Peterson2009/9

De EsWiki

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Tabla de contenidos

Castilla-Álava: nexo político-cultural

El nexo geopolítico castellano-alavés, 759 a 959

Durante los siglos VIII-X se observa un acercamiento entre Álava y los cambiantes poderes al poniente: primero el Reino de Asturias, luego el de León y al final del periodo el Condado de Castilla n1. Para Besga Marroquín esta relación se remontaría incluso al reinado de Alfonso I n2, pero las primeras constataciones concretas del nexo entre los dos espacios aparecen un poco más tarde, durante el reinado de Fruela I. Éste contrae matrimonio con la alavesa Munnia n3, y aun- que esta unión nace aparentemente del conflicto, si añadimos la noticia de la insólita fundación del convento de San Miguel de Pedroso (Cogolla1), en una zona que luego revela lazos onomásticos con el occidente alavés, y algunas de cuyas monjas fundadoras ostentan nombres aparentemente vascos, parece que el nexo castellano-alavés ya es una realidad en 759.


n1. En general, la mejor introducción a estos acontecimientos sigue siendo la obra de MÁRTINEZ DÍEZ, Álava medieval.

n2. “... los vascones más occidentales (Álava y Vizcaya) habían entrado en relación con el rey Alfonso I”, BESGA MARROQUÍN, “La independencia de los vascones”, p. 20.

n3. Alfonso III, #16.

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Álava reaparecerá en las crónicas, y gracias de nuevo a la unión Fruela-Munnia, cuando su hijo, Alfonso II, se refugia en Álava entre su familia materna durante seis años (aproximadamente 783-788) n4 . Luego, la ascensión de este Alfonso al trono asturiano coincidiría con el comienzo de una serie de aceifas califales que aseguran a Álava un lugar constante en las crónicas musulmanas durante los cincuenta años de su reinado y también durante la segunda mitad del siglo IX n5. Se consolida la frase ‘Álava y al-Qila’ como objetivo genérico de las aceifas, plasmación cronística del nexo castellano-alavés que forma el trasfondo político de la corriente cultural que observaremos a continuación.

En 882-3, observamos una estrecha colaboración militar entre los respectivos condes de Álava y Castilla, Beila Jiménez y Diego Rodríguez, para imposibilitar que los musulmanes franqueasen los Montes Obarenes n6. Aquí, además, parece hacerse explícita la integración de Álava en el reino astur cuando se nos relata que los sarracenos ya habían entrado en ‘nuestro’ reino (in terminos regni nostri) cuando estaban ante Cellorigo, defendido por el conde de Álava, pues, a pesar de su nombre, la parte de la Crónica Albeldense que nos ocupa aquí parece ser de factura ovetense n7. Sólo después entrarían en Castilla al llegar a Pancorbo. La implicación es clara: por lo menos la cuenca del río Ea, a los pies de los Obarenes (y de Cellorigo), es a la vez parte del reino de Asturias pero fuera de Castilla. Protegida esta pequeña comarca por el conde de Álava, quizás el valle comitis de Rioja33 (y Calzada149), parece que un de facto Álava se extendía al sur del Ebro y al sur de los Obarenes.

De nuevo, en 923, observamos colaboración militar de los dos condados bajo la tutela de la monarquía astur, cuando tanto el conde castellano, Fernando Díez, como su equivalente alavés, Álvaro Harramélliz, acompañan al rey leonés Ordoño II en Nájera, firmando uno tras el otro, en una réplica diplomática (Rioja1) de esa colaboración cronística de sus antepasados 40 años antes en los Montes Obarenes n8. Por último, la colaboración se formalizaría en el mando único de Fernán González: in Alaba et in Castella Fredinando Gundesalviz comitatu gerente (Arlanza13, 932).

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Este nexo, esencialmente político, parece haber contribuido también al flujo de gentes, o por lo menos de su antroponimia. Además de las mencionadas monjas de Pedroso, en el testamento de Alfonso II, del año 812, se observa abundante antroponimia de origen vasco en un contexto asturiano n9, mientras en la dirección contraria, en 871 (Cogolla10) Arroncius hace una donación a San Vicente de Acosta de unas tierras alavesas, citando en el diploma a sus abuelos leoneses.

