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INTRODUCCIóN

[...] los Vascones, que por los tres siglos del Señorío de los Godos havian retenido, aunque con varia fortuna, su libertad, se dispusiessen en aquel nuevo riesgo à sustentarla, encendidos en especial con el odio de tan contraria, y bestial Religion de los Mahometanos [...]. Pero que consejos publicos, y particulares se tomaron entonces, en que año de- terminadamente, y en que lugar, y si fue tomando luego una suprema Cabeza con titulo Real [...] por la falta de instrumentos authenticos de aquellos tiempos, y de Escritores antiguos, que supliessen su falta, en el sumo descuido de una Nacion mas in- clinada à obrar cosas, para escribirse, que à escribir, y en quien despertò tarde el gusto de la Historia, no es possible definirlo con certeza, y mucha indi- viduacion [...]. En estas Regiones pues de entre el Pyrineo, y el Ebro comenzaron los Naturales à ape- llidarse en aquella comun calamidad, à conferir de- signios, unir Fuerzas, reparar Castillos, y Fortalezas, y fabricar otras de nuevo en los passos estrechos. Comunmente los Escritores modernos señalan, que en este tiempo, juntandose los Naturales, eligieron por Rey à un Caballero esforzado, por nombre Don Garcia Ximenez.

J. de Moret: Annales del Reyno de Navarra, Pam- plona, 1766, i, iv, 6, 7 y 16.

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El reino de Pamplona habría nacido, como el de Asturias, de la resistencia al islam. Esta idea hunde sus raíces en la Edad Media: el mismo prólogo del Fuero General de Navarra agrupa en el primer movimiento de sublevación cristiana a todas las montañas desde Galicia a Sobrarbe. n1 Luego, se le suma la milenaria irreductibilidad vasca que forjaron los historiadores del Renacimiento, para quienes los árabes formaban parte de la larga lista de potencias dominadoras a cuyo imperio siempre se sustrajeron los riscos vascónicos. Si se piensa además en la necesaria honorabilidad de un reino que no ha dejado de existir como tal hasta 1841, se comprenderá lo lejos que ha quedado de la tradición historiográfica navarra o relativa a Navarra cualquier planteamiento derivado de nociones distintas de las de resistencia y combate. No vamos, sin embargo, a insistir aquí en la historia de estas ideas. Nos li- mitamos a recordar su extraordinaria capacidad de supervivencia. n2

n1 Sobre esta recreación del pasado, Ángel J. Martín Duque: «Singularida- des de la realeza medieval navarra», en Poderes públicos en la Europa Medieval: principados, reinos y coronas. 23 Semana de Estudios Medievales, Estella 1996, Pamplona, 1997, 299-346: 329.

n2 J. Juaristi: Vestigios de Babel. Para una arqueología de los nacionalismos españoles, Madrid, 1992; J. Goyhenetche: Les basques et leur histoire. Mythes et réalités, San Sebastián, 1993.

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El armazón que compartimos hoy en buena medida los investigadores de la Navarra altomedieval se ha construido por aproximaciones sucesivas desde los años cuarenta del siglo pasado. Es sabido que, en comparación con las que iluminan la formación de la monarquía asturiana o de los condados catalanes, las fuentes no abundan. El declive intelectual y político de los monasterios pirenaicos en el siglo x ha tenido seguramente mucho que ver en que no conservemos sino retazos de lo que custodiaron sus bibliotecas y produjeron sus scriptoria; en que hayamos perdido la mayor parte de su propia memoria. A lo que se añade el formidable florecimiento de las abadías riojanas de esa centuria, vinculadas lógicamente a la nueva dinastía jimena y no a los Íñigo que gobernaban Pamplona cuando San Millán era territorio andalusí.

La arqueología monumental, es decir, el estudio de los escenarios del poder se reduce a poco más que la planta del Leire prerrománico identificada en excavaciones de la posguerra y de cronología desgraciadamente imprecisa. La documentación de archivo es proporcional al ínfimo patrimonio de San Salvador de Leire, Santa María de Irache o la catedral de Pamplona antes del año mil.

No es, pues, sorprendente que la puesta a disposición de los historiadores de textos como los de Ibn Hayyan relativos a Pamplona y a los Banu Qasi, primero por Lévi-Provençal y luego por la traducción de García Gómez, n3 avivara en la posguerra la producción y el debate. n4

En una y otro intervino con su vigor habitual C. Sánchez-Albornoz, n5 quien explicó la articulación política de la región en torno a dos linajes de origen hispano de los que uno, el de los Íñigo de Pamplona, se mantiene cristiano, y el otro, el de los Banu Qasi del Ebro, forma parte del grupo de los convertidos de primera hora. Ambos se apoyan mutuamente para garantizar su control efectivo del país al margen de soberanías extrañas, francas o cordobesas, cuya presencia es poco más que nominal.

