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Tabla de contenidos


Se estudian los primeros textos referentes al enclave de Treviño que datan de los siglos IX-XII, contrastando la aparición temprana de algunos núcleos (Arganzón, 801) con la tardanza de otros, el caso de Treviño. Se intenta descifrar la lista de dieciséis iglesias, muchas de ellas del extremo occidental del enclave, donadas a San Vicente de Acosta en 871, situando la noticia en el contexto de las diferentes series de falsificaciones creadas en el archivo de San Millán de la Cogolla. Por último, se contempla el significado y origen del célebre texto conocido como la Reja (1025), relacionando su aparición en el archivo de San Millán con el breve periodo a mediados del siglo XI cuando el abad del cenobio rioja no ostentó el título de obispo de Álava.

PALABRAS CLAVES: Treviño, Arganzón, documentación medieval, falsificaciones, San Millán de la Cogolla, Becerro Galicano, la ‘Reja’, obispado de Álava.


La Puebla de Arganzón y el Condado de Treviño son los dos municipios que constituyen el enclaven de Treviño.

Resulta curioso que la trayectoria de los dos núcleos en la documentación medieval sea tandispar: mientras Arganzón aparece muy tempranamente, ya en el año 800, Treviño no lo hace hasta 1179, uno de los últimos núcleos de la comarca en emerger de las tinieblas de la historia.

Que este contraste refleje una diferenciación histórica real o que sea fruto del azar es una cuestión que abordaremos a continuación, pero el periodo delimitado por estos dos acontecimientos sirve perfectamente para acotar el periodo de casi cuatrocientos años que contemplaremos en este acercamiento a la historia de la comarca.

Aunque insistiremos en la documentación más temprana, debe tenerse en cuenta que la mayor parte de ella nos ha sido transmitida en un códice conocido como el Becerro Galicano de San Millán de la Cogolla y que para comprender su contenido será necesario acercarnos a las circunstancias en las cuales se confeccionó el códice hacia 1195.



Una temprana fuente escrita de la comarca treviñesa: la epigrafía parietal de las cuevas de Faido y Laño.

Parece que la cronología propuesta en su día por Azkarate y García Camino (finales VI-principios VIII) se va consolidando y afinando en el siglo VII, sobre todo a partir del análisis paleográfico de Isabel Velázquez: una ‘nueva escritura romana común’ muy parecida a la de las célebres pizarras visigodas n1.

n1

“El tipo de escritura puede definirse como ‘nueva escritura romana común’ … la similitud es estrechísima con las pizarras de época visigoda … en los grafitos de Las Gobas puede detectarse una cierta evolución cronológica“, Isabel Velázquez Soriano en un informe inédito. Agradezco la gentileza del profesor Azkarate por facilitarme su consulta. Véase también Azkarate Garai-Olaun, Agustin y Solaun Bustinza, José Luis. “Excavaciones arqueológicas en el exterior de los conjuntos rupestres de Las Gobas (Laño, Burgos)” en Archivo español de arqueología, nº 81, año 2008, pp.133-149, especialmente p. 143.

Como tal estamos ante un fenómeno que encaja bien con testimonios literarios de eremitismo en comarcas no alejadas (San Felices de Bilibio, San Millán de la Cogolla).

Me llama la atención la ausencia de antroponimia vasca aquí, aunque bien es cierto que se trata de una comunidad que quizás no es representativa de la población de la comarca en general en ese periodo. Contrasto esta antroponimia, latina, con la de otra aparición epigráfica, de aproximadamente tres siglos después: la del nombre indiscutiblemente vasco del presbítero Hobeconi en una estela tabular de Argote fechable al siglo X.


Nombre Yacimiento

Cuadro I. Antroponimia de la epigrafía parietal de los conjuntos rupestres treviñeses, s. VII (Azkárate y García Camino, 1996)

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Hecha esta breve incursión en el mundo de la epigrafía, como he comentado mi intervención se centra en la diplomática monástica y se estructurará de la siguiente manera:

  1. una revisión preliminar de las fuentes en su conjunto;
  2. contrastar la suerte diplomática de dos de los topónimos más relevantes (Arganzón y Treviño);
  3. el análisis de la noticia de las presuras de Estavillo-Arganzón en 871;
  4. y algunas observaciones sobre la parte de la Reja referente a la comarca.

Espero que del ejercicio emerja una mayor comprensión no sólo de la comarca de Treviño pero también de las fuentes con todos sus anomalías y sus enigmas.

RADIOGRAFÍA DE LAS FUENTES PRINCIPALES

A continuación ofrecemos una relación de las primeras apariciones de la comarca en la documentación consultada, a partir de la cual se puede apreciar las cronologías y las fuentes manejadas. Los asteriscos y los puntos de interrogación indican las escasas adiciones y modificaciones que hacemos a las referencias ofrecidas en la imprescindible obra de López de Guereñu n4 y también reflejan algunos de los problemas que presentan nuestras fuentes: referencias dudosas, ortografías erróneas y fechas inciertas. En particular, las dos primeras referencias recogidas por López de Guereñu en referencia a Treviño son merecedoras de revisión. Si la mayor parte de nuestros ‘avances’ son en referencia a la documentación de San Millán de la Cogolla, es por tres motivos: porque ésta es de gran relevancia para la comarca; porque es una documentación problemática que no siempre ha sido bien servida en sucesivas ediciones; y por supuesto, porque llevamos tiempo trabajando en ella dentro del proyecto de investigación arriba citado. Cabe sospechar que una revisión pormenorizada de las otras fuentes también reportaría resultados notables.

De este ejercicio se puede deducir la naturaleza algo caprichosa de nuestras fuentes: los núcleos orientales de la comarca aparecen generalmente dos siglos antes de los occidentales. La diferencia se debe, sobre todo, a la existencia del célebre texto conocido como la Reja, que se examinará más adelante. Inclusión, o no, en este documento determina el momento de aparición de un núcleo, y creo que las divergencias se deben, no a diferencias reales entre los dos extremos de la comarca en sentido económico, social o demográfico, sino a la divergente relación entre los dos espacios y las instituciones eclesiásticas. Como se apreciará, tener en cuenta las dinámicas y tensiones en juego entre monasterios y obispados es imprescindible para entender estas fuentes.