En este contexto, cobran interés algunos comentarios que se encuentran en las fuentes musulmanas y que han sido consideradas erratas por algunos comentaristas n10.

n10. “... aunque más tarde, en 965, se dice que Galib incursionó por tierras de Álava apoderándose de la fortaleza de Gormaz, se trata, como puede observarse, de un error geográfico, ya que Gormaz está junto al Duero, y lo mismo pasa cuando Almanzor derrota al conde castellano García Fernández en 990, apoderándose de la mitad de la región de Álava y del castillo de Osma”, CAÑADA JUSTE, “Álava frente al Islam”, p. 146.

En cada caso se observa la tendencia de los cronistas árabes a considerar las comarcas más orientales del reino astur-leonés como alavesas, incluso en contextos muy alejados de la actual provincia vasca:

– 934, “la primera parada del ejército en el país de Álava fue en la fortaleza de al-Manar (el Faro), conocida por Grañón” n11.

– 939, “Simancas en el país de Álava” n12.

– 965, “Galib incursionó por tierras de Álava apoderándose de Gormaz” n13.

– 990, “Almanzor derrota a García Fernández apoderándose de la mitad de la región de Álava y del castillo de Osma” n14.

n11. IBN HAYYAN, al-Muqtabis V, p. 253. Aquí parece haber algo de confusión en torno al nombre de Grañón, acaso confundido con Haro, lo cual podría restar algo de credibilidad a la identificación de nuestra Álava meri- dional, pero el relato de Ibn Hayyan, así como la aceifa, prosigue y confirma la idea de que tierras al sur del Ebro fueron consideradas alavesas por los cronistas árabes: pasando por Oña, se recorre “todo el país de Álava” antes de “hacer alto en Clunia, primer confín de Yilliqiyya”.

n12. IBN HAYYAN, al-Muqtabis V, p. 335.

n13. CAÑADA JUSTE, “Álava frente al Islam”, p. 146.

n14. CAÑADA JUSTE, “Álava frente al Islam”, p. 146.

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Es más, en la descripción de Al-Maqqari de la aceifa de 934, después del pacto con la reina Toda que nos permite fijar el año, el ejército califal se dirigió hacia Álava sin más, único corónimo empleado n15. En otras palabras, tenemos una aceifa que, gracias a la existencia de otras fuentes, sabemos adentrarse en tierras castellanas, pero que en una fuente, la de Al-Maqqari, se identifica con un solo corónimo: Álava. Si dependiésemos exclusivamente de Al-Maqqari, tendríamos que considerar ésta como otra aceifa contra la Llanada alavesa, y nos preguntamos si no habrá más casos donde el corónimo Álava remita a otras realidades geográficas que esa Álava nuclear, pues, como se aprecia, este uso genérico del corónimo no es exclusivo de Al-Maqqari.

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Otro ejemplo del uso del corónimo Álava para referir al conjunto castellano- alavés es el relato de Ibn-Hayyan del asedio de Calatayud en 937, cuando unos 330 caballeros cristianos murieron ayudando al disidente tuchubí Mutarrif ibn Mundir. Inicialmente se hace referencia a una petición de apoyo “a los infieles de Álava y al-Qila”, pero a continuación todas las referencias son exclusivamente a alaveses: “los infieles de Alava ... los condes infieles de Alava ... 50 condes y principales de Alava” n16. ¿Dónde están los de al-Qila? El elevado número de condes, aun admitiendo la tendencia hiperbólica de estas fuentes, nos hace sospechar que estas referencias no sean sólo a Álava en el sentido actual, sino que, a partir de la referencia inicial a los infieles de Álava y al-Qila, los a continuación denominados ‘alaveses’ son en realidad alaveses y castellanos.

Hay una tendencia hacia la generalización en el uso de los corónimos cristianos por parte de los cronistas árabes, lo cual es de esperar de una perspectiva alóctona, y por ejemplo se utiliza la voz Yilliqiyya (Chalmeta la transcribe Gilliqiya), a partir de la Gallaecia romana, para referirse a todo el Reino de Asturias, desde Castilla hasta Galicia n17. En este contexto, el observado uso árabe del corónimo Álava es, en cierto modo, genérico e impreciso, ya que en las fuentes autóct nas (la diplomática cristiana) no hay eco de esta extensión del corónimo hacia tierras al sur del Ebro, pero, por otro lado, el genérico uso árabe se fundamenta en cierta lógica geopolítica, y se aplica con cierta constancia. En fin, quizás sea un uso genérico, pero en absoluto gratuito, y rechazarlo como una mera errata obvía unos matices geopolíticos muy interesantes.

