Medrano2004bis2

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COMENTARIO

Destacamos, en primer lugar, la presencia de una fíbula de La Tène II y de tres monedas indí- genas (Nos 1, 2, 3 y 4 del catálogo), que puede ser consecuencia de la proximidad de Sanchoabarca con el yacimiento celtibérico de La Peña del Saco (véase Mapa 2), estudiado por Taracena y Vázquez de Parga (1947), por Maluquer de Motes (1965) y por Castiella (1977, pp. 168-183), cuyos restos siguen apare- ciendo en el área llana entre el Añamaza y el Alhama y no solo en el monte, y algún frag- mento cerámico en Tudején (Díaz y Medrano, 1987, p. 504). También es posible, incluso muy probable, que la situación estratégica de Sanchoabarca diera lugar a un asentamiento cel- tibérico en el lugar.

En cuanto a las monedas romanas, son abrumadora mayoría las bajoimperiales, tanto los antoninianos del siglo III (Nos 5 y 6 y Nº 62) como los pequeños bronces del siglo IV (Nos 7, 8 y 9, cuatro piezas del Nº 10, Nº 11 y Nº 63), y se nos presenta aquí una doble posibilidad. Por una parte, hay que tener en cuenta que el mundo visigodo continuó utilizando para los pequeños pagos las monedas de plata y bronce acuñadas durante el Imperio Romano, que debían ser aún muy abundantes (dada su producción inflacio- naria). Por otra, sabemos de la existencia de un asentamiento de esta época en Sanchoabarca, lo que viene avalado por la observación de que, sobre el terreno, se encuentra algún fragmento de terra sigillata hispánica tardía, de las formas 37, 62 y Ritterling 8, y cerámicas de cocina de igual período, todo lo cual podemos datar desde el siglo III hasta fines del IV o principios del siglo V, así como por las informaciones genéri- cas proporcionadas por la intervención de urgencia realizada en 2001 n25. Curiosamente, y aunque la ausencia de moneda visigoda debe atribuirse al hecho de no haber investigado a fondo el asentamiento, la única moneda de oro conocida es un tremissis de Justiniano I (Nº 50), lo que aún acentúa más el perfil romanobizantino de estos núcleos.

Respecto a los materiales visigodos, los más abundantes con notable diferencia, la primera observación es que nos remiten al periodo hispanovisigodo, de notable influencia romanobizantina, lejos de los elementos culturales de origen germánico que se encuentran en las primeras décadas de su llegada a la Península Ibérica, y esbozan un panorama idéntico al que se percibe durante el siglo VII y comienzos del siglo VIII en otras muchas zonas hispanas, como las tierras castellanas o Cataluña (M. Medrano, 2002a, p. 14). Esto se ve nítidamente tanto en las piezas más antiguas (Nos 21, 22, 57 y 64) como en los osculatorios (Nos 27 y 28), de tradición hispanorromana, y también en los bro- ches liriformes (Nos 12, 13, 14, 16, 17, 18, 19, 54, 55 y 56), la aguja de base escutiforme (Nº 20), la placa escutiforme (Nº 15), la cruz de bra- zos iguales arriñonados (Nº 24), los elementos litúrgicos (Nos 25, 26, 29 y 30), o los ponderales (Nos 33 a 40, Nº 58 y Nº 65), todo ello de clara y notoria influencia bizantina.

Aun existiendo importante representación de la cultura hispanorromana anterior, la cronología mayoritaria de las piezas de Fitero se centra en el siglo VII y principios del VIII, hasta la desaparición de la cultura visigoda. Mientras que la fíbula de arco de Tudela es de la primera mitad del siglo VI (si bien es un hallazgo aislado), los materiales de la necrópolis de Pamplona corresponden al siglo VI y, como mínimo, el primer tercio del siglo VII (trientes de Suínthila), la necrópolis de Buzaga (Elorz, Navarra) se data en los siglos VI y VII (Azkárate, 1993, pp. 162, 164 y 173), la de Gomacin (Puente la Reina, Navarra) en el siglo VII (Beguiristáin, Etxeberría y Herrasti, 2001, p. 237), los tres broches de Álava se fechan en el siglo VII, la necrópolis de Aldaieta (Nanclares de Gamboa, Álava) se utilizó en los siglos VI y VII (Azkárate, 1993, pp. 166 y 171), los broches de Arróniz y Contrebia Leukade pertenecen al siglo VII y principios del VIII, y en Aragón resultan más frecuentes los hallazgos visigodos del siglo VII y principios del VIII que los del siglo VI.

