Fortun1982

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  • Title:El dominio alavés de San Salvador de Leire
  • Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza
  • Localización: La formación de Alava : 650 aniversario del Pacto de Arriaga (1332-1982), Vol. 1, 1982, ISBN 84-505-2653-1 , págs. 339-372 Recoge los contenidos presentados a: Congreso de Estudios Históricos (1. 1982. Vitoria)
  • Dialnet, RI


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Se ha intentado ordenar el material documental hoy disponible y trazar un panorama del dominio alavés de San Salvador de Leire.

Los bienes que dentro del territorio alavés reunió Leire fueron fruto de cuantiosas donaciones realizadas por la familia de don Marcelo, un de los más significados magnates de la nobleza alavesa durante el siglo XI.

La prepotencia social alcanzada por esta familia a lo largo de la centuria hizo que sus componentes reunieran amplios patrimonios que desbordaron los exiguos límites de Álava, extendiéndose a ambas orillas del Ebro y ocupando territorios castellanos, riojanos e, incluso, navarros.

La atracción de la corte de Nájera y la marcha de la reconquista explican la presencia de sus dominios a lo largo del Ebro hasta alcanzar las proximidades de la frontera musulmana, la cual, antes de las campañas de Alfonso el Batallador, se situaba un poco más abajo de Calahorra.

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Don Marcelo y la implantación de Leire en Álava

La implantación de Leire en Álava debe contemplarse dentro del movimiento general de incorporación de iglesias y pequeños monasterios particulares a grandes cenobios dotados de vida regular, que se constata en los reinos hispánicos a lo largo del siglo XI.

En él tuvieron decisiva importancia las figuras de Sancho el Mayor y de sus sucesores en el trono pamplonés, la reforma emprendida por el concilio de Coyanza (1055), el influjo de Cluny y la implantación de la reforma gregoriana, que acarreó la sustitución del rito hispano-visigótico o mozárabe por el rito romano.

¿Por qué Leire?

Según Lacarra y Orlandis, el promotor de la expansión del dominio legerense en la Rioja alavesa y regiones vecinas fue Sancho, obispo de Nájera (1032 - 1046), que había sido monje de Leire y que desde su nuevo puesto siguió favoreciendo a su antiguo monasterio n1.

La presencia de Leire en Álava debe contemplarse como un fenómeno en el que confluyen la coyuntura general de incorporaciones propia del siglo XI y la política desarrollada con respecto a Álava por el rey Sancho IV el de Peñalén a raiz de la importancia adquirida por el territorio desde 1062.

El acuerdo al que, al parecer, llegaron en esa fecha el monarca pamplonés y su tío Fernando I supuso la retrocesión a Castilla de los territorios que se habían cedido al rey García el de Nájera por su colaboración en Tamarón (1037) y que constituían el núcleo originario del condado castellano, la llamada Castilla Vieja.

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De esta forma se subsanaba el artificial reparto de Castilla y se trazaba una nueva frontera con el reino de Pamplona, que conservaba Álava, Vizcaya y La Rioja.

El nuevo trazado de la frontera, aunque suponía una merma de los dominios de Sancho de Peñalén, dotó al reino de una mayor cohesión y aumentó la importancia de los territorios que formaban la nueva frontera ante Castilla: Vizcaya, Álava y el reino de Nájera, es decir La Rioja n2.

Aunque casi imperceptibles, pueden rastrearse algunos datos que dejan entrever las líneas maestras desarrolladas por Sancho el de Peñalén con respecto a uno de esto territorios que pasan a ser frontera de su reino: Álava.

Hasta entonces los monarcas pamploneses habían encomendado el gobierno de la zona a dos condes, Munio González (1030-1043) y Munio Muñoz (1045-1053), cuya onomástica hace pensar que son padre e hijo y que en ellos se cumplió la natural tendencia hacia la hereditabilidad y patrimonialización del título condal, de acuerdo con la tradición castellana, a pesar del hiato de dos años que entre ambos existe y que tuvo importantes consecuencias para el condado.

Don Marcelo, tenente del condado de Álava 1056-1072

La muerte en Atapuerca (1054) de García de Nájera quizás pudo estar acompañada de la del conde alavés, pues desde 1053 no vuelve a parecer en la documentación n3 y parece borrarse toda su estirpe.

En sustitución de Munio Muñoz surge en tierras alavesas otro magnate que va a tener el control del territorio durante casi todo el reinado de Sancho de Peñalén (1054-1076): Álvaro Díaz, denominado comunmente en la documentación de la época como don Marcelo n4 y que ya en 1046 ocupa un puesto relevante a juzgar por el calificativo dompno que se le asigna n5.