n3 E. Lévi-Provençal, E. García Gómez: «Textos inéditos del Muqtabis de Ibn Hayyan sobre los orígenes del reino de Pamplona», Al-Ándalus, 19 (1954), 295-315.

n4 La «recepción de las fuentes árabes» ha sido brillantemente estudiada por J. Lorenzo en La dawla de los Banu Qasi. Origen, auge y caída de un linaje muladí en la Frontera Superior de Al-Ándalus (en prensa), pp. 23 y ss. Citamos esta obra por la paginación de la tesis leída en el 2008 en la Universidad del País Vasco.

n5 Sus principales publicaciones en torno a los orígenes del reino de Pamplona están compiladas en C. Sánchez-Albornoz: Orígenes del reino de Pamplona. Su vinculación con el valle del Ebro, Pamplona, 1985.

En realidad, en esta concepción de la primera historia del reino las nuevas informaciones árabes y la aportación de Sánchez-Albornoz se insertaron en un esquema que había construido años antes J. M. Lacarra. n6 Como en un bucle, el mismo Lacarra recogió después la producción historiográfica disponible, la afinó con su conocimiento exquisito de las fuentes y publicó en 1972 la que sigue siendo la mejor síntesis de historia política de la Navarra medieval. n7 En lo fundamental, las variaciones han sido pocas en los últimos años. Quizá una de las más significativas es la que atañe a la ciudad de Pamplona, que J. M. Lacarra concebía como descabezada en el siglo viii, sin autoridad local y sometida al jefe del territorio rural circundante, en un contexto regional de pluralidad de jefaturas. n8

Á. J. Martín Duque o nosotros mismos, habiendo prestado atención al obispado y a sus vinculaciones con la aristocracia tarraconense en época visigoda, hemos puesto, en cambio, énfasis en el papel clave de Pamplona y de sus grupos dirigentes tanto en el establecimiento del pacto con los invasores musulmanes como en la continuidad de su función rectora del territorio. n9

Recordemos en sus trazos esenciales la visión actual de la cuestión: Pamplona fue una de las numerosas ciudades que se rindieron mediante pacto a los musulmanes. Es bastante probable que sus dirigentes hubieran formado parte de la facción witizana en la guerra civil que precedió y acompañó a la conquista, lo que naturalmente debió de favorecer la consecución del acuerdo. De su contenido preciso, como del de la mayor parte de los que se establecieron durante la conquista, nada sabemos.

n6 Pensamos, por ejemplo, en J. M. Lacarra: «Las relaciones entre el reino de Asturias y el reino de Pamplona», en Estudios sobre la Monarquía Asturiana, Oviedo, 1949, 221-243.

n7 J. M. Lacarra: Historia política del reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, Pamplona, 1972. Considérese esta obra como la referencia de base para toda la descripción de los acontecimientos.

n8 J. M. Lacarra: Historia política del reino de Navarra..., o. cit., 27-30.

n9 Á. J. Martín Duque: «El reino de Pamplona», en J. M. Jover (dir.): La España cristiana de los siglos viii al xi. Los núcleos pirenaicos (718-1035). Navarra, Aragón, Cataluña (Historia de España Menéndez Pidal), Madrid, 1999, 88, 96, pássim; J. J. Larrea: «El obispado de Pamplona en época visigoda», Hispania Sacra, 97 (1996) 123-147; ídem: La Navarre du ive au xiie siècle. Peuplement et société, París/Bruselas, 1998, 214, pássim.

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Pero no cabe duda de que a cambio de un tributo y la subordinación política y militar a Córdoba, debió de garantizar a las gentes de Pamplona un amplio margen de autonomía en las formas de gobierno y de justicia, en los usos religiosos y en la vida social y económica. Con vicisitudes, con momentos de ruptura y de restablecimiento del tributo, esta situación se mantuvo al menos durante las dos generaciones que siguieron a la irrupción de los árabes.

Al mismo tiempo, algo más al sur, en las tierras del Ebro, la estrategia de diversas familias dirigentes fue su integración en el nuevo orden a través de la conversión al islam. Es el caso de los Banu Qasi. Un magnate local de nombre Casio se habría desplazado a Damasco en tiempos de Al-Walid y habría vuelto a su tierra convertido en cliente de este califa. Desde entonces y hasta principios del siglo x, él y sus descendientes gobernarían en nombre de los omeyas el territorio que ya dominaban bajo soberanía visigoda. Vástagos de las aristocracias hispanogodas, gobiernan así tanto el norte cristiano como el sur musulmán, y mantienen además lazos de sangre y de interés político que ignoran la barrera de la religión y generan solidaridades contra poderes externos, sean estos el emirato de Córdoba o el Imperio carolingio.

