Jimeno2003

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Tabla de contenidos

Introducción del cristianismo en tierras vasconas

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Desde finales del s.I a C la vieja Iruña se situó en una auténtica encrucijada de caminos, siendo además eje de la centurización de su territorio circundante y, en consecuencia, de la red viaria que confluía en ella.

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Dos arterias:

  • Tarraco-Oiasso
  • ab Asturica Burdigalam

Las comunidades cristianas de Astorga-León atestiguadas a mediados del s III consituyen un ejemplo similar al pamplonés.

Basándose en la carta sinodal de San Cipriano (254-255), tanto J. Caro Baroja como J.J. Sayas creen que estos testimonios no obedecen a una penetración de la nueva religión por el noreste, desde Burdeos, sino a traves del Iter XXXII.

Calahorra en s. IV

En todo caso, las comunidades cristianas estaban plenamente establecidas a finales del s III y principios del IV en las ciudades de Caesaraugusta y Fibularia -posiblemente Calagurris Fibularensis-, según revelan las actas del Concilio de Elvira.

Igualmente, la temprana cristianización de algunas zonas mineras asturianas en el siglo IV se debe de relacionar con la arteria ibérica, lo mismo que la instauración de una sede eclesiástica en la Amaya cántabra.

Algunas zonas interiores de la actual Rioja como Ortigosa de Cameros, tardaron más en ser cristianizadas, partiendo la iniciativa de las comunidades de Calahorra o Alfaro a comienzos del s V.

El poeta calagurritano Prudencio (348-405) narra los martirios de Emeterio y Celedonio, que J.J. Sayas no cree que fueran locales por su onomástica grieg.

En el Peristephanon, Prudencio habla de la brutalidad de sus paisanos vascones aunque dice que el paganismo desde Calahorra hasta el Pirineo era cosa del pasado.

En la época de Prudencio estaba extendido el culto de Emeterio y Celedonio en Calahorra, denunciando la existencia de una importante comunidad cristiana que contaba con baptisterio.

Otros indicadores:

  • Sarcógrafo paleocristiano de Castilliscar (340)
  • Pilastra cristiana de Gallipienzo (s IV-V)
  • Lauda sepulcral paleocristiana de Alfaro (s IV)
  • Moneda bajoimperial de Viana, en cuyo anverso va un crismón
  • Inscripción funeraria cristiana del archidiácono Salonio, hallada en Cascante (s VI)
  • Estela discoidea de Libia (Herremelluri) (s VI-VII)

Conexión aquitana

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El collado de Ibañeta fue elegido por Roma para ejercer el control eficaz de los pasos pirenaicos y se convirtió en uno de los pasos más importantes a la península ibérica.

Están probadas las relaciones comerciales entre ambas vertientes de la cordillera.

A través del estudio de las cerámicas aquitanas, F. Réchin (1977:595-624) ha detectado su similitud tipológica con las del norte peninsular.

El intercambio comercial aquitano-vascón también puede atestiguarse a través de la cerámica sigillata hispánica hallada en Donezaharre-St. Jean le Vieux y Dax, dos poblaciones unidas a la vieja Iruñea a través de la citada vía que comunicaba Astorga con Burdeos (Pérex 1986:214)

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  • Conexión marítima en Oiasso, donde confluía la ruta de cabotaje de Burdigala, entre Aquitania y el norte peninsular
  • Cuenca de Bidasoa, navegable hasta Sanesteban/Donestebe (minas de hierro)
  • Estela de 362 aparecida en ermita de San Esteban de Gerekiz (Vizcaya)
  • Primerios cultos cristianos en Cantabria de finales del IV-V (momento en que numerosos habitantes de la meseta castellano-leonesa se refugiaron en las montañas cántabras y asturianas)

Pompaelo bajoimperial

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Pomapelo y otras ciudades vasconas reforzaron su importancia en época imperial y fueron propagadoras de la cultura, lengua, instituciones, economía y sociedad romana (Blázquez 1994:14).

En época bajoimperial las invasiones de los pueblos germánicos generaron una ruralización hacia los espacios comarcales contiguos, como las antiguas civitates de los illuberritani (Lumbier) hacia el oriente y de los aracelitani hacia poniente.