La aparición habitual de huesos durante las labores agrícolas, tanto en los campos situados en la franja de terreno sobreelevado que deli- mita por el sur la vega del Alhama (zona desde Sanchoabarca hacia el núcleo urbano de Fitero), como en la propia vega (frente a Tudején), hizo pensar que en alguno de estos lugares podía hallarse la necrópolis (ver Mapa 2). Sin embargo, estos restos parecen corresponder a lugares de enterramientos altomedievales (área frente a Tudején) o posteriores (vinculados al Monasterio Cisterciense) n26, pues a raíz de los destrozos incontrolados del 2002 quedó clara la situación de la necrópolis visigoda y, quizá, bajoimperial romana.

En relación con ello destacamos especialmente la presencia de objetos como la patena (Nº 29), los dos fragmentos de jarro litúrgico (Nos 25 y 26), los osculatorios (Nos 27 y 28) y, quizá, la cruz catalogada con el Nº 30, que indican que, tanto si proceden de una necrópolis como si su origen está directamente en un templo, se ubicó en la zona una iglesia o monasterio, que pertenecería a la diócesis de Calagurris (Calahorra) o a la de Turiasso (Tarazona). Ello nos permite afirmar que esta- mos ante los restos más antiguos que se conocen en Navarra de una iglesia o monasterio cris- tiano n27, que sería católico según indica la tipolo- gía y cronología de los materiales, corres- pondientes mayoritariamente al siglo VII y comienzos del siglo VIII.

Hay varias cuestiones que merecen especial atención. En primer lugar las dimensiones pro- bables del asentamiento en Sanchoabarca. Como hemos comentado, el área en que se dis- tribuyen los restos constructivos y las cerámicas en Sanchoabarca comprende una extensión de unas 10 Has. No es posible saber si todo este terreno estuvo ocupado en época visigoda, o sólo parte de él. Sin embargo, podemos compa- rar estas dimensiones con lo que queda del con- junto de El Bovalar, que mide unos 60 m. de norte a sur por 40 m. de este a oeste, unos 2.400 m2 en total (Palol, 1989, p. 9), en el cual se encuentran un hábitat rural, una basílica y una necrópolis.

En cuanto a los restos del templo católico, podrían estar perfectamente en este lugar, pues las iglesias visigodas son de pequeñas dimensiones. La iglesia de Santa María de Melque (Toledo) mide en planta 30’475 m. desde la cara externa de la fachada del ábside hasta la del pórtico y, en dirección norte-sur, su medida es de 20’05 m. también entre fachadas (Caballero y Latorre, 1980, p. 436). La basílica de El Bovalar ocupa 312 m2, es de planta rectangular perfectamente orientada a levante, y mide 26 por 12 m. (Palol, 1989, pp. 9 y 10). La basílica cristiana del anfite- atro de Tarragona, de planta rectangular, tiene unas dimensiones exteriores de 27’75 por 13 m. (TED’A, 1994, p. 171). La de Santa Quiteria de Fraga, mide 26’5 por 14 m., según se deduce del plano presentado por M. Guallar (1974, p. 145). La nave de la probable iglesia de Ventas Blancas (Lagunilla, La Rioja) tiene unos 8 m. de longitud (M. Martín Bueno, 1973, p. 199).

Una limpieza efectuada en el muro que deli- mita la necrópolis (ver Figura 9) durante los tra- bajos arqueológicos de urgencia, permitió encontrar indicios de tres enterramientos, datán- dose esa estructura muraria en los siglos VI-VII d.C. Dos de los enterramientos se acoplan al muro, y el tercero lo desmantela parcialmente. Se plantea, a partir de estos datos, que allí se situó un edificio de tipo ritual, ermita o similar, de época visigoda28, lo cual ya había sido publi- cado por nosotros anteriormente29. A él se aso- ciarían los enterramientos, que continuarían realizándose incluso después de abandonarse el edificio (30), pues alguno rompe el muro.

Respecto a la posibilidad de que la iglesia visigoda esté junto o sobre la necrópolis, es una hipótesis a tener en cuenta y que resultaría lógica por la asociación en esta época de los cementerios con los edificios religiosos. Máxime si se añaden a los datos de la excava- ción las informaciones proporcionadas por las remociones de terreno realizadas en ese lugar a comienzos del año 2002, que pusieron de relieve la presencia de un número importante de tumbas y una densidad elevada de las mismas.

Sin embargo, también pudo situarse en otro lugar cercano y no exactamente en la zona de los enterramientos. Sería imprescindible, en todo caso, acometer una investigación más pro- funda de la necrópolis, procediendo a la excava- ción completa de esa zona concreta de Sanchoabarca, que no es muy extensa, en la esperanza de que la remoción incontrolada del terreno efectuada en 2002 no haya destruido de forma irrecuperable las estructuras, materiales y datos arqueológicos.

