FernandezPalacios2003

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Tabla de contenidos

PREÁMBULO

ELECCIÓN DEL TEMA Y LABOR INVESTIGADORA

Cuando comencé a trabajar detenidamente sobre una zona muy determinada de la Cornisa cantábrica llevaba ya conmigo el apoyo de haberme familiarizado durante la licenciatura con los yacimientos arqueológicos prerromanos y romanos de la Provincia de Vizcaya y con los hallazgos numismáticos antiguos del País vasco -gracias a la realización de sendos trabajos de curso en el último año de carrera-, y había venido siguiendo asimismo con atención las investigaciones que sobre Cantabria se realizaban.

Quedaba pues dar el paso adelante y eso es lo que realicé a principios de los años 90. En septiembre de 1992 presenté mi trabajo de investigación de doctorado con el título de Los municipios cántabros de Laredo, Liendo, Guriezo y Castro-Urdiales en época romana (siglos I a. C.-IV d. C.), que supuso un avance del método que pretendía llevar a cabo en la presente tesis doctoral, y desde entonces la labor paciente de recogida de topónimos, análisis de las evidencias arqueológicas, estudio de los textos históricos, puesta al día en los trabajos referentes al norte de la Península en la Antigüedad tanto desde el punto de vista histórico como lingüístico, han constituido, entre otras labores en algunos casos no menos relevantes que las citadas, la cotidianeidad de buena parte de mi trabajo histórico.

Se eligió a propósito un espacio reducido de la Cornisa cantábrica para que el análisis fructificara también en un detenido repaso de su Prehistoria y una presentación de su Alta Edad media, ya que sin estos referentes la comprensión de lo que pasó en la Antigüedad puede llegar a ser bastante deficiente por falta de un enmarque adecuado de los restos hallados y de los datos importantes sobre evolución y distribución del poblamiento. Un espacio reducido daba pie a realizar tareas que desbordaban con mucho el trabajo que se piensa que es el habitual de un historiador de la Antigüedad.

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Pero lo cierto es que, a pesar de la creciente especialización en todas las áreas del Conocimiento, sólo un estudio interdisciplinar podía satisfacer las exigencias que me había planteado desde un principio n5.

La interdisciplinariedad me llevó a contactar, a través de Julio Mangas, por entonces director del Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid, con Javier de Hoz Bravo, catedrático de Filología Griega de la misma Universidad, quien desde el primer momento se interesó vivamente por el proyecto y me ofreció su sabiduría y muchas cosas más a lo largo de todos los pasados años de investigación. Una beca de Formación de Personal Investigador en España por parte del Ministerio de Educación y Ciencia hizo posible que desde el año 1993 hasta 1996 viviera dedicado en exclusiva a temas relacionados de una u otra forma con la Antigüedad y especialmente entregado a la tarea de completar la tesis doctoral que tienen en sus manos. Mi vocación por el trabajo en equipo tuvo la fortuna de beneficiarse asimismo de haber estado incluido en tres proyectos de investigación de carácter eminentemente lingüístico y epigráfico dirigidos por Javier de Hoz (PB87- 0670, Fonología, grafemática y análisis textual de lenguas fragmentariamente estudiadas. Lenguas prerromanas de la Península Ibérica; PB90-0623, Estudios comparativos sobre la cultura epigráfica en el Mediterráneo antiguo, con especial atención a la Península Ibérica. Tipos de inscripciones y su soporte social; y PB93- 0453, Estudios comparativos sobre áreas onomásticas en la Europa antigua con especial atención a la Península Ibérica), lo que me ofreció la oportunidad de conocer con alguna profundidad los problemas epigráficos y onomásticos que presentan significativas áreas europeas en la Antigüedad y de esta manera poder enmarcar correctamente mi pequeño campo de investigación en un panorama más genera nl6.


n5 Interdisciplinariedad que ha procurado, en lo posible, no caer en el defecto que señalara I. Becerro Pita, RDTP 52: 2, 1997, p. 284 en una reseña al libro de J. R. Prieto Lasa, Las leyendas de los señores de Vizcaya y la tradición melusiniana, Madrid, 1995; sus palabras son:

«Y es que conviene no olvidar que la interdisciplinariedad, esa aspiración común a la mayoría de los especialistas de las ciencias sociales,

tropieza con la dificultad para su puesta en práctica de la diferencia de trayectorias, enfoques y métodos de cada materia. Y, de momento, sus mejores frutos no se han logrado por la amalgama de diversos puntos de vista metodológicos dentro de un mismo estudio, sino por la reflexión en el seno de una disciplina de los problemas y aportaciones puestos de relieve por las otras».

n6 Algunos trabajos surgidos en relación con las mencionadas actividades, exceptuando los que luego se nombran a lo largo de la tesis, han sido:

F. Fernández Palacios, «Epigrafía picta en ogham y memoria del difunto: ensayo de reconocimiento», Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra nº 66, 1995, 255- 64 (VI Congreso Internacional de Estelas Funerarias, Pamplona 24-8 de abril de 1995);

F. Fernández Palacios, E. R. Luján Martínez, «Las estelas funerarias galo-griegas: clasificación formal y paralelos», Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra nº 66, 1995, 247-53 (VI Congreso Internacional de Estelas Funerarias, Pamplona 24-8 de abril de 1995);

F. Fernández Palacios, «The Celts and the Orcades in ancient times: reflections starting from Claudius and the Orkneys», comunicación presentada al 10th International Congress of Celtic Studies (Edimburgo, julio de 1995); y

F. Fernández Palacios, «Ogham and Pictland», trabajo expuesto en la International Conference on Medieval Epigraphy. The Insular World and Europe (Oxford, 28-31 de marzo de 1996).

La beca me permitió ejercer la docencia en la misma Universidad donde me formé y también me dio la oportunidad de viajar al extranjero, lo que resultó a la postre muy útil; así guardo un inmejorable recuerdo de mis dos estancias en Escocia (Universidad de Edimburgo, bajo la supervisión de Ian Ralston) y de mi estancia en Irlanda (University College de Dublín, bajo la supervisión de Barry Raftery), y también fue fructífera mi estancia en Alemania (Comisión Romano-Germánica del Instituto Arqueológico Alemán, Fráncfort), en donde contacté con personas de maravilloso talante como el prof. H. Schubert, y fui un huésped más durante breves días de los ya innumerables investigadores españoles que hemos tenido la fortuna de disfrutar de la amabilidad de J. Untermann y su mujer en las cercanías de Colonia. A todos ellos, y a cuantos españoles me ayudaron en Alemania, quiero darles desde aquí mi más emocionado agradecimiento por las atenciones recibidas n7.

