Peterson2009/3/entities

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Antecedentes premusulmanes

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Algo más de ocho siglos median entre la primera aparición de nuestro espacio en la historia n1 y las últimas noticias premusulmanas. En ambos casos se trata de noticias que relatan actividades bélicas, fuerzas alóctonas (romanos y visigodos) en colisión con los pueblos indígenas; pero, al margen de esta coincidencia, las evidencias que tenemos para este periodo son en general heterogéneas. Si a esta heterogeneidad se añaden otras características como la generalización y el laconismo, estamos ante un corpus evidencial extremadamente oscuro y complejo, aparentemente lleno de contradicciones. Tales contradicciones quizás no sean más que el fruto de esa combinación de diversidad de registros y parquedad de datos, pero son una realidad en cuanto a nuestra comprensión de la historia temprana del Pasillo.

n1. Nos referimos a dos noticias de TITO LIVIO: primero, a mediados del siglo II a. C., los romanos derrotaron a “vacceos et cantabros et alias incognitas [...] gentes” (TITO LIVIO, Periochae, XLVIII) y sospechamos que una probable primera referencia a los autrigones se detecta detrás de esas ‘gentes anónimas’, ya que su solar se sitúa próximo a las dos tribus citadas. La primera mención explícita del Pasillo data del año 75 a.C., cuando se retrata a berones y a autrigones como aliados, ambos partidarios de Pompeyo y enfrentados con Sertorio - “in Berones et Autricones progredi sunt”, TITO LIVIO, Ab urbe condita, XCI. Otros autores greco-romanos que tratan sobre nuestro espacio son (en aproximado orden cronológico) ESTRABÓN, MELA, PLINIO, FLORO y PTOLOMEO.

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La segunda característica del corpus de fuentes disponibles para este periodo es su variedad, característica que se puede convertir en un problema: cómo, por ejemplo, reconciliar el testimonio de una hagiografía bucólica y la cronística político-militar, conflicto evidencial real cuando se trata de la Vita de San Millán y la toma de Amaya por Leovigildo en 574. En este caso, felizmente, los testimonios sí parecen compatibles, pero se aprecia la distancia entre los dos tipos de evidencia. Incluso dentro del mismo registro, por ejemplo la literatura clásica, existen diferentes enfoques: algunos autores con pretensiones etnográficas (Estrabón), otros con enfoques rigurosamente geográficos (Plinio y Ptolomeo) y algunos estrictamente históricos (Tito Livio y Floro).

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Retomando el ejemplo de Auka, se observa un desajuste directo entre la evidencia literaria (inexistente) y la arqueológica (muy prometedora), y esta circunstancia se repite en la presencia de cultura merovingia en Aldayeta (Álava), completamente ausente de las fuentes literarias cispirenaicas, pero sí con eco en la crónica del Pseudo-Fredegario n6.

Otro ejemplo es la cuestión de la etnicidad y lengua de los autrigones: celtas según el registro arqueológico y onomástico (con una importante excepción - Uxamaibarca), pero poseedores de una lengua impenetrable según los etnógrafos clásicos. La anti-ecuación de Santos Yanguas (pueblo ≠ lengua ≠ cultura material) sugiere que éstos y otros ejemplos no nos deberían extrañar, pero sí dificultan nuestro análisis n7.

n6. AZKARATE GARAI-OLAUN, GARCÍA CAMINO, Arqueología y poblamiento en Bizkaia, siglos VI-XII, p. 38.

n7. SANTOS YANGUAS, “Pueblos indígenas (autrigones, caristios y várdulos) …”, p. 182.


Ante la escasez de información, existe la tendencia a simplificar. En el campo de la lingüística, por ejemplo, Caro Baroja nos advierte de este peligro, e insiste en la complejidad lingüística de la Hispania prerromana n8. Aunque la historia documentada empieza sólo con la llegada de los romanos en nuestro espacio, ellos no se encontrarían con una tierra ni virgen ni ahistórica, sino con una realidad compleja y plural. La yuxtaposición de lenguas aparentemente no indoeuropeas con indicios de cultura celta, y todo dentro de un espacio al cual se aplica un solo etnónimo (autrigones), sugiere precisamente tal ‘prehistoria’ compleja.

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Cómo reconciliar las Bardulies y Cantabria altomedievales con sus homónimos del periodo romano son problemas todavía sin resolver.

Otro problema es la generalización y simplificación en nuestras fuentes escritas. Algunos de los comentarios de Estrabón, por ejemplo, sobre los pueblos montañeses se extienden no sólo a todos los pueblos de la Cordillera Cantábrica sino incluso a pueblos como los escitas n11. Cuando hace referencia aparentema una yuxtaposición de los cántabros y los vascones en el litoral cantábrico, es probable que esto sea en realidad una generalización, y no deberíamos buscar dinámicas migracionales para explicar la repentina ausencia de pueblos que en otras fuentes aparecen en posiciones intermedias.

En este capítulo, a partir de estas lacónicas y contradictorias fuentes, nos intere- san sobre todo dos aspectos de la situación en el Pasillo en el periodo anterior a la invasión musulmana: su naturaleza etnolingüística y su situación político- administrativa. En esencia, lengua y frontera. En ambos casos la finalidad de la indagación es la misma: averiguar si la frontera que luego divide este espacio tiene antecedentes en los siglos anteriores.

Retrato etno-lingüístico del pasillo Premusulmán

Aquí nos interesan sobre todo dos cuestiones. Por un lado, si la frontera que estudiamos tiene sus orígenes en antiguas divisiones étnicas y / o lingüísticas. El otro tema, más específico, es si en periodos premusulmanes se observan indicios de habla vasca o vascoide en el Pasillo, y sobre todo en su flanco meridional, en las estribaciones del Sistema Ibérico. Según Estrabón, los berones, quienes habitarían la mitad oriental del Pasillo, serían celtas: “los celtas, que hoy se llaman Celtiberos y Berones” n12.

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El hallazgo de cuatro téseras de hospitalidad en Uaracos (Custodia de Viana) parece confirmar esta relación entre los dos pueblos, aunque también “los hallazgos metálicos localizados en este territorio, especialmente armas y broches de cinturón, atestiguan la estrecha relación existente con el territorio autrigón” n13 . Este vínculo con los autrigones en materia cultural se ve apoyado por otros registros: la ya mencionada alianza militar en apoyo de Pompeyo n14; y, según Albertos, la pertenencia de parte del territorio berón (la Rioja Alta) a la denominada ‘zona onomástica cantábrica’, que también incluiría Autrigonia n15. Estos diversos vínculos entre los dos pueblos que compartieron el Pasillo sugieren que la inevitable frontera que los separaba no tendría por qué tener demasiada trascendencia étnica y / o lingüística.

n13. BURILLO MOZOTA, Los celtíberos, pp. 184-5.

n14. “... in Berones et Autricones progredi sunt”, TITO LIVIO, Ab urbe condita, XCI.

n15. Para Albertos la onomástica de la Rioja Alta, como la de la mitad septentrional de Burgos, correspondería a lo que denomina la zona Septentrional o Cantábrica, mientras “la Rioja Alavesa y parte de Navarra, la parte meridional de La Rioja” se integrarían en la zona onomástica Celtibérica. Esto parece dividir el solar berón en dos zonas onomásticas distintas. ALBERTOS FIRMAT, “Onomástica personal en las inscripciones romanas de Álava”, p. 35.


Por otro lado, se ha sugerido recientemente que los berones (o por lo menos un grupo anónimo situado en el extremo sur-oriental de su solar) podrían haber hablado un idioma emparentado con el vasco.

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La afirmación se sostiene en el descubrimiento de varias estelas con onomástica epigráfica no indoeuropea en las cabeceras de los ríos riojano-sorianos Cidacos y Linares, y con algún descubrimiento aislado también en el alto Iregua. La onomástica en cuestión sería Sesenco, Attasis, Onse, Onso n16 y Agirsar n17. Los expertos están de acuerdo en cuanto al carácter no indoeuropeo de esta onomástica n18, a diferencia de la mayor parte de la antroponimia del periodo de la Sierra de la Demanda y del solar berón, y tampoco parece descabellado caracterizarla como en parte vasca, o por lo menos vascoide n19.