En consecuencia podemos concluir que, puesto que la zona en que se aprecian el recinto amurallado, los restos constructivos y las cerá- micas en Sanchoabarca tiene tamaño más que suficiente, no habría problema en que se locali- zase allí, además de viviendas y de una necró- polis, una iglesia o monasterio, máxime si se tienen en cuenta los datos espaciales apuntados anteriormente. No obstante, la circunstancia de que la zona de Sanchoabarca tenga una situa- ción fácilmente defendible e idónea para el con- trol del territorio (al igual que Tudején) nos hace creer que este asentamiento hispanovisi- godo pudo tener también, o incluso preferente- mente, una función militar, sin duda combinada con el castillo próximo, y que la utilización de Tudején como lugar de defensa ya en los siglos III a V hace muy probable que esa función se extendiese igualmente a Sanchoabarca en ese periodo.

Estas son nuestras conclusiones preliminares sobre estos asentamientos, que se originan ya en el Bajo Imperio Romano, a la espera del análisis de nuevos datos o de profundizar en otros, como la naturaleza del pequeño objeto de plomo que presentamos con el Nº 45 en el catálogo.

Las cuatro monedas musulmanas (Nos 51 a 53 y Nº 61) tienen un extraordinario interés, ya no sólo como elementos histórico-culturales individuales (como la Nº 51) sino porque seña- lan la presencia en la zona de la cultura islá- mica, en unas fechas similares a las de la necrópolis musulmana de la Plaza del Castillo de Pamplona, los siglos VIII y IX, el periodo de conquista de la Península Ibérica y de creación de la cultura hispanomusulmana (como antes se creó la hispanovisigoda, con sus peculiaridades, a partir de la visigoda).

La conclusión que podemos extraer de toda la información anterior es la siguiente: en los valles Alto y Medio del Ebro, el florecimiento de la cultura visigoda se produce, especialmente, en el siglo VII y comienzos del siglo VIII. Según los datos históricos de que disponemos, y siendo ya vecinos de la Península Ibérica (como sustentadores del Reino de Toulouse, en las Galias), grupos de visigodos irán viniendo aquí y comenzarán a asentarse ya desde el reinado de Teodorico (453-466), proceso que seguirá durante su sucesor Eurico (466-484) hasta que culmina tras la destrucción por los francos del Reino Visigodo de Tolosa, en el año 507. A partir de entonces, los visigodos construirán su reino en la Península Ibérica. En el año 472, el rey visigodo Eurico decidió ocupar la provincia Tarraconense (es decir, el nordeste de España), y envió sus tropas desde los territorios visigodos en Francia. Un cuerpo militar, mandado por el conde Gautérico, llegó entonces a través del puerto de Roncesvalles siguiendo la calzada romana procedente de Burdeos. Este ejército tomó Pamplona y luego, bajando por el Valle del Ebro, la ciudad de Zaragoza.

A partir del año 494 empiezan a entrar en mayor número contingentes de colonos godos en la Península, cuyo principal proceso de asentamiento pudo completarse en el año 497. Se trata del establecimiento de grupos populares, esencialmente en la meseta castellana pero, también, en el Valle Medio del Ebro. En todo caso, en el primer tercio del siglo VI casi había terminado el proceso de llegada de gentes germánicas a Hispania.

Pese a todo esto, parece que esas aportaciones de colonos godos apenas dejaron huellas significativas en el Alto y Medio Valle del Ebro y, especialmente, en la primera de estas áreas geográficas. Eso indican los materiales arqueológicos, según hemos visto, pues las piezas atribuibles al siglo VI son culturalmente hispanorromanas o bizantinas. La clara existencia de elementos culturales hispanovisigodos se hace patente, especialmente, a partir del siglo VII, y tiene su momento principal coincidiendo con la máxima presencia humana y militar de estas gentes alrededor y dentro del territorio supuestamente vascón, pues no hay que olvidar que Victoriacum se funda a finales del siglo VI y la civitas Gothorum de Ologicus se constituye en el primer tercio del siglo VII.

Es, pues, un elemento cronológicamente coincidente con el asentamiento de gentes hispanovisigodas en el entorno geográfico y la creación de nuevos puntos fuertes (además de Pamplona) como Tudején-Sanchoabarca, con la clara finalidad de defender el territorio, explotarlo, y evitar nuevos problemas con los vascones (este objetivo, evidentemente, no se consiguió) y los francos.