[...] queda manifiesto el papel de las instituciones ajenas en cuyos archi vos se escribió y se conservó este capítulo de la historia treviñesa, sobre todo San Millán de la Cogolla, San Salvador de Leire y Santa María de Nájera. Para dar una idea del volumen de fuentes manejadas y aquí sólo resumidas, reseño a continuación el interesante dossier del fondo de San Salvador de Leire referente a su decanía de San Miguel de Ribas (SMR), a través de la cual Leire adquirió un patrimonio extenso en la comarca a partir de las donaciones del magnate Álvaro Díaz (también conocido como Don Marcelo) y sus descendientes:


  • -1071, la donación de SMR a Leire por Álvaro Díaz, incluye la primera referencia a Pangua (Leire935).
  • -c.1108, Muño Álvarez dona el monasterio de Berganzo a SMR (Leire222): uno de los testigos es García Beilaz de Zurbitu.
  • -1109, Diego Álvarez, hijo de Don Marcelo, confirma la donación anterior y añade algunos bienes (Leire224).
  • -1110, Diego Álvarez, hijo de Don Marcelo, dona San Cebrián de Dordóniz (Leire230).
  • -1110, donaciones varias de Sancho Álvarez de Garisuri a Leire, incluyendo casas en Laño (Leire231).
  • -1110, carta redactada en Argote y testificada por ‘todos los Alaveses que estuvieron en Argote a la llamada del señor Sancho Fortúnez de Petrola’ (omnes Alauenses qui fuerunt in Argote ad iunctam de senior Sancio Fortuniones de Petrola). También se hace referencia a Muño Álvarez de Ozana (Leire238).
  • -1110, Andregoto, nieta de Don Marcelo, hace donación a Leire de, entre otros bienes, sus derechos en San Cebrián de Dordóniz y San Pedro de Cucho; Muño Álvarez de Ozana reaparece como confirmante (Leire239).
  • -1113, Muño Álvarez de Ozana dona sus derechos en San Cebrián de Dordóniz y en muchos otros sitios; Elvira Díez, quizás su viuda, añade San Pedro de Cucho (Leire254).
  • -1167, Fortún Iñiguez de Ozana se entrega con sus posesiones a SMR. Entre los testigos figura don Eneco de Ozana (Leire327).
  • -c. 1170, Eneco de Loza dona varias casas suyas en Doroño a SMR (Leire331).

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TREVIÑO Y ARGANZÓN

Como hemos adelantado, resulta interesante contrastar la suerte diplomática de dos de los topónimos más relevantes del entorno: Treviño y Arganzón o, mejor dicho, Arganzón y Treviño. Los dos textos que encabezan nuestra relación refieren en ambos casos a Arganzón. Nuestra primera fuente proviene de la cronística árabe, concretamente el relato en al-Muqtabis II.i de Ibn Hayyan de una aceifa contra Álava en el verano de 801: -

En este año, concluida la guerra con su tío Sulayman, el emir Alhakam envió una aceifa contra el territorio enemigo, al que Dios quiebre, confiada al mando de su hermano Muçawiyah, hijo del emir Hisam, el cual se dirigió al país [balat] de Álava y los Castillos. Su ejército sufrió un revés en el puerto de Arganzón [fayy ar.g.n.sun] en el mes de ramadán de este año … n6

En este caso, la combinación de un topónimo bastante reconocible y el contexto (Álava, fa?? = foz) dejan patente que se trata del Arganzón treviñés, cuyo valor estratégico es obvio. Conviene insistir en esto ya que en muchas ocasiones los topónimos cristianos reflejados en la cronística árabe, generalmente carentes de vocales y no siempre tan bien contextualizados, son singularmente difíciles de descifrar.

70 años más tarde reaparece el topónimo, ahora en la diplomática emilianense, concretamente en el folio 69v del Becerro Galicano, y en un contexto –relacionado con Estavillo y con el obispado de Álava- que de nuevo claramente apunta hacia el Arganzón treviñés. Estudiaremos este texto en detalle a continuación, pero no deja de llamar la atención el contraste entre esta precoz y doble aparición de Arganzón y el silencio diplomático en torno a lo que sería el otro núcleo jerarquizante de la comarca: Treviño. Si volvemos a la obra de López de Guereñu, éste recoge una primera mención de Treviño en la obra de Gregorio de Balparda (Historia crítica de Vizcaya y de sus fueros) que fecha en 939. De ser cierta, adelantaría en por lo menos un siglo la aparición del topónimo, pero lo que encontramos en la obra de Balparda es en realidad una cita de la Crónica General (#698) del siglo XIII en referencia a la legendaria batalla de Hacinas:

Mandó el Conde [Fernán González] que otro dia de grand mannana que se armasen todos y darien batalla … En la otra haz dio por cabdillo a D.Lope de Vizcaya con los de Trevinno et de Burueva et de Castilla Vieia et con los de Castro et de Asturias … n7.

La referencia a Treviño no tiene por qué ser necesariamente una innovación del autor de la crónica, pues ésta claramente tiene sus propias fuentes y, por ejemplo, en lo que se considera una de ellas, el Poema de Fernán González (#457), encontraremos la misma referencia, aunque ahora en forma gentilicia, treviñanos. No obstante, no parece muy riguroso situar el topónimo en el siglo X a partir de referencias tardías a una mítica contienda n8.

La siguiente supuesta referencia a Treviño recogida por López de Guereñu es también más que dudosa, aunque ahora por otros motivos. Se trata del topónimo Trebingeto que aparece en el folio 166v del Becerro Galicano. Es una forma difícilmente reconciliable con el posterior desarrollo del nombre, aunque -ng- puede ser un equivalente de –nn- en esta documentación, el sufijo –eto no tiene antecedentes en referencia a Treviño.


