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Gonzalo Martínez Díez (1997)

<http://dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?codigo=227746&orden=0> [23 de octubre de 2013]


DOCUMENTOS APÓCRIFOS Y NECESIDAD DE UN JUICIO CRÍTICO

La documentación altomedieval conservada en el monasterio de San Millán resulta esencial a la hora de investigar el nacimiento de Castilla y de sus condes; nada menos que 17 diplomas pretenden datarse en una fecha anterior al año 900 y sobre ellos se ha construido buena parte de la más remota historia del condado castellano.

Estos diplomas son el origen de esas figuras de monjes repobladores, que roturan unas tierras, señalan sus límites y edifican en ellas una iglesia y una morada que convierten en monasterio; así se fundan San Emeterio y Celedonio en Taranco, San Félix de Oca, San Juan de Orbañanos, San Martín de Losa, San Martín de Dondisle y San Mames de Obarenes en territorio burgalés, San Martín de Pontecierzo o de Herrán, San Vicente de Acosta y San Esteban de Salcedo en Álava.

Todo muy hermoso, muy poético, muy sugerente si no se alzara frente a la totalidad de estos diplomas relacionados con los monjes repobladores una fuerte duda acerca de su autenticidad. Ya lo indicó hace veinte años el profesor Ubieto al editar el primer volumen del cartulario emilianense, cuando escribía con referencia a las series documentales de Fernán González y del rey García Sánchez I: Una de las series es totalmente falsa, y cabe la posibilidad de que las dos sean falsas, aunque hayan podido utilizar y bastardear documentación auténtica 1. Tres años más tarde volverá a reiterar la misma advertencia: He insistido reiteradamente que la documentación de San Millán de la Cogolla contiene abundantes falsificaciones, sobre todo entre los textos más antiguos2; pero desgraciadamente nunca llegó el insigne profesor a ofrecernos el fundamento pormenorizado de esa su afirmación aplicado a cada uno de los diplomas singulares. Esta es la espinosa y difícil tarea que queremos asumir en estas páginas, la de pronunciarnos, no en bloque y como un todo sino frente a cada uno de los diplomas en particular, con un juicio crítico acerca del carácter auténtico o apócrifo de cada uno de esos documentos. Sólo nos mueve a correr esos riesgos nuestra pasión por una historia veraz fundada sobre documentos auténticos e irreprochables y no sobre falsificaciones en muchos casos tres siglos posteriores a la fecha que su forjador les atribuyó. Soy consciente de que todavía podrá alzarse alguna objeción frente a alguno de los diplomas que admito como auténtico, pero mucho más difícil será mantener la autenticidad de los que he desechado como apócrifos, aunque como en toda obra humana entre tantos juicios críticos comprometidos quepa la disensión razonada en algunos casos.

Bienvenida sea cualquier discrepancia científica que venga a iluminar el valor crítico de esos controvertidos diplomas emilianenses y a sacudir la pereza intelectual que permite que se sigan usando esos documentos sobre los que ya se cernían tantas dudas y descalificaciones globales como si fueran testimonios auténticos de la verdad histórica.

Quisiera también resaltar en el pórtico de estas páginas que no se trata de ningún ataque o descalificación global de la muy valiosa documentación altomedieval de ese gran cenobio que fue San Millán de la Cogolla, pues de los 954 documentos publicados 3 anteriores al año 1200, la tacha de apócrifos sólo se aplica a 58 de los mismos, quedando casi 900 enteramente libres de ese reproche. Mi pretensión se limita a un intento de contribución a un mejor y más juicioso uso histórico de la rica documentación emilianense.

Del mismo modo es de justicia resaltar que esta práctica de crear o fabricar artificialmente documentos justificativos de sus propiedades fue una práctica bastante generalizada desde finales del siglo XI y durante todo el siglo XII coincidiendo con la extensión del influjo de los monjes cluniacenses; diplomas espurios encontramos también en la documentación de Jaca, Leire, Albelda y Arlanza, y en menor escala en Cárdena, Oña, Silos, Santa María del Puerto o Santillana, por citar tan sólo monasterios o colegiatas no muy alejadas geográficamente de San Millán de la Cogolla.


DIPLOMAS MONASTERIALES CONCENTRADOS EN SAN MILLÁN

La primera peculiaridad que llama la atención en la documentación emilianense es que de sus primeros 180 diplomas, anteriores al año 1027, apenas una tercera parte fueron otorgados a San Millán de la Cogolla; los otros dos tercios son diplomas concedidos a otros monasterios independientes, que sólo más tarde fueron incorporados o agregados a San Millán aportando al archivo del monasterio riojano la documentación de los monasterios que habían perdido su independencia n4.

Esta agregación de monasterios, cada uno con su patrimonio privativo, a San Millán de la Cogolla va a resultar masiva alcanzando la cifra de 77 monasterios agregados o filiales antes del año 1200, aunque la mayor parte de las agregaciones tuvieron lugar en el medio siglo que va de 1042 a 1094, en que se agregan nada menos que 58 monasterios.

En cambio en todo el siglo X y el XI hasta 1042 sólo se agregan supuestamente 13 cenobios; en realidad un único monasterio, pues en los otros 12 casos se trata de diplomas espurios forjados en fecha muy posterior. Después de 1094 hasta 1200 los monasterios, cuya incorporación esta documentada, son siete tan sólo.

Es esta masiva agregación de monasterios menores en torno a San Millán, la. que otorga al cenobio sito en las faldas de la Cogolla toda su importancia patrimonial. Fue la obra personal del rey García de Nájera (1035-1054), de Sancho IV de Peñalén (1054-1076) y de los primeros años del reinado de Alfonso VI (1076-1109).

No juzgamos inútil ofrecer el elenco de esos 78 monasterios con la fecha de su real o supuesta incorporación y sumisión al cenobio emilianense. La incorporación a San Millán es cierta en todos los casos, aunque cuando está atestiguada por un diploma apócrifo, esa incorporación no tuvo lugar en la fecha indicada por el falsificador, sino mucho después; este es el caso, ya indicado, de los primeros doce monasterios del elenco.