Todo ello realizado, prácticamente, cuando está ya constituido el Reino Visigodo Católico, y se están asentando o desarrollando nuevas bases políticas y sociales en él. Es un momento de nítido florecimiento de la cultura en el ámbito peninsular, como demuestran los documentos esgrafiados sobre pizarra procedentes de ámbitos rurales de las provincias de Segovia, Ávila, Salamanca y norte de la provincia de Cáceres, documentos redactados muchas veces en un latín bastante bueno y de los que se conocen más de 100 ejemplares, que se fechan ya en el siglo VI pero, sobre todo, en el siglo VII, y cuyo contenido trata de actividades económicas, relacionadas con el derecho, salmos religiosos, o son de carácter didáctico (ejercicios escolares)31.

Quizá sea fundamental tener en cuenta el hecho de que, muchos asentamientos de esta zona, se sitúan sobre otros romanos precedentes, lo que nos lleva a concluir que, hasta ese momento de florecimiento de lo hispanovisigodo, la cultura que siguió perviviendo en esos lugares fue la romana, que incluso asimiló sin mayores problemas a los primeros colonos visigodos.

La necrópolis visigoda de Pamplona se sitúa junto a otra romana, de los siglos III/IV d.C.32.

En el área de población de Tudején- Sanchoabarca, hay evidencias de ocupación romana desde el siglo III d.C., al menos.

En Aldaieta, según Azkárate (1994, p. 60) la secuencia de ocupación que se deduce de los materiales arqueológicos comprende, desde la Edad del Hierro, al parecer sin interrupción, hasta la Edad Media.

Esto es así, igualmente, en otros asentamientos, como el de Contrebia Leukade o Ventas Blancas (M. Martín Bueno, 1973, p. 200), ambos en La Rioja.

EL TEMA VASCÓN

A vueltas con el problema vascón, algunos autores han intentado profundizar en el tema, si bien los datos actualmente disponibles no permiten análisis que clarifiquen la situación en detalle.

Azkárate (1994, p. 63) opina que estas gentes fueron los protagonistas durante los siglos V a VIII en el ámbito circumpirenaico occidental.

El esbozo, a partir de estos supuestos, de una teórica realidad en la que el sudoeste de las Galias y la zona vascona n33 constituían una especie de área autónoma entre francos y visigodos, ha sido constante. Se ha argumentado que el elevado porcentaje de armamento en la necrópolis de Aldaieta, no habitual en otras hispanovisigodas, la alejaba de esta identificación cultural (op. cit., p. 68).

También se subraya esta circunstancia en la necrópolis de Buzaga. Se pretende argumentar que las necrópolis de Pamplona, Buzaga y Aldaieta, presentan materiales arqueológicos completamente alejados de lo hispanovisigodo, lo que no es cierto si se atiende a las últimas tipologías que se han elaborado (Ripoll, 1998) y, aunque es innegable la presencia de algunos elementos de difícil clasificación cultural dentro del mundo hispanovisigodo, se obvian tres circunstancias: que la proximidad al mundo franco y aquitano favorece la adquisición de objetos producidos en el norte de los Pirineos, que no se conoce un volumen elevado de piezas del mundo hispanovisigodo (34), ni tampoco existe suficiente información acerca de los diversos talleres que, sin duda, presentaron variantes de estilo en sus productos.

Y, finalmente, que la abundancia de armas en esas necrópolis lo que indica es la existencia de una línea gótica de defensa militar, cuyos principales enclaves serían Pamplona, Ologicus y Victoriacum, reforzados por otros como Buzaga, Tudején-Sanchoabarca o Aldaieta, y con importantes núcleos próximos también con fuerte carácter militar como Turiasso (véase Mapa 1). ¿Frente a los vascones? Es obvio que el mayor peligro próximo no son ellos, sino los francos.

Otras especulaciones, basadas en la progresiva separación del ámbito aquitano del control político franco, tampoco dejan clara la situación. Como reconoce Azkárate (1994, pp. 72 y 75), es principalmente a partir el siglo VIII (con una Hispania ya musulmana) cuando los vascones adquieren cierto protagonismo y, especialmente, al norte de los Pirineos.

