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RESUMEN

El presente estudio trata de explicar los mecanismos a través de los cuales se produjo una jerarquiza- ción territorial y política en la cuenca del río Ayuda que benefició a un nuevo lugar central: Treviño. La política de construcción de estructuras realengas llevada a cabo por el rey navarro Sancho VI hizo posible el avance en esa jerarquización. El paso al dominio castellano coincidió con un reforzamiento de las estructuras episcopales calagurritanas y en 1254 con la promulgación de un fuero a Treviño. Este documento jurídico sancionaba una realidad política local previa, integrada en el realengo, pero que probablemente no se había articulado como una villa dotada de fuero. PALABRAS CLAVE: Treviño, jerarquización, villa, fuero

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Tabla de contenidos

LOS PRECEDENTES

La historia de la cuenca del río Ayuda durante los siglos XII al XIII debe inscribirse en el marco general de la evolución de este periodo en el complejo puzzle territorial en el que se inserta. Mi objetivo es ofrecer una perspectiva que encuadre las particularidades de este caso concreto, así como estudiar los mecanismos que construyeron una nueva jerarquización sociopolítica cuyo eje fue la villa de Treviño. Una correcta comprensión de este proceso implica situarnos unos siglos antes, concretamente a finales del siglo XI y comienzos del XII. El controvertido documento conocido como la Reja de San Millán es el primer jalón de esta historia. Se trata de una lista de las poblaciones de Álava que pagaban a San Millán como renta una o varias rejas de hierro datado en 1025 n2. La Reja define al conjunto de Álava a través de una serie de territorios: no se trata de distritos jerarquizados sino de comarcas o valles, cuya articulación responde a una iniciativa “desde abajo”, a partir de las comunidades locales, sin que se aprecie una clara intervención desde el poder. Uno de ellos es Rigo de Ivita, que corresponde a la cuenca del río Ayuda, donde se mencionan 35 asentamientos, sin evidencias de algún tipo de jerarquización. Un aspecto significativo es que los lugares citados se encuentran en la zona oriental de la comarca, mientras que no se menciona la occidental, ni tampoco Treviño. Tales ausencias son muy significativas, ya que la zona más al oeste es la que proporciona desde comienzos del siglo XII la mayoría de las noticias referidas a la presencia de elites locales que sustentaban su poder mediante monasterios. Por otro lado, las excavaciones realizadas en el castillo de Treviño apuntan a una primera fase de ocupación ya en el siglo X, a la que sucedería otra de los siglos XI-XII caracterizada por la existencia de grandes silos, por lo que se podría considerar que se había implementado un punto desde el cual generar una jerarquía sociopolítica n3. El hecho de que Treviño y su entorno no aparezcan mencionados podría ser un síntoma de la presencia de poderes locales que no estaban sometidos al dominio emilianense sino que habían creado sus propias estrategias de control, lo que les permitía negociar su inserción en otras redes n4. Esta situación sería semejante a la que podría estar funcionando en áreas más al sur, donde también hay algunos castillos con una ocupación probablemente coetánea, como Ocio. Puede decirse que en la cuenca alta del río Ayuda existía un espacio sin jerarquías establecidas, organizado en torno a aldeas y comunidades locales que reconocían un marco territorial que no estaba gestionado por ninguna instancia de poder. Es en esta zona donde se sitúa el territorio de Ibda, Ibida o Ivita a lo largo del siglo XI n5. En cambio, en la cuenca media debían haberse creado instrumentos locales de poder, que responderían también a la presencia de elites locales, como esa Momadonna de Trivinio que disponía de casas en Bozoo en 1028 n6. Ese punto central jerárquico no era reconocido por las autoridades políticas o, al menos, no parecía disponer de los recursos suficientes como para llegar a formar parte del entramado político-territorial. En tal sentido, el mapa de las tenencias navarras de mediados del siglo XI es significativo, ya que algunos centros situados inmediatamente al sur de la zona de estudio, todos ellos fortificados, alcanzaron el estatus de sedes de tenencias: Buradón, Portilla, Término-Santa Gadea, Marañón o Laquión (Peñacerrada) entre otros n7. Tales lugares servían como ejes de los mecanismos que enlazaban a la monarquía pamplonesa con las sociedades locales n8. Nada de esto puede decirse en el caso del área de Treviño, que permanecería al margen de esos contactos, quizá en un rango inferior dentro de las relaciones entre poder local y poder central. Por otra parte, la información procedente del registro escrito sobre Álava ofrece abundantes ejemplos de monasterios locales controlados y gestionados por elites locales, identificados como seniores o milites, en los siglos XI y XII n9. Desde estos centros eclesiásticos, se gestionaba una propiedad relevante en una escala local, se exigían determinadas rentas y también servían como focos de prestigio que redundaba a favor de sus benefactores.

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La entrega de los monasterios locales insertaba a los donantes en la red político-religiosa auspiciada por los grandes monasterios, como San Millán de la Cogolla, que, en su extremo, derivaba hasta el rey, al mismo tiempo que repercutía en un incremento de su estatus social en un ámbito local, sin que se perciba con claridad si pudieron mantener algún tipo de control indirecto sobre los bienes entregados, aunque me parece bastante factible n10. En el área de Treviño, las primeras informaciones sobre este fenómeno provienen de comienzos del siglo XII. Es en ese momento, cuando se documenta la existencia de la iglesia de San Martín de Pangua, bajo el dominio de Agelo Muñoz, directamente asociada a bienes fundiarios, como una serna situada en Burgueta, lo que nos permite vislumbrar cómo se creaba un patrimonio monástico local n11. De igual modo, se mencionan San Pedro de Cucho, San Cipriano de Dordóniz y [church::San Cipriano de Obécuri|Obécuri]], monasterios que son presentados como decanías de San Miguel de Ripa. Tales cenobios se encontraban bajo el control de los descendientes de Marcelo de Álava, quien había ejercido el poder en el territorio durante el reinado de Sancho IV de Peñalén y también tras su muerte n12. Estamos ante los miembros de una elite superior a la de los seniores, que podemos definir con ciertas salvedades como magnaticia, y de origen externo. En el proceso de construcción de su patrimonio, imitaron los modelos locales, pero a una escala superior. Marcelo y sus descendientes se hicieron con el control de numerosos monasterios, de los cuales los situados en Treviño son sólo una fracción, para hacerse presentes en los ámbitos locales, la escala en la que se manejaban habitualmente los seniores alaveses, lo que quizá se realizó mediante acuerdos y negociaciones. La cesión a Leire se explicaría por la conexión tradicional de la familia con el entorno de la antigua monarquía pamplonesa. Este patrón eclesiástico dificultó la construcción de estructuras diocesanas sólidas. El antiguo obispado de Álava, emplazado en Armentia desde comienzos del siglo XI, fue absorbido por el de Calahorra a finales de dicha centuria. Es muy probable que dicho obispado no funcionase como un sistema ordenado y jerarquizado, debido a la proliferación de monasterios locales. En un documento que despierta ciertas sospechas, y datado en torno a 1109, los milites alavenses y el obispo de Calahorra acuerdan, en una asamblea celebrada en Estíbaliz, un reparto de los diezmos y de la cuarta episcopal n13. El texto indica cómo esos milites ejercían un control sobre la población campesina (rustici) que se extendía al control sobre los centros eclesiásticos, lo que derivó en resistencias a la implantación del poder episcopal calagurritano. A través de la configuración del arcedianato de Armentia se pudo establecer progresivamente un cierto control por parte del prelado calagurritano, aunque aceptando la participación de los notables locales que disfrutaban de la propiedad sobre monasterios e iglesias locales n14. Un último aspecto que quisiera resaltar es que Álava era un territorio políticamente periférico, con respecto a los grandes centros de poder del momento, situado en un espacio fronterizo que fue cambiando de dueño a lo largo de este periodo. Si a partir de 1029 formó parte del reino de Sancho III, a la muerte de Sancho IV en 1076 pasó a ser un espacio bajo control de la monarquía de Alfonso VI. Más tarde se inscribió entre los territorios dominados por Alfonso I de Aragón y, tras el fallecimiento de éste en 1134, y la división de su reino entre Pamplona y Aragón, Álava se integró dentro del ámbito de la monarquía pamplonesa n15. Debe tenerse en cuenta que la inserción en un ámbito político en este periodo respondía sobre todo a los intereses de ciertos grupos dirigentes, que negociaban su fidelidad a cambio de determinados beneficios, una relación que podía romperse o renegociarse cuando las circunstancias fuesen propicias. En el caso alavés, se mantuvo una circunscripción muy amplia, que incluía toda Álava, que estaba en manos de magnates, como Diego López de Haro. Esta situación facilitaba que dicha tenencia pudiese ser utilizada como una plataforma adecuada para renegociar con la autoridad regia las condiciones de su fidelidad, aunque también, debido a su articulación laxa, pudo propiciar el mantenimiento del statu quo de los notables locales sin que hubiese una fuerte intromisión monárquica.


