se habían mantenido social y culturalmente independientes, ajenas a la romanización5.

Su propuesta se sostiene en dos pilares.

Por un lado, la Historia social y económica del Imperio Romano de M. I. Rostovtzeff le proporciona el marco general sobre la sociedad romana6.

Por otro, la distribución de los restos arqueológicos constituye la prueba de la escasa romanización de los habitantes de la Vasconia atlántica.

Publicada en el 1926 (traducción española del 1937), la influyente síntesis de Rostovtzeff está construida a partir de las investigaciones de un número reducido de autores que él cree representativos del saber sobre cada región del Imperio.

Para Hispania, lo fundamental son los trabajos de A. Schulten sobre las excavaciones llevadas a cabo a finales del siglo XIX en Numancia.

Como se ha señalado recientemente, Schulten es la referencia fundamental entre los especialistas de historia antigua peninsular de la primera mitad del siglo XX7.

La concepción que Schulten tiene de la romanización es la propia de su época.

En esencia, el grado de romanización de un territorio se medía por el número de elementos epigráficos, monumentales, arqueológicos… que albergaba.

De este modo, pese a que los vestigios encontrados en Numancia romana eran similares a los del resto de ciudades del Imperio, Schulten piensa que la ciudad se movía en un horizonte de romanidad muy pobre, visto el reducido número de inscripciones halladas —tan sólo tres— y el hecho de que ni tan siquiera tuviera teatro8.

Igualmente, a través de la suma del total de inscripciones descubiertas en cada región de Hispania concluye que la Bética y el conventus Tarraconensis serían las más romanizadas, seguidas de la parte sur de Lusitania, el conventus Cartaginenensis, Asturias, Galicia y la Celtiberia9.

Al margen de las investigaciones de Schulten, Rostovtzeff también cita un artículo de R. K. McElderry de 1918 en el que dedica un apartado específico a la política desarrollada por Vespasiano en el noroeste de la Península, es decir, en Asturias y Galicia, territorios que según el autor necesitaban y recibieron una especial atención por estar alejados de los focos de civilización10.

McElderry sostiene que, a partir de Vespasiano, tanto esos territorios como sus gentes estaban bien integrados en el mundo romano.

Sin embargo, Rostovtzeff minimiza la posible aportación de McElderry a su síntesis.

Prefiere, como Schulten, diferenciar dos zonas atendiendo a su grado de romanización.

En la Bética y la costa mediterránea el modo de vida romano estaría totalmente implantado.

Por el contrario: “las tierras altas de Lusitania y de la provincia Citerior, especialmente en los distritos de los celtíberos, los astures y los galaicos, la romanización no rebasó un nivel muy inferior”11.

Según su opinión, que Vespasiano otorgara el derecho latino a toda Hispania no significa que todas las tribus estuvieran ya completamente romanizadas.

De hecho, piensa que la mayor parte de los habitantes de la Península permanecían en el mismo estado que antes de la ‹‹romanización›› total del país, viviendo la vida habitual de la tribu y suministrando soldados para las tropas auxiliares del ejército romano.

El principal argumento esgrimido es el tratamiento que reciben los astures en un texto de la guerra contra los dacios en el que son denominados symmachiarii, término que según el autor se aplicaba a las unidades reclutadas entre los elementos no romanizados del Imperio12.

La obra de Rostovtzeff es decisiva en Caro Baroja.

No sólo le sirve como referente en el que enmarcar la situación del norte de la Península Ibérica, sino que le proporciona pautas metodológicas.

Al fin y al cabo, aplica el conocimiento historiográfico y las herramientas hermenéuticas de su época.

Así pues, Caro Baroja se esfuerza en precisar el estado en el que se encuentran los habitantes del Noroeste peninsular.

De hecho, el mapa arqueológico resultante de los restos encontrados en Vasconia constituye la clave fundamental de su argumentación13.