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Si se prescinde del testimonio de estos dos textos, ¿cuál es, entonces, nuestra primera referencia a Treviño? Pues un epígrafe de cronología discutida pero que ostenta la fecha 1161 o el tratado de paz entre Alfonso VIII de Castilla y Sancho VI de Navarra de 1179 n10.

En dicho tratado se hace mención de la recuperación de la plaza de Treviño, y por tanto ésta necesariamente existía con anterioridad, pero ante el contraste entre la suerte en la documentación de los dos núcleos, surge la pregunta de si tal silencio en torno a lo que luego sería un núcleo destacado es sorprendente o no.

Lo que es curioso es que se observa algo parecido con otros importantes centros plenomedievales completamente ausentes de la documentación altomedieval.

Es el caso, por ejemplo, de Medina de Pomar, cuyo nombre árabe podría indicar un origen en el siglo VIII y una función jerarquizante ya desde entonces, pero que no figura en la documentación hasta aproximadamente 1170 n11.

Algo parecido ocurre con Miranda de Ebro, ciudad nombrada en la Crónica de Alfonso III de finales del s. IX y en referencia al siglo VIIIwarning.png"Miranda de Ebro ciudad nombrada en la Crónica de Alfonso III de finales del s. IX y en referencia al siglo VIII" cannot be used as a page name in this wiki. , pero después completamente ausente de la documentación hasta la segunda mitad del siglo XI n12, a pesar de que la diplomática monástica es muy pródiga en cuanto a todo el entorno con docenas de referencias a las aldeas circundantes pero ninguna al supuesto centro comarcal.

Creo que estos silencios dicen más de la calidad y naturaleza de nuestras fuentes que de las posibles fechas de fundación de tales núcleos. Son textos que a su vez reflejan no la sociedad altomedieval en su conjunto sino los intereses específicos de los monasterios. Si éstos no tenían posesiones en un lugar, éste no se nombra y no tiene historia hasta que entren en escena los arqueólogos. Lo curioso es que tantas veces sean los posibles centros jerarquizantes, las futuras cabezas de alfoz, los que pasan desapercibidos de esta manera, quizás como resultado de la expansión de los domi- nios señoriales, tanto aristocráticos como monásticos, por los núcleos agrarios y su relativamente escasa penetración en los centros protourbanos y / o jerarquizantes.

871 – LAS PEQUEÑAS IGLESIAS DE ARGANZÓN

Volvamos al folio 69vº del Becerro Galicano donde aparece un señor Arroncio con una serie de familiares donando nada menos que dieciséis iglesias al monasterio de San Vicente de Acosta (Ubieto10). Este cenobio alavés sería agregado a San Millán en 1062 (Ubieto362), lo cual explica la presencia en su documentación de la noticia, pues los bienes y derechos de Acosta se convirtieron en los de San Millán. De las iglesias donadas, dos se localizan en Estavillo y una en (la Hoz de) Arganzón, pero las otras resultan de identificación problemática. A continuación, el obispo Bivere y el pueblo confirman que estas iglesias pertenecen a Acosta, y todo se cierra con una fecha de 871. Teniendo en cuenta que algunas de las mismas personas aparecen en las dos partes del relato, la cronología debe servir, grosso modo, para el texto en su conjunto. Como tal, al margen de la cronística y la Reja, éste sería el primer texto que refiere a nuestra comarca, adelantando en exactamente 200 años el siguiente, pero sobre el relato ciernen dudas en cuanto a su autenticidad, Martínez Díez calificándolo de espurio ante la incongruencia de varios aspectos de su contenido n13.

p78

La diplomática apócrifa

No descubrimos nada si afirmamos que los cartularios del entorno están plagados de falsificaciones e interpolaciones plenomedievales, y el Becerro Galicano es uno de los códices más perjudicados en este sentido n14. La pregunta es si los textos así contaminados conservan algún valor histórico aprovechable, y topamos aquí con un debate de largo recorrido. Por un lado, algunos investigadores, a la vista de los numerosos anacronismos e irregularidades, rechazan el testimonio de estos textos n15. Por otro lado, otros vislumbran aquí un fondo de autenticidad, a pesar de las deficiencias innegables. Se argumenta, por ejemplo, que las tempranas noticias de apropiación (presura) de tierras yermas, género en el cual podemos encajar el texto de Arganzón, son históricamente compatibles con lo observado en otras partes de Europa, una coherencia histórica que difícil- mente sería el producto de falsarios plenomedievales n16. Recientemente, Pastor y Larrea han argu- mentado a favor de la coherencia del corpus más temprano y problemático con un argumento que da la vuelta a la postura hipercrítica de Martínez Díez, sin negar la validez de muchas de sus obser- vaciones: que la propia irregularidad formal de estos textos es un indicio de “un fondo de fiabili- dad”, sus inconsistencias surgiendo de su irregular transmisión n17. En este sentido, se debe distinguir entre anacronismos, que bien suelen indicar falsificación o interpolación, en sí dos cosas bien distintas, e irregularidades formales que sugieren justo lo contrario. Para entender esta documentación es importante evitar la tentación de pensar en los apócrifos como un bloque monolítico, y en cambio distinguir entre familias de textos con estructura, contenido (cronológico, geográfico …) y comportamiento diplomático parecidos. Concretamente, como primer paso podemos distinguir entre los textos más tempranos, generalmente apropiaciones en Castilla septentrional y todos ellos anteriores a 920 (bloque 1) n18, y otros falsos con estructuras diplomáticas mucho más conseguidas y que apelan sistemáticamente a figuras del máximo prestigio como el rey García Sánchez I de Pamplona n19, el conde Fernán González n20 y Sancho Garcés III ‘el Mayor’ n21.

