GarciaCortazar1965-2005

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Valles y trashumancia

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En el principio [el valle] era el espacio innominado, la pura geografía. Fue más tarde cuando esta geografía se convirtió en espacio de "valles"; justamente cuando la empezaron a recorrer grupos de pastores trashumantes y, sobre todo, cuando estos pastores dieron una continuidad y regularidad a sus desplazamientos.

Probablemente, a partir de tres punto significativos:

  • el Gorbea
  • la Sierra de Aralar y
  • el Macizo de las Cinco Villas

El mapa de reparto de las variedades dialectales del euskera puede ser testimonio de ello.


Crónicas asturianas s. IX

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Las crónicas asturianas: dibujan un arco, al norte V y G y la N húmeda. Al sur, la parte meridional A y N, los espacios mediterráneos.

Entre unos y otros, la línea constituida por los tres grandes macizos montañosos.


Repoblaciones alavesas de Vizcaya

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De los tres espacios que quedan al norte de este arco, V está ya bautizada.

El nombre de V equivale a tierra de montañas, a la montaña. Ello permite pensar que se lo han puesto gentes que vienen de la llanura; esto es, de tierras de Álava.

Respecto a A, V aparece en [s. IX] como una periferia montañosa.

Los testimonios permiten señalar tres rutas de penetración de gentes e influencias en un circuito de clara dirección sur-norte en V:

  • Por el oeste, el camino del Cadagua
  • por el sur, el del Nervión, esto es, Orduña, Ayala, para localizar en San Pedro de Abrisqueta (Arrigorriaga) los restos artísticos medievales más antiguos
  • por el este, el que conduce de la Llanada alavesa por el alto valle del Deva hasta entrar por los puertos de Campazar y Elgueta en el Duranguesado, en cuya puerta por ese lado, los sepulcros reunidos de Arguiñeta y sus inscripciones dan muestras de una instalación más estable de la población y una cristianización a fines del siglo IX

Esta línea sur-norte de este último camino se halla dentro del espacio del dialecto vizcaíno. Dentro de él encontramos la localización de las importantes posesiones que Diego Beilaz entrega en 952 al monasterio de San Millán de la Cogolla.

Un siglo más tarde [s. XI], también será sur-norte la dirección que marque un rosario de propiedades cedidas por el Señor de Vizcaya a San Millán de la Cogolla.

Según el mapa de Yrizar, tales posesiones corresponden a una variedad dialectal que empalma Ubarrundia en el norte de Álava con la ría de Mundaca.

Por tales itinerarios se introducirán en Vizcaya las advocaciones de San Emeterio y San Millán, esto es, de dos santos riojanos.

La Llanada alavesa actuaba así de bisagra entre el mundo montaoso atlántico y el mundo llano cerealista de carácter mediterráneo.

Probablemente, la intensa roturación de espacio central alavés, testimoniado por la floración de aldeas que recoge el documento denominado de la "Reja de San Millán", fechado en 1025, provocaba la emigración de sus gentes tanto hacia el norte vizcaíno como hacia el sur riojando y castellanoviejo.

Repoblaciones navarras de Guipúzcoa

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En el caso de G es desde N de donde llegarán las influencias que van a introducir modificaciones en su estructura social tradicional.

La dirección sur-norte de las mismas parece refrendada, a tenor de la identificación toponímia propuesta por Barrena, por dos hechos.

De un lado, un recorrido de trashumancia que, desde la sierra de Aralar se introduciría por la zona central de la actual G para llegar al Hernio y bifurcarse al norte de éste, buscando la zona litoral, tanto hacia el oeste, río Urola, como hacia el este, río Oria.

De otro lado, la disposición misma de las referencias geográficas incluidas en el primer documento relativo a G, en el de 1025, que dibuja una franja central sur-norte, limitada por los cursos de agua Araxes-Ocia, al este, y Agauza-Arriarán-Ibaiederra-Urola al oeste.

La distribución de esta franja meridiana de la G medieval nuclear deja ver en el sentido de los paralelos tres espacios que, de norte a sur, vienen marcados por hitos montañosos con un nombre muy expresivo: Irumugarri, Irumugarrieta (esto es, Trifinium).

Las tres mugas hacen referencia, probablemente, a distintas variedades subdialectales del g.: septentrional, cegamés y burundés, que por este y oeste limitan con el alto navarro septentrional, o con el viacaíno.

Ambos conjuntos de datos apuntan dos hechos.

En principio, la vinculación sur-norte, vinculación que va a tener su traducción en las advocaciones de los templos. La de San Miguel, la de "in Excelsis" de Aralar va a penetrar por el sur g. y tras avanzar hacia el oeste va a inundar, especialmente, la cuenca del Deva.

Y en segundo lugar que la instalación más estable de los guipouzcoanos se hace sobre la base de grandes áreas de configuración circular más que, como sucedía con los vizcaínos, longitudinal.

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La abundancia de iglesias dedicadas a San Miguel en el valle del río Deba constituyen una manifestación de la infiltración navarro-guipuzcoana (Barrena, n.1 mapa XXIII).



Falsos Votos de San Millán

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Son falsos en cuanto que no fueron redactados en la fecha de 934 que en ellos se indica, sino hacia mediados del siglo XII.

Los Votos de San Millán son un privilegio atribuido a Fernán González en el año 934, por el que se decía que los pueblos de Castilla y algunos de Navarra debían pagar una cuota anual al Monasterio de San Millán de la Cogolla. Este documento se considera una más de las falsificaciones realizadas por los monjes emilianenses a comienzos del siglo XIII, con las que pretendían hacer prosperar a San Millán tras la disminución de donaciones debido al aumento de monasterios, lo que parece que consiguieron, debido al auge del monasterio en los siglos siguientes.