1. Santa María de Sietefenestras (Cerezo de Río Tirón), tenía dos iglesias, la otra bajo la titularidad de San Juan,938.
2. Santa María de Pazuengos, 944.
3. San Martín de Grañón, 945.
4. San Esteban de Salcedo, 4-VI1I-947.
5. San Martín Barbarana (Mendavia), 947.
6. San Juan de Cihuri, 4-VIII-942.
7. Santa Águeda de Nájera, IX-957.
8. Santa Cruz de Ciáurriz, LX-957.
9. Santos Celedonio y Emeterio deTaranco, 25-VTÍ-1007.
10. Santa María de Villar de Torre, l-IV-1013.
11. San Cristóbal de Tobía, 24-VI-1014.
12. San Pedro de Villanueva (Matute), 24-VT-1014.
13- San Julián de San Pedro del Monte (Burgos), 1031.
14. San Clemente de Santa María de Ribarredonda, 1042.
15. Santa María de Badostáin-Egüés (Navarra), 1042.
16. San Cebrián de Castrillo del Val, 9-IV-1045.
17. Santa María de Guinicio, 31-X-1045.
18. Santa María de Quijera, en Sobrón, 31-X-1045.
19. Santa María deí Valle de San Vicente, 14-111-1046.
20. San Miguel de Ugaho, en Cirauqui, 1046.
21. Santa María de Cañas, 1047
22. Santa María de Alcozar, 1048.
23. San Félix de Oca, 1049-
24. San Miguel de Pedroso, 1049.
25- San Pelayo de la Hoz de la Morcuera, en Cellorigo, 20-LX-1049 y 28-IV-1060.
26. San Vítores de Esquíbel, cerca del despoblado de Gazaeta, en Gomecha (Álava), 24-IX-1049.
27. Santa María de Axpe en Busturia, 30-1-1051.
28. San Millán de Hiniestra (Burgos), MI- 1052.
29. San Antolín de Santa María de Ribarredonda, 1-III-1058.
30. Santa María de Arce, en Foncea, 1058.
31. San Mames de la Molina de Obarenes, 1058.
32. San Martín de Cuevagallegos en Pancorbo, 1058.
33. San Martín de Yécora, 1058.
34. San Millán de Santibáñez de Esgueva, 27-V-1062.
35. San Martín de Marmellar de Abajo, 27-V-1062 y 1087.
36. San Millán de Hoyo, en Salinillas de Bureba, 29-IV-1063.
37. San Miguel de Villasilos, 28-XII-1064.
38. San Vicente de Acosta, 1067.
39. Santo Tomás de Grañón, 27-VI-1069.
40. Santo Tomás de Rivabellosa, 23-V-1070.
41. La mitad del monasterio llamado Lupudiano en Cuartango, que algunos identifican con Luquiano de Zuya',23-V-1070.
42. San Miguel de Grañón, 15-XII-1070.
43- Santa María cerca de Resa (despoblado en Murillo de Calahorra), 20-Xi-1071.
44. San Martín de Yurreta (Durango), 26-VIII-1072.
45. Santa María de Mardones, en Villamardones (Álava)6,12-IV-1074.
46. Santiago de Villapún, hoy Castildelgado, 1074.
47. Santa María de Bañares, 7-II-1075.
48. Santiago de Nanclares de Oca, 29-II-1075 y 1124.
49. San Salvador de Bernués (Huesca), 1075.
50. Ascensión de Davalillos, San Asensio, 26-VIII-1078.
51. San Cristóbal de Val de Padulejas, en Ribaflecha7,1078.
52. San Miguel de Albiano,en Cihuri, 1080 y 1086.
53. San Vicente de Ugarte de Múgica (Vizcaya)8,17-VIII-1082.
54. San Mames de Huerta de Arriba, 1083-
55. San Miguel de Villagalijo (parte), 1085.
56. San Miguel de Villarta-Quintana, 1085.
57. San Andrés de Astigarribia (Motrico), 1080-1086.
58. Santa María de Orsares, despoblado no localizado de Álava, 31-IV-1087.
59. San Sebastián de Ojacastro, 1087.
60. Santa María de Rodezno, 1087.
61. San Miguel de Caicedo-Yuso, 1087.
62. San Salvador de Gurendes, la mitad, 1087.
63- San Julián de Quejo, un cuarto, 1087.
64. Monasterio de Zaballa, probablemente en Losa, 1087.
65. San Andrés de Bolívar (Álava), 1087.
66. San Juan de Cripán, 1088.
67. Monasterio de Lasarte (Álava), 20-V-1089.
68. San Millán de Revenga (Quintanar de la Sierra), 1089.
69- San Cristóbal de Ochánduri (Rioja), 1090.
70. San Salvador de Albóniga (Bermeo), 1093
71. San Millán de Badarán, 1094.
72. San Andrés deVillanueva (Rioja), 1111.
73- Santa Cecilia y San Clemente de Ovaldía (Avala), 1114.
74. San Román de Hornillos del Camino, 1124.
75. Santiago de Villanueva de Mena, 1124.
76. Santa Cruz de Fresnedo, Montija (Burgos), 1127.
77. San Félix de Abalos (parte), 29-VI-l 18
78. San Martín de Losa, junto al río Losa hacia Villaluenga, en la hoz de Yaña, en fecha no consignada.


NATURALEZA DE LOS MONASTERIOS ALTOMEDIEVALES

Ante esta plétora y abundancia de monasterios subordinados a San Millán de la Cogolla anteriores todos, salvo uno, a 1127 es evidente que aquellos monasterios alto-medievales no respondían enteramente al mismo concepto que hoy tenemos de un monasterio. Cada uno de estos monasterios estaba constituido al menos por cuatro elementos fijos: una iglesia, aunque fuera diminuta; una sencilla vivienda; un grupo de hombres o mujeres, que hacían profesión de vivir bajo una regla religiosa; y unas tierras o heredades, que cultivadas por los religiosos o religiosas les permitían subsistir. No formaban parte de ninguna Orden jerárquicamente organizada o aprobada, ni seguían todos una misma regla de todos conocida o admitida, sino que cada uno de estos monasterios era totalmente independiente, y eí superior, que recibía el nombre de abad, elegía de entre las varias reglas, que se hallaban recopiladas en un libro llamado con el nombre de codex regularum o regula, aquellos elementos o partes de cada una de esas reglas que le parecían más convenientes y apropiadas. Tampoco se requería para la existencia de uno de esos monasterios un número mínimo de hombres o mujeres que hiciesen la profesión de vida y votos religiosos; bastaba para constituir o fundar un monasterio con tres o cuatro y aun con dos personas que tomaban la decisión de vivir como monjes, que construían una iglesia y aplicaban una casa y unas heredades a ese fin. Ante la debilidad estructural de estos monasterios y el reducido número de monjes de cada uno de ellos con la misma facilidad con que un día nacían estos monasterios a los pocos años quedaban deshabitados y sin monjes, pero no por eso desaparecía el monasterio, pues iglesia, vivienda, tierras y demás heredades constituían un conjunto material de bienes que formaban ya, teóricamente a perpetuidad, una unidad patrimonial consagrada a un fin religioso.

El titular de ese conjunto patrimonial, esto es el propietario del monasterio, podía ser uno o varios de los monjes fundadores, un laico con medios económicos suficientes, que podía ir desde el rey, el conde o el sénior hasta cualquier otro particular pudiente; también en algunos casos podía ser propietario de un monasterio el obispo, si lo había fundado él o le había sido donado por los anteriores propietarios. En una palabra un monasterio era un conjunto patrimonial que como tal podía ser vendido, donado, heredado, fraccionado o enajenado por cualquier modo legal manteniendo siempre su finalidad religiosa monástica.

Las relaciones de unos monasterios con otros no se fundaban en la pertenencia a una misma Orden o a una misma Regla, sino que tenían estricto carácter patrimonial y económico, ya que un monasterio, igual que cualquier hombre particular clérigo o laico, podía ser propietario de otro monasterio habitado o deshabitado.

Es conforme a estos principios cómo San Millán de Cogolla va a adquirir la propiedad o titularidad de esos 78 monasterios, que le quedarán agregados y subordinados. El proceso de subordinación y concentración de los antiguos y frágiles monasterios primitivos en torno a otros más famosos y más potentes se acelerará cuando en la primera mitad del siglo XI se implante en estos la regla de San Benito y alguno de ellos, como será el caso de San Millán, reciba la especial protección y favor del monarca.


IGLESIAS PROPIAS DEL CENOBIO EMILIANENSE

En la documentación emilianense al lado de tantos monasterios primitivos emergen también numerosas iglesias; en ningún caso se confunden para los contemporáneos los monasterios, por diminutos que fueren o deshabitados que se hallasen, con las iglesias, pues en su origen el régimen jurídico de unos y otras era diverso, lo mismo que sus obligaciones y usos litúrgicos. Todos los monasterios tenían siempre una iglesia como parte esencial de los mismos, pero no todas las iglesias eran monasterios. Los coetáneos eran plenamente conscientes de la diferente naturaleza jurídica de unos y otras. La diferencia no era la capacidad de monasterios e iglesias de ser objeto de propiedad particular, ya que unos y otras se contaban por igual entre las cosas que podían ser objeto de tráfico entre particulares; del mismo modo que las iglesias podían ser iglesias propias, los monasterios podían ser también monasterios propios. La diferencia entre monasterios e iglesias radicaba en que estas últimas no requerían necesariamente tres de los elementos constitutivos de aquellos: en primer lugar en las iglesias no existía ninguna comunidad o grupo religioso de hombres o mujeres; en segundo término no era necesaria la existencia de ninguna vivienda o casa habitación aneja; y en tercer lugar tampoco se requería un patrimonio suficiente para sostener a una comunidad, aunque fuera reducida, que habitara el monasterio.