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EXPOSICIÓN DEL CONTENIDO

Como se verá, y después de diversas formas, se optó por una exposición que es esencialmente geográfica y cronológica. Hasta la Edad del Bronce lo que ha primado ha sido la presentación de materiales, aunque a veces hay puntuales anotaciones, incursiones en determinados aspectos especialmente relevantes, etc.; a partir de la época romana, aparte del catálogo en sí de yacimientos, clasificado por cuencas fluviales y términos municipales n8, se dedica un capítulo exclusivo al término municipal de Castro Urdiales. No hará falta insistir en que, para una mejor comprensión de cuanto se vaya presentando, la consulta de mapas de dispersión de restos arqueológicos, etc., de anteriores épocas, deberá ser realizada reiteradamente cuando la lectura así lo sugiera para que la comparación entre el diverso material gráfico dé su fruto.

LOS MUNICIPIOS, BASES DE LA INVESTIGACIÓN

Los municipios han sido, pues, la base de la investigación. Ésta, como puede fácilmente suponerse, es fundamentalmente convencional, y aunque algunas demarcaciones de municipios hunden sus raíces bien profundamente en la Historia, otras son producto de circunstancias mucho más recientes. En total, han sido veintinueve los afectados en nuestra investigación: doce cántabros (Ruesga, Soba, Ramales, Rasines, Ampuero, Limpias, Colindres, Laredo, Liendo, Guriezo, Castro Urdiales y Villaverde de Trucíos) y diecisiete vizcaínos (Carranza, Trucíos, Alonsótegui, Arcentales, Valmaseda, Zalla, Sopuerta, Musques, Galdames, Güeñes, Abanto y Ciérvana, Santurce, Portugalete, Sestao, Baracaldo y San Salvador del Valle).

n7 Agradecimiento extensible también a las personas que me hospedaron en los tres países. Quiero expresar mi más sentido pésame a Jürgen Untermann por la reciente muerte de su mujer.

n8 Puentes y torres han sido construcciones especialmente tenidas en cuenta, así como iglesias románicas y góticas. F. Coello, «Vías romanas entre Toledo y Mérida», BRAH 15, 1889, p. 7 ya señalaba que «las ruinas romanas ó inscripciones, los restos de torres ó fortalezas y los nombres indicadores de caminos, de sus obras defensivas ó de combates, que pudieron tener lugar al lado de ellos, se presentan muy rara vez, en las zonas respectivas, fuera de los pueblos ó sitios donde se han mencionado en esta reseña: así constituyen una prueba más completa de la existencia de antiguas comunicaciones en el sentido y según el trazado que se les atribuye». Para las torres, en conexión estrecha con la lucha de bandos que afectó intensamente a nuestra zona de tesis sobre todo en los siglos XIV y XV, en Yarto, Guía Encartaciones: 23 se dice que en los documentos «aparecen referidas 88 casas torre en toda la geografía encartada, de las que de las que aún hoy muchas permanecen en pie». Sobre los protagonistas de las luchas cf. J. C. de Guerra, Oñacinos y gamboínos. Rol de banderizos vascos, con la mención de las familias pobladoras de Bilbao en los siglos XIV y XV, San Sebastián, 1930; I. Arocena, Oñacinos y gamboínos. Introducción al estudio de la guerra de bandos, Pamplona, 1959; I. Arocena, «Los banderizos vascos», BRSVAP 25, 1969, pp. 275-312, y para una correcta perspectiva del problema, J. Valdeón, Los conflictos sociales en el reino de Castilla en los siglos XIV y XV, Madrid, 1975. J. M. González Cembellín, actual director del Museo de las Encartaciones (Avellaneda, Sopuerta), está ultimando su tesis sobre las torres encartadas. Otra obra a reseñar en este sentido es la de J. A. González Gato, Guía de las torres de Vizcaya, Bilbao, 1995.

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No obstante, a pesar de que se quiso desde un primer momento atenerse a las divisiones administrativas actuales, no se ha podido evitar el que para un municipio como el de Alonsotegi, de reciente creación (1991) al segregarse del Ayuntamiento de Baracaldo, se sintiera la necesidad de seguir considerándolo a efectos de la investigación como parte de Baracaldo, ya que su mínima extensión geográfica y la misma recopilación de datos así lo aconsejaba n9, y prácticamente lo mismo puede decirse con respecto a la división reciente en dos municipios de Abanto y Ciérvana.

TRASCRIPCIÓN DE LOS NNL

Otra nota merece la transcripción de los nombres de lugar (NNL). Hay casos como el del vizcaíno municipio de San Salvador del Valle que actualmente reciben casi exclusivamente la denominación que anteriormente sólo les era propia en vasc., así para el caso citado el de Valle de Trápaga o Trapagaran n10. He optado, tras vacilaciones al principio de la redacción de la tesis, por utilizar los nombres de los municipios tal y como han sido tradicionales en español. No he tenido en cuenta en este parecer ni siquiera el hecho de que oficialmente algunos ayuntamientos se hayan decidido, más o menos aconsejados por Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca) n11, a escribir el nombre de sus territorios con la grafía vasc., como es el caso de Valmaseda, escrito ahora oficialmente Balmaseda n12.

Sin embargo, he sido más flexible cuando de lo que se trataba era de presentar etiquetas que otros autores ya habían utilizado para la descripción de complejos arqueológicos, etc., respetando en este caso el nombre que los investigadores les dieron.


n9 El Municipio de Alonsótegui, perteneciente a la Merindad de Uribe, se encuentra a orillas del Río Cadagua en la ladera norte del monte Pagasarri, a unos 5 kms. de Bilbao. Es regado por el Arroyo Azordoyaga, que viene de los montes del sur y desagua en el Cadagua. Su parroquia de San Bartolomé apóstol data de principios del siglo XVI y no poseía voto en las juntas de Guernica por haberse separado de Arrigorriaga (cf. Bizkaiko udalerrien heraldik: Alonsotegi).

n10 Para la etimología de Trápaga cf. la lista toponímica. Por otra parte, San Salvador del Valle adquirió tal nombre a partir del de San Salvador de Oña, cf. M. López Rojo, «Aportación de los Monasterios al repoblamiento medieval en las más antiguas merindades de Castilla y su repercusión en los Concejos Encartados», en Las formas del poblamiento en el Señorío de Vizcaya durante la Edad Media. III Simposio que tuvo lugar en la Biblioteca Provincial de Vizcaya, los días 21, 22 y 23 de marzo de 1975, Bilbao, 1978, p. 290, nota 22.