En 1056 comparte el control de Álava con Ramiro Sánchez afincado en la tenencia de Marañón, si bien desde 1063 don Marcelo aparece ya en Marañón y controla todo el territorio alavés n6.

Incluso ostentará la tenencia de Grañón n7 y Término n8.

Sin embargo, a pesar del considerable poder que estos puestos implicaban y del lugar preeminente que ocupaba en la cláusula regnante de los documentos de la época, don Marcelo no parece que tuvo la misma relevancia jurídica que Munio Muñoz o Munio González.

No llega a asumir el calificativo de comes, salvo en un documento privado redactado por un eclesiástico alavés n11, n12.

La negativa de Sancho de Peñalén a otorgar el título de conde a don Marcelo no resulta extraño dentro de la política llevada a cabo por el monarca e inspirada en su deseo de no renunciar al contro regio de las tenencias, reservándose la libre remoción de sus ocupantes.

El padre de don Marcelo pudo ser Diego Sánchez, tenente de Portilla en torno a 1040 n14, lo cual explicaría el arraigo dominial de la familia en torno al Ebro.

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Estuvo casado con doña Goto o Angregoto n10 e hijos suyos fueron Diego Álvaro n15, Munio Álvaro de Fozana n16, Álvaro de Garisuri n17, Fortún Álvaro n18 y Sancha n19.

La lista puede completarse con Gonzalo Álvarez n20.

Cabe sugerir que su mujer doña Goto era miembro del linaje condal de Munio González (hermana de Munio Muñoz?).

Así se explicaría que al desaparecer Munio Muñoz a partir de 1053, don Marcelo adquiriera gran protagonismo político en Álava, quizás en calidad de cuñado del conde muerto.

Uno de los hijos de Goto recibió el nombre de Munio, tal vez en recuerdo de sun abuelo materno homónimo.

Para comprender el hilo conductor que explica el inicio de las relaciones entre el monasterio de Leire y la familia del conde Marcelo hay que hacer referencia a otro de los puntos básicos de la política de Sancho el de Peñalén con respecto a Álava: la provisión del obispado alavés a raiz del traslado del obispo Munio a la diócesis de Calahorra (1064 o 1065).

La siguiente mención a un obispo alavés corresponde a Fortunio (1067) n21.

El intervalo entre ambos ha dado lugar a numerosas especulaciones, llegándose a defender una primera incorporación a la diócesis de Calahorra, preludio de la definitiva que tendría lugar veinte años después n22.

Aunque en la actualidad se ha descartado esta idea, sigue sin determinarse la suerte del obispado alavés durante el lapsus que media entre la última mención de Munio y la primera indubitable de Fortunio, que corresponde a 1067 n23.

Entre tanto la única referencia a un obispo de Álava proviene de un documento legerense de 1 de noviembre de 1066, en el que se dice:

"Episcopo domno Joanne in Pampilona et Alaba et Vizcaya" n24.

Goñi le ha negado credibilidad, aunque sin aducir poderosas razones que lo descarten n25.

Probablemente se trata de un documento manipulado, pues resulta extraño que no se incluyera en el Becerro Antiguo de Leire.

Sin embargo, la parte menos sospechosa del documento es la extensa cláusula regnante, cuyos componentes corresponden a 1066, salvo el caso del tenente de Sangüesa.

No es aventurado pensar que el documento original se rehizo en su parte dispositiva, mientras que apenas se retocó el escatolo, lo cual concede bastante credibilidad a la presencia del obispo Juan de Pamplona al frente de la diócesis alavesa.

El fugaz gobierno del obispo Juan, que era también abad de Leire, pudo tener carácter de reorganización y explica perfectamente que el nuevo obispo alavés fuese escogido entre los monjes de Leire n26, llegando a simultanear tras la muerte de Juan el gobierno de la sede de Armentia y el del monasterio navarro.

Vistas conjuntamente, la traslación del obispo Munio a Calahorra (1064-65), la presencia del obispo Juan de Pamplona en Álava y Vizcaya (1066) y la adjudicación de la sede alavesa a un monje legerense parecen ser medidas integrantes de una amplia remodelación eclesiástica solo atribuible al monarca Sancho de Peñalén, quien con ella pudo pretender una mayor vinculación eclesiástica entre Álava y el núcleo originario del reino pamplonés.

En suma, puede afirmarse que la irradiación de Leire en tierras alavesas no fue fruto solamente del coetáneo movimiento general de ascripción de iglesias particulares a grandes monasterios, sino que también se vio beneficiada por la política desarrollada por Sancho IV en Álava, cuyos principales representantes, don Marcelo y el obispo Fortunio, fueron precisamente los protagonistas de las primeras donaciones a Leire en tierras alavesas.

