Lakarra2013

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Tabla de contenidos

  • Gramática histórica vasca o vasco-iberismo
  • Joseba Andoni Lakarra Andrinua
  • Palaeohispánica: Revista sobre lenguas y culturas de la Hispania antigua, ISSN 1578-5386, Nº. 13, 2013 (Ejemplar dedicado a: Acta Palaeohispanica XI: Actas del XI Coloquio Internacional de Lenguas y Culturas Prerromanas de la Península Ibérica), págs. 567-592
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INTRODUCCIÓN: RECONSTRUCCIÓN DEL PROTOVASCO Y COMPARACIÓN

La reconstrucción estándar del PV (Mitxelena 1957), coronada por la FHV es mixta —comparada (no genética) en el léxico latino-románico n1 e interna (vocabulario patrimonial)— y cumple con creces el objetivo de toda reconstrucción científica: pone las bases de la labor principal del lingüista histórico, i.e., la explicación de la hª de la lengua desde el PV a las etapas más recientes. Los centenares de etimologías, leyes fonéticas, cronologías relativas o diversas soluciones e ilustraciones de múltiples fenómenos antes desconocidos o inexplicados dan testimonio más que suficiente de ello. En cambio, no ocurre lo mismo con el conjunto de hipótesis vertidas sobre su- puestos parentescos de la l.v. Las teorías clásicas y otras propuestas más recientes como el Vasconic de Vennemann (cf. Lakarra 2013a), por diferentes que sean entre sí, comparten una característica que las hace inútiles, cuando no contraproducentes, para la labor del vascólogo. No me refiero a que las comparaciones tengan errores via malos análisis, significados incorrectos, formas modernas o inexistentes, no uso del PV reconstruido o de la documentación disponible, olvido de las leyes fonéticas... —cuando no desconocimiento activo de las mismas—, etc.; i.e, los típicos errores, abandonos o sabotajes del método comparado que Campbell 1998 y otros han mostrado en tantas ocasiones a lo largo y ancho del planeta, principalmente (aunque no de manera exclusiva) en las tradiciones diacrónicas menos desarrolladas o manifiestamente subdesarrolladas. En realidad, hay un problema de objetivos y de métodos asociados a esos objetivos, no sólo de mala praxis. Por abreviar, considero que para el diacronista la clasificación de lenguas no es un objetivo en sí misma o, si se quiere, que tal objetivo es sólo un primer paso en la búsqueda de otro mayor y más propio. Pienso como Meillet, Watkins y aquellos que han reflexionado sobre su metier que nuestra meta es la hª de las lenguas, la explicación dia- crónica de los sistemas estudiados (cf. Thomason 1993, 494). Pues bien, este no ha sido el planteamiento de ninguna de las citadas hipótesis de parentes- co, que no han colocado entre sus objetivos la reconstrucción del PV, ni mucho menos se han planteado que su labor sirva para trazar la diacronía de la l.v., limitándose a hacer entrar a esta en sus propias construcciones — grandiosas o megalómanas según el ajustado título de Matisoff 1990—, de las cuales el estudio del vasco no recibe ningún beneficio en particular.n2 No exagero al señalar que no conozco ningún avance, ningún problema real anteriormente existente resuelto por algún partidario de tales hipótesis genéticas, ni siquiera por reconstructores internos que se basaran en la labor de tales comparatistas.n3 Esto puede percibirse fácilmente con pasar los ojos por las páginas del diccionario de Agud y Tovar, el cual recoge prácticamente todo lo escrito hasta los ’80 del s. pasado: elimínese de ahí lo debido a Mitxelena y se verá de qué hablamos realmente. Esto provoca que las diversas propuestas sobre parentesco lingüístico pertenezcan más a la historia de las ideas lingüísticas que a la gramática histórica (GH) del vasco.

n2 Compárese la carta de Mitxelena a Holmer sobre Bouda, citada en L 2011b, 619-620.

n3 Es algo que hemos tratado de poner de relieve en un trabajo reciente (Gorrochategui y Lakarra 2013), dado que, al parecer, es hacedero formular —con el tiempo y la “abstracción” necesarias sobre las historias reales de las lenguas— listas de reglas evolutivas aparentemente perfectas entre dos lenguas cualesquiera. La publicación de un larguísimo ensayo “demostrativo” de la pertenencia del vasco a la familia IE (Forni 2013) en una revista internacional de lingüística IE (no en alguna vascológica) le lleva a uno a dudar del conocimiento y respeto de “las reglas del juego” (cf. Mitxelena 1963), precisamente en la disciplina que está cerca de cumplir su 2º centenario como faro de la lingüística histórico- comparada. Pero dejemos que cada cual entierre a sus muertos.

[...]

SOBRE EL VASCO-IBERISMO “DURO”

Son suficientemente conocidos los orígenes de la teoría v.-iberista, i.e., del supuesto parentesco genético entre las lenguas vasca e ibérica Aun si con el paso del tiempo la teoría fue depurándose de elementos extralingüísticos, rastros de estos y condicionantes derivados del escaso conocimiento de los corpora disponibles en cada momento han determinado los análisis sucesivos. El v.-iberismo es anterior al desarrollo de la lingüística histórica en general y de la GH vasca en particular, y hasta fecha reciente y aún hoy en oca- siones se han repetido argumentos y supuestos cognados incompatibles con aquellas; paulatinamente, muchos de ellos han ido decayendo, bien por no parecer atractivos para explicar los textos ibérico, bien por avances en la GH o en la historia del léxico vasco Que Schuchardt no contribuyó a consolidar la hipótesis del parentesco lingüístico v.-ibérico parece claro para quien considere tanto su enorme fias- co reconstructivo como su capacidad para compatibilizar tal creencia con la hipótesis v.-caucásica y la v.-hamítica, circunstancia que no podía ayudar a que un comparatista coherente tomara en serio ninguna de ellas. En los trabajos de los 50, encaminados a la reconstrucción del sistema fonológico PV el testimonio ibérico es absolutamente marginal y conducente en todo caso a reforzar la argumentación conseguida por medio de la compa- ración intravasca (Mitxelena 1961, 18); en la 2ª ed. (cf. 1977, 462) la opción por la abstención es manifiesta. Es claro, por tanto, que la deuda de la GH vasca, realmente existente con la lingüística ibérica y el vasco-ibérico en general es simplemente nula.n4

n4 En 1980 Verd S.J. planteó la defensa del v.-iberismo —de capa caída desde hacía mucho tiempo— a partir de un “experimento mental” aparentemente muy meditado y contundente... ¿quién sería capaz, venía a decir, de reconocer la relación genética realmente existente entre el latín y el francés, en idénticas condiciones a las que se ven abocados los partidarios de la v.-ib.? Si bien la parábola puede llevarnos a considerar poco gloriosa o escasamente emocionante la tradición románica de lingüística histórica-comparada (cf. Chambon 2007), no debería, en cambio, hacernos olvidar las bases mismas del método: no buscamos similitudes superficiales sino correspondencias, no analogías sino homologías y, por tanto, a un romanista “de raza” (como diría Tovar) le sería suficiente con constatar que en lat. y en fr. hay m- : m-, t- : t- y s- : s- en los posesivos, p.ej., al igual que en su momento fue suficiente hallar nom. -s : acus. -m en los masculinos (pero no en los neutros) para determinar que la lengua de los textos hititas entonces a examen era IE y no otra cosa (cf. Mitxelena 1964).