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EL CONTROL NAVARRO Y LOS PROCESOS DE AFIRMACIÓN DEL REALENGO

Este territorio fronterizo y periférico entró a formar parte del espacio de la renovada monarquía pamplonesa, surgida como consecuencia de la división de los territorios que habían compuesto el reino de Alfonso I. El rechazo al testamento del monarca, que pretendía repartir su reino entre las órdenes militares, provocó que los magnates aragoneses y pamploneses propiciaran la fragmentación del antiguo espacio político, una operación que no debe verse en términos dramáticos, pues resultaba frecuente en una organización política basada en la fidelidad negociada. El nuevo rey de Pamplona fue García Ramírez, aunque su reconocimiento como rey no fue sencillo y, para hacer frente a los aragoneses, no dudó en prestar vasallaje a Alfonso VII de León y Castilla n16. Álava se incorporó a los territorios de la monarquía de García Ramírez. Ya desde 1120 se había situado en la órbita de Alfonso I, quien había colocado a Ladrón Íñiguez al frente de la tenencia alavesa. Don Ladrón parece haber sido un firme partidario del acceso de García Ramírez al trono y de la formación de un renovado reino de Pamplona. Pero las relaciones que se establecieron con el nuevo poder regio no resultaron sencillas. En 1136, tras la embestida de Alfonso VII contra el reino de Pamplona, Ladrón Íñiguez aceptó convertirse en vasallo del monarca leonés-castellano. Se daba la circunstancia de que Ladrón también disfrutaba de tenencias en espacios propiamente navarros, que cayeron en manos de su hijo Vela Ladrón. La llegada de la paz entre García Ramírez y Alfonso VII provocó la vuelta de Ladrón Íñiguez a la órbita pamplonesa y con él también se reintegró Álava. De nuevo entre 1155 y 1160, Vela Ladrón, a la sazón tenente de Álava, aceptó ser vasallo de Sancho III primero y de Alfonso VIII más tarde, con lo que Álava estuvo de nuevo en manos de los castellanos n17. Estos conflictos y cambios de fidelidad deben situarse en sus coordenadas. Por un lado, existía una fuerte presión aragonesa y castellana contra el reino de Pamplona; en tal sentido, las reivindicaciones castellanas pasaban por el control de Álava, que había formado parte de manera intermitente de su ámbito político a lo largo del siglo XI y comienzos del XII. Por otro lado, Álava era una periferia en la que los bienes patrimoniales de los monarcas eran escasos y el ejercicio de su poder político exigía la participación de poderes intermedios, que obtenían grandes beneficios. Eso explica el papel de los Ladrón, que mantuvieron el control de Álava a pesar de los vaivenes políticos. Ellos eran el auténtico poder sobre el territorio, aquel que era visible por los múltiples seniores y milites alavenses. En tales condiciones, negociaban su fidelidad y no dudaban en cambiar de bando si era conveniente, lo que implicaba que la estructura política identificada como Álava –que debía ser una red muy laxa, donde las élites más locales gozaban de una amplia autonomía– cambiaba de territorio político, algo que afectaba sólo a algunos miembros de la clase dirigente. Esta situación trató de ser revertida por Sancho VI, que emprendió una serie de reformas, tenden tes a la configuración de un poder regio más sólido. La más llamativa de las transformaciones es el cambio en la intitulación del propio rey, que pasó de ser rex Pampilonensium a rex Navarre. De esta forma, pretendía reafirmar su poder, caracterizándolo como un monarca dotado de una soberanía sobre un territorio y no como un cabecilla de una serie de magnates n18. Al mismo tiempo, Sancho VI aprovechó la minoría de edad de Alfonso VIII para recuperar sus posiciones en Álava y en la cuenca de Miranda y en La Rioja en 1162 y 1163. Sin embargo, en 1173, los castellanos recuperaron La Rioja y parte del espacio alavés n19 y en 1179, se firmó una paz que fijaba las fronteras entre ambos reinos siguiendo el curso del Bayas, por lo que Treviño permanecía en manos navarras n20. Estos conflictos tenían como contexto la lucha por la hegemonía política entre los reinos cristianos peninsulares, una pugna en la que fueron frecuentes las guerras, las alianzas entre reinos e incluso los pactos con los almohades. En esa coyuntura, Navarra ofrecía una cierta debilidad por su escasa cohesión interna, por su pobre peso frente a otros enemigos cercanos y por la dificultad para controlar áreas fronterizas, como Álava, donde la autoridad de los reyes era endeble. Sancho VI parece haber sido muy consciente de estas dificultades y emprendió una serie de reformas tendentes a reforzar el poder regio.

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Una las medidas que adoptó fue la creación de nuevas tenencias, con lo que se pretendía fragmentar el poder de los tenentes alaveses que tan frecuentemente cambiaban de bando. A partir de 1179, se documenta la presencia de nuevas tenencias, más pequeñas, que tienen como foco un asentamiento y un castillo, subdividiendo el territorio alavés en varios distritos n21. Entre ellas aparece Treviño, que se documenta a partir de 1181, cuando Álvaro Muñoz, el viejo, un miembro de la aristocracia alavesa, figura a la cabeza de dicho distrito n22. Esta tenencia perdurará durante el resto del siglo XII y parece que en los últimos años de esa centuria fueron aristócratas procedentes de Aragón y Navarra quienes ejercieron ese cargo n23. El tenente gestionaba las atribuciones del poder regio, especialmente las derivadas de la justicia y las referidas a la percepción de algunos tributos, en un determinado territorio, aunque no hay que pensar en términos perfectamente delimitados sino más bien en lugares centrales desde los cuales se pretendía proyectar un dominio que chocaba en ocasiones con la presencia de poderes señoriales celosos de sus prerrogativas. Por consiguiente, no era un territorio homogéneo desde un punto de vista jurisdiccional. El sistema de tenencias pretendía uniformizar el espacio político en beneficio del rey, pero no hay que confundir esa pretensión con la realidad. El ejercicio efectivo de las prerrogativas regias precisaba, a fin de ser efectivo, la aceptación de la idea de una soberanía del rey que se extendía sobre todo el territorio y que no era negociable. Tal concepción chocaba con las prácticas habituales del mundo feudal, en donde la relación entre el rey y sus principales súbditos, la aristocracia, debía pactarse. Por otro lado, era necesaria una sólida base proporcionada por la presencia de señorío regio o realengo. Esta situación facilitaría el ejercicio de esas potestades, ya que había un ámbito propio del rey a partir del cual extender las nuevas pautas jurisdiccionales; y al mismo tiempo, la implantación de la tenencia podría provocar una organización en el realengo. Ahora bien, algunos estudios han observado que las tenencias pudieron servir como plataforma para la creación de patrimonios señoriales por parte de los tenentes y que éstos podían acumular varias tenencias que permanecerían en sus manos, por lo que se configuraría un sólido poder aristocrático que negociaría su fidelidad, como hicieron los Ladrón durante buena parte del siglo XII n24. Esta situación es más evidente en las grandes tenencias o “tenencias territoriales”, pero las tenencias alavesas se encuadrarían en las “tenencias menores”, vinculadas a centros fortificados, que precisaban de un personal local para hacer ejecutar los mandatos y prerrogativas regios. Todo indica que subtenentes, alcaldes y otros oficios menores de la administración territorial eran desempeñados por individuos que pertenecían a las elites locales, para quienes la presencia de esas tenencias representaba una oportunidad para mejorar su estatus. En general se advierte que el riesgo de patrimonialización no impidió el control de las tenencias por parte de los reyes navarros n25.

