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Joaquín L. Gómez-Pantoja (1979) Nuevas inscripciones romanas de Navarra. Príncipe de Viana 154-155, 5-30 http://uah.academia.edu/Joaqu%C3%ADnLG%C3%B3mezPantoja/Papers/463454/Nuevas_inscripciones_romanas_de_Navarra



El detalle más característico de las estelas de Aguilar de Codés es la aparición, en las cinco estelas decoradas conservadas, de figuraciones humanas (12).

Estas figuras están trabajadas de un modo ingenuo y sencillo y no señalan detalles anatómicos en relación con el sexo; tan sólo en una o dos cabezas se aprecia una somera indicación de nariz, ojos y boca.

El hecho de que representen figuras humanas no tendría mayor importancia si atendemos a la extendida utilización de estas representaciones en toda Navarra.

Figuras humanas aparecen en Arbeiza, Bearín, Estella, Gastiain, Ibero, Iruñuela, Javier, Lerga, Marañón y Urbiola.

Pero, lo que llama la atención de las estelas de Aguilar es la presentación trinitaria de estas figuras. Concretamente cuatro de las cinco estelas encontradas en esta población reproducen una tríada humana.

Si el inventario de figuraciones humanas es bastante amplio en toda Navarra, cuando lo que se recogen son figuras humanas triples, la relación disminuye sensiblemente y se muestra más significativa. Tres figuras humanas solamente aparecen en los hallazgos de Iruñuela, Urbiola, en una estela perdida de Estella, en Arbeiza y en Aguilar y Marañón (13). Es decir, lejos de Aguilar se contabilizan, en toda Navarra, el mismo número de este tipo de representaciones ternarias que en el propio Aguilar.

Esta significativa proliferación de una decoración tan característica, hizo pensar a Juan Caros Elorza en la existencia de un taller, en esta zona divisoria entre Álava y Navarra, donde se esculpirían estas estelas que luego aparecen en poblaciones tan próximas entre sí como Aguilar de Codés, Marañón o la vecina Santa Cruz de Campezo, ya en tierra alavesa (14). Posteriormente, Marcos Pous y García Serrano han buscado un sentido cultural más amplio a estas coincidencias epigráficas, afirmando que

la existencia de esta especie de compartimentos geográficos ... no se deberá probablemente a la coyuntura de una simple moda transitoria de taller, sino que puede encerrar un sentido más profundo, quizá en relación con subgrupos de pueblos (gentilidades, subtribus, clanes, etc.) (15). Se trata de una hipótesis o de una línea de trabajo arriesgada, pero atractiva, y que, como ellos mismos reconocen, necesita confirmación (16). Lo cierto es que estas representaciones, en su mayor parte proceden del área navarro- alavesa y zonas adyacentes (tres en Vizcaya, una en La Rioja, otra en Burgos, etc.) y que, por otra parte, son muy escasas las representaciones de tres personajes en monumentos funerarios del resto de la Península. Sin embargo, puede ser interesante, como en seguida veremos, su presencia en el Noroeste peninsular y en Portugal, además de en los valles pirenaicos de Arán y Arboust (17).

Ahora bien, la simple distribución geográfica de estas figuras no nos serviría de mucho si no pudiésemos fijar con más precisión su filiación. Barandiarán en 1968 (18) señalaba que la simbología trinitaria es muy frecuente en la religiosidad celta y en general en la de los pueblos occidentales.

Por otro lado, los

(13) Gómez-Pantoja, J., «Nuevas inscripciones romanas en Navarra», Príncipe de Viana, 40, 1979, pp. 5-30.

(14) E Elorza, J.C. «Un taller de escultura romana en la divisoria de Álava y Navarra», en Cuadernos de Trabajos de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, T. XIIIIIIIII, 1969: pp. 55-74.

(15) Marcos Pous, A. y García Serrano, R., «Un grupo unitario de estelas funerarias de época romana en centro en Aguilar de Codés (Navarra)». Estudios de Deusto, 20, 1972: p. 317.

(16) Ib.: «Tal vez los progresos filológicos, arqueológicos, etc, permitan con el tiempo determinar a qué subunidad étnica debamos atribuir este compacto grupo de estela funerarias, o quizás tengamos que desechar la existencia aquí de una etnia particular».

(17) Marco Simón, F., Las estelas decoradas de los conventos Caesaraugustano y Cluniense, Zaragoza, 1978: p. 43.