Por lo tanto, hay evidencia epigráfica de onomástica no indoeuropea en la Demanda oriental. Lo que nos parece más arriesgado es extender este estrato lingüístico a los valles occidentales, donde aparecerá toponimia vasca durante el Altomedievo. Arriesgado por dos motivos:

  • – porque la distancia (geográfica, cronológica, filológica, tipológica, etc.) entre la epigrafía soriano-riojana (oriental) y el euskera toponímico altomedieval (occidental) es considerable;
  • – y porque la onomástica epigráfica de periodo romano de esos valles occidentales es indoeuropea, e incluso fuertemente romanizada.

n16. Estos cuatro nombres de los yacimientos de La Laguna (Villar del Río), Valdecantos (Santa Cruz de Yanguas), Navabellida (Oncala) y El Collado respectivamente, todos ellos en el extremo nordeste de Soria limítrofe con la Rioja, cf. ESPINOSA RUIZ, “Los Castros soriano-riojanos del sistema Ibérico: nuevas perspectivas”; GORROCHATEGUI, Notas de Conferencia, 2003.

n17. Agirsar aparece en una estela de San Andrés de Cameros, cf. RUBIO MARTÍNEZ, “Una estela funeraria en San Andrés de Cameros, La Rioja”.

n18. “La onomástica refuerza el no celtismo que acabamos de ver en los temas y símbolos funerarios”, ESPINOSA RUIZ, “Los castros soriano-riojanos ...”, p. 908.

n19. GORROCHATEGUI sugirió que Agir- fuera íbero en “The Basque Language and Its Neighbors in Antiquity” (1995, pp. 54-5), pero describe los demás nombres citados como vascones (Notas de Conferencia, 2003), y en 2005 califica Agirsenio como “tanto ibérico como vasco” (Conferencia “Las lenguas de los Pirineos en los tiempos antiguos”, 10-11-2005). En general, otros autores acogen la hipótesis vasc(on)a: “si, como parece, estas inscripciones son atribuibles a la lengua vasca ...”, KNÖRR BORRÀS, “El euskera en tierras del romance”, p. 46; “en pleno territorio celtíbero podían haber subsistido núcleos de hablantes de una o más de una lengua indoeuropea precelta (de tipo lusitano o alt-europäisch), así como quizá también de alguna lengua preindoeuropea (afín al vasco o incluso al ibérico)”, GARCÍA ALONSO, La Península ibérica ..., p. 493.

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La distancia cronológica entre los dos fenómenos abarca más de medio milenio, mientras, por tipología nos referimos a la dificultad de comparar epigrafía funeraria antroponímica con el contenido toponímico de la diplomática cenobítica. Lingüísticamente, la toponimia descriptiva de la diplomática medieval es fácilmente inteligible a partir del euskera ‘moderno’ n20, muy lejos de esta antroponimia de apariencia sólo vascoide y no claramente vasca. Aunque estas comparaciones son en cierto modo quizás injustas, pues no existe, por ejemplo, diplomática del periodo romano, creemos que sirven para ilustrar la peligrosidad de vincular los dos fenómenos, a través de centenares de años huérfanos de indicios empíricos.

En términos puramente geográficos, la epigrafía vascoide soriano-riojana se concentra en un radio de 15 kilómetros alrededor de Santa Cruz de Yanguas en el alto Cidacos. Sin salir de este reducido espacio, existe un solo ejemplo (dudoso n21) al oeste del interfluvio Cidacos-Iregua, el de San Andrés de Cameros, que además está en la misma cabecera del valle (en este caso en el río Piqueras, afluente del Iregua) apenas una docena de kilómetros de Santa Cruz de Yanguas. A partir de este hapax de problemática caracterización, nos parece equivocado deducir la existencia de antroponimia vasca en los valles centrales y occidentales de la sierra. Pues los valles donde luego aparecerá el euskera altomedieval (Tirón y Oja) distan prácticamente 50 kilómetros ‘sierra a través’ de San Andrés de Cameros. Y es más, la antroponimia que aparece en ellos en periodo romano es totalmente compatible con una población indoeuro- pea, más específicamente con lo que Albertos denomina la “zona onomástica cantábrica-septentrional” n22, e incluso con un sorprendentemente alto grado de romanización n23.

n20. Explicamos la aplicabilidad de este adjetivo al euskera medieval de la Demanda en el capítulo La cronología del vascuence al sur del Ebro.

n21. Recordamos que Agirsar se considera por Gorrochategui tan próximo a la antroponimia íbera como a la vasca.

n22. ALBERTOS FIRMAT, “Onomástica personal en las inscripciones romanas de Álava”, pp. 33-61. MARTÍNEZ SÁENZ DE JUBERA (“Onomástica vasca en La Rioja”, p. 482) nos informa que “perviven con fuerza los testimonios indígenas” en los valles del Iregua y del Najerilla, pero la onomástica lapidaria conservada es indoeuropea, como por ejemplo el conocido nombre céltico Segontius que aparece incluso en el País de Gales (Caernarfon). Más al oeste, en el valle del Tirón, la onomástica indígena también es característica de la “zona onomástica cantábrica- septentrional” de Albertos (supra): Acivo, Albus, Alebbius, Alionus, Ambatus/a, Boutia, Burga, Caelalionus, Ca- malus, Iacometa, Latturus, Ligirus, Loca, Magl(a)ena, Medica, Murca, Peditaga, Petacus, Quemia, Reburrus, Secontius/a, Seggeius, Segilus/a, Surilla, Uqulanca y Vigganus/Viganica, REYES HERNANDO, El conjunto epigrá- fico de Belorado, pp. 113-121. Aguas arriba en el mismo valle la onomástica es casi todo romana, con la única excepción del nombre Orgelemo, cf. PETERSON, “La onomástica personal en el Valle de San Vicente”.

n23. “... el valle de San Vicente fue intensamente romanizado en consonancia con lo que ocurría en su entorno inmediato”, APARICIO BASTARDO, La antigua iglesia de Santa María, p.7.

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En conclusión, sugerimos que, en el contexto espacial y temporal en que se encuentran las estelas riojano-sorianas, debería pesar más la presencia vascona durante el periodo romano en Calahorra (centro jerarquizador natural de esas tierras) que la diplomática medieval del otro extremo de la sierra n24. A la hora de caracterizar la Beronia prerromana en términos lingüísticos deberíamos partir de una identidad esencialmente celtibérica n25, aunque esto no supone negar que hubiera contactos con e influencias de pueblos no indoeuropeos, como testimonia el bronce de Ascoli n26, así como la mencionada epigrafía soriano-riojana.

En cuanto a la etnicidad y lengua de los autrigones, Estrabón comenta que los nombres de los alótriges y de los bardietas son malsonantes e ininteligibles n27. Estos bardietas serían los várdulos mencionados en otras fuentes n28, mientras la mayoría de los investigadores opinan que los alótriges corresponderían a los autrigones. Mela hace un comentario semejante, aunque en referencia a sub-grupos cántabros, lo cual bien podría incluir a los autrigones n29. Por lo tanto, ¿podemos concluir que el habla de este pueblo sería no indoeuropea? pues las distintas lenguas celtas (e incluso hablas indoeuropeas pre-celtas, como el lusitano) de la Meseta y de otros lugares no reciben semejantes descalificaciones, que parecen reservarse, pero a la vez repetirse con insistencia, para los pueblos de la cordillera y litoral cantábrico n30.

n24. “Con toda probabilidad las gentes del Alto Cidacos y ríos adyacentes estaban adscritas a Calagurris mediante adtributio o mediante cualquier otra suerte de dependencia [...] No extraña lo anterior, teniendo en cuenta que Calagurris se localiza en la salida al Ebro del Cidacos, que por este río discurría una vía secundaria hacia la Meseta y que Calagurris tuvo un poderoso ascendiente en el territorio de las estelas, simple prolongación del cual fue su posterior integración en la diócesis calagurritana”, ESPINOSA RUIZ, “Los Castros soriano-riojanos ...”, p. 908.