La historia de la región en los siglos viii y ix es la historia de estos dos bloques, uno de los cuales dará lugar al reino de Pamplona a partir de la antigua civitas episcopal y el otro, tras conocer momentos del gloria, acabará desintegrándose en la fitna del emirato. En este contexto, Pamplona estaría doblemente amurallada frente a todo aire andalusí. El pacto de sumisión garantizaría la continuidad esencial de una sociedad de raíz hispano-visigoda, y además los Banu Qasi, siempre reticentes al dominio cordobés, interpondrían una suerte de colchón ante la influencia islámica. De Al- Ándalus no llegarían sino razias y exigencias de tributo.

La manifestación más radical de esta concepción de los siglos viii y ix como cápsula hispano-goda se encuentra en el capítulo correspondiente de la Historia de España Menéndez Pidal debida a Á. J. Martín Duque. Con el verbo barroco que caracteriza al autor, Pamplona —es decir, la civitas y sus territorios subordinados— aparece como un «singular santuario», de «cristiandad radical e indefectible», «incontaminada por el islam», donde bajo un régimen de «holgada vinculación tributaria» sobrevive una sociedad hispano-goda que hará eclosión y generará un verdadero reino a inicios del siglo ix por la conjunción de la crisis del emirato y las incitaciones ovetenses. n10

Como hemos sostenido en otro lugar, discrepamos radicalmente de la visión de un armazón socioeconómico y de una organización territorial prácticamente inalterados entre la Tardoantigüedad y el siglo xi que proponen Martín Duque y otros autores, n11 pero desde el punto de vista de la evolución política, también hemos seguido explícitamente el análisis y el relato de J. M. Lacarra, con el matiz ya señalado del papel de Pamplona. Pensamos que es tiempo de revisar esta explicación, por más de un motivo. El más evidente, en nuestra opinión, se refiere al desarrollo espectacular que ha tenido la arqueología funeraria anterior e inmediatamente posterior a la conquista árabe.

A pesar de lo limitado aún de las publicaciones, sería insensato dejarla de lado en cualquier aproximación a la historia navarra del siglo viii. Como es habitual, los interrogantes que plantean nuevas e inesperadas informaciones dislocan algunas de las seguridades que teníamos hasta ahora, al tiempo que dan sentido a ciertos testimonios —como, por ejemplo, la Vida de Mahoma que Eulogio de Córdoba encontró en Leire— que reposaban en un ángulo muerto del análisis histórico, a falta de plantea- miento coherente capaz de integrarlos. Otros motivos tienen que ver con campos de estudio más generales, tales como el papel de la guerra y de la distribución de riquezas en la ordenación de las sociedades altomedievales, que merecen ser contrastados con las fuentes de esta como de cualquier otra región.

n10 Á. J. Martín Duque: «El reino de Pamplona», o. cit., 143-206: p. 55, 57, 246, 288, pássim.

n11 J. J. Larrea: «La condición del campesinado navarro-aragonés entre los siglos ix y xii: una revisión crítica», En la España Medieval, 29 (2006), 383-409. A su vez, las críticas hacia mis tesis por parte de quienes sostienen una continuidad esencial pueden verse en E. Ramírez Vaquero: «Configu- ración de la sociedad medieval navarra: rasgos de un proceso evolutivo», en C. Erro, I. Mugueta (dirs.): Grupos sociales en Navarra. Relaciones y derechos a lo largo de la historia. Ponencias del V Congreso de Historia de Navarra, Pamplona, 2002, 57-109.

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También mueve a revisión lo poco satisfactorio de nuestra comprensión de la evolución social y territorial del país entre lo que entrevemos en época visigoda y lo que se nos muestra en torno al siglo x. En fin, resulta en mi opinión decisiva la recentísima renovación de nuestro conocimiento de los Banu Qasi debida a Jesús Lorenzo, en un trabajo que siendo aún inédito me obliga a limitarme a adelantar sólo algunas líneas mayores. n12 Este autor, a quien agradezco su confianza, ha estudiado minuciosa y críticamente todas las fuentes relativas a los Banu Qasi, ha revisado los textos árabes y las traducciones que hasta ahora se han empleado, y ha rehecho su historia. Algunas conclusiones son contundentes: en el momento de la conquista no hay en el Ebro un magnate Casio comparable a Teodomiro en levante; los Banu Qasi sí descienden de convertidos en tiempos de la conquista, pero de una familia mediocre que en absoluto controla el vasto territorio que se les ha atribuido; su ascenso político no es anterior a la primera mitad del siglo ix. La arquitectura política de este confín de Al-Ándalus es mucho más compleja, inestable y fluida de lo que venía suponiéndose. Es decir, mucho más atractiva.