Por el momento, sólo se puede especular con lo que sucede al sur de los Pirineos en época hispanovisigoda. En esa línea, Azkárate dice (1994, p. 76): “La extensión de determinados aspectos culturales francos en Aquitania hace que éstos... tengan también su reflejo en los territorios cispirenaicos, partícipes de un área específica aquitano- vascona que trató de vivir al margen tanto de francos como de visigodos.”. De constatar la presencia de algunos objetos no estrictamente hispanovisigodos, a plantear la existencia de un territorio independiente aquitano-vascón, hay una distancia enorme. Larrañaga Elorza (1993), a partir de estas opiniones de Azkárate sobre Aldaieta y Buzaga, y retomando el pasaje del Pseudo-Fredegario sobre el dux Francio de Cantabria (35), elabora una serie de hipótesis que incluyen la posibilidad de una dominación de los merovingios en algunos territorios al sur de los Pirineos, para luego plantear que, de hecho, ese control pudo ser ejercido por gentes del área novempopulana-aquitana, más o menos dependientes de los Franci.

Como el mismo Larrañaga apunta, el pasaje en cuestión contiene errores de bulto (pp. 180 y 181), y la ausencia de otros datos aclaratorios obliga al autor a desarrollar su hipótesis basándose continuamente en conjeturas, como él mismo señala (pp. 190, 192, 194). Desde estos presupuestos, conjeturales, llega a plantear que, en los siglos VI y VII, en el área de dominio incierto y difuso situada entre la línea defensiva Amaya-Victoriacum-Ologicus-Pompaelo y el Pirineo, pudo haber enclaves con alguna relación de dependencia respecto al poder merovingio, aunque el elemento humano y cultural sería aquitano-novempopulano, más próximo culturalmente al mundo vascón que a los francos o los godos, quienes protagonizaron intentos asimilistas de estas gentes (pp. 205 y 206).

COMENTARIO FINAL

Si nos atenemos a lo que los datos arqueológicos ponen de relieve, y no contradicen en absoluto las fuentes escritas, se aprecia claramente la presencia de asentamientos importantes de carácter militar en el norte de Álava y Navarra, tanto núcleos de carácter urbano (como Victoriacum, Ologicus y Pompaelo) como otros con carácter de guarnición más o menos potente (Aldaieta y Buzaga), a lo que han de sumarse asentamientos fortificados de segunda línea, sin duda de carácter mixto, es decir, tanto militar como de establecimiento de una importante población para explotación del territorio, caso de Tudején-Sanchoabarca.

No nos cabe duda de que, con los datos que se conocen y salvo que se esgriman hipótesis cons- truidas sobre conjeturas, se trata de núcleos godos que delimitan una tierra de nadie.

Esta zona, habitada por vascones u otros pueblos, tiene recursos económicos escasos, considerando las actividades económicas de la época, lo que difícilmente daría sustento a una población numerosa. Se trataría de un área marginal, cuya conquista tendría escaso interés para los hispanogodos, y de la cual partirían los vascones que, a partir de 587, cruzarían el Pirineo instalándose en Novempopulania.

Conviene no olvidar que esta última circunstancia se produce poco des- pués de la ocupación de parte de Vasconia y fundación de Victoriacum en Vitoria por el rey Leovigildo, en 581. Esta política del mundo his- panogodo para controlar el territorio que consi- deraba valioso económica y políticamente, y de creación de un área colchón frente a cualquier agresión merovingia, continuará con la funda- ción de la civitas Gothorum de Ologicus, en el siglo VII, y con la contención de los conflictos causados por los vascones que, si hemos de pen- sar en la demografía que es capaz de sostener ese territorio hispano, debían contar con la ayuda de importantes contingentes transpirenai- cos, y aquí sí cabe introducir los intentos de crear un área propia de influencia por parte de la clase dirigente aquitana.

Por otra parte, es posible que los francos siguieran inicialmente una política similar a ésta con algunos de los territorios novempopulano- aquitanos, creando una bolsa de protección frente a los godos de Hispania.

En consecuencia, y considerando la capaci- dad militar y demográfica de godos (e hispano- rromanos) y francos (y galorromanos), resulta obvio que ambos pueblos no ocuparon de forma permanente y total unos territorios situados en sus respectivos ámbitos de influencia por la sen- cilla razón de que tenían más utilidad como tie- rra de nadie que como área de asentamiento y de explotación económica.

Si bien debe evaluarse seriamente la conve- niencia de rellenar lagunas o establecer compa- raciones basándose en los datos sobre lo que sucede en periodos históricos inmediatamente anteriores o posteriores al que se está anali- zando, tampoco viene mal observar si se repi- ten con mucha similitud circunstancias parecidas a las que conocemos para el momento que estudiamos.

Los nuevos datos que proporciona la investigación abren expec- tativas que deben considerarse a la hora de intentar comprender el desarrollo histórico del Alto-Medio Valle del Ebro.