n25. Y por tanto indoeuropea: “una lengua netamente céltica, cuya asignación a esta familia no representa hoy día ninguna duda [...] la idea tradicional, ampliamente extendida, de que el celtibérico pueda ser una especie de lengua mixta entre ibérico y celta debe ser desechada radicalmente”, GORROCHATEGUI, “La lengua de las poblaciones prerromanas...”, p. 16. También cf. BURILLO MOZOTA, Los celtíberos, p. 182.

n26. 89 a.C., aparentemente de Libia en el extremo occidental de Beronia, y sin embargo con onomástica que, según GORROCHATEGUI (”Las lenguas de los Pirineos en los tiempos antiguos”), parece íbera: LIBENSES / BAS- TVGITAS ADIME(L)S F./ VMARILLVN TARBANTV F.

n27. En realidad, comenta que los nombres de otros pueblos son aun peores, “nadie encontrará placer en oír nombres tales como los de pletauros, bardietas y allotrigas, y otros aun más malsonantes y oscuros”, ESTRABÓN, Geographia, III 3, 7, traducción de CARO BAROJA, “Sobre la hipótesis del vascoiberismo”, p. 50.

n28. “[Los celtas berones] confinan también con los bardietas, a los que ahora denominan bárdulos”, ESTRABÓN, Geographia, III 4, 12.

n29. “... entre los cántabros hay algunos pueblos y ríos cuyos nombres no puede pronunciar nuestra boca”, POM- PONIO MELA, Chorographia, III.1.15; citado por CARO BAROJA, “Sobre la hipótesis del vascoiberismo”, p. 56.

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En contraste, los registros arqueológico y toponímico parecen contradecir estas noticias y sugieren un pueblo indoeuropeo. Las estelas oikomorfas encontradas en la Bureba y en los Montes de Oca se asemejan a las utilizadas por los senones (curso medio del Sena) galos n31. La toponimia autrigona conservada por los autores clásicos es casi exclusivamente indoeuropea n32, mientras que para el teónimo Vurouius (> ‘Bureba’) también se ha sugerido un origen celta n33.

En realidad la situación lingüística sería aun más compleja, pues incluso dentro del registro indoeuropeo se detectan distintos estratos más o menos arcaicos. Así la tésera de hospitalidad encontrada en La Mesa de Belorado presenta rasgos arcaicos propios del celtíbero que sugieren “una relativamente antigua separación del tronco celta común” n34 (¿Iª Edad de Hierro?), y que por tanto la aleja de los rasgos belgas (IIª Edad de Hierro), tanto toponímicos como arqueológicos, identificados por Solana Sáinz. Las antes referidas denuncias genéricas de ininteligibilidad por parte de los autores clásicos quizás sugieren sustratos no indoeuropeos, pero no por eso necesariamente vascos.

n30. “El convento lucense, aparte de los célticos y lemavos, comprende a dieciséis pueblos desconocidos y con nombres bárbaros”, PLINIO EL VIEJO, Naturalis Historia, III 28, citado por CARO BAROJA, “Sobre la hipótesis del vascoiberismo”, p. 44; asimismo, para el cordobés SENECA, el cántabro guardaría relación con el corso, juicio que no merece ninguna de las hablas meseteñas, CARO BAROJA, ibid., p. 56.

n31. SOLANA SÁINZ, Las entidades étnicas ..., p. 161.

n32. “Toponyms found in the territory of the Autrigones such as Deobriga [...] are purely Indo-European”, GO- RROCHATEGUI, “The Basque Language and Its Neighbors in Antiquity”, p. 50; GARCÍA ALONSO, La Península ibérica ..., pp. 460-1, clasifica la toponimia autrigona de la siguiente manera: Flaviobriga como un híbrido latino- celta; Nerva y Salionca como topónimos indoeuropeos preceltas del tipo alt-europäisch; de clasificación incierta, Antequia; y claramente celtas a Uxama, Segisamonculum, Deobriga, Vindeleia, y Virouesca (este último “con algo menos de claridad”). Queda (Uxama) Barca, cuyo análisis afrontaremos a continuación.

n33. SOLANA SÁINZ, Las entidades étnicas ..., p. 161. Es muy posible que, como sugiere este autor, el hidrónimo Garoña (así como el también burgalés Guareña, y muchísima hidronimia menor con el sufijo –oña, cf. GÓMEZ VILLAR, La Comarca de Belorado: Toponimia y Antropología, p. 62) también tenga un origen céltico. Sin embargo, esta lectura no es unánime (GARCÍA ALONSO, La Península ibérica ..., pp. 407-8, resume las distintas posturas - céltico, ligur, ibérico y vasco - en torno a la clasificación de Garoña para concluir que “hoy por hoy, es imposible inclinarse por una o por otra”) y puesto que este hidrónimo no aparece en la literatura antigua dejaremos al margen su testimonio por el momento.

n34. GORROCHATEGUI, “La lengua de las poblaciones prerromanas...”, pp. 16-17.


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Que se extienda el mismo juicio a gran parte de la Cordillera Cantábrica debilita, sin imposibilitar, tal identificación, y observamos que no se incluye la lengua de los vascones en este grupo de idiomas impenetrables. La única excepción concreta al panorama cultural y lingüístico indoeuropeo de Autrigonia sería el segundo elemento del topónimo Uxama Barca, que parece derivarse del vasco ibar (= ‘vega’, cf. también ibai = ‘río’), una lectura fundamentada, sobre todo, en la aparición epigráfica del gentilicio UXAMA IBARCENSIS en sendas estelas de Quintanilla de las Viñas y Astorga n35.

¿Cómo se puede resolver esta contradicción entre lengua anecdóticamente noindoeuropea, pero a la vez mayoritariamente celta según el registro toponímico y epigráfico? Michelena, basándose en los territorios habitados por várdulos, caristios y vascones, sugiere una solución diglósica: un modelo de bilingüismo clasista que explicaría el contraste entre la dominante epigrafía indoeuropea analizada por Albertos y las firmes (pero apenas visibles hasta la Edad Media) raíces que parece tener el euskera en este espacio n36. La explicación diglósica contempla un desajuste social entre una clase dominante celta, que daría nombres a las estructuras políticas, y cuyos miembros serían los únicos en dejar constancia epigráfica de su onomástica personal, y una mayoría vascófona.

Una situación equivalente explicaría algunas de las percibidas contradicciones empíricas observadas en Autrigonia. Lo más prudente sería pensar en un espacio dominado por pueblos de estirpe indoeuropea, aunque incorporando también a contingentes preindoeuropeos, algunos de los cuales, sobre todo en el extremo nororiental, podrían ser vascófonos. Creemos que éste es el pensamiento detrás de la evaluación de varios autores de que una parte de los autrigones hablase euskera, y las posturas matizadas de Michelena n37, Caro Baroja n38 y Tovar n39 parecen las más acertadas.

n35. ALBERTOS FIRMAT, “A propósito de la ciudad autrigona de Uxama Barca”, pp. 281-291; GORROCHATEGUI, “The Basque Language and Its Neighbors in Antiquity”, p. 50; GARCÍA ALONSO, La Península ibérica ..., pp. 289-90.

n36. Indicios epigráficos del euskera del periodo romano eran prácticamente inexistentes hasta el descubrimiento de la epigrafía de Lerga (Navarra) en 1960, GORROCHATEGUI, “The Basque Language and Its Neighbors in Antiquity”, pp. 53-4.

n37. “Cuando se habla del vascuence medieval en tierras de la Rioja y Burgos, se da por sentado que o es antiguo (hipótesis poco probable, ya que el territorio autrigón al sur del Ebro, los Turmogos y más aún los Berones parecen haber tenido una lengua propia muy distinta), o ha sido introducido hacia los siglos IX-X. Con todo, queda una tercera alternativa: que la lengua ya empezara a ser llevada allí entre los siglos V y VIII por gente que bien cruzó el limes pacíficamente o bien fue obligada a establecerse al sur de él”, MICHELENA, “Lenguas indígenas y lengua clásica en Hispania”, p. 212, n. 35.