Este artículo tiene, pues, vocación de tesis y no de síntesis. No pretende dar una imagen global del territorio y la sociedad navarros en los siglos viii y ix, sino proponer una explicación que tienda a integrar coherentemente el registro escrito y el arqueológico. Para ello nos interesaremos por la lógica propia del juego de fuerzas sociales y políticas que actúan en este periodo y, a riesgo de desequilibrar la visión de conjunto, pon- dremos particular énfasis en determinados aspectos que hemos descuidado hasta ahora.

n12 J. Lorenzo: La dawla de los Banu Qasi..., o. cit.

LAS PRIMERAS GENERACIONES

Anillos en las tumbas

Durante mucho tiempo, la arqueología funeraria de Pamplona altomedieval se redujo al inventario de objetos exhumados en 1895 en el paraje de Argaray, antes llamado también Obietagaña (literalmente, ‘encima del cementerio’ o ‘alto del cementerio’ en lengua vasca), y a algún hallazgo fortuito ocurrido ulteriormente en la misma zona. Fueron publicados en 1916 por uno de los excavadores, F. Ansoleaga, con muy someras indicaciones sobre la organización de la necrópolis y conservados en el Museo de Navarra. La memoria de excavación fue destruida, al igual que el yacimiento. n13 El nombre que Ansoleaga puso a la necrópolis, «cementerio franco de Pamplona», refleja la abundante presencia de armas y adornos de origen norpirenaico que durante décadas han venido causando perplejidad por su singularidad con respecto al paisaje funerario visigodo.

Solo tras el hallazgo en 1987 y estudio de la necrópolis alavesa de Aldaieta por A. Azkarate, así como de otros descubrimientos posteriores en Navarra (Buzaga, Gomacin), Álava (Alegría) y Vizcaya (Finaga, Santimamiñe), n14 se ha comprendido que el yacimiento de Pamplona forma parte de una facies arqueológica característica de la Vasconia peninsular —en sentido amplio— en los siglos vi y vii. Uno de sus rasgos mayores es, en efecto, la profusión de ajuares y depósitos funerarios de armas merovingias y piezas de adorno y ostentación de origen aquitano. n15

n13 M. A. Mezquíriz: «Necrópolis visigoda de Pamplona», Trabajos de Arqueología Navarra, 17 (2004), 43-90; antes en Príncipe de Viana, 98-99 (1965), 107-131.

n14 Solo reseñamos los yacimientos principales.

n15 A. Azkarate: «The Western Pyrenees during the Late Antiquity. Reflections for a Reconsideration of the Issue», Archeologia Medievale, 45 (1992), 167-181; ídem: «Francos, aquitanos y vascones al sur de los Pirineos», Archivo Español de Arqueología, 66 (1993), 149-176; ídem: «¿Reihengräberfelder al sur de los Pirineos occidentales?», en J. M. Blázquez, A. González (dirs.): Sacralidad y arqueología. Homenaje al Prof. Th. Ulbert al cumplir 65 años, Murcia, 2004, 349-413 (Antigüedad y Cristianismo, 21); ídem: «La muerte en la Edad Media» y «Necrópolis de Buzaga», en La tierra te sea leve. Arqueología de la muerte en Navarra, Pamplona, 2007, 177-192 y 195-198; M. A. Beguiristain: «Necrópolis de Gomacin (Puente la Reina), ibídem, 203-208; I. García Camino: Arqueología y poblamiento en Bizkaia, siglos vi-xii. La configuración de la sociedad feudal, Bilbao, 2002, 61-78; D. Vallo, R. Sánchez Rincón : «La ermita de Santimamiñe, un caso de ocupación tardoantigua y medieval en la cuenca de Urdaibai», comunicación presentada a Santimamiñe. Ondarea ulertzeko modu bat. Un modo de entender el patrimonio, Bilbao, 2008.

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En cuanto a la huella musulmana, solo J. Navascués llamó la atención en los años setenta sobre la presencia de materiales de origen islámico en Argaray. Identificó algunos anillos sello y restos de anillo con la inscripción «en el nombre de Alá» en caracteres cúficos, así como un felús que de acuerdo con su descripción parece corresponder al periodo de los gobernadores. n16

Ha de decirse que la voz de Navascués ha tenido muy escaso eco. Frente a este pobre panorama, en solo cinco años, entre el 2001 y 2006, se han descubierto otras dos necrópolis extramuros, merced al control arqueológico previo a la ejecución de sendas obras públicas en la plaza del Castillo y en el palacio llamado Casa del Condestable. Basta reparar en las fechas para ver que no disponemos aún sino de las primeras informaciones hechas públicas por los equipos de arqueólogos, por lo que nuestras apreciaciones quedan naturalmente sujetas a todas las cautelas de rigor. Las tres necrópolis forman casi una línea recta de orientación sudeste-noroeste en la parte accesible de la ciudad, ya que el lado opuesto cae a pico sobre un meandro del Arga. En el centro se encuentra la necrópolis islámica de la plaza del Castillo. Unos 380 metros al sudeste de esta se excavó la necrópolis de Argaray, y alrededor de 330 metros al noroeste, la de la Casa del Condestable. La de Argaray es la más distante de las murallas, en cualquier caso a no más de 350 metros de ellas.

