PereiraMenaut2010

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Resumen: En las últimas décadas se ha discutido el concepto tradicional de Romanización, indefinido pero útil, para exigirle concreción y exactitud en casos seleccionados, y el caso ha matado a la teoría: se afirma que la Romanización no existió, o que nadie sabe qué es. Una corriente nordeuropea, sobre todo anglosajona, pone en cuestión la civilización romana (depredadora de otras del mismo nivel). Como contrapunto se presenta la investigación sobre Hispania y particularmente Callaecia: frente a la identidad original de los pueblos, su formación a lo largo de la Historia: la Etnogénesis, de la cual la Romanización es un momento capital, que aportó a los pueblos europeos mucho más que las pretendidas culturas bárbaras. Late en el fondo una viejísima tensión entre el Norte y el Sur de Europa.

Palabras clave: Romanización. Civilizaciones. Europa «latina» vs. Europa «germánica».

Abstract: The traditional concept of Romanization, vague but nevertheless useful, has been dealt with in recent decades in the discussion of specific questions, ultimately leading to a radical revision of the basic postulates: thus, it has been claimed that Romanization did not exist, or that nobody knows what it was. A North European, especially English trend, brings into question Roman civilization (depredatory of others on the same level). As opposed to this, the research works on Roman Hispania and particularly on Callaecia may be adduced: the original identity of the indigenous peoples must be considered side by side their formation throughout History: the Ethnogenesis, of which Romanization represents a crucial event which contributed to the European peoples much more than the Barbarian cultures. There is in the background an old conflict between Northern and Southern Europe. Key words: Romanization. Civilizations. «Latin» Europe vs. «Germanic» Europe.


Voy a tratar este gran tema sirviéndome de cuatro pequeñas historias reales. Al final de cada una de ellas expondré lo que Callaecia, es decir, la investigación reciente sobre la antigua Callaecia y su romanización, han aportado al debate. Veremos que no es poco, incluso que, como tantas veces sucede, y en contra de lo que frecuentemente se oye, hemos ido por delante en conceptos y planteamientos.

Viene en nuestra ayuda una excelente tesis doctoral defendida hace poco en la Universidad de Alicante, titulada «Evolución y fundamentos historiográficos del concepto de Romanización», de la autoría del Dr. Teodoro Crespo Mas, dirigida por el Prof. Dr. Jaime Molina. Por cierto que en esa tesis aparece Callaecia (y su pertinente investigación) como pionera en la formulación de las más creativas maneras de entender la romanización, mientras que el conocido historiador compostelano Fernando Wulff es presentado como introductor de los estudios dedicados a la creación de presuntas identidades nacionales, en las Hispaniae de la edad moderna, al hilo o a caballo de ciertas formas de entender la romanización de esas Hispaniae.

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Marruecos, la gaita y los celtas

En un debate con estudiantes sobre la cuestión del celtismo de Galicia, en la Facultad de Historia de Santiago, hace ya unos años, uno de ellos mantenía que el día en que los marroquíes se acostumbrasen a tocar la gaita y la adoptasen como propia, ese día los marroquíes serían celtas. El desacuerdo fue general, evidente y bien audible. Sin embargo, la propuesta de aquel estudiante no era tan abiertamente errónea o falaz; era la consecuencia de una determinada visión del celtismo. Según aquel estudiante, el celtismo era una cuestión cultural, y nada más. Es cierto que el tocar la gaita era un solo rasgo cultural, y diríase que para ser celta, aun desde una definición cultural del celtismo, habría que haber adoptado más rasgos culturales celtas, y no sólo la gaita. Pero entonces lo arreglaríamos diciendo que el estudiante tenía razón, si bien habría de haber dicho que el día que tocasen la gaita serían «un poquito celtas».

Ahora bien, ¿a qué obedecía, por su parte, el general desacuerdo? Sin la menor duda, obedecía a otra visión del celtismo, y es de presumir que en muchos casos, si no todos, y más o menos conscientemente, los que mostraron su rápido desacuerdo tenían una visión genética del celtismo. Según tal visión, para que la antigua Callaecia fuese celta debería haber habido un traslado de población celta que fuese, al menos, tan numerosa como la que ya había aquí, y a poder ser un poco más, por aquello de la mayoría simple. Y mucho mejor si los nuevos galaicos acababan con los viejos, porque así el celtismo ya quedaba fuera de cuestión. Permítanme ahora un inciso. Siempre me he preguntado cómo se explica que los apóstoles del celtismo galaico consideran a los celtas como lo genuinamente galaico, olvidándose de los que estaban antes. Esos, que estaban antes, ¿no tenían categoría para ser nuestros ancestros? ¿Eran como parientes pobres y aldeanos que hay que ocultar? Tengo ante mí una sencilla revista titulada Ith, Revista da Irmandade Céltiga n.º 2 (Inverno 87/88). En la portada se anuncia una colaboración, en forma de pregunta: «¿Somos de raza celta?» Para los que plantean esa pregunta, celtización debe ser una cuestión racial, y si los gallegos somos de raza celta será porque expulsamos o matamos a los verdaderos gallegos. Por cierto: es claro que los editores de Ith ignoran que en la moderna Genética de Poblaciones la palabra «raza» ha sido desterrada para siempre.

Sirva la cuestión del celtismo y sus diferentes percepciones, de las que sólo hemos recordado dos, la cultural y la genética, para introducirnos más cómodamente a la romanización y sus aspectos. Es claro que la romanización es un fenómeno muy complejo, con muchas caras. Podemos pensar en la romanización lingüística, que es la introducción, extensión y dominio del latín por encima de las lenguas pre-romanas, dentro de la cual podríamos hablar de una romanización onomástica, la adopción de los nombre personales latinos tras el abandono de los nombres indígenas. Hay también una romanización arqueológica, que sirve de base y método a los frecuentes estudios que se titulan «Romanización del valle de la Mahía» y cosas semejantes. Estos estudios podrían llamarse también «Romanización del suelo del valle…», porque suelen estudiar los hallazgos arqueológicos, y si hay suerte y aparece algo más, también la epigrafía y la numismática. Lo que está por encima del suelo, como la situación jurídica de los indígenas conquistados, los cambios en la estructura socio-política, las relaciones de las élites con el poder romano, y un largo etcétera, no aparecen, lógicamente.

¿Y si no aparece nada «arqueológico» en un amplio lugar determinado en una zona de Galicia? ¿Concluiremos que allí no hubo romanización? Esto sería tan absurdo como concluir, de la ausencia de todo resto arqueológico en otro lugar, que ese lugar no tenía Historia. Y, sin embargo, esta reducción al absurdo ha sido propuesta ya entre nosotros.

Pero, ¿es lícito olvidar que el valle de la Mahía, por seguir con el ejemplo, pertenece al Conventus Lucensis, y que desde Lucus Augusti se controla y organiza buena parte de la vida de los habitantes de ese valle?


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Por otra parte, poco importa que esos habitantes sigan usando un cacharro de cerámica o un cuchillo sin romanizar, cuando su vida cotidiana está tan determinada por la conquista romana y la consiguiente re-organización de las tierras y las gentes, hasta el punto de que han perdido la propiedad de sus propias tierras, que ahora serán ager publicus, propiedad del pueblo romano o del emperador, o que unos indígenas sean reagrupados con otros dando lugar a nuevos núcleos de población —una transformación de máxima importancia—, esos grandes castros que fueron construidos después de la conquista. Poco importa que la cerámica o el cuchillo estén sin romanizar, ni tampoco que algunos de esos utensilios u otras prácticas indígenas se mantengan durante siglos, en algún caso quizá casi hasta la actualidad. De nuevo sería reducir las cosas al absurdo si pensamos en un cuchillo sin romanizar en manos de un indígena que ya tiene un nombre parcialmente latino mientras conserva otro elemento onomástico indígena, recibe una inscripción funeraria al morir —escrita en latín—, utiliza moneda romana, etc., etc. Lo absurdo se mostraría si hiciésemos una valoración pautada de la romanización de ese indígena (hágaseme gracia de inexactitud, en beneficio de la claridad):

  • romanización en la cultura material (cerámica, etc.): nula;
  • romanización lingüística general: alta;
  • romanización lingüística onomástica: media;
  • romanización de creencias funerarias: alta;
  • romanización monetaria: alta;
  • romanización arquitectónica: nula o casi nula;
  • romanización urbanística: nula;
  • etc.

Para llegar a este absurdo de «Romanización con lupa», que sólo ve lo que está debajo de ésta, y valorar adecuadamente lo que Callaecia ha aportado, debemos hacer un breve recorrido por la historia del concepto de Romanización.

A mediados del siglo xix, cuando nacen el concepto y la palabra, es general la convicción de que la misión de Roma, la propagación de la civilización y el progreso, el derecho, etc. convierten a la Romanización en una tarea de alcance universal, que libraría a los hombres y las naciones romanizados de su ancestral atraso, ignorancia, pobreza e incultura. Sin embargo, podemos tomar a Mommsen como ejemplo de la complejidad de esta gran cuestión histórica, complejidad producida por algo que aletea por debajo: el nacionalismo. No es un nacionalismo de las Naciones, sino de los Estados europeos modernos. Así, mientras Mommsen no duda en hacer un panegírico de la Romanización y de los bienes que había llevado a los romanizados, mantiene con firmeza y con satisfacción que los Germanos se libraron de esa contaminación de elementos extraños, ajenos: gracias a ello, la gran Nación Alemana se conservaba pura desde sus orígenes.

