GonzalezOlle1972

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Los casos de g- por k- que registran numerosas monografías dialectales en diversas palabras, se suelen relegar, sin específica explicación en la mayoría de los casos, «al poco comprometido capítulo de los cambios fonéticos esperádicos», como advierte Salvador en un original estudio que afronta esta cuestión de forma sistemática, por vez primera, en el ámbito lingüístico español.

Su conocimiento de la realidad actual del habla andaluz, permite a Salvador enriquecer considerablemente la imagen de tal fenómeno, no sólo en cuanto a su extensión y vitalidiad (nómina de palabras afectadas, localizaciones nuevas y precisas, etc.), sino también de modo cualitativo (manifestaciones de polimorfismo y de variantes intemedias: gk, kg). Varias encuestas personales y algunos mapas del ALEA sirven de apoyo a sus afirmaciones, que se extienden geográficaniente : gracias al ALPI y a estudios monográficos de otras áreas.

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Ofrezco aquí unas breves adiciones a aquella documentación para ratificar la presencia del fenómeno de la sonorización en la banda oriental del castellano, donde su vitalidad parece inferior, según Salvador. Una ligera consulta de fuentes y repertorios léxicos proporciona un buen número de testimonios, que, presumiblemente, podrían acrecentarse en una búsqueda más detenida, que no es del momento.

Para Aragón cabe citar casos como -gamugo, ganyvet, gavia, griva, grogo, etc., en documentos de los siglos XIV y XV (B. Pottier, Étude lexicologique sur les inventaires aragonais. VR, 1948-9, 10, 87-219). En el Fuero de Teruel, §575, figura guchiello. Aunque, como dice Salvador, no alude Alvar a la sonorización de iniciales en El dialecto aragonés, sí señala la frecuencia del hecho en El habla del Campo de Jaca (Salamanca, 1948, 64) y comenta que «posiblemente podría admitirse un origen vasco al fenómeno». Otros testimonios modernos pueden encontrarse en diversas monografías de Krüger, Monge, González Guzmán, etc.

En Navarra, gayolla, en un manuscrito, de fines del siglo del Fuero general de Navarra (apud F. González 011é, Textos lingiiísticos navarros. Pamplona, 1970, 57) y gaynibetes, en un documento tudelano de 1433 (ibid., 172). Una profusión extraordinaria en la lengua actual, recogida por J. M. Iribarren (Vocabulario navarro. Pamplona, 1952, y Adiciones al vocabulario navarro. Pamplona, 1958): galzas, galceta, galcetín, gallizo 'calleja' , gambra, gambrión 'camión', garapito, gardama, gardancha, gardincha, garao, gayata, gorsé, griba, guchillo, etc. Obsérvese que las palabras recién citadas pertenecen a épocas muy diversas.

Un documento de Santo Domingo de la Calzada, ario 1199 (apud R. Menéndez Pidal, Documentos lingilisticos de España. Madrid, 1919, 121), atestigua ganonges, alternando con canonges. Para el habla viva riojana encuentro garamelo, garapito, gardama, gayata, golorito, gorretear, garrincho, gudujón, etc. (C. Goicoechea, Vocabulario riojano. Madrid, 1951).

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1.1. La dimensión cronológica del hecho (casos de g- por k-, como gasares, gahtoliga, gareras, gontigerit, etc., recogidos por Menéndez Pidal, Orígenes del español, y oportunamente recordados por Salvador, a los que se suman algunos de los antes citados aquí), permite hablar de un fenómeno que, durante más de un milenio, se mantiene prácticamente en un similar estado de latencia.