Pues para los autores árabes, por lo menos durante el siglo X, el corónimo Álava se extiende consistentemente a un espacio mucho más amplio que la actual provincia, que incluye las tierras entre Oña y Osma, entre Grañón y Gormaz; en otras palabras, lo que entendemos por la mitad oriental de la Castilla condal. Aquí es de singular relevancia el adjetivo ‘condal’, ya que la unidad política que se forjó bajo Fernán González durante el siglo X en sus orígenes fue alavesa además de castellana, y sólo con el tiempo acabaría imponiéndose la parte castellana del binomio. En la diplomática las referencias a Castilla dominan, pero más en la documentación propiamente castellana (la de Cardeña, por ejemplo) que en la alavesa (Salcedo) o en la de zonas ‘castellanas’ más orientales (Valpuesta, Cerezo) donde se relaciona al gran conde con ambos territorios n18.

n18. En los siguientes diplomas de Fernán González se hace referencia a ambos condados: Arlanza13, 932; Co- golla24, 936; Cogolla27, 937; Valpuesta25, 950; Valpuesta27, 950; Valpuesta28, 950; Valpuesta29, 950; Valpuesta31, 952; Cardeña91, 957; Cardeña143, 969.

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Esta unificación política de Castilla y Álava bajo el mandato de Fernán González y sus descendientes haría que aceifas que penetraban en territorio astur-leonés por el tramo soriano del Duero se encontrarían con los mismos enemigos que si entraban por el Pasillo. Así, desde la perspectiva andalusí, tiene tanto, y quizás más, sentido describir a los condes Fernán González o García Fernández como alaveses, que como castellanos, y efectivamente en las fuentes arábigas el corónimo Álava es tan predominante como lo es el de Castilla en las cristianas n19.

n19. De hecho, IBN JALDUN se refiere a García Fernández como Señor de Álava, citado en CASTELLANOS GÓMEZ, Geoestrategia en la España musulmana – Las Campañas Militares de Almanzor, p. 101. Cf. también, MARTÍNEZ DÍEZ, Álava medieval, p. 76.

Así sospechamos que la extensión del córonimo Álava a tierras sorianas es el resultado de la combinación de dos factores: el uso genérico de algunos corónimos por los autores árabes; y la unificación de los condados de Álava y de Castilla bajo Fernán González y sus descendientes.

Esta coyuntura política nos ofrece un claro contexto cronológico, el siglo X, en el cual encajan las referencias cronísticas arriba citadas. Otra cuestión es la lectura que deberíamos hacer del corónimo Álava en periodos anteriores a la unión de los dos condados. ¿Podemos estar seguros que referencias árabes a Álava durante el siglo IX necesariamente se circunscribiesen a la Álava actual, al norte del Ebro?

De nuevo, el testimonio clave es el de la Crónica Albeldense, a partir del cual se vislumbra un espacio (¿el valle comitis?) al sur de los Montes Obarenes defendido por el conde de Álava e integrado en el Reino de Asturias, pero no una parte de Castilla. ¿Ya en el siglo IX esta parte del Pasillo se consideraba alavesa por algunos cronistas árabes? Si fuese así deberíamos reexaminar la geografía de algunas de las múltiples aceifas dirigidas contra Álava y al-Qila a lo largo del siglo IX, cuando la Álava nuclear, en términos geoestratégicos a escala peninsular, resulta algo periférica en un conflicto entre Córdoba y el Reino de Asturias, pero es nombrada una y otra vez como blanco de las campañas andalusíes.

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¿Algunas de estas menciones de Álava no serán en realidad referencias al Pasillo?, pues para cualquier aceifa procedente de la Marca Superior, y que se dirigiera por el Pasillo hacia la Meseta septentrional, el primer territorio astur-leonés encontrado sería esta ‘Álava meridional’, antes de entrar en Castilla (al-Qila).