El cementerio islámico de Pamplona n17 se dispuso sobre los restos de unas termas y cerca de un pequeño grupo de tumbas de cronología tardorromana y germánica. Se desconocen sus dimensiones reales, por cuanto solo pudieron excavarse 4000 m2 de su sector oeste. Posiblemente se extendía hasta los pies de la muralla. No hay indicios de saturación de la necrópolis.

n16 J. de Navascués: «Rectificaciones al cementerio hispano-visigodo de Pamplona. Nuevas huellas del islam próximas a los Pirineos», Príncipe de Viana, 37 (1976), 119-127. Este autor solo alcanzó a ver la fotografía de la moneda, en la que pudo leer «en Al-Andalus» en una inscripción central en dos líneas, rodeada de una leyenda marginal ilegible. Véase E. Manzano Mo- reno: Conquistadores, emires y califas. Los omeyas y la formación de Al-Ándalus, Barcelona, 2006, 68.

n17 J. A. Faro, M. García-Barberena, M. Unzu: «La presencia islámica en Pamplona», en P. Sénac (dir.): Villa ii. Villes et campagnes de Tarraconaise et d’Al-Andalus (vie-xie siècles): la transition, Toulouse, 2007, 97-138; M. P. de Miguel: «La maqbara de la plaza del Castillo (Pamplona, Navarra): avance del estudio osteoarqueológico», ibídem, 183-197; J. A. Faro, M. García-Barberena, M. Unzu, M. P. de Miguel: «El cementerio islámico de la plaza del Castillo (Pamplona)», en La tierra te sea leve..., o. cit., 249-252.

Se localizaron 190 enterramientos correspondientes a una comunidad estable, de mortalidad normal, que usó el cementerio durante algunas generaciones, tal y como revela la distribución por sexos y edades de los individuos exhumados. Los esqueletos con herida de combate aparecen dispersos, como testigos de una actividad militar extendida en el tiempo, y no de un episodio bélico concreto. Por ahora solo se ha hecho pública una datación por C-14, la cual ha proporcionado una horquilla 650-770. Esto hace del de Pamplona el cementerio musulmán con cronología verificada más antigua de la península ibérica.

Aunque es muy pronto, la datación lleva inevitablemente a pensar en las noticias referidas al gobernador Uqba (734-741). Varios textos árabes coinciden en afirmar que se apoderó de numerosos territorios del norte peninsular y de la Narbonense, entre ellos Pamplona. n18

Además, según el magrebí Ibn Idari, los pobló de musulmanes, lo que en nuestro caso se ha venido considerando como la referencia a la instalación de una guarnición en la ciudad. n19 Al-Maqqari le atribuye además la conversión por la fuerza de numerosos cristianos, n20 si bien la más antigua Fath al-Ándalus se limita a alabar su constancia en la yihad. n21

Por otro lado, la presencia en la maqbara de Pamplona de mujeres en proporción casi igual a la de los hombres plantea la cuestión de su origen y de posibles matrimonios mixtos. A falta de los resultados de los estudios genéticos en curso, el único indicio disponible por ahora es la manipulación ritual de dientes de una mujer adulta que sería característico de determinados grupos bereberes. n22 Siendo un caso único, pocas conclusiones pueden sacarse. En fin, como es habitual, no hay elementos de indumentaria o de ajuar en las tumbas, con la excepción de un anillo.

La necrópolis de la Casa del Condestable n23 apareció al acometerse la restauración del edificio del siglo xvi que le da nombre. Se han localizado 153 enterramientos.

n18 Ajbar Maymu’a, ed. E. Lafuente Alcántara, Madrid, 1867, 38.

n19 J. M. Lacarra: Historia política del reino de Navarra..., o. cit., 29.

n20 Al-Maqqari, ii, 11 y 12 (trad. P. Gayangos: The History of the Mohamme- dan Dynasties in Spain, Londres, 1840-1843).

n21 M. Penelas: La conquista de Al-Ándalus, Madrid, 2002, 41.

n22 M. P. de Miguel: «La maqbara de la plaza del Castillo...», o. cit., 193.

n23 J. A. Faro, M. García-Barberena, M. Unzu: «La presencia islámica en Pamplona», o. cit., 118-123; J. A. Faro, M. Unzu: «Necrópolis de la Casa del Condestable (Pamplona)», en La tierra te sea leve..., o. cit., 209-212.