SEGUNDAS Y TERCERAS TRINCHERAS

Durante el último tercio del s. XX se da lo que puede entenderse como una retirada a la 2ª trinchera de la teoría, es decir a la explicación de las similitudes vasco-ibéricas, pendientes después de las podas anteriores, mediante el préstamo en el léxico o el recurso a la lingüística areal por lo que toca a rasgos estructurales (fonológicos y gramaticales); cf. Mitxelena 1979, 339, y De Hoz 2011, 360:

Aunque el esbozo de morfología aquí expuesto podría hacer sospechar la existencia de parentesco genético, si emprendiéramos el siguiente paso, es decir, la búsqueda de posibles cognados entre elementos léxicos, nos encontramos con que en todos los casos de equivalencia propuestos hasta ahora las formas ibé- ricas resultan ser idénticas a las reconstruidas para el protovasco, cuando no a las del vasco a secas. De ello resulta que no ha sido posible hasta ahora proponer ni una sóla ley fonética que explique la evolución del ibérico o el protovasco desde su supuesto antecesor común, con lo que la única solución posible sería que el ibérico es el protovasco,n5 lo cual, evidentemente, es una reducción al absurdo. Por tanto, la única explicación para esos posibles cognados, en el caso de que efectivamente lo sean, es el préstamo lingüístico (Orduña 2006, 444-445; la cursiva es mía).

n5 Más precisamente, no sería PV, sino un estado de lengua posterior, en ocasiones muy posterior, lo que reduce drásticamente, si no elimina, toda verosimilitud de la comparación por lo que toca a la parte ibérica. Alternativamente, carece de toda base la suposición de que las protoformas correspondientes al 2º milenio a.d.C. no hubieran cambiado un ápice en 3000 años y más.

Creo que es ésta la explicación estándar y me gustaría hacer un par de observaciones al respecto antes de irnos a otros temas. Por una parte, —y es innecesario citar abundante bibliografía que el puro sentido común sustituye holgadamente—, sólo podemos hablar de préstamo de manera significativa y razonable en una situación de contacto intensa y extensa, de presencia de grupos poblacionales numerosos y permanentes, no de viajeros y comercian- tes ocasionales. Por otra, es sabido que la teoría de J. de Hoz adjudica a la ibérica un carácter de lengua vehicular en la mayor parte del extenso territorio cubierto por tal escritura, quedándole como 1ª lengua sólo uno bastante más reducido y alejado de la extensión verosímil de las hablas vascoides, lo que rebaja mucho las expectativas sobre la potencialidad explicativa de cualquier hipótesis basada en el contacto. Desde luego, tal teoría no es el argumento único ni principal para rechazar propuestas concretas de préstamo, como la de los numerales o hiri, etc., que deben ser analizadas individualmente y con todos los datos disponibles de la GH y de la filología vascas. Como es claro (cf. Campbell 1998), la explicación interna de tales voces —si v. bost/bortz se analiza *bor-tz, difícilmente puede venir de borst, ni football de fútbol— y los problemas de toda índole presentadas por las candidatas ibéricas sí resultan dificultades insalvables a tales efectos; consideraciones sociolingüísticas basadas en la superioridad cultural o de otro tipo del ibérico (pero cf. Oroz 1981) no añaden un ápice de verosimilitud a las puras homofonías.n6

n6 No es sólo ni principalmente (aunque tampoco ayude) la distancia geográfica la que imposibilita achacar al préstamo las similitudes existentes entre formas gr. ant. y el hawaiano (cf. Trask 1996) o entre v. elkar (< *har-k-har) ‘uno al otro’ y hol. elkaar (< elkander : al. einander : ingl. one + other), v. umerri ‘oveja joven’ : acadio immeru, etc.

n6 Recuérdese la “loi Meillet”, base del método: “en matière de parenté des langues les ressemblances extérieures n’ont aucune valeur et que le seul élément probant est l’existence de correspondances régulières : primat, donc, des séries sur les mots isolés, en même temps que reconnaissance du fait que le linguiste de métier doit s’en tenir scrupuleusement aux lois phonétiques, au lieu de se complaire dans les étymologies “au petit bonheur” qui font la joie de l’amateur” (de Lamberterie 1998, 881).

Incidentalmente, en lo que toca al análisis del supuesto préstamo masivo de numerales en vasco vuelvo a recordar, pues me parece insólito que ni siquiera se aluda a ello, que 2000 años de contacto intenso y extenso con la lengua latina en el territorio de habla vasca no parece haber dejado en los numerales rastro alguno por debajo de mila.n7 No es inverosímil que el PV y el ibérico no estuvieran en contacto real y significativo más allá de alguna estancia ocasional en Vasconia de algún mercader procedente del Mediterráneo, con hablantes de ib. y vasco asentados en porciones significativas de los respectivos territorios (suponemos que no coincidían) por periodos de tiempo amplios (durante generaciones) y en cantidades relevantes. Parece que pruebas de algo similar faltan fuera de determinadas zonas de las actuales Alicante y Valencia. No hay razones para descartar que entre la zona de habla íb. y la de habla v. hubiera otras diferentes —como sugiere de Hoz 2013— sobre cuya adscripción no creo que se sepa mucho ahora y, por des- gracia, tampoco en el futuro de no producirse un absoluto vuelco en la cantidad y calidad de los testimonios. En este marco, —de manera previa a la respuesta que la GH vasca pueda dar a todas y cada una de las “propuestas” concretas de estos últimos siglos— la hipótesis de préstamo masivo o simplemente relevante desde el ib. es inverosímil o improductiva.n8 Por fin, a todo lo anterior ha de añadirse un casi total desconocimiento de los significados y funciones de los morfemas ib., cuestión señalada una y otra vez por Mitxelena desde sus primeros trabajos en los ’50.

n7 Tampoco hay rastros de préstamos celtas —descartado el hogei ‘20’ que se hacía venir de formas neocélticas, como si ambas lenguas o familias permanecieran inalteradas 1500 años después de su contacto— o germánicos: ehun ‘100’ tiene problemas más que suficientes desde el estricto punto de vista germánico. Cf. Mitxelena 1964 y Gorrochategui 1987.

n8 Cf. “tienen que darse, por fuerza, buen número de homonimias y de cuasi homonimias entre dos lenguas de fonología tan semejante en apariencia, sin que ello prejuzgue nada en cuanto a la corrección de la comparación” (Mitxelena 1973, 339). Id. 1979, 347 y 355.

DE LINGÜÍSTICA AREAL

La explicación por contacto y, aun más, por efecto de un area lingüística (AL) de las supuestas similitudes entre vasco e ibérico constituye en mi opinión un caso evidente de “wishful thinking”. Tal hipótesis difícilmente puede cumplir con el requisito básico del constructo, i.e., la discriminación de los rasgos adquiridos por las distintas lenguas a partir de la época de contacto: ni el consonantismo, ni el vocalismo, ni la morfología de ambas (particularmente el de una de ellas), nos son tan conocidos que podamos diferenciar entre lo que cada cual traía de la protolengua o de las etapas previas al contacto —absolutamente indefinido en la bibliografía— y lo adquirido tras y mediante tal contacto.

Hay, sí, una serie de consideraciones negativas inexcusables: tal AL sería, si no la única en el mundo con sólo dos integrantes —compárense la india, la centroamericana o la más restringida balcánica—, una de las más débiles y menos interesantes.n9

n9 Cf. Campbell 2006 sobre “rebajas” en las exigencias de la definición de AL, riesgos de banalización y (escasa) posibilidad de diferenciación respecto al simple préstamo.

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Hubo con seguridad bastantes más lenguas en la Península pre-IE, pero no tiene mucho sentido consolidar un concepto tan problemático como el de área lingüística (Thomason 2001) con seis o sesenta lenguas cuya característica más destacable consiste en no haber dejado rastro alguno.