1.2. Salvador ha sabido integrar atinadamente los datos de la historia y de la geografía lingüísticas en una visión unitaria, para plantearse, sobre esta base, la razón del cambio k-> g-. Antes de llegar a ella descarta la opinión de Menéndez Pidal, compartida por otros autores, como ya he expuesto y volveré a exponer con más detalle, según la cual, el proceso de sonorización indicado se debe a «un fenómeno de fonética sintáctica, al quedar la consonante inicial intervocálica». No alcanzo a entender bien la razón que alega Salvador para justificar su repulsa a tal explicación: «Lo segundo que sorprende es que esa tendencia a la sonorización afecte a la k- inicial y sólo muy raramente a la interior. Es claro que la explicación de Menéndez Pidal —la frecuencia de su uso intervocálico por fonética sintáctica— solamente resultaría válida si viésemos ahora que también la intervocálica sonorizaba» (1751). En efecto, si la -k- intervocálica en interior de palabra no sonorizase, sino que se conservase inalterada, sería poco convincente el argumento de Menéndez Pidal. Pero, valga decirlo, tal conservación no se ha producido en castellano. Por eso hay que preguntarse qué ha tratado de significar en realidad Salvador cuando, al parecer, niega la sonorización de la intervocálica en castellano. Quizá quiere indicar que en la época temprana en que ya se documenta la sonorización inicial aún no es regular la intervocálica. Pero aun prescindiendo de la falacia de las grafías, de la divergencia entre lengua escrita y lengua oral contemporánea, etc., también en esa misma época se pueden encontrar, por lo menos, tantos testimonios de -g- interior como de g- inicial, ambas provenientés de k latina. Valga simplemente repetir el testimonio de gahtoliga, pocas líneas atrás aducido para ejemplificar la sonorización inicial, que ofrece este mismo proceso fonético en su interior.

Por otra parte, puede quedar abierto, sin respuesta, el interrogante planteado, pues, en cualquier caso, Salvador afirma que, para el fenómeno en cuestión, la «explicación no hemos de buscarla fuera, sino en la propia estructura lingiiistica del espariol».

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Aunque, en mi opinión, la explicación de Menéndez Pidal también se basa en la estructura lingüística -relaciones fonéticas al nivel de la frase—, lo que Salvador propone es un cambio de perspectiva metodológica: «En realidad no se trata tanto de un problema fonético como de un problema fonológico, y no vale hablar de sonorización sino de neutralización». Para Salvador, «considerar, como se viene haciendo, que la oposición de los fonemas k/g es una correlación sorda/sonora y no una correlación interrupta/continua, estimando /g/ como un fonema oclusivo que a veces se realiza como fricativo, y no al contrario, es un punto de vista algo apartado de la realidad».


1.3. Salvador, como acabo de citar, afirma que entre k y g existe la correlación oclusión/fricación; pero más relevante resulta, en mi opinión, la correlación de sonoridad n2, que él margina a favor de la primeramente mencionada: «De hecho la /g/ es un fonema fricativo la oposición g/k está basada fundamentalmente en una correlación continua/interrupta». Sólo si se admite, sin más, esta última afirmación, resultará cierto que «cuando un alófono de /g/ se convierte en interrupto, en el caso de ng o de inicial, la confusión y consiguiente neutralización con el fonema correlativo resulta poco menos que normal». Pero, de suceder así, entiendo yo que se hubiera producido la evolución g->k-, que no tiene visos de existencia histórica.

En todo caso, la cuestión planteada —a la vista, del material léxico observado— es la modificación de k-, no la de g- (ni -ng-), como se acaba de exponer. Por tanto, aunque se parta que no parece adecuado— de que k es alófono de /g/, no se comprende cómo inmediatamente después de la última afirmación citada, se deduce la conclusión de que «esto es lo que explica que la sonorización se produzca en posición inicial y no en posición intervocálica», ya que, en aquel supuesto, la alteración recaería sobre g- y no sobre k-.