Ésta ya me parece una distinción importante, pero resulta interesante pormenorizar aun más en las características de estos últimos tres bloques, manejando otros tres parámetros, además de la autoridad citada: la cronología, la geografía diocesana y el comportamiento diplomático, en el sentido de su presencia, o no, en el Becerro Gótico, cuya estructura hemos podido reconstruir a partir de las noticias de Romero n22 (Cuadro III). De este ejercicio emergen tres series de falsificaciones (2.3, 3.3 y 4.2) que resultan muy instructivos en cuanto al modus operandi de los falsarios emilianenses. Las tres refieren casi exclusivamente a posesiones emilianenses dentro de la antigua diócesis de Nájera, muchas de las cuales parecen haber sido objeto de disputa entre San Millán (antaño sede de la diócesis najerense) y Calahorra (diócesis sucesora de Nájera). Tal disputa se resolvió con la firma en 1163 de un convenio entre las dos instituciones que reconocía los derechos de San Millán en una veintena larga de iglesias y pueblos n23. Ignoramos qué recibió Calahorra en compensación. Supondremos que en algunos casos el derecho reconocido no había sido discutido y / o que San Millán poseía títulos auténticos, en otros casos que San Millán ya a principios del siglo XII poseía títulos falsificados (Bloque 4.2, todos ellos plenamente incorporados en el Becerro Gótico), pero nuestra hipótesis es que los otros dos bloques (2.3 y 3.3) representan un programa de falsificación sistemática -quizá a partir de algunos modelos más antiguos- ideado para ganar este pleito. Tratándose de la diócesis de Calahorra, englobada en el reino de Pamplona hasta 1076, el uso de un monarca navarro parece lógico, pero es llamativa (y en absoluto anacrónica) la insistencia también en la figura del conde de Castilla para justificar bienes situados en comarcas calagurritanas fronterizas antaño bajo control castellano (Cuadro IV).

p80

En resumen, observamos cómo a mediados del siglo XII, y en todo caso antes de 1163, se falsificó un corpus de textos (Bloques 2.3 y 3.3) que se juntó con otros existentes, tanto falsos (Bloque 4.2) como auténticos, para ganar un pleito contra el obispado de Calahorra. Otros de los bloques identificados también parecen responder a retos específicos. Por ejemplo, un contencioso entre el priorato de San Miguel de Pedroso y la villa de Belorado hacia 1144 vería la introducción tardía de algunos falsos (Bloque 3.1) en el Becerro Gótico n25. Es más, si tenemos en cuenta las similitudes entre los bloques 3.1 y 3.3, parece razonable pensar que ambos fuesen creados entre 1144 y 1163. De modo parecido, se detectan otros programas más o menos sistemáticos de falsificación en momentos anteriores a 1120, puesto que sus resultados se incorporaron plenamente en la estructura del Becerro Gótico, un ejemplo siendo el Bloque 4.226. Al margen de estas consideraciones cronológicas, lo que quiero destacar es la coherencia estilística y formal de estos sucesivos programas de falsificación y su insistencia en apelar a prestigiosas figuras del pasado.

En cambio, los textos más primitivos, los del Bloque 1, son radicalmente diferentes. Podemos caracterizarlos como tempranas apropiaciones (presuras) populares, en la diócesis de Valpuesta / Castilla septentrional, raramente con apoyo condal, y todas ellas presentes en el Becerro Gótico, lo cual no quiere decir que sean necesariamente antiquísimos instrumentos auténticos, pero sí los diferencia de la mayoría de los apócrifos ya analizados. Además, los tempranos textos castellanos ostentan fechas mucho más heterogéneas que los falsos calagurritanos, diplomáticamente son mucho más irregulares, incorporan adiciones ajenas a la estructura original, y cubren espacios mucho más amplios.

Pormenorizando, a partir de sus ubicaciones en el Becerro Gótico, también son identificables varios bloques entre los textos primitivos, dos de los cuales se trasladaron coherentemente al Becerro Galicano (1.2 Taranco y 1.4 Oca II), y otros dos que, en cambio, vieron su contenido esparcido por el nuevo códice (1.1 Obarenes y 1.3 Oca I). A estos cuatro bloques castellanos sugiero que se añada otro referente a San Esteban de Salcedo. Aunque en el altomedievo lo lógico sería pensar que Salcedo perteneciera al obispado de Álava al hallarse este del río Omecillo|al este del río Omecillo y así ha sido cartografiado por diversos autores n27, no es menos cierto que está muy cerca de la sede de Valpuesta y ausente tanto de la Álava nuclear retratada en la Reja (Ubieto180) como del sistema de arciprestazgos calagurritanos enumerados en la lista del obispo Aznar de 1257 n28. (Cuadro V).

Una vez caracterizados los diferentes tipos de apócrifos, si volvemos al punto de arranque, nuestro texto de 871, evidentemente donde mejor encaja es en el Bloque 1: por su cronología (temprana), su estructura (irregular), su trayectoria diplomática (presencia en el Gótico) y por la autoridad citada (ninguna). Ciertamente, es un tanto atípico al situarse en la diócesis de Álava y no en la de Valpuesta, característica compartida quizás con el dossier de Salcedo, pero sospecho que lo realmente significativo es su pertenencia o no a la diócesis de Nájera, y en este sentido cumple plenamente con el paradigma de los demás diplomas tempranos n30. La siguiente pregunta es, conociendo ya el modus operandi de los falsificadores emilianenses, tanto de mediados del siglo XII (Bloques 2.3 y 3.3) como de finales del siglo XI (Bloque 4.2), cómo se entiende estos textos castellano-alaveses. Podría tratarse, sin más, de otra serie (o series) de falsificaciones, de otra escuela y / o de otro momento, como la inclusión precaria de algunos dossiers en el Becerro Gótico podría indicar. No obstante, si se tratan de instrumentos falsificados ex novo para justificar bienes, ¿por qué unas redacciones tan irregulares? ¿por qué no respaldarse en autoridades reconocidas, tipo Fernán González, García Sánchez I, o Sancho Garcés III?. En fin, ¿por qué no se sigue el patrón empleado sistemáticamente en tantos otros diplomas falsos salidos del escritorio emilianense? Sabemos exactamente cómo los falsarios emilianenses del siglo XII funcionaron y es radicalmente diferente a lo que vemos aquí.

p81

Me parece convincente el argumento de Pastor y Larrea de que la propia irregularidad de estos textos les presta un aura de autenticidad. Sus irregularidades formales deben explicarse por la (siempre hipotética) naturaleza precaria de su transmisión textual.