Sabemos que la ocupación musulmana será temprana en la zona (36), muy floreciente en la Ribera de Navarra, y Tudela será ciudad musulmana importante con mezquita mayor, zoco y alcazaba. Pero más al norte, como ocurrió en época hispanovisi- goda, sucederá lo mismo, pues las excavacio- nes arqueológicas recientes han puesto al descubierto, en la Plaza del Castillo de Pamplona, una necrópolis musulmana de los siglos VIII-IX en la que la cantidad de tumbas y la variedad de las inhumaciones (hombres, mujeres y niños) indican la existencia de una población musulmana, o fuertemente islami- zada, de cierta entidad (37).

Prueba de ello son los 170 esqueletos encontrados, que corresponden a cuerpos que se enterraron, sin duda alguna, siguiendo el procedimiento islámico: directa- mente en la tierra, sin ajuar, de costado y con la cabeza orientada a La Meca (38).

Desde ahí hacia los Pirineos, evidentemente, la presencia musulmana fue menor, y creemos poder afir- mar, sin muchas dudas, que el modelo de ocu- pación del territorio fue muy similar al hispanovisigodo. Por otra parte, el cambio de poder, en muchas ocasiones, no debió ser trau- mático. Los asentamientos hispanovisigodos de Fitero debieron depender, al menos a partir de cierto momento, del conde Casio, señor his- pano-godo que controlaba feudalmente su dis- trito de Borja-Tudela-Tarazona en el momento en que se produce la llegada de las tropas musulmanas.

Cuando los musulmanes conquis- tan esta zona de la Península, el conde Casius y su familia se islamizan, haciendo acto de sumi- sión al califa de Damasco, Al Walid, convir- tiéndose a la nueva fe bajo su protección y entrando en la clientela de los Omeyas. Así, él y sus descendientes (los Banu Qasi) conserva- ron y ampliaron sus dominios.

Esto tendría como consecuencia que, en esos territorios, no debieron producirse turbulencias o graves per- juicios por el cambio de dominación.

Notas

1 Véase Palol, 1950a, 1950b, 1964, 1968, 1969, o Mezquíriz (1965), entre otros trabajos.

2 Como los trabajos de Guallar (1974), Caballero y Latorre (1980), Ripoll (1985 y 1998), Palol (1989), TED’A (1994), Ardanaz, Rascón, y Sánchez (1998), Bonet, Albiach y Gonzalbes (2003), Mateos y Caballero (2003), AA. VV. (2003), y otros que se citan en este texto.

3 De toda la legislación y compilación jurídica que realizaron varios de sus monarcas (Código de Eurico, Breviario de Alarico II, Ley de costes judiciales de Theudis, Codex Revisus de Leovigildo, y otras disposiciones) destaca, por el significado histórico que tendrá posteriormente, el Liber Iudiciorum o Lex Visigothorum, promulgado en 654 por el rey Recesvinto para que fuese utilizado como único cuerpo legal por jueces y tribunales, aplicable a toda la población del reino, tanto de origen germánico como hispano-romano. Desde este momento, ambas poblaciones son iguales ante la ley. Ambas son hispani.

4 Para el encuadre histórico general de este trabajo, seguimos la obra de J. Orlandis, 1999.

5 Esta sería la causa de que la frontera entre el reino visigodo y el mundo merovingio se perciba como algo “vago y difuso”, y de la imprecisión geográfica con la que las fuentes de la época relatan los hechos sucedidos en estas regiones (Larrañaga, 1993, p. 205).

6 Lo que nos pone sobre aviso del peligro de adjudicar cronologías basándonos en la tipología de un solo elemento arqueológico, que puede haber perdurado o haberse encontrado prioritariamente por el carácter aleatorio de la pervivencia y de los hallazgos de los res- tos arqueológicos. Además de que una puesta al día tipológica y cronológica de ese único elemento, puede influir decisivamente (y, quizá, erróneamente) en la consideración histórica y datación de todo un hábitat.