En situaciones de AL, en cada lengua implicada suelen observarse con el tiempo dos dialectos diferenciados: el afectado por el contacto y el otro (cf., p.ej., el clásico ejemplo indio de Gumperz y Wilson). Nada de esto se ha sugerido en v. ni en ib., que sepamos; no hay ni siquiera rasgo alguno que dependa de ese contacto, por lo que quizás sea mejor seguir hablando de puras “coincidencias” o “similitudes”. Tampoco es impresionante el número y calidad de esas coincidencias y similitudes, tanto más siendo conscientes de que el conocimiento de la fonología del v. entra de lleno en la definición de (i.e., modela) la del ib. Veo cierta tendencia a cargar las tintas en parecidos quizás irrelevantes y otra mayor a olvidarse de diferencias muy pertinentes como la presencia de /h/ y de oclusivas aspiradas en inicial en PV, frente, al parecer, nada similar en ib. o la existencia en este de oclusivas finales (M 1979, 343), más lo que se esconda tras la Y, características sin paralelos en vasco.n10 Encuentro tal AL muy lejos de cumplir con las exigencias mínimas habituales: número de lenguas implicadas, separación entre coincidencias banales o debidas a (cuasi)universales o a rasgos comunes presentes en otras zonas y las realmente significativas, diferencia clara entre rasgos heredados y adquiridos tras el contacto, relevancia estructural de los mismos, etc.

n10 Muchas -h- y algunas h- (< *h3-2) históricas vienen de -n- lenis; en estas no es suficiente suponer *PV-Ib. *h > ib. ø, o que *PV-Ib. *ø > V h, en condiciones absolutamente imposibles de predecir. En estos casos no entiendo cómo en ib. no hay -n- o lo que toque a V. *-n-, no ø, a no ser que debamos asumir (/p/) ø > -n- en PV o v. ant.

Resumiendo, es posible que estemos hablando de unos cuantos (supuestos) préstamos ¿una docena?: hace tiempo que se señaló, p.ej., que berri es un término vasco absolutamente integrado en la lengua, no perteneciente únicamente a su onomástica.n11 La mayor parte de los otros candidatos a préstamo (antes a cognado) han ido desapareciendo de la bibliografía, fuera por complicaciones de forma, sentido y/o cronología en la parte vasca, fuera por no estar asegurado el análisis o por ser dudoso el significado en la parte ibérica.n12 Nos movemos, siento decirlo, en el reino de la homofonía o bien demasiado cerca de la misma.n13

n11 Ahora añadiríamos que es uno de tantos adjetivos formados con -i de participio (cf. gorri, etc.) sobre la típica estructura radical CVC de los lexemas PV ant.

n12 Cf. “El balance de lo que sabemos sobre el léxico ibérico es resumible en pocas líneas. Hay algunos términos repetidos con frecuencia suficiente como para que podamos identificarlos como tales, sin que ello nos permita presumir siquiera su significado (...) En un reducidísimo número de casos los soportes y el contexto de uso de un término proponen, siempre con cautela, si no una traducción estricta al menos una atribución a un campo léxico. Es el caso de ekiar, ilti’, seltar y eban” (De Hoz 2011, 323).

n13 De la homofonía imperfecta, incluso; sin recurrir al v. ehun ‘100’ : ib. ATUN ‘id’ (Ferrer 2009), tenemos una larga lista de voces en los supuestos numerales ibéricos que “suenan” casi como los vascos; lo importante no es el casi, si no la imposibilidad (reconocida por Orduña 2006 supra) de establecer leyes fonéticas entre ambas lenguas y las dificultades crecientes de integrar tales aparentes similitudes en la gramática histórica de la l.v., empezando por lo que sabemos de su cronología.

AVANCES EN LA GRAMÁTICA HISTÓRICA VASCA Y VASCO-IBERISMO

Quiero referirme a unos pocos temas abordados por la investigación reciente que tal vez interesen a los colegas iberistas, sobre todo ahora que parecen aumentar los partidarios de la hipótesis “dura”, i.e., de la relación genética entre v. e ib. Aunque el chiste sobre la lengua que más ha cambiado los últimos 20, 30 ó 50 años suele aplicarse al IE, también el PV y la hª y prehª del v. van cambiando, bien que no al mismo ritmo por razones demasiado conocidas. No abordaré cuestiones relacionadas directamente con la forma canónica de raíces y morfemas, de las cuales he tratado en anteriores congresos, sino que me limitaré a dos temas puntuales (aunque no menores) y a otro más general. Me refiero a los diptongos y la aspiración por un lado, y a la cronología y periodización (PV / VCA / dialectos) por otro.

5.1. En un artículo cuya relevancia en la dialectología diacrónica vasca no ha menguado más de tres décadas después de su publicación, Mitxelena 1981 estableció que los dialectos vascos no vienen del PV sino del Vasco Común Antiguo. Las consecuencias de dicha conclusión distan de estar agotadas, de manera que, entre otras tareas pendientes, nos queda la revisión de varios aspectos de la reconstrucción mitxeleniana, incluso de su magistral FHV.

“Los diptongos que son comunes a todas las variedades conocidas de la lengua y que se pueden postular como mínimo para el protovasco son au, eu, ai, ei, oi (FHV 87)”. Así comienza el cap. sobre diptongos de 1961, repetido en 1977, sin añadido o cambio por lo que toca a la cuestión del inventario.14 Sin embargo, a partir de la asunción del VCA —situado por M 1981 hacia los ss. V.VI—, tal fórmula es errónea y ha de ser revisada. Es claro que si los dialectos vienen del VCA y no del PV moderno tales diptongos pertenecerían como mucho al VCA y no (al menos no necesariamente) al PVM.

n14 Son las dos únicas ediciones del libro en vida del autor; posteriormente y antes de las OOCC (Lakarra y Ruiz Arzalluz 2011-12) se han efectuado reimpresiones que no aportan nada nuevo a este respecto. En la 2ª ed. se incluyen interesantes notas sobre la debilidad de los diptongos (sobre todo en inicial seguida de sonante + consonante (tipo aulki ‘silla’ > alki, etc.) y el solo aparentemente contradictorio aumento de los mismos en los últimos siglos. ActPal

Por otro lado, las famosas alternancias i- / u- no definen unidades adicionales del PVM como algún reconstructor mecanicista pudiera pensar, sino que provienen (y no en primera instancia) de un diptongo (*eu), sin que ni siquiera este sea VCA y, mucho menos PVM: cf. u/il(h)e < *e-non-le, e-/i-/urten (< egor- ten), (e)utzi/eitzi/itxi (< *e-dutz-i), etc.


Mitxelena no estudió las innovaciones que su nueva propuesta presenta sobre el PV, sino que se lanzó directamente con ayuda de la teoría de Barbero y Vigil a la búsqueda de escenarios históricos apropiados para la aproximación de hablas anteriormente más diferenciadas que veía como necesario origen del mismo. En mi opinión, con independencia de que el modelo histórico elegido no goce actualmente de gran predicamento, y previamente a toda otra consideración, es claro que debemos justificar el VCA como se haría con cualquier otra propuesta de protolengua adicional: por sus innovaciones respecto a la fase anterior. Los cambios relacionados a continuación pueden ser algunas de ellas.


INNOVACIONES DEL VASCO COMÚN (Lakarra 2012a)

A. FONOLOGIA:

  • 1) T- > D- ;
  • 2) *-n- > -h-;
  • 3) VV nasales;
  • 4) Diptongos;
  • 5) *-n- > -n;
  • 6) *-r > -h;
  • 7) *hVh > øVh (y *hC > øC);
  • 8) *e- > j / __ V;
  • 9) *d1 > ø / V __V;
  • 10) a – o > o – a en temas verbales;
  • 11) -n > -r / __#;
  • 12) *b-, *k- > ø-;
  • 13) -l- > -r-;
  • 14) -i/-u > ø / __#;
  • 15) -V3 > ø / __ #

B. MORFOLOGIA:

  • 1) *lVC > -la:
  • 2) -n > -ø (jo, lo);
  • 3) -o > -a /— #;
  • 4) -tze en el nombre verbal;
  • 5) *ezan Aux.;
  • 6) pl. -z(a;
  • 7) pl. SN -aga;
  • 8) -tzai en nombre verbal;
  • 9) -kidi;
  • 10) pl. SN -eta