n11 Sobre la Academia véase hasta 1976 un resumen de su historia, actividades, etc., profusamente ilustrado, en VV. AA., Sobre la Real Academia de la Lengua Vasca. Euskaltzaindia, Bilbao (?), 1976 (ed. patrocinada por el MEC). Euskaltzaindia ha firmado recientemente un acuerdo con la Asociación de Municipios de Euskadi para la normalización de los nombres de los pueblos, barrios y calles de la CAV. Anteriormente había publicado, primero en 1979 un Nomenclátor de los Municipios del País Vasco, Bilbao, siendo presidente de la Comisión L. Michelena (en las pp. 127-36 se dan noticias sobre antecedentes, guía y finalidad de dicho nomenclátor), y en 1986 un Nomenclátor de Entidades de Población de la CAV, el cual recogía los nombres de 1225 lugares, mientras que el Departamento de Política Lingüística de la CAV dos años antes había preparado otra lista con 1368 (cf. Euskararen berripapera nº 84, mayo de 1999, p. 4 -publicación del Departamento de Política Lingüística del Gobierno Vasco-).

n12 Algunas notas sobre el funcionamiento de la Comisión de Onomástica de Euskaltzaindia, en R. Ciérbide Martinena, J. L. Lizundia, «Funcionamiento y actividades de la Comisión de Onomástica de la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia», en Toponimia de Castilla y León: 223-6. El problema onomástico no es nuevo. Por ejemplo, el sentido común que utilizó M. de Unamuno con respecto a los temas ortográficos incluso en sus escritos de juventud, cuando se le podía sin mucho temor a equivocación situarle cercano al fuerismo, causó respuestas disparatadas, así «De ortografía» (recogido en las Obras Completas, tomo 6, 1958) provocó la réplica por parte de S. Arana Goiri, Pliegos euskarófilos, Barcelona, 1888, cf. P. H. Fernández, Bibliografia crítica de Miguel de Unamuno (1888- 1975), Madrid, 1976. Véase ahora también el escrito recién mencionado en M. de Unamuno, Prensa de juventud, Madrid, 1995, pp. 152-5 -fue publicado por vez primera en El Noticiero Bilbaíno el 13 de diciembre de 1886-.

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Es el caso de numerosas “estaciones pastoriles” del período megalítico, tales como Haitzko n13, Eskitza, etc., que aparecen recogidas en mi trabajo con tal denominación vasc. Lo mismo ha ocurrido en el caso de NNL contemporáneos que se documentaban por primera vez y que lo hacían con su forma vasc., incluso cuando el NL había sido antes de su estudio “eusquerizado”, como ocurre con muchos de los que aparecen en la obra de Sasía, J. M., Toponimia euskérica en las Encartaciones de Vizcay, Bilbao, 1966, decisión que tomó el autor de dicho libro sin duda perjudicial para el correcto uso por parte de otros investigadores del material que ofrece. Es decir, que cuando se extrae el NL de una fuente, cualquiera que sea ésta, se respeta primero la ortografía allí presente y después se hacen los comentarios pertinentes al respecto n14.

EL PLANTEAMIENTO DE LA TESIS

La tesis que se defiende tiene un planteamiento complejo, pero puede intentar formularse de la siguiente manera: situados en el campo de la Historia antigua, y por lo tanto haciendo una defensa desde el punto de vista del historiador -lo que ha limitado en alguna medida análisis o estudios de algunos materiales arqueológicos inéditos y un tratamiento estrictamente lingüístico del material correspondiente-, el nudo central consiste en probar que la época romana constituye un período clave en la Historia del espacio investigado por cuanto que su ordenación, en una medida no despreciable, queda ya plasmada en dicho tiempo hasta nuestros días. Pero no sólo esto, sino que también se quiere hacer ver que el funcionamiento de los dos populi que señalan las fuentes escritas para nuestra zona se quiebra de forma irremediable, paradójicamente cuando adquieren un reconocimiento de unidad étnica cada uno de ellos por parte de Roma n15, y resulta un nuevo panorama que puede considerarse plenamente moderno.

El proceso histórico anterior a los romanos, o más propiamente anterior a la Edad del Bronce, es recogido a través de sus yacimientos y de una interpretación global en algunas de las reflexiones finales, y aunque se mostrará que existen unas pautas comunes muy característicamente marcadas desde el Paleolítico superior, ello no es razón para suponer sustratos culturales y menos lingüísticos basados en datos muy posteriores n16.

Lo cual no quiere decir que no se deban tener en cuenta éstos; muy al contrario, instrumentos valiosos de investigación como el eusquera han sido utilizados profusamente a lo largo de las siguientes páginas.

n13 Sobre la curiosa historia de dicho NL cf. Echevarría Isusquiza, 1996: 97, que señala que primitivamente no sería otra cosa que Risco. Para la diferencia entre forma escrita y oral de los NNL cf. a modo de ejemplo M. Borodina, «Forme écrite et orale des toponymes (d´après l´Atlas linguistique de l´Ille de France et l´orleanais)», Nouvelle Revue d´Onomastique 1, 1983, pp. 103-18.

n14 Aprovecho para pedir disculpas por la ortografía incorrecta de muchas palabras portuguesas que salen a lo largo del trabajo. Ello es debido a que empecé a redactar sin muchos signos diacríticos a mi disposición y, cuando los tuve, me fue difícil el volver a revisar todas las citas, no atreviéndome a subsanar yo las omisiones debido a la cambiante ortografía portuguesa.

n15 Véase para el caso galaico G. Pereira-Menaut, «Los galaicos», en Pueblos prerromanos: especialmente las pp. 301-7.

n16 Pienso, por ejemplo, en lo arriesgado de afirmaciones como la de F. Jordá Cerdá en el Prólogo a Iglesias, 1976: 16, al señalar que en la Cantabria antigua existía «un substrato antiguo cántabro-vasco, o por mejor decir unos protocántabros y protovascos, que debieron ocupar los territorios desde tiempos muy antiguos, ya que desde los tiempos epipaleolíticos podemos rastrear una cierta unidad cultural, demostrada por la existencia de un complejo cultural microlaminar, llamado aziliense, que se extiende por toda la cordillera cántabropirenaica, en el que ya se vislumbra la existencia de una cierta comunidad étnica, integrada dentro de lo que los antropólogos denominan tipo pirenaico occidental».