Es evidente el contraste entre el gran número de restos descubiertos en el entorno y al sur de la vía que iba de Astorga a Burdeos (Iter XXXIV), y la escasez de los mismos en el área situada al norte.

En realidad, se trata de un argumento ex silentio basado en la escasez de los hallazgos en las montañas atlánticas y pirenaicas14.

Hallazgos por cierto de cuya atribución cultural romana no hay duda.

Lo dicho por Schulten para Numancia sirve igualmente para describir la situación de la zona montañosa de Vasconia: “todos los restos encontrados son puramente romanos”15.

De igual modo, el trasfondo de Rostovtzeff es patente en otra de sus hipótesis de partida.

La cultura material de los astures no puede ser reflejo sino de su barbarie16; luego la semejanza de los epígrafes con los de la Vasconia atlántica justifica la extensión de la imagen bárbara de los astures hasta el Pirineo17.

Estamos así ante la idea de la unidad cultural de los pueblos del Norte, avalada entre otros testimonios, según Caro Baroja, por: “la aparición de una extraña «era consular», que algunos juzgan distinta de la era hispánica”18.

Es muy elocuente observar que Caro Baroja estaba al tanto de las publicaciones de J. Vives en las que afirmaba, a partir del análisis de la mayor parte de las estelas y epígrafes del contexto peninsular, que simplemente se trata de la era hispánica19.

La convicción de la geografía variable de la romanidad según Rostovtzeff fue lo suficientemente fuerte como para empujar a Caro Baroja a referirse a una bibliografía muy anterior.

Convencido pues de la escasa romanización de los habitantes de la Vasconia atlántica, Caro Baroja no necesita analizar los restos hallados en el territorio.

Los mismos elementos que en la zona meridional de Vasconia servirían para demostrar la romanización del territorio, al norte no testimonian sino la barbarie de los habitantes20.

Pero no hay ningún análisis epigráfico, ni referencia bibliográfica que apoye su hipótesis.

Tampoco se explica cuál es la diferencia entre una estela epigráfica romana y otra menos romana21.

Sus conclusiones son el resultado de una actitud impresionista, no metódica.

Al igual que hace con los restos arqueológicos, Caro Baroja resta valor a la eficacia de diversos y bien conocidos mecanismos romanos de aculturación.

Se repite la paradoja: aquello que en cualquier otro lugar demostraría la integración del país en el mundo romano, en la Vasconia septentrional actuaría en sentido contrario.

Así, por ejemplo, afirma que los funcionarios acudirían de vez en cuando a la Vasconia atlántica.

Desecha la posibilidad de que existiera una administración estable en el territorio y no duda en calificar esa presencia de “servicios especiales”.

Asimismo, supone que las calzadas, de existir, serían de muy mala calidad, por lo que los altos cargos de la administración imperial solamente franquearían estos territorios para inspeccionar los trabajos mineros, reclutar soldados y otras comisiones.

Indica en nota a pie de página que en el término de Arditurri (Oyarzun) hay referencias a trabajos de minería romanos22.

Pero desdeña las noticias por considerarlas de poca consistencia.

En cambio, cree que en el noroeste de la Península sí habría focos de romanización más importantes gracias sobre todo a la explotación de los yacimientos auríferos23.

En resumen, Caro Baroja resta valor tanto a los materiales arqueológicos, como a los mecanismos de aculturación.

Realidades que en otros lugares son consideradas romanas, en la zona montañosa del País Vasco y Navarra son muestra de la barbarie de sus habitantes.

El nivel de romanización de la región se evalúa en función del número de hallazgos efectuados en la misma y la calidad de los objetos encontrados.

En ningún momento se tienen en cuenta variables geográficas —los macizos montañosos nunca en la Historia han acogido núcleos de población estable— o de orden socioeconómico.

EL CONDICIONANTE METODOLÓGICO

La pobre romanización de las gentes de la Vasconia atlántica pasó de hipótesis a explicación de todos los hechos relacionados con ellas24.