Como contrapunto a Mommsen, en las ideas pero no en las intenciones, podemos citar al francés Camille Jullian. La auto-representación más querida por los franceses no es el de una nación aislada y pura en sus orígenes, sino una síntesis, lo galo-romano. El sencillo esquema de una potencia dominante que conquista y civiliza a unos pueblos pasivos, o en todo caso impotentes, es substituida por otra: la colaboración de los indígenas en la Romanización, que aceptan gustosos, sabiendo que es beneficiosa para ellos. Así aparece otro gran tema con mucho futuro: la Romanización vista como el diálogo entre dos culturas y la interpenetración de una en la otra. El concepto de Romanización tiene siempre esa doble cara, por un lado la investigación histórica, y por otro el servicio a intereses ajenos a la disciplina, como los nacionalismos, o, en su caso, la aplicación a la investigación de teorías que han nacido fuera de las ciencias históricas, como el marxismo.


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Debemos reconocer, sin embargo, que esto último es consubstancial a cualquier disciplina social, y no debe ser considerado un demérito.

El gran cambio se produce después de la II Guerra Mundial. Asistimos ahora a lo que se ha llamado la «descolonización de la Historia Antigua», paralela a la descolonización que se produce ante todo en África y Asia. La Historia Antigua se descoloniza de aquellas ideas-fuerza como «civilización», «cultura dominante», «progreso», «superioridad racial», etc. etc. La Historia Antigua se aproxima a las Ciencias Sociales y empieza a ver la Romanización como un proceso de aculturación, y relega al olvido la idea de que hay culturas altas y bajas en una escala que mediría el progreso en los términos más generales. En lugar de ello, las culturas históricas no habrían de valorarse según su cercanía o alejamiento de la cultura greco-romana, que dejaba de ser la grande, única referencia. La influencia del marxismo, sobre todo en Francia e Italia, o neo-marxismo descolonizado de estalinismo, junto con la Arqueología, supusieron un cambio esencial. Al contrario que en otros tiempos, cuando la Romanización era considerada como una sábana que se extendía uniformemente por amplias regiones, ahora se estudiaba la ciudad como elemento estructurador del territorio, de la producción agraria, del comercio; se estudiaban las relaciones sociales, y en particular el esclavismo. Las villae no eran sólo ya el asiento de los portadores de la gran cultura clásica, mientras sus mosaicos dejaban de ser solamente objeto de la Historia del Arte para ser, además de una rama de la producción artesanal, un símbolo de estatus y representación de mentalidades que, más allá de lo religioso o mítico, hablaban de actividades empresariales, de emprendedores agentes económicos.

En este panorama, la organización del territorio y de los núcleos urbanos en Italia y en las provincias, que en la justa expresión francesa eran vistos como una mise-en-abyme, una miniaturización de la propia Roma, eran justamente considerados como el verdadero elemento romanizador. Pero, en mi opinión, bajo tantas estructuras quedaban ocultos y atrapados los pueblos (mejor: comunidades organizadas en tanto que tales) del ancho Imperio Romano.

No voy a dejar espacio a la llamada Arqueología Procesual y la New Archaeology, y no lo digo en clave retórica, para dejar dicho lo que digo que no digo, porque esas fiebres pasan, como toda esta clase de fiebres, y esta ya ha pasado en casi todas partes. No tanto en España. Había cometido el pecado de reivindicar un objeto de conocimiento distinto del de la Historia Antigua, y haciendo hablar casi solamente a lo que afloraba en el suelo, o estaba debajo de éste, le pusieron una música que ellos traían en sus ordenadores.

Creo no ser injusto si afirmo que en la fase siguiente, que Teodoro Crespo Mas llama el postprocesualismo, nos encontramos ante una tendencia manierista, sobre todo (pero no sólo) en el mundo anglosajón y norte de Europa, entendida como un buscado juego de afilados conceptos, gusto por las paradojas y las figuras retóricas, que a la postre parecen llevarnos a otro mundo sin haber salido de este. No es extraño que en el moderno debate se haya propuesto el abandono de la palabra «romanización», y como de momento no hay un substituto de fácil uso, algunos hablan ahora, en la investigación anglosajona, de «R-word», esa palabra que empieza con «r» y que, como nadie sabe ya qué significa ni qué tiene detrás y arrastra consigo, será mejor olvidar. Se han propuesto otros términos, alguno muy oportunista y muy poco efectivo, como «Globalización de la Cultura Romana» (R. Hingley), que ignora la parte del resultado final que se debe a las culturas indígenas sometidas, y parece ver hace 2000 años el comienzo de ese fenómeno que llamamos «globalización». A este manierismo pertenece esa pequeña lista de «romanizaciones parciales» antes apuntada.

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Volvamos a la realidad; veamos la aportación de Callaecia. Hace ya muchos años que propusimos, a la vista de lo que las fuentes literarias, las epigráficas y la arqueología mostraban, que la discusión acerca de si en Callaecia había o no había romanización era una cuestión semántica, cuyo resultado dependía de lo que cada uno quisiera entender por romanización. Era preferible estudiar a fondo los testimonios más variados y concluir entonces lo que la conquista romana había supuesto. Y así, en vez de la palabra «Romanización» proponíamos hablar de «transformaciones producidas por la conquista romana y sus resultados». Es más largo y menos cómodo, pero engloba las dos realidades fundamentales, lo transformado (el mundo indígena y sus acciones) y lo transformante (los romanos y sus acciones), de modo que este amplio concepto está abierto a cualquier innovación que el investigador quiera incluir, debido a los avances en el conocimiento, y puede tratar de todos ellos en diálogo constante entre sí n1.

Esta idea-guía de las transformaciones nos llevó a enriquecer mucho la capacidad de lectura de los hechos documentales. En primer lugar, supimos valorar que mucho antes de la conquista, ya a finales del siglo ii a.C., había llegado la cerámica campaniense, cuando ningún romano había pisado Callaecia, aparte del episodio de Decimus Iunius Brutus Callaicus. La entrada y el uso de materiales romanos se acentuaba en el siglo i a.C., antes también de la conquista, de modo que tuvimos que hablar de una «aculturación material previa a la conquista», concepto de enorme potencia, porque no era el principio de la romanización, como no lo fue en otros lugares, como Rusia o Suecia, donde también se dio esa entrada y uso de materiales romanos, incluida la moneda.

Como gran transformación, las medidas organizativas tomadas por los conquistadores para organizar el territorio y establecer las comunidades humanas que iban a dominar nos llevó a entender la constitución de una región histórica dentro del Imperio Romano, no provincia pero sí con entidad propia para ciertas cuestiones, que empezó a llamarse Callaecia, utilizando para ese nombre el de aquel pueblo vencido por D. Iun. Brutus Callaicus. Pero de esto hablaremos más tarde.

Las transformaciones en los castros, que suponen la creación de los más grandes y el abandono de otros, algún tiempo después de la conquista. Las alteraciones e innovaciones en el utillaje doméstico, importado o no; la introducción del hábito epigráfico algunos decenios después, precedido por las inscripciones oficiales que hacen los romanos, pero para que las vean los galaicos; la primera tímida introducción de la onomástica latina, muy poco después de la conquistan2… A la vista de tanta transformación, y en ausencia de ciudades (excepto las dos capitales fundadas para controlar y dominar ordenadamente, Lucus Augusti y Bracara Augusta), y de obras públicas dignas de consideración, surgían por sí mismas preguntas como ¿cuáles son los elementos estructurantes del territorio?

Las inscripciones galaico-romanas, relativamente escasas pero riquísimas en contenido, respondían por derecho propio a cuestiones que tiempo atrás ocupaban a los investigadores. La permanencia del culto a divinidades indígenas, el sincretismo patente en las numerosas dedicaciones a los Lares Viales, la inmensa mayoría de las que se conservan en todo el Imperio, no nos hablaban de resistencias indígenas, sino de mezcla y síntesis, de lo galaico-romano.

En resumen. Callaecia y su pertinente investigación nos hacían superar cualquier definición formal de la romanización, pero también cualquier ensayo de encerrar ese fenómeno en marcos fijos.

n1 G. Pereira-Menaut, «Cambios estructurales versus romanización convencional. La transformación del paisaje político en el Norte de Hispania», en: Estudios sobre la Tabula Siarensis, Anejos de AEArq IX, Madrid 1988, 245 ss. El título del artículo sintetiza cabalmente su contenido, y muestra la viveza del debate.

n2 En la Tabula Lougeiorum, del año 1 d.C. los legati indígenas se llaman Silvanus Clouti y Noppius Andami. Posiblemente tomaron los elementos onomásticos latinos siendo ya jóvenes o adultos, si tenemos en cuenta que la conquista había terminado el año 19 a.C., y que su función de delegados de la comunidad indígena parece sin duda exigir una edad avanzada. Véase M.D. Dopico Caínzos, La Tabula Lougeiorum. Estudios sobre la implantación romana en Hispania, Vitoria-Gasteiz 1988, el texto latino en p. 11.


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Si hubiera un concepto unívoco de romanización, las diferencias entre unas y otras regiones habrían de ser de grado o intensidad en una escala de menor a mayor. Nosotros habíamos llegado a otra cosa: «Romanización» es un concepto insuficiente y muy lastrado por el tiempo de la investigación. Preferimos decir, en su lugar, algo así como «las trasformaciones producidas por la conquista sobre unos pueblos y unos territorios que tenían su propia forma de ser, y el resultado de todo ello. Resultado que será siempre distinto, según el estadio histórico en que se encuentran el conquistador y el conquistado, y según la forma de ser de éste». La romanización de la Bética y la de Callaecia no se diferenciaban por su intensidad. Fueron totalmente distintas, y no pueden ser denominadas por medio del mismo nombre, a no ser que el substantivo «romanización» signifique algo tan amplio como «historia», que puede ser justamente aplicada a una región, a una lengua o a una técnica.