El contexto codicológico

Siguiendo la praxis editorial habitual en colecciones de documentación medieval, la de ordenación cronológica, el texto de Arganzón ha sido presentado como un documento exento en la más reciente edición de esta documentación (Ubieto10), pero tomado así resulta casi imposible entender su función. Para comprender el texto, es necesario romper el corsé de la edición cronológica y consultar el códice original donde ya en la siguiente línea se explica el interés de San Millán por estas iglesias: Deinde transactis annis, Munius episcopus in predictas ecclesias voluit tercias inquirere – años más tarde (más de un siglo, en realidad), el obispo Muño se interesó por las tercias de estas iglesias. Aquí, por tanto, tenemos no ya la mera noticia descontextualizada de la donación de unas iglesias, sino un dossier coherente donde San Millán reivindica la exención de sus decanías de pagar las tercias al obispado. Un dossier coherente que Ubieto, distraído quizás por la introducción de una nota parentética detallando la muerte del obispo Muño, editó como tres textos exentos.

p82

Tanto Romero (a quien Serrano siguió) como Ubieto dividieron la confirmación de exención en dos textos diferentes, separados por la noticia de la muerte del obispo Muño. Pero mientras los primeros aun así mantuvieron el dossier junto (Romero12, Serrano12), Ubieto esparció su contenido según la lógica hipercronológica que ordena su edición (Ubieto98 y Ubieto213), y reseñó el final del escatocolo como un testimonio de la exención de Acosta de pagar tercias y la fechó un tanto arbitrariamente en 1037, cuando en realidad no dice nada al respecto, y no es más que (la segunda parte de) una lista de monjes confirmantes. En torno a la datación de la confirmación hay cierta confusión. Por una parte, la única fuente que tenemos (el Galicano) ostenta una fecha (manipulada o no) de 984, una cronología que concuerda, como se verá, con el contenido del texto. Pero, por otra parte, se alían dos testimonios del siglo dieciocho de que en el Becerro Gótico había una fecha de 1034 n31 con un hueco sospechoso en la fecha del Galicano (cf. detalle reproducido), cuya ocupación original por una L después borrada resolvería la diferencia de cincuenta años entre las dos cronologías. No obstante, el contenido concuerda mucho mejor con la cronología más antigua. Pues, aunque ambas cronologías coinciden con el reinado de un rey navarro llamado Sancho y con el episcopado de un obispo alavés llamado Muño, otras personas nombradas en el texto (sobre todo, el conde García Fernández y el señor Álvaro Sarrazínez) nos sitúan inequívocamente a finales del siglo X.

p83

Además, se inserta una noticia que nos informa de la muerte, lógicamente posterior, del malogrado obispo Muño –el que pretendía usurparle a San Millán sus derechos- en San Esteban (¿de Gormaz?) y su entierro en Alcoba, y tales acontecimientos encajan perfectamente con los conflictos castellano-andalusíes de finales del siglo X pero mucho más difícilmente con la cronología de la desaparición del segundo obispo Muño hacia [time::1037]]. Así lo entendió Mañaricua, que además fijó el óbito del prelado en el verano de 989 n32.

Es difícil resolver el problema de manera satisfactoria. Quizás lo del Gótico fuese un error provocado por la existencia de dos obispos alaveses homónimos, un error inicialmente trasladado al Becerro Galicano y después enmendado mediante raspado, pero no es fácil imaginar cómo el que realizó la hipotética corrección se habría dado cuenta de la errata. De todos modos, me parece prudente aceptar con cautela la fecha del Galicano, [time::984]], pero sobre todo insistir en que lo que tanto Romero como Ubieto entendían como un texto exento no lo es, pues carece de contenido más allá que la secuencia de nombres listados. Como se puede apreciar a partir del análisis de este pequeño dossier, y a partir del tratamiento que ha recibido de los diferentes editores de este material, el Becerro Galicano es una fuente tan compleja como rica. No obstante, el análisis pormenorizado del códice y el contraste entre su orden y el de su precursor Gótico revelan una coherencia estructural ausente del códice primitivo, de la cual se deduce intencionalidad. Indagar en cuál era esa intencionalidad nos ayuda a entender el contenido del cartulario.

Después del prólogo de los Votos, las noticias se agrupan por diócesis, pero siguiendo la geografía diocesana no del momento (finales del siglo XII) sino la del periodo de apogeo del monasterio a mediados del siglo XI: primero las referentes a la antigua diócesis de Nájera, después las de Valpuesta, las de Álava y las de otras diócesis periféricas. Al final de todo, una serie de confirmaciones archiepiscopales de los derechos del monasterio conseguidas a mediados del siglo XII, la más importante de ellas, puesto que es la única confirmada por dos arzobispos, la de Calahorra. Entendemos que el Becerro Galicano fue confeccionado a finales del siglo XII, y en muchos sentidos parece haberse ideado como vehículo para ostentar estas confirmaciones y reivindicar estos derechos ante la percibida amenaza del obispado de Calahorra, una amenaza que se agudizaba hacia 1194, el momento en que el proceso de confección parece haberse acelerado (lo cual explicaría algunas de las anomalías estructurales observadas, fruto de un proceso culminado con prisa). Parece que el contencioso más preocupante era el destino de derechos adquiridos por el monasterio cuando había funcionado de facto como sede episcopal a mediados del siglo XI, pero ahora (finales del XII) reclamados por el obispado de Calahorra. El Becerro Galicano se estructuró en consecuencia con estas preocupaciones.