(18) Barandiarán, I. «Tres estelas del territorio de los Vascones», en Cesaraigista, 31-32, 1968: 219.

3. ONOMONOMONOMONOMáSTICASTICASTICASTICASTICA PERSONALERSONALERSONALERSONALERSONALERSONALERSONAL

Nos vamos a ocupar únicamente de los nombres de las inscripciones de Aguilar de Codés y Marañón, siguiendo la línea trazada por el parecido entre la epigrafía de las estelas de las dos poblaciones.

Los nombres que vamos a comentar proceden de la estela número 38 de las inventariadas por Taracena y Vázquez de Parga en 1947 (20) y de dos estelas inéditas, que aparecen en el trabajo de Lourdes Albertos.

Las dos primeras corresponden a Marañón y en la tercera, ejemplar doble, aparecen los tres nombres indígenas procedentes de Aguilar de Codés que comentaremos: Boutia, Coemia y Vendio, de Aguilar y Ambati, Doitena y Doiterus, de Marañón.

Comencemos por los de Marañón.

Ambati, en todas sus variantes es un nombre que se cuenta entre los más típicamente hispánicos y más abundantemente atestiguados.

La forma más frecuente es Ambatus, Ambata, y la mayor concentración de hallazgos se encuentra, precisamente, en las regiones alavesa y navarra, así como en la zona cluniense, entre los Cántabros Vadinienses y entre los Vettones, de las provincias de Salamanca y Cáceres (21).

Puede ser interesante el hecho de que este nombre sea claramente extraño en territorio celtibérico, donde se recoge tres veces, en zonas fronterizas con Vetones y Cántabros, o en un testimonio dudoso de Clunia (22). Por el contrario, es habitual en la zona lusitana (23).

En definitiva, se trata de un término que (19) Marco Simón, F., Las estelas decoradas..., p. 43. (20) Taracena, B. & L. Vázquez de Parga, «Epigrafía romana en Navarra», en Excavaciones en Navarra, Pamplona, 1947: pp. 122-151. (21) A Albertos, M.L., «Álava prerromana y romana. Estudio lingüístico», en Estudios de Arqueología Alavesa, IVIV, Vitoria 1970: pp. 107-234. (22) A Albertos, M.L., «La onomástica de la Celtiberia», Actas del II Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica (Tübingen, 17-19 Junio 1976), Salamanca 1979: p. 137. (23) Palomar Lapesa, M., La onomástica personal pre-latina de la antigua Lusitania, Salamanca 1957: p. 31.

3. ONOMONOMONOMONOMáSTICASTICASTICASTICASTICA PERSONALERSONALERSONALERSONALERSONALERSONALERSONAL Nos vamos a ocupar únicamente de los nombres de las inscripciones de Aguilar de Codés y Marañón, siguiendo la línea trazada por el parecido entre la epigrafía de las estelas de las dos poblaciones. Los nombres que vamos a comentar proceden de la estela número 38 de las inventariadas por Taracena y Vázquez de Parga en 1947 (20) y de dos estelas inéditas, que aparecen en el trabajo de Lourdes Albertos. Las dos primeras corresponden a Marañón y en la tercera, ejemplar doble, aparecen los tres nombres indígenas procedentes de Aguilar de Codés que comentaremos: Boutia, Coemia y Vendio, de Aguilar y Ambati, Doitena y Doiterus, de Marañón. C omencemos por los de Marañón. Ambati, en todas sus variantes es un nombre que se cuenta entre los más típicamente hispánicos y más abundantemente atestiguados. La forma más frecuente es Ambatus, Ambata, y la mayor concentración de hallazgos se encuentra, precisamente, en las regiones alavesa y navarra, así como en la zona cluniense, entre los Cántabros Vadinienses y entre los Vettones, de las provincias de Salamanca y Cáceres (21). Puede ser interesante el hecho de que este nombre sea claramente extraño en territorio celtibérico, donde se recoge tres veces, en zonas fronterizas con Vetones y Cántabros, o en un testimonio dudoso de Clunia (22). Por el contrario, es habitual en la zona lusitana (23). En definitiva, se trata de un término que

(19) Marco Simón, F., Las estelas decoradas..., p. 43.

(20) Taracena, B. & L. Vázquez de Parga, «Epigrafía romana en Navarra», en Excavaciones en Navarra, Pamplona, 1947: pp. 122-151.