Se atribuye su autoría a Fernandus, monje de San Millán, contemporáneo de Gonzalo de Berceo, quien hace menciones sobre estos votos en su obra La vida de san Millán y que según el estudio de Brian Dutton podría haber tenido como objetivo hacer propaganda para su monasterio.

También es falsa la "Donación de Sancho III a la iglesia de Pamplona de 1027"

Para el monje riojano la unidad comarcal más carácterística es el alfoz, palabra con la que denomina a aquellos espacios a los que el escriba pamplonés llama valles.

Comparando los textos de estas dos falsificaciones del siglo XII [...] el reparto espacial sería:

  • N. septentrional, desde el Roncal hasta el Bidasoa, G. y V, se incluyen en el espacio de "valles"
  • Las Encartaciones, Ayala, Orduña y Álava constituyen espacios donde las aldeas juegan un papel
  • N. media y la Ribera son asiento de aldeas autónomas

En ambos casos, las aldeas aparecen constituidas por unas cuantas domus o solares, a cada uno de los cuales le corresponde abonar un censo.

Valles vs aldeas

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El vocablo valle tiene menos un valor estrictamente físico que social y más exactamente sociopolítico.

El valle sirve de asiento a una comunidad que independientemente de su distribución en pequeñas aldeas dentro de él, mantiene una unidad de decisiones en torno a los aprovechamientos económicos, sean pastos de los montes, sean diezmos de las iglesias.

En Ayala y Roncal, p.e, a finales del s. XI, es la comunidad de la totalidad del valle, no de cada aldea, la que representada colectivamente por sus seniores, milites o barones, actúa como interlocutora con poderes ajenos al valle.


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Desde mediados del s. X la documentación escrita certificará, salvo para V y G, el triunfo de la aldea.


Barones o milites

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En lpos casos de Roncal, Ayala, Vizcaya, Álava nuclear, el plural milites recoge la idea de un colectivo de jefes autóctonos que en primera instancia dirige sus propios grupos familiares extensos y, como obligación heredada de la instalación más estable del grupo en un valle, organiza los aprovechamientos económicos de éste.

De forma colectiva, es decir, de todos los grupos familiares, el de los bosques y ganadería; de forma comunal a escala de grupos más pequeños, el de unas determinadas porciones de territorio.

Dentro de grupos familiares extensos, el ejercicio de la jefatura lleva anejos ciertos derechos: enajenación de parte de los bienes familiares en beneficio de terceros (raro en V); disposición de espacios en que instalar a miembros del grupo.

Despoblación y repoblación del valle del Duero VIII-X

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Según Sánchez Albornoz, la despoblación del valle del Duero es resultado de

  • las campañas musulmanas de conquista
  • las actividades devastadoras de Alfonso I de Asturias, entre los años 739 y 757, quien trató de construir un "yermo estratégico" que protegiera su reino de las incursiones de los ejércitos islámicos

La población de la meseta del Duero abandonó sus asentamientos y se instaló en los valles de las montañas de la cordillera Cantábrica.

En Asturias, las instituciones hispanogodas prolongaron su vigencia.

Desde comienzos del siglo IX, la población de las montañas cantábricas, incrementada por los aportes de los fugitivos procedentes del Duero, dio muestras de crecimiento y empiezan a traspasar la cordillera hacia el sur.

Se ocupan los bona vacantia de la meseta mediante la presura de los territorios vacíos. Ordoño I y Alfonso III de Asturias, que reinaron del año 850 a 910, estimularon el proceso

Herencia del reinio hispanogodo 691-711

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  • Rey visigodo, heredero lejano del Estado romano, cuidaba del ordenamiento jurídico, Liber Iudiciorum
  • Dominio social de aristocracia laica y eclesiástica
  • Sociedad estructurada según tres modelos:
    • Villa esclavista
    • Valle indígena
    • Aldea

Reparto desigual de los núcleos de aglutinación política (urbes, sedes episcopales):

  • Abundaban en el espacio galaico-portucalense
  • No existían al norte de la cordillera Cantábrica, ni en tierras llanas entre la cordillera y el Duero
  • Algunas al borde montañoso (Astorga, Oca, Osma) y Palencia

En las comunidades del valle se dio un retorno físico de los emplazamientos de altura (al viejo castrum)

Regnun asturorum 780-850

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Alfonso, hijo del último dux visigodo de Cantabria, apareció a mediados del s. VIII como aglutinador de algunas fuerzas de resistencia al dominio musulmán en el espacio entre Liébana y el valle del río Sella.

Hacia el 785 Alfonso va recibir de un clérigo letrado (probablemente Beato de Liébana) el título de rex, significativamente en el mismo texto en que por primera vez se invocó a Santiago como "cabeza de oro refulgente de España" y se imploró su patrocinio celestial (López Alsina 1993:27-36).

Alfonso II, 791-842, reivindica su herencia del reino visigodo y los territorios a oriente (Cantabria y el occidente de Vasconia) y a occidente (Galicia)se articulan en torno al poder creado por el rey.

Hacia los años 824 a 827, el obispo de la sede de Iria Flavia aceptó que un sepulcro encontrado en una de las aldeas de su diócesis contenía los restos del apóstol Santiago. La cobertura ideológica de apoyo de la nueva monarquía estaba servida.

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