(n2) Cfr. la opinión de E. ALARCOS, Fonalogía española. Madrid, 1968 4, 171: "Los fonemas sonoros /b d g/ son indiferentes a la correlación de interrupta/continua, y se oponen como terminos de la correlación de sonoridad a los archifonemas sordos /p-f/, /t-0/, /k-z/. La correlación de continuidad, pues, existe sólo para los fonemas sordos". Es decir, en el orden velar el modo de articulación afecta a k/x, no k/g.

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Y reitero mi extrañeza ante lo que se dice de la posición intervocálica

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Precisamente desde este último ángulo voy a iniciar la confrontación, recurriendo antes que nada, según la más usual y hasta obligada práctica metodológica de la lingüística románica, a la consideración del posible sustrato. Es decir, trayendo a colación el testimonio del vascuence. Y he aquí que el récurso se presenta especialmente prometedor, pues el vascuence, tan vinculado histórica y geográficamente con el castellano, conoce, valga recordarlo, una regular sonorización de todas las consonantes oclusivas iniciales en los préstamos latinos y románicos: pilum > bilo, turrem > dorre, cellam > gela. Incluso no faltan casos como filum> biro, festam > besta, etc.

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2.2. Menéndez Pidal, al exponer la sonorización de k- inicial como fenómeno de fonética sintáctica, tras citar algunos casos del mismo hecho en latín vulgar, apuntó escuetamente, sin vincularlo con el romance, el hecho de que «en el vasco y en el ibérico son conocidos estos fenómenos de sonorización consonántica inicial» (Orígenes del español, § 592). Menéndez Pidal sólo dispuso de escasos ejemplos, espigados de alguna pocas monografias publicadas en la Revista internacional de estudios vascos hasta 1913 (no debió de alcanzar el estudio, que luego citaré, de Gavel, publicado en 1921) y no volvió a ocuparse, que yo sepa, de la cuestión.

2.3. La primera formulación rigurosa de la citada sonorización en vascuence —dicho sea sin pretensión de trazar la historia del tema— se debe a Gavel (1921:12, 314), que señaló cómo el fenómeno se produce de modo regular en los préstamos latinos y romances de voces iniciadas por p-, t-, k-: «Les explosives sourdes initiales se sont transformées en leurs sonores correspondantes». Son muy escasas las excepciones a este principio y Gavel (1921:317-9) logra justificarlas convincentemente una por una. La vigencia de tal ley fue muy temprana, en modo alguno sobrepasó la duración de la edad media (Gavel 1921:316). En algunos casos debe de haberse producido una regresión que ha devuelto su condición de sorda a la consonante inicial. La causa de este hecho radicaría en la influencia de la correspondiente forma románica, que mantenía la inicial sorda. Pero no faltan otras palabras en que tal explicación no parece resultar posible, porque formas románicas correspondientes ofrecen sonora (kaskoin 'gascón' , kaleria 'galería', kalerna 'galerna', etc.), existiendo también dobletes del tipo katu/gatu, kereiza/gerezi, etc. Esta dualidad -explica Gavel— está provocada por la alternancia consonántica que presentan otras voces que han experimentado una influencia románica secundaria.

2.4. Treinta arios después del estudio de Gavel, Martinet, en un artículo antes citado (1.3), abordó monográficamente la cuestión de la sonorización de las oclusivas iniciales- en vascuence, basándose en «la experiencia del método estructural». Martinet acepta globalmente la exposición de Gavel, de la que deduce, en términos fonológicos, que el vascuence tendia, respecto de las tres series de oclusivas (labiales, dentales, velares), a representarlas «á l'initiale par un seul phoneme de réalisation sonore, á la finale par un seul phoneme de réalisation sourde, à l'interieur du mot, au moins á l'intervocalique, par deux phonemes, l'un sourd (parfoisaspiré), l'autre sonore» n9. Martinet apunta sagazmente las dificultades con que tropieza para justificar tal distribución: 'si el vasco sólo poseía oclusivas sordas en posición inicial, mientras que en interior de palabra tenia sordas y sonoras, se comprenden mal (en 1.3 cité las palabras textuales de Martinet) las razones que hayan determinado la sonorización regular. "Les difficultés sont graves encore si l'on part d'un type o les distinctions phonologiques sont les memes à l'initiale et á l'interieur des mots», puesto que no se ve motivo para que en la posición óptima de máxima distinción desaparezca la correlación sorda/sonora, mantenida en posición interior. Puede añadirse que en favor de aquel mantenimiento cuenta también la circunstancia de estar el vascuence rodeado de lenguas románicas, las cuales —según la creencia general— distinguían en inicial de palabra entre sorda y sonora, de acuerdo con la etimología.