Donación a Leire de San Miguel de Ribas en 1071

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En 1068 don Marcelo y su mujer Andregoto donaron al cenobio legerense su heredad de Arrariain, despoblado dentro de la jurisdición de Elburgo n27.

Pero la donación clave, que servirá de núcleo de todo el dominio alavés de Leire, no se produce hasta 1071.

Entonces entregaron al obispo Fortunio, al prior Blasco y al monasterio de Leire la iglesia de San Miguel junto con su villa de Ribas, Santa Gemma, la ya citada Arriaran y la tercera parte de Pangua n28.

La donación se hacía con el deseo de que San Miguel de Ribas se convirtiera en un centro monástico pujante "ut constituatis in Sancto Micahele ordine monachorum et compleatis regularibus disciplinis secundum regulam Sancti Benedicti".

Para lograrlo se le dotaba de las posesiones ya referidas, a las que se añadía la decanía legerense de Bujanda, que se entregaba al "preposito Ripense".

De todas estas poseisiones Leire recibiría anualmente 70 sueldos de plata, destinados a sufragar la iluminación de su iglesia.

Tan solo el abad y los monjes de Leire tendrían autoridad sobre la comunidad de Ribas, poniendo a su frente y removiendo libremente a un decanum, de acuerdo con la regla de San Benito.

En definitiva, Ribas se convertía en una decanía de Leire, de quien dependía disciplinariamente y a quien entregaría un censo anual como signo de esa dependencia.

Las reiteradas referencias a la regla de San Benito y las expresas prohibiciones a la intervención en Ribas de la familia del donante hacen presumir, de acuerdo con la trayectoria posterior, cierta manipulación del diploma n29.

Incorporación de diócesis de Álava a Calahorra en 1088

Tan solo cinco años después de esta donación, la muerte de Sancho el de Peñalén (1076) cambió completamente las circunstancias de la vida alavesa.

La quiebra de la presencia pamplonesa en Álava y su ascripción al reino castellano acarrearon profundas y variadas consecuencias.

Pocos años antes había muerto don Marcelo (1072?) n30.

Ambas circustancias y la desaparición del obispado alavés (1088) n31 impusieron un hiato a la presencia de Leire en Álava.

Es curioso comprobar que la incorporación de la diócesis de Álava a la de Calahorra se produce poco después de que en la primavera de 1087 Alfonso VI de Castilla y Sancho Ramírez llegaran a un acuerdo definitivo de reparto del territorio del reino pamplonés n32.

Una vez ratificada la adscripción de Álava y Vizcaya a Castilla, es lógico que Alfonos VI procediera a una reorganización diocesana basada en el principio de adaptación de la geografía eclesiástica a los cambios políticos, una vez que estos se han consolidado; reorganización que, por otra parte, sintonizaba con el coetáneo movimiento de restauración de las antiguas sedes episcopales y que fue favorecida por la muerte de los obispos de Calahorra y Álava por aquel entonces.

El monasterio de San Miguel de Ribas siguió creciendo y se convirtió en el centro espiritual de los señoríos de la familia del "conde" Marcelo, llegando a asumir sus rectores el título de abad y recibiendo donaciones de pequeños monasterios e iglesias.

Se desdibuja la presencia de Leire y Ribas pasa a ser un monasterio controlado por laicos, en este caso los descendientes de Marcelo.

Buena prueba de esta situación es la donación del monasterio de Berganzo (c. 1108) n33.

Munio Álvaro, hijo de don Marcelo, lo entregó a San Miguel de Ribas, a lo mejor por encargo de su difunta hermana Sancha n34, pero sin hacer la mínima referencia a Leire, lo cal era tanto como negar la autoridad del monasterio navarro sobre Ribas.

Además al frente de San Miguel no se encontraba un "prepositum" o un "decanum", como podía esperarse de las estipulaciones de 1071, sino que se cita a un abad rigiendo los destinos de Ribas.

Restauración y ampliación del dominio legerense a principios del siglo XII

Pronto se produce un giro copernicano que restaura el dominio legerense en Álava, que se amplía por las devoluciones y donaciones de los hijos y nietos del "conde" Marcelo.

Dos factores: Un factor es originario en el propio monasterio navarro y otro fruto de la coyuntura política de los inicios del siglo XII.

Durante su largo gobierno (1083-1121), el abad Raimundo llevó a cabo una portentosa tarea de recuperación, racionalización y expansión del dominio de Leire.