La Amazonía y el paraíso budista

En distintas ocasiones he pedido a mis alumnos su opinión sobre el descubrimiento o encuentro con pequeños grupos humanos ajenos totalmente a la civilización, que a veces tiene lugar en las tierras de la Amazonía. Con toda frecuencia opinaban que ese encuentro era una desgracia para los indígenas, que a partir de ese momento empezaban un camino hacia su propia destrucción, que perdían aquella suerte de felicidad ingenua, que perdían su maravillosa vinculación con la naturaleza, de la que formaban parte orgánica, casi como un árbol o un animal superior. No importaba que su esperanza de vida fuese de unos treinta años, que la mortalidad infantil fuese muy elevada, que no conociesen la escritura, que careciesen de cualquier rasgo de individualismo y de normas positivas, que no tuviesen un proyecto como tal sociedad, y por tanto ninguna utopía, ningún concepto de progreso o mejora de sus condiciones de vida, ninguna consciencia de sí mismos. Era mejor para ellos seguir así.

Este cambio de mentalidad, entre nosotros, es de primerísima magnitud, porque nos aleja de las tradiciones greco-romana y judeo-cristiana, que contienen siempre un proyecto de sociedad, ya sea una sociedad sin conflictos internos (Platón), una civilización perfecta sin posible decadencia (Roma) o la cristianización del mundo y el progreso material (occidente cristiano), o, todavía más allá, la consecución de un mundo de igualdad sin explotadores ni explotados (Marx). En lugar de todo ello, vivir día a día sin más inquietud que mantenerse en pie, algo más próximo al budismo.

Esta opinión de ciertos estudiantes se refería, en realidad, a nuestra propia sociedad. Son tantos los males que nuestra sociedad lleva consigo, que es preferible que el indígena amazónico siga viviendo en el más absoluto primitivismo, en ese pozo desde el que no puede ver ni imaginar ni asomarse a la Historia. Es de suponer que si estos estudiantes creyeran que el contacto de los indígenas con la sociedad occidental-capitalista habría de ser beneficioso para ellos, opinarían de otra manera. Pero, además, las cosas no son tan sencillas. Porque el contacto podría ser beneficioso para las personas indígenas, pero llevar a la desaparición de la comunidad, o al menos alterarla hasta transformarla en otra cosa. Y esto, para los nacionalistas apóstoles de la identidad de los pueblos, sería todavía mucho más grave. Y así volvemos al complicado nudo gordiano de la cuestión.

Se comprenderá pues, fácilmente, que en el debate actual las cosas hayan cambiado casi radicalmente, reconociendo en las sociedades indígenas pre-romanas un mundo valioso y digno de atención, tanto más si uno es francés (es decir, galo, supongamos) y cree que Asterix y su gente son mucho más inteligentes, democráticos, libres y simpáticos que Julio César.

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Galos, Celtíberos, Celtas, Astures, Cántabros, Lusitanos, Iberos… todos ellos pueden ser ahora el centro de una nueva atención cordialmente interesada, y de la correspondiente magnífica Exposición monográfica que suele llevar por título el nombre de esos mismos pueblos, y con frecuencia son financiadas por potentes compañías capitalistas privadas —este detalle no es baladí—. Su resistencia a la romanización, cuando la hubo, será ahora entrevista con complacida complicidad. En coherencia, se planteaban otras cuestiones. Si la romanización había sido solamente superestructural, sin llegar al fondo del ser de los pueblos indígenas; si se trataba de una ruptura con lo anterior o por el contrario había una continuidad más o menos visible… Aproximadamente lo mismo que en el xix, pero al revés. Si en el xix el biempensante historiador europeo no dudaba de la bondad de la romanización, porque estaba convencido de que la cultura europea era superior, más justa, más efectiva y preñada del germen del progreso —a diferencia de otros pueblos y culturas— ahora, en estos últimos decenios, sobre todo desde el post-modernismo, se instala en Occidente entre los más críticos el nihilismo, el desprecio por una cultura occidental que es muerte, destrucción, explotación, deshumanización, etc. Y este sentimiento de oposición a la cultura occidental, heredera directa de Roma, se transfiere a la conquista romana, a la Romanización.

La nueva mirada a la Romanización contiene un elemento de máxima importancia: Roma y su Imperio ya no son ahora los áulicos héroes del gran drama histórico, sino, para algunos, los villanos comerciantes del mercado. Decía Vicente Risco, en el siglo xix, que los grandes enemigos de los celtas galaicos eran la razón, el logos griego, y el Derecho Romano, y esto puede ser leído y oído todavía hoy, curiosamente, aunque no entre los historiadores. Permítanme este comentario jocoso: eso lo dicen, sin más consecuencias que su descrédito intelectual, porque gracias a la Razón y al Derecho gozamos de libertad de expresión.

Vimos antes que en el concepto de Romanización, ya en el mismo Mommsen, el devenir histórico de los Estados modernos había jugado un papel fundamental. La aparición de los pueblos para ocupar el primer lugar de la escena transcurre paralelamente a la reivindicación y revalorización de las culturas populares, desde la música a la artesanía y la leyenda, y de lo ancestral-histórico, y a la búsqueda de las identidades de los pueblos en su propia historia, cuanto más antigua mejor, que tiene lugar en los últimos decenios. Es un fenómeno paralelo a la internacionalización del capital que sirvió de antesala y promotora de la globalización. Seguramente como respuesta a esa globalización uniformizadora de hábitos y estilos de vida, florecen las identidades, es decir, su búsqueda, como si aquello fuese lo de verdad, lo legitimado por la Historia. Ejemplo de ello son las actuales fusiones en la música y otras manifestaciones artísticas, fusiones que se hacen siempre desde aquello que «tiene raíces», como suele decirse, lo autóctono, lo auténtico. No importa, claro, que las raíces sean a veces netamente romanas, sobre todo si no lo sabemos.

Esta entrada de los pueblos pre-romanos en el moderno debate tiene, a mi modo de ver, otra raíz, que está en la propia investigación, en sus progresos y en sus métodos cada vez más refinados. En la segunda mitad del siglo xx, en efecto, asistimos a un esplendoroso desarrollo de la Historia Antigua y de sus hermanas la Arqueología, la Lingüística, la Epigrafía, la Numismática, también la Geografía Histórica y la Antropología. La colaboración de todas ellas nos llevó a leer las fuentes escritas con nuevos ojos y con nuevas preguntas en la cabeza. Un ejemplo: en las traducciones de autores clásicos en la conocida colección inglesa Loeb, encontramos la palabra latina gens traducida como «tribu» o «clan». Seguramente a los traductores no les interesaba mucho hacer distingos para ellos irrelevantes, y les bastaba con referirse a «comunidad indígena» —con su toque de salvajismo, excepto en el mundo helénico—. Nosotros supimos que gens significaba «comunidad de base étnico-histórica», ajena en principio a cualquier fundamento político, pero que podía no excluirlo; que podía estar urbanizada o no, que podía tener una u otra forma de gobierno, etc.


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Y así llegamos a entender ciertas aparentes contradicciones de los autores clásicos, que una vez llaman a la misma comunidad «gens», otras veces «respublica», otras veces «civitas», y aun de otras maneras.

Permítanme una anécdota personal. En 1980 trabajaba yo en un estudio sobre los castella de Callaecia, esa forma particular de organización de sus comunidades. No era la primera vez que lo hacía. Hasta entonces, aquellos trabajos se titulaban algo así como «La organización de las comunidades del Noroeste de la P. Ibérica». De hecho, el trabajo del año 80 se presentaba a unas «II Xornadas de Arqueoloxía do Noroeste Peninsular». Pues bien, de repente se me hizo evidente que si sobre un mapa cartografiaba la cultura arqueológica que llamamos castrexa, y sobre ella los hallazgos epigráficos con sus contenidos y su morfología, por encima los restos lingüísticos pre-romanos (aquí la cosa no era tan palmariamente clara), y de acuerdo con todo eso volvía a leer las fuentes clásicas, no tenía sentido aquella determinación geográfica tan imprecisa que era «Noroeste», porque aquella región histórica no era otra que Callaecia. A partir de ahí, nos olvidamos del Noroeste.

Siguiendo el mismo camino, vimos que había unos pueblos pre-romanos llamados Bibali, Limici, etc. que también podrían ser investigados. Desgraciadamente, que yo sepa, no se llegó a completar la investigación sobre ninguno de estos pueblos, ni siquiera sobre sus contornos, sus límites exteriores. Pero no cabe duda de que sería bien interesante poder cartografiar a esos pueblos, y ponerlos de base sobre un mapa en el que sirvieran de asiento a cualquier fenómeno cartografiable, ya fuera lingüístico antiguo o moderno, arqueológico, urbanístico etc., medieval o moderno.

Y así, el perfeccionamiento de la investigación nos llevó a conocer mucho mejor a los pueblos pre-romanos, y, del mismo modo, a entender mejor qué habían hecho los conquistadores romanos cuando establecieron las unidades étnico-administrativas de su Imperio. Comprendimos que la Asturia Transmontana, al Norte de la cordillera, tenía tres partes distintas: una vinculada a Callaecia, que según los prehistoriadores llegaba hasta la cuenca de Grado (no tanto para la época antigua), otra central propiamente astur, y otra, al este del Sella, vinculada a Cantabria. La Romanización venía a ser, así, el principio de la Historia de las grandes entidades o regiones históricas del Norte de la Península, una Historia que se mantiene viva hasta el presente.

Estábamos muy lejos de otros planteamientos. Sin olvidar que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre no había sido hecha, precisamente, en la Amazonía, y sin dudar de que era algo muy positivo. Aunque la Historia, como decía Marx y nosotros sufrimos día a día, avance con dolores de parto. ¿Que esto es una visión occidentalista de la Historia? Bueno, nosotros somos occidentales. Y como decía hace poco un profesor alemán, o Europa mantiene sus valores o, dentro de poco, Okzident parecerá sólo el nombre de un dentífrico.