Para tomar un ejemplo concreto, según la lectura de Corriente y Maqqi de al- Muqtabis II-1, el puerto que daba acceso a Álava durante la aceifa de 823 se llamaba Gbwlyn o Gbwlyr, lo cual se traduce como ‘Cebollino’ o ‘Cebollero’ n20.

n20. IBN HAYYAN, Crónica de los emires Alhakam I y ‘Abdarrahman II entre los años 796 y 847 [Almuqtabis II-1], p. 282, n. 584, “Desde un punto de vista paleográfico, todas las variantes confluirían en >Gbwlyn< o >Gbwlyr<, o sea, “Cebollino” o “Cebollero”, término bastante frecuente en la toponimia hispánica”. Antes, a partir de Ibn Idhari, se interpretaba este topónimo como G.rnyq, y se contemplaban varias ubicaciones de la actual País Vasco, entre ellas el despoblado alavés de Guernica y el puerto de Azaceta.

Esto nos hace pensar en la sierra soriano-riojana de ese nombre y el prácticamente homónimo asentamiento burgalés (en las Merindades). No proponemos ni la sierra ni el pueblo como identificaciones firmes, sino como posibilidades a contemplar, a modo de demostrar como la relectura del uso coronímico de Álava en las fuentes arábigas podría afectar nuestra comprensión de la geografía de las aceifas musulmanas.

Por otra parte, a la vez existían fuerzas y tendencias contrarias a esta inclinación astur-leonesa de Álava. Por ejemplo, su inclusión entre los ‘territorios siempre poseidos por sus habitantes’ de la Crónica de Alfonso III, todos ellos al este del Ducado de Cantabria, y evidentemente también el hecho lingüístico orienta a Álava hacia Navarra. En la esfera política veremos un progresivo acercamiento entre Álava y Navarra durante el siglo X, gracias en gran medida a la política matrimonial de la reina Toda n21 (Martínez Díez 1974). Si hasta mediados del siglo X Álava se encuentra en la órbita política astur-leo- nesa n22, no es fácil averiguar, a partir de la fragmentada documentación, cuándo empieza la posterior hegemonía navarra.

n22. El testamento de Didaco Beilaz (Cogolla64, 952), uno de los poquísimos textos tempranos referentes a Álava, cita como autoridades a rex Ordonio in Legione et comite Fredinando in Castella, mientras las referencias a Fernán González como conde in Álava se suceden con cierta regularidad hasta 957 (Cardeña91), cf. MÁRTINEZ DÍEZ, Álava medieval, pp. 72-3.

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La expansión de Navarra hacia el oeste durante el reinado de Sancho III el Mayor supone la fecha ante quem para la integración de este espacio en el Reino de Navarra, y en el otro extremo notamos la derrota de Fernán González en Cirueña hacia 959 que creemos contribuye a la pérdida de San Millán, hasta entonces bajo control castellano, y quién sabe si otras posesiones condales también, aunque hasta 969 (Cardeña143) todavía se encuentran aisladas referencias al dominio del conde sobre estos territorios.

Más específicamente, tenemos noticia de la intervención de Sancho II Garcés Abarca en asuntos alaveses en 984 (Cogolla98), y para Ubieto Arteta este reinado vería el de facto control navarro sobre la llanada alavesa n23 (Ubieto Arteta 1953:66), aunque Martínez Díez aboga por el mantenimiento de control condal durante todo este periodo n24 (Martínez Díez 1974:75-79). Más al oeste, la Cuenca de Miranda y Valdegovía seguirían bajo control castellano-leonés, pues en 988 (Cogolla100) en un texto referente a Salinas (de Añana) se hace referencia al rey Vermudo de León, y a los condes castellanos. En Cogolla98 la onomástica de la casta magnaticia alavesa es todavía mayoritariamente de tipo castellano y no navarro n25, y después del monarca pamplonés se cita como autoridad secundaria al conde castellano. En resumen, éste parece ser un periodo durante el cual se sentía la influencia de ambos poderes en la llanada alavesa, pero al margen de la dificultad de precisar el momento de control navarro sobre Álava, constan por lo menos dos siglos de acercamiento político entre Álava y el reino astur-leonés.

n25. Cogolla98 (984) y Cogolla100 (988): Sarracin(ez), Álvaro, Oveco, Munio, Didaco y Balza se pueden considerar como nombres occidentales, sólo Lupe es típico de la onomástica navarro-pirenaica. Estas clasificaciones se explicarán más detenidamente a continuación


n25. Cogolla98 (984) y Cogolla100 (988): Sarracin(ez), Álvaro, Oveco, Munio, Didaco y Balza se pueden considerar como nombres occidentales, sólo Lupe es típico de la onomástica navarro-pirenaica. Estas clasificaciones se explicarán más detenidamente a continuación.