Poco a poco se recuperan bienes y derechos perdidos, se efectúan remodelaciones, se consigue ampliar el número de donaciones, etc.

Testimonios fehacientes de esta actividad son tanto los casi doscientos diplomas correspondientes al gobierno de Raimundo como el inicio de su recogida en el hoy llamado Becerro Antiguo de Leire, comenzado en la última década de su abadiado.

El otro factor es la restauración de la soberanía pamplomesa en este territorio a raiz del matrimonio de Alfonso I el Batallador y Urraca de Castilla en 1109.

Bula papal de Paulo II en 1100

Uno de los objetivos que se marcó el abad Raimundo fue la recuperación de Ribas y del censo instituido por don Marcelo y su mujer Goto en 1071.

Con el fin de lograrlo, solicitó la protección papal para Leire y la confirmación de algunas de sus posesiones más conflictivas, entre las que se encontraba Ribas.

Pascual II extendió una bula en tal sentido el 3 de marzo de 1100.

Kehr, que la publicó n35, encontró en ella algunos ribetes de interpolación, pero que no afectan al núcleo del texto.

El hecho de que esta bula se copiara como primera pieza del Becerro Antiguo n36 (comenzado hacia 1110) indica que en aquellos momentos, aun en el hipotético caso de que fuese falsificada, la bula fue considerada auténtica y surtió los efectos previstos en su contenido.

En ella el papa entregaba a Leire "aecclesiam quoque Sancti Michaelis de Ripa cum censu quem monasterio vuestro Marcellus comes, cum uxore sua eiusdem aeclesia, fundator, instituit".

Protegido por esta bula, el abad Raimundo inició los trámites de recuperación de San Miguel de Ribas.

En principio el éxito de sus demandas debió ser escaso como lo demuestra la falta de toda referencia a Leire en la donación del monasterio de Berganzo a Rivas (c. 1108).

Por otra parte, el panorama del monasterio se había complicado extraordinariamente: aunque Ribas y sus dependencias seguían formando un conjunto patrimonial, su propiedad se distribuía entre los hijos y nietos del "conde" Marcelo.

Era preciso en consecuencia que cada uno de los interesados accediera a devolver la parte correspondiente que detentaba.

Aunque trabajosas y lentas (duraron por lo menos uno o dos lustros), las gestiones del abad Raimundo dieron los frutos apetecidos y, además se añadieron nuevas y cuantiosas donaciones.

Esto demuestra que los monjes navarros, más que plantear una lucha por la posesión de San Miguel de Ribas, optaron por una política de aproximación y captación de la familia de don Marcelo.

En este momento la propiedad del controvertido monasterio correspondía a tres hijos del magnate (Diego, Munio y Sancho) y dos nietos (Íñigo y Goto), hijos de Fortún.

Diego Álvaro fue el primero en devolver y confirmar a Leire la parte que le correspondía en Ribas.

Lo hizo el 25 de julio de 1109 n37, sin que tan siquiera hubiera transcurrido un mes desde la muerte de Alfonso VI de Castilla (30 de junio) y cuando era inminente la boda entre su hija Urraca y Alfonso el Batallador, que se celebraría en septiembre.

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A los pocos meses (6 de enero de 1110) se produce una nueva cesión: Munio Álvaro renuncia a su parte en San Miguel de Ribas, pero se reserva el usufructo vitalicio de la parte correspondiente a su hermano Sancho Álvaro de Garisuri, de quien la había obtenido por algún intercambio n38.

Hasta 1113 no entregará Munio esta parte que ahora se reserva.

Como él y también en 1110, los hijos de Fortún, Álvaro, Íñigo Fortuniones de Zúñiga y Goto de Berantevilla dieron a Leire la parte que detentaban en Ribas.

En este caso la cesión se efectuó en un marco excepcional, la asamblea de los magnates alaveses reunida en Argote y convocada por Sancho Fortunones de Pedrola y Lope López de Mendoza n39, tal vez en su condición de dirigentes de la aristocracia alavesa o como representantes del Batallador n40.

Pero junto con la devolución de San Miguel de Ribas, Leire consiguió también de los familiares de don Marcelo la cesión de numerosas iglesias y pequeños monasterios propiedad de la familia.

El hecho de que Leire perdiera este monasterio quizás sea signo de una posible resistencia al proceso de reforma eclesiástica.

Como dato comparativo puede tenerse en cuenta que ya en 1085 el rey Sancho Ramírez había hecho cesión a Leire de 19 monasterios, iglesias y decanías reales situadas en los valles navarros de Roncal y Salazar n41.