7 M. Medrano, 2001, 2002a, 2003a.

8 El término municipal de esta localidad incluye yacimientos de gran importancia, pues se ubica en un lugar estratégico respecto de las vías de comunicación y, además, posee recursos natura- les variados (véase Medrano y Díaz, 2003). En él se sitúan dos asentamientos celtibéricos, uno a cada lado del río Alhama, uno en la Peña del Saco (Taracena y Vázquez de Parga, 1947, Maluquer, 1965, y Castiella, 1977, pp. 168-183) cuya zona ubi- cada en altura pertenece a término de Cervera del Río Alhama (La Rioja) y la parte llana a Fitero, y otro en Peñahitero, forti- ficado (Medrano, 2002b, pp. I y II y fotografía; Medrano y Díaz, 2003, pp. 396-397). También hay evidencicas arqueológi- cas de la presencia de un campamento romano-republicano (Medrano y Díaz, 2003, 397-398 y 403-404; Medrano, 2004), así como una fuente termal utilizada, al menos, desde época augustea hasta la actualidad, frente a la Peña del Saco y al Castillo de Tudején, al otro lado del río (Lletget y Caylá, 1870, Mezquíriz, 1986, Medrano y Díaz, 1987, y Espinosa y López, 1997). Algunos kilómetros al oriente de Tudején y en la otra margen del río, hay un castellum romano que controla el paso y a cuyo pie discurre una vía, de la que quedan restos (Medrano 2002b, p. IV; Medrano y Díaz, 2003, p. 403). Fitero fue en el siglo XII, durante la consolidación de los reinos cristianos peninsulares de Castilla, Pamplona y Aragón, el hito o eslabón donde estos fijaron la frontera común (véase al respecto la exce- lente exposición de S. Olcoz, 2002, pp. 20 y siguientes). Y, actualmente, en Fitero confluyen las Comunidades Autónomas de La Rioja, Navarra y Aragón.


9

A excepción de la intervención arqueológica de urgencia reali- zada en el año 2001 en Sanchoabarca, que comprendió única- mente 29’5 m2. Véase Armendáriz, Mateo y Nuin, 2002-2003.

10 Díaz y Medrano, 1987, y revisiones efectuadas en el año 2002.

11 Ver nota 9.


12 Memorias del Monasterio de Fitero de Fray Manuel de Calatayud y Amasa, s. XVIII, manuscrito en papel, encuadernado en pergamino, de 311 por 206 mm., se conserva en el monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia). El párrafo es el número 5 del año 1157, que se encuentra al comienzo de la p. 122.

13 Efectivamente, el curso del Alhama ha variado sustancialmente en esta zona. Antiguamente bañaba el área baja septentrional de Tudején, y también parte de Sanchoabarca, concretamente el área baja oriental, en la que desembocan los caminos que descienden desde la zona superior del yacimiento. Esto puede verse en Juan José Martinena Ruiz, Catálogo de la Sección de Cartografía e Iconografía del Archivo General de Navarra, Pamplona, 2000, Mapa 30, p. 30, “Croquis del Monasterio y villa de Fitero, con su término e inmediaciones”. De hacia 1600. M.

14 En nuestra opinión, ha debido quedar muy afectada por esta actuación ilegal.

15 Para Pamplona, véase: Mezquíriz, 1965; Jusué y Tabar, 1988, p. 274; Mezquíriz y Tabar, 1993-94, p. 311. Para Buzaga (Elorz): Azkárate, 1993 y 1994, Beguiristáin, Etxeberría y Herrasti, 2001, pp. 256-257, y Castiella et alii, 1999, vol. 7*, p. 202 y vol. 7**, pp. 143-149 y 229. Y para Gomacin (Puente la Reina): Beguiristáin, Etxeberría y Herrasti, 2001.

16 Se trata de los más significativos, aunque existen otros de menor importancia para el análisis cultural y, en ocasiones, difíciles de clasificar, como botones y tachas de cinturón o sandalia.

17 Agradecemos esta información al Dr. Hernández Vera.

18 Se menciona esta pieza en AA. VV., 2001, p. 20, citada por D. Juan José Bienes Calvo, y aparece fotografiada en Bienes, Miqueleiz, Segura, Munárriz y Blasco, 2003, p. 24.

19 Agradecemos a D. Javier Cabello García, director de la excava- ción, la información sobre este hallazgo, que tuvo a bien mostrar- nos. Data esta pieza en la primera mitad del siglo VI.

20 Noticia aparecida en el periódico Heraldo de Aragón, edición del 12 de noviembre de 2000.

21 Véase M. Medrano, 2003b.

22 Esta moneda, y las tres siguientes, ya han sido publicadas en M. Medrano, 2003a.

23 No hemos podido pesar la pieza, cuya clasificación ha debido realizarse partiendo de la fotografía digital que presentamos.

24 Agradecemos al Profesor José Luis Bello Estella la ayuda pres- tada en la clasificación de esta pieza y la siguiente.

25

Armendáriz, Mateo y Nuin, 2002-2003.