Irlanda y nadie más

Hace algunos años, en un encuentro informal con colegas irlandeses, tuve conocimiento de que se había descubierto en la isla un gran yacimiento romano. También, y esto es ahora lo interesante, que se había intentado ocultar el descubrimiento, que para muchos irlandeses venía a ser una pesadilla, una amarga broma de la Historia. Pues, ellos, los irlandeses, tienen a gala el no haber sido invadidos por los Romanos, y esa «pureza histórica» es una de las fundamentales claves de su identidad nacional.

Invito al lector interesado a que busque en Google «Romans in Ireland». Hay aproximadamente 3.390.000 entradas. En las primeras de la primera página se encuentra ya el núcleo duro de la discusión. Mientras un arqueólogo del Ulster Museum (Irlanda del Norte, no olvidemos) afirma tajantemente que los romanos invadieron Irlanda, otros investigadores han descartado tal invasión tachándola de tontería y ruda especulación (nonsense and wild speculation).


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Un conciliador investigador de la Universidad de Dublin cree que el asentamiento sería sólo un lugar de intercambio comercial, con una población de irlandeses, romano-britanos, galo-romanos y otros, «sin duda incluyendo unos pocos auténticos romanos» (doubtless including a few genuine Romans as well). Obsérvese: unos pocos romanos, y como una golondrina no hace verano, tampoco hay invasión. (Por cierto, ¿cómo habrá podido saber que esa era la composición de la población?). Bien, está claro. Los irlandeses no quieren haber sido tocados por el Imperio Romano. Pero sus vecinos ingleses tampoco pueden tirar la primera piedra. Un investigador de la Universidad de Bradford, que conoce muy bien la presencia romana en Britania, barre también para casa en la misma dirección y supone que los britanos romanizados de Newstead y de York (¡) llevaban una vida paralela a la de los indígenas de esas zonas, al margen unos de otros (virtually indifferent to the presence of the others). Así salva también un poco el orgullo nacional.

¿Qué tiene de malo haber sido romanizado, por cierto? La respuesta más seria al colega británico es que, efectivamente, los britanos están poco o nada romanizados, como todo el mundo comprueba cuando los ve en manada cuasi-animal alrededor de un estadio de fútbol. Homo sapiens sapiens son palabras latinas, desde luego. Bromas aparte, debemos preguntarnos qué es lo que está debajo de esas actitudes anti-romanas en el siglo xxi. La respuesta es sencilla: un anhelo de identidad como pueblo.

Esa idea de que la identidad es mayor cuando se ha vivido en aislamiento puede ser comprensible, porque estos sentimientos de identidad y pertenencia se escapan a la razón, tienen otra naturaleza, la de los sentimientos (recomiendo mis trabajos citados en nota 17). Pero que sean comprensibles no quiere decir que tengan verdadero fundamento. En mi opinión, este anhelo de identidad se basa en un enorme error y un desconocimiento de la Historia, por lo cual, dicho sea de paso, tampoco podemos explicarnos que los ingleses puedan no querer haber sido romanizados, pero acepten las invasiones de normandos y sajones como parte constitutiva de su Historia.

El gran error procede de una «teoría» (en realidad no merece tal nombre) según la cual en el origen de los pueblos actuales hay un grupo humano igual a sí mismo y diferente a todos los demás, que contiene un germen que, a lo largo del tiempo, fructifica y da lugar a lo que ahora existe. En realidad habría que decir que esto es verdad, pero de otro modo: la moderna Ciencia Genética, con sus sofisticados métodos y su certero análisis sabe que todos los habitantes del Planeta Tierra procedemos de una mujer que vivió en las tierras de Kenia hace 120.000 años. Era negra. La llamamos «la Eva Mitocondrial». Eva, por ser la primera mujer de los homínidos, mientras el apellido lo debe a haber sido identificada mediante el ADN de las mitocondrias. Pero esto, que es un hecho objetivo, más bien molestaría a quienes hoy proclaman exclusividad para su pueblo en tanto pueblo.

Esa «teoría» considera que un origen remoto, casi un embrión, se va abriendo como un haz de luz, que se agranda, sin perder nada de lo que era y sin contaminarse. La verdad, sin embargo, es la contraria: de una realidad plural poco concentrada se va concretando, a lo largo de la Historia, ese haz de luz, que va absorbiendo elementos ajenos, para dar lugar a una realidad más pequeña, distinta a otras, pero compartiendo numerosos elementos con ellas. Es decir: los pueblos se forman a lo largo de la Historia, y no mediante el desarrollo de una semilla original, sino mediante la síntesis de elementos propios y ajenos, en un diálogo entre ellos que los va alterando, transmutando, para dar lugar a algo nuevo. Un ejemplo bien sencillo: nuestra lengua gallega es un elemento básico de nuestra identidad gallega, pero es latín traído por los conquistadores romanos, y transformado a nuestro estilo, estilo que es hijo de la forma de ser de los galaicos pre-romanos, distinto al estilo de los Astures, de los Celtíberos etc. Es decir: la síntesis de algo propio y algo añadido da lugar a otra cosa que también se hace propia.

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Este proceso de formación de los pueblos a lo largo de la Historia es lo que llamamos Etnogénesis, y aquí, de nuevo, encontramos otra gran aportación de Callaecia al debate actual. Callaecia nos enseña que la conquista romana y sus efectos, lejos de destruir aquello que aquí había, lo transformaron para darle nuevas formas y nuevos contenidos propios, catapultándolo a un nivel histórico de mucha mayor potencialidad. Una vez más, Callaecia sirvió de referente para otras regiones históricas, y su investigación fue presentada entre las ponencias introductorias en el congreso sobre Paleoetnología de la Península Ibérica que se celebró en Madrid en 1989 n3.

Llamamos Etnogénesis al proceso de formación de los pueblos. Con otras palabras, y en el caso que nos ocupa, llamamos Etnogénesis a ese proceso que nos lleva desde la Edad del Bronce, cuando no existen Galaicos ni Celtíberos ni Carpetanos ni Cántabros, etc. hasta ese momento anterior a la conquista romana, cuando la Península aparece ya compuesta por entidades arqueológicas y lingüísticas diferenciadas, algunas con nombre propio y organizadas como comunidades diferenciadas, como los de Numancia, que tienen su propia política frente al invasor romano, al igual que ahora sabemos que sucedía en alguna parte de Callaecia. Mejor dicho, de la futura Callaecia n4.

No existen complejos arqueológico-lingüísticos que nos lleven a los pueblos históricos, porque son más amplios que éstos, y al mismo tiempo, a medida que sigue el proceso, tienen cada vez mayor personalidad al tiempo que comparten más y más rasgos definitorios con otros complejos. El territorio arqueológico del Noroeste es primero mucho más amplio que Callaecia; con el tiempo se irá definiendo mejor en lo arqueológico, y reduciendo su tamaño. Pensemos en el mapa de la cultura dolménica, que desde el centro de Portugal recorre toda la costa atlántica, cantábrica y de la futura Gallia. Toda esa región arqueológica perderá su uniformidad en el proceso, mientras que las áreas arqueológico-lingüísticas que estarán después ocupadas por los pueblos históricos, irán reafirmando su personalidad propia.

Veamos, brevemente, el proceso, en el caso de Callaecia.

1. Antes de la conquista, la ya mencionada aculturación material romana.

2. Se produce la conquista hacia finales del siglo i a.C. Las llamadas reformas de Augusto suponen la identificación de la región histórica suficientemente diferenciada en su cultura material, en la organización socio-política de las comunidades humanas, y en algunos de los pocos rasgos lingüísticos observables. Recibe el nombre de Callaecia, con sus correspondientes fronteras que transmiten los autores clásicos. Su particular organización socio-política es confirmada (los castella, que se mantienen durante todo el siglo i d.C.)

3. Los nuevos galaicos dejan de «comerse a los muertos», puesto que hasta ahora no hay rastros de ningún enterramiento, y empiezan a enterrarlos.

4. Los nuevos galaicos empiezan poco a poco a hacer inscripciones en latín. Antes de eso, no hacían inscripciones. Se trata, pues, de una práctica importada, al igual que los usos funerariosa los que suelen acompañar. Pero, y este es el mejor ejemplo de lo que estamos tratando, las inscripciones galaico-romanas son distintas a todas, como puede ver quien visite los museos arqueológicos de Galicia y a continuación visite el de Bragança, los de Astorga y León y el de Oviedo. Es decir, la praxis epigráfica es traída por el invasor, pero crea un rasgo identitario que antes no había; es decir, refuerza la identidad de Callaecia.

n3 G. Pereira-Menaut, «Aproximación crítica al estudio de la etnogénesis: la experiencia de Callaecia», en M. Almagro-Gorbea & G. Ruiz Zapatero (eds.), Paleoetnología de la Península Ibérica, Complutum 2-3, 1992, 35-43.

n4 A partir del Bronce del Bierzo, véase G. Pereira Menaut, «Nuevas perspectivas sobre la vida en los castros galaico-romanos», Veleia 22, 2005, 121-128.


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5. Los galaicos escriben latín. Han recibido una lengua nueva unitaria, y ahí empieza el viaje hacia el gallego actual, siempre, claro está, en proceso de Etnogénesis, es decir, sin detener nunca eso que solemos llamar «evolución».

6. Se abandonan los castros generalmente, sobre todo desde el final del siglo i d.C. En su lugar, y salvando las dos capitales conventuales y poco más, nos acercamos al modelo de poblamiento todavía tan presente: aldeas y lugares diseminados por el territorio. La forma de organización socio-política propia de Callaecia desaparece.