Un espacio cultural

Creemos que entre aproximadamente 755 y 924 el valle del Oja funcionaría como frontera política de facto entre al-Andalus y el Reino de Asturias, y que este hecho se ha plasmado en diversos registros onomásticos que coinciden en Castilla y en Álava, sin dejar huella en la Tierra de Nájera: plasmaciones onomásticas del ya observado nexo político castellano-alavés. En concreto analizaremos:


– la toponimia vasca al sur del Ebro,

– la hagiotoponimia referente al culto de San Millán,

– y la antroponimia, con especial énfasis en la distribución del nombre Oveco.

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En los tres casos emerge la misma distribución espacial: los registros coinciden en los espacios montañosos al norte y al sur de la Rioja Alta y en tierras castellanas al oeste de la divisoria diocesana, formando así un espacio culturalmente homogéneo que rodea la Tierra de Nájera, pero sin incluirla.

Mención aparte merece la ya analizada distribución de la toponimia en Quintana. Ésta, a diferencia de los tres registros que creemos ilustrar la realidad del nexo alavés-castellano, apenas tiene una vertiente alavesa, y tampoco abunda en la Sierra de la Demanda. En el Pasillo en sí, en cambio, sí respeta la frontera que nos interesa. Es más, la marca y la define mejor que cualquier otro registro. Creemos que la explicación de las diferencias reside en la cronología de los fenómenos y las cambiantes circunstancias políticas: mientras la toponimia en Quintana tendría su origen en el reparto de tierras después de la conquista musulmana del Ducado de Cantabria, los otros fenómenos obedecen a una dinámica (el nexo alavés-castellano) que surge después de la debacle musulmán de mediados del siglo VIII. En ambos casos, no obstante, en el Pasillo en sí la divisoria es la misma: primero, entre mandos militares tardovisigodos heredados por los musulmanes, y después convertido en frontera astur-andalusí.

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El río Oja como divisoria antroponímica

La ausencia de referencia diplomática al valle del río Oja hasta la segunda mitad del siglo XI nos brinda la oportunidad de contrastar la onomástica de los dos lados del río, que denominaremos la Bureba y (Tierra de) Nájera. Lo que emerge es una divisoria onomástica relativamente bien definida, evaluación que trataremos de ilustrar estadísticamente con la incorporación de datos de otros espacios próximos estudiados en Antroponimia y Sociedad n26. Utilizaremos estos estudios y contrastaremos sus resultados con lo que observamos en la Bureba y en la Tierra de Nájera.

A continuación contrastaremos la frecuencia con la cual cada nombre de varón aparece en cada región a partir de la diplomática anterior al año 1050. En la tabla que adjuntamos contemplamos los 16 nombres masculinos más frecuentes en cada región, situados en orden de frecuencia. Ya en el primer puesto se aprecia una diferencia entre las tierras castellanas (Castella, Burgos, Bureba) donde domina el nombre Muño, y las navarras (Nájera y Navarra) donde Sancho es el nombre más común. Los espacios contemplados, y fuentes utilizadas, son los siguientes n27:

  • – Castella Vetula n28
  • – Alfoz de Burgos n29
  • – La Bureba (análisis propio, a partir de la documentación emilianense)
  • – Tierra de Nájera (análisis propio, a partir de la documentación emilianense)
  • – Navarra n30

n26. GARCÍA DE CORTÁZAR et alii, Antroponimia y Sociedad. El espacio que centra nuestro interés ya fue contemplado en este proyecto, pero en el análisis de La Rioja se juntaban datos de ambos lados del Oja, cuando proponemos contrastar la antroponimia de los dos lados de ese río.

n27. Excluimos los datos de otras regiones incorporadas en el proyecto Antroponimia y sociedad, por ser éstas más alejadas, por haber sido analizadas por autores con divergentes criterios y metodologías, o por existir significativas variaciones cronológicas, caso por ejemplo del País Vasco (LIBANO ZUMALACARREGUI, “La Antroponimia en Álava, Guipúzcoa, y Vizcaya en los siglos X a XIII”, pp. 259-282) con datos relativamente tardíos.

n28. GARCÍA DE CORTÁZAR, DÍEZ HERRERA, PEÑA BOCOS, “Antroponimia y sociedad del Cantábrico al Ebro en los siglos IX a XII”, pp. 219 y 221. 29. GARCÍA DE CORTÁZAR, DÍEZ HERRERA, PEÑA BOCOS, “Antroponimia de Burgos y su alfoz en los siglos X al XII”, p. 239.

n30. En realidad se trata sólo de la documentación de San Salvador de Leire referente a Navarra, GARCÍA DE CORTÁZAR, “Antroponimia en Navarra y Rioja en los siglos X al XII”, p. 294.