¿Cómo afectó el sistema tenencial a Treviño? Poco es lo que podemos decir, pues las referencias son muy escasas. Treviño se repartía el espacio actual del condado junto con la tenencia de Arlucea, perviviendo así la subdivisión comarcal que ya se expresaba en la Reja de San Millán. En principio, la tenencia estuvo firmemente controlada por los reyes navarros. Sin embargo, debemos plantearnos qué transformaciones pudieron verificarse gracias a la implantación de la tenencia. Una de ellas, comprobable desde un punto de vista arqueológico, fue la conversión del castillo de Treviño en un lugar central inserto directamente en la red política navarra, algo hasta entonces desconocido n26. A través de esa integración, Treviño alcanza un nuevo papel como lugar central, adoptando un papel jerarquizador reconocido y sancionado por las autoridades. Probablemente esta situación se produjo a finales de los años 70 del siglo XII. Mientras los tratados anteriores no mencionan en ningún caso a Treviño entre las plazas fuertes, es decir como parte de la geografía del poder en Álava, el acuerdo de 1179 cita expresamente a Treviño n27.

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Es muy posible que la creación de la tenencia supusiera una serie de ventajas para los notables locales, que asumieron los cargos menores de la administración territorial y que se convirtieron en garantes del poder regio. Quizá ya hubiera una preponderancia previa, de alcance local, visible en las fases de los siglos XI- XII del castillo, que ahora pudo verse reforzada con la sanción regia. Nos movemos en el terreno de la conjetura, pero me parece que sería una explicación bastante cercana a lo que pudo haber sucedido. La implementación de la tenencia de Treviño implicó probablemente la creación de un espacio de realengo, que al menos integrase las inmediaciones del nuevo lugar central –desde el punto de vista de la monarquía, pues localmente pudo ya haber desempeñado una jerarquía previa. Se ha señalado que la presencia de este realengo habría molestado a esa pequeña aristocracia alavesa, que vería peligrar sus ámbitos de dominio n28. Desde luego el realengo debió ser un elemento desequilibrador del statu quo de esos milites: algunos de ellos alcanzaban un nuevo estatus que los elevaba más allá del control meramente local de un pequeño castillo o de un monasterio local, para situarlos en la esfera del poder regio, un poder que se representaba además como soberano. En esa nueva estructura no había sitio para todos, sólo para unos pocos, y es eso lo que podría haber originado cierto malestar: quienes se quedaron al margen, o se vieron seriamente afectados por la creación de espacios de realengo, fueron los que pudieron tener motivos de queja. Esto nos acerca a otra de las vías de la política de Sancho VI: la formación de villas reales. Los reyes navarros otorgaron fueros a Laguardia (1165), Vitoria (1181), Antoñana (1182) y Labraza (1196), a los que debe añadirse el fuero de San Vicente de la Sonsierra en 1172 y posiblemente el de La Puebla de Arganzón en 1191 n29. A través de estos fueros se daba personalidad jurídica a los concejos, que se integraban en el realengo. Toda la zona del valle alto del Ebro vio en esos momentos una proliferación de nuevas villas reales, un fenómeno que se detecta también en toda la meseta del Duero y en algunos puntos de la Cornisa Cantábrica, y que debe comprenderse como un proceso urbanizador y político de amplias dimensiones. Un factor clave para comprender esta proliferación de villas es la reordenación del realengo. En estos años, se promueve una nueva perspectiva del poder regio como un poder territorial, que dispone de jurisdicción sobre todo el espacio político que controla. Para hacerlo efectivo, se generó un nuevo patrón que sustituyó al viejo modelo de alfoces y cabeceras territoriales. Al rey ya no le interesaban los derechos y propiedades señoriales más directos, sino que se buscó la creación de instituciones políticas ligadas al monarca, como eran los concejos. El mecanismo consistía en dotar a un determinado núcleo de la condición de villa, gracias a la concesión de un fuero, y entregarle el dominio señorial del rey para que lo gestionase, a cambio de reconocer la jurisdicción regia. Es lo que José Mª Monsalvo ha definido como “realengo transferido”: al monarca le interesa la jurisdicción y, por tanto, la creación de ámbitos jurisdiccionales propios, a partir de los cuales extender su dominio y limitar el de otros señores n30. En muchas ocasiones, se precisaron cambios de bienes con otros señores, para configurar bloques territoriales homogéneos en manos de los concejos. En el caso alavés, ante la ausencia de derechos y propiedades regias previas, debieron confluir dos posibles vías de construcción de un territorio de realengo. Por un lado, la confiscación de bienes aristocráticos, que quizá se refleje en la mención del tratado de 1179, en la que Sancho VI acuerda devolver a los alaveses todos sus bienes menos Treviño y Castellaz, aunque podría tratarse también de una referencia a los tenentes alaveses, que ya no tendrían el control de ambos puntos. Tales confiscaciones originaron conflictos como los que más tarde se documentan en Vitoria o en Salvatierra en la segunda mitad del siglo XIII n31. Por otro lado, es probable que lo que entrase a formar parte del territorio de estas villas fueran los espacios asociados desde tiempo atrás a los núcleos ahora transformados en villas, es decir que las áreas bajo control de las elites locales se convirtieron en el nuevo realengo n32.