Por esta razón, Caro Baroja obvió la crítica de las fuentes y les otorgó de antemano plena confianza en su literalidad.

Si los vascones de época germánica no admiten el dominio visigodo o franco, es porque son unos bárbaros.

Por eso los autores de la época les atribuyen algunas cualidades como la ferocidad o la perfidia.

En este sentido, es esclarecedor echar un vistazo al pasaje en el que narra los conflictos de los siglos VI y VII.

Simplemente acumula una detrás de otra las campañas que relatan las fuentes25.



n25

“Para defender el N. de Castilla fundó Leovigildo, después de una guerra feliz contra ellos, la ciudad de Vitoria (año 581), no lejos de la vieja y quemada Iruña.

Su hijo Recaredo también hubo de combatirlos, así como Gundemaro. Hacia el año 623 Suintila llevó a cabo una expedición eficaz contra los constantes enemigos, pero después aún lucharon contra ellos Recesvinto y Wamba.

En la epístola del obispo Tajón a Quirico, refiriéndose a la sublevación de Froia contra Recesvinto, se pinta de un modo significativo la incursión gravísima de los vascones en el valle del Ebro, a que dio lugar tal sublevación: «Huius itaque sceleris causa gens esfera Vasconum Pyrenaeis montibus promota, diversis vastationibus Hiberiae patriam copulando crassatur».

Siempre el vascón sale de los montes. Y sus entradas en las tierras del S. no le impedían lanzarse también a la rapiña hacia las llanuras aquitanas”.

El poeta Venancio Fortunato canta las luchas de Chilperico contra él, y los éxitos del «comes» de Burdeos, Galactorio.

Gregorio de Tours, narrando los hechos del año 587, pinta una típica expedición vascónica: «Vascones vero de montibus prorumpentes in plana descendunt, vineas, agrosque depopulantes, domos tradentes incendios, nonnullos abducentes cautivos cum pecoribus, contra quos saepius Austrovaldus dux processit…».

Fredegario alude a las luchas de Teudeberto y Teuderico (años 601-602), y de Dagoberto, entre otras.

La técnica guerrera de los vascones fue siempre la misma: atacar imprevistamente y retirarse a las montañas en cuanto encontraban un enemigo superior, lo cual no era difícil, dado su escaso número.

La frecuencia con que quebraban los pactos y alianzas les dio fama de ligeros. El biógrafo de Ludovico Pío, por ejemplo, dice en cierta ocasión: «Vascones, ut sunt natura leves».

Existen otros textos parecidos”

CARO BAROJA: Los Pueblos del Norte, pp. 132-134.


En las catorce citas a pie de página que acompañan al texto, sólo se ofrece la referencia de la fuente.

Ni una alusión a los estudios previos de la obra de los escritores tardoantiguos.

Ni siquiera se citan trabajos equivalentes al de Rostovtzeff para el período imperial que sirvan para enmarcar la situación social y política de la Vasconia de los siglos VI y VII en la historiografía contemporánea26.

En definitiva, J. Caro Baroja dejó en 1943 construido el armazón de la historia de los vascones.

A partir de entonces, la explicación se ha remitido sistemáticamente a la pervivencia de estructuras sociales arcaicas.

Esto ha condicionado la metodología utilizada, no sólo porque la explicación última de lo que se quiere demostrar escapa a la competencia de los especialistas de la Tardoantigüedad, sino también porque la acumulación de datos ha hecho el papel de prueba.

Un segundo e importante hito en la historiografía referente a los vascones lo constituye el influyente artículo de A. Barbero y M. Vigil Sobre los orígenes sociales de la reconquista: cántabros y vascones desde fines del Imperio Romano hasta la Reconquista publicado en el año 1965.

Como se sabe, estos autores aplicaron a los pueblos del Norte la concepción evolucionista de la historia que primó durante mucho tiempo en el estudio de las fases arcaicas de Grecia y Roma, con un referente muy claro en la obra de L. H. Morgan y la divulgación de F. Engels.