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La redacción de la tesis, entonces, ha pretendido desde un primer momento contribuir a una mejor comprensión de lo que ha venido llamándose, con mayor o menor propiedad, “romanización” del Norte peninsular n17.

Desde luego que la imagen romántica de un norte inalterado, indígena y preservador de todas las esencias prerromanas en su modo de vida quedaba bastante lejos de la realidad incluso antes de ponerse en marcha la investigación.

Es claro que la “romanización” dio sus frutos a lo largo del espacio investigado n18 porque había intereses económicos muy claros en juego, como era la explotación del mineral de hierro y los recursos comerciales que ofrecían puntos importantes como la colonia Flaviobriga y la vías llamadas Pisoraca Flaviobriga n19 y Deobriga-Flaviobriga, sin contar con otros factores que estuvieron seguramente presentes pero que no tenemos documentados al menos por el momento para nuestra zona, como pudo ser la participación de indígenas en el ejército romano n20.

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LÍMITES DE LA INVESTIGACIÓN: LA TOPONIMIA

La investigación era desde un primer momento ambiciosa pero también conocía al menos algunos de sus límites. Por ejemplo, estaba el de la utilización de la Toponimia. Sabido es que se trata de un campo de la Lingüística muy resbaladizo y que los datos que nos ofrece se consiguen muchas veces después de errores significativos.

La mayoría de ella sólo está documentada a partir de la Edad moderna, con lo que su utilización para una época que se remonta por lo menos a unos mil quinientos años antes ha de tener necesariamente un carácter provisional n21. En el caso investigado venía a sumarse la intervención de la Toponimia vasc., pensada por muchos que llegó a las Encartaciones sólo a partir de la Edad media pero que, entre otras cosas, precisamente por la falta de confirmación de este extremo y aun confirmándose, convenía tener en cuenta también n22.

n 17 Para Abascal, Espinosa, Privilegio y poder: 26 romanización «es una moneda con la posesión en el anverso y la trasferencia de identidad histórica en el reverso; no existe otra identidad para lo poseído que la del posesor», y dichos autores llaman «romanización jurídica» a la extensión progresiva de la promoción ciudadana (op. cit.: 39), la cual hasta época flavia sólo pudieron alcanzarla las ciudades, relacionándose así estrechamente el progreso de la «romanización jurídica» con el del urbanismo (op. cit.: 41); la primera se alcanzaría plenamente en época flavia (op. cit.: 72). G. Pereira Menaut, «Cambios estructurales versus romanización convencional. La transformación del paisaje político en el norte de Hispania», en Estudios sobre la Tabula Siarensis, Madrid, 1988, pp. 245-58 insiste, no en los aspectos propiamente jurídicos sino más bien en los estrictamente políticos, sobre todo los relacionados con la territorialización. Sobre el tema de la romanización en general, consúltese, p. e., J. M. Blázquez, «¿Romanización o asimilación ?», en J. M. Blázquez, Nuevos estudios sobre la romanización, Madrid, 1989, pp. 99-145, y dos trabajos en el volumen editado por J. M. Blázquez, J. Alvar, La Romanización en Occidente, Madrid, 1996: F. J. Lomas, «Civilización y Barbarie. A vueltas con la romanización», pp. 45- 55, y K. Hopkins, «La Romanización: asimilación, cambio y resistencia», pp. 15-43. Como muestra de que el tema no está zanjado, señalo que del 13 al 17 de julio de 1998 se llevó a cabo, dentro de los IX Cursos de Verano de la UNED, el titulado Romanización de Hispania: ¿Concepto o realidad?, dirigido por J. J. Sayas Abengochea.

n18 Otros lugares del norte de Hispania que fueron aculturados por los romanos no ofrecen tampoco grandes testimonios de dicho resultado; por ejemplo, personas relacionadas con la educación los tenemos epigráficamente atestiguados en Tritium Magallum (L. Memmio Probo, gramático del siglo II d. C, no de época de Diocleciano, cf. U. Espinosa, «Das Gehalt eines Grammaticus im westlichen Teil des römischen Reiches: eine epigraphische Revision», ZPE 68, 1987, pp. 241-6) y en Asturica Augusta como puntos más cercanos al objeto de la tesis (cf. F. H. Stanley, Jr., «Roman education: Observations on the Iberian experience», RÉA t. 93, 1991, pp. 311 y 320; véase también L. Sagredo, S. Crespo, «La enseñanza en la Hispania romana», HA 5, 1975, pp. 121-34), y en el campo de la Medicina lo más cercano se documenta en Lara de los Infantes (Burgos), tratándose de una médico de nombre Ambata, que se fecha a mediados o en la segunda mitad del siglo I d. C. (B. Rémy, «Les inscriptions de médecins dans les provinces de la Péninsule Ibérique», RÉA t. 93, 1991, pp. 348 y 364). Incluso edificios de espectáculos, como circos y anfiteatros, se documentan, los más cercanos, en Calagurris Nasica (Calahorra) y en Sasamón (Burgos), en este último caso, un teatro (en Veleia -Iruña, Álava- hay indicios de un teatro, cf. I. Filloy, E. Gil, La romanización en Álava. Catálogo de la exposición permanente sobre Álava en época romana del Museo de Arqueología de Álava, Vitoria, 2000, pp. 75-6, con bibliografía). Y es que, de acuerdo con O. Olesti i Vila, «La romanización de la Cerdaña: actuaciones catastrales», en J. Mangas, J. Alvar (eds.), Homenaje a José Mª Blázquez 5, Madrid, 1998, p. 313, quizás «la «marginalidad» frecuentemente lo que hace es esconder unas pautas de explotación del territorio diferentes a la de las zonas más «romanizadas» (más transformadas bajo unas pautas de acción «centrales»), pero que esconden unas pautas de explotación «periféricas» rentables y necesarias para la subsistencia del Imperio», con lo que para Roma, a priori, no había «ninguna zona sin interés, y por lo tanto tampoco debe haberla para el historiador del mundo antiguo». J. F. Rodríguez Neila y F. J. Navarro, en la «Introducción» al libro Pueblos prerromanos, particularmente en las pp. 9-10, han puesto en relación los sentimientos que en los romanos causaron el amor por la libertad de celtíberos y cántabros con los que despiertan en el hombre moderno episodios similares que se están produciendo en Asia, África o Hispanoamérica.