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La situación descrita puede entenderse mejor si aceptamos que las villas no se establecían sobre núcleos creados ex novo, sino sobre asentamientos preexistentes que en muchas ocasiones tenían algún grado de jerarquización territorial previa n33. El mejor ejemplo de ello es Vitoria, donde las excavaciones en la catedral de Santa María han permitido afirmar que este lugar se encontraba ya ocupado en el siglo VIII y que probablemente dispuso desde el siglo X de algún tipo de centralidad local, invisible en nuestras fuentes n34. En cualquier caso, la imagen que se desprende es que los monarcas navarros utilizaron infraestructuras previas para llevar adelante su política de formación de villas. Otro aspecto relevante es que la concesión de fueros implicaba la creación de un sistema político concejil. Los concejos disfrutaban de una amplia autonomía y elegían sus propias autoridades, se les reconocían sus funciones políticas y se les concedían una serie de libertades vecinales. De esta manera, se configuraba una institución con una amplia capacidad de actuación –de agencia sociopolítica– que seguramente garantizaba la fidelidad de los grupos sociales dominantes en las villas con respecto a los monarcas. Ahora bien, la configuración de ese sistema no fue inmediata a la concesión del fuero, sino que debe entenderse como un proceso en el que la sanción jurídica es un paso inicial… o final. Por otro lado y dada la situación fronteriza de estas villas y el hecho de que aparezcan castillos en muchas de ellas, se ha planteado el interés estratégico de la fundación de tales lugares. Sin embargo, debe resaltarse que el modelo de fuero utilizado, el de Logroño, se refiere a una comunidad a la que se le conceden elementos más bien económicos, es decir no es un fuero militar al estilo de los propios de la frontera, como el de Cuenca o el de Sepúlveda. En realidad, como ha planteado adecuadamente Ignacio Álvarez Borge, los concejos de la zona no eran importantes fuerzas militares y la concentración geográfica, sobre todo si se observa el caso alavés dentro del ámbito del alto Ebro, permite desestimar esa prevaleciente función estratégica. Se trataba de conseguir el apoyo de las elites locales, de crear puntos fuertes del realengo y, en definitiva, de generar elementos de conexión entre lo local y las monarquías n35. El éxito de estas villas provocó nuevos procesos. En algunos casos se afirmaron como “pequeñas ciudades”, que disponían de mercados y que actuaban como ejes económicos. Esta función debió ser cada vez más importante y explicaría las fundaciones de villas sobre todo en el siglo XIII, en especial en la vertiente cantábrica. Además atrajeron población, fundamentalmente de sus alrededores, con lo que se transformaron en los centros demográficamente más relevantes, lo que pudo conllevar la despoblación de algunos asentamientos rurales. También generaron un nuevo urbanismo planificado, que amortizó estructuras previas que estaba destinado a reforzar el prestigio en el paisaje de la villa cabecera n36. Treviño aparece como parte del nuevo realengo navarro y posee las condiciones para convertirse en cabeza de un concejo. Nos faltan, sin embargo, los datos que permitan ir más allá de la conjetura. Sí puede afirmarse que la política de Sancho VI favoreció un incremento del papel jerarquizador de Treviño, y que esa jerarquización fue posible por la integración en el realengo y la implantación de una tenencia.

EL DOMINIO CASTELLANO Y LA CONFIGURACIÓN DEL ENTRAMADO EPISCOPAL

El statu quo generado por la paz de 1179, que no había evitado tensiones entre ambos reinos, fue definitivamente quebrado con la campaña que Alfonso VIII emprendió contra Navarra en 1199. El ejército castellano se dirigió contra los territorios de Álava, Ibida y Guipúzcoa y, tras el asedio y rendición de Vitoria en 1200, las principales plazas alavesas cayeron en manos castellanas. Sin embargo, Treviño se mantuvo bajo control de Sancho VII de Navarra hasta que ambas partes acordaron intercambiar algunas fortalezas que habían quedado aisladas. Se pactó entonces la entrega de Treviño a Alfonso VIII a cambio de la fortaleza de Inzura, ya en 1201 n37.

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El resultado de la campaña fue que Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado pasaron a formar parte del reino castellano de manera definitiva n38. Se ha planteado que el rápido cambio de bando, sin apenas resistencias, sería consecuencia de la desafección de la aristocracia alavesa con respecto a la monarquía navarra. El avance del realengo a través de las villas reales habría limitado el alcance de los bienes y derechos de esos milites, quienes además habrían sido despojados de las tenencias que inicialmente ocuparon en beneficio de individuos procedentes de Navarra, quizá con el objetivo de evitar un poder local excesivamente sólido. A todo ello se añadirían las mejores posibilidades de enriquecimiento y de mejora de estatus que se abrían con la integración en un reino de Castilla en expansión n39 (Gonzalez1982,Jon Andoni Fernández de Larrea n40, quien ha señalado que hubo cambios de bando, como era habitual, pero no una desafección masiva. Fernández de Larrea evidencia la presencia de nobles alaveses que permanecieron en la esfera del poder navarro. Por otro lado, Alfonso VIII se había caracterizado por su política de formación de villas reales y de potenciación del realengo concejil, por lo que, si los aristócratas alaveses querían evitar el incremento de la influencia de los concejos, no parece que el rey castellano fuese la opción más segura. El trabajo de Fernández de Larrea sirve para matizar una visión mecanicista del comportamiento de la aristocracia alavesa. La pluralidad de situaciones de partida implicó la diversidad de posturas ante la campaña castellana. Sin embargo, parece también que había un fuerte malestar. En tal sentido, resulta llamativa la paralización de la formación de nuevas villas hasta la concesión de fuero a Labastida en 1242. Por tanto, creo que sí hubo desafecciones, pero también resistencias, como la de la fortaleza de Treviño, que debe relacionarse con la postura de las elites treviñesas que se habían visto muy favorecidas en el proceso de transformaciones implementado por Sancho VI. Por tanto, la hipótesis de algún tipo de acuerdo tácito entre el rey castellano y los milites alaveses –en ningún caso un pacto escrito y generalizado- no puede desecharse, aunque tampoco generalizarse. La evolución posterior, con la formación de la denominada “Cofradía de Arriaga”, que se consideraba depositaria del poder soberano en la zona alavesa ajena al realengo, así como la paralización del proceso de formación de villas, aunque las existentes siguieran subsistiendo, indicaría que hubo una limitación de la expansión del realengo y de los conceptos políticos asociados a él. Una fórmula para hacer frente a esta situación fue el reforzamiento de las estructuras episcopales de la sede calagurritana. La implantación de un modelo diocesano que conllevaba el control sobre el conjunto de las iglesias parroquiales de un territorio, y su integración en un esquema jerárquico de arciprestazgos y arcedianatos suponía una magnífica ocasión para encuadrar un espacio dotado de una gran autonomía. No hay que olvidar que el capital económico y simbólico de los aristócratas alaveses era el control sobre monasterios e iglesias locales, por lo que se podía minar su autonomía y situarlos dentro de una red más amplia. A todo ello se añade el control que ejercía el rey castellano en el nombramiento de los prelados, que iba más allá de lo que el derecho canónico permitía en términos generales. Por consiguiente, la inversión en la sede calagurritana servía para asentar mejor el dominio político castellano. Sin embargo, no fue una tarea sencilla, pues hubo numerosos conflictos y resistencias, sobre todo protagonizados por la poderosa familia de los Haro n41. El avance del dominio calagurritano también se dejó sentir en el ámbito de Treviño. En el último tercio del siglo XII –y coincidiendo con la formación del realengo en esta zona– aparecen algunas informaciones sobre un arciprestazgo en Iuida y la existencia de iglesias bajo control episcopal en este entorno, como la de Obécuri n42. Pero durante la primera mitad del siglo XIII se hace más frecuente la mención a un arciprestazgo que cubriría toda la cuenca alta y media del río Ayuda. En 1229, el arciprestazgo figura vinculado a una serie de derechos parroquiales controlados por el obispo de Calahorra n43; las menciones a las cuartas episcopales ya se conocían en fechas previas n44, pero la conexión entre ambos elementos se produjo en estos años.