En la utilización de los términos gens y gentilitas y el uso del genitivo plural asociado al nombre personal en las formas onomásticas vieron las pruebas de la supervivencia de la vida tribal, levemente modificada por la romanización, en una fecha tan avanzada como finales del siglo IV.

Tal supervivencia sería extensible a los pueblos que habitaban la Meseta, el norte y el noroeste de la Península.

Rebasa los límites de este estudio extenderse sobre el abandono tanto de la concepción evolucionista como de la interpretación en este sentido de los documentos epigráficos por la gran mayoría de los especialistas de la Antigüedad27.

Barbero y Vigil integraron sin modificación alguna la propuesta de Caro Baroja y asumieron que los vascones de la Tardoantigüedad vivían en un estadio anterior al de la romanización.

Es muy elocuente que también estos autores utilizaran la acumulación como prueba.

Así, 34 citas acompañan al relato de los conflictos entre los pueblos del Norte, sobre todo vascones, y los reinos germánicos, y todas ellas consisten solamente en referencias de las fuentes o en la transcripción de algunos fragmentos28.

Ahora bien, la trascendencia de Barbero y Vigil desde el punto de vista de la historia vascona radica en el peso decisivo que su obra ha tenido en el medio académico entre los años 70 y 90 del siglo pasado.

Se puede decir que su trabajo dio el empujón definitivo a la teoría carobarojiana.

Tan es así que en la actualidad sigue siendo la explicación predominante.

Más allá de excepciones recientes29, la mayor parte de los historiadores que en las tres últimas décadas se han dedicado al estudio de los vascones, como por ejemplo K. Larrañaga, A. Besga, J. J. Sayas, M. Rouche o R. Collins han aceptado la idea de la escasa romanización30.

O lo que es lo mismo, han admitido el dejar fuera del alcance de sus trabajos la explicación de la historia de los vascones del periodo germánico, en la medida en que tal explicación no se encuentra en el contexto en el que suceden los hechos sino en una peculiaridad que arrastra desde el periodo romano.

Por esta razón, se ha seguido utilizando el método de Caro Baroja consistente en acumular los datos y aceptar literalmente las informaciones que ofrecen las fuentes para insertarlas en su propio discurso31.

A este respecto, lo más elocuente es reproducir las palabras de uno de los mayores especialistas en la materia al hablar de su propio método de trabajo: “aceptar como bueno lo que las fuentes dicen, sin tener que modificar su contenido salvo que entre en contradicción con otros datos más fiables”32.

A continuación, a través de un ejemplo concreto nos proponemos mostrar el efecto que ha tenido la aceptación de este paradigma en la metodología específica utilizada por los historiadores.

En nuestra opinión, ha actuado como inhibidor de las exigencias no ya de rigor, sino aun de las más elementales prácticas de crítica de las fuentes.

No ha existido una crítica textual dirigida a explicar, por ejemplo, la motivación de los autores que introducen a los vascones en sus obras.

EL ANÁLISIS HISTÓRICO DE LOS VASCONES DE ISIDORO DE SEVILLA

La Historia de los godos de Isidoro de Sevilla es la obra hispana en la que más a menudo se menciona a los vascones33, en tres pasajes distintos —lo que tampoco es gran cosa, a pesar de la impresión que se desprende de algunos trabajos—, y ha sido reiteradamente utilizada en la construcción del discurso histórico sin tomar precaución alguna.

Creemos que el tratamiento que ha recibido el fragmento en el que el hispalense describe la campaña de Suintila contra los vascones es harto elocuente34:

Habuit quoque et initio regni expeditionem contra incursus Vasconum Terraconensem prouinciam infestantium, ubi adeo montiuagi populi terrore aduentus eius perculsi sunt, ut confestim quasi debita irua noscentes remissis telis et expeditis ad precem manibus supplices ei colla submitterent, obsides darent, Ologicus ciuitatem Gothorum stipendiis suis et laboribus conderent, pollicentes eius regno dicionique parere et quicquid imperaretur efficere (Hist.Goth., 63).