Como se ve,n15 la mayor parte de los diptongos presentes en las formas históricas de las voces vascas no son PV —la inmensa mayoría ni siquiera VCA— y, por tanto, la posibilidad de que cualquier voz que los contenga pertenezca en esa forma al PVibérico (o a préstamos ib. al PV) es punto me- nos que inverosímil.n16 Argumentos como el de Orduña para mostrar la anti- güedad de -ei no son muy convincentes: entre los diptongos finales que no han experimentado cambios y que probarían la antigüedad de los de sei y hogei se encuentran bei ‘vaca’ (< *-h-), dei ‘llamada’, gei ‘más’ (< *-h-), lei ‘3ª p. sing-hipot.-egin’ / ‘escarcha’, nei ‘1ªp.sing-hipot.-egin’, mei ‘fino’ (< mehe), bei- ‘abajo’ (< behe), etc., que (como otros que M cita para inicial absoluta) son claramente modernos y debidos a caídas de sonoras intervocálicas o de -h-, cuando no a resolución de hiatos posteriores.n17 No veo que Cei- tenga a estos efectos una antigüedad muy superior a -Cei.

n15 Cf. Mitxelena 1970 sobre la alternancia en inicial de urten/irten/erten ‘salir’ (~ N, L, etc. egorten < egorten). La explicación (< *ei < *eu < *e.o < *eCo-) con diptongos occiden- tales a partir de hiatos posteriores a la ruptura del VC, sirve para otros como u-/intsaur ‘nuez’, u-/il(h)e ‘pelo’, etc., incluso para itxi/utzi, con una geografía de las variantes opuesta a la habitual, bien que la distribución de ule, untsaur o uzen ‘nombre’ (variante marginal, incluso en vizc. de izen), no coincida en absoluto.

n16 Me confieso orgulloso de haber contribuido a la “conversión” de E. Orduña puesto que sus argumentos a favor de la tesis dura son potencialmente más productivos para el avance de la reconstrucción del PV (y del propio ib., por supuesto) que no los basados en la teoría del contacto en cualquiera de sus formas. Espero poder rebatir sus argumentos próximamente con la atención que merecen; mientras tanto véase la n. 42.

n17 Naturalmente, sólo al sur de la frontera franco-española; ya para los 1ºs testimonios en navarro pero hacia el XIV en los territorios occidentales, Rioja o Burgos; también a partir del XIX en la costa labortana.

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5.2. Mientras que en Blazek 2007 (IE), Lynch, Ross y Crowley 2002 (austronesio) y Janhunen 2009 (urálico) encontramos escisiones bipartitas repetidas una y otra vez (de manera similar en el estema kartvélico reprodu- cido en M 1964), tradicionalmente los dialectos vascos —sean 8 (Bonapar- te), 12 (M) o 6 (Zuazo)— se suelen hacer derivar de un solo nodo originario indeterminado,18 con lo que todos ellos tendrían (cosa absurda e insólita) la misma cronología. La investigación sobre las innovaciones diferenciales más antiguas —las habitualmente utilizadas en otras tradiciones para definir la escisión dialectal— y, en general, sobre la historia —no coincidente— de las diferentes isoglosas, no está en absoluto adelantada y en demasiadas ocasio- nes se asume de manera pancrónica la clasificación moderna (cf. Urquijo sobre la procedencia de los RS de 1596 en Lakarra 2012a: §8.1). Parece claro que no perderíamos nada adoptando los criterios estándares de otras tradiciones más desarrolladas, dado que basándose en la escisión bipartita el estudio de la dialectología diacrónica, tanto en cronologías abso- lutas como relativas, en la relación entre cambios sociales y lingüísticos, en los diversos análisis fónicos, morfológicos, o en la philologie de précision reclamada por Meillet y Mitxelena (cf. L 1997a-b), etc. experimentaríamos un salto adelante innegable.

5.3. Echando un vistazo a la cronología de Guiter 1989 nos percatamos de que la sonorización de las oclusivas tras /l-n/ aparece datada entre los años 300-400, con lo que podemos hallarnos ante una de las 1ªs divergencias datables. Tal fenómeno se ha solido explicar como arcaísmo del S y R (sordas), frente a la innovación (sonora) de los restantes dialectos, pero ya el pro- pio M, sin mucho eco, desde luego, había planteado otra posibilidad en 1961:

Pero acaso se pueda suponer también que se trataba de un tipo de lengua en que la oposición quedaba suspendida en esos contextos, en los cuales las oclusivas se pronunciaban uniformemente sonoras (o lenes). En este supuesto, las nuevas formaciones y los préstamos que presentaban grupos formados por nasal o l + oclusiva se seguirían acomodando por bastante tiempo al tipo normal, siendo el roncalés y el suletino los dialectos que primero abandonaron esta práctica. Esto quiere decir, naturalmente, que alte y galte p.ej. eran palabras complejas que habría que analizar al-te y gal-te del mismo modo que según toda probabilidad igante era igan-te (FHV 355).

Hay argumentos adicionales a favor de la 2ª alternativa: a) la extensión dialectal, con el supuesto arcaismo en medio (la sonorización se da también en romance gascón y pirenaico)19 y las innovaciones comunes en las áreas laterales, contra toda lógica; b) si en vez de concebir la oposición como sorda/sonora la entendemos como fortes/lenes y tenemos en cuenta lo sucedido en las sibilantes —neutralización antigua a favor de las fricativas (= lenes) y occidental mucho más moderna a favor de las africadas (= fortes)—, lo que esperamos es que en las oclusivas la neutralización antigua se diera a favor de las sonoras (= lenes); c) “ley Trask” (cf. §7.2): en una alomorfía sonora/sorda (/ ø), lo antiguo es la 1ª; así tras /l, n/ no hay **hanti ni **alte en R y S, sino handi y alde, como en los restantes dialectos. Pues bien, de ser R y S los innovadores tendríamos probablemente ahí la 1ª innovación del VCA. n20

n18 Tradicionalmente (desde Oihenart), los diferentes dialectos corresponderían a sendas tribus (caristios, bardulos, vascones...); para una crítica véase Zuazo 2010. Tal cosa, que ya antes tenía problemas evidentes, deja de tener sentido tras Mitxelena 1981.

n19 Es insoslayable el análisis de Rohlfs 1977, §§445-451, sobre la evolución de las oclusivas en gascón y aragonés: allá donde en intervocálica no hay sonorización, encontramos p, t, k > b, d, g tras l,n,r salvo en final absoluta:

n19 Sur les versant français cette prononciation est presque générale dans les trois vallées de Barétous, d’Aspe et d’Ossau. Il y a encore quelques rares exemples (aude, croumba) dans les villages situés entre Oloron et Tarbes (v. Saroihandy, p. 20). Au nord de Pau ce fait semble aujourd’hui inconnu. En Espagne l’aire embrassant ce phénomène est beaucoup moins étendue (§450)

n19 No sólo esto, sino que se da ld, ng, mb > lt, nc, mp en una amplia zona: valles de Lavedan, Bigorra y Aure en los Pirineos, hasta Aquis y más allá al norte y en las Landas casi al completo en el Golfo. Dado que esto se explica como hipercorrección, Rohlfs concluye con Saroihandy que la sonorización es “influence de l’ancien substrat indigène”. Por tanto, sean innovadores o arcaizantes R y S —y hay bastantes probabilidades de lo 1º—, puede que las diferencias en el tratamiento de las oclusivas tras l-n sean suficientemente antiguas e importantes para diferenciar el v. oriental del centro-occidental; además, según esa cronología la rama oriental sería la más antigua, diferenciándose a su vez tempranamente en ella R y S (cf. Camino 2011, 2013).

n20 Alternativamente, si queremos conservar para el VCA la periodización mitxeleniana, S y R deberían quedar al margen del mismo, como, —M lo señala explícitamente—, quedaron variedades pirenaicas, aquitanas u otras.