En este contexto, el pequeño dossier que acompaña la donación de Arroncio y familia encaja perfectamente, al reivindicar el derecho de San Millán mediante su decanía de Acosta a las tercias de dieciséis iglesias alavesas. Y, sin embargo, resulta paradójico que un dossier sumamente acorde con la tónica general del cartulario no está incorporado dentro de la estructura de un códice que parece haberse ideado para reivindicar este tipo de derecho. Pues el dossier Arganzón-Acosta (ff. 69- 70) aparece apartado de la mayoría de los textos alaveses (ff. 182 y ss.) en una suerte de miscelánea y bajo un epígrafe referente a la Rioja Alta y totalmente ajeno al dossier. Es como si los textos hubiesen sido introducidos sin darse cuenta de su importancia. Es más, estos textos también parecen haber ocupado un lugar marginal en el Becerro Gótico (Cuadro VII). Según Romero, el dossier estuvo en el folio 108, pero sospecho que en realidad se hallara entre los folios 108v y 109r, ubicación que plausiblemente corresponde con un fin de cuaderno según nuestra reconstrucción.

p84

Cuadro VII. Reconstrucción de la inserción del dossier Acosta entre cuadernos en el Gótico

Al carecer de foliación propia, Romero lo asignó a la del folio anterior: 108. Si efectivamente se trata de una introducción tardía colada entre cuadernos, además de carecer de foliación propia tampoco tendría rúbrica – de allí su incongruente inclusión bajo la rúbrica 142 con textos altorriojanos totalmente ajenos a esta temática.

¿Cómo se explica la marginación del texto dentro de los dos becerros emilianenses, y sobre todo dentro del Becerro Galicano, cuyas estructura e intencionalidad entendemos mucho mejor, y que parece estar diseñado para este tipo de texto? La respuesta se encuentra, de nuevo, en la estrati- grafía del Galicano, donde se aprecia una aceleración en el proceso de confección en el primer lus- tro de los 1190s. En otras palabras, lo que probablemente había sido en origen un proyecto con fuerte vocación de ordenación documental se quedó sin completar, y el Becerro Galicano se terminó apresuradamente. Sospecho que la causa de la aceleración fuera la agresiva y exitosa campaña lanzada por Calahorra contra Sª María de Nájera entre 1192 y 1194 (Rioja326, 336 y 342) para recuperar derechos asumidos por Sª María de Nájera en el siglo XI en circunstancias parecidas a las de San Millán, es decir cuando había funcionado como sede episcopal. Los paralelos con la situación de San Millán son evidentes e inevitablemente San Millán observaría estos acontecimientos con gran interés y no poca preocupación. Así sería la coyuntura que condujo a la terminación apresurada del cartulario y la relegación a secciones misceláneas de algunos textos de interés segundario.

La respuesta de San Millán daría sus frutos. En febrero de 1196, aprovechando la debilidad momentánea del obispado calagurritano, cuyo titular se había transfugado a Pamplona n33 en un momento de máxima tensión entre Navarra y Castilla después de la batalla de Alarcos (ago. 1195), y la coincidencia del arzobispo y el legado papal en la Rioja, San Millán consiguió la reconfirmación archiepiscopal de sus derechos (Ledesma477) y poco después su confirmación papal (1199, Ledesma480). Su victoria sobre Calahorra era completa y el proceso coincide tanto con la cronología como con el diseño del Becerro Galicano. El cartulario, por lo tanto, tiene un enfoque muy específico: la consagración de los derechos económicos najerense-calagurritanos, sobre todo las tercias. No todos los bienes y derechos de San Millán, y ni siquiera todas sus posibles reivindicaciones en cuanto a las tercias episcopales. Álava, aunque dentro de la diócesis de Calahorra, no era en ese momento la prioridad.

p85

La geografía de las iglesias

Volviendo a nuestro texto marginado, la última cuestión a contemplar es la geografía de las iglesias citadas. En términos generales, nos situamos en el extremo occidental del condado de Treviño, Estavillo y Arganzón siendo fácilmente reconocibles, mientras que al final del texto la referencia a Zestave (= Cestafe) parece llevarnos a Cigoitia, en el entorno de Acosta en el norte de la provincia de Álava. En cuanto a los demás topónimos (Letonu, defesa Ereihehi, Via de Olleros …), desde Landazuri y Llorente no han faltado autores que han intentado descifrarlos, pero los resultados no han sido muy positivos y en ocasiones ni siquiera es sencillo distinguir entre léxico común y toponimia (Biazatica, de Spino abbate Helhorriga, Foze de Arganzone de ganna) en lo que parece una mezcla fascinante de euskera y castellano. De nuevo, no parece probable que un falsifica- dor plenomedieval inventara semejante serie de nombres.

Una posibilidad recientemente explorada por Ernesto Pastor es identificar estas iglesias a partir de las advocaciones citadas, un camino ya probado sin éxito por Llorente en referencia a la comarca de Acosta-Cigoitia, donde no se observan estas advocaciones. No obstante, si se aplica la misma metodología a la comarca de Estavillo-Arganzón los resultados son algo más prometedores. La visita pastoral del Licenciado Gil de 1551 nos ha dejado una relación de las advocaciones de las iglesias alavesas del periodo que emplearemos en nuestra búsqueda n34. Ciertamente, más de medio milenio separa la visita de nuestro texto, pero no parece probable que posibles cambios de advocación (hacia otras más ‘modernas’ como, por ejemplo, las marianas) sirvan para distorsionar los resultados del ejercicio a nuestro favor. En otras palabras, sería interesante si, aun a pesar de lo tardío de la información se observaran coincidencias significativas. Los resultados se detallan en el cuadro VIII: aproximadamente la mitad de las advocaciones del texto de 871 se pueden asociar con iglesias visitadas en 1551 en el occidente treviñés y pueblos alaveses aledaños.