(21) A Albertos, M.L., «Álava prerromana y romana. Estudio lingüístico», en Estudios de Arqueología Alavesa, IVIV, Vitoria 1970: pp. 107-234.

(22) A Albertos, M.L., «La onomástica de la Celtiberia», Actas del II Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica (Tübingen, 17-19 Junio 1976), Salamanca 1979: p. 137.

(23) Palomar Lapesa, M., La onomástica personal pre-latina de la antigua Lusitania, Salamanca 1957: p. 31.

Coemia, nombre de Aguilar de Codés, apunta otro problema; aunque nombres relacionados con el antropónimo aparecen en Clunia y en El Collado y Oncala, pueblos de Soria, la mayoría de registros se recogen en Lara de los Infantes, población muy rica en epigrafía romana y cuyos testimonios no suelen pertenecer al ámbito puramente celtibérico. Sin embargo, en Lara se recoge la forma Coemea siete veces y una precedida con la grafía Q-. Otros hallazgos, más alejados del difícilmente delimitable territorio celtíbero, en la población de Monte Cildá (Palencia), Belorado y Vizcaya corroboran la impresión de que no se trata de un nombre propiamente celtíbero (40). Por otra parte, parece, según Holder (41), que este nombre y sus variantes han de relacionarse con el celta *Coimos ‘querido’, con el antiguo irlandés Coim, el antiguo galés y bretón Cum y compararlo con el gótico Heims y el antiguo alto alemán Heim con el sentido de ‘hogar o casa’ (42). Hemos dejado para el final, Boutia, el antropónimo mejor atestiguado y que quizá resuma algunos de los problemas apuntados en las otras formas. En lo referente a su extensión es frecuente en toda la Hispania indoeuropea, pero sobre todo entre los Vettones, en Lusitania (43). Fuera de Lusitania hay también ejemplos en las regiones célticas de la Península y ya fuera de ésta es extraño, aunque hay algunos casos en zonas también célticas (astures y galaicos, por ejemplo) (44). Por otro lado, es un nombre extraño a la Celtiberia, constituyendo el hallazgo de Aguilar, que ahora comentamos, la representación más oriental de este nombre. Esto no quiere decir que se trate de un islote; muy cerca de Aguilar, en Ass, un despoblado de Laguardia, aparece también este antropónimo y así lo recogen los mapas de Untermann y Albertos (45).

Etimológicamente se trata de un vocablo basado en la forma indoeuropea

  • Bhoudhi (46), pero quizá sea desde el punto de vista fonético como mejor podamos fijar su filiación. En primer lugar, la forma de Aguilar presenta un ensordecimiento de la dental del radical, atestiguado incluso en posición inicial y frecuente en las lenguas célticas (47). En realidad, este ensordecimiento corres

(40) A Albertos, M.L., «La onomástica de la Celtiberia», pp. 131-132 y 141.

(41) � �Holder, A., Altcestischer Sprachschatz, Leipzig, 1907-1927. Citado en M.L. Albertos, «Álava prerromana...», p. 92.

(42) A Albertos, M.L. «Álava prerromana...», p. 92.

(43) Id., p. 131.

(44) Palomar Lapesa, M., La onomástica personal..., p. 50.

(45) A Albertos, M.L., «La onomástica de la Celtiberia», p. 139. Los mapas se pueden encontrar en Untermann, 1961, mapa 11; id. 1965, mapa 18 y M.L. Albertos, «Álava prerromana... », mapa 1.

(46) Schmoll, U., Die Sprachen der vorkeltischen Indogermanen Hispaniens und das Keltiberische, Wiesbaden 1959: p. 97, Albertos, M.L., «Álava prerromana...», p. 61 y M. Palomar Lapesa, La onomástica personal..., p. 192.

(47) A Albertos, M.L., «Álava prerromana...», pp. 61 y 303 y M. Palomar Lapesa, La onomástica personal..., p. 142. Onomástica de Aguila r de Codés 221 ponde a un segundo proceso evolutivo que sólo puede acontecer después de la pérdida de la fricación de la dental del radical. Este paso de la dental indoeuropea, sonora y fricativa, a dental sonora simplemente, es el tratamiento que siempre se produce en la evolución del indoeuropeo al céltico (48); y es paralelo a la pérdida de la fricación en la serie labial, también en nuestro ejemplo. Se aprecia aquí la evolución del indoeuropeo *Bhoutia, con labial fricativa, a Boutia, con labial oclusiva, proceso que también sucede en celta (49).

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