Martinet encuentra una salida, única, al problema: la de admitir una acción exterior al Sistema consonántico del vascuence: «Une influence des parlers romans avoisinants agissánt sur les restes d'un systeme consonantique primitif qui distinguait essentiellement entre deux séries dont les caractéristiques, en position de differenciation optima, étaient respectivement l'aspiration et son absence».

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En posición inicial, la primera serie se realizaría por medio de sordas aspiradas; la segunda, por medio de sordas suaves.

2.5. Supuesta tal distinción, la p- no aspirada de los préstamos latinos se reproduciría por medio de una sorda suave, no aspirada, realización inicial del fonema lene /b/. En ese estadio —prosigue Martinet— la sonorización de la variante inicial citada «s'explique aisément du fait de la pression considérable exercée par la phonétique des parlers romans qui enserrent le domaine euskarien et n'ont cessé de s'y infiltrer. Le primitif 'des mots basques passe progressivement á b-, •mais lá o^ il correspond á une sourde romane, le son sourd est con- servé ou plus vraisemblablement rétabli» ". La frase transcrita figura también en la versión, modificada, del estudio citado que se incluye en rconomie... (383). En esta ^ltima versión, pocas páginas antes, opina igualmente Martinet: «On com- prendrait mal qu'au stade méme o^ lon pouvait, dans le mot, distinguer entre position forte initiale et position faible inter- ne, uri affaiblissement se manifestát précisément en position forte. On doit donc nécessairement postuler un changement profond et assez rapide de l'équilibre des forces dans la chaine. Un changement de ce type suppose une pression considérable venue du dehors, et une telle pression ne peut avoir été que celle du latin s'exerçant sur une langue que l'effondrement de l'Empire romain a dú sauver de justesse de l'élimination» (379).

Al llegar a este punto del razonamiento se alza una dificultad, a mi entender, insuperable. Admitida la conversión de la consonante sorda latina en sorda suave, no encuentro ningún motivo necesario para suponer que, en un paso ulterior, se ha producido el proceso de sonorización según dirección postulada por Martinet, en cuanto que las correspondientes formas románicas conservaban —mientras no se demuestre lo contrario- el sonido sordo inicial etimológico.

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Aun en el supuesto, tan inverosímil, de que la influencia románica hubiera consistido en la imitación material de sus consonantes sonoras, es decir, en la incorporación al vascuence de unos timbres que hubieran desplazado, indiscriminadamente, sin correspondencia alguna, a los timbres originarios, se hubiera obtenido el paradójico resultado de que acción del romance hubiera consistido en una divergencia del modelo (cuya presión se pondera), puesto que en las lenguas románicas circundantes parece haber sido regular la conservación de la correlación de sonoridad en posición inicial de palabra, mientras que tal oposición quedaba inutilizada en vascuence. Mal pudieron los descendientes románicos de pilum, pacem, picem, etc., si mantuvieron siempre la p- inicial que ofrecen en todos sus testimonios hasta el presente, influir sobre los préstamos de tales voces al vascuence, donde adquirieron y conservan actualmente la forma bilo, bake, bike, respectivamente.