n38. ”... esta lengua [el vasco] se ha hablado en la época romana en el territorio ocupado por los vascones (en parte), várdulos, caristios y autrigones (en parte)”, CARO BAROJA, Los pueblos del norte de la península ibérica, pp. 101-102.

n39. “... no hay duda de que los territorios de Vascones, Caristios y Várdulos (y posiblemente de Autrigones) fueron ya entonces, por lo menos en su parte septentrional, territorio de lengua euskera”, TOVAR, Mitología e ideología ..., p. 195


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Rechazamos las interpretaciones monolingüistas de ambos extremos, tanto la postura extremamente indoeuropeista de Solana, que no explica lo de Uxama(i)barca n40, pero tampoco habría que ir al otro extremo y considerar vascófona a toda la Autrigonia, tendencia que conduce a Fatás a expresarse en los siguientes términos: “Deben rechazarse las afirmaciones, a menudo tan tajantes como gravemente erradas, de que los autrigones son un pueblo del mismo ‘grupo étnico preindoeuropeo’ que los vascones (pág. 159), lo que sorprenderá a quienes conozcan los bien fundados y nada incógnitos trabajos sobre la paleotoponimia de Autrigonia” n41. Demasiadas veces el importante matiz espacial desaparece en las obras de autores que buscan situar a estos contingentes vascófonos no en el extremo nororiental de Autrigonia, cerca de Uxama(i)barca, sino en la Demanda, 80 kilómetros al sur.

Desde luego, no podemos demostrar que no se hablara euskera en la Demanda prerromana, pero sí podemos afirmar dos cosas:

– Que el euskera que emerge en tal espacio en la documentación alto- medieval está estrechamente vinculado al habla del País Vasco meridional-occidental altomedieval, y no muestra ningún indicio de ser un islote lingüístico aislado durante un milenio. La divergencia entre el euskera alavés que observamos en la documentación medieval y el demandés es prácticamente nula, y por lo tanto no pueden ser, no son, dos dialectos euskéricos distintos separados durante un milenio.

– Y que la mayoría de los fenómenos lingüísticos observados se explican más fácilmente por fenómenos históricos conocidos: la presencia vascona en Calahorra en el periodo romano podría explicar el afloramiento de onomástica vascoide en los valles orientales, mientras la convergencia política entre Álava y la primitiva Castilla durante los siglos VIII y IX explicaría el euskera altomedieval de los valles occidentales, hipótesis que desarrollaremos en capítulos posteriores.

n40. "No cabe duda de que el valle de Nervión debió de ser un límite de freno de esta lengua vernácula [el euskera]; por eso podemos decir que los autrigones no tuvieron influencia vasca, ni fueron vascos, como algunos han pretendido demostrar, sino centroeuropeos, como lo confirma su toponimia y onomástica más antigua", SOLANA SÁINZ, Autrigonia romana. Zona de contacto Castilla-Vasconia.

n41. FATÁS, “El Ebro medio, trifinio paleohispánico”, en Los pueblos prerromanos del norte de Hispania, p. 49. La página citada por Fatás refiere a la obra de RICO, Pyrénées Romaines. Essai sur un pays de frontière.

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Que el euskera alavés que llegó a la Demanda en el Altomedievo pudo echar tan firmes raíces por encontrarse ya con un dialecto milenario no-indoeuropeo, por encontrarse en tierra fértil, es una posibilidad, pero sólo una posibilidad, y sin evidencia alguna, y no debería convertirse en la hipótesis principal. En resumen, el Pasillo parece haber sido ocupado por pueblos esencialmente celtas, que comparten antroponimia, cultura material, y alianzas políticas. Necesariamente habría una frontera entre ellos, y la analizaremos más adelante, pero no tiene visos de haber sido una de las grandes divisorias etnolingüísticas de la Península.

Indicios tardoantiguos de población vascófona

En la Translación del glorioso cuerpo de nuestro padre San Felices, texto hagiográfico de finales del siglo XI n42, se relata la milagrosa cura en Oca de una mujer llamada Andercea de Puras, acontecimiento que ocurriría durante el traslado del cuerpo de San Felices desde Oca hacia Bilibio, y por lo tanto hacia finales del siglo V o principios del siglo VI. Desde luego, escrito medio milenio después de lo “acontecido”, no es el testimonio más inmediato ni el más fidedigno, pero llama la atención el nombre de la curada – Andercea, de aparente etimología vasca. Sin embargo, es un solo nombre, éstos migran con las personas, y si añadimos las dificultades inherentes a las fuentes hagiográficas y sobre todo la tardía redacción de ésta, este episodio es muy poco a partir del cual postular una abundante población vascófona en nuestra región.

Que contemplamos este dato tan aislado y contaminado es en sí un indicio de la parquedad de información que tenemos sobre la lengua y / o onomástica del Pasillo durante la Tardoantigüedad.

n42. Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Códice #59, ff. 145r-152v, citado por VALDIZÁN, Recuerdos históricos de la ciudad episcopal de Oca, p. 21. Existen dudas sobre la autoría de esta hagiografía, y Valcárcel lo atribuye a un ‘falso Grimaldo’, VALCÁRCEL, La 'Vita Dominici Silensis' de Grimaldo, p. 89 y ss.

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La cronística apenas aporta nada al respecto, y prácticamente la única fuente que nos ofrece una visión de la vida cotidiana durante este periodo es la Vita Sancti Aemiliani. De nuevo estamos ante una fuente hagiográfica, aunque en este caso redactada pocos años después de lo relatado n43, y no tenemos por qué pensar que, en términos generales, la onomástica contenida en ella no sea representativa de nuestro espacio en ese momento, aunque algunos de los individuos nombrados proceden de la zona de Amaya, mientras por otra parte parece probable que las clases nobles estén desproporcionadamente representadas. Con todas sus limitaciones, a partir de la Vita deberíamos concluir que el somontano ibérico de mediados del siglo VI no muestra indicios de ser vascófono, ni en el (escueto) registro toponímico (Banonico, Berceo, Parpalines, Prato), ni en el antroponímico detallado en la tabla adjuntada.

n43. Fue redactada por Braulio de Zaragoza hacia 636, mientras los acontecimientos relatados ocurrirían durante las décadas centrales del siglo VI, puesto que la tradición fecha la muerte del ya centenario Emiliano de Berceo hacia el año 574, CASTELLANOS GARCÍA, Poder social, aristocracias y ‘hombre santo’ ..., p. 33

La cronología de la Vita de San Millán no imposibilita que en algún momento del siglo VII hubiera un influjo de población euskaldún hacia el Pasillo, quizás como resultado (¿refugiados, cautivos, emigración forzada?) de las campañas visigodas contra los vascones. Gracias al texto Cogolla1, sabemos que en 759 la onomástica vasca ya es una realidad en el somontano ibérico (concretamente, en San Miguel de Pedroso), y puesto que una cronología visigoda atraía a Michelena n44 exploraremos esta posibilidad en otro capítulo, limitándonos aquí a señalar que en la hagiografía emilianense no hay rastro de onomástica vascoide.

n44. MICHELENA, “Lenguas indígenas y lengua clásica en Hispania”, p. 212, n. 35

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Situación político-administrativa

Integración del pasillo en el reino de Toledo

La Vita de San Millán sugiere que (por lo menos) la parte riojana del Pasillo estaría integrada en el reino visigodo durante el siglo VI. Sin embargo, Amaya, no sometida por Leovigildo hasta 574, está próxima al extremo occidental de nuestro espacio, y estaríamos, por tanto, ante un espacio fronterizo. Así entendemos el papel de San Millán, mediador entre el sistema visigodo, representado por el gladio uindice Leuuigildi, y los pervasores de Cantabria- Amaya n45. La conquista de Amaya supondría la plena integración de nuestro espacio en el sistema visigodo, hipótesis confirmada por la presencia de los obispos de Oca en los Concilios a partir de 589, y por la aparición de uno de ellos, Asterio, con el rey visigodo Recaredo en el acto consagracional de la iglesia de Mijangos, hacia finales del siglo VI n46. La campaña contra Amaya- Cantabria se entiende como parte de un proceso de sometimiento de toda la Cordillera Cantábrica. No sería hasta las campañas de Sisebuto, hacia 613, que el litoral cántabro también se rindiera n47, mientras Vasconia seguiría resistiendo el poder visigodo hasta la misma invasión musulmana, cuando Rodrigo se encontraría de campaña en el norte n48.