Concretamente, el examen realizado por Barbero y Vigil permite comprobar con claridad la aplicación del método que se ha utilizado para elaborar la historia de los vascones.

Por un lado, sus autores aceptan de forma literal las informaciones proporcionadas por Isidoro y ofrecen la traducción de una parte del texto.

Por otro lado, introducen esas informaciones en su propio discurso histórico.

Así, la fundación de Olite respondería a la necesidad de controlar el país y pasaría a integrarse en el limes (frontera fortificada heredada del periodo romano) del que ya formarían parte algunas otras ciudades contemporáneas como Victoriaco o Amaya.

Asimismo, creen que los vascones sufrieron una dura derrota, ya que durante un largo periodo de tiempo no atacaron al reino visigodo, aunque matizan que Isidoro exagera porque está construyendo un panegírico35.

Besga ha señalado con respecto al relato del hispalense que plantea problemas de credibilidad36.

Pero sus críticas tienen que ver con el hecho de que en una primera lectura el pasaje de Isidoro contradice las tesis del autor, ya que narra cómo los vascones se sometieron a Suintila, rey que según el arzobispo sevillano dominó toda la Península.

Besga sostiene en cambio que hay una frontera y que los vascones son independientes, y es a esta convicción previa a la que somete el texto.

No se para a explicar las razones por las que Isidoro introduce a los vascones en su obra o el tratamiento que les otorga en la misma.

Tampoco busca la explicación en el contexto político del año 621.

Más que un ejercicio de crítica textual previa al uso de la fuente, lo que leemos es una confrontación de las tesis del historiador con la lectura literal de la crónica.

En otras palabras, un ejercicio opuesto al método histórico comúnmente aceptado: aquí el historiador traslada su hipótesis al plano de la crónica isidoriana, en vez de filtrar por medio de la crítica la información de las fuentes.

En realidad, no nos encontramos ante nociones confusas creadas a partir de una visión lejana y borrosa de una Vasconia hostil37, sino que la información transmitida por el arzobispo sevillano proviene de la erudición.

El empleo de montivagi para calificar a los vascones conecta el pasaje con la definición dada en su última obra, las Etimologías38:

Uacca oppidum fuit iuxta Pyrenaeum a quo sunt cognominati Uaccei, de quibus creditur dixisse poetam: «Lateque uagantes Uaccei»1. Hii Pyrenaei iugis peramplam montis habitant solitudinem. Uacceos inuictos a nulla gente

obtentos. Idem et Uascones quasi Uaccones, C in S litteram demutata. Quos Gneus Pompeius, edomita Hispania, et ad triumphum uenire festinans, de Pyrenaei iugis deposuit et in unum oppidum congregauit. Unde et Conuenarum urbs nomen accepit2 (Etym. IX, 107-108).

Los estudiosos de la materia de Vasconia han obviado sistemáticamente algo que no era desconocido para los filólogos, a saber que lo esencial remite a tres pasajes de San Jerónimo.

El primero de los fragmentos que hemos destacado tiene su origen en Ad Dardanum y en In Isaiam.

El segundo en cambio, en Contra Vigilantium.

La información de Isidoro de Sevilla no proviene del conocimiento directo o indirecto de la Vasconia coetánea.

No es un periodista ni un geógrafo.

Busca la explicación de la realidad en las fuentes del saber, es decir, en la auctoritas39.

No es posible analizar el papel que juegan los vascones en la Historia de los Godos sin tener en cuenta la lógica interna del texto, y todavía menos utilizar las informaciones literalmente para construir su historia.

Asimismo, el prestigio de Isidoro y el gran eco de sus obras tuvieron mucho que ver en la difusión y la nueva utilidad del cliché al que nos estamos refiriendo40.

En resumen, es necesario analizar el significado de cada texto atendiendo al espacio y tiempo en el que se escribe, el autor que lo redacta y el papel que juega en el seno de la obra.