La fundación de una iglesia tan sólo exigía la edificación del templo y la dote de este con un terreno en su entorno, los llamados dextros, esto es, doce pasos dobles para cementerio y 72 más para dote o sostenimiento del clérigo que atendiese a la susodicha iglesia. Las medidas y emplazamiento de estos dextros, eran la mayor parte de las veces algo teórico; de hecho con un terreno junto a la iglesia para cementerio y alguna heredad próxima a la misma, como dote del clérigo servidor de la iglesia, se cumplía de hecho la exigencia de los dextros. Todo templo, lo mismo las iglesias exentas o no monasteriales que las iglesias monasteriales, debían ser consagradas por el obispo, ceremonia litúrgica a la que se daba gran importancia y de las que se nos han conservado algunas lápidas conmemorativas; es a través de la consagración del obispo cómo el edificio recibía su carácter sacro y se integraba en el orden canónico diocesano.

Todavía en muchas de esas iglesias exentas y en algunas monasteriales podía el obispo instituir o autorizar el emplazamiento de una pila bautismal, elevándolas así a un rango superior, que hoy podríamos calificar como iglesias parroquiales, frente a las otras que no lo eran por no haber obtenido del obispo la autorización para instalar en ellas la mencionada pila. Iglesias con pila bautismal, germen de las futuras parroquias, no solía haber más de una por aldea o lugar habitado; únicamente los lugares más numerosos podían tener dos o más parroquias, según el número de vecinos; eran muchas más las iglesias sin pila que las iglesias con ella.

Aunque, no en tan gran cantidad como fue el caso de los monasterios, también un buen número de estas iglesias exentas fueron donadas al monasterio de San Millán, especialmente entre 1050 y 1102; vamos a ofrecer a continuación un elenco según el orden cronológico en que aparecen en la documentación emilianense.

Pero también debemos advertir aquí que los ocho primeros números del elenco, con la única excepción del número dos, se apoyan en diplomas apócrifos, por lo que la fecha de subordinación de esas iglesias a San Millán hay que retrasarla a una fecha muy posterior a la señalada en el documento espurio:

1. Santa María de Sietefenestras, 938.
2. San Clemente de Briviesca, 947.
3. Santa María de Badarán, 5-IX-952.
4. San Peiayo de Desojo, 953.
5. San Julián de Agreda, 5-IX-957.
6. Santa Cruz de Ravate, barrio deTarazona, 5-IX-957.
7. Santa María de Cañas, 5-LX-957.
8. Santa María deTera (Soria), 5-IX-957.
9. San Bartolomé de Barticare, despoblado no localizado, sito hacia Bascuñana, 3-VIII-959-
10. San Sebastián de Nájera, en el barrio de Sopeña, 1011.
11. San Juan en Era Decolata, despoblado no localizado, sito hacia Alesanco, 1028.
12. Santa María de Monasterio de Rodilla, 8-XI-1050.
13. San Sebastián de Altable, 1061.
14. Santa María de la Vega en Haro, l-VII-1063.
15. San Facundo de Cascajares (Bureba) 1072.
16. San Salvador de Osmilla, despoblado a orillas del río Tirón, hacia Belorado, 21-IV-1073.
17. San Lorenzo deTricio, 2-XII-1074.
18. San Sebastián de Fuentes de Salinas de Añana, l-XI-1077.
19. San Salvador de Sietefenestras, 1082.
20. Santa Cruz de Santa María de Rivarredonda, 1086.
21. San Millán de Velilla, despoblado en Covaleda, 1095.
22. Santa María de Dos Ramas en Almazán, 7-IV-1098.
23. Santa María de Pubeya, lugar no identificado en Sámano,V-1102.
24. San Adrián de Valdegeña (Soria), 1123-
25. Iglesia de Valluércanes de Yuso, 10-XI-1134.
26. Una iglesia de Fonzaleche, 10-XI-1134.
27. Otra iglesia de Fonzaleche, 10-XI-1134.
28. San Vicente de la Peña, en el Valle de San Vicente, 1145.
29. San Julián de Agreda, 1180-1184.
30. Santa Cruz de Tarazona, 1180-1184.


Hemos dado como buenas para la incorporación de los monasterios e iglesias al cenobio de San Millán de la Cogolla las fechas que figuran en los diplomas copiados en los cartularios de este último lugar, aunque como hemos indicado algunas de esas fechas deberán ser corregidas al proceder de documentos espurios fabricados para justificar la pertenencia a San Millán de aquellos monasterios o iglesias, cuyo documento de incorporación se había perdido.

Monasterios e iglesias subordinadas a otros monasterios, luego incorporados a San Millán

De entre los monasterios arriba recensionados como anexionados a San Mi-llán de la Cogolla, algunos de los tales tenían a su vez otros monasterios dependientes, que junto con ellos fueron también incorporados al cenobio emilianense.Así los monasterios finalmente incorporados no fueron únicamente los 78 arriba recensionados, sino un número muy superior. Veamos cuáles eran estos monasterios subordinados en segundo grado:

a) Del monasterio de San Miguel de Pedroso dependían:
1. San Mames, en el río de Puras, 945.
2. San Salvador de Valjubí, en San Miguel de Pedroso, junto al arroyo Valjubí, 945.
3. San Lorenzo en Monte Massoa, junto a Espinosa del Monte, 945.
4. San Pablo, junto a Espinosa del Monte, 945.
5. San Martín de Ezquerra, 979.
 
b) De San Félix de Oca:
6. San Juan de Barcena, en Ángulo, 7-V-864
7. San Fabio, no identificado, bajo Ángulo, 7-V-864.
8. Santa Eugenia, no identificado, bajo Ángulo, 7-V-864.
9- San Vicente de Añes (Álava), 7-V-864
10. Santiago y San Juan de Uzuza (Ayala), 7-V-864.
11. San Martín de Pontecierzo, en Sobrón, 7-V-864
12. San Millán de Porcelos, no localizado, 998.
 
c) De San Mames de Obarenes:
13. Santa María de Fresno, 29-V-873.
14. San Andrés de Treviana, 29-V-873
15. San Juan de Orbañanos, l-V-867
 
d) De San Vicente de Acosta:
16. San Justo de Corcuera, Cuartango (Álava) 950.
17. San Víctor de Gardea en Llodio, 959-
 
e) De San Martín de Losa:
18. San Román de Dondisle, fue incorporado a San Martín de Herrán, 4-VII-872.
19. San Martín de Herrán o de Pontecierzo, en Sobrón9.
 
f) De San Juan y San Millán de Hiniestra:
20. San Víctor de Arlanzón, 947.

SAN MILLÁN: DE MONASTERIO PRIMITIVO HISPÁNICO A LA OBSERVANCIA BENEDICTINA

El monasterio emilianense aparece por primera vez en la documentación es el año 932, cuando su abad Gómez compra una tierra en Salinas de Añana; en esos momentos San Millán es uno más de los millares de cenobios que vivía bajo la observancia del codex regularum o regula mixta, es decir, del conjunto de reglas monásticas o de fragmentos de ellas, entre las cuales el abad extraía en cada caso la norma aplicable. Era el sistema del monacato primitivo en todo el ámbito del reino astur-leonés. La regla de San Benito no pasaba de ser una más entre las varias reglas del codex regularum.