5.4. Por lo que toca a la /h/ no me extenderé pues he tratado de ello en detalle en otros lugares (L 2008c, 2009c, 2010, 2012d, 2013f, en prep.): el acercamiento más rentable consiste en suponer que la aspiración es etimológica, sin que por ello debamos reconstruir en PV *h para todos los casos y no *n o *r; cf. Janhunen 2007 para el protourálico y otras familias. Tampoco pueden obviarse hh adventicias como la de harma y quizás una docena más de préstamos, en general recientes (las de harroka y hezkabia fueron ya explicados anteriormente); nadie ha señalado una sola h adventicia en términos patrimoniales. La aspiración no es algo que pueda despreciarse alegremente como hicieran Schuchardt y seguidores, los comparatistas à la Bouda (cf. M 1950a) o el Tovar de la glotocronología (¡1961!)... Afirmaciones como la de Gavel 1920, (cf. L 2009c) en el sentido de que no ya en PV, sino incluso en los dialectos meridionales, no habría estado presente tal fonema y que en los septentrionales representa una innovación tardía están más que anticuadas.

Mitxelena 1957 sostuvo que la /h/ pertenecía, al contrario que /m/, /f/ o las palatales, al sistema PV, siendo la única C al margen de la oposición for- tis/lenis que propuso Martinet para las oclusivas y extendió M a sonantes y sibilantes. Respecto a las /h/ presentes en aquitano, v. medieval y mod., M estableció 4 posibles orígenes para ellas:

  • a) fortes iniciales,
  • b) n intervocálicas,
  • c) f- lat.-románicas y
  • d) h protov. n21

n21 Sobre la última véase Janhunen. A pesar de que Trask 1997 señala que se propone volver al modelo de M 1961-77 retirándose de determinadas heterodoxias de su trabajo de 1985, es evidente que tal voluntad no reza con la aspiración, punto en el cual su acercamiento es justamente el opuesto al de M: mientras éste recurre al acento para explicar la caída de aspiradas a su derecha, Trask considera que la aspiración es un epifenómeno del acento o que cumple una función antihiática, lo cual en absoluto se compadece con los hechos.

Estas 4 fuentes explican la inmensa mayoría de las /hh/ vascas; sin embargo, son las otras, las consideradas “adventicias” o “no-etimológicas” las que han atraído mayor interés por parte de los investigadores, sobre todo el de los que preferían no tener un obstáculo adicional para la comparación del v. con otros idiomas como, p.ej., el ib. En la propia FHV se emplea más espacio y esfuerzo en señalar las irregularidades y las hh adquiridas “indebidamente” que a otra cosa. Ahora bien, es necesario reconocer que la principal preocupación de Mitxelena no eran tanto las adventicias como las mucho más numerosas caídas de hh etimológicas:

“El texto parece dar a entender, erróneamente, que el número de los casos de discrepancia respecto a la aspiración es más bien pequeño” (FHV, 525), añadiendo inmediatamente que “sin ánimo de ser exhaustivo, algunos otros razonablemente seguros en que son siempre las formas complejas, más largas, las que carecen de h”.n22

n22 La cursiva es mía. Se refiere a alba-, are, anartean, etc., de ahal, har-, han, etc. Igartua 2001 llevó aún más adelante el planteamiento mitxeleniano, relacionando (des)aspiración y (evolución de la) estructura de la raíz PV (= L 1995ss).

Es ese alejamiento del acento lo que explica gran parte de las caídas de antiguas aspiradas, a lo que hay que sumar la pérdida tardomedieval o moderna de las hh posteriores al ataque de la 2ª sílaba; entre ambos procesos explican la inmensa mayoría de las “contradicciones intrafamiliares”. n23

n23 V. Lakarra 2009c sobre hire / eure en las formas débil e intensiva de los posesivos de 2º grado: la 2ª, de *hi-haur-e, cf. FHV, es afectada por la disimilación *h...h... > ø...h... y la regla *-h... > ø... típica de las gramaticalizaciones y presente también en el resto de los grados del intensivo o en los artículos.

5.5. Además de hh etimológicas desplazadas de su contexto original (como las de *h2/*h3 > h1 *ehazur > hezur, *ehuskara > heuskara, arena > *areha > harea, azenari > *azehari > hazeari ‘zorro’, *elino > *eliho > *helio / *eriho > herio ‘muerte activa’), —de las cuales, por cierto, las dos primeras fueron así explicadas por Mitxelana 1950 aunque luego renunciara a ellas—,24 podemos dar por establecidas al menos otras tres procedencias de hh etimológicas, a sumar a las 4 conocidas hasta ahora:

  • 5) *-r > -h: hor ‘can’, -ara ‘en celo’ > *hohara > ohara ‘perro/gato en celo’, hor + alano > *hohalano > ohalano ‘dogo’, hor + -gi ‘materia’ > *hohgi > *ohgi > ogi ‘pan’; hur ‘agua’, arte ‘entre’ > *huharte > uharte ‘península’; hur + *bani ‘cortada’ > *huhbahi > ibahi > hibai ‘río’; hur + -bar ‘dentro, de- bajo’ > *huhbar > *uhbar > ubar/ibar ‘valle’.

n24 Pensó que de haber existido *h3 esta hubiera desaparecido rápidamente sin que le diera ocasión a desplazarse a inicial. Sin embargo, no hay razón para ello, pues la restricción **h3- es histórica (s. XVI) ni siquiera protohistórica ante los testimonios medievales.

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  • 6) gasc. h-: hobi, hodi, herabe, hein, hami;n25
  • 7) *hVR- > VRh: alhatu, elhe, olho, unhatu, orhoit entre los préstamos gasc., además de anhoa entre los antiguos e ilhargi, unhain, erho, ilhun, onherran, onhetsi entre los patrimoniales (L en prep.). v. alha < rom. hala, v. elhe < gasc. hele, v. onhest < honest, v. unhatu < huna, v. orheit < *horeit; cf. v. onherran, onhetsi, ilhun.

n25 En ocasiones el préstamo ha perdido en v. su h- originaria: erpin, eme (esta tiene variantes ya en gascón con y sin h). Sobre la relación entre este origen y la f- lat.-rom. véase Lakarra 2013f y en prep.

5.6. Sobre cronología relativa es mucho más lo que queda por hacer que lo ya acabado si estudiamos en detalle fenómenos como los relacionados, p.ej., en §5.1. Quiero citar sólo un caso de cronología absoluta para que nos demos cuenta de los amplios “márgenes de mejora” de los que aún disponemos: sobre -n- > -h- lo estándar es señalar que se había consumado para los 1ºs textos y no había empezado todavía en las últimas inscripciones aquitanas; una horquilla de unos 7 siglos, por tanto. Si nos fijamos en la propuesta de cronología presentada por Guiter 1989 siguiendo la clásica de Straka para los romances, vemos que -n- > ø (que habría que “releer” -n- > h y mucho más tarde -h- > ø) queda ubicado a mediados del siglo IV, muy a la izquierda de la horquilla mencionada. Ahora, si atendemos al testimonio protogascón (cf. Chambon y Greub 2002) podemos pensar que en su lengua de sustrato el fenómeno hubo de ser anterior al siglo V. Muy posiblemente incluso antes, dado que en aquitano, junto a SENI tenemos también LOHI, lo cual puede hacernos pensar que estaba ya en marcha.n26

n26 En una pieza ahora perdida de Veleia G. Nieto leía tanto SENI- como SEHI-, vide Gorrochategui 2009. En L 2012a y aquí en la n. 19 hemos recordado el valor del testimonio gascón sobre el carácter innovador o arcaizante de los grupos de l/n + sorda/sonora y cierto párrafo de FHV al respecto que no parece haber atraído la atención suficientemente, a pesar de su interés, p.ej. para la cronología de la conversión fortes/lenes > sordas/sonoras o para la 1ª escisión del VCA.