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A partir de esta tabla ya se observa una división llamativa entre la Bureba y la Tierra de Nájera, y en general entre tierras castellanas y otras navarras, la cual denominamos la divisoria onomástica del Oja, y que definimos como,

  • – la ausencia o relativa escasez en la Tierra de Nájera de los nombres más típicos de Castilla (Muño, Oveco, Diego, Gonzalo);
  • – la menor presencia (cuando no ausencia) en Castilla de los nombres navarros dominantes en Tierra de Nájera (Sancho, García, Fortún, Eneco);
  • – y, a un nivel más pormenorizado, la ausencia de la Tierra de Nájera de algunos de los nombres más representativos de la Bureba (Álvaro, Sarrazín, Assur)

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Análisis diacrónico

Nuestra hipótesis es que la divisoria tiende a desaparecer, y que con nuestra documentación mayoritariamente del siglo XI asistimos a la homogeneización de la onomástica del Pasillo, y la erradicación de la antigua divisoria, ya que por un lado se simplifica y se homogeneiza el corpus onomástico en todo el norte peninsular n31, mientras cambios geopolíticos hacen que, a partir de la segunda mitad del reinado de Sancho el Mayor (aproximadamente 1020 en adelante), la frontera política del Oja también deja de funcionar como tal. Por lo tanto, la divisoria onomástica visible todavía en la documentación emilianense de la primera mitad del siglo XI es un fenómeno anterior, ya en decadencia cuando lo observamos.

Así se pone de relieve la naturaleza retrospectiva de nuestra metodología. La antroponimia recordada en la diplomática es necesariamente retrospectiva en el sentido de que los protagonistas de estos textos, generalmente mayores de edad e incluso de cierto rango social cuando aparecen en la diplomática, necesariamente han recibido sus nombres por lo menos una generación antes de su aparición diplomática. Estadísticamente podemos contemplar un lapso medio de 25-30 años entre bautismo y aparición diplomática. Por lo tanto, si queremos observar las tendencias onomásticas anteriores a la desaparición de la frontera del Pasillo (hacia 1020-30), podemos utilizar la documentación hasta el año 1050. Asimismo, esto nos permite utilizar los datos recogidos en varios estudios presentados en Antroponimia y Sociedad, y que utilizan este año para estructurar la información expuesta.

Oveco

“De procedencia discutida”, se ha sugerido una etimología vasca para este nombre, a partir de hobe = ‘mejor’ y el sufijo diminutivo –co (que daría también Enneco, por ejemplo), pero también habría que contemplar un origen latino n32.

n32. SALABERRI ZARATIEGI, Euskal deiturategia: Patronimia, p. 223; MICHELENA, Apellidos vascos, p. 20.

Al margen de su etimología, un seguimiento cartográfico del nombre a partir de la documentación emilianense demuestra un llamativo contraste entre abundancia en la Bureba (44 casos) y su práctica ausencia de la Tierra de Nájera (2) n33 . Éste es el contraste onomástico más diáfano de cuantos hemos observado entre los dos lados de la frontera del Pasillo.

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El culto de san Millán

Cuando se observa la geografía del culto del santo de Berceo, parece pertinente distinguir entre un santo riojano y un culto castellano. Hablar de un santo riojano supone pecar algo de anacronismo, pero concuerda con la geografía actual del centro cultual, y también con la geografía de gran parte de los acontecimientos relatados en la Vita. El culto, en cambio, fue plenamente castellano, y este calificativo coronímico no supone anacronismo alguno. Como se aprecia en el mapa adjuntado, la geografía del culto corresponde bien con el Condado de Castilla y otras estructuras políticas vinculadas a él (esencialmente el Condado de Álava). La correspondencia espacial entre culto y estructura política apunta hacia una cronología común, e incluso se intuye un proyecto político detrás del auge de un culto que se identifica insistentemente con el Condado: el papel que ejerce San Millán en el Poema de Fernán González n40; la noticia de peregrinajes ancestrales desde Lara n41, el solar más mitificado de la familia condal castellana; y el uso del hagiónimo para nombrar el punto más emblemático de la Demanda castellana n42.