La diplomática medieval confirma y adelanta en el tiempo la existencia de San Cebrián de Pangua e incluso ofrece alguna posible identificación nueva en San Cebrián de Dordóniz n35. La pregunta obligada es si lo mismo ocurriría con cualquier otra comarca alavesa; si este grado de coincidencia es significativo o no. Aunque algunas de estas advocaciones son relativamente corrientes (Santiago, Santa Cruz, Santa Ágata/Águeda/Gadea), no es el caso de otras, y en la obra de López de Guereñu, de aproximadamente 250 hagiotopónimos alaveses recogidos, San Salvador y San Cebrián aparecen una sola vez, San Román dos36. Por lo tanto, la primera parte de la lista tiene un alto y significativo grado de coincidencia, dada la relativamente limitada presencia de estas advocaciones en Álava. Si volvemos al texto, notamos que estas tres primeras advocaciones son las que siguen directamente la mención de Arganzón y que además se separan sensiblemente de las siguientes. Con todo, parece razonable pensar que estas tres iglesias bien podrían haberse ubicado en el occidente treviñés.

Otra posibilidad que hemos explorado es que algunas de estas iglesias, aun habiendo desaparecido sin dejar recuerdo en el registro escrito, dejaron su huella en la microtoponimia. Utilizando los estudios de González Salazar (GS) y Sánchez González de Herrero (SGH)37 se consigue rellenar algunos de los huecos dejados por el registro escrito aunque la mayoría de las coincidencias corresponden con las advocaciones más comunes (Santa Cruz y Santa Águeda, Santiago y San Cristóbal). La excepción es la noticia de una ermita treviñesa dedicada a Santa Eufemia pero desaparecida antes de la visita del Licenciado Gil n38.

  • Advocaciones 871 Advocaciones Microtoponimia hagionímica históricas (fecha) (GS = González Salazar, SGH = Sánchez González de Herrero)
  • S. Salvatoris Portilla (1551) término de Treviño (GS, SGH)
  • S. Cipriani Dordóniz (1110) iglesia de Busto, término de Dordóniz (SGH) Pangua (1292)
  • S. Romani Grandíval (1551) iglesia de Grandíval, término de Taravero y Villanueva Tobera (SGH)
  • Sª. Agatea - término de S. Formerio (GS), Burgueta, Pangua y San Esteban (SGH)
  • S. Aciscli - -
  • Ss. Emeteri et Celedoni - -
  • S. Christofori - término de Dordóniz, Doroño (GS, SGH), Ozana (GS) y Arrieta (SGH)
  • S. Iacobi Dordóniz (1551) término de Puebla de Arganzón (SGH) Moscador (1551)
  • Sª. Crucis Cucho (1551) término de Ascarza y Pangua (GS), ‘corrientísimo’ (SGH)
  • Sª. Eufimia ermita de Treviño término de Cucho (SGH)


p86

La Reja de San Millán (1025)

Si el texto de 871 ha atraído el interés de múltiples estudiosos, qué decir de la celebérrima Reja, un documento excepcional que sirve como una fuente preciosa tanto para la historia del euskera como para la historia social y económica de Álava. De nuevo, estamos ante un texto del Becerro Galicano, sobre cuatro de cuyos folios se extiende (ff. 189r-190v), extensión que lo hace el segundo texto más largo de todo el códice, sólo por detrás del prólogo conocido como los Votos. Consiste de una larga lista de más de 308 localidades alavesas agrupadas en circunscripciones conocidas como alfoces y detalla un tributo que cada localidad, o grupo de ellas, debía satisfacer anualmente, pagándose generalmente en rejas de hierro, de ahí el nombre, aunque algunos lugares tributaban en ganado. Se incorpora en la sección del Becerro dedicada a Álava, pero como encabezamiento sólo ostenta un breve preámbulo explicativo (detalle reproducido)39, y la ausencia de cualquier armazón diplomático justificativo contrasta con lo habitual en el cartulario así como con la amplitud de derecho y texto ambos.

p87

A pesar de la brevedad del preámbulo, el documento es relativamente explícito en cuanto a su vocación fiscal, quién percibía el tributo o por lo menos quien lo recolectaba (San Millán), quién lo pagaba (los pueblos de Álava), qué se pagaba (hierro o ganado), y cuánto se pagaba.


En principio, también disponemos de una cronología concreta (1025) aunque no está claro si la fecha corresponde al momento de origen del derecho o tiene otro significado. Pero las dudas se ciernen en torno al origen e historicidad del texto, si San Millán realmente percibió el censo y por qué lo percibía el monasterio.

Uno de los aspectos de la Reja que más ha llamado la atención de los investigadores, y que más directamente afecta la comarca de Treviño, es la presencia de algunos vacíos en lo que, por lo demás, parece ser una relación bastante exhaustiva de la geografía humana de la Álava nuclear. Aunque los vacíos podrían ser el mero resultado de una hipotética perdida de información durante la transmisión accidentada del texto, podría cobrar significado a la hora de entender la naturaleza y origen del texto si en cambio marcasen espacios exentos de tributación, por el motivo que fuera. El más grande de estos vacíos corresponde con la mitad occidental del actual Condado de Treviño y tierras alavesas vecinas. En cambio, la mitad oriental de la comarca aparece detalladamente englobada en esta Álava tributaria, dentro de la circunscripción de Rivo de Ivita40. Reproducimos la parte correspondiente de la Reja, así como una representación cartográfica de su contenido. Las diferencias entre los topónimos de la Reja y sus equivalentes actuales son generalmente compatibles con fenómenos observados en la filología histórica del espacio vascófono, como por ejemplo, la pérdida de la ‘h’. En cambio, las formas Alma y Paldu parecen fonéticamente incompatibles con las actuales Aima y Faido, y la explicación reside una vez más en la diplomática: en el desconocimiento (o quizás despiste) del copista de la ‘i’ alta visigótica de su original, que aquí transcribe como ‘l’.