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Sin embargo, el dato más ilustrativo proviene de un documento de 1240, en el que se recoge cómo, Íñigo de Mendoza, prestamero en Treviño, dona al obispo y al cabildo de Calahorra toda su parte en las heredades y posesiones del monasterio de Pangua, con los cuartos de los diezmos en diversos lugares cercanos, concretamente San Esteban de Treviño, Añastro, Faido, Muergas, Lacervilla y Estavillo n45. Esta cesión pone de manifiesto la interferencia de los laicos en los monasterios e iglesias, de donde obtenían pingües rentas, un control que ahora deja de existir al integrarse en la red episcopal calagurritana. Debe retenerse igualmente otro dato: la carta está hecha en Treviño, en casa del arcipreste Fortún, quien además confirma la carta n46. Se trata del encargado de gestionar a partir de ese momento tales rentas y ya no es un arcipreste de Iuida sino de Treviño. Resulta interesante comprobar cómo se estaba ampliando la capacidad de actuación del prelado, cómo se llevaba a cabo esa actuación, mediante la implantación de un sistema articulado y jerarquizado gracias a la presencia de un arciprestazgo, y cómo ese arciprestazgo, que implicaba la formulación de una jerarquización social y territorial, se centraba en Treviño. La elección no debió ser casual: al menos desde el último cuarto del siglo XII Treviño era el lugar más importante de la zona, además de encontrarse en territorio de realengo, lo que dificultaba la intervención de los milites y se situaba bajo el patronazgo de los monarcas. La progresiva afirmación del poder episcopal incluyó la construcción de nuevos edificios de culto, situados ya bajo el control directo de los obispos. La consagración de estas iglesias representaba un acto de gran trascendencia que en ocasiones se recogió a través de inscripciones, con las que se buscaba fijar una memoria del acontecimiento. Un ejemplo de ello lo proporciona la iglesia de la localidad actualmente alavesa de Marquínez, perteneciente al arciprestazgo de Treviño en esos años. El epígrafe se encuentra en la ermita de San Juan y en él se conmemora la edificación del templo, fechada en 1226, siendo obispo de Calahorra Juan Pérez y rey de Castilla Fernando III, y estando presentes el arcediano de Armentia, Fortún de Marquínez, arcipreste en Treviño, y García de Pangua, maestro en Armentia n47. Por tanto, la inscripción enmarca la construcción en una fecha concreta, incluyendo referencias a los poderes bajo cuya protección se actúa: el obispo y el rey. Tales menciones no son casuales, ya que se trata de un instrumento de legitimación y de propa- ganda. Los ejecutores directos son los cargos menores que aparecen, entre los cuales destaca la presencia de un arcipreste en Treviño, ya en 1226. No obstante, la mejor información procede de la inscripción consacratoria de San Juan de Treviño, fechada en 1251 n48. En dicho epígrafe, mandado realizar por el arcipreste de Treviño, se indica que la dedicación del templo fue realizada por el obispo Aznar, que puso en ella las reliquias de los santos mártires Celedonio y Emeterio, patrones de la sede calagurritana n49. Se plasma así una estrecha relación entre esta iglesia y el obispado, sustanciada a través de la participación directa del prelado en la consagración y de la presencia física de elementos que expresaban un vínculo espiritual, como eran las reliquias. La intervención del arcipreste, el ya mencionado Fortún de Marquínez, debió ser muy directa, ya que figura como comitente de la inscripción. Un aspecto curioso, por infrecuente, es que el propio arcipreste nos hace una narración histórica, que encuadraría el acontecimiento. En ella, nos cuenta cómo Treviño fue poblada por Sancho VI y por el obispo de Calahorra Rodrigo en 1161, para posteriormente integrarse en los dominios de Alfonso VIII de Castilla en permuta por los lugares de Miranda de Arga, Mendavia, Larraga y otras villas en 1200 n50. El objetivo de esta narración es fijar la memoria de un lugar, Treviño, cuya inserción en el realengo venía de lejos, y que habría estado desde entonces bajo la dependencia directa de Calahorra. De ahí la mención al obispo Rodrigo y también la necesidad de contarnos cómo había sido poblado Treviño y los avatares de su historia, siempre en el seno del realengo. Las referencias históricas de este epígrafe funcionan como puntos de anclaje de un discurso de legitimación. De hecho, la narración es un auténtico unicum, ya que las inscripciones de este tipo simplemente indican quién y cuándo llevó a cabo la consagración, como puede comprobarse al comparar con la inscripción de Marquínez.

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El énfasis otorgado en este caso a la narración previa quizá quisiera destacar el papel prestigioso de esta iglesia, posiblemente la más relevante en esos momentos de Treviño, cabeza de un arciprestazgo. Pero las particularidades de este texto no acaban ahí. El propio formato es sumamente curioso, ya que posee un crismón en altorrelieve, una imagen que sugiere visualmente un privilegio rodado. Tal circunstancia quizá se corresponda con una suerte de imitación de un documento regio, con lo que se buscaba reforzar el contenido como si fuese imagen de un mandato del monarca. Resulta en cualquier caso una particularidad formal muy significativa, que pretendía subrayar la vinculación entre monarquía, sistema episcopal y realengo en Treviño n51. Por tanto, para mediados del siglo XIII, Treviño puede identificarse con un lugar dotado de una clara jerarquía comarcal, cuyo arciprestazgo está bien definido cuando en 1257 se produce la división entre las mesas capitular y episcopal de Calahorra n52.

EL FUERO DE 1254 Y LA DEFINITIVA CONFIGURACIÓN DE UN ESPACIO DE REALENGO

En este contexto, se produjo la concesión de fuero a Treviño por parte de Alfonso X en 1254. Debe entenderse el fuero como un documento jurídico que sanciona una realidad, aunque ésta puede existir previamente de manera más informal. Esta aclaración es necesaria, ya que si bien el fuero es lo que configura a una comunidad política (el concejo) en el seno de la monarquía medieval y de su realengo, no implica necesariamente que tal comunidad no pudiese estar actuando con anterioridad. Por otro lado, este fuero se concede en un momento en el que se observa una proliferación de este tipo de concesiones en esta zona. Sólo en el territorio actualmente alavés, se conocen los de Salvatierra (1256), Corres (1256), Santa Cruz de Campezo (1256), Contrasta (quizá en 1256), Salinillas de Buradón (antes de 1264), Arceniega (1272) y Valderejo (1273), así como posiblemente Peñacerrada n53. Este fenómeno se documenta también en Guipúzcoa y, en menor medida, en La Rioja. Esta política de concesión de fueros coincide con la llegada al trono de Alfonso X, con un programa político que buscaba una mayor centralización del poder en manos del monarca. Para ello, desplegó todo un sinfín de iniciativas de carácter ideológico y jurídico n54. Entre ellas, destaca el deseo de uniformización de la legislación local, generando una ordenación que situase al rey en el centro de la organización concejil. En tal sentido, obras como el Espéculo y el Fuero real se convirtieron en herramientas para hacer efectivo ese programa n55. Es en este punto donde debe entenderse la promulgación de tantos fueros. Resulta curioso constatar que se utilice el fuero de Logroño –y no el Fuero real– como instrumento de uniformización, quizá debido a que se trataba de un corpus legal ampliamente conocido en una zona donde la variabilidad foral era menor que en otras áreas n56. En este proceso, el monarca se propuso reordenar los espacios de realengo, ya que no todos ellos se habrían configurado como sistemas concejiles al uso, al menos en el caso alavés n57. La conversión de algunos de ellos ahora en concejos aforados les dotaba de mayor coherencia y articulación frente a las pretensiones de la “Cofradía de Arriaga”. Por otra parte, la elección de algunas de estas villas no era aleatoria, ya que se buscaba el control de las principales rutas que llevaban desde Vitoria a los puertos del norte, con el objetivo de recibir parte de los beneficios de ese comercio, gracias a portazgos y otros impuestos indirectos n58. El fuero de Treviño de 1254 sigue al de Logroño y garantiza un poder regio eficaz en el concejo, aunque dota a éste de enormes prerrogativas n59. Su relativamente temprana aparición hace sospechar que tal vez podría tratarse de un concejo que quería ver reconocido su estatus legal antes de que se impusiera la uniformización a través de las herramientas que pensaba implementar la corte alfonsí.