Pero al margen del simbolismo del culto, notamos que en términos puramente geográficos, de nuevo, estamos ante un fenómeno cultural presente en Castilla y en Álava, pero ausente de la Tierra de Nájera; el mismo patrón observado antes con Oveco y que se observará más adelante con la toponimia vasca. El culto se extiende por toda la provincia de Álava, incluso hasta Zuazo, Larrea y San Román de San Millán en el extremo oriental de la llanada, y hasta Barriobusto en la Rioja alavesa. No obstante, como hemos mencionado antes en referencia a la antroponimia, el testimonio diplomático medieval alavés resulta algo lacónico, y la vertiente alavesa del culto se aprecia mejor con referencia a las devociones parroquiales actuales n43, recurso metodológico no disponible (evidentemente) para el estudio de la antroponimia medieval.

n43. GARCÍA FERNÁNDEZ, Laguardia en la Baja Edad Media, p. 79. MARTÍNEZ DÍEZ, “El Monasterio de San Millán y sus Monasterios Filiales”, p. 19.

Volviendo a la documentación medieval, de nuevo se observa el contraste entre una proliferación de apariciones al oeste, norte y sur de la divisoria del Oja, y la relativa escasez de las mismas al este, donde, al margen del ‘centro’ del culto en Berceo, encontramos tan sólo dos dedicaciones (ambas tardías) al santo de la Cogolla: una en Alesanco y otra en Quel n44.

n44. MARTÍNEZ DÍEZ (“El Monasterio de San Millán y sus Monasterios Filiales”, p. 11) menciona un monasterio dedicado a San Millán en Badarán que sería incorporado al dominio del gran cenobio homónimo en 1094, pero no encontramos referencia diplomática alguna a tal cenobio, y quizás el error se debe a la mala lectura (“San Millán en Badarán” y no “San Millán de Badarán”) de la reseña de Cogolla2/235, puesto que Martínez cita el año 1094, probable fecha de este texto. La presencia del culto también parece residual en Navarra, con sólo San Millán de Lete como decanía de Santa María de Irache, GARCÍA FERNÁNDEZ, Santa María de Irache (958-1557). Una presencia testimonial de este tipo no contradice la esencia de nuestro argumento en este apartado: que el culto se concentra en tierras vinculadas a Castilla hasta el cambio de Milenio, a pesar de llevar actualmente la etiqueta de ser un culto riojano. Notamos también que el culto no recibe mención en la obra de JIMENO ARANGUREN sobre los Orígenes del Cristianismo en Navarra.

El hecho de que el supuesto ‘centro’ cultual es totalmente excéntrico resalta la descompensada distribución espacial. A pesar de la importancia plenomedieval del cenobio de la Cogolla y su aparente promoción por la corona navarra, el culto en sí apenas deja huella en la Tierra de Nájera, y sospechamos que la promoción navarra del culto fuese únicamente como herramienta para afianzarse las comarcas orientales de Castilla.

n45. Aquí dividimos el espacio contemplado según la realidad política durante la mayor parte del siglo X, también representada por sendas líneas que marcan la divisoria en la Sierra de la Demanda (según el texto de 1016) y en el Pasillo en sí: así los lugares corresponden o bien a Navarra (que incluye aquí la parte de La Rioja controlada por la monarquía pamplonesa durante ese siglo) o a uno de los dos condados de Castilla y Álava.

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Como antropónimo el nombre Emilianus / Millán tiene un perfil muy discreto en la documentación manejada. En toda la documentación emilianense anterior a 1076 no hallamos ni una sola aparición como nomen (de 1709 nomina), mientras en la documentación no emilianense observamos tan sólo una aparición de este antropónimo anterior a 1070 n46, mientras la primera aparición ‘riojana’ no se da hasta 1071 (Valvanera59). Sin embargo, en este caso no es una cuestión de diferenciación espacial; ya que el nombre tampoco aparece en los índices ‘castellanos’ de Cardeña. Simplemente, parece que el nombre no estaba ‘de moda’ en el siglo X y las primeras décadas del siglo XI.