RETROCESO DEL VASCO-IBERISMO Y AVANCES EN GRAMÁTICA HISTÓRICA VASCA

Si tomamos una supuesta pareja como v. hiri e ib. ILI, ILTIR, etc. es posible que consigamos adelantar en la reconstrucción del PV o en la prehª de la lengua de una forma un tanto curiosa (cf. L 2010). En el caso de hiri las formas ib. no pueden explicar de ninguna manera la h- y sólo con ciertas manipulaciones la r. Olvidarnos del estéril ILTIR, IL(L)I nos lleva a preguntarnos por la relación entre hiri y el -(h)iri ‘cerca, próximo’, con valor 1º espacial y luego temporal; nos lleva también a explicar por qué si el vocalismo antiguo de la voz es *u – i tenemos i – i en todo el país, incluso en dial. vizc. como fase sparita, y, a continuación, por la raíz que nos queda tras descontar la -i de part. (cf. *nan ? nahi, goR + i > gorri, etc.). Ni hur ‘agua’ ni **hir parecen ayudar mucho a responder esas preguntas pero si *her ‘cerrar’ y su familia: hertsi ‘estricto, cerrado’, itxi ‘id’, etse ‘casa’, hertze, este ‘intestino’, etc. Si repasamos el Corominas-Pascual, s.u. cerca, vemos que, como en tantas ocasiones, la semántica histórica ha evolucionado de manera similar en v., en románico, en germánico y quien sabe cuánto más allá.

Hace más de 40 años que Mitxelena 1970 propuso explicar adin ‘edad‘ como *har ‘el, ella, lo’ + din ‘devenir’ (cf. berdin ‘igual’ < ‘*convertido en el mismo’, gordin ‘crudo’, etc.). Como coeditor de las OOCC del autor me es embarazoso reconocer que no encuentro un texto editado póstumamente — ¿sería en realidad un comentario oral?—, en el que M señalaba las desastrosas implicaciones de tal etimología para la comparación v. adin : ib. ADIN. El asunto tiene más interés que el historiográfico dado que adin < *hardin se incluye en una serie cada vez más larga de voces con estructura hVr que en composición se convierten en V- o Vh- ante 2ºs miembros que comienzan por C- o por V-, respectivamente (cf. §5.5).n27 A esto quizás hubiéramos llegado sin necesidad de adin y, desde luego, de ADIN, pero es lástima que Mitxelena no tirara más del hilo: si no hubiera llegado sólo con ese ejemplo a añadir una clase entera de haches etimológicas a las señaladas en FHV, al menos le hubiera resultado sencillo reparar en más casos, quizá en una docena adicional (Lakarra en prep.).

n27 En L 2012a he propuesto que ha de ser preaquitano si < OXSO > es identificado como suele (cf. Gorrochategui 1984) con otso ‘lobo’ < *hor-tz-so; cf. etse ‘casa’, atso ‘anciana’, etsi ‘desesperar’, ogi ‘pan’, etc., øVøC- < *hVh < *hVr); cf. L en prep.

Es más; sin salir de la familia léxica de har, hay suficiente base para dar con la 5ª h, i.e., *-r > -h, además de con la acción de la ley de Grass- mann (*h...h...> ø...h...) en su versión más antigua, dentro de la misma raíz,n28 no entre dos raíces como en ilherri, ilhotz de *hil-herri, *hil-hotz, bastante posterior. Me refiero a -ago de *har + go(n), otro comparativo creado al igual que adin de har + ‘V de movimiento’ (COME, PASS) como en otras lenguas (cf. Lord 1993).n29 No hay dificultad tampoco en segmentar y explicar el -aga que tantos quebraderos ha dado en la toponimia y morfología hist. v.: viene de *har-ga > *hahga > *ahga > aga y aglutinación al SN, con caída posterior de la -a (cf. eliztorre, etc.), o de cualquier -V en 3º síl.n30

n28 La diferencia entre Grassmann1 y Grassmann2 me fue sugerida por Ariztimuño 2011.

n29 No es solo ahí donde vemos en la comparación lexicalizaciones de verbos seriales: en la partícula baino ‘que’, tenemos -no (Heine y Kuteva 2002), como en -raino, zeno, etc.) añadido a ba-din ‘to come’. Sobre -so (< *san ‘TO SAY’) como antiguo comparativo de superioridad. V. Lakarra 2012e.

n30 Cf. Manterola 2008; dejo para mejor ocasión la cuestión del origen de -ga, que puede ser *gan, con eliminación de -n “de inesivo”, como en tantos otros verbos y sustantivos; cf. egu(z)-gi > eguzki / eki de egun, y -de ‘pl.’, citado en §7.2.

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GRAMATICALIZACIÓN Y AVANCES EN LA RECONSTRUCCIÓN DEL PV

7.1. El estudio de la gramaticalización —entendida como conversión de morfemas léxicos en gramaticales o de estos en más gramaticales—, se remonta al menos a Meillet, con aportaciones de diacronistas tan relevantes como Kurylowicz. A pesar de alguna duda sobre la direccionalidad del cambio (cf. Haspelmath 2004), —o sobre si se trata de un fenómeno únitario o dependiente de varios niveles de análisis—,n31 múltiples artículos, libros o congresos de las últimas décadas muestran el interés concedido por la lingüística histórica a la gramaticalización:

“it would seem that grammaticalization ‘theory’ provides the principal framework to account for the origin of and changes within grammar and hence a forceful tool for reconstruction” (Fischer et al. 2004, 1).

n31 Esto último, por cierto, difícilmente puede ser un obstáculo insalvable, sino más bien un pro, desde el punto de vista de cualquier aproximación holística (cf. Donegan y Stampe 2004 y L 2006a, p.ej.).


Si bien en la vascología no observamos un desarrollo destacable de la misma, la aplicación sistemática de una teoría que ha mostrado su eficacia en lenguas y familias de estructura y orígenes tan diferentes en cinco continentes puede suponer un salto adelante adicional, en alguna manera similar al de la fonología diacrónica en los 50, solidario con el estudio de la forma canónica y la tipología holística de los 90 y 2000.


7.2. En L 2008b utilicé la “Ley de Trask”n32 para investigar el origen del polimorfismo (-de/-te/-e) del pl. verbal, proviniente de *den ‘finish’.n33

n32 Cf. “(...) Finite forms are not part of my brief here, but I cannot resist pointing out that the existence of the competing forms -ki and -i suggests a common origin for both in an earlier *-gi. The splitting of an original *-gi, -ki and -i would strongly parallel the split of the plurality marker *-de into -te (as in dute) and -e (as in Biscayan dabe < *daue), with -de surviving in a few forms like daude (Trask 1995, 231).

n32 B. Ariztimuño y Bl. Urgell han reunido interesantes observaciones sobre la distinción daue / dabe- (zebe-, lebe-) sistemáticamente (3p.pl / 3p.s.) en Lazarraga. Partiendo del pl. *-de (cf. L 2008b) se explican fácilmente los otros alomorfos y también que no consonantice el hiato resultante: *dadude > *daude > dau.e (**dawe > **dabe).

n33 Ahí se trató también de la gramaticalización de *dar ‘SIT’ (> perífrasis imperfectivas), *nin ‘GIVE’ (> dativos, aux. de dat., etc.) o del *den ‘FINISH’ (> períf. perfectivas’); en Lakarra 2013d, además de *din ‘COME’, tratamos de la de conocidos verbos seriales como *don ‘TAKE’ y *san ‘SAY’.