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De hecho, son los miembros del concejo de Treviño quienes acuden al rey para solicitar´que les diese buenos fueros n60. Por tanto, del texto se desprende que ya existía una comunidad política reconocida. Es muy significativo que la carta comience refiriéndose al reparto de los diezmos, de los cuales la cuarta parte iría al obispo y las otras tres cuartas caerían en manos de los clérigos de las iglesias n61. Esta preponderancia del reparto de los diezmos no puede desligarse de la afirmación del obispado calagurritano en la zona. Por tanto, estamos ante una comunidad política integrada en los circuitos episcopales de una manera clara. Treviño se nos aparece dotado de una territorialidad jerarquizada en torno a un centro, la villa, que domina sobre una serie de aldeas, estableciéndose unos límites n62. Estos términos son bastante grandes y no sabemos a ciencia cierta hasta qué punto era efectivo el dominio jurisidicional de la villa o si había espacios intermedios que estaban bajo control de instancias señoriales. Es curioso advertir que se mencionan como puntos de referencia otros espacios que sabemos que eran parte del realengo (Corres, Campezo), por lo que puede suponerse que la descripción geográfica es parcial y se refiere exclusivamente a un territorio entendido en términos de realengo. Llama la atención que los límites sean los mismos que se dan en el fuero de La Puebla de Arganzón, en 1191 n63. Una hipótesis razonable es pensar que fuesen términos de uso común entre ambos concejos n64, aunque me inclino por pensar que se trataba de un mismo territorio donde se establecieron dos lugares centrales diferentes, desde los que se quería jerarquizar el espacio comarcal. Una posible explicación es que finalmente fuese Treviño y no La Puebla de Arganzón quien se erigiese en el auténtico polo de poder comarcal. Esta referencia nos lleva a la cuestión sobre la existencia antes de 1254 de un concejo articulado con un fuero en Treviño. Los eruditos e investigadores que han analizado este problema divergen sobre ello: para algunos hubo un fuero de Sancho VI en la segunda mitad del siglo XII, del que el fuero de 1254 no sería más que una versión romanceada y puesta al día n65, mientras que otros sostienen que el único fuero existente es el de 1254 n66. Me temo que no seré capaz de ofrecer una respuesta rotunda, aunque sí un par de propuestas más o menos razonables. Para ello es preciso repasar y analizar los datos de los que disponemos. Por un lado, el fuero de 1254 no menciona en ningún caso la existencia de unos fueros anteriores. Esta ausencia es muy significativa, ya que los concejos pretendían legitimar su statu quo arguyendo que disfrutaban de una larga trayectoria como tales. El argumento de que el fuero navarro no tuviera validez en la monarquía castellana no es correcto, ya que los reyes castellanos asumieron la situación política local tras la conquista de 1200. Es, por tanto, una paradoja que el concejo de Treviño no acudiese a las referencias navarras para sustentar sus pretensiones. Ahora bien, al mismo tiempo Treviño aparece como una comunidad política local reconocida como concejo en el fuero de 1254. Existen, en cambio, algunas referencias al fuero de Treviño anteriores a 1254 que han servido para plantear la posible existencia de un texto foral de época navarra n67. Así, el fuero de La Puebla de Arganzón, conservado en una copia de 1565, aunque en principio datado en 1191, y posiblemente otorgado por Sancho VI, concede que los habitantes de la villa gestionen sus asuntos según el fuero de Treviño, excepto que de los diezmos paguen al obispo sólo la cuarta parte n68. Por otro lado, el fuero de Labastida, del que únicamente se conserva un fragmento en una ejecutoria del siglo XVI, conservada en el Archivo General de Simancas, precisa que los pobladores de dicho lugar tendrán “aquellos fueros que an los de Treviño, fueras los 500 moyos et los 500 sueldos que me dan los de Treviño” n69. Esta referencia se vincula a la existencia de un pago específico de 500 modios y 500 sueldos que han de pagar los de Treviño. Por último, la narración de la lápida de San Juan de Treviño nos señala que el lugar se “pobló” en 1161 por el rey Sancho VI y por el obispo de Calahorra Rodrigo, pero en ningún momento se menciona la existencia de un fuero específico, lo que resulta de nuevo bastante paradójico: ¿por qué no se iba a resaltar la existencia de un fuero, que redundaría en una mayor legitimación?

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Los datos son contradictorios: si algunos de ellos parecen indicar la existencia de un fuero en Treviño, otros, en cambio, permiten albergar serias dudas. En cambio, la existencia de una estructura concejil con sus cargos y su organización es perfectamente visible en los años anteriores a la promulgación del fuero. En 1240 figura un tal García Pérez, alcalde de Treviño, confirmando una donación de iglesias a favor del obispo de Calahorra n70. Este mismo personaje aparece en un texto de 1244, junto con otros individuos, de quienes se dice que eran vecinos de Treviño, por tanto miembros de pleno derecho de la comunidad concejil n71. Estas referencias ponen de relieve que ya había un sistema concejil antes de 1254, lo que se corresponde con el encabezamiento de la carta otorgada por Alfonso X. Conocemos además la existencia de prestameros en Treviño, concretamente Íñigo de Mendoza en 1240 y Diego López de Haro en 1251, dos poderosos nobles con intereses regionales. Los prestameros parecen ser oficiales regios que asumían la recaudación de impuestos en un espacio, generalmente un territorio de realengo que el monarca les había concedido como “honor”, aunque no necesariamente expresan la idea de un concejo aforado n72. A tenor de los datos, se nos ofrecen dos alternativas. La primera de ellas es que se promulgó un texto foral a Treviño por parte de Sancho VI n73. Esto se habría producido en 1161, si aceptamos que el término “poblar” que figura en la lápida de San Juan supone también conceder un fuero, o más tardíamente, quizá en 1181, según la hipótesis de Fernández de Larrea, para quien la fecha de la inscripción está equivocada y habría que situarla después de 1179, cuando se menciona por primera vez a Treviño n74. Las referencias de los fueros de Arganzón y Labastida estarían atestiguando la existencia de un fuero que, sin embargo, no se ha conservado. El texto de 1254 no haría más que poner al día el documento anterior, que dejaría entonces de tener validez, sobre todo en el marco de una política de uniformización legislativa, lo que explicaría su desaparición n75. La segunda alternativa es que el texto de 1254 sea el primer fuero. Esto no significa que no hubiera algún tipo de organización consuetudinaria, unos fueros en términos generales entendidos simplemente como una norma de comportamiento, jamás sancionados de manera escrita por un monarca. Esta comunidad política se reconocía como un concejo y funcionaba como tal, pero no disponía de una herramienta jurídica al uso. Debe tenerse en cuenta que el realengo no tuvo por qué ser una condición homogénea, sino que en su seno cabrían situaciones menos normativizadas. En 1254 se buscó precisamente esa normativización jurídica y de ahí que se soliciten al rey, por parte de un concejo ya constituido dentro del realengo, un privilegio que fije lo que hasta entonces era consuetudinario. Esta alternativa explicaría varias cuestiones, como: la ausencia de toda mención a un texto previo en el fuero de 1254, el interés en la lápida de San Juan por hacer hincapié en que el lugar fue “poblado” por Sancho VI o el hecho de que el fuero de Arganzón, a pesar de comenzar señalando que los pobladores deberán seguir el fuero de Treviño, realiza una amplia descripción de las normas, siguiendo el modelo del fuero de Logroño, por lo que la mención a los fue- ros de Treviño podría relacionarse con una jurisprudencia consuetudinaria. De hecho, la otra mención foral, la de Labastida, se refiere a un pago del que no encontramos correlación en ningún otro texto, incluyendo el fuero de 1254. Es posible que, al calor de la existencia de una importante fortaleza, hubiera cristalizado una estructuración de tipo concejil que no estuviese sancionada por un fuero, aunque era una realidad local plenamente operativa. En tal caso, la villa comarcal fue inicialmente La Puebla de Arganzón, pero el creciente papel de Treviño la convirtió en la auténtica cabeza territorial, con la particularidad de que no disponía de un instrumento jurídico escrito que sancionase esa posición. En realidad, el fuero de Treviño copia fielmente los preceptos del de La Puebla de Arganzón, lo que puede entenderse desde esta clave. Ambas alternativas me parecen razonables y no puedo de momento ofrecer una afirmación taxativa. Ahora bien, me parece que la segunda de ellas se ajusta mejor a los datos que conocemos y explica algunos problemas más, aunque desde luego no soluciona todos ellos, además de generar otros: ¿cómo se organizaba esa comunidad política?, ¿qué referentes de legitimación disponía?