n45. BRAULIO DE ZARAGOZA,Vita Sancti Aemiliani, XXVI.

n46. LECANDA ESTEBAN, “Mijangos: arquitectura y ocupación visigoda ...”, p. 419.

n47. JUAN DE BÍCLARO, Chronicon, I.109.2; GARCÍA GONZÁLEZ (“Incorporación de la Cantabria romana al estado visigodo”, pp. 170 y 199) apuesta por un sometimiento bi-fásico de Cantabria, con el litoral no controlado hasta la intervención del dux Suinthila ya entrado el siglo VII.

n48. Ajbar Maymu’a, #7, p. 21; CHALMETA, Invasión e islamización, p. 133.

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Un corónimo que aparece varias veces en las fuentes del periodo es el de Roconia / Ruconia, circunscripción para cuya ubicación no han faltado pre- tendientes historiográficos. La Cantabria atlántica, Asturias, La Bureba, La Rioja, el Roncal (Navarra), Extremadura e incluso el Ronquillo en Andalucía se han sugerido como escenarios por una mezcla de motivos históricos y / o correspondencia toponímica. La inclusión en la lista de tanto la Bureba como La Rioja n49 nos obliga a contemplar esta cuestión. En primer lugar, dado que todas las fuentes antiguas sitúan el corónimo en el centro-norte peninsular, o bien explícitamente al incluirlo entre otros pueblos norteños n50, o bien implícitamente al relacionarlo con los suevos confinados en ese momento (finales s. VI) en la Gallaecia n51, deberíamos descartar candidatu ras como la andaluza. También rechazamos una ubicación en el Pasillo, ya que, como acabamos de ver, la evidencia arqueológico-epigráfica (la relación entre el obispo Asterio y la monarquía visigoda en Mijangos) e histórico-hagiográfica (la Vita de San Millán, conquista de Amaya por Leovigildo) sugiere que este espacio estaría integrado en el reino visigodo, a finales del siglo VI si no antes, y difícilmente sometido, por tanto, durante el reinado de Sisebuto hacia 613. Entre las otras candidaturas propuestas, la iterada mención de los suevos en las fuentes más tempranas nos hace pensar en una solución cantábrica, en detrimento de la ubicación pirenaica que emerge sólo de las fuentes más tardías como Jiménez de Rada o Alfonso X ‘el Sabio’ n52. En fin, la ubicación de los enigmáticos rocones en el litoral cantábrico, solución favorecida por autores como García González y Besga Marroquín n53, nos parece la más verosímil. En el contexto de nuestro interés en el Pasillo, por lo tanto, podemos descartar estos episodios que no deberían enturbiar la evidencia directa de la integración de nuestro espacio dentro del Reino de Toledo a lo largo del siglo VII.

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Integración del pasillo entero en la Tarraconense

Durante el largo periodo de dominio romano, la administración interna de la Península experimentó varios cambios. Inicialmente habría una división en dos partes (Citerior y Ulterior), luego la división tripartita augustana, el sistema conventual descrito por Plinio, y las reformas administrativas de Caracalla y Diocleciano. Sin embargo, el Pasillo entero casi siempre aparece integrado en el mismo territorio, aunque éste cambiara de designación y composición: primero la Citerior, luego, y durante la mayor parte del tiempo contemplado, la Tarraconensis n54. La excepción sería el sistema conventual descrito por Plinio, que tiene la provincia Citerioris Hispaniae dividida en siete conventos: Carthaginiensem, Tarraconensem, Caesaraugustanum, Cluniensem, Asturum, Lucensem, Bracarum n55. Mientras los libienses (que entendemos como una referencia a la Libia de los berones) pertenecían al convento cesaraugustano, los autrigones se integraban en el convento cluniense. Por lo tanto, en la frontera berón-autrigona se sitúa la divisoria conventual, y se empieza a divisar la ambivalente situación de Autrigonia, ya que en adición a su tradicional orientación mediterránea (la Tarraconensis) tiende en otros momentos a mirar hacia la Meseta y el occidente peninsular: integrado primero en el convento cluniense, y más tarde relacionándose con el Reino de Asturias.

No obstante, durante la Tardoantigüedad no se aprecia esta tendencia ‘occidentalista’ de Autrigonia, y el Pasillo entero se incorpora en la Tarraconensis. Así era para Jordanes, quien describía Austrogonia como región tarraconense limítrofe con el reino suevo de Galicia, y esta misma orientación emerge del contencioso entre el obispo Silvano de Calahorra y Ascanio, el metropolitano de Tarragona n56. Silvano contraviene la ley canónica al ordenar ilícitamente a un obispo, usurpando así el poder de Ascanio. Cuando se repite la trasgresión, ocho años más tarde, Ascanio se queja formalmente al Papa Hilario. Las elites (honorati et possessores) del Alto Ebro apoyan a Silvano, e Hilario se limita a una reprimenda formal. Las civitates cuyas elites apoyaron a Silvano eran: Tarazona, Cascante, Calahorra, Varea, Tricio, Libia n57 y Briviesca.

n57. Vaticana4, 465: Turiassonensium, Cascantensium, Calaguritanorum, Veregensium, Tritiensium, Legionensium [sic] et Virovescensium. Es el estricto ordenamiento geográfico lo que nos permite identificar la Libia de los berones (yacimiento altorriojano entre Herramélluri y Leiva) detrás de la forma Legionensium, considerada errónea por todos los especialistas.

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Tres son los candidatos más verosímiles a ser la sede episcopal en la cual Silvano excedía sus poderes: Tarazona, cuyo obispo Leo había muerto asesinado por los bagaudas en 449; y dos sedes episcopales que aparecerán por vez primera en el tercer concilio de Toledo de 589, Oca y Pamplona n58.

n58. Lo que más pesa en contra de Tarazona es la distribución espacial de las ciudades que apoyan a Silvano. Que la mayoría de estas ciudades estén aguas arriba de Calahorra extraña si lo que se estaba justificando, mediante el argumento del apoyo público, era una intervención en Tarazona, al sur de Calahorra. La cuestión de apoyo popular (quizás aristocrático sería más acertado) para las acciones de Silvano parece ser clave, ya que Ascanio cita primero que las ordenaciones se hicieron “Nullis petentibus populis” (Vaticana1, 463), lo cual provoca la repuesta de los honorati et possessores de las ciudades del Alto Ebro. Si la opinión pública se tiene en cuenta, parece lógico que fuera la opinión de un público implicado en la cuestión. En este contexto sugerimos que Silvano, a partir de su base en Calahorra, buscaría apoyo en las ciudades próximas, y así la inclusión de Cascante, Tarazona y Varea, pero que se apelara a la opinión de los notables de Briviesca, Libia y Tricio es más difícilmente explicable en una operación centrada (hipotéticamente) en el eje Calahorra –Tarazona. Tampoco es que las ciudades representan la totalidad del Alto Ebro, pues falta la mayoría de las ciudades vasconas, lo cual debilita gravemente la candidatura pamplonesa. La presencia de tantas ciudades aguas arriba de Calahorra nos sugiere que el proyecto de Silvano tuviera especial relevancia a esa región. Así, la candidatura de Oca cobra protagonismo, y CASTELLANOS GARCÍA (Poder social, aristocracias y ‘hombre santo’ ..., p. 38) la considera la ubicación más probable. Menos verosímiles como sedes tan tempranas (siglo V) serían Alesanco, Ejea y Amaya, lugares que aparecen como sedes episcopales en algunas confusas fuentes postmusulmanas: el Códice Ovetense del Escorial del año 780 (Alisanco, Amaya, Segia); la Crónica Pseudoisidoriana (“Assauch [=Alesanco?], Amaya destructe sunt”); y el Kitab de al-Bakri (sólo Amaya), noticias recogidas por VALLVÉ, La división territorial de la España musulmana, pp. 216-7. Si estas noticias son fidedignas, parece probable que hagan referencia a fundaciones tardovisigodas.