El poblamiento se completó con una extensa red de villae sitas al sur de Pamplona y diferentes fundi, principalmente en la Cuenca iruñesa, cuya presencia ha sido legada en el sustrato toponímico de los nombres sufijados en -ain o -ano, entre otros, obedeciendo a grandes propietarios -possessores- que invertían en grandes explotaciones agrarias (cf. villa Olmeda).

Esta tupida red de fundos y villas fue la base del futuro poblamiento altomedieval.

Las grandes villae actuaban como centros de atracción comercial para los núcleos rurales de menor tamaño, como ocurría en Liédena, a donde acudían de los alrededores a intercambiar productos.

El Itineario de Antonio (280-290) cita Pamplona como una simple mansio en la vía Astorga y Burdeos.

Las invasiones se han podido atestiguar arqueológicamente a través de los niveles de incendio aparecidos en las excavaciones, mostrando una ciudad arruinada y sin vida.

Las irrupciones bárbaras del siglo III afectaron directamente a los núcleos próximos a los grandes ejes de comunicación en ambas vertientes pirenaicas; han aparecido tesorillos en Bayona, Mouguerre, Sames, Azparren y Liédena y destrucciones como la del campamento de Donezaharre-St. Jean le Vieux y el arrasamiento de Pompaelo a finales de la centuria.

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Priscilianismo

En aquella coyuntura Pamplona estaba amurallada, lo que no favoreció la recepción o difusión de cualquier corriente espiritual, concretamente el Priscilianismo, herejía que debió afectar al área vascónica en el segundo cuarto del siglo IV y por el que se convocaron dos concilios condenatorios en ambas vertientes de los Pirineos (Zaragoza, 380 y Burdeos, 385).

Pamplona sede episcopal a partir del siglo IV-V

Pamplona se fue recuperando a lo largo del siglo IV pero sin el esplendor de antaño.

Didimo, Veriniano

Las nuevas invasiones del s V provocaron una nueva crisis, aunque una parte de la aristocracia local -al menos Dídimo y Veriniano- era claramente cristiana.

En la reconstrucción de Pamplona revistió la importancia del valor simbólico de ser cabeza de sede episcopal.

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Dificultad de adquisición de espacio intramuros para ubicaciones de catedrales, común a las ciudades de la Europa romanizada (A. Marcone 2000).

Vg. Tarraco, una de las grandes metrópolis peninsulares y más tempranamente cristianizada. Pesea tener una comunidad cristiana desde inicios s.III, no es hasta mediados del s IV cuando el grueso de la población se hizo cristiana y la morfología urbana se cristianiza a partir del s V, en que los prestigiosos centros paganos son sustituidos por lugares administrativos y de culto cristianos.

Poder hispano-godo en Pamplona

Para cuando se instauró el poder hispano-godo, Pamplona ya contaba con su estrenada catedral y una organización diocesana con algo más de dos siglos de experiencia.

Ante la nueva coyuntura política, la ciudad se convertía en codiciada cabeza del territorio vascónico y pasaba a estar dominada por un poder filo-visigótico.

Ofensivas merovingias s VI-VII

Así lo entendieron los francos, que lanzaron una fallida expedición sobre Pamplona en el año 531, según menciona San Isidoro.

Gregorio de Tours refiere otra incursión posterior.

Estas ofensivas franco-merovingias se sucedieron a lo largo de todo un siglo, con incursiones tan destacadas como las de los años 541 y 631.

Aquella convulsa situación política pudo ayudar a que la iglesia pamplonesa viviera aparentemente de espaldas al arrianismo visigótico.

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Obispo godo Juan de Bíclaro e iglesia católica hispánica

La iglesia católica hispánica conservaba su situación preeminente dentro de la sociedad, apoyada por la masa de la población y por algunos elementos godos como el obispo Juan de Bíclaro, frente al favor oficial que gozaba la iglesia arriana.

Tras el fracaso del intento de unificación religiosa arriana llevada a cabo por Leovigildo (572-586), el reinado de Recaredo (586-601) significó un profundo viraje en la política religiosa.

III concilio toledano (589) y obispo Liliolo

Bajo el gobierno de Recaredo (586-601) se dio la unidad católica hispano-goda en el III concilio toledano (589), donde el pueblo visigodo abjuraba del arrianismo, momento en que entra en escena el obispo Liliolo.