A partir de 1070, en cambio, sí empieza a aparecer el nombre en la diplomática manejada n47. Si aceptamos que el debut diplomático de un individuo tiende a ser cuando éste ya ha madurado lo suficiente como para aparecer en una documentación que nombra casi exclusivamente a poseedores de derechos inmobiliarios n48, podemos adelantar el relanzamiento del culto una generación antes de la reaparición diplomática del nombre. Así el uso del nombre sería propio de los bautismos de la primera mitad (segundo cuarto) del siglo XI, el momento en que la corte navarra se instala definitivamente en Nájera y se inclina hacia la expansión occidental, características del reinado de García de Nájera (1035-1054), y de la segunda mitad del reinado de su padre Sancho el Mayor (1004-1035). Así se recupera la memoria de un santo tradicionalmente venerado en las comarcas occidentales de Castilla, pero cuyo culto se centra a escasa distancia de Nájera, a la vez que se expande el dominio navarro-najerense hacia estas mismas comarcas.

n46. Hacia 1028 en Valdegovía (Cogolla136), como patronímico: Monnio Milianiz.

n47. Miliane (Valvanera59, 1071), Miliane Schierdo (Cogolla2/23, 1079), domno Milian (1081, Cogolla2/35), Mi- lian Munnioz (1083, Cogolla2/59), Miliano (1087, Cogolla2/169), Millan Beila (1087, Cogolla2/155), Milian (1101, Cogolla2/285), Milian Iohanne (1127, Cogolla2/353), Emilianus Fornarii (1132, Rioja102), Milian (1167, Cogo- lla2/408) y Petrus Milian (1192, Cogolla2/471).

n48. Miliane (Valvanera59, 1071) tiene mujer e hijos y es, por tanto, mayor de edad; mientras la siguiente aparición (Cogolla2/23, 1079) del nombre es gracias a los hijos de Miliane Schierdo

Pero necesariamente supone un relanzamiento del culto, pues mucho antes de este uso antroponímico tardío, se observa el ya comentado uso hagiotoponí- mico limitado a la área castellano-alavesa, uso cuya falta de correspondencia con la antroponimia castellana del siglo X nos hace pensar en un origen aun más temprano.

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Tenemos referencias tempranas (anteriores a 950) a templos dedicados al santo en Tresores (Montes Obarenes) n49, en Salcedo (Álava) n50 , en Abecia (Álava) n51, y en Hiniestra (Montes de Oca)52 además de en la Cogolla (Demanda), mientras San Millán de Revenga (Alfoz de Lara) es un monasterium desertum ya en 1008 n53. Además, los cenobios de Salcedo y de Hiniestra son pro- tagonistas de mucha de la temprana documentación conservada en el Becerro Galicano de San Millán de la Cogolla, y parecen instituciones de cierta enjundia ya a principios del siglo X y en absoluto fundaciones ex novo.

Sugerimos, por tanto, que el culto a San Millán experimenta distintos momentos de auge:

1. Periodo visigodo (ss. VI - VII). Braulio de Zaragoza inmortaliza al ermitaño de Berceo hacia 636; quizás se utiliza este culto como instrumento evangelizante en Álava.

2. Periodo protocastellano. El origen de la mayoría de los cenobios y topónimos que llevan esta dedicación, no tiene por qué haber un lapsus en el culto entre este periodo y el anterior, pero la ausencia del culto en La Rioja y su aparición en Álava sugiere un auge durante el periodo 760 a 900.

3. Siglo X. Extraña ausencia del uso del nombre como antropónimo, pero gran arraigo ya como hagiotopónimo, y el culto en sí aún tiene cierta importancia como indica la referencia a monarcas leoneses de mediados del siglo X (Ordoño III o IV) en el acuerdo reafirmado por Sancho de Peñalén que garantizaba acceso al cenobio para peregrinos castellanos (Cogolla408, 1073).

4. Periodo riojano. De 1025 en adelante (se manifiesta sólo a partir de 1070 entre la antroponimia), y promovido por intereses geopolíticos navarros, este periodo verá la inauguración del monasterio de Yuso, y la agregación a San Millán de gran número de monasterios.

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