7. Para terminar: aparece la consciencia de ser gallego. En el siglo ii d.C. hay un Quintus Voconius Rufinus que se entierra en Tarragona y añade su origen, Callaecus. Es el primer gallego documentado como tal en la Historia

Este proceso de Etnogénesis no se detuvo nunca. Y sigue vigente en la actualidad. Como antes decíamos, una realidad difusa primitiva se ha ido concentrando hasta dar lugar a formas definidas, mucho más sólidas. De la Edad del Bronce, a la Historia. Y esto es así, con la excepción de esas pequeñas comunidades amazónicas o cualesquiera otras semejantes, en cualquier remoto lugar. También en Irlanda, ¿o no han perdido ya prácticamente del todo su lengua gaélica, a pesar de los esfuerzos oficiales en las últimas décadas?

Por esta razón, las alusiones al pasado remoto como origen de los pueblos actuales se basa solamente en un error. Pero esto no es una descalificación para nadie ni nada. Al contrario, la visión etno-genética, histórica, de una Historia en constante movimiento, debería reforzar en mucho el compromiso político que erróneamente alguien pueda querer fundamentar en el pasado remoto. El pasado quedó muy atrás. El hoy de un pueblo es cosa nuestra, está en nuestras manos; es nuestra responsabilidad. Siempre he pensado que la Historia es mucho más progresista que la Antropología.

Epílogo: Obama el romanizado

Hoy, 19 de Enero de 2009, Barack Obama ha tomado posesión como Presidente de los Estados Unidos de América. Un negro-café-con-leche en el país de los W(hite) A(nglo) S(axon) P(rotestant), los WASP, como se llaman a sí mismos los de la poderosa élite de ese enorme país norteamericano. Lo más estupefaciente (que te deja estupefacto) de las imágenes de la televisión era, en mi opinión, la super-festiva alegría de unos negros- betún-de-Judea que lo celebraban en una aldea de Kenia, de donde procede el padre de Obama. Sin duda, esto era para ellos un enorme triunfo. Uno de los suyos, aunque algo entreverado de blanco, dominaba el mundo. No vencidos, pues, sino vencedores. El caso de Obama parece una representación actualizada del proceso que llamamos «romanización». Recuerda en particular a otro africano, númida por más señas, que con el nombre de Lucius Septimius Severus llegó a ser emperador de Roma a finales del siglo segundo d.C. Septimio Severo hablaba latín con tan marcado acento neo-púnico y con tantas irregularidades o inexactitudes que cada vez que hablaba en público mostraba su procedencia africana; él también era un «keniata». Las damas de la alta sociedad de Leptis Magna, patria de Septimio Severo, ignoraban casi del todo el latín y el griego, y por ello no podían formar parte de la alta sociedad imperial n5.

n5 No ha perdido su incisiva gracia la narración de Th. Mommsen, Römische Geschichte, Deutscher Taschen Verlag 1976, vol. 6, 257; vol. 7, 335,348


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Obama ha dicho en su discurso de toma de posesión que su país norteamericano está compuesto por cristianos, musulmanes, hindúes y no-creyentes. Se le olvidaron algunos otros, pero eso no importa ahora. ¿Dirían lo mismo, en el mismo tono positivo, sus abuelos o bisabuelos de la aldea de Kenia, de la pluralidad religiosa? ¿Y qué dirían los keniatas de la aldea si les dijeran que la ablación del clítoris a las niñas está castigada con la cárcel (en caso de que la practiquen)? Es que Obama está muy romanizado. Admite todas las religiones, mientras no atenten contra la Constitución, no acepta la ablación del clítoris en las niñas, y ha dejado atrás todas las prácticas tribales imaginables que hoy, nosotros, consideraríamos ilícitas, anticuadas o inadecuadas.

Postscriptum

Este texto es el de una conferencia pronunciada en Lugo en 2008 en el curso Do castro á cidade. A romanización da Callaecia dentro da Hispania Indoeuropea n6. En aquel momento, siguiendo la estela de la tesis doctoral de T. Crespo Mas allí mencionada, yo estaba sinceramente convencido de que la vieja cuestión acerca de la naturaleza de la Romanización revivía bajo formas y estímulos nuevos, revivals bien conocidos en la investigación. Pero no era así. Algo después tuve ocasión de leer The Fall of Rome and the End of Civilization de Bryan Ward-Perkins, y allí aprendí que mi convicción no era solamente sincera, sino también ingenua, y que esta ingenuidad era extensible a muchos colegas que, junto conmigo, habían trabajado durante mucho tiempo sobre la Romanización.

Pienso, ante todo, en mi colega J. Santos Yanguas y en todos los colaboradores que, juntos, formábamos lo que alguna vez fue llamado «el eje Santiago-Vitoria».

La ingenuidad era doble. En primer lugar, porque creíamos que el debate se nutría solamente de hechos históricos, por mucho que los escasos o incompletos documentos necesitasen de cuidada elaboración, y por mucho que, a la postre, estuvieran sometidos a un valoración que el historiador tiene que hacer, quiera o no, tarde o temprano. Y es bien cierto, por otra parte, que siempre habíamos pretendido que esa valoración, la aportación del historiador a los hechos documentados, fuese lo más exigua posible.

En segundo lugar, ingenuamente creíamos que el debate sobre la Romanización pertenecía por completo a la disciplina histórica, libre de otras ingerencias o intereses. Sabíamos que la Romanización de Hispania había jugado un papel importante en el debate entre Américo Castro y Sánchez Albornoz, por citar sólo un bien conocido ejemplo, y que entre los pretendidos «descendientes» de algunos pueblos pre-romanos (coincidan a no con las actuales comunidades históricas), había un rescoldo épico-legendario de aquellas pretendidas esencias primigenias n7. Pero todo era de poca monta, y en nada semejante a lo que vamos a ver.

Dice Ward-Perkins: «La Unión Europea necesita forjar un espíritu de cooperación entre los países del continente que en otro tiempo guerreaban entre sí, y no es una coincidencia que el proyecto de investigación de la European Science Foundation en este período tuviese por título “The Transformation of the Roman World”, que habla ya de una transición pacífica y sin sobresaltos desde la época romana a la “Edad Media” y más allá. En esta nueva visión del fin del mundo antiguo, el Imperio Romano no fue “asesinado” por los invasores germánicos; más bien los romanos y los germanos, juntos, desarrollaron muchos elementos de la romanidad en un nuevo mundo romano-germánico.

n6 D. Dopico, P. Rodríguez y M. Villanueva (eds.), Lugo 2009, pp. 15-29. He mantenido el estilo y la forma originales.

n7 Excelente tratamiento de F. Wulff, Las esencias patrias, Barcelona 2003


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La Europa “latina” de que los invasores (sc. germánicos) eran unos pacíficos emigrantes tenga su origen en el Norte de Europa y en Norteamérica. En los recientes volúmenes (sc. de The Transformation…) sufragados por la European Science Foundation, dominan los investigadores de Austria y de Alemania, de Inglaterra y de Escandinavia, que estudian los asentamientos del siglo v y descubren que son, esencialmente, continuidad de lo anterior, sin rupturas» n9.

Después de todo, uno podría pensar que, a pesar de las evidencias arqueológicas (si los textos pueden parecer sospechosos) algunos colegas pueden ver las cosas así. Pero entonces habría que contraponer los logros de la más moderna investigación, en la que cualquier visión generalista, sin matices ni distinciones entre unas y otras regiones, y sin tener en cuenta los cambios en el tiempo, es falsa economía. Se impone la evidencia de una pluralidad de situaciones y de formas de relacionarse entre los germanos («bárbaros», hasta ahora) y los romanos n10.

Pero hay mucho más. No se trata solamente de que en el siglo V se haya conseguido la síntesis de Germanentum y Römertum. Había también que acabar con la idea de la superioridad de la civilización romana sobre la civilización (¿?) germana, para que la paz entre la Europa latina y la germana fuese verdadera paz. Y dado que no es posible, serenamente, afirmar que ambas civilizaciones habían aportado lo mismo a la síntesis, o al menos hubiesen aportado cosas diferentes pero de semejante valor, había que dar un paso más. Leamos de nuevo a Ward-Perkins: «De hecho, en el moderno mundo post-colonial, el mismo concepto de “civilización”, ya sea antigua o moderna, resulta incómodo, porque parece degradante para aquellas sociedades que no pueden ser consideradas civilizaciones. (…) Actualmente, en vez de “civilizaciones” utilizamos universalmente el término neutro “culturas”; todas las culturas son iguales, y ninguna cultura es más igual que otras. (…) En el nuevo mundo post-colonial, las culturas locales son sentidas, de hecho, como más auténticas y orgánicas que lo que viene del centro dominante» n11. Antes de continuar es justo decir que B. Ward-Perkins no se adscribe a estas corrientes de la historiografía británica; si las expone es para mostrar su desacuerdo, por matizado que sea.

En un volumen titulado La Romanización en Occidente, los editores J.M.ª Blázquez y J. Alvar encargan a K. Hopkins una introducción general a la cuestión de la Romanización, que lleva por título «La Romanización: asimilación, cambio y resistencia». En las primeras páginas, Hopkins desacredita de forma genérica los estudios sobre Romanización, y a los historiadores que a ello dedican sus esfuerzos, porque entre ellos «aún predomina la práctica consistente en corroborar sus opiniones a partir de las fuentes, y las fuentes antiguas que han perdurado hasta nuestros días están irremediablemente sesgadas por las actitudes de los grupos dominantes en la sociedad romana».