En ese siglo X ya habían comenzado algunos monasterios astur-leoneses a regirse por la única Regla de San Benito; eran muy pocos y aislados los monasterios que habían dado este primer paso hacia el benedictinismo. Entre los millares de monasterios del reino sólo conocemos, prescindiendo de los diplomas apócrifos de Sahagún, de San Pedro de Eslonza, de San Pedro de Arlanza y de San Sebastián de Silos, algunos casos documentados de cenobios regidos por la Regla de San Benito, a saber:

1. San Pedro de Montes, en el Bierzo, año 896 10.
2. San Cosme y Damián de Abellar, año 905 11.
3. San Isidro de Dueñas, año 911 12.
4. San Martín de Modúbar (Cárdena), año 944 13.
5. Sahagún, 8-VII-985 14.

El conocimiento de la regla de San Benito, regla que ya se había impuesto entre los monasterios del otro lado de los Pirineos a partir del concilio de Aquisgrán del 816, se difunde también en el siglo X en los ambientes monásticos del reino leonés a través de la obra Expositio in regulam Sancti Benedicti 15 escrita por el abad Esmaragdo entre los años 817 y 820, aunque sean pocos los monasterios que la adopten como regla propia. La difusión de la regla de San Benito también alcanzó a la Rioja, y en ella para una comunidad de monjas de rito hispánico, que habitaban en el monasterio de las Santas Nunilo y Alodia, se copiaba y adaptaba la Regula Sancti Benedicti 16, aunque en toda la documentación emilianense anterior a 1028 no hay ningún indicio de que los monjes de San Millán aceptaran la regla de San Benito. Con Sancho el Mayor de Navarra (1005-1035) va a introducirse en alguno de los monasterios de su reino, que comprendía Aragón, Navarra y la Rioja la misma regla de San Benito, pero bajo la forma y observancias de Cluny.

Esta abadía borgoñona, fundada el año 910, había extendido ya por los monasterios de Francia y de los condados catalanes su peculiar interpretación de la regla benedictina: dependencia directa de la Santa Sede, exención respecto a la autoridad diocesana, libre elección del abad, intensa dedicación al culto y celebraciones litúrgicas más que al trabajo manual, y fuerte jerarquización con dependencia directa de todos los demás monasterios del abad de Cluny, constituyendo una auténtica Orden Cluniacense. Excluyendo esta subordinación' directa a la autoridad del abad de Cluny, las observancias y estilo de vida monástica de esta abadía van a ser recibidas en el reino de Sancho el Mayor, iniciándose la recepción en San Juan de la Peña el 21 de abril de 1028, cuando el abad Paterno, formado y educado en Cluny, sea instituido abad del monasterio pinatiense17, secundum legem et consuetudinem quam Cluniacense monasterium habet 18.

No hay constancia expresa de la fecha en que tuvo lugar esta recepción de la lex et consuetudo monasterii Cluniacensis en el monasterio emilianense19. En los diplomas de San Millán encontramos ya a partir del 6 de diciembre de 1028 menciones de la regla de San Benito: et Ubi patri spirituali episcopo Sancio ómnibus tecum unanimiter sub regula sancti Benedicti iugum Christi honeste portantibus20, pero todas las menciones anteriores al año 1029 se encuentran en documentos apócrifos.

La primera mención en documento auténtico está datada el 8 de diciembre del año 1029: et Ubi patri spirituali Sancio episcopo et abbate sub regula sancti Benedicti cum ceteris monachis ibi Deo servientibus 21. A partir de esta fecha ya no serán raras las menciones expresas de la regla de San Benito en la documentación de San Millán.

Creemos que fue con el abaciazgo del obispo don Sancho cuando se introdujo en el cenobio riojano la forma y las observancias de Cluny, como había ocurrido en San Juan de la Peña con el abad Paterno.

El 10 de octubre de 1035 fallecía Sancho el Mayor; le sucedía en Navarra su hijo el rey García, que por su apego y predilección por las tierras riojanas merecerá el apelativo de García de Nájera. Desde esta ciudad regia seguirá una política de protección de algunos monasterios singulares a los que colmó de favores y donaciones, destacando entre todos Santa María la Real de Nájera, fundación suya de 1052 elegida como panteón real, que no fue encomendada a ninguna comunidad benedictina sino a una honesta congregación de clérigos, que vivan regularmente según el orden que disponen los sagrados cánones y padres antiguos, esto es, según la antigua tradición hispánica. El otro monasterio riojano de la predilección de García de Nájera fue San Millán, donde ya se había introducido la observancia benedictina, y al que a partir del ario 1042 comenzará a incorporar otros monasterios menores, tanto en tierras riojanas como en las castellanas y vascas anexionadas a su reino de Pamplona.

Según el profesor Lacarra fue en este reinado cuando tuvo lugar el traslado de las reliquias del santo desde el monasterio de Suso al de Yuso: En San Millán se había iniciado la construcción de edificaciones en la parte baja -monasterio de Yuso-, que podía ofrecer mayores comodidades que el monasterio de Suso, y también una mayor capacidad para el número creciente de monjes. Se comenzó por la construcción de la enfermería, y a ella se trasladó provisionalmente el cuerpo de San Millán... Este traslado se hizo en 1053, y en 1067, una vez terminada la iglesia, los restos del santo fundador fueron colocados en el altar mayor de la misma 22. El rey García tanto por la agregación de una pléyade de monasterios menores como por el traslado de las reliquias al nuevo monasterio de Yuso, puede ser considerado como segundo fundador de San Millán.


LA DEVOCIÓN A SAN MILLÁN EN EL CONDADO CASTELLANO

La fama de santidad de San Millán (m. 574) fue tal que es junto con San Martín de Tours uno de los pocos confesores o no mártires cuya memoria y celebración fue acogida en todos los calendarios hispano-mozárabes asignándole la fecha del 12 de noviembre para su conmemoración: S. Emiliani, pbri, Virgegio 21.

Por eso no es de extrañar que su culto alcanzara a todo el reino leonés, y que aunque en mucha menor escala lo encontremos también en Galicia y aun en Portugal. De menor a mayor número, iglesias dedicadas al santo riojano aparecen en Coimbra el año 109924, en la diócesis de Orense en la feligresía de su nombre, ayuntamiento de Cualedro25; en la de Oviedo en un pueblo con el nombre del santo: San Millán de los Caballeros (prov. de León); en la de León en las iglesias de Gigosos y Vega de Ruiponce 26 y la ermita de Villamorisca 27; en la de Palencia ya en seis iglesias: Quintanilla de la Cueza, Villaherreros, Baltanás, Quintanilla de Onésimo o de Abajo, Velliza 28 y Torquemada 29.

Pero donde el culto de San Millán se propagó de una manera más intensa fue en las tierras del antiguo condado de Castilla, comprendidas todas ellas en la primitiva diócesis de Burgos, donde hasta 20 iglesias parroquiales lo tenían como patrón y titular: San Millán de Juarros, Quintanilla de las Dueñas, Cubo de Bureba, Orbaneja Riopico, Sotopalacios, San Millán de Lara, Torrelara, Almendres, Citores del Páramo, Buezo, Campo de Ebro, Montejo de Cebas, San Millán de Yécora, Cellorigo, Quintana de Valdelucio, Porquera de Butrón, Coculina, Acedillo, Villanueva de Puerta, y Espinosilla de San Bartolomé, todo esto sin contar para nada las todavía numerosos ermitas e iglesias no parroquiales colocadas bajo el nombre del mismo santo.