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Pero al margen de la identidad de la sede involucrada, la noticia es de interés para nosotros al demostrar la pertenencia del Pasillo entero, desde Briviesca hasta Varea, a la Tarraconensis.

La integración del Pasillo en la Tarraconensis se observa también en un registro como la hagiotoponimia. Si centramos la mirada en una comarca concreta, la de Belorado, observamos que muchos de los santos venerados tienen su origen en la Tarraconensis oriental: San Vicente de Zaragoza n59, San Lorenzo de Huesca, San Félix de Gerona, que prestan sus nombres a, respectivamente, un pueblo y valle del Alto Tirón (Cogolla37), un micro-monasterio del mismo valle (Cogolla40) y un monasterio en Oca (Cogolla6). Incluso cuando los santos son originarios de otros sitios, como Eulalia de Mérida n60, cuyo nombre se recuerda en otro hagiotopónimo del Alto Tirón, la obra de Prudencio los hace parte de la tradición calagurritana, y la incidencia de advocaciones relacionadas con el Peristephanon de este autor es llamativa n61. Ésta no deja de ser una evaluación esencialmente impresionista, y sería necesario un análisis sistemático de la geografía de los diferentes cultos para confirmar la hipótesis.

n59. Oriundo de Huesca, obispo de Zaragoza y martirizado en Valencia, a veces se lo conoce como San Vicente de Valencia. Su culto estaría especialmente arraigado en Zaragoza: su túnica llevada en procesión se consideraba instrumental en la resistencia de la ciudad ante el asedio de Childeberto en 541.

n60. ¿O de Barcelona? “Tras largas polémicas historiográficas comenzadas en el siglo XVI y todavía no del todo resueltas, parece probable que las dos Santas Eulalias hispánicas fueron en su origen una misma mártir”, JIMENO ARANGUREN, Orígenes del Cristianismo en la tierra de los vascones, p. 115. De todos modos, el vínculo con Bar- celona es otro indicio del fuerte arraigo en la Tarraconensis de incluso los cultos alóctonos.

n61. Sin pretensión de exhaustividad, ofrecemos algunos otros ejemplos en la misma comarca: San Cucufato – en Cueva Cardiel, cerca de Oca; San Medel – toponimia menor de Belorado; Santa Engracia – arroyo del Alto Tirón, cf. GÓMEZ VILLAR, La Comarca de Belorado: Toponimia y Antropología, pp. 148-150

Al margen del santoral comarcal, las personas que más influencia ejercen sobre el protocristianismo del Pasillo pertenecen siempre al eje Calahorra-Zaragoza: la probable inauguración de la sede de Auka por Silvano de Calahorra, y si rechazamos esta ubicación, el indiscutible apoyo que éste recibe de los honorati del Pasillo; Braulio de Zaragoza, quien ensalza la figura de San Millán de la Cogolla, y cuyo hermano Fronimiano parece haber sido abad del protomonasterio emilianense en Berceo n62; y Didimio de Tarazona, quien antes habría ordenado como presbítero al ermitaño de la Cogolla. En cambio, no nos consta ni un solo vínculo con instituciones eclesiásticas meseteñas.

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¿La frontera berón-autrigona: la frontera diocesana Auca-Alesanco?

A pesar de que, grosso modo, el Pasillo está integrado en las mismas estructuras administrativas a lo largo del periodo pre-musulmán, sí se aprecia desde el primer momento la existencia de una frontera interna que coincide, en cuanto nuestras fuentes nos permiten fijar su trazado, con la que observamos durante el Altomedievo.

Durante el periodo romano, el espacio que nos interesa se divide, según los geógrafos greco-romanos, entre dos pueblos, los autrigones y los berones, y podemos reconstruir la geografía interna de Beronia n63 y de Autrigonia n64 a partir de estas fuentes. Parece que la línea de separación entre las dos estuvo próxima a la frontera que nos interesa y, concretamente, la práctica yuxtaposición de la Oliba / Libia berona y la Segisamonculon autrigona nos define un primer hito fronterizo en el curso medio del río Tirón n65.

n63. Las tres ciudades beronas nombradas por Ptolomeo (Geographias Hyphégesis, II.6.55) no presentan mayores problemas de identificación que los que se pueden resolver fácilmente por medio de la toponimia actual. Oliba (Libia en las fuentes latinas) se ubicaría en el extremo occidental de la Rioja actual, entre Leiva, heredero del topónimo, y Herramélluri, más próximo al yacimiento en sí. Tritión Metallón (Tritium en las fuentes latinas) correspondería al actual Tricio, importante centro productor de terra sigilata. Por último, Vareia es hoy barrio de Logroño (Varea).

n64. La geografía de Autrigonia es algo más oscura, pero, con la Geographias Hyphégesis de Ptolomeo de nuevo como fuente principal, y con algunas contribuciones puntuales de Plinio (Naturalis Historia, III.3.27) y de los itinerarios imperiales (De Hispania in Aequitania y De Italia in Hispanias), podemos incluir en ella las siguientes civitates: Tritium (Monasterio de Rodilla), Uirouesca (Briviesca), Uxama Barca (Osma de Valdegovía), Segisamonculon (Cerezo del Río Tirón), Antecuia (Pancorbo?), Deobriga (Arce Mirapérez?), Vindeleia (Cubo de Bureba?) y Salionica (Poza de la Sal?). Como se puede apreciar, las identificaciones / ubicaciones de algunas de estas civitates son menos seguras que en el caso de las beronas, y al respecto remitimos a: SOLANA SÁINZ, Las entidades étnicas ...; SANTOS YANGUAS, “Pueblos indígenas (autrigones, caristios y várdulos) y civitas romana” , p. 209; GARCÍA GONZÁLEZ, “La cuenca de Miranda de Ebro en la transición ...”, pp. 72-3; y VARÓN HERNÁNDEZ, Prospección intensiva y excavación de sondeos arqueológicos. Yacimiento de Arce-Mirapérez, p.38.

n65. Incluso se ha especulado (GOVANTES, Diccionario geográfico-histórico de España, pp. 29, 101 y 191; SOLANA SÁINZ, Los autrigones a través de las fuentes literarias, p. 20) que este hidrónimo tenga su origen en el etnónimo Autrigonia (*Riotrigón > río Tirón), pero una etimología a partir de la radical hidronímica indoeuropea *ter- / *tor- / *tur- parece más probable, cf. FERNÁNDEZ SIERRA, “Toponimia documental de la Rioja Burgalesa ...”, p. 245

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No está claro que esta frontera autrigón-berona tuviera especial relevancia étnica o lingüística, puesto que los moradores a ambos lados parecen haber sido celtas. Asimismo ambos territo- rios se incluían en la Tarraconensis, aunque el sistema conventual reforzaba esta frontera administrativa, dándola un sentido jurídico.

A partir de 589 estamos seguros de la existencia del obispado de Auka, pero al margen de su sede y su aparente extensión hacia Mijangos, no sabemos con certeza cuáles serían sus límites durante la Tardoantigüedad. Se ha sugerido que los límites diocesanos podrían representar las antiguas divisiones territoriales romanas, y el hecho de que las diócesis nacieron en muchas ocasiones durante el Bajo Imperio, y en su mayoría ya existían durante la Tardoantigüedad da alguna credibilidad a esta hipótesis.