La ausencia de la fracción occidental de la comarca está parcialmente comprometida por la identificación -que creo errónea- de Bustia con Busto de Treviño. Si se observa el mapa se aprecia lo problemático que resulta esta identificación en términos espaciales, problema exacerbado cuando se tiene en cuenta que el orden en que se listan los núcleos dentro de los alfoces generalmente sigue una lógica espacial hasta el extremo que se ha sugerido que se dibujan itinerarios a seguir por el colector del censo n41. Siguiendo esta lógica, nuestra Bustia, fuera de lugar tan al oeste, debe ubicarse en el entorno de Ochate-Uzquiano, y efectivamente, cuando se contempla la microtoponimia de estos núcleos se encuentran varios nombres (Bostuya, Bustiaran, Bustay, Bustuay) no sólo espacial sino también filológicamente más compatibles con el Bustia de la Reja que Busto n42.

Si volvemos ahora al texto de Arganzón, recordaremos que un espacio que podría coincidir parcialmente con el vacío treviñés era exento de pagar las tercias episcopales. Si las ausencias de la lista corresponden con exenciones jurisdiccionales, hipótesis ya lanzada por García de Cortázar en referencia a algunas ausencias en la llanada alavesa que más tarde aparecen suscritas al realengo n43, el silencio de la Reja en torno al occidente treviñés apunta hacia la hipótesis de que el documento tiene su origen en un censo episcopal. En este contexto, el cobro emilianense de la Reja correspondería con el periodo cuando el abad de San Millán ostentó el obispado de Álava. Se dio este caso entre 1035/7-1055 cuando, bajo el patrocinio de García Sánchez III (‘el de Nájera’, 1035-1054) gran benefactor del monasterio, el abad emilianense, también llamado García, se hizo obispo de Álava n44. Sin embargo, la Reja ostenta una fecha de 1025, incompatible, según nuestra hipótesis, con el cobro emilianense del derecho. La explicación podría hallarse en que el documento que manejamos, sin parafernalia diplomática alguna, no es el diploma originario que recogía la concesión del derecho, sino un práctico (aunque deteriorado) instrumento de cobro que, no obstante, recordaba el momento de concesión. 1025 nos sitúa en pleno reinado de Sancho III ‘el Mayor’ y coincide grosso modo con la aparición de Muño como obispo de Álava a partir de 1024 n45; quizás puede considerarse un momento propicio para la dotación de la diócesis.


Explicación diplomática para Aima y Faido (Alma, Paldu), por desconocimiento o despiste del copista de la i alta visigótica original que transcribe como l.

Las ausencias de la lista pueden corresponderse con exenciones jurisdicionales, como adelantó García de Cortázar en referencia a algunas ausencias en la llanada alavesa que más tarde aparecen suscritas al realengo, el silencio de la Reja en torno al occidente treviñés apunta hacia la hipótesis de que el documento tiene un origen en un censo episcopal.

Volviendo a la cuestión de la ausencia de un armazón diplomático para la Reja, aquí San Millán se presenta inusitadamente evasivo a la hora de explicar el origen del derecho y por qué lo percibía el monasterio. En realidad, ni siquiera se explicita que el monasterio percibía el tributo, sino que su decano lo recolectaba, una referencia oblicua a un disfrute de facto pero en ningún caso una justificación de iure. Esto llama la atención sobremanera tratándose de un derecho de cierta relevan- cia económica en un códice aparentemente ideado y confeccionado ex profeso para justificar los derechos de la abadía, y más habiendo observado cómo San Millán no mostraba reparo alguno en fabricar títulos si hacía falta. La explicación que proponemos tiene dos vertientes. Por una parte, que no se conservó el instrumento original de concesión regia porque en él San Millán no apare- cía como beneficiario sino el obispado de Álava. Si, en cambio, se hubiese tratado de una conce- sión regia directa al monasterio tal silencio carecería de sentido.

En cuanto a la falta de una justificación creada ex profeso, no la vemos en el preámbulo de la Reja porque está en otra parte del Becerro Galicano: el Privilegio de los Votos de las primerísimas páginas - Alava, cum suis villis ad suas alfoces pertinentibus, id est, de Losa et de Buradon usque Eznate: ferrum. Per omnes villas, inter domus decem, una reia. El derecho emilianense se sustentaba ya no en una incómoda concesión regia al obispado, que además recogía toda una serie de exenciones locales, sino en un derecho generalizado sobre todo el territorio en agradecimiento a la intervención del santo en batalla contra los moros. La Reja es un texto extraordinario en la riqueza de su toponimia, pero extremadamente opaco y lacónico en otros aspectos. No obstante, y siempre dentro del terreno de la hipótesis, las características del documento tal y como nos ha llegado apuntan hacia un origen episcopal, pues es difícil ver otra explicación para el cobro emilianense de un tributo por todo el territorio alavés y, más llamativo todavía, que San Millán no explicitara el origen de tal derecho.

El documento no explicita si el monasterio percibía el tributo, sino que un decano lo recolectaba.

Peterson da la explicación de que no se conservó el instrumento de concesión regia porque en él no aparece San Millán no aparece como beneficiario sino el obispado de Álava.

Conclusiones

El Becerro Galicano es un producto de finales del siglo XII que además de una vocación archivística se explica por el pleito con el obispo de Calahorra y los derechos riojanos.

Álava no era la prioridad.


Recoge un derecho discutido con el obispo de Álava que provenía de una presura lejana y la posterior absorción de San Vicente de Acosta. Aparece en el Galicano por la función archivística del cartulario.

El segundo texto [la Reja] está mejor integrado en la estructura del códice y la descripción minuciosa de los derechos se acompaña de un estilismo atípico. Sin embargo, se muestra mucho más evasivo en cuanto al origen de tales derechos, que sospechamos episcopales, un origen incómodo para el monasterio después de 1055.

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