El condicionamiento geográfico en la expansión del culto de San Millán es evidente en la actual diócesis de Santander, donde no hay ni una sola parroquia colocada bajo su advocación, salvo la de Irús, que se encuentra en el valle de Mena, antigua diócesis de Burgos, y la de Servillas en el Alto Campoo, diócesis de Burgos hasta el año 1957.

El condado de Álava, unido en 932 con Castilla por Fernán González30 bajo un mismo poder condal, también había recibido la devoción al santo riojano con la misma o parecida intensidad que Castilla; en la actual provincia de Álava son nueve las parroquias bajo su titularidad: Ali, Astúlez, Barriobusto, Ganzaga, Junguitu, Larrea, Villamaderne, Zuazo de Gamboa y Zuazo de San Millán, además de ocho ermitas o iglesias no parroquiales 31.

Aunque el monasterio de San Millán de la Cogolla desde su incorporación a la comunidad cristiana el año 922 quedó siempre incluido en el reino de Nájera unido a la monarquía de Pamplona, su carácter fronterizo hizo que fuera tan venerado por los cristianos de Castilla como por los del reino najerense.

En efecto, San Millán de Suso se hallaba en línea recta a vuelo de pájaro a tan sólo 4.700 metros del castillo de Pazuengos, que era una de las fortalezas fronterizas de Fernán González, junto con Grañón, Ibrillos y Cerezo de Río Tirón. Entre los 1.249 metros de altitud de Pazuengos y los 728 de San Millán de Yuso existe una diferencia de nivel de 521 metros que recorre el río Calabazares o de Pazuengos; la diferencia de altitud entre San Millán de Suso y Pazuengos viene a ser unos 100 metros menos, esto es, de unos 421 metros. Dada esta inmediatez de Castilla con el monasterio de San Millán y la fama del santo nada tiene de particular que los devotos de Castilla acudieran en peregrinación al santuario riojano.

Así nos consta por el salvoconducto que el rey Sancho de Peñalén extiende ente 1072 y 1076 en favor de los súbditos de Alfonso VI, para que, a pesar de las hostilidad existente entre ambos monarcas, pudiesen los peregrinos, que llevasen bordón y esportilla venir a San Millán seguros y sin ser molestados en sus personas o en sus bienes. El salvoconducto lo había negociado Gonzalo Salvadórez, que era el tenente de Lara, porque eran las vecinas gentes de Lara las más numerosas entre las que acudían a orar ante la tumba de San Millán32. Años antes, el 1016, el conde Sancho García de Castilla y Sancho el Mayor de Navarra habían trazado el deslinde entre ambos reinos desde la Cogolla hacia el sur, comenzando en lo más alto del monte San Lorenzo, llamado Summa Cuculla, y siguiendo por el río Valvanera y otros montes y arroyos hasta las ruinas de Numancia, a la que denominan Garrahe antiqua civitate deserta, y el río Duero 33. En 1076, a la muerte violenta de Sancho de Peñalén, el reino de Nájera con sus notables al frente, opta por reconocer la autoridad de Alfonso VI, que era rey soberano de León y del condado de Castilla, integrándose así San Millán de la Cogolla en la misma comunidad política que las tierras castellanas con la consiguiente desaparición de la frontera política que había separado hasta entonces el monasterio de San Millán de Castilla.


¿CUANDO SE FORJARON LOS DIPLOMAS ESPURIOS?

Con una única excepción datada en 1106, el resto de los diplomas que hemos calificados como espurios fueron atribuidos a una fecha anterior a la muerte de Sancho el Mayor de Navarra; el último de estos documentos no auténticos fue supuestamente datado en el 14 de mayo de 1030. Como a la hora de forjar un diploma espurio no se le suele atribuir una fecha anterior muy próxima, pues la superchería se descubriría con mayor facilidad, sino que más bien se suelen asignar a las producciones de los falsarios muchos decenios o siglos de antigüedad, que encubren con más facilidad el carácter espurio del documento, es evidente que al escritorio emilianense que redactó los falsos diplomas hay que asignarle una fecha en ningún caso anterior a finales del siglo XI.

Entre los documentos falsos de San Millán destaca el privilegio designado como Votos de San Millán, según el cual el conde Fernán González el año 934 concedía al monasterio riojano el derecho a percibir un censo en todas las poblaciones y comarcas de su condado199; a esta falsificación se le ha asignado una fecha muy concreta y determinada: entre los años 1140 y 1143, que corresponden al abaciazgo del abad don Pedro (1121-1144).

Como entre los confirmantes de este diploma vamos a encontrar una gran coincidencia con los confirmantes de los otros diplomas falsos del mismo Fernán González, con los mismos personajes y por el mismo orden, no resulta aventurado suponer que todo el conjunto de diplomas falsos brotó del mismo copista o del mismo grupo de escribas en un plazo de pocos años, que nosotros enmarcaríamos entre los años 1130 al 1150, cuando estaba cumpliéndose un siglo desde la muerte de Sancho el Mayor.

Con toda certeza las falsificaciones emilianenses son anteriores al año 1192, fecha en que se acababa de transcribir el llamado Becerro Gótico de San Millán, que ya incluye la casi totalidad de los diplomas que hemos calificado como espurios. Igualmente son posteriores al año 1137, en que la villa de Madriz fue donada a San Millán por Alfonso VII con ocasión de la consagración de la nueva iglesia 200; este diploma inspiró la falsificación datada el 13 de mayo de 1030 y atribuida al monarca navarro Sancho el Mayor 201. También podemos afirmar que algunos de los diplomas falsos estaban ya redactados algunos años antes del año 1166, cuando el obispo de Osma y el abad de San Millán alcanzaron un acuerdo en el litigio que mantenían sobre la posesión de la iglesia de Santa María de Tera y la de San Andrés de Soria.

En este acuerdo, ratificado por el cabildo de Osma el 9 de abril de 1166, por parte del abad de San Millán se invoca ya un documento falso colocado bajo el nombre del rey García: auctoritate quorumdam instrumentorum que habeat ad vobus regibus, scilicet a rege Garsia et a rege Aldefonso 202.

El aludido documento del rey García es una de las cinco falsificaciones datadas en septiembre del año 957, tres de ellas el día 5, y atribuidas a este rey 203; por esa supuesta donación el rey García Sánchez I y su madre la reina doña Toda daban a San Millán la iglesia de Santa María deTera, en término de Garray, eximiéndola de la justicia real 204. De Alfonso VI se han conservado en el cartulario emilianense dos documentos: uno auténtico205 datado el año 1107 y otro falso 206 atribuido al año 1106; en el falso se menciona a su vez el anterior falso del rey García Sánchez I. Para fabricar el falso fue utilizado el auténtico diploma de Alfonso VI; se modificaron los límites de la heredad de la iglesia de Santa María de Tera ampliando extraordinariamente sus términos, y en la cláusula penal se añadió el duplo en favor del monasterio: et duplet ad regulam retemptatum, que no figuraba en el diploma auténtico.

En el Becerro Gótico se incluyó una noticia histórica, que nos da cuenta de la repoblación de Garray y de la donación de la iglesia de Santa María de Tera a San Millán. Según esta noticia el año 1106 ordenó el rey Alfonso VI al conde García Ordóñez, tenente de Nájera, que poblara Garray; ese mismo año el día de San Miguel, 29 de septiembre, el conde llevaba un hijo suyo a bautizar en San Millán de la Cogolla; el abad don Blas aprovechó la fausta ocasión para pedir al conde la iglesia de Santa María de Tera, que le fue prometida por García Ordóñez 207. Al año siguiente, 1107, el día de San Dionisio, 9 de octubre, Munio, prepósito o prior de San Millán entró en la iglesia de Santa María de Tera y cumplió con los signos y ceremonias de toma de posesión. Entonces el sayón regio, llamado Sancho García, por mandato de García Ordóñez, se presentó al rey y le narró todo lo sucedido con la iglesia, el cual lo aprobó y confirmó otorgando el diploma conservado en el archivo de San Millán de fecha 1107.