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POSIBILIDADES DE HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS EN EL FUTURO

Los lugares en los que en el futuro se producirán hallazgos de época romana están sin duda todavía en buena parte escondidos esperando el día en que los investigadores o el azar los acaben descubriendo. El caso sin embargo más sangrante es el de los terrenos en donde la urbanización ha avanzado a pasos agigantados y la posibilidad de encontrar y estudiar adecuadamente los restos antiguos ha disminuido. Todavía se está a tiempo para poder encauzar correctamente la vigilancia de las obras que se hagan en Castro-Urdiales, que corresponde a la antigua colonia de Flaviobriga.

Otros casos son más graves, porque la urbanización ha sido tan espectacular y profunda que es posible que restos de todas las épocas hayan quedado borrados para siempre. Es el caso de municipios vizcaínos muy poblados como Sestao n23, Portugalete, Santurce, Alonsótegui y Baracaldo. Por contra, hay otros que contienen en sí todavía posibilidades altas de ser estudiados de una forma adecuada; generalmente esto se produce porque su actividad sigue siendo preferentemente la agrícola y ganadera. De esta manera municipios como Guriezo, Carranza, Trucíos, Villaverde de Trucíos, etc. tienen por delante todavía un futuro con grandes posibilidades. Para el estudio de comunicaciones antiguas es verdad que las mejoras de los últimos veinte años han hecho mucho por, paradójicamente, impedir el correcto estudio de muchas de ellas, pero en otros terrenos el campo sigue estando abierto a quien quiera investigar. Y no me cansaré de señalar una y otra vez que los centros de culto religioso son lugares claves para el descubrimiento de restos de época romana, asunto general en muchos lugares del Imperio romano pero que se comprueba hasta la saciedad en el norte de España y particularmente en Vizcaya y en nuestra propia zona investigada n24


n19 A lo largo del trabajo hago la identificación de Pisoraca con Herrera de Pisuerga (Palencia) a pesar de las objeciones de algunos, que indican que lo hallado en Herrera de Pisuerga es, hasta la fecha, el campamento de la Legio IV y que reafirman su postura diciendo que dos miliarios hallados en la población palentina señalan una milla de distancia a Pisoraca, pasando a proponer la situación de Pisoraca en un valle cercano, a unos cuatro kilómetros de Herrera, con lo cual pienso que el argumento del miliario no hace sino poner en evidencia la opinión de éstos.

n20 Para el ejército romano en Hispania como elemento de romanización cf. A. Balil, «Un factor de difusión de la romanización: las tropas hispánicas al servicio de Roma (s. III-I a. C.)», Emerita 24, 1956, pp. 108-34; A. García y Bellido, «Los auxiliares hispanos en los ejércitos romanos de ocupación (200 al

n30 antes de J. C.)», Emerita 31, 1963, pp. 213-26; J. M. Roldán, Hispania y el ejército romano. Contribución a la historia social de la España antigua, Salamanca, 1974 (reeditado recientemente); J. M. Roldán, «El ejército romano y la romanización de la Península Ibérica», HA 6, 1976, pp. 125-45; P. Le Roux, L´armée romaine et l´organisation des provinces ibériques d´Auguste a l´invasion de 409, París, 1982 ; J. M. Roldán Hervás, «Un factor de romanización de la España romana imperial: el ejército hispánico», en J. M. Blázquez, J. Alvar (eds.), La Romanización en Occidente, Madrid, 1996, pp. 101-23 (publicado anteriormente con el título de «El ejército hispánico de Vespasiano a Diocleciano: una institución de la España romana imperial», en Estudios en homenaje a Claudio Sánchez-Albornoz en sus 90 años. I. Anejos de Cuadernos de Historia de España, Buenos Aires, 1985, pp. 55-80); J. M. Roldán, Ejército y sociedad en la España romana, Granada, 1989 (recopilación de trabajos de dicho autor). Consúltese de manera general para el norte J. M. Roldán Hervás, «Ejército y poblamiento en el Norte de la península Ibérica», MHA 6, 1984, pp. 67-84, y del mismo autor, «La incidencia del ejército romano en el poblamiento del N.O. de Hispania», en A. del Castillo (ed.), Ejército y sociedad. Cinco estudios sobre el mundo antiguo, León, 1986, pp. 11-49 y J. M. Roldán, «El ejército y los reclutamientos de indígenas en el norte de Hispania», en Indígenas y romanos: 181-200. Para Asturias y los astures cf. N. Santos Yanguas, El ejército y la romanización de los astures, Oviedo, 1981; J. M. Roldán, «La conquista del Norte de Hispania y la participación de los astures en el ejército imperial romano», Lancia 1, 1983, pp. 119-38, y sobre todo J. M. Roldán, «El ejército romano como factor de la romanización en Asturias», en Indigenismo y romanización en el Conventus Asturum, Univ. Oviedo-Madrid, 1983, pp. 107-22. Después de las guerras cántabras los hispanos siguieron nutriendo las filas del ejército romano (Estrabón 3, 3, 8). Los beneficios jurídicos más atractivos por haber servido militarmente a Roma eran los de la ciudadanía romana para el individuo y sus hijos y el reconocimiento como matrimonio (connubium, en la mayoría de los casos sine manu) de las uniones que hubiese tenido. Esto se aplicó a partir de Claudio no sólo a los legionarios sino también a los auxiliares. Como es natural, nuestra zona y sus aledaños no parece que fueran muy apetecidos como residencia de los veteranos de la Legio VII Gemina, tal y como se pone de manifiesto en el mapa de J. J. Palao Vicente, «Nuevas aportaciones al estudio de la Legio VII Gemina: los veterani», en Homenaje al profesor Montenegro: 472.

n21 Por ejemplo, aunque poseemos topónimos del municipio gracias a otros documentos, el Archivo del Ayuntamiento de Carranza fue objeto de un incendio en la última guerra carlista (Rodríguez, Carranza: 8). El único libro que se posee anterior al incendio es el de Actas a partir del año 1666 (op. cit.: 19).

n22 Algo que muchas veces se descuida por una serie de apriorismos, entre ellos el de ver como alternativas antagónicas y no complementarias el «carácter residual o importado del vasquismo (...) en la época medieval y moderna» (así Echevarría, 1998: 175).