Las cesiones de los familiares de don Marcelo sirven para plasmar la localización geográfica de los dominios de esta familia en el siglo XI.

La mayor parte se localizaban en la mitad inferior de Álava, al sur de los montes de Vitoria.

Aunque no hay que olvidar los bienes de la Llanada Alavesa, en especial los situados junto a la actual villa de Elburgo, la parte más significativa estaba en Treviño, la Montaña Alavesa, la hermandad de la Ribera y ambas orillas del Ebro.

Balance de donaciones de la familia de don Marcelo a Leire

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Tan copiosas como las de Munio y Sancho fue la donación de Andregoto o Goto de Berantevilla en 1110 n64, nieta de don Marcelo y homónima a su abuela y cuyo padre Fortún Álvaro tal vez había fallecido ya.

Puso a disposición de Leire los montasterios de

  • Santa María de Rodezno n65
  • San Miguel de Mercora n66
  • Santa María de Ocozta n67
  • San Vicente de Apellaniz n68
  • San Martín de Zúñiga n69
  • San Tirso de Arrariain n70
  • Obécuri y San Jorge de Anguciana n71

a los que se unió las porciones que tenía de

  • San Julián de Carbonera
  • Santa María de Ircio
  • San Cipriano de Dordoniz
  • San Pedro de Cucho
  • Berantevillla

Aunque probablemente Andregoto residía en este último lugar, no tenía sus propiedades radicadas exclusivamente en sus alrededores, sino que se dispersaban por toda la zona objeto de estudio.

El balance total de donaciones de la familia de don Marcelo a Leire suman 27 pequeños monasterios o iglesias locales:

  1. San Acisclo
  2. San Jorge de Anguciana
  3. San Vicente de Apellaniz
  4. San Tirso de Arrariain
  5. Berantevillla
  6. San Vicente de Berganzo
  7. San Julián de Carbonera
  8. Cornava
  9. San Pedro de Cucho
  10. San Cipriano de Dordoniz
  11. Erenchun
  12. San Juan y San Martín de Herrera
  13. San Pelayo de Garisuri
  14. Santa María de Ircio
  15. Sam Miguel de Isniella
  16. San Miguel de Morcuera
  17. Obécuri
  18. Santa María de Ocozta
  19. San Juan de Peña
  20. San Cosme y San Damián de Pipaona
  21. Santa María de Rodezno
  22. Soto
  23. Santa Columba de Urribarri
  24. San Andrés de Villaescusa
  25. San Martín de Zúñiga

A estos 27 donados hay que sumar la decanía de Bujanda que Leire poseía en tierras de Campezo y que había sido vinculada a Ribas desde 1071.

Bajo el pretencioso nombre de monasterios, estas entidades pertenecientes a laicos escondían en realidad simples iglesias rurales, destinadas a atender las necesidades religiosas de los vecinos que constituían el pueblo en el que estaban y sin ningún asomo de vida regular.

Precisamente el deseo de implantar la vida regular en una de ellas y constituirla en foco eclesiástico de las restantes es lo que explica la donación de don Marcelo en 1071.

Intervención de la casa de Haro

El largo pleito que durante el siglo XII Leire sostuvo con el obispo de Pamplona para conseguir la exención de su autoridad fue un desproporcionado esfuerzo que, no solo se vio privado del éxito, sino que acarreó repercusiones negativas para la vida del monasterio.

Los cuantiosos gastos judiciales obligaron a vender bienes y rentas, de forma que el vasto dominio legerense, en su cenit durante la primera mitad del siglo XII, inició un lento declinar.

Por añadidura, a principios del siglo XIII el cenobio navarro sufrió una profunda crisis disciplinar.

Agotadas las vías normales de corrección sin éxito, el abad fray Domingo de Mendavia creyó que la única medida eficaz para restablecer el vigor de la vida conventual era un cambio de regla.

En consecuencia logró que Gregorio IX ordenara la reforma de Leire y su paso de la observancia benedictina a la cisterciense.

Esta decisión papal dio lugar a setenta años de disputas entre benedictinos y cistercienses por la posesión del monasterio.

En torno a 1263 el abad cisterciense fray Domingo (diferente del homónimmo que inició la reforma) solicitó un préstamo del señor de Vizcaya, don Lope Díaz de Haro (1254 - 1288).

El magnate dio a Leire 500 maravedís de burgaleses, moneda de plata acuñada por Alfonso X el Sabio y equivalente a una sexta parte del primitivo maravedí áureo.

Recibió en prenda de su devolución el monasterio de San Miguel de Ribas con todas sus pertenencias, que era tanto como decir el dominio alavés de San Salvador de Leire n81.

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