A continuación por orden del rey el mismo merino procedió a dar posesión de Santa María de Tera al abad y al prepósito de San Millán y señalar los términos de la iglesia208. Los términos de la noticia son los mismos del falso diploma de Alfonso VI; creemos que estos términos, que no son los del diploma auténtico de 1107, fueron incluidos en la noticia y en el falso atribuido al año 1106 por los falsarios de San Millán, en fecha algo posterior, cuando se redactó la noticia, iniciado ya el litigio con el obispo de Osma. El abad de San Millán, don Pedro, entregó la iglesia de Santa María de Tera al obispo de Tarazona, don Miguel (1118-1151) en calidad de prestimonio; esta entrega tuvo lugar entre 1118y 1122, pues este último año el obispo don Miguel otorgaba fueros a los vecinos de Santa María de Tera 209.

Como el litigio por esta iglesia, superado en la concordia de abril de 1166, llevaba ya algunos años de duración, pues había sido antes encomendado por el Papa a los obispos Pedro de Burgos (1156-1181) y Rodrigo de Calahorra (1152-1189), debemos señalar como fechas extremas para la fabricación de los dos diplomas, el del rey García Sánchez I y el de Alfonso VI, los años 1156-1166.

Estos años corresponden por entero al abaciazgo del abad don García (1155-1171) a quien había precedido en el sillón abacial don Lucas (1146-1153). Damos por supuesto que en la fabricación y redacción de los falsos de San Millán intervino más de un escriba; probablemente fue la obra del taller escritorio de San Millán a los largo de varios años, un decenio o más. Ahora bien, como el falso diploma de García Sánchez I, forma parte de un bloque constituido por un grupo de diplomas de factura muy similar, las fechas de 1156-1166, que hemos señalado para el falso relativo a Santa María de Tera, debe extenderse al menos a todos los demás diplomas que forman el bloque susodicho.

El bloque de diplomas atribuidos al rey García Sánchez tiene también algunas similitudes con el fabricado bajo el nombre de Fernán González; por eso nos inclinamos a pensar que también este pudiera ser de la misma época, los mismo que el resto de los documentos apócrifos emilianenses.


CONCLUSIONES

Hemos dividido los apócrifos de San Millán en varios grandes bloques. El primero de ellos, formado por los documentos atribuidos a monjes repobladores y fundadores de monasterios anexionados más tarde a San Millán, y por los diplomas relacionados con esos monasterios, alcanza un total de hasta 16 unidades espurias; a esos diplomas se les ha atribuido fechas comprendidas entre el año 800 y el 912. El segundo gran bloque apócrifo ha sido colocado bajo el nombre del conde castellano Fernán González y lo forman en total 12 diplomas datados entre los años 934 y 947; uno de estos diplomas, el de los Votos de San Millán, resulta un tanto atípico, y otro de ellos se presenta en forma de noticia falsamente confirmada por el conde castellano.

El tercer bloque de falsos lleva el nombre del rey García Sánchez I;lo integran nada menos que 16 diplomas, uno de ellos en forma de noticia confirmada por ese rey navarro; sus fechas se extienden entre los años 943 y 959.

Sigue como cuarto bloque los apócrifos cobijados bajo el nombre de Sancho Garcés II, de entre los años 970 y 972; son tan sólo tres, a los que habría añadir por su carácter de coetáneo el único apócrifo atribuido al conde castellano Garcí Fernández el año 979. Un quinto bloque lo forman los seis apócrifos que utilizaron el nombre del rey Sancho el Mayor, con supuestas fechas entre 1011 y 1030; a ellos cabría añadir otro con supuesta fecha de 1025 consignando las poblaciones de Álava que pagaban a San Millán el censo de una reja de hierro. El sexto grupo de carácter residual los forman tres apócrifos en que los otorgantes son particulares y en el que se mencionan los nombres de supuestos e inexistentes condes; sus fechas: los años 913,1007 y 1028.

Finalmente como falsificación aislada y tardía no omitimos el atribuido al rey Alfonso VI y datado el año 1106 relativo a la iglesia de Santa María de Tera.

En total son 58 diplomas, los que hemos calificado de apócrifos; con referencia al cartulario publicado por el profesor Ubieto corresponden a los números siguientes:2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,15,16,17,18,22,26,30,35,36,37,38,39,40,41,42,43,44,45,65,66,68,69,72,73,74,75,76,77,78,80,81,87,88,91,95,112,131,142,151, 152, 171, 180, 183, 192, 193 y 195. El más tardío de los apócrifos, el del año 1106, corresponde al número 307 del segundo volumen del Cartulario de San Millán de la Cogolla publicado por María Luisa Ledesma Ramos. Conocemos los riesgos que hemos asumido al expresar de una manera tan concreta la calificación exacta que nos merece cada uno de los 58 diplomas que acabamos de reseñar.

Sobre todo, cuando la necesidad de no extendernos más allá de toda medida en este artículo nos ha impedido el examen detallado en cada uno de los 58 diplomas apócrifos de sus peculiaridades de estilo y vocabulario así como de las personas que en ellos intervienen, bien como participantes en el negocio jurídico, bien como testigos, que habrían puesto en cada caso más de manifiesto su falta de autenticidad. Hemos preferido ofrecer una visión global de todo el problema crítico que suscita la documentación emilianense. Además existen algunos otros diplomas, de los que han quedado como auténticos, que han sufrido algunas interpolaciones, como adicionar una nueva donación de Sancho el Mayor en un documento auténtico de su madre doña Jimena210, u otorgar la titulación condal a quien no le pertenecía, como hemos ya señalado211. Sin duda no serán estas las únicas interpolaciones que se introdujeron en la documentación emilianense al transcribir los diplomas originales en el Becerro Gótico.

El maestro Sánchez Albornoz solía insistir con razón en que siempre se ha falsificado para algo y no por puro deporte erudito 212; de acuerdo con el maestro resulta obligado el preguntarnos por qué o para qué monjes emilianenses a mediados del siglo XII se tomaron el trabajo de fabricar varias decenas de documentos espurios.

En nuestro caso la respuesta es clara: prácticamente en todos los apócrifos emilianenses se trataba de crear documentos probatorios de las propiedades que de hecho ya poseía el monasterio; no se pretendía extender el dominio patrimonial o apoderarse de bienes que no eran suyos, sino simplemente de cubrir las lagunas del archivo.

Por lo tanto en los documentos apócrifos emilianenses pueden encontrarse algunos datos o elementos históricos aprovechables; la vinculación de las heredades que en ellas se relacionan con el monasterio riojano es totalmente cierta para el momento, mediados del siglo XII, en que se forjaron los apócrifos.

Del mismo modo los datos geográficos son igualmente válidos; en cambio los datos históricos y personales de otorgantes y confirmantes, redactados a mediados del siglo XII y atribuidos al siglo LX, X y a los tres primeros decenios del XI, no pueden ser aceptados como válidos y fidedignos con sólo el testimonio de estos apócrifos emilianenses y han distorsionado muy gravemente la historia de Castilla de los siglo LX y X.