A veces, no hay fuentes, y «Ante la ausencia de fuentes literarias, los métodos históricos cambian inevitablemente. Quienes se dedican a una provincia específica se ven obligados con suma frecuencia a basarse en testimonios epigráficos fragmentarios, a menudo consistentes en poco más que escuetas dedicatorias funerarias o algunos decretos de carácter honorífico, en los que se describe el cursus honorum de ciertos miembros de la administración.

n8 B. Ward-Perkins, The Fall of Rome, Oxford 2006, primera ed. 2005, 174.

n9 La European Science Foundation está compuesta por 79 instituciones científicas de una treintena de países europeos, sufragada por esas mismas instituciones y por la Comisión Europea. El predominio del Norte de Europa es manifiesto: Irlanda, G. Bretaña, Dinamarca y Suecia aportan un tercio del total de instituciones. Si añadimos Alemania, un 38 %. Si añadimos Francia, el 47 %. Más detalles en la página web de la ESF. El texto de Ward-Perkins en p. 170.

n10 Véanse los excelentes trabajos sobre la integración de los «Bárbaros y otros pueblos» en las Actas del VI Coloquio de la Asociación Interdisciplinar de Estudios Romanos (AIER), editadas por G. Bravo y R. González Salinero con el título Formas de integración en el mundo romano, Madrid 2009.

n11 Ward-Perkins 178.


p252

El producto histórico resultante se limita a una sofisticada enumeración de datos, acompañada de algunos comentarios eruditos». En vista de todo ello, Hopkins dice: «Consideraré la Romanización como parte integrante de un proceso más amplio de adaptación recíproca entre conquistadores y conquistados. Me propongo, pues, investigar la lógica general implícita en la administración de un vasto imperio preindustrial».

En algo, pues, semejante al de Ghengis Khan, es de suponer. Pero la más preciosa perla de esta Teoría General de la Romanización es la siguiente: «En suma, soy partidario de la tesis de que el derecho y el sistema administrativo proporcionaron tan sólo un levísimo barniz de sofisticación a la organización de los asuntos gubernamentales. De hecho, es preferible considerar el derecho romano como algo afín a la teología moral y a la ideología, más que como un conjunto de normas prácticas empleadas por la masa de la población en la resolución de sus conflictos» n12.

Conocíamos el dictum que circula en los círculos académicos europeo-continentales, según el cual entre los británicos peregrina non leguntur, los escritos de los extranjeros no se leen. Pero no sabíamos que entre los británicos, o al menos entre algunos, tampoco se leen las inscripciones, ya sean pétreas, broncíneas (¡incluyendo los estatutos municipales!), sobre tégulas o sobre cristal. Y, lo que es mucho más grave, tampoco se lee el Digesto. Quizá porque quisieran creer que la common law, al revés que el ius commune continental, no debe nada al Derecho Romano, lo cual no es cierto n13.

Todo esto pertenece todavía a lo que podríamos llamar «el debate académico», a pesar de que chirría en nuestros (ya no tan ingenuos) oídos; a pesar de que muchos de nosotros, yo al menos, me siento en condiciones de rechazar, absoluta y formalmente, la equiparación entre los logros históricos de la civilización romana y los de los pobres habitantes de los castros galaicos, por no hablar de muchos otros pueblos que formaron parte del Imperio Romano. Pero hay otro debate (¿?), menos serio pero de mucho mayor alcance socio-pedagógico.

F.J. Guzmán Armario escribe n14 un estimulante artículo que, por momentos, y para ponerse a tono con el objeto de su crítica, discurre con ameno desenfado. Tras lamentar la entrada de aficionados en el debate científico sobre la Romanización, dice «la nómina de “intrusos” se incrementa ahora con la llegada de personajes de la farándula y productores de radio y televisión: no en balde, el reciente libro de Terry Jones, Alan Ereira, Roma y los bárbaros. Una historia alternativa, Crítica, Barcelona 2008, ha sido escrito por el alma mater del grupo cómico británico Monty Python y por un productor de documentales y programas de radio respectivamente». El autor confiesa que, sólo después de saber que el libro estaba avalado por investigadores serios tan conocidos como B. Cunliffe, P. Heather y W. Pohl, se decidió a leerlo. De allí cita «Roma no es la gloriosa civilización que han admirado los historiadores: en su desarrollo como Imperio se limitó a destruir y engullir a otras civilizaciones, algunas de las cuales apuntaban maneras de llegar a ser realmente gloriosas». Apoyándose en otras obras del mismo tenor, como la de Ph. Matyszak, n15 del que cita 12 J.M.ª Blázquez y J. Alvar (eds.), La romanización en Occidente, Madrid 1996, 21 s.; 32. Es plausible suponer que los editores hayan invitado a este investigador para exponer una teoría general de la Romanización como contrapunto a la investigación española (entre otras), y no por comunión con tales ideas, según toda apariencia.

n13 Véase R. Knütel, Ius commune y Derecho Romano en los tribunales de justicia de la Unión Europea, en: G. Pereira-Menaut, Topica. Principios de Derecho y máximas jurídicas latinas, Santiago de Compostela 2001, 46.

n14 Asylum Romulii: balance histórico de la integración del «otro» en la civilización romana, en el volumen citado en nota 5, pp. 17-30. Las citas en 17-18. Como si en este volumen se quisiera combatir esta tendencia nordeuropea, F. Fernández Palacios escribe Integración en la Romanitas más allá de las fronteras del Imperio: el caso de la Caledonia libera, pp. 45-57, donde muestra el alcance muy superior a lo deseable para ciertos caledonianos actuales de cierta romanización, también en Irlanda.

n15 Ph. Matyszak, Los enemigos de Roma, Madrid 2005, la cita en p. 13.

p253

«Roma fue la única civilización mediterránea que destruyó media docena de civilizaciones. Algunas de ellas eran tan avanzadas como la romana, e incluso más», Guzmán Armario se pregunta si esta producción pseudo-científica británica no debe ser ella misma, y sus autores, objeto de un análisis sociológico. A la vista de lo que he expuesto en páginas anteriores diríase que no se trata simplemente de una moda o de oportunismo comercial. Hay algo más, que Ward-Perkins ha querido denunciar.

Cabe preguntarse si ese «algo más» explica cambios de actitud (sigo de nuevo a Guzmán Armario) como el de Terry Jones, quien en la conocida Vida de Bryan (1979) se mofaba de un Frente Popular de Judea, que en boca de uno de sus miembros descalificaba la acción civilizatoria romana, descalificándose así a sí mismo, cuando decía «Aparte del alcantarillado, la medicina, la educación, el vino, el orden público, el regadío, las carreteras, el agua corriente y la salud pública, ¿qué han hecho por nosotros los romanos?». Sin embargo, a pesar de la contundencia de la serie (falta, curiosamente, el Derecho), Terry Jones ha cambiado de opinión. Ahora, los buenos son los malos, y los malos son los buenos n16.

En conclusión. Esta tendencia historiográfica, especie de campaña anti-Roma-Antigua, o anticivilización-romana es malintencionada. Porque toda pretendida investigación histórica, que más allá de su lógica pertenencia a los aires intelectuales o científicos de su época, persigue ab initio y contra todo método discursivo y toda evidencia documental, exponer como resultado lo que previamente se ha decidido, es malintencionada. Que las malas intenciones sean aun mayores, dentro de cierta lucha por la preponderancia político-cultural en la actual Europa, parece desprenderse del libro de Ward-Perkins. Quizá estemos ante raíces todavía más profundas.

En síntesis. Aparte de alcantarillados, urbanización y otras cosas semejantes, la antigua Roma ha dado a la Historia Universal, vista desde nuestro presente, algo mucho más importante: un concepto de ciudadanía romana totalmente apartada de los orígenes etno-históricos de los individuos.

Si en el siglo ii d.C. hay emperadores que no son romanos, no se debe a la interpenetración de otras culturas, sino a que también los extraños de origen foráneo podían ser ciudadanos romanos, y por ende emperadores. La gran lección que nos da la antigua Roma se resume en el discurso del emperador Claudio en el Senado, el año 48 d.C.: el que hoy es mi enemigo en el campo de batalla, mañana puede ser mi conciudadano y participar de un mismo proyecto histórico. Y también: el mundo cambia, y lo que hoy parece una innovación necesitada de precedentes, mañana será un precedente para otros cambios. Los cambios son inherentes a la Historia. Nada está determinado: podemos vivir la Utopía n17.

Gerardo Pereira-Menaut

Universidad de Santiago de Compostela

gerardo.pereira.menaut@usc.es

n16 Citado por Guzmán Armario, op. cit., 18.

n17 Véase G. Pereira-Menaut, L’utopia (politica) sta nella citadinanza (romana)-non nell’etnia. Per una Quarta Roma, Athenaeum 95 (2007) 803-814. Una versión precedente en http://www.pensamientocritico.org/gerper0405.htm.