CONCLUSIONES

En el pensamiento de la primera mitad del siglo XX, el número de materiales hallados en una región servía para determinar su grado de romanización, de tal modo que el contraste en la densidad de los hallazgos que presentaba el mapa arqueológico de Vasconia le permitió a Caro Baroja distinguir dos zonas: la meridional plenamente integrada en el mundo romano y la vertiente atlántica, habitada por gentes con un barniz meramente superficial de romanidad.

Esa y no otra sería la clave que explica los conflictos que describen las fuentes de los siglos VI y VII con los reinos bárbaros de uno y otro lado de los Pirineos.

Por lo tanto, las causas de estos hechos se encontraban fuera del contexto en el que sucedían.

Tal explicación ha sido compartida por la mayor parte de los historiadores que se han dedicado al estudio de los vascones de los siglos VI y VII.

Pero la admisión de la propuesta de Caro Baroja traía también aparejada consigo la práctica de un método difícilmente aceptable, consistente en la acumulación de los testimonios, tanto arqueológicos como escritos, y la lectura literal de los textos.

En estas condiciones se entiende la dificultad para ir más allá de un círculo en el que una convicción previa condiciona un método que necesariamente va a retroalimentar la convicción.

No sorprende que más de sesenta años después de J. Caro Baroja, la percepción de los habitantes de la Vasconia altomedieval continúe siendo, a grandes rasgos, la misma.

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Un encuentro busca aportar luz sobre los mitos y realidades que del origen de los diferentes pueblos indoeuropeos surgidos tras la caída del imperio romano

El miércoles, 25 de abril, a las 9.30 en el Salón de Grados de la Facultad de Letras de la UPV/EHU en Vitoria-Gasteiz, comienza la jornada central del encuentro “vascones y otros barbaros”. El encuentro está organizado por el Departamento de Historia Medieval, Modera y de América de la UPV/EHU.

El objetivo del seminario es definir mejor la imagen étnica que se ha transmitido de los vascones principalmente, además de otros pueblos de origen indoeuropeo (bretones, bávaros, etc.) que surgen tras la caída del imperio romano. En muchas ocasiones la realidad que ha llegado hasta nuestros tiempos de estos hechos puede haber estado distorsionada por factores políticos, sociales o ideológicos que permiten construir un relato cuando existen conflictos entre intereses de grupos de un mismo pueblo o incluso de de diferentes naciones.

De esta forma, la historia de los vascones que ha llegado a nosotros en la actualidad se encuentra muy influenciada con la imagen de un pueblo bárbaro que vivía aislado en las montañas. Esta imagen, innumerablemente repetida, ha dejado poco margen para que en la memoria colectiva se le puedan prestar atención a la importancia de otras posibles realidades históricas.

De esta forma, la historia se encuentra acompañada de imágenes, clichés e identidades que no responden de un modo fiel a la realidad, pero que han surgido con el objeto de construir un relato que permitiera entender los hechos a generaciones posteriores. Estas interpretaciones, en ocasiones se realizan de buena fe, y en otros momentos esconden intencionalidades políticas e ideológicas de quien las difunde, pero en definitiva, simplifican y modifican la historia. En estos casos, se construye lo que los historiadores denominan como “el pasado creado en el presente”.

El encuentro que se celebra en la Facultad de Letras buscará aportar mayor claridad sobre el surgimiento de esos pueblos surgidos tras el imperio romano. Al mismo, están invitados expertos destacados en la materia como Magali Coumert, Constantina Katsari, Audrey Becker, Esteban Moreno, Elena Torregaray, Armando Besga o Mikel Pozo. El encuentro se inaugurará con un seminario de investigación el 24 de abril que estará especialmente dirigido a estudiantes de la Facultad. Por el contrario, la jornada central del encuentro que se celebra el 25 de abril es de carácter abierto y gratuito para toda persona interesada en la misma.

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