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Su uso dio comienzo mucho antes de la invasión musulmana. Numerosas tumbas responden al patrón de la Vasconia peninsular de los siglos vi y vii, del que ya hablamos más arriba y al que pertenecen también la necrópolis de Argaray y fuera de la ciudad, pero a solo trece kilómetros de distancia, la de Buzaga (Elorz). Ahora bien, lo que le da un valor extraordinario a esta necrópolis es que continúa en uso tras la llegada del islam. Hay una serie de enterramientos que prolongan la tipología anterior de las tumbas —cámaras funerarias de lastras que forman cistas rectangulares o ligeramente trapezoidales, cubiertas con tapa monolítica o con lajas, uno o dos hitos de señalización sobre los túmulos—, pero cambian la naturaleza y el origen de los ajuares. Desaparecen armas y piezas indumentarias francas y aquitanas, y aparecen hasta siete anillos con caracteres cúficos arcaicos. En particular, una sepultura femenina presenta una cantidad de objetos, que destaca sobre todas las demás. Tiene un jarrito de cerámica a los pies, pendientes, un collar con numerosas cuentas y una sortija en cada dedo de las manos. De las diez, cuatro portan inscripciones en escritura cúfica. Si bien en el momento de publicar esta información los arqueólogos no disponían aún de dataciones absolutas, todo parece indicar que la necrópolis sigue en uso a lo largo del viii, es decir, que convive con la islámica de la plaza del Castillo, cosa que, por otro lado, cuadra con los datos de la necrópolis de Saratsua que veremos más adelante.

Si la identificación de una facies arqueológica en Vasconia ha permitido entender los materiales exhumados en 1895 en Argaray, los hallazgos de la Casa del Condestable vienen a dar un contexto arqueológico preciso a los objetos, en particular a los anillos sello, que J. Navascués consiguió identificar en la colección del Museo de Navarra. En cuanto al felús, sin duda explicable por la presencia de la guarnición musulmana, es imposible saber si su aparición en la necrópolis responde a prácticas de los primeros tiempos de la convivencia cristiano-musulmana atestiguadas al sur de la península. Pensamos naturalmente en los enterramientos de rito cristiano en los que el difunto guarda entre sus manos una de estas monedas de cobre. n24

24 E. Manzano Moreno: Conquistadores..., o. cit., 69.

Salgamos de Pamplona. Entre los numerosos yacimientos puestos al descubierto por las obras de la autovía Pamplona-Logroño, está la pequeña necrópolis de Saratsua, entre Muruzabal y Obanos, a veinte kilómetros al sudoeste de la capital navarra. n25 Fue estudiada entre el 2003 y 2005. Se trata de un conjunto de diez tumbas en diferente estado de conservación, orientadas de oeste a este y dispuestas con cierta alineación. Se recuperaron cinco adultos y cuatro niños en seis de las sepulturas. La reutilización de tumbas sugiere que se trata de un grupo familiar. No hay noticia en los alrededores de edificio de culto, ni es evidente su vinculación a ningún hábitat conocido. La única datación por C-14 publicada da unas datas extremas del 770-990. Está además la cronología correspondiente a la cerámica aparecida en una de las tumbas, de los siglos vii-viii, así como la de un conjunto de piezas de cocina localizado en un hoyo cercano y datable entre los siglos viii y ix. La necrópolis de Saratsua parece así situarse en un momento algo posterior a las que reflejan en el entorno de Pamplona la llegada del islam. Comparte dos rasgos mayores con la Casa del Condestable. Por un lado, el mantenimiento del tipo de fosa con laterales formados con lastras y cubierta de losa o losas. Por otro, el tipo de ajuares y depósitos. Desaparecidos los depósitos de armas —podría haber alguna punta de lanza o cuchillo en una de las tumbas—, se repite la presencia regular de anillos, uno de bronce y dos de plata, más unos pendientes, recuperados en cuatro de los enterramientos de Saratsua. El de bronce es idéntico a los tres que portan inscripciones cúficas en Argaray, si bien aquí la placa lleva se incluye entre los marcadores de estatus de las tumbas cristianas piezas evidentemente vinculadas a las gentes y a las imágenes del poder musulmanes. Más tarde, hay indicios de irradiación de estas prácticas en el medio rural —o entre grupos dirigentes de este—. No parece muy aventurado sospechar que el contacto y el acercamiento a lo musulmán por parte de al menos algunos sectores de la sociedad navarra fueron más intensos y tuvieron más consecuencias que el mero pago de tributos y control militar que venían considerándose hasta ahora.