Debate cronológico

  • Edicto de Milán (313), prueba que el cristianismo estaba extendido por las zonas más romanizadas del Imperio.
  • Hispania se evangeliza durante los tres primeros siglos de la Iglesia siguiendo las grandes vías comerciales y de comunicación.
  • En el siglo III se extiende de forma prodigiosa

Dos teorías sobre los orígenes del cristianismo hispánico:

  • M. C. Díaz y Díaz (), sostiene la procedencia africana, apoyada desde el punto de vista del arte paleocristiano y corroborada por estudios de J. M. Blázquez.
  • M. Sotomayor la refuta, señalando el origen directo desde Italia.

Para Vasconia no es trascendente, ya que penetró a través de otras regiones (J. J. Sayas).

E. Mañaricua y R. Jimeno creen que la evangelización de Vasconia fue en el ager tan temprana como en resto de los países de Europa vecinos.

Euskera y romanización: paradojas

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Las relaciones pacíficas entre vascones y romanos...

escaso entendimiento entre la población rural vascona y la romana, que no inducía a fricciones, pero tampoco a la romanización entre una buena parte de la población indígena, como probaría el hecho de la conservación medieval del euskera en zonas tan romanizadas como el valle de Aibar.

J. M. Jimeno Jurio () observa que la aculturización no presuponía que la nobleza de origen vascófono olvidara su lengua meterna, siendo probable que las minorías selectas de ciudadanos romanos y otros nativos pasaran a ser bilingües, utilizando el latín para sus actividades oficiales y sociales, y el vascuence en su vida privada y en las relaciones con el pueblo, escasamente receptor, posiblemente, de la lengua culta.

En efecto, esa realidad social aparece reflejada en el la estela funerario procedente de la ermita de santa Bárbara de Lerga, donde se recogen los primeros testimonios escritos del proto-euskera.

Por su parte, buena parte de la masa poblacional vascona sería monolingüe vasca y viviría de espaladas a la realidad lingüística latina.

Los términos latinos cristianos más arcaicosdel vascuence se remontan al siglo III, por lo que debemos acudir a la geografía diacrónica de la lengua para saber dónde se hallaba su límite en esta época, y,por lo tanto, conocer dónde se estaban produciendo los primeros núcleos de cristianización puramente vascongados.

Se tiene la certeza de que ya, desde los primeros siglso del medievo, la divisoria lingüística se encontraba en latitudes muy meridionales tempranamente cristianizadas.



Advocaciones

Las advocaciones de los primeros espacios de piedad muestran una cronología que denuncia su implantación temporal.

La retícula advocacional inicial, establecida en los siglos tardoantiguos, corresponde a las iglesias propias (posteriores parroquias), con escasas mutaciones desde sus orígenes hasta la actualidad.

El primitivo espacio sagrado fue completado por los primeros establecimientos monásticos, constituyendo, junto con las parroquias, la más importante radiografía hagionómica del primer cristianismo.

A esta fijeza de advocaciones se unió posteriormente el cortejo cambiante de eremitorios, capillas, hospitales, cofradías, e iconografía, que no hizo sino completar la realidad preexistente y remarcar todavía más la relevancia de los testimonios relativos a las advocaciones de las iglesias tardoantiguas y altomedievales.

En el año 714 los musulmanes ocuparon buena parte de la antigua tierra de los vascones. La diócesis pamplonesa perdió su porción meridional, recuperada paulatinamente a partir de la reconquista del siglo X, en un proceso que no culminó hasta 1199, con la ocupación de la ribera tudelana.

Por el norte, el litoral cantábrico conoció la depredación de los hérulos en el siglo V, sin llegara provocar un abandono definitivo de losvalles trasmontanos. Este repliegue se produjo entre el siglo VIII y las primeras décadas del X a raíz de las devastadoras incursiones de los normandos escandinavos.