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Creator Gerardo Pereira Menaut  +
Event La romanización es un fenómeno muy complejo, con muchas caras  +, Podemos pensar en la romanización lingüística, que es la introducción, extensión y dominio del latín por encima de las lenguas pre-romanas  +, Dentro de la cual podríamos hablar de una romanización onomástica, la adopción de los nombre personales latinos tras el abandono de los nombres indígenas  +, Hay también una romanización arqueológica  +, Suelen estudiar los hallazgos arqueológicos, y si hay suerte y aparece algo más, también la epigrafía y la numismática  +, Lo que está por encima del suelo, como la situación jurídica de los indígenas conquistados, los cambios en la estructura socio-política, las relaciones de las élites con el poder romano, y un largo etcétera, no aparecen  +, ¿Y si no aparece nada «arqueológico» en un amplio lugar determinado en una zona de Galicia? ¿Concluiremos que allí no hubo romanización?  +, Esto sería tan absurdo como concluir, de la ausencia de todo resto arqueológico en otro lugar, que ese lugar no tenía Historia  +, ¿es lícito olvidar que el valle de la Mahía, por seguir con el ejemplo, pertenece al Conventus Lucensis, y que desde Lucus Augusti se controla y organiza buena parte de la vida de los habitantes de ese valle?  +, Poco importa que esos habitantes sigan usando un cacharro de cerámica o un cuchillo sin romanizar, cuando su vida cotidiana está tan determinada por la conquista romana  +, Y la consiguiente re-organización de las tierras y las gentes, hasta el punto de que han perdido la propiedad de sus propias tierras, que ahora serán ager publicus  +, Propiedad del pueblo romano o del emperador  +, O que unos indígenas sean reagrupados con otros dando lugar a nuevos núcleos de población —una transformación de máxima importancia—, esos grandes castros que fueron construidos después de la conquista  +, Asistimos ahora a lo que se ha llamado la «descolonización de la Historia Antigua», paralela a la descolonización que se produce ante todo en África y Asia  +, La Historia Antigua se descoloniza de aquellas ideas-fuerza como «civilización», «cultura dominante», «progreso», «superioridad racial», etc. etc.  +, La Historia Antigua se aproxima a las Ciencias Sociales y empieza a ver la Romanización como un proceso de aculturación  +, Ahora se estudiaba la ciudad como elemento estructurador del territorio, de la producción agraria, del comercio; se estudiaban las relaciones sociales, y en particular el esclavismo  +, La organización del territorio y de los núcleos urbanos en Italia y en las provincias  +, Eran justamente considerados como el verdadero elemento romanizador  +, Bajo tantas estructuras quedaban ocultos y atrapados los pueblos (mejor: comunidades organizadas en tanto que tales) del ancho Imperio Romano  +, Mucho antes de la conquista, ya a finales del siglo ii a.C., había llegado la cerámica campaniense, cuando ningún romano había pisado Callaecia  +, Aparte del episodio de Decimus Iunius Brutus Callaicus  +, La entrada y el uso de materiales romanos se acentuaba en el siglo i a.C., antes también de la conquista  +, Tuvimos que hablar de una «aculturación material previa a la conquista», concepto de enorme potencia, porque no era el principio de la romanización  +, Como no lo fue en otros lugares, como Rusia o Suecia, donde también se dio esa entrada y uso de materiales romanos, incluida la moneda  +, Las medidas organizativas tomadas por los conquistadores para organizar el territorio y establecer las comunidades humanas que iban a dominar nos llevó a entender la constitución de una región histórica dentro del Imperio Romano  +, No provincia pero sí con entidad propia para ciertas cuestiones, que empezó a llamarse Callaecia  +, Utilizando para ese nombre el de aquel pueblo vencido por D. Iun. Brutus Callaicus  +, Las transformaciones en los castros, que suponen la creación de los más grandes y el abandono de otros, algún tiempo después de la conquista  +, Las alteraciones e innovaciones en el utillaje doméstico, importado o no  +, La introducción del hábito epigráfico algunos decenios después, precedido por las inscripciones oficiales que hacen los romanos, pero para que las vean los galaicos  +, La primera tímida introducción de la onomástica latina, muy poco después de la conquista  +, A la vista de tanta transformación, y en ausencia de ciudades (excepto las dos capitales fundadas para controlar y dominar ordenadamente, Lucus Augusti y Bracara Augusta)  +, Y de obras públicas dignas de consideración, surgían por sí mismas preguntas como ¿cuáles son los elementos estructurantes del territorio?  +, Las inscripciones galaico-romanas, relativamente escasas pero riquísimas en contenido, respondían por derecho propio a cuestiones que tiempo atrás ocupaban a los investigadores  +, La permanencia del culto a divinidades indígenas, el sincretismo patente en las numerosas dedicaciones a los Lares Viales, la inmensa mayoría de las que se conservan en todo el Imperio  +, No nos hablaban de resistencias indígenas, sino de mezcla y síntesis, de lo galaico-romano  +, En la Tabula Lougeiorum, del año 1 d.C. los legati indígenas se llaman Silvanus Clouti y Noppius Andami  +, Posiblemente tomaron los elementos onomásticos latinos siendo ya jóvenes o adultos, si tenemos en cuenta que la conquista había terminado el año 19 a.C., y que su función de delegados de la comunidad indígena parece sin duda exigir una edad avanzada  +, La romanización de la Bética y la de Callaecia no se diferenciaban por su intensidad  +, Fueron totalmente distintas, y no pueden ser denominadas por medio del mismo nombre, a no ser que el substantivo «romanización» signifique algo tan amplio como «historia»  +, Si sobre un mapa cartografiaba la cultura arqueológica que llamamos castrexa, y sobre ella los hallazgos epigráficos con sus contenidos y su morfología  +, No tenía sentido aquella determinación geográfica tan imprecisa que era «Noroeste», porque aquella región histórica no era otra que Callaecia  +, Había unos pueblos pre-romanos llamados Bibali, Limici, etc. que también podrían ser investigados  +, Sería bien interesante poder cartografiar a esos pueblos, y ponerlos de base sobre un mapa en el que sirvieran de asiento a cualquier fenómeno cartografiable  +, Ya fuera lingüístico antiguo o moderno, arqueológico, urbanístico etc., medieval o moderno  +, Comprendimos que la Asturia Transmontana, al Norte de la cordillera, tenía tres partes distintas: una vinculada a Callaecia, que según los prehistoriadores llegaba hasta la cuenca de Grado  +, Otra central propiamente astur  +, Y otra, al este del Sella, vinculada a Cantabria  +, La Romanización venía a ser, así, el principio de la Historia de las grandes entidades o regiones históricas del Norte de la Península  +, Los irlandeses, tienen a gala el no haber sido invadidos por los Romanos, y esa «pureza histórica» es una de las fundamentales claves de su identidad nacional  +, Este proceso de formación de los pueblos a lo largo de la Historia es lo que llamamos Etnogénesis  +, Llamamos Etnogénesis a ese proceso que nos lleva desde la Edad del Bronce, cuando no existen Galaicos ni Celtíberos ni Carpetanos ni Cántabros, etc. hasta ese momento anterior a la conquista romana  +, Cuando la Península aparece ya compuesta por entidades arqueológicas y lingüísticas diferenciadas  +, Algunas con nombre propio y organizadas como comunidades diferenciadas, como los de Numancia, que tienen su propia política frente al invasor romano  +, No existen complejos arqueológico-lingüísticos que nos lleven a los pueblos históricos, porque son más amplios que éstos  +, Y al mismo tiempo, a medida que sigue el proceso, tienen cada vez mayor personalidad al tiempo que comparten más y más rasgos definitorios con otros complejos  +, El territorio arqueológico del Noroeste es primero mucho más amplio que Callaecia  +, Con el tiempo se irá definiendo mejor en lo arqueológico, y reduciendo su tamaño  +, Pensemos en el mapa de la cultura dolménica, que desde el centro de Portugal recorre toda la costa atlántica, cantábrica y de la futura Gallia  +, Toda esa región arqueológica perderá su uniformidad en el proceso  +, Mientras que las áreas arqueológico-lingüísticas que estarán después ocupadas por los pueblos históricos, irán reafirmando su personalidad propia  +, 1. Antes de la conquista, la ya mencionada aculturación material romana  +, 2. Se produce la conquista hacia finales del siglo i a.C.  +, Las llamadas reformas de Augusto suponen la identificación de la región histórica suficientemente diferenciada en su cultura material, en la organización socio-política de las comunidades humanas  +, Y en algunos de los pocos rasgos lingüísticos observables  +, Recibe el nombre de Callaecia, con sus correspondientes fronteras que transmiten los autores clásicos  +, Su particular organización socio-política es confirmada (los castella, que se mantienen durante todo el siglo i d.C.)  +, 3. Los nuevos galaicos dejan de «comerse a los muertos», puesto que hasta ahora no hay rastros de ningún enterramiento, y empiezan a enterrarlos  +, 4. Los nuevos galaicos empiezan poco a poco a hacer inscripciones en latín. Antes de eso, no hacían inscripciones  +, Se trata, pues, de una práctica importada, al igual que los usos funerariosa los que suelen acompañar  +, Las inscripciones galaico-romanas son distintas a todas, como puede ver quien visite los museos arqueológicos de Galicia y a continuación visite el de Bragança, los de Astorga y León y el de Oviedo  +, La praxis epigráfica es traída por el invasor, pero crea un rasgo identitario que antes no había; es decir, refuerza la identidad de Callaecia  +, 5. Los galaicos escriben latín. Han recibido una lengua nueva unitaria, y ahí empieza el viaje hacia el gallego actual, siempre, claro está, en proceso de Etnogénesis, es decir, sin detener nunca eso que solemos llamar «evolución»  +, 6. Se abandonan los castros generalmente, sobre todo desde el final del siglo i d.C.  +, En su lugar, y salvando las dos capitales conventuales y poco más, nos acercamos al modelo de poblamiento todavía tan presente: aldeas y lugares diseminados por el territorio  +, La forma de organización socio-política propia de Callaecia desaparece  +, 7. Para terminar: aparece la consciencia de ser gallego  +, En el siglo ii d.C. hay un Quintus Voconius Rufinus que se entierra en Tarragona y añade su origen, Callaecus  +, Es el primer gallego documentado como tal en la Historia  +, Una realidad difusa primitiva se ha ido concentrando hasta dar lugar a formas definidas, mucho más sólidas. De la Edad del Bronce, a la Historia  +, Por esta razón, las alusiones al pasado remoto como origen de los pueblos actuales se basa solamente en un error  +, El caso de Obama parece una representación actualizada del proceso que llamamos «romanización»  +, Recuerda en particular a otro africano, númida por más señas, que con el nombre de Lucius Septimius Severus llegó a ser emperador de Roma a finales del siglo segundo d.C.  +, Septimio Severo hablaba latín con tan marcado acento neo-púnico y con tantas irregularidades o inexactitudes que cada vez que hablaba en público mostraba su procedencia africana  +, Las damas de la alta sociedad de Leptis Magna, patria de Septimio Severo, ignoraban casi del todo el latín y el griego, y por ello no podían formar parte de la alta sociedad imperial  +, Aparte de alcantarillados, urbanización y otras cosas semejantes  +, La antigua Roma ha dado a la Historia Universal, vista desde nuestro presente, algo mucho más importante: un concepto de ciudadanía romana totalmente apartada de los orígenes etno-históricos de los individuos  +, Si en el siglo ii d.C. hay emperadores que no son romanos, no se debe a la interpenetración de otras culturas, sino a que también los extraños de origen foráneo podían ser ciudadanos romanos, y por ende emperadores  +, La gran lección que nos da la antigua Roma se resume en el discurso del emperador Claudio en el Senado, el año 48 d.C.  + y El que hoy es mi enemigo en el campo de batalla, mañana puede ser mi conciudadano y participar de un mismo proyecto histórico  +
Meta La complejidad de esta gran cuestión histórica, complejidad producida por algo que aletea por debajo: el nacionalismo  +, No es un nacionalismo de las Naciones, sino de los Estados europeos modernos  +, Mientras Mommsen no duda en hacer un panegírico de la Romanización y de los bienes que había llevado a los romanizados, mantiene con firmeza y con satisfacción que los Germanos se libraron de esa contaminación de elementos extraños, ajenos  +, Gracias a ello, la gran Nación Alemana se conservaba pura desde sus orígenes  +, Como contrapunto a Mommsen, en las ideas pero no en las intenciones, podemos citar al francés  +, La auto-representación más querida por los franceses no es el de una nación aislada y pura en sus orígenes, sino una síntesis, lo galo-romano  +, La influencia del marxismo, sobre todo en Francia e Italia, o neo-marxismo descolonizado de estalinismo, junto con la Arqueología, supusieron un cambio esencial  +, No voy a dejar espacio a la llamada Arqueología Procesual y la New Archaeology  +, En la fase siguiente, que Teodoro Crespo Mas llama el postprocesualismo, nos encontramos ante una tendencia manierista  +, Sobre todo (pero no sólo) en el mundo anglosajón y norte de Europa, entendida como un buscado juego de afilados conceptos, gusto por las paradojas y las figuras retóricas  +, En el moderno debate se haya propuesto el abandono de la palabra «romanización», y como de momento no hay un substituto de fácil uso, algunos hablan ahora, en la investigación anglosajona, de «R-word»  +, «Globalización de la Cultura Romana» (R. Hingley), que ignora la parte del resultado final que se debe a las culturas indígenas sometidas  +, La discusión acerca de si en Callaecia había o no había romanización era una cuestión semántica, cuyo resultado dependía de lo que cada uno quisiera entender por romanización  +, En vez de la palabra «Romanización» proponíamos hablar de «transformaciones producidas por la conquista romana y sus resultados»  +, Esta idea-guía de las transformaciones nos llevó a enriquecer mucho la capacidad de lectura de los hechos documentales  +, Callaecia y su pertinente investigación nos hacían superar cualquier definición formal de la romanización, pero también cualquier ensayo de encerrar ese fenómeno en marcos fijos  +, Si hubiera un concepto unívoco de romanización, las diferencias entre unas y otras regiones habrían de ser de grado o intensidad en una escala de menor a mayor  +, Nosotros habíamos llegado a otra cosa: «Romanización» es un concepto insuficiente y muy lastrado por el tiempo de la investigación  +, Preferimos decir, en su lugar, algo así como «las trasformaciones producidas por la conquista sobre unos pueblos y unos territorios que tenían su propia forma de ser, y el resultado de todo ello  +, En el debate actual las cosas hayan cambiado casi radicalmente, reconociendo en las sociedades indígenas pre-romanas un mundo valioso y digno de atención  +, Si uno es francés (es decir, galo, supongamos) y cree que Asterix y su gente son mucho más inteligentes, democráticos, libres y simpáticos que Julio César  +, Galos, Celtíberos, Celtas, Astures, Cántabros, Lusitanos, Iberos… todos ellos pueden ser ahora el centro de una nueva atención cordialmente interesada  +, Si en el xix el biempensante historiador europeo no dudaba de la bondad de la romanización, porque estaba convencido de que la cultura europea era superior, más justa, más efectiva y preñada del germen del progreso  +, Ahora, en estos últimos decenios, sobre todo desde el post-modernismo, se instala en Occidente entre los más críticos el nihilismo  +, El desprecio por una cultura occidental que es muerte, destrucción, explotación, deshumanización, etc.  +, Y este sentimiento de oposición a la cultura occidental, heredera directa de Roma, se transfiere a la conquista romana, a la Romanización  +, Los grandes enemigos de los celtas galaicos eran la razón, el logos griego, y el Derecho Romano  +, El concepto de Romanización, ya en el mismo Mommsen, el devenir histórico de los Estados modernos había jugado un papel fundamental  +, Seguramente como respuesta a esa globalización uniformizadora de hábitos y estilos de vida, florecen las identidades  +, En la segunda mitad del siglo xx, en efecto, asistimos a un esplendoroso desarrollo de la Historia Antigua y de sus hermanas la Arqueología, la Lingüística, la Epigrafía, la Numismática, también la Geografía Histórica y la Antropología  +, En las traducciones de autores clásicos en la conocida colección inglesa Loeb, encontramos la palabra latina gens traducida como «tribu» o «clan»  +, Nosotros supimos que gens significaba «comunidad de base étnico-histórica», ajena en principio a cualquier fundamento político, pero que podía no excluirlo  +, Que podía estar urbanizada o no, que podía tener una u otra forma de gobierno, etc.  +, Así llegamos a entender ciertas aparentes contradicciones de los autores clásicos, que una vez llaman a la misma comunidad «gens», otras veces «respublica», otras veces «civitas», y aun de otras maneras  +, Qué es lo que está debajo de esas actitudes anti-romanas en el siglo xxi  +, La respuesta es sencilla: un anhelo de identidad como pueblo  +, Yo estaba sinceramente convencido de que la vieja cuestión acerca de la naturaleza de la Romanización revivía bajo formas y estímulos nuevos, revivals bien conocidos en la investigación  +, Ingenuamente creíamos que el debate sobre la Romanización pertenecía por completo a la disciplina histórica, libre de otras ingerencias o intereses  +, Sabíamos que la Romanización de Hispania había jugado un papel importante en el debate entre Américo Castro y Sánchez Albornoz  +, Entre los pretendidos «descendientes» de algunos pueblos pre-romanos (coincidan a no con las actuales comunidades históricas), había un rescoldo épico-legendario de aquellas pretendidas esencias primigenias  +, No se trata solamente de que en el siglo V se haya conseguido la síntesis de Germanentum y Römertum  +, Había también que acabar con la idea de la superioridad de la civilización romana sobre la civilización (¿?) germana, para que la paz entre la Europa latina y la germana fuese verdadera paz  +, En el nuevo mundo post-colonial, las culturas locales son sentidas, de hecho, como más auténticas y orgánicas que lo que viene del centro dominante»  +, B. Ward-Perkins no se adscribe a estas corrientes de la historiografía británica; si las expone es para mostrar su desacuerdo, por matizado que sea  +, Hopkins desacredita de forma genérica los estudios sobre Romanización, y a los historiadores que a ello dedican sus esfuerzos  +, Hopkins dice: «Consideraré la Romanización como parte integrante de un proceso más amplio de adaptación recíproca entre conquistadores y conquistados  +, Me propongo, pues, investigar la lógica general implícita en la administración de un vasto imperio preindustrial»  +, «En suma, soy partidario de la tesis de que el derecho y el sistema administrativo proporcionaron tan sólo un levísimo barniz de sofisticación a la organización de los asuntos gubernamentales  +, De hecho, es preferible considerar el derecho romano como algo afín a la teología moral y a la ideología  +, Más que como un conjunto de normas prácticas empleadas por la masa de la población en la resolución de sus conflictos»  + y Me siento en condiciones de rechazar, absoluta y formalmente, la equiparación entre los logros históricos de la civilización romana y los de los pobres habitantes de los castros galaicos  +
Topic Romanización  +, Definición cultural del celtismo  + y Visión genética del celtismo  +
Z.author Teodoro Crespo Mas  +, Fernando Wulff  +, Mommsen  +, Camille Jullian  +, Vicente Risco  +, Bryan Ward-Perkins  +, J. Santos Yanguas  +, Ward-Perkins  +, K. Hopkins  + y F.J. Guzmán Armario  +
Z.title Evolución y fundamentos historiográficos del concepto de Romanización  +, The Fall of Rome and the End of Civilization  + y La Romanización en Occidente  +
Zite G. Pereira-Menaut, «Cambios estructurales versus romanización convencional. La transformación del paisaje político en el Norte de Hispania», en: Estudios sobre la Tabula Siarensis, Anejos de AEArq IX, Madrid 1988, 245 ss.  +, M.D. Dopico Caínzos, La Tabula Lougeiorum. Estudios sobre la implantación romana en Hispania, Vitoria-Gasteiz 1988  +, G. Pereira-Menaut, «Aproximación crítica al estudio de la etnogénesis: la experiencia de Callaecia»  +, En M. Almagro-Gorbea & G. Ruiz Zapatero (eds.), Paleoetnología de la Península Ibérica, Complutum 2-3, 1992, 35-43  +, G. Pereira Menaut, «Nuevas perspectivas sobre la vida en los castros galaico-romanos», Veleia 22, 2005, 121-128  +, Th. Mommsen, Römische Geschichte, Deutscher Taschen Verlag 1976, vol. 6, 257; vol. 7, 335,348  +, D. Dopico, P. Rodríguez y M. Villanueva (eds.), Lugo 2009, pp. 15-29  +, F. Wulff, Las esencias patrias, Barcelona 2003  + y Terry Jones, Alan Ereira, Roma y los bárbaros. Una historia alternativa, Crítica, Barcelona 2008  +
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