El efímero episodio carolingio

A la luz de estos datos, se entiende algo mejor el destino de Pamplona frente a la primera entrada en tromba del ejército franco en el 778. Si la ciudad se rinde ante la imponente columna que entra por Roncesvalles o bien si los jefes árabes de la guarnición estaban previamente implicados en el complot que atrajo a los francos, es cosa que se nos escapa. En cualquier caso, tras el fiasco de Zaragoza parece claro que no hay manera de conservarla y Carlomagno opta por destruir las murallas. Los Anales de Eginhardo la presentan como ciudad o fortaleza de los navarros, que son subyugados, pero cuya rebelión se prevé tan pronto como el último guerrero franco se pierda tras los montes. n26

Los tardíos Anales mettenses posteriores añaden que Carlos expulsó a los sarracenos de Pamplona, cosa que la necrópolis islámica de la plaza del Castillo hace verosímil, aunque como sugiere Aebischer y recoge Lacarra, podría tratarse de un intento de borrar el recuerdo de pactos previos entre Carlos y los árabes. n27 El cuadro de una guarnición musulmana al lado de una población cristiana reticente al dominio carolingio, así como la respuesta franca, recuerdan evidentemente hechos similares ocurridos cuatro décadas antes en la Narbonense: en el 738, frente a una población más partidaria de mantenerse bajo la protección islámica que de someterse a los francos, las tropas de Carlos Martel arrasan Nimes, Agde y Beziers y derriban sus muros. n28 Como es sabido, la política carolingia se torna más prudente y eficaz en un segundo momento, combinando puntualmente la atracción de los dirigentes cristianos y la fuerza militar. En Pamplona solo alcanza un efímero éxito merced al despliegue de una vigorosa actividad diplomática y guerrera tras el éxito de Barcelona. Hacia el 803, diversas fuentes árabes hacen referencia a un ataque franco contra Tudela, posición fortificada en esos años por Amrus ibn Yusuf, muladí de Huesca que gobierna la Marca Superior. n29 En el 806 navarros y pamploneses, de quienes se dice que en años anteriores se habían pasado a los sarracenos, son acogidos a la protección carolingia. n30 Por estos años también en el Pirineo central un conde Oriol muerto en el 809 gobierna fortalezas en la ruta de Huesca en nombre de Carlomagno, y aun en el 811 hay un ataque franco a la misma ciudad. En el 812, firmada una tregua entre el emir y el emperador, Ludovico Pío se presenta personalmente en Pamplona y muy probablemente pone en pie un condado.

n26 «Superatoque in regione Wasconum Pyrinei iugo, primo Pompelonem Navarrorumn oppidum adgressus, in deditionem accepit. Inde Hiberum amnem vado traiciens, Caesaraugustam praecipuam illarum partium civita- tem accessit, acceptisque quos Ibinalarabi et Abuthaurr quosque alii quidam Sarraceni obtulerunts obsidibus, Pompelonem revertitur. Cuius muros, ne rebellare posset, ad solum usque destruxit, ac regredi statuens, Pyrinei saltum ingressus est» (Einhardi Annales, año 778: mgh, ss, i).

n27 J. M. Lacarra: «La expedición de Carlomagno a Zaragoza y su derrota en Roncesvalles», en ídem: Investigaciones de historia navarra, Pamplona, 1983, 17-91: 42.

n28 Véase M. Acién: «Poblamiento indígena en Al-Ándalus e indicios del primer poblamiento andalusí», Al-Qantara, 20 (1999), 47-64: 61 y ss.

n29 J. Lorenzo: La dawla de los Banu Qasi..., o. cit., 144.

n30 «In Hispania vero Navarri et Pampilonenses, qui superioribus annis ad Sarracenosd defecerant, in fidem recepti sunt» (Einhardi Annales, año 806: mgh, ss, i).

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Pero el mismo relato de su expedición deja en evidencia lo frágil del hilo que une este confín último con el imperio: antes de atravesar el Pirineo, Ludovico Pío ha de doblegar manu militari una rebelión en Gascuña y solo tomando mujeres y niños gascones como rehenes puede asegurarse la vuelta desde Pamplona. Magro socorro militar podía esperar de su rey el conde carolingio de Pamplona, seguramente un Velasco de origen norpirenaico. En efecto, en el 816 un ejército del emir aplasta a los navarros dirigidos por Ve- lasco y a sus aliados asturianos, en el mismo año en que una nueva revuelta estalla en Gascuña. Muy probablemente es el fin del episodio carolingio en Navarra, al que solo le queda la coda de la llamada segunda batalla de Roncesvalles en 824. n31