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No puede ser más que una hipótesis, puesto que las diócesis aparecen y desaparecen a lo largo de la Tardoantigüedad e incluso durante el Medievo, y así la continuidad territorial como norma absoluta es una imposibilidad. Sin embargo, en el caso concreto de la diócesis de Auka, el parecido entre los extremos orientales de Autrigonia (descritos por Ptolomeo n66) y el límite oriental de la diócesis de Burgos (según la documentación medieval) avala la hipótesis continuista.

n66. Además del hito Libia-Segisamonculon, tenemos una referencia a un río genérico lo cual nos hace pensar en el Ebro como frontera en la cuenca de Miranda, la probable identificación de la civitas de Uxama Barca con Osma de Valdegovía, mientras, ya en la costa, se nos informa que la desembocadura del Nervión también perte- necía a los autrigones, PTOLOMEO, Geographias Hyphégesis II.6.


Pues, gracias a una serie de contenciosos plenomedievales sobre el límite entre las diócesis de Burgos y de Calahorra, tenemos una excelente idea del trazado de la frontera diocesana. Tanto el detallado censo de la diócesis calagurritana del año 1257 cartografiado por Díaz Bodegas n67 y que reproducimos (con las indicaciones fronterizas ptolomeicas superimpuestas), como un texto burgalés de 106868 permiten reconstruir una divisoria que concuerda con los límites ptolomeicos. Además, a los testimonios eclesiásticos podemos añadir otro laico, la división entre el Reino de Pamplona y el Condado de Castilla del año 1016, y aunque sólo cubre la parte serrana, avala la antigüedad de los límites diocesanos n69. En fin, nuestra hipótesis es que la geografía medieval de la diócesis de Burgos, al ser aparente heredera de la geografía autrigona, es un indicio razonablemente fidedigno de la extensión de la misma diócesis durante la Tardoantigüedad, y que, por consiguiente, la frontera tribal y conventual berón-autrigona se conservó en la geografía diocesana.

Esta impresión se refuerza con la efímera aparición en dos fuentes (ya citadas) del siglo VIII de referencias a Alesanco, en la Rioja Alta (próximo a Nájera y Tricio) y por tanto en territorio berón, como sede sufragánea de la Tarraconensis. Si tenemos que contemplar la coexistencia de dos diócesis en el Pasillo, una en Beronia y otra en Autrigonia, de nuevo, la división diocesana más probable sería la antigua frontera berón-autrigona.

Creación y ubicación del Ducado de Cantabria

El Ducado de Cantabria emerge de la documentación sólo en la cronística asturiana de finales del siglo IX, en referencia a Pedro, padre de Alfonso I n70. Se acepta la división de la Hispania tardovisigoda en ducados n71, pero en principio el concepto parece estar unido a las antiguas divisiones provinciales, y Cantabria ni había sido provincia romana ni figura expresamente como ducado en la documentación propiamente visigoda. Sin embargo, todos los especialistas coinciden en la veracidad de estas noticias asturianas, apoyadas además por la descripción de Amaya como Patricia en la Crónica de Alfonso III n72, y por el protagonismo de este centro en los acontecimientos bélicos del siglo VIII n73. Se ha sugerido que el dux Pedro, en vez de ser un dux propiamente visigodo, fuese en realidad un caudillo cántabro, independiente del sistema visigodo n74. Sin embargo, teniendo en cuenta la validez del concepto de dux dentro del sistema visigodo, y el protagonismo de Amaya Patricia, conquistada por éstos en 574, seguimos la hipótesis mayoritaria, de que el Ducado de Cantabria fue una creación visigoda.

Además de los ducados, la administración provincial tardovisigoda contemplaba otras instituciones que jerarquizaban el territorio, entre ellas los comites civitatis n75 y los obispados n76 . En teoría los comites civitatis estarían un escalón por debajo de los duces, aunque en realidad los dos papeles tendían a fundirse. En el extremo oriental del Pasillo o muy próximo a él, sabemos que hubo un comes (civitatis?) en el momento de la invasión musulmana, y analizaremos las noticias sobre el qumis (= comes) Casio y la geografía de su condado más adelante.

n70. “Adefonsus filius Petri cantabrorum ducis”, Alfonso III, #11 (versión rotense); “Adefonsus Pelagi gener rg. An XVIIIº. Iste Petri Cantabrie ducis filius fuit”, Albeldense, XV.3.

n71. GARCÍA MORENO, “Estudios sobre la organización administrativa ...”, p. 115 y ss.

n72. Alfonso III, #25. El concepto bizantino de Patricius parece relacionarse con los máximos cargos político- militares, y dentro de la Península con las civitates sedes de los dux provinciae como Lugo, GARCÍA MORENO, “Estudios sobre la organización administrativa ...”, p. 141 y ss.

n73. GARCÍA MORENO, “Estudios sobre la organización administrativa ...”, p. 140 y ss.; BESGA MARROQUÍN, Orígenes hispano-godos ..., p. 186 y ss.

n74. La idea de que hubiera duques cántabros independientes del sistema visigodo aparece en BARBERO Y VI- GIL, La formación del feudalismo ..., p. 302. Para una crítica de la idea, BESGA MARROQUÍN, Orígenes hispano- godos ..., p. 188.

n75. GARCÍA MORENO, “Estudios sobre la organización administrativa ...”, p. 124 y ss.; MARTIN, La géographie du pouvoir dans l’Espagne visigothique, p. 161 y ss.

n76. GARCÍA MORENO, “Estudios sobre la organización administrativa ...”, p. 90; MARTIN, La géographie du pouvoir dans l’Espagne visigothique, p. 191 y ss


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En cuanto a los obispados del Pasillo, además de Auka, documentado a partir de 589, tanto Tarazona como Calahorra parecen haber ejercido influencia sobre lo que es hoy la Rioja Alta, mientras, como ya se ha comentado, algunas fuentes post-711 nos traen noticias de la existencia de un obispado tardovisigodo en Alesanco n77.

Una cuestión de cierta trascendencia para nuestra hipótesis es la extensión física del referido Ducado de Cantabria. La hipótesis que vamos a desarrollar en los siguientes capítulos es que la geografía administrativo-militar tardovisigoda se ha quedado plasmada toponímicamente a raíz de los acontecimientos del siglo VIII. Utilizaremos como guía principal la toponimia en Quintana, y, si se acepta nuestra hipótesis, esta toponimia parece describir una entidad administrativa tardovisigoda que excluye la mayor parte de la Rioja Alta.

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Sin embargo, se ha sugerido que el Ducado de Cantabria incluyera la Rioja Alta: “comprendía parte de la Rioja, desde algo más al sudeste de Logroño” n78. Entre los argumentos a favor se pueden citar: la incierta ubicación de los Kantabroi koniskoi, ‘vecinos de los berones’ según Estrabón (Geographia, III 4, 12); la aparición del topónimo Cantabria en la Vita de San Millán; los topónimos riojanos actuales Sierra de Cantabria y Peña Cantabria; y varias referencias medievales, entre ellas:

– “Idem [ Sancho Garcés I ] cepit per Cantabriam a Nagerense urbe usque a Tutelam omnia castra” (Albeldense XX.1, siglo X);

– “Sancione in Pampilona vel in Cantabria” (Albelda28, 983);

– “senior Fortuni Oxoiz cum ipsa terra que tenet, id est Bechera, ambabus Cambaribus, Ualdearneto cum omnibus villis Cantabriensis” (Rioja3, 1040).

La mayoría de estas pruebas son compatibles con la existencia de una plaza- fuerte altomedieval en frente de la antigua Vareia. Lo que es más difícil de demostrar es la vigencia de esta Cantabria riojana en periodos anteriores. Irónicamente, la ‘prueba’ más célebre de tal Cantabria riojana (la aparición del topónimo en la ‘riojana’ Vita Sancti Emiliani) es en realidad de las más débiles: pues el contexto es de Amaya, y la ubicación de la Cantabria destruida por Leovigildo queda muy clara a partir del Códice Emilanense 39, “Cantabriae sita est In mons Iggeto iuxta fons Iberi / Et Leovildo rex destruxit” n79. Tampoco convence el argumento aducido por García Moreno a partir de la noticia de que el rey Wamba partía desde Cantabria para hostigar a los vascones n80. Vasconum podría referirse al solar del actual País Vasco, y no sólo a Navarra, lo cual permitiría un lanzamiento de la campaña desde el Ducado de Cantabria sin que éste se extendiera hasta La Rioja. Es más, el hecho de que a continuación Wamba se dirigiera hacia la Narbonense vía Calahorra y Huesca n81 es perfectamente compatible con una campaña en la Vasconia occidental, y este detalle, lejos de debilitar la ubicación occidental, como argumenta García Moreno, la fortalece, pues a partir de Pamplona, por ejemplo, no tendría tanto sentido retroceder hacia Calahorra (al sur) antes de dirigirse hacia levante, siendo más directa (directum iter) la ruta vía Ejea n82.