  • Siglo V: Santa María, San Martín de Tours, San Pedro y San Pablo, San Esteban protomártir
  • Siglo VI: San Juan Bautista, San Andrés, San Vicente mártir, Santa Eulalia de Mérida, San Lorenzo, Santos Justo y Pastor, San Félix o Felices, obispo y mártir, Santa Engracia
  • Siglo VII: San Saturnino, Santa Eugenia
  • Siglo VIII: San Miguel, San Adrián, San Quirico, San Jorge
  • Siglo IX: San Sebastián, San Juan Evangelista
  • Siglo X: San Román, San Cristóbal, San Bartolomé, San Millán, Santiago el Mayor, Santa Cecilia, San Cosme y San Damián


Santa Cruz

Desde los primeros días de la iglesia, la primera devoción a Jesucristo fue tributada a través de la adoración de la Santa Cruz, siendo su uso frecuente en la liturgia como objeto piadoso.

En tierras hispanas tuvo un culto esplendoroso, sólo comparable al que se le rendía en Oriente, ejemplificado en la solemnidad de la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, documentada en la Lex Romana Visigothorum promulgada por Recesvinto en 654.

En los primeros siglos de la cristianización la cruz no había adquirido todavía su significado cristiano exclusivo, confundiéndose en muchos casos con emblemas paganos. Esa imagen fue transformándose hasta convertirse en el símbolo por antonomasia de la nueva religión y en un emblema de santidad.

Cabe pensar que los primeros espacios de piedad dedicados a la Santa Cruz en el territorio vascónico serían contemporáneos o inmediatamente posteriores a otros testimonios peninsulares documentados a partir del siglo VI.

Santa María

La preeminencia de la devoción a Santa María es muestrade su primera implantación y antiguedad durante los primeros siglos de la cristianización vascónica.

La diócesis pamplonesa comenzó el proceso de erección de iglesias propias en el siglo V, momento en el que la cristiandad asistía a una auténtica explosión de fervor mariano fruto del Concilio de Éfeso, donde se proclamaba a María el título de Theótokos, condenando a Nestorio, obispo de Constantinopla, quien sostenía que Cristo era sólo el hombre en el que habitaba el Hijo de Dios y, en consecuencia, María era sólo Madre de un hombre.

Los primeros templos hispanos dedicados a la Virgen se remontan al siglo V y VI y, aunque en ocasiones es imposible precisar la fecha, es indudable que muchos de los templos documentados existirían ya en la primera mitad del siglo V.

El único constatado arqueológicamente en la diócesis pamplonesa corresponde a la catedral de Pamplona. Las excavaciones han hallado en su solar un par de ninfeos romanos con cientos de monedas de bronce fechables entre finales del siglo III y principios del V.

A partir del siglo VII el culto fue creciendo, según se deduce de los testimonios de San Idelfonso de Toledo, San Isidoro y Paciano de Barcelona.

Las iglesias medievales dedicadas a la Virgen eran simplemente conocidas por Santa María y no fue hasta la apoteosis mariana derivada de Trento cuando se produjo la obsesión por singularizar las advocaciones (Asunción, Natividad, etc.), atestiguándose en Navarra este fenómeno en un amplio arco comprendido entre 1580 y 1620.

San Esteban protomártir

El primer mártir de la cristiandad fue elogiado por Prudencio en dos versos del himno II de su Peristephanon, aunque por entonces no tenía por qué tener culto en Hispania.

La difusión cultural universal se produjo a raíz de la Invención de sus reliquias el año 415 en Cafargamala (Jerusalén).

Durante el siglo V su fama se expandió rápidamente por toda la Península, comenzando probablemente a dedicarle las primeras basílicas, aunque las primeras documentadas datan de la primera mitad del siglo VII.

En la cuenca del Bidasoa, la localidad de Santesteban refleja, al igual de Donamaria, la temprana cristianización del territorio vinculado más directamente con Oiasso. Aunque los hérulos depredaron la costa cantábrica en el siglo V, estos nombres sugieren un mantenimiento del sustrato poblacional, acuñándose los hagiónimos en esa misma centuria o en la siguiente.

Habría que esperar hasta las más feroces incursiones de los normandos escandinavos que asolaron el litoral desde el siglo VIII hasta las primeras décadas del X para asistir al auténtico repliegue de los valles trasmontanos. Posteriormente, en la memoria de los repobladores perduró el nombre originario.

El segundo ejemplo lo constituye el castillo de San Esteban de Deyo, que acabó dando nombre al valle de Santesteban de la Solana.

Álava: Betoño, Arrizala de Salvatierra, Ribera de Valdegovía, Valderejo, Labastida

San Martín de Tours

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