26 Véase sobre éste Monterde, 1978, y especialmente, Olcoz, 2002.

27 Esta cuestión ya fue publicada en M. Medrano, 2002a, p. 13.

28 Armendáriz, Mateo y Nuin, 2002-2003, pp. 93-94.

29 M. Medrano, 2002a, p. 13.

30 Quizá en época musulmana.

31 Véase al respecto de estas pizarras, por ejemplo, los trabajos de I. Velázquez (1998) o A. Urbina (2002).

32 Pamplona, la ciudad romana de Pompaelo, posee abundantes restos arqueológicos de su pasado romano desde que Pompeyo la fundó y le dio su nombre, en el siglo I a.C., hasta el siglo V d.C. Véase Mª A. Mezquíriz, 1958 y 1978, y Mezquíriz y Tabar, 1993- 94.

33 Cuyos límites tampoco pueden definirse claramente, desde el punto de vista geográfico, para esta región y en estos siglos.

34 No si se compara con otros periodos históricos, pues la arqueo- logía visigoda ha tenido muchos menos seguidores que la prerro- mana o la romana. 35 Sin duda se referiría a la Cantabria situada en territorios de Álava-La Rioja, no a la de época romana.


36 El Castillo de Tudején fue musulmán durante cierto periodo (véase resumen en Olcoz, 2000, pp. I a IV). Los datos numismá- ticos del yacimiento de Sanchoabarca, de gran interés, indican una presencia muy temprana. Véase nuestro estudio al respecto en M. Medrano, 2003a. 37 Véase noticia en el periódico El Diario de Navarra, edición del martes 26 de febrero de 2002. 38 Véase noticia en el periódico El Diario de Navarra, edición del jueves 19 de septiembre de 2002.

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Event Perfil romanobizantino de estos núcleos  +, La cronología mayoritaria de las piezas de Fitero se centra en el siglo VII y principios del VIII, hasta la desaparición de la cultura visigoda  +, En los valles Alto y Medio del Ebro, el florecimiento de la cultura visigoda se produce, especialmente, en el siglo VII y comienzos del siglo VIII  +, En el año 472, el rey visigodo Eurico decidió ocupar la provincia Tarraconense  +, Un cuerpo militar, mandado por el conde Gautérico, llegó entonces a través del puerto de Roncesvalles siguiendo la calzada romana procedente de Burdeos  +, Este ejército tomó Pamplona y luego, bajando por el Valle del Ebro, la ciudad de Zaragoza  +, A partir del año 494 empiezan a entrar en mayor número contingentes de colonos godos en la Península, cuyo principal proceso de asentamiento pudo completarse en el año 497  +, Se trata del establecimiento de grupos populares, esencialmente en la meseta castellana pero, también, en el Valle Medio del Ebro  +, En el primer tercio del siglo VI casi había terminado el proceso de llegada de gentes germánicas a Hispania  +, Parece que esas aportaciones de colonos godos apenas dejaron huellas significativas en el Alto y Medio Valle del Ebro y, especialmente, en la primera de estas áreas geográficas  +, Las piezas atribuibles al siglo VI son culturalmente hispanorromanas o bizantinas  +, La clara existencia de elementos culturales hispanovisigodos se hace patente, especialmente, a partir del siglo VII  +, Tiene su momento principal coincidiendo con la máxima presencia humana y militar de estas gentes alrededor y dentro del territorio supuestamente vascón  +, Victoriacum se funda a finales del siglo VI y la civitas Gothorum de Ologicus se constituye en el primer tercio del siglo VII  +, Estas gentes fueron los protagonistas durante los siglos V a VIII en el ámbito circumpirenaico occidental  +, La abundancia de armas en esas necrópolis lo que indica es la existencia de una línea gótica de defensa militar  +, Principales enclaves serían Pamplona, Ologicus y Victoriacum, reforzados por otros como Buzaga, Tudején-Sanchoabarca o Aldaieta  +, Importantes núcleos próximos también con fuerte carácter militar como Turiasso  +, El mayor peligro próximo no son ellos, sino los francos  +, Es principalmente a partir el siglo VIII (con una Hispania ya musulmana) cuando los vascones adquieren cierto protagonismo y, especialmente, al norte de los Pirineos  +, Posibilidad de una dominación de los merovingios en algunos territorios al sur de los Pirineos  +, Ese control pudo ser ejercido por gentes del área novempopulana-aquitana, más o menos dependientes de los Franci  +, En los siglos VI y VII, en el área de dominio incierto y difuso situada entre la línea defensiva Amaya-Victoriacum-Ologicus-Pompaelo y el Pirineo  +, Pudo haber enclaves con alguna relación de dependencia respecto al poder merovingio  +, El elemento humano y cultural sería aquitano-novempopulano, más próximo culturalmente al mundo vascón que a los francos o los godos  +, Área marginal, cuya conquista tendría escaso interés para los hispanogodos  + y De la cual partirían los vascones que, a partir de 587, cruzarían el Pirineo instalándose en Novempopulania  +
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