Merece la pena combinar sus potencialidades con algunos avances de la investigación en gramaticalización recogidos en obras como Heine y Kuteva 2002. Lafon 1948, 202-3, señaló la relación semántica y formal de dos sufijos, -ti1 ‘ADJ’ / -ti2 ‘ABL’,n34 si bien no pudo dar una explicación principiada de la misma. Teniendo en cuenta formas sparita como hordi ‘borracho’, geldi ‘quieto’, handi ‘grande’ —más erdi ‘medio, mitad’ (v. nota 42) y, segura mente, irudi ‘parecido’—, es claro que era -di (no -ti) el alomorfo antiguo del suf. creador de nuevos ADJ y del de ABL: i.e., el suf. deriva del AUX intransitivo irrealis que anteriormente significó ‘convertirse’ o ‘(de)venir’.n35 Además, el significado ‘venir’ de *edin se ha conservado en jin, — lexicalización propia de las hablas orientales, completamente alejada de las formas sintéticas de *edin, las cuales carecen de formas nominales— y existe media docena de casos de *edin cómo V principal significando ‘convertirse’ (L 2006b).


n34 Más precisamente, “prosecutivo” en v. ant., como todavía en vizc., alavés y (en parte) guip. arc. y ant., que poseen un ABL específico, -rean, cuyo origen —genitivo + inesivo— fue señalado por M 1981; su transparencia hace difícil concederle una gran antigüedad y es verosímilmente posterior a la primera escisión dialectal.

n35 De manera similar en las lenguas del Himalaya, sin categoría independiente de ADJ (cf. Genetti 2008), carencia compartida por el PV más antiguo (cf. L 2006a) pero no por el v. histórico o algunas lenguas tibeto-birmanas modernas como las tani (cf. Post 2006), las cuales han desarrollado un adjetivo desde el V, el cual modernamente se halla mucho más cerca de N (como señalaba Humboldt para el vasco: c.p. de R. Gómez). Es notable que en la terminología de los colores, —campo situado jerárquicamente muy arriba entre los adjetivos—, se den las cuatro alternativas a la inexistencia de tal categoría establecidas por Dixon 1977: participios, derivados, relativos y préstamos; cf., empezando por los más básicos, bel-tz, zur-i, goR-i, hor- i, de *bel, zur, gor y hor, más urdin (< *hur + din) y berde, azul, marroi o gris, etc.


7.3. Obsérvense dos entradas del lexicón de la gramaticalización de Heine y Kuteva 2002:

[...]

Viendo lo anterior, ¿cómo no reparar en el -di de nombres de animales como zaldi ‘caballo’, ardi ‘oveja, pulga’, ahardi ‘verraca’ o idi ‘buey’?36 Este último tiene un detalle (-C > ø) de importancia; Ariztimuño (c.p.) sugiere una reduplicación: cf. *dar > adar, *der > eder, etc. Recuérdese que en muchas lenguas tal técnica es utilizada profusamente en la formación de nombres de animales: sin salir del v. tenemos ahardi ‘tabla’ (*nar-di ?? *anar-di, cf. ohol < *onol < *nol, ihintz ‘rocío’ < *inin-tz < *nin, etc.), zezen ‘toro’ y *zon > zozo ‘tordo’, cuya falta de -C2 interesa directamente al análi- sis de idi.

Pero hay más: según nos dicen Heine y Kuteva, es conocida la gramaticalización como futuro de este verbo:

[...]

Este hecho arroja una luz inesperada (y muy necesaria, cf. Mounole 2011) sobre el origen de ciertas formas verbales arcaicas:

Gar. B 48 Gox gorric euri DAIDI, Arras gorric eguzqui “Mañana colorada llubia hera [hará], Tarde colorada sol”.

RS 268 Mayacean berarra luce da eta sendo, eguitayaren orçac ebagui LEYDI ondo “En mayo la hierba larga es y crecida, las mellas de la oz podríanla bien cortar”.

RS 510 Adisquide barriagayti zarra vcatu validi, edo len edo güero calta artu LEYDI “Si por el nueuo amigo el viejo se negasse, o antes o después toma- ría daño”.n37

n37 Habría mucho que añadir sobre la lexicalización de *din y su protofamilia, aun tras Mitxelena 1970 y Ariztimuño 2012: cf. agian, aldi, alegia, bai, egia, ei, eiki, etc. Sobre las “consecuencias ibéricas” de la derivación adin < har + din de Mitxelena 1970, vide el 2º párrafo de §6.

7.4. -to y familia (-ra inclusive). Ley de Trask mediante, el -to ‘modal adverbial’ (ederto, laburto, ondo…), documentado fundamentalmente en hablas occidentales, remontaría a un alomorfo -do y a una raíz *e-don. El 1º no necesita de asterisco ante los adj. ugerdo, ezkerdo, geldo y algún otro; por lo que toca al verbo, itxaron (< *hitz-edon) ‘esperar’ o idoki ‘arrojar’, ‘sacar’, ‘quitar’ (< *e-i-don-gi) nos señalan su cercanía al sema ‘TAKE’; para completar el análisis formal y semántico de la familia, téngase en cuenta la existencia de lo ‘sueño, dormir’, jo ‘pegar, futuere’ y de edo ‘o’ (cf. ediro, eramo, etc. para -n > ø en otros verbos).n38

n38 No hace falta decir que mi acercamiento es muy diferente del de de Rijk 1995 -to < ta + oro). Ricardo Gómez me sugiere que el prefiere ver un pleonasmo en -toro (< *-to-ro).

Sabemos que *d- > l- es anterior al PVM; si añadimos el prefijo de los verbos antiguos a la raíz *lo(n), llegamos a *elo(n) y (mucho más tarde) a *ero(n). Dejando esto para después, es claro que el aux. oriental iro- perte- nece a la misma familia: iro- < *e-i-ron (cf. izan < *e-i-zan, irabazi < *e-i- ra-baz-i, etc.). Este verbo estaba gramaticalizado para los primeros textos y carece de conjugación como verbo principal así como de formas nominales. Véase ahora lo que leemos en Heine & Kuteva:

[...]

En v. ese valor, si a algo, corresponde al suf. -ro de garbiro (‘completamente limpio’), handiro (‘muy a lo grande’)… más a la partícula oro, sin duda general en algún momento.n39 Nótese que la última es postclítica; así las cosas, la derivación más sencilla en un bisílabo átono sería *-ero(n) > -oro, a partir del *-elo(n) visto más arriba. A nuestro favor pueden alegarse gramaticalizaciones de muchas otras lenguas, comenzando por la latina:

[...]

n39 Cf. RS 223 Ardi bat doean lecuti oro, 245 Guiçonoc oro buru balz, andra duztioc buru çuri, 92 Celangoa da Butroe oroc daquie, 170 Motel oroc yz nay, 533 Oroc dogu ardura bat, ta guztia tacoençat, 198 Iauxi din ezcurra oroen su egur, 256 Edoceyn bereçat ta Iaungoycoa oroençat, 491 Edozeyn berezat, Iaungoycoa oroenzat.

Los paralelos resultan bastante evidentes: x-ero(n) [x oro] ‘*x hecho’ > ‘*x hecho totalmente’ > ‘*(x) todo, totalmente’.n40 Por otra parte, como sabemos, ‘TAKE’ (y ‘TO WORK’) no están solo en el origen de ‘completive’, sino también en el de ‘causative’ (cf. Heine & Kuteva 2002, 286, dentro de una bibliografía extensísima).

n40 Históricamente lan ‘trabajo’ es solamente N, sin aparente relación con esa raíz, pero evidentemente no siempre ha sido así, como lo muestra el lat. opus : omnis visto supra.

Aunque en vasco no se documente ningún *e-lan-i, no nos es necesario para llegar al conocido causativo -ra-: que esa -r- ha de venir de una -l- anterior es cosa que pocos negarán y, por lo que toca a la vocal, cumple recordar que para la Edad Media tenemos no una sino tres -a- en composición y derivación: a1, a2, a3 < *a, *e eta *o (cf. amatasun, luzatu, basalore). No hay, por tanto, impedimentos para que -ra- venga de *lo-, y no necesariamente de *la (o *le), i.e., del *-e-lo(n) ‘take’ visto en párrafos anteriores.

Anteriormente (cf. L 2006b, etc.) relacionaba este -ra- con el *-da- que aparece a la izquierda del radical (cf. RS jaraunsi ‘heredar’ < *e-da-ra-dun-s- i, etc.), pero esta explicación me parece muy preferible, desde el punto de vista tipológico —*dar (> da-) ‘SIT’ (origen del imperfectivo) y ra- ‘TAKE’ (del causativo) pertenecen a redes de gramaticalización muy diferentes en las lenguas del mundo—, a pesar de la similitud superficial que puedan mostrar prefijos de origen diferente en el vascuence histórico.n41

n41 “No investigo aquí el posible origen de -ra- como un marcador causativo (podría provenir de un adlativo o destinativo; cf. Song 1996),” dice Aldai 2012; sin embargo, aunque ello sea posible en algún mundo imaginario, resulta inverosímil ante los datos v. conocidos: -ra es un suf. (su alomorfo más moderno en realidad: cf. -la- en mendialat, etc,) “declinativo” y un pref. fosilizado tiempo ha en el verbo (Lakarra 2013d y antes 2009d).

n41Siguiendo a Lord 1993, en Lakarra 2008b mostré la relación existente entre v. har ‘take’ y har- ‘3.grad.DEM’.