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En cualquier caso, el aspecto fundamental no es saber si hubo o no fuero antes de 1254, sino comprender los procesos de jerarquización política y territorial que hicieron de Treviño un “lugar central” en el ámbito comarcal. Con independencia de la polémica acerca de la foralidad treviñesa en el siglo XII, me parece más relevante subrayar que en ese periodo se desarrolló una importante reorganización del realengo, que supuso importantes transformaciones sociales y territoriales, las cuales facilitaron la concentración de funciones en torno a un lugar central, que fue Treviño. Este proceso tiene uno de sus más importantes jalones en el fuero de 1254, pero dicho documento se limitó a sancionar una realidad preexistente y a darla una nueva fuerza jurídica… aunque no creó la jerarquización, que era consecuencia de una serie de procesos iniciados por la política de Sancho VI. Y cabe añadir que tampoco supuso un punto y final, pues fue simplemente un paso más en un largo devenir.

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no estaban sometidos al dominio emilianense  +, Habían creado sus propias estrategias de control, lo que les permitía negociar su inserción en otras redes  +, Esta situación sería semejante a la que podría estar funcionando en áreas más al sur, donde también hay algunos castillos con una ocupación probablemente coetánea  +, La cuenca alta del río Ayuda existía un espacio sin jerarquías establecidas, organizado en torno a aldeas y comunidades locales  +, Reconocían un marco territorial que no estaba gestionado por ninguna instancia de poder  +, Es en esta zona donde se sitúa el territorio de Ibda, Ibida o Ivita a lo largo del siglo XI  +, En la cuenca media debían haberse creado instrumentos locales de poder  +, Responderían también a la presencia de elites locales  +, Momadonna de Trivinio que disponía de casas en Bozoo en 1028  +, Ese punto central jerárquico no era reconocido por las autoridades políticas  +, No parecía disponer de los recursos suficientes como para llegar a formar parte del entramado político-territorial  +, Algunos centros situados inmediatamente al sur de la zona de estudio, todos ellos fortificados, alcanzaron el estatus de sedes de tenencias  +, Tales lugares servían como ejes de los mecanismos que enlazaban a la monarquía pamplonesa con las sociedades locales  +, Nada de esto puede decirse en el caso del área de Treviño, que permanecería al margen de esos contactos  +, El registro escrito sobre Álava ofrece abundantes ejemplos de monasterios locales controlados y gestionados por elites locales  +, Desde estos centros eclesiásticos, se gestionaba una propiedad relevante en una escala local, se exigían determinadas rentas y también servían como focos de prestigio que redundaba a favor de sus benefactores  +, La entrega de los monasterios locales insertaba a los donantes en la red político-religiosa auspiciada por los grandes monasterios, como San Millán de la Cogolla, que, en su extremo, derivaba hasta el rey  +, Al mismo tiempo que 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Álvaro Muñoz, el viejo, un miembro de la aristocracia alavesa, figura a la cabeza de dicho distrito  +, Esta tenencia perdurará durante el resto del siglo XII y parece que en los últimos años de esa centuria fueron aristócratas procedentes de Aragón y Navarra quienes ejercieron ese cargo  +, El tenente gestionaba las atribuciones del poder regio, especialmente las derivadas de la justicia y las referidas a la percepción de algunos tributos  +, No era un territorio homogéneo desde un punto de vista jurisdiccional  +, El sistema de tenencias pretendía uniformizar el espacio político en beneficio del rey  +, Las tenencias alavesas se encuadrarían en las “tenencias menores”, vinculadas a centros fortificados, que precisaban de un personal local para hacer ejecutar los mandatos y prerrogativas regios  +, Subtenentes, alcaldes y otros oficios menores de la administración territorial eran desempeñados por individuos que pertenecían a las elites locales  +, Treviño se repartía el espacio actual del condado junto con la tenencia de Arlucea  +, Conversión del castillo de Treviño en un lugar central inserto directamente en la red política navarra  +, A través de esa integración, Treviño alcanza un nuevo papel como lugar central, adoptando un papel jerarquizador reconocido y sancionado por las autoridades  +, Esta situación se produjo a finales de los años 70 del siglo XII  +, Mientras los tratados anteriores no mencionan en ningún caso a Treviño entre las plazas fuertes, es decir como parte de la geografía del poder en Álava, el acuerdo de 1179 cita expresamente a Treviño  +, La creación de la tenencia supusiera una serie de ventajas para los notables locales, que asumieron los cargos menores de la administración territorial y que se convirtieron en garantes del poder regio  +, Preponderancia previa, de alcance local, visible en las fases de los siglos XI- XII del castillo, que ahora pudo verse reforzada con la sanción regia  +, El realengo debió ser un elemento desequilibrador del statu quo de esos milites: algunos de ellos alcanzaban un nuevo estatus  +, Los elevaba más allá del control meramente local de un pequeño castillo o de un monasterio local, para situarlos en la esfera del poder regio, un poder que se representaba además como soberano  +, Los reyes navarros otorgaron fueros a Laguardia (1165), Vitoria (1181), Antoñana (1182) y Labraza (1196), a los que debe añadirse el fuero de San Vicente de la Sonsierra en 1172 y posiblemente el de La Puebla de Arganzón en 1191  +, A través de estos fueros se daba personalidad jurídica a los concejos, que se integraban en el realengo  +, Proliferación de nuevas villas reales, un fenómeno que se detecta también en toda la meseta del Duero y en algunos puntos de la Cornisa Cantábrica  +, El mecanismo consistía en dotar a un determinado núcleo de la condición de villa, gracias a la concesión de un fuero, y entregarle el dominio señorial del rey para que lo gestionase, a cambio de reconocer la jurisdicción regia  +, Tratado de 1179, en la que Sancho VI acuerda devolver a los alaveses todos sus bienes menos Treviño y Castellaz  +, Las villas se establecían sobre asentamientos preexistentes que en muchas ocasiones tenían algún grado de jerarquización territorial previa  +, Las excavaciones en la catedral de Santa María han permitido afirmar que este lugar se encontraba ya ocupado en el siglo VIII  +, Dispuso desde el siglo X de algún tipo de centralidad local, invisible en nuestras fuentes  +, Los monarcas navarros utilizaron infraestructuras previas para llevar adelante su política de formación de villas  +, Los concejos disfrutaban de una amplia autonomía y elegían sus propias autoridades, se les reconocían sus funciones políticas y se les concedían una serie de libertades vecinales  +, Garantizaba la fidelidad de los grupos sociales dominantes en las villas con respecto a los monarcas  +, Dada la situación fronteriza de estas villas y el hecho de que aparezcan castillos en muchas de ellas, se ha planteado el interés estratégico de la fundación de tales lugares  +, Treviño aparece como parte del nuevo realengo navarro y posee las condiciones para convertirse en cabeza de un concejo  +, Sancho VI favoreció un incremento del papel jerarquizador de Treviño, y que esa jerarquización fue posible por la integración en el realengo y la implantación de una tenencia  +, Paz de 1179  +, Campaña que Alfonso VIII emprendió contra Navarra en 1199  +, El ejército castellano se dirigió contra los territorios de Álava, Ibida y Guipúzcoa y, tras el asedio y