Martinet ha percibido la dificultad -recién expuesta, como se -deduce- de sus pábbras finales en la penúltima cita transcrita; y -parece apuntar allí mismo una solución- de carácter general. Sin embargo, creo que no puede aceptarse su valor probatorio, pues los casos del tipo pacem/bake/paz (es decir, consonante inicial sorda en latín; sonora en vascuence; sorda en castelláno) son muy numerosos e invalidan aquella solución. La conservación secular de la consonante sorda en castellano sólo sirve —como Gavel vio muy bien (2.3)- pará jusiificar particularmente su presencia actual —excepción al resultado general— en unos cuantos de los préstamos léxicos al vascuence. La mayoría de ellos ofrecen sonora inicial, pese a la sorda correspondierite en catellano.

2.6. El artículo de Martinet fue objeto de una amplia recensión por parte de Michelena n11, que merece ser tenida en cuenta.

(11) L. MICHELENA, La sonorización de las oclusivas iniciales. A propósito de un importante artículo de Andre Martinet", BSVAP, 1951, 7, 571-82. Utilizo aquí la versión refundida en su Fonética histórica vasca. San Sebastián, 1961.

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En ella se afirma que «en préstamos es característico que las oclusivas sordas latinas iniciales estén representadas por sonoras vascas. Como en esa posición los mismos sonidos vascos representan además a las oclusivas sonoras latinas, esto equivale a decir que en esas voces se ha neutralizado para esas consonantes la oposición de sorda/sonora en inicial de palabra [...]. No es raro que una voz vasca con oclusiva sonora inicial tenga a su lado una variante con sorda, aunque casi siempre en una misma localidad se emplea tan sólo una de ellas, sin vacilaciones» (:239).

En cuanto a la causa de la sonorización inicial, Michelena cree que «Martinet ha conseguido presentar como sumamente verosímil» (:243) la hipótesis arriba expuesta, supuesto lo cual, «para llegar a la situación documentada en el vasco conocido, hay que admitir que los representantes de los fonemas /b d g/ en inicial se sonorizaron plenamente conforme al modelo romance» (:244).

Vale aquí lo dicho a propósito de la hipótesis de Martinet. Aun admitiendo una primera adaptación del consonantismo vasco al latino, resulta poco comprensible cómo se pudo llegar a la sonorización de la consonante inicial por influjo de las lenguas románicas, que, según la creencia común, la conservaron sorda.

Debo insistir en el carácter esquemático —como cualquiera puede percibir— con que he presentado los hechos vascos, para ceñirme así a los intereses del estudio presente. Pero también reitero mi intención de atenerme con toda fidelidad, salvo error involuntario, a la hipótesis formulada para explicar su sonorización inicial. Unicamente he de añadir, para completar el estado de cuestión, que ha habido alguna opinión en contra de dicha hipótesis. Así, Hubschmid (1965), que ha estudiado la evolución de k- tanto en vascuence como en otros testimonios léxicos prerrománicos, cree probable que el sistema consonántico de aquél poseyera no sólo k-, sino también g-.

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Aun aceptando la hipótesis de la sonorización inicial en el ámbito iberorrománico, al no haberse producido dicho fenómeno —como es indudable— con la misma regularidad, persistencia histórica, etc. que en la lengua que, respecto de aquél, ha desempeñado el papel de substrato y adstrato, lo lógico seria concluir que es el romance el que recibe la influencia del vascuence. Asi lo han entendido, en general, los romanistas, como ya ha habido ocasión de exponer, mientras que los vasquistas lo entienden en sentido contrario: todos ellos están acordes en que el proceso no se debe a un desarrollo interno del sistema, sino a la influencia románica. Los hechos vascos obligan, pues, a invertir, en principio, la dirección que suele atribuirse al fenómeno de sonorización inicial, ya que, de lo expuesto hasta aqui, se deduce, al menos como hipótesis necesaria, una previa sonorización en los romances.