NOTAS

* Catedrático Emérito de Historia del Derecho
1. Ubieto Arteta, A., Los primeros años del monasterio de San Millán, en "Príncipe de Viana", 132-133 (1973) 181-200.
2. Ubieto Arteta, A., Cartulario de San Millán de la Cogolla (759-1076),Valencia 1976, p. 6.
3. Ubieto Arteta, A., Cartulario de San Millán de la Cogolla (755>-.7<376), Valencia 1976,439 doc; María Luisa Ledesma Rubio, Cartulario de San Millán de la Cogolla (1076-1200), Zaragoza 1989, 512+3 doc. En adelante citaremos como Cartulario, I y Cartulario, II respectivamente.
4. Ubieto Arteta, A., Los primeros años del monasterio de San Millán, en "San Millán de la Cogolla", Madrid 1976, p. 58-62.
5. López de Guereñu, G., Álava, solar de arte y de fe, Vitoria 1962, p. 329. 6.0. c.,p. 102-103.
7. El Becerro Galicano de San Millán ubica este diploma en super Villa Cortice vel apud Villoría; Villoria de Río Leza es un despoblado de Ribaflecha y allí se encuentra la hoy ermita de San Cristóbal.
8. Todavía hoy día su iglesia parroquial se halla bajo la advocación de San Vicente.
9. La ermita románica de San Martín de Herrán se alzó junto al balneario de Sobrón; en ella se venera la imagen de Nuestra Señora de Quijera; cfr. López de Guereñu, G., Álava, solar de arte y de fe, Vitoria 1962, p. 381. Este mismo monasterio recibía el nombre de San Martín de Pontecierzo. No hay que confundir este lugar con el Pontanzre o Potanzuri localizado a orillas del río Oroncillo; cfr. Cantera y Burgos, F., En torno al documento fundacional de Valpuesta, en "Hispania", núm. 10,3 (1943) 3-15.
10. Quintana Prieto, A., Tumbo viejo de San Pedro de Montes, León 1971, p. 85: ...omNem domum deificam constitutam in Regula Beati Benedicti.
11. Saez, E., Colección documental del Archivo de la catedral de León (775-1230), I (775-952), León 1987, p. 30. secundum Regula beati Benedicti precipit...
12. Yepes, A. de, Crónica general de la Orden de San Benito, FV, Valladolid 1613, f. 445r: qui vitam sanctam secundum regulam beati Benedicti ibidem duxerint.
13. Serrano, L., Becerro Gótico de Cárdena, Silos 1910, p. 54: et monasticam vitam et secundum docet Sancti Benedicti regula ibidem exercere.
14. Minguez Fernandez, J.M., Colección diplomática del monasterio de Sahagún (Siglos IX-X), León 1976, p. 392: ...ad servís Dei qui regulam Benedicti patris meditabant.
15. Diaz y Diaz, M.C., Libros y librerías en la Rioja altomedieval, Logroño 1979, p. 215-216: idem, Las primeras glosas hispánicas, Barcelona 1978, p. 18-19.
16. Linaje Conde, A., Una regla monástica riojana femenina del siglo X:El "libellus a regula Sancti Benedicti substractus", Salamanca 1973,143 págs.
17. Linaje Conde, A., Los orígenes del monacato benedictino en la Península Ibérica, León 1973, II, p. 863-901.
18. 0.c.,II,p.894.
19. O.c, II, p. 902-905 y 1004.
20. Cartulario, I, núm. 186.
21. Cartulario, I, núm. 190.
22. Lacarra, J.M.,Historia política del reino de Navarra desde sus orígenes basta su incorporación a Castilla, I, Pamplona 1972, 239-240.
23. Agusti y Casanovas, J., Voltes Bou, P., Vives, J., Manual de cronología española y universal, Madrid 1952, p. 40. Curiosamente el Virgegio del calendario que corresponde al Vergegio (Berceo) en cuya iglesia, según San Braulio, ejerció el santo como presbítero, ha sido mal interpretado por dos notables investigadores como el Bierzo.
24. David, P.,Etudes historiques sur la Galice et le Portugal du VIe au Xlle siécle, Lisboa-París 1947, p.236.
25. Madoz,P,Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, vol. 11, Madrid 1848, p. 416-417.
26. Fernandez Florez, J.A., El "Becerro de Presentaciones", en "León y su Historia", vol. V, León 1984, p. 389 y 505.
27. López Santos L., Toponimia de la diócesis de León, en "Archivos Leoneses", núm. 1,1 (1947) 50.
28. San Martin Payo, J., La más antigua estadística de la diócesis palentina (a. 1345), en Publicaciones de la Institución "Tello Téllez de Meneses", 7(1951)10-107.
29- Madoz,P.,o.c.,vol. Il,p.417.
30. Martínez Diez, G.,El condado de Castilla , los monasterios de Santo Domingo de Silos y San Millán de la Cogolla, en "Las glosas emilianenses y silenses", Burgos 1993, p. 17-39.
31. López de Guereñu, G., Álava. Solar de arte y de fe, Vitoria 1962, p. 406-410.
32. Cartulario, i, núm. 408.
33. Cartulario, i, num. 166.
34. Cartulario, I, núm. 2.
35. Cartulario, I, núm. 3.
36. Cartulario, I, núm. 4, 5,17 y 18. Este último número contiene en realidad dos documentos diferentes.
37. Cartulario, I, núm. 131.
38. Cartulario, I, núm. 183.
39. Cartulario, I, núm. 6.
40. Berganza y Arce, F. de, Antigüedades de España, Madrid 1719, I, p. 116.
41. Edic: Ubieto Arteta.A.,Valencia 1966, p. 56.
42. Cartulario, I, núm. 7.
43. Cartulario, I, núm. 9.
44. Cartulario,!,núm. 21,82, 96, 99,115,126,130,135,154 y 255.
45. Cartulario, I, núm. 255.
46. Cartulario, I, núm. 365.
47. Cartulario, II, núm. 87.
48. Cartulario, i, núm. 308.
49. Cartulario, I, núm. 98 y 213.
50. Cartulario, I, núm. 323.
51. Serrano, L., Cartulario de San Millán de la Cogolla, Madrid 1930, p. 199.
52. Cartulario, I, núm. 362.
53- Cartulario, II, núm. 91,93 y 220.
54. Cartulario, I, núm. 16.
55. Cartulario, I, núm. 63.
56. Cartulario, I, núm. 134.
57. Cartulario, I, núm. 139.
58. Cartulario, I, núm. 225 y 226.
59. Cartulario, I, núm. 137
60. Cartulario, I, núm. 11.
61. Cartulario, I, núm. 12.
62. Cartulario, I, núm. 13.
63. Cartulario, I, núm. 11.
64. Álava. Solar de arte y de fe, Vitoria 1962, p. 381.
65. Cartulario, I, núm. 94.
66. Cartulario, I, núm. 14.
67. Cartulario, I, núm. 1.
68. Cartulario, I, núm. 256.
69. Cartulario, I, núm. 89,90,92,138,176,179 y 199.
70. Cartulario, I, núm. 129 y 189-
71. Cartulario,I,núm. 259; Cartulario,II,núm. 201,278,281 y 311.
72. Cartulario, II, núm. 278.
73. Cartulario,!,núm. 15.
74. Cartulario, i, núm. 19.
75. Cartulario, I, núm. 24,25,28,32,57,62,70,85,119,122 y 204.
76. Cartulario, I, núm. 22.
77. Cartulario, I, núm. 26.
78. Cartulario, I, núm. 35.
79. Cartulario, I, núm. 36.
80. Cartulario, I, núm. 37.
81. Cartulario, I, núm. 38.
82. Cartulario, I, núm. 39-
83- Cartulario, I, núm. 40.
84. Cartulario, I, núm. 43.
85. Cartulario, i, núm. 44.