n23 Tratando de la Prehistoria del entorno de Sestao, Ramos Larriba, 1997: 27 señala que «no nos ha podido legar ningún vestigio de aquellas primitivas formas de vida, ya que, desde finales del siglo XIX, todo el municipio ha sido entregado a un caótico desarrollo urbanístico que ha borrado sin contemplaciones cualquier posible huella de su pasado. Con sus 3, 2 kilómetros cuadrados, Sestao ha sido, sin duda, uno de los municipios que más ha sufrido el azote de la más irracional política urbanística imaginable».

n24 Para Cantabria, sobre la interrelación de Arqueología, Patrimonio arqueológico y Sociedad, cf. lo que hace unos años decía A. Moure Romanillo, «Las raíces del futuro. Arqueología, Patrimonio Arqueológico y la sociedad actual», en Cátedra Cantabria 1992: 39-56, con un panorama que sólo débil y muy recientemente ha ido cambiando. Sobre parte del siglo XIX hasta el inicio de la guerra civil de 1936-9 cf. I. Ordieres Díez, Historia de la conservación del Patrimonio cultural de Cantabria (1835-1936), Santander, 1993. Una historia de las vicisitudes del monumento más representativo de Cantabria, es decir, de la Cueva de Altamira, en C. de las Heras Martín, J. A. Lasheras Corruchaga, «La Cueva de Altamira: historia de un monumento», en Cristalización del pasado: 359-68 (bibliografía adicional, en C. de las Heras, J. A. Lasheras, «La aportación de la Historiografía a la reconstrucción del aspecto originario de la Cueva de Altamira», Archaia 1, 2000, pp. 28-37).

p68

En fin, el estudio, que ha evitado por lo menos en sus conclusiones fundamentales alejarse de la teoría compartida por muchos de que «si copias de uno, es un plagio; si copias de varios, una tesis doctoral»25, ha utilizado tres pilares sobre los que sostenerse: la Historia, la Arqueología y la Lingüística. Trabajo escrito por un doctorando en Historia antigua, acudió a beber de las fuentes de una llamada “ciencia auxiliar” de la Historia tan estrechamente relacionada con su campo de actividad como la Arqueología y para ello se procuró la co-dirección de un arqueólogo n26; trabajo que al aventurarse por caminos no tan transitados por otros colegas como es la utilización de la Lingüística para la obtención de datos válidos para la investigación se procuró la ayuda de una acreditada persona en el estudio de las lenguas antiguas de la Península ibérica.

El resultado, quizá modesto y muchas veces sin sobrepasar el estado de inventario y obtención de conclusiones provisionales, son las páginas que siguen, que espero el lector juzgue benévolamente como una pequeña aportación al mejor conocimiento de la compleja Antigüedad peninsular n27, y que han sido escritas, aunque a algunos pueda resultar escandaloso y a pesar de mis propios esfuerzos, sabiendo de antemano que los resultados iban a estar acordes con la concepción de la Historia de Pierre Menard (J. L. Borges): «La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió» n28. Y es que, desgraciadamente, en historia no puede afirmarse lo que, en otro contexto, dejó escrito el poeta –y acabo, por el momento, porque esta es una tesis muy pedante, con la acumulación de citas-: «Si no se pierde todo no se ha perdido nada» n29.

n25 Aunque a fin de cuentas, y como apunta V. García de Diego, op. cit.: 141: «Busquemos, si ofende la voz, un eufemismo; pero yo digo que la cultura de cualquier hombre es en el fondo la suma de los plagios sueltos de otros hombres, que no se citan, porque se supone que a su vez los tomaron de otros».

n26 He de advertir que no he manejado la obra de A. Moure Romanillo, M. R. González Morales, Carta Arqueológica de Cantabria, Universidad de Cantabria-Caja de Ahorros de Santander y Cantabria, Santander, 1987, por su propio carácter -se trata de una base de datos e inventario inédito- y haber confirmado su existencia muy recientemente, a pesar de que ya en A. Moure Romanillo, «Las raíces del futuro. Arqueología, Patrimonio Arqueológico y la sociedad actual», en Cátedra Cantabria 1992: 50b, nota 26 se decía que en 1985 «el Departamento de Prehistoria y Arqueología (de la Universidad de Cantabria) desarrolló el proyecto Carta Arqueológica de Cantabria, cuyo principal resultado fue una base de datos que entonces comprendía 794 yacimientos y hallazgos casuales con sus correspondientes referencias bibliográficas. Obviamente, el número de localizaciones y citas es hoy mayor». Ahora mismo está en marcha un nuevo proyecto, titulado Carta Arqueológica de Cantabria. Inventario de patrimonio arqueológico prehistórico, romano y medieval, el cual dirige Á. Armendáriz y patrocinan el Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Cantabria y el Servicio de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura y Deporte del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Cantabria, algunas de cuyas fichas he redactado.

n27 Según puedo leer, desde 1995 se dio a conocer públicamente en un foro que discutía sobre la Memoria Histórica de Cantabria la existencia de nuestro trabajo; así, la medievalista C. Díez Herrera, «Iniciativas en marcha en Historia Antigua y Medieval», en Cátedra Cantabria 1995: 311a señalaba que «en relación a (sic) los estudios históricos sobre Cantabria en la época romana, está en vía de realización la tesis doctoral de Fernández Palacios dirigida por De la Hoz (sic), del Departamento de Filología (sic) Indoeuropea de la Universidad Complutense de Madrid, sobre el mundo prerromano y romano de la zona oriental de la región y del occidente vizcaíno a través de las fuentes arqueológicas y toponímicas».

n28 J. L. Borges, «Pierre Menard, autor del Quijote», en J. L. Borges, Narraciones, Madrid, 1970, p. 92. Unas muy interesantes reflexiones acerca de la diferencia entre realidad e historia, en D. Catalán, «Contribución de la Historiografía a la realidad de los españoles», Langaiak 8-9, septiembre de 1985, especialmente las pp. 45-9.

n29 Del poema «Euzkadi», en M. Hernández, Viento del Pueblo, Valencia, 1937, p. 146 (consultado en la edición facsímil de Ediciones de la Torre, Madrid, 1992).

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AGRADECIMIENTOS

Es una gran satisfacción el haber podido completar el equipo de trabajo con la incorporación a la dirección de la tesis del doctor Ramón Bohigas Roldán, respetadísimo arqueólogo y profundo conocedor de la Prehistoria, Historia antigua e Historia medieval de Cantabria n30. A través de él y con el apoyo incondicional de su familia he podido establecer relaciones con muchas personas, especialmente con gentes admirables que, después de sus respectivos trabajos, laboran por el patrimonio arqueológico de Castro-Urdiales en una tarea realmente ejemplar contando con el carácter amateurista de sus actuaciones. Especialmente importantes han sido los datos que me ha suministrado Juan Tomás Molinero Arroyabe, ahora en la oposición en el Ayuntamiento de Castro-Urdiales, en quien veo representar mejor que en ningún otro cuanto llevo dicho sobre la capacidad de sacrificio y trabajo en pro de su municipio desde el punto de vista arqueológico.