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Count Casio  +
Event Idea que hunde sus raíces en la Edad Media: el reino de Pamplona habría nacido, como el de Asturias, de la resistencia al islam  +, Milenaria irreductibilidad vasca que forjaron los historiadores del Renacimiento  +, Declive intelectual y político de los monasterios pirenaicos en el siglo x  +, Formidable florecimiento de las abadías riojanas en el siglo x  +, Los Íñigo gobernaban Pamplona cuando San Millán era territorio andalusí  +, Pacto con los invasores musulmanes  +, Subordinación política y militar a Córdoba  +, Integración en el nuevo orden a través de la conversión al islam  +, Magnate local de nombre Casio se habría desplazado a Damasco en tiempos de Al-Walid y habría vuelto a su tierra convertido en cliente de este califa  +, Gobernarían en nombre de los omeyas el territorio que ya dominaban bajo soberanía visigoda  +, Reino de Pamplona a partir de la antigua civitas episcopal  +, Hallazgo en 1987 y estudio de la necrópolis alavesa de Aldaieta por A. Azkarate  +, Presencia de materiales de origen islámico en Argaray  +, Entre el 2001 y 2006, se han descubierto otras dos necrópolis extramuros  +, El gobernador Uqba (734-741 se apoderó de numerosos territorios del norte peninsular y de la Narbonense, entre ellos Pamplona  +, Desaparecen armas y piezas indumentarias francas y aquitanas, y aparecen hasta siete anillos con caracteres cúficos arcaicos  +, Los hallazgos de la Casa del Condestable vienen a dar un contexto arqueológico preciso  +, Necrópolis de Saratsua es de momento algo posterior a las que reflejan en el entorno de Pamplona la llegada del islam  +, Entrada en tromba del ejército franco en el 778  +, Carlos expulsó a los sarracenos de Pamplona  +, En el 738, frente a una población más partidaria de mantenerse bajo la protección islámica que de someterse a los francos, las tropas de Carlos Martel arrasan Nimes, Agde y Beziers y derriban sus muros  +, Hacia el 803, diversas fuentes árabes hacen referencia a un ataque franco contra Tudela, posición fortificada en esos años por Amrus ibn Yusuf, muladí de Huesca que gobierna la Marca Superior  +, En el 806 navarros y pamploneses, de quienes se dice que en años anteriores se habían pasado a los sarracenos, son acogidos a la protección carolingia  +, En el Pirineo central un conde Oriol muerto en el 809 gobierna fortalezas en la ruta de Huesca en nombre de Carlomagno, y aun en el 811 hay un ataque franco a la misma ciudad  + y En el 812, firmada una tregua entre el emir y el emperador, Ludovico Pío se presenta personalmente en Pamplona y muy probablemente pone en pie un condado  +
Place Plaza del Castillo  + y Casa del Condestable  +
Time Tardoantigüedad  +, Siglo viii  +, Siglo x  +, Siglos vi y vii  +, Horquilla 650-770  + y 770-990  +
Topic Arqueología monumental  +, Escenarios del poder  +, Planta del Leire prerrománico  +, Ínfimo patrimonio de San Salvador de Leire, Santa María de Irache o la catedral de Pamplona antes del año mil  +, Obispado y a sus vinculaciones con la aristocracia tarraconense en época visigoda  +, Facción witizana  +, Dos generaciones que siguieron a la irrupción de los árabes  +, Aristocracias hispanogodas  +, Lazos de sangre y de interés político que ignoran la barrera de la religión y generan solidaridades contra poderes externos  +, Emirato de Córdoba  +, Imperio carolingio  +, Siglos viii y ix como cápsula hispano-goda  +, Banu Qasi es una familia mediocre que en absoluto controla el vasto territorio  +, Siglos viii y ix  +, Arqueología funeraria de Pamplona altomedieval  +, Argaray cementerio franco de Pamplona  +, Armas y adornos de origen norpirenaico  +, Facies arqueológica característica de la Vasconia peninsular  +, Ajuares y depósitos funerarios de armas merovingias y piezas de adorno y ostentación de origen aquitano  +, Anillos sello y restos de anillo con la inscripción «en el nombre de Alá» en caracteres cúficos  +, Felús del periodo de los gobernadores  +, Tumbas de cronología tardorromana y germánica  +, 190 enterramientos correspondientes a una comunidad estable  +, Esqueletos con herida de combate aparecen dispersos, como testigos de una actividad militar extendida en el tiempo, y no de un episodio bélico concreto  +, El de Pamplona el cementerio musulmán con cronología verificada más antigua de la península ibérica  +, Noticias referidas al gobernador Uqba (734-741)  +, Maqbara de Pamplona de mujeres en proporción casi igual a la de los hombres  +, La necrópolis de la Casa del Condestable continúa en uso tras la llegada del islam  +, Necrópolis de Saratsua  +, Fosa con laterales formados con lastras y cubierta de losa o losas  + y Se incluye entre los marcadores de estatus de las tumbas cristianas piezas evidentemente vinculadas a las gentes y a las imágenes del poder musulmanes  +
Z.author Ibn Hayyan  +, Lévi-Provençal  +, García Gómez  +, C. Sánchez-Albornoz  +, J. M. Lacarra  +, Á. J. Martín Duque  +, Menéndez Pidal  +, Jesús Lorenzo  +, J. Navascués  +, Magrebí Ibn Idari  +, Al-Maqqari  +, Fath al-Ándalus  + y Aebischer  +
Z.title Vida de Mahoma que Eulogio de Córdoba encontró en Leire  +, Anales de Eginhardo  + y Tardíos Anales mettenses  +
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