CONCLUSIONES

Nos hemos centrado en una serie de problemas que la utilización del v. para su comparación con otras lenguas acarrea al estudio de la nuestra. El que tales problemas estén muy poco explícitos en la bibliografía y el interés que su conocimiento puede tener para vascólogos y para especialistas en otras lenguas que se acerquen a ella para diversos fines, es lo que me ha llevado a tocar este tema, quizás no particularmente agradable para todos. No he creído necesario, y no sólo por razones de espacio, insistir en algo tan conocido como es el muy escaso valor del v. en el desciframiento o en la explicación histórica de otras lenguas, del ib. sin ir más lejos.

En lingüística histórica-comparada no existen pruebas del NO parentesco; sí, en cambio, y muy conocidas por todo el gremio, para establecer tal parentesco. Por tanto, no nos es exigible como vascólogos entretenernos una y otra vez examinando teorías formuladas con el único objetivo de emparentar determinadas lenguas con la vasca y/o aplicar esos datos o teorías al estudio de otras, sin esperanza alguna de que jamás se sigan de ellas consecuencias prácticas, avances reales, en el estudio de la estructura o la historia de nuestro campo de estudio.n42

n42 Como se dice en n. 16, me propongo contestar en otro lugar a Orduña 2011, por lo que aquí sólo incluiré —y con alfileres— un ejemplo suficientemente claro en mi opinión. Incidentalmente, no veo necesidad de cambiar mucho en ese artículo y, desde luego, nada a favor de ningún préstamo o cognado ibérico. Sí debí haber visto que erdi ‘mitad, medio’ no deriva de tertiu, pero no por las razones que da Orduña, sino porque ahí tenemos otro antiguo adj., como handi ’grande’, hordi ’borracho’ o geldi ’quieto’ (cf. §7): her + -di; para la raíz v. L 2010; por cierto, herdi no necesita de asterisco.

n42 Orduña 2011 ha propuesto que hogei ‘veinte’ vendría de *oin + ga + bi, paralelo al ib. ORKEI ‘20’. Hay varios problemas para aceptar algo así: oin supone un diptongo PV y ya hemos visto que la reconstrucción no parece ir por ahí; añádase que oin tiene una variante oriental con h-, que no sé por qué ha de ser antietimológica (cf. supra). Súmese la -n y enseguida vienen a la mente hogen, hagin, heuskara, etc., i.e., los casos de adelantamiento de h y desplazamiento a la derecha de -n o los “huecos” (diptongo o hiato en final como en hodei, herio y *herau-gi). Todo esto en fecha bastante posterior a la época aquitana.

n42 En **oin-ga-bi, además, no tenemos la seguridad de que -ga- pase a -ge-, por mucho que entre en contacto con la -i-; nadie parece haber encontrado hasta ahora tampoco tal marca de pl. en ‘20’, ni Orduña nos dice por qué no se da en ‘100’, o en todos los numerales entre ‘dos’ y ‘veinte’. Item más, en v. el único orden de morfemas conocido es -bi-ga, no **-ga-bi. Por fin, en lo que toca a -bi, ¿por qué hubo de caer la -b- hace 2500 años y no lo ha hecho todavía hoy en ‘12’, ni en ‘22’, ni en ninguna otra? Todo esto si hemos de partir realmente de *ga, dado que existe el loc./cópula -da y se dan muchos casos de -b-, -d-, -h- > ø > -g- (cf. L 2009c); no hay, en cambio, -g- > ø > -d- o -g- > ø > -b-, -h-. Orduña tampoco recuerda —v. al final de §6— que el verdadero *-ga ( > -k) va siempre pospuesto al art. (< demostrativo).

n42 Tal propuesta es, pues, ad hoc, innecesaria, ineficaz y contraproducente para tratar la voz vasca, por interesante que pudiera parecer para la ibérica.

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La experiencia de las últimas décadas, quizás siglos, nos invita a ser razonablemente exigentes y un punto egoistas como ocurre en otras tradiciones diacrónicas desarrolladas: las diversas comparaciones del vasco con otras lenguas no sólo han acarreado los problemas que señalara Hamp 1998, sino que nos han desviado de nuestros objetivos u obstaculizado su consecución, pues debíamos integrar en el estudio de la l. v. supuestos paralelos (meros espejismos), lejos de los problemas reales de la hª de la lengua: irregularidades, cronología, avances filológicos varios, aplicación de la teoría general del cambio lingüístico a la historia del vasco, etc. Me permito dudar de que tal hecho no haya tenido consecuencias sobre la calidad de la ayuda potencial que la l.v. podía prestar en estudios que pretendían trascender los estrictos dominios de la vascología.

Cualquier lengua o familia de lenguas —munda, mon-khmer, tani, chino, kwa, bantú, urálico, etc.— cuyo estudio diacrónico pueda aportar paralelos en la evolución del vasco es en sí relevante y debe ser priorizada por el vascólogo sobre meras analogías de sonsonete con lenguas geográficamente más o menos cercanas. Así, el desarrollo de la categoría de Adj. a partir del V en ciertas lenguas tibeto-birmanas o la serie de fenómenos relacionados con la lexicalización de determinados verbos seriales y la gramaticalización de otros (cf. Post 2012), o el paso de monosílabo a bisílabo de la forma canónica de las raíces (cf. Duamnu 1999 o Feng 1997 para el chino), etc., es fundamental para la reconstrucción del PV. En cambio, por desgracia, el examen de la gramática o el léxico ibéricos nada nos dice en torno a la hª de la l. v. que no pudiéramos o debiéramos saber sin su ayuda y, lo que es peor, la asociación del vasco con tales fines ha sido causa dentro del campo vascológico de múltiples errores de análisis, de falta de rigor filológico o de interés por los propios datos, incluso entre practicantes de la reconstrucción interna y de la explicación del vasco por el propio vasco.43 Como los avances por ampliación de materiales —sean (proto)lenguas emparentadas con la nuestra, sean estratos de préstamos prelatinos— no parecen próximos ni cercanos, es razonable y necesario intentar la vía restan- te (aplicación de nuevas teorías y métodos, cf. Haas 1969) para llegar a re- construcciones más completas y profundas del PV y de la prehª de la lengua; espero haber mostrado al menos como un primer avance que —junto a una filología renovada y al día— el estudio de la gramaticalización puede resulntar del mayor interés asociado a herramientas como la forma canónica de los morfemas o la tipología holística diacrónica, de las cuales no dispuso la GH vasca allá por los años 50 y 60 del pasado siglo.

n43 Para un ejemplo de última hora, véase la discusión del -en/-an de las formas “subordinadas” (de pasado pero también irreales) en Ariztimuño 2013; como el autor señala, la geografía dialectal habla a favor de la antigüedad de -an (occ. y or.) frente a -en (central), bien que esto §5.1 no venga bien a quienes siguen queriendo interpretar ib. EKIEN por v. *egien. Cf. la discusión de De Hoz 2011, 296-313, quien señala problemas adicionales (previos y quizás suficientes para el iberista) de pura filología ibérica. Incidentalmente, Ariztimuño liga ese final a la gramaticalización del demostrativo *han, como en otras lenguas y en L 2013d se vuelve al -en-(CVC) como gramaticalización del perfecto (< ‘FINISH’) frente a 2008b, donde se relacionaba erronea e innecesariamente con el elemento -en final.

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Creator Joseba Andoni Lakarra Andrinua  +
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