En resumen. Según el punto de mira que se adopta en la contemplación del fenómeno, se atribuye a su proceso de generalización uno u otro sentido, sin que los tratadistas de la cuestión parezcan haber tomado conciencia de esa situación contradictoria, debida a la incomunicación, de hecho, que parece haberse producido entre vasquistas y romanistas.

Por todo ello resulta necesario revisar, como pocas lineas antes dije, la situación románica en busca de una comprobación o de una repulsa a la hipótesis formulada o, por lo menos, saber qué grado de verosimilitud ofrece desde dicha perspectiva. En cualquier caso, hay que procurar establecer una relación aceptable entre ambas manifestaciones, vascuence y romance, del mismo fenómeno fonético, es decir, averiguar la dirección que ha seguido el proceso.

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3. De igual modo, con mayor exigencia a^n, el estudio de dicho proceso en el ámbito iberorrománico no debe tratar- se desligado de la consideración comparativa con hechos romá- nicos análogos o idénticos. He aqui un segundo motivo para examinar éstos, que es lo que me propongo hacer en lo que sigue.

3.1. La actitud, tan caracteristica metodológicamente, de Meyer-L^bke 16 sobre la sonorización de las consonantes inicia- les, ha pesado decisivamente en el estudio- posterior de la cuestión. En todas las lenguas románicas encuentra Meyer- L^bke ejemplos aislados de sonorización inicial, pero no pue- de -reducirlos a una «regla precisa», sino que debe adrriitir una influencia particular para cada uno de ellos. En aigunas clases de •palabras resulta más frecuente: préstamos del grie- go; silaba inicial kra-, etc. Con mayor generalizacióri que los demás romances, observa Meyer - L^bke ", el sardo trata la consonante inicial como interior intervocálica.

3.2. Estas mismas afirmaciones son las que, prescindiendo ahora de detalles, se mantienen hoy en los manuales de fo- nética románica, tanto general como de cada lengua particu- lar. Pero no faltan algunos estudios monográficos que -enri- quecen y matizan dicha situación bibliográfica. .

Se debe el primero de ellos a Guiter 18, dedicado precisa- mente a la sonorización de la k- inicial, aunq^e el fenómeno, eXplica, no se limita a la velar, pero si ocurre en ella cón frecuenda considerablemente superior al resto de los .derriás órdenes articulatorios. •Con base en un abundante material léxico; Guiter seriala en las lenguas románicas numerosos cre dobletes en los que alternan k- y g-: «Ces Idoublets sont forcément d'origine dialectale il n'est pas étonnarii ,qu'ils abon- dent spécialement en Italie [...] L'étude des patois nous ,four- W.,

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3.4. recientemente, Figge n24 ha abordado de forma mono, gráfica, en un extenso libro, el problema de la sonorización de las consonantes iniciales en toda la Romania, con el plantea- miento más documentado y ambicioso de los reálizados hasta la fecha. Figge, que duda de la posibilidad de reducir el fe- nórneno a influencia griega o a Prerromana o a ambas ann- plementariaMente, procede con gran al análiSis de los diferentes grupos léxicos que establecé, áeg^n la Varie dad de consonanteS o silabas iniciales; seg^n el orige • ý na- turaleza seniántica de las palabras afectadas etc., .con el fin de ir precisando las posiblés causas en cada Caso.- Nor es mi propóSito actual exponer o comentar la doctrina de FiggeinO- simplemente restimir lo que- afecta al objeto del Presente esz tudio. Pues bien, Figge observa que en los préstamos latinós y. romances al vasco de palabras que empiezan por p- t- k-, estas consonantes son con frecuencia sustituidas por b-, d-; gs-, respectivamente. Como también los dialectos románicos pirenaicos ofrecen la sonorización inicial en palabras de origen latino, supone que debe ser atribuida al stibstrato o adStrato vásco y que, por tanto, ha de separarse metódicamente de la problemática roniánica general. (Es decir, eXcluye de su pór Principio, todos los casos que še hayan podidd pro-

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