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El número de ducados en el Reino de Toledo parece haber sido 8: seis que corresponderían a las grandes provincias eclesiásticas constantinas (Galia / Nar- boniense, Galicia, Celtiberia / Tarraconense, Cartaginense, Lusitania y Bética) y otros dos de fundación visigoda y orientación militar (Asturias y Cantabria). En cambio, el número de diócesis ascendía a 82 n83. Este contraste sugiere que los ducados fuesen unas entidades de extensión considerable y, aunque no todos serían del mismo tamaño, y los dos de fundación tardía bien serían de dimensiones más modestas que los históricos, parece lógico pensar en estructuras en las cuales cabía más de una diócesis. Tendrían, por lo tanto, divisiones internas, y el enigmático obispado de Alesanco bien podría haber sido un sector oriental del Ducado de Cantabria. Si fuera así, la línea que marca quintana etc. sería una división interna del Ducado de Cantabria, la que separaba los obispados de Oca y de Alesanco.

Con todo, y al margen del indudable interés histórico de la cuestión, no nos es imprescindible resolver la cuestión de si la frontera que detectamos en el Pasillo es la frontera exterior del Ducado o una división interior (entre dos obispados). Lo importante es que en vísperas de la invasión musulmana existía una frontera administrativa (episcopal o ducal), cuyo trazado esperamos se quede nítidamente delimitado a partir de la evidencia onomástica que contemplaremos en los sucesivos capítulos.

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Conclusión: El pasillo durante la Tardoantigüedad

La geografía del norte peninsular dicta el papel de corredor que corresponde al Pasillo, y esta función es un hecho continuo a lo largo del periodo estudiado, tanto en periodos de paz como en los de conflicto: los pueblos celtas que entran en la Península durante el milenio anterior a la era cristiana necesariamente pasarían por el Pasillo de camino entre la Galia y la Meseta, y nos parece significativo que una de las escasas referencias directas al fenómeno de la migración celta dentro de Iberia en la literatura clásica hace referencia a nuestro espacio, cuando Estrabón nos informa que los berones participaron en esta ‘invasión’ n84. El hecho de que dos importantes vías romanas biseccionan nuestra región, juntándose en Briviesca n85, ilustra la importancia estratégica del Pasillo en periodo romano, y esta característica se observará también en todos los momentos históricos contemplados: la geografía de las agresiones suevas, la ruta tomada por Muza a partir de Zaragoza, el ensañamiento astur con el Alto Ebro hacia 750, la principal vía de ataque andalusí a lo largo del periodo califal ...

Especialmente traumática resultaría la primera mitad del siglo V: parece probable que los suevos y alanos cruzaran nuestro espacio camino a la Gallaecia; los episodios bagaudicos peninsulares (441-454) parecen concentrarse en el extremo noroccidental de la Tarraconensis; prácticamente sincrónicas serían las incursiones del suevo Requiario, con Autrigonia como blanco expreso; y a continuación la respuesta imperial de los foederati de Teodorico en 455 n86.

Quizás como consecuencia de estos acontecimientos, las cuatro ciudades más occidentales de la lista de apoyo a Silvano (Briviesca, Libia, Tricio y Vareia), referencias espaciales constantes e indiscutibles durante más de 500 años, des- aparecen de nuestras fuentes a partir de ese momento. Probablemente esto se debe en parte al laconismo de las fuentes posteriores y al ya denunciado desajuste evidencial, pero el hecho es que estas civitates no figuran ni en la Vita Sancti Aemiliani (prácticamente la única fuente que tenemos para los siglos VI-VII), ni en las razzias astures de mediados del siglo VIII, y eso a pesar de que se nombra un desproporcionado número de núcleos en estos lares n87.

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Tampoco aparecen en la cronística que relata las hazañas de los Banu Qasi y sus enemigos, ni jerarquizan el espacio cuando se reanuda la documentación pormenorizada referente al Pasillo en el siglo X n88.

Especialmente llamativo resulta el contraste entre Auka (Oca) y Briviesca. La nueva sede episcopal parece usurparle a Briviesca su papel como centro jerarquizante del Pasillo occidental (la Bureba). Mientras Auka se sitúa en el somontano, prestando su nombre a los boscosos montes circundantes n89, Briviesca se halla en un punto de gran importancia estratégica, en el nexo entre las dos vías romanas más importantes del norte peninsular, y sospechamos que su relativo declive se deba precisamente a esta circunstancia: el resultado del castigo que sufrirían las civitates de las principales vías durante los conflictos del siglo V. Briviesca y Tricio por lo menos no se despueblan, sólo pierden su protagonismo comarcal; el declive de Vareia y de Libia sería más pronunciado aunque hay continuidad toponímica y quizás poblacional; mientras muchos otros asentamientos romanos no disfrutan ni siquiera de este consuelo y, en el cuadrante sur-oriental de la provincia de Burgos, Pastor Díaz de Garayo observa continuidad durante el periodo visigodo en tan sólo 2 de 69 yacimientos romanos n90.

n87. Oca, Miranda, Revenga, Carbonarica, Abeica, Briones, Cenicero y Alesanco; Alfonso III, #13 (versión ‘A Sebastián’). La versión Rotense de la Crónica no incluye Briones.

n88. Otra ciudad con cierto protagonismo en las geografías e itinerarios romanos, aunque ausente del contencioso Silvano-Ascanio es Segisamunculon (Cerezo del río Tirón). No tenemos ningún indicio fidedigno, literario o arqueológico, de la ocupación de este asentamiento entre los periodos imperial y condal. En cuanto al registro literario la continuidad que esboza PÉREZ DE AVELLANEDA (Cerezo de Río Tirón, pp. 77-85) descansa en testimonios de valor más que dudoso como el apócrifo Cronicón de Hauberto (Hispalense), obra del célebre falsificador Lupián ZAPATA, cf. CARO BAROJA, Las falsificaciones de la historia, pp. 99-102. Sin embargo, notamos que en el periodo condal rápidamente recuperará cierto protagonismo comarcal: “iudicem in Cereso [...] comite Fredinando in Cereso et in Grannione”, Cogolla23, 936.

n89. “In serra et in monte de Auca” (Cogolla40, 945); “in aliis montibus de civitate de Aucha” (Cogolla37, 945); uso conservado hasta el presente como los Montes de Oca.

n90. PASTOR DÍAZ DE GARAYO, Castilla en el tránsito ..., pp. 41-2

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En resumen, contemplamos un espacio traumatizado y quizás militarizado, con indicios de un debilitamiento de las antiguas civitates que jalonaban las vías romanas. No obstante, el Pasillo sigue funcionando básicamente como tal; no se ha bloqueado; no se ha formado ninguna frontera impermeable. Lo que sí habría es una frontera esencialmente administrativa, probablemente diocesana, y quizás también ducal, aunque no podemos saber con certeza los límites del Ducado de Cantabria. Por poderes administrativos en la Hispania tardovisigoda se entienden esencialmente condes, obispos y duques, con responsabilidades militares además de las civiles, sobre todo en las zonas próximas a los enemigos del estado tardovisigodo: vascones, rucones y francos. Sugerimos que las diferentes reacciones de estos poderes ante el hecho de la invasión musulmana marcarían profundamente el futuro de la región y conduciría a la creación de una frontera mucho más trascendental que la antigua divisoria.

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