86. 0.c.,Valladolid 1994, p. 353.
87. Historia de los obispos de Pamplona, s. IV-XIII, p. 142.
88. Cartulario, I, núm. 26.
89. Cartulario, I, núm. 35.
90. Cartulario, I, núm. 384.
91. Cartulario, II, núm. 204.
92. Cartulario, II, núm. 467.
93. Cartulario, I, núm. 36.
94. Cartulario, I, núm. 186.
95. Cartulario, II, núm. 6.
96. Cartulario, I, núm. 306: Igitur secundum petitionem vestram consentio et confirmo ut en villa vocitata Granione, en proprio vestro agro de Sancto Martino, licentiam et solutionem habeatis casas faciendi, homines populandi, quantum cumque potueritis, qui sint comunes cum hominibus de Grannione, en pascuis, en montibus, en aquarum productilibus et en ómnibus eorum terminis. Tamen en nullo servicio subiaceant potestati de Grannione, neque en aliqua causa fiant subiecti illi, neque en paria, neque en labore, neque en aliquo delicio.
97. Cartulario, I, núm. 43.
98. Cartulario, I, núm. 57,62,70,85,119,122 y 204.
99. Cartulario, I, núm. 44.
100. Cartulario, I, núm. 286.
101. Cartulario, I, núm. 37.
102. Cartulario, I, núm. 39-
103. Cartulario, I, núm. 40.
104. Cartulario, I, núm. 46.
105. Cartulario, I, núm. 50.
106. Ubieto Arteta, A., Cartulario de Albelda, Valencia 1960, p. 30-58.
107. Cartulario, I, núm. 30,41,45,69, y 76.
108. Ubieto Arteta, A., Cartulario de Albelda,Valencia 1960, doc. 15.
109. Cartulario, I, núm. 45; Ubieto Arteta, A., Monarcas navarros olvidados. Los reyes de Viguera, en "Híspania", núm. 36,10(1950)11 recuerda cómo Moret hace de las dos reinas, de doña Andregoto y de doña Teresa, una única persona, mientras el propio Ubieto promete demostrar que se trata de dos personas distintas, aunque los únicos testimonios que luego aduce son solamente los apócrifos emilianenses.
110. Cartulario, I, núm. 30.
111. Ubieto Arteta, A., Cartulario de Albelda, Valencia 1960, p. 29.
112. 0.c.,doc. 8 y 13.
113. Cartulario, I, núm. 41
114. Cartulario, I, núm. 66.
115. Cartulario, I, núm. 41.
116. Cartulario, I, núm. 26.
117. Cartulario, I, núm. 45.
118. Ya apuntaba ciertas dudas acerca de este prelado Eliseo Sainz Ripa, Sedes episcopales de la Rioja. Siglos IV-XIII, Logroño 1994, p. 177.
119. Cartulario, l, núm. 65.
120. Cartulario, I, núm. 68.
121. Cartulario, I, núm. 69-
122. Cartulario,!,núm. 72.
123. Cartulario, I, núm. 73.
124. Cartulario, I, núm. 74.
125. Cartulario,I,núm. 75.
126. Cartulario, I, núm. 76.
127. Cartulario, I, núm. 77.
128. Cartulario, I, núm. 78.
129. Cartulario, I, núm. 80.
130. Cartulario, I, núm. 81.
131. Cartulario, I, núm. 95.
132. Cartulario, I, núm. 88.
133. Cartulario, I, núm. 87.
134. Cartulario, I, núm. 91.
135. Cartulario, I, núm. 97.
136. Cartulario, I, núm. 108.
137. Cartulario, I, núm. 110.
138. Cartulario, I, núm. 111. 139- Cartulario, I, núm. 166.
140. Cartulario, I, núm. 123.
141. Martínez Diez, G., Pueblos y alfoces de burgaleses de la repoblación, Valladolid 1987, p. 243.
142. Cartulario, I, núm. 133-143- Cartulario, II, núm. 190.
144. Martínez Diez, G.,Los obispados de la Castilla condal hasta la consolidación del obispado de Oca en Burgos en el concilio de Husillos (1088), en "El factor religioso en la formación de Castilla", Burgos 1984, p. 127.
145. Cartulario,I,núm. 144.
146. Cartulario, I, núm. 145.
147. Cartulario, I, núm. 166.
148. Cartulario, I, núm. 142. 149- Cartulario, I, núm. 151.
150. Cartulario, I, núm. 152.
151. Cartulario, I, núm. 153-
152. Pérez de Urbel, Fray J., Sancho el Mayor de Navarra, Madrid 1950, p. 382. 153- Cartulario, I, núm. 193-
154. Cartulario, I, núm. 288.
155. Cartulario, I, núm. 192.
156. Cartulario, II, núm. 370.
157. Cartulario, I, núm. 195.
158. Cartulario, I, núm. 185.
159- Cartulario, I, núm. 186.
160. Cartulario, I, núm. 143.
161. Cartulario, I, núm. 170.
162. Cartulario, I, núm. 171.
163. Cartulario, I, núm. 188.
164. Cartulario,I,núm. 194.
165. Cartulario,I,núm. 196.
166. No hemos identificado con absoluta certeza este lugar de San Pedro, que el epígrafe del Becerro emilianense sitúa en territorio de Castilla: a partís Castelle; creemos que el aludido San Pedro es la iglesia de San Pedro deVillanueva deTeba y el concejo de Santa María es el de Santa María de Ribarredonda.
167. Cartulario,I,núm. 188,195,194 y 196.
168. Cartulario, I, núm. 153,170 y 171.
169- Cartulario, I, núm. 186,188,194,195 y 196.
170. Cartulario, I, núm. 171.
171. Cartulario, I, núm. 188 y 196.
172. Cartulario, I, núm. 170 y 171.
173- Cartulario, I, núm. 186,188 y 196.
174. Cartulario, I, núm. 153,170,171,186 y 188.
175. Cartulario, I, núm. 190,194,195 y 196.
176. Cartulario, I, núm. 280.
177. Cartulario, II, núm. 376 bis, p. 403-405.
178. Cartulario, I, núm. 217,218,224,234-237,241-243,246,255,256,259,260,267,269,285 y 288.
179. Cartulario, I, núm. 259.
180. Cartulario, I, núm. 291, 302,306,311, 319,328, 329,337, 344-346,357, 360, 368, 376,377, 381, 383,384,391-393,396,398,399,401,407,408,414,418,421,422,424-426,432 y 433.
181. Cartulario, I, núm. 416.
182. Cartulario, II, núm. 1,4,5,6,19,37,49,152,153,187,209,269,307, 317 y 320.
183. Cartulario, II, núm. 307.
184. Cartulario, II, núm. 317.
185. Cartulario, I, núm. 74.
186. Cartulario, II, núm. 307.
187. Cartulario, II, núm. 329, 330, 332 y 336.
188. Cartulario, II, núm. 334, 340 y 349.
189. Cartulario, II, núm. 365,366 y 364.
190. Cartulario, II, núm. 367, 369,370,371,374,376-379,381,384 y 389.
191. Cartulario, II, núm. 408,415,416,4l°9,421,425,427,434,441,442,453 y 458.
192. Cartulario, I, núm. 42.
193- Cierto que el p. Serrano en su edición fecha este diploma el 1 de agosto del 948, que efectivamente fue un martes, pero preferimos seguir la datación de Ubieto.
194. Cartulario, I, núm. 52. 195- Cartulario, I, núm. 66.
196. Cartulario, I, núm. 76.
197. Cartulario, I, núm. 112.
198. Cartulario, I, núm. 343-199- Cartulario, I, núm. 22.
200. Cartulario, II, núm. 370.
201. Cartulario, I, núm. 192.
202. Cartulario, II, núm. 407.
203. Cartulario, I, núm. 72-76.
204. Cartulario, I, núm. 74.
205. Cartulario, II, núm. 317.
206. Cartulario, II, núm. 307.
207. Cartulario, II, núm. 315.
208. Cartulario, II, núm. 315.
209. Cartulario, II, núm. 347.
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