rendición de Vitoria en 1200, las principales plazas alavesas cayeron en manos castellanas  +, Treviño se mantuvo bajo control de Sancho VII de Navarra hasta que ambas partes acordaron intercambiar algunas fortalezas que habían quedado aisladas  +, Se pactó entonces la entrega de Treviño a Alfonso VIII a cambio de la fortaleza de Inzura, ya en 1201  +, El resultado de la campaña fue que Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado pasaron a formar parte del reino castellano de manera definitiva  +, El rápido cambio de bando, sin apenas resistencias, sería consecuencia de la desafección de la aristocracia alavesa con respecto a la monarquía navarra  +, El realengo a través de las villas reales habría limitado el alcance de los bienes y derechos de esos milites, quienes además habrían sido despojados de las tenencias que inicialmente ocuparon en beneficio de individuos procedentes de Navarra  +, Mejores posibilidades de enriquecimiento y de mejora de estatus que se abrían con la integración en un reino de Castilla en expansión  +, Hubo cambios de bando, como era habitual, pero no una desafección masiva  +, Presencia de nobles alaveses que permanecieron en la esfera del poder navarro  +, Paralización de la formación de nuevas villas hasta la concesión de fuero a Labastida en 1242  +, Hubo desafecciones, pero también resistencias, como la de la fortaleza de Treviño  +, Las elites treviñesas que se habían visto muy favorecidas en el proceso de transformaciones implementado por Sancho VI  +, Reforzamiento de las estructuras episcopales de la sede calagurritana  +, La implantación de un modelo diocesano que conllevaba el control sobre el conjunto de las iglesias parroquiales de un territorio  +, Su integración en un esquema jerárquico de arciprestazgos y arcedianatos suponía una magnífica ocasión para encuadrar un espacio dotado de una gran autonomía  +, El capital económico y simbólico de los aristócratas alaveses era el control sobre monasterios e iglesias locales  +, Control que ejercía el rey castellano en el nombramiento de los prelados, que iba más allá de lo que el derecho canónico  +, La inversión en la sede calagurritana servía para asentar mejor el dominio político castellano  +, Hubo numerosos conflictos y resistencias, sobre todo protagonizados por la poderosa familia de los Haro  +, Iglesias bajo control episcopal en este entorno, como la de Obécuri  +, En 1229, el arciprestazgo figura vinculado a una serie de derechos parroquiales controlados por el obispo de Calahorra  +, Íñigo de Mendoza, prestamero en Treviño, dona al obispo y al cabildo de Calahorra toda su parte en las heredades y posesiones del monasterio de Pangua  +, Interferencia de los laicos en los monasterios e iglesias, de donde obtenían pingües rentas  +, Control que ahora deja de existir al integrarse en la red episcopal calagurritana  +, Se estaba ampliando la capacidad de actuación del prelado, cómo se llevaba a cabo esa actuación, mediante la implantación de un sistema articulado y jerarquizado  +, Desde el último cuarto del siglo XII Treviño era el lugar más importante de la zona, además de encontrarse en territorio de realengo, lo que dificultaba la intervención de los milites y se situaba bajo el patronazgo de los monarcas  +, La progresiva afirmación del poder episcopal incluyó la construcción de nuevos edificios de culto, situados ya bajo el control directo de los obispos  +, La consagración de estas iglesias representaba un acto de gran trascendencia que en ocasiones se recogió a través de inscripciones  +, Un ejemplo de ello lo proporciona la iglesia de la localidad actualmente alavesa de Marquínez, perteneciente al arciprestazgo de Treviño en esos años.  +, Edificación del templo, fechada en 1226, siendo obispo de Calahorra Juan Pérez y rey de Castilla Fernando III, y estando presentes el arcediano de Armentia, Fortún de Marquínez, arcipreste en Treviño, y García de Pangua, maestro en Armentia  +, Las referencias históricas de este epígrafe funcionan como puntos de anclaje de un discurso de legitimación  +, Pretendía subrayar la vinculación entre monarquía, sistema episcopal y realengo en Treviño  +, Para mediados del siglo XIII, Treviño puede identificarse con un lugar dotado de una clara jerarquía comarcal  +, Cuyo arciprestazgo está bien definido cuando en 1257 se produce la división entre las mesas capitular y episcopal de Calahorra  +, Concesión de fuero a Treviño por parte de Alfonso X en 1254  +, Este fenómeno se documenta también en Guipúzcoa y, en menor medida, en La Rioja  +, Esta política de concesión de fueros coincide con la llegada al trono de Alfonso X  +, La elección de algunas de estas villas no era aleatoria, ya que se buscaba el control de las principales rutas que llevaban desde Vitoria a los puertos del norte  +, El fuero de Treviño de 1254 sigue al de Logroño y garantiza un poder regio eficaz en el concejo, aunque dota a éste de enormes prerrogativas  +, Comunidad política integrada en los circuitos episcopales de una manera clara  +, Se mencionan como puntos de referencia otros espacios que sabemos que eran parte del realengo (Corres, Campezo)  +, Descripción geográfica es parcial y se refiere exclusivamente a un territorio entendido en términos de realengo  +, Llama la atención que los límites sean los mismos que se dan en el fuero de La Puebla de Arganzón, en 1191  +, Cuestión sobre la existencia antes de 1254 de un concejo articulado con un fuero en Treviño  +, Hubo un fuero de Sancho VI en la segunda mitad del siglo XII, del que el fuero de 1254 no sería más que una versión romanceada y puesta al día  +, El único fuero existente es el de 1254  +, El fuero de 1254 no menciona en ningún caso la existencia de unos fueros anteriores  + y Al mismo tiempo Treviño aparece como una comunidad política local reconocida como concejo en el fuero de 1254  +
Monarch Sancho IV de Peñalén  +, Alfonso I de Aragón  +, García Ramírez  +, Alfonso VII de León  + y Sancho VI  +
Monastery San Millán de la Cogolla  +, San Miguel de Ripa  +, San Salvador de Leire  + y Estíbaliz  +
Place Rigo de Ivita  +
Pplace Burgueta  +, Vitoria  +, Logroño  +, Cuenca  +, Sepúlveda  +, Añastro  +, Faido  +, Muergas  +, Lacervilla  +, Estavillo  +, Miranda de Arga  +, Mendavia  +, Larraga  +, Treviño  + y Marquínez  +
River Ayuda  + y Ebro  +
Time Siglo XI  +, Siglo XII  +, 1025  +, 1120  +, Siglo XIII  +, 1200  +, 1240  +, 1244  +, 1251  + y 1179  +
Topic Jerarquización  +, Tenencia  +, Seniores o milites  +, Bienes fundiarios  +, Serna  +, Patrimonio monástico local  +, Decanía  +, Cenobio  +, Élite magnaticia  +, Arcedianato de Armentia  +, Órdenes militares  +, Fidelidad negociada  +, Sistema político concejil  +, Concesión del fuero  +, Modelo de fuero  +, Fuero militar  +, Acuerdo tácito entre el rey castellano y los milites alaveses  +, Cofradía de Arriaga  +, Arciprestazgo en Iuida  +, Arcipreste de Iuida  +, Reliquias de los santos mártires Celedonio y Emeterio  +, Patrones de la sede calagurritana  +, Inscripción de Marquínez  +, Crismón en altorrelieve  +, Fuero de Salvatierra (1256)  +, Fuero de Corres (1256)  +, Fuero de Santa Cruz de Campezo (1256)  +, Fuero de Contrasta (quizá en 1256)  +, Fuero de Salinillas de Buradón (antes de 1264)  +, Fuero de Arceniega (1272)  +, Fuero de Valderejo (1273)  +, Fuero de Peñacerrada  +, Fuero de Logroño  +, Fuero de Labastida  + y Lápida de San Juan de Treviño  +
Z.author José Mª Monsalvo  + y Ignacio Álvarez Borge  +
Z.title Reja de San Millán  +, Documento que despierta ciertas sospechas, y datado en torno a 1109  +, Documento de 1240  +, Espéculo  + y Fuero real  +
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