Tampoco puede quedar fuera de las presentes líneas introductorias mi agradecimiento a Miguel Unzueta y a Ana Martínez Salcedo, su mujer, por la hospitalidad, y especialmente porque con el primero he visitado diferentes yacimientos y he realizado distintas actividades, estando desde el primer momento en que contacté con él sin intención de poner reserva alguna en ofrecerme cuantos datos y ayuda material estuvieran a su disposición a pesar de la coincidencia parcial en el tiempo y en el espacio a estudiar de nuestras respectivas tesis.

Quedan, por supuesto, por nombrar muchas otras personas que me han brindado su apoyo de una u otra forma -por ejemplo, I. García Camino-, algunas de las cuales son mencionadas cuando es menester, y guardo un recuerdo especialmente amable a veces incluso hasta de pequeñas pero interesantes charlas mantenidas con diferentes investigadores, como las tenidas con M. Á. García Guinea, P. Rasines del Río, J. A. Fernández Sandino, E. Peralta Labrador, etc. También es de reseñar la amabilidad de M. García Alonso por hacer diversas observaciones a una versión de la lista de NNL, especialmente a los NNL del Municipio de Soba y su entorno, y a A. Ruiz de la Serna por proporcionarme muchos datos inestimables, sobre todo -pero no solamente- de Villaverde de Trucíos, y que se convirtió en un inesperado interlocutor e intercambiador de material y reflexiones en los tres últimos años.

Tampoco es desechable el papel que diversas instituciones han tenido para que muchos libros y artículos pudieran ser consultados, o diversas actividades realizadas. Así, desde entidades públicas, como la Universidad Complutense de Madrid -biblioteca de Geografía e Historia, de Filología (a través de la cual pude consultar gracias al intercambio interuniversitario varias memorias de licenciatura y una tesis doctoral de la Universidad del País Vasco), de Filología Clásica, de Semíticas, etc.-, pasando por la Universidad Autónoma de Madrid, la UNED, la Escuela Oficial de Idiomas, la 30 A. Moure Romanillo, «Las raíces del futuro. Arqueología, Patrimonio Arqueológico y la sociedad actual», en Cátedra Cantabria 1992: 53a señalaba que era sorprendente «la escasa atención que se ha prestado en Cantabria a la Arqueología Histórica: romana, medieval, industrial, que sólo se ha rellenado en los últimos años gracias a iniciativas personales no siempre atendidas desde instancias oficiales», señalando en nota (p. 53b) que la Arqueología medieval de Cantabria «ha comenzado a ser recuperada de forma sistemática a partir de los múltiples trabajos de campo de R. Bohigas Roldán. Su tesis doctoral fue la primera presentada sobre el tema en la Universidad de Valladolid, obteniendo la calificación de Sobresaliente “cum laude” y el Premio Extraordinario de Doctorado».

Biblioteca Nacional, distintas bibliotecas del CSIC, continuando por entidades privadas como la Universidad Pontificia de Comillas, el Instituto Arqueológico Alemán, la biblioteca del Hogar Vasco y la Casa de Velázquez, aparte también de lugares de investigación utilizados en mis estancias en el extranjero, así en Escocia principalmente la Biblioteca Nacional, la General de la Universidad de Edimburgo, la del Departamento de Celta, la de la Escuela de Estudios Escoceses, la del Departamento de Arqueología, donde en su día trabajaron nombres ilustres como el de V. Gordon Childe, etc.; en Alemania, concretamente en Fráncfort, de manera principal la Biblioteca de la Comisión Romano-Germánica del Instituto Arqueológico Alemán y la General de la Universidad Goethe; y en Irlanda, la General del Colegio Universitario de Dublín y la de la Real Academia Irlandesa, por no alargar más la lista de lugares que, durante tantos años, he visitado.

1ª PARTE QUE TRATA DE LA CONDICIÓN Y EJERCICIO DE LOS FAMOSOS LUGARES Y PERSONAJES QUE NOS OCUPAN (CON PERDÓN DE CERVANTES Y DE CARO AROJA)

CAPÍTULO 1: ASPECTOS GEOGRÁFICOS

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La superficie a estudiar forma un triángulo prácticamente equilátero que tiene su ángulo superior ligeramente desplazado a occidente (Laredo, en Cantabria)38. El espacio que no es enmarcado totalmente por los ríos Asón y Cadagua tiene su límite natural en las alturas del Puerto de los Tornos y los Montes de Ordunte. Hay mar, montaña y valles, por lo que la diversidad de recursos alimenticios es muy grande. Este mar del que me voy a ocupar corresponde a una franja costera del cantábrico39, concretamente la que va de Laredo a la Ría de Bilbao, o mejor, de la Ría del Asón a la de Bilbao40 (véanse las figs. 1 y 2). Aproximadamente a mitad de camino entre ambos puntos extremos y en la costa se halla Castro-Urdiales. Es de mencionar que las rías de Bilbao y del Asón constituyen las dos más extensas de la costa cantábrica española. En accidentes geográficos costeros destacan, aparte de las dos rías mencionadas, la Punta de Sonabia y la Peña de Santa Ana41. La zona costera entre la desembocadura del Río Somorrostro y Castro-Urdiales es muy irregular y acantilada, y en ella se repiten puntas y cabezos con sus respectivas ensenadas: la del Castillo, la de Ontón, la de Tejillo y la de Dicido n42.


CAPÍTULO 2: ENCUADRE HISTORIOGRÁFICO, HISTÓRICO, ARQUEOLÓGICO Y LINGÜÍSTICO

ALGUNOS APUNTES SOBRE HISTORIOGRAFÍA DE LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS DE LA ZONA

El primer material arqueológico mencionado por los estudiosos es el miliario procedente de la ermita de San Andrés (Santecilla, Valle de Mena, Burgos), del que dio noticia Bassiano en el siglo XVI (VAL-9), por lo que nuestro espacio –grosso modo- entró a formar parte de la investigación arqueológica en un momento, el Renacimiento, de recuperación de los ideales del mundo clásico y, por consiguiente, de la valoración de sus restos materiales.

En el s. XVII G. de Henao trató acerca de dicho miliario, pero eran tiempos duros en los que el Imperio español estaba en plena decadencia. Un siglo después la Monarquía española se hacía cargo todavía de vastos territorios, que incluían muchos sitios de América, objeto de atención sobre todo por parte de Carlos III n66.

El afán de los ilustrados dio sus frutos, en ocasiones algo tardíos, en la propia Península y concretamente en nuestra zona, con lo que a fines del siglo XVIII-principios del s. XIX se produjo el descubrimiento en Otañes y sus alrededores de otros miliarios –así, por ejemplo, el de Nerón de la Casa-Torre de Otañes fue hallado en 1770, y uno de los de Maximiano, en 1825-. Hacia 1798 se encontró en la misma zona –exactamente en el castro altomedieval del Pico de Lastramala (fig. 347)- la famosa patera de Otañes (fig. 348).

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HISTORIOGRAFÍA E IDEOLOGÍA

Uno de los motivos que han impulsado el presente trabajo es el de estudiar en conjunto dos zonas que pertenecen actualmente a Provincias y Comunidades Autónomas diferentes, y ello para hacer ver con mayor claridad que en la Antigüedad tales fronteras, como las conocemos hoy, no existieron n80, y también tuvo mi elección un sentido de “hermanamiento” de investigaciones que iban cada una por su lado a pesar de ser unas vecinas de las otras. Pienso que en este sentido el propósito ha dado y sigue dando sus buenos frutos. La elección ha supuesto un doble trabajo al tener que estar pendiente de las publicaciones, por fortuna cada vez más numerosas, que sobre Vizcaya y Cantabria se realizan, y que en el primero de los casos muchas veces se extendía inevitablemente a noticias sobre Guipúzcoa, Álava, Navarra e incluso el País vasco de pertenencia francesa, mientras que en el caso cántabro no podía desatenderse Asturias, el norte de Burgos y Palencia, y en general había que seguir con profusión lo que se investigaba a lo largo de todo el cantábrico, la Meseta norte y el Valle del Ebro.

A la hora de abordar la época romana, que era la que más me interesaba, pero también al recoger datos prehistóricos, medievales o incluso de fecha posterior válidos para dar pistas futuras de investigación con el objeto de conseguir un mejor conocimiento, salieron al paso noticias harto singulares de eruditos, leyendas diversas, cronicones fantasiosos, documentos falsificados, etc., muchos de los cuales habían sido ya denunciados por la Historiografía anterior n81. Había también datos que se iban trasmitiendo automáticamente de publicación en publicación sin que realmente nadie pareciera haberse decidido a beber de las fuentes primarias de las que provenía la cita original. En el trabajo, algunas de dichas noticias las he recogido para, si puede ser, desterrarlas definitivamente del campo estrictamente histórico. En ocasiones particularmente ingenuas ni siquiera se ha sentido la necesidad de que aparezcan en el trabajo. He utilizado la palabra “ingenua”, pero como revela la Historiografía, a cualquier dato superfluo, alejado de la realidad o bienintencionado, suelen acompañar unos determinados intereses que, aun siendo en ocasiones incluso turbios y precisamente por eso, algunos grupos sociales quieren legitimar o defender n82.

n80 Nuestro caso sería un ejemplo típico de lo que últimamente ha dado en denominarse sociedades de frontera. Hablando del Ebro medio, G. Fatás, «El Ebro medio, trifinio paleohispánico», en Pueblos prerromanos: 33 señala que «los fenómenos de las sociedades de frontera son omnipresentes y variadísimos. Dan ocasión a todo género de hibridismos, mezclas y mestizajes, fenómenos de adstrato, aculturación desigual, etc., que impiden a menudo caracterizaciones netas, nítidas, “distintas” en el sentido cartesiano de la palabra».

n81 Un panorama para Cantabria, en M. J. Sanz Fuentes, «Cartularios: historia y falsificación histórica», en Cátedra Cantabria 95: 147-54. Fundamental es el trabajo de R. M. Blasco Martínez, Los cartularios de Cantabria (Santo Toribio, Santa María del (sic) Puerto, Santillana y Piasca). Estudio codicológico, paleográfico y diplomático, Santander, 1986.

n82 Para el caso vasco sirva como botón de muestra la interesante conferencia de F. Castaños, «Apologistas vascos», publicada en Euskera 8-9, 1963-4, pp. 199-212. Lo que sucede hoy en día con los estudios clásicos había sido clarividentemente expuesto hace unos años por A. Prieto: «Cuando la burguesía se encontraba en sus inicios y necesitaba unos elementos culturales que oponer a los feudales, éstos los fue a buscar en la cultura derrotada por el feudalismo -la cultura clásica-; el Renacimiento sería la expresión de ello, de una vuelta a lo clásico; la misma situación débil de la burguesía durante los siglos siguientes, en que se vio obligada a pactar frecuentemente con la nobleza, haría que lo clásico siguiera teniendo cierta vigencia; por ejemplo, conocer a los autores griegos y latinos en su lengua original era

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Creator Fernando Fernández Palacios  +
Place Provincia de Vizcaya  +, País vasco  +, Cantabria  +, Norte de la Península  +, Cornisa cantábrica  +, Castro Urdiales  +, Colonia Flaviobriga  + y Herrera de Pisuerga (Palencia)  +
Time La Antigüedad  +
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Z.author Julio Mangas  +, Javier de Hoz Bravo  +, I. Becerro Pita  +, J. R. Prieto Lasa  +, Ian Ralston  +, Barry Raftery  +, H. Schubert  +, J. Untermann  + y Sasía, J. M.  +
Z.title Los municipios cántabros de Laredo, Liendo, Guriezo y Castro-Urdiales en época romana (siglos I a. C.-IV d. C.)  +, Fonología, grafemática y análisis textual de lenguas fragmentariamente estudiadas. Lenguas prerromanas de la Península Ibérica  +, Estudios comparativos sobre la cultura epigráfica en el Mediterráneo antiguo, con especial atención a la Península Ibérica. Tipos de inscripciones y su soporte social  +, Estudios comparativos sobre áreas onomásticas en la Europa antigua con especial atención a la Península Ibérica  +, Las leyendas de los señores de Vizcaya y la tradición melusiniana  + y Toponimia euskérica en las Encartaciones de Vizcay, Bilbao, 1966  +
Zite Echevarría Isusquiza, 1996: 97  + y F. Jordá Cerdá en el Prólogo a Iglesias, 1976: 16  +
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