EstebanMartinez2012

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Tabla de contenidos

Estado de la cuestión

Los materiales cerámicos que tratamos en este estudio forman parte de las producciones cerámicas no torneadas de época romana, localizadas en distintos yacimientos del País Vasco Peninsular y de la Aquitania meridional.

El impulso dado a las intervenciones arqueológicas de época histórica, en nuestro entorno próximo, en los últimos treinta años, ha permitido, por un lado, retomar los trabajos de campo en algunos lugares que ya fueron objeto de interés, por parte de los investigadores en el pasado –Iruña/Veleia, Irún/Oiasso, Lalonquette, etc. entre otros-, así como impulsar la búsqueda de nuevos yacimientos tanto a través de labores de prospección sistemática, como de la llamada arqueología de intervención que, en muchos casos, han obtenido excelentes resultados, traducidos en el descubrimiento de nuevos lugares de asentamiento de época romana: Aloria, Arbiun, Forua, Getaria, Santa Mª la Real, Santiagomendi, entre otros, son buen ejemplo de esta tarea.

Esta, sin duda fructífera labor ha permitido sacar a la luz numerosos materiales muebles que, en mayor o menor medida, están siendo objeto de atención y aná- lisis por parte de los arqueólogos en los últimos años. El caso de las cerámicas comunes no torneadas no es una excepción. Este tipo de fabricaciones, de aspecto tosco y rudimentario, cuyo carácter esencialmente funcional facilita una evolución estilística y formal sin grandes modificaciones a lo largo de los siglos ha resultado ser, sobre todo en muchos de los lugares de poblamiento situados en el litoral cantábrico entre los siglos I al V d. C., el más representativo de los ajuares recuperados en los registros arqueológicos. Tanto su persistente presencia, como la amplia difusión de algunos de sus tipos formales llamaron la atención de varios investigadores que, desde la década de los años noventa de la pasada centuria, han dedicado especial atención a estos recipientes.

Debemos, sin embargo, remontarnos al final de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo para encontrar los primeros trabajos que centraron su atención en las cerámicas comunes no torneadas que tratamos en este estudio. Será, en primer lugar, G. Nieto, quien en la publicación de sus labores de excavación en Iruña/ Veleia se refiera a ellas con el término genérico de “cerámica ordinaria” (Nieto 1958: 159-161). Pero, sin duda, la aportación más importante para el desarrollo del análisis sobre las cerámicas comunes no torneadas, en los años cincuenta, vino de la mano de Mª. A. Mezquíriz quien, en la publicación del estudio de los materiales procedentes de la villa de Liédena, hizo una primera reflexión al respecto, diciendo que se trataba de una cerámica:

“(...) sin barniz o con un ligero engobe, que muchas veces se fabrica in situ o procedía de fábricas que tenían un radio de acción comercial pequeño, ya que productos pesados y de tan poco valor no podían dar lugar a un comercio en gran escala (...)” (Mezquiriz 1954).

Esta labor iniciada por la Dra. Mezquíriz verá su continuidad en los trabajos que esta autora publicó años después como resultado de las labores de excavación en Pamplona/Pompaelo, en los que confeccionó una serie de tablas tipológicas, reuniendo las principales formas de cerámica común recuperadas en este yacimiento (Mezquiriz 1956; 1965). Estas aportaciones tuvieron la virtud de establecer, si bien de un modo genérico, una primera clasificación de la cerámica común no torneada de nuestro entorno geográfico.

A comienzos de la década de los ochenta C. Aguarod, publicó algunas formas cerámicas de estas características dentro del Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas I (Aguarod 1980). Pero en el ámbito de estudio de la cerámica común no torneada los mayores avances se han producido en fechas recientes. Ha sido principalmente en los últimos quince años cuando se ha despertado un interés creciente por estas producciones. Junto al descubrimiento y excavación de nuevos yacimientos, se unen a este despertar un mayor desarrollo de los estudios ceramológicos para el ámbito del norte peninsular y el sur de Aquitania (Réchin 1994; Réchin 1996; Rechin 1997; Martínez Salcedo 2004). Todo lo cual ha permitido una revalorización de estos materiales como objeto de estudio y un relanzamiento de la investigación abordando, de una forma más sistemática, la caracterización de pastas y tipos formales (Aguarod 1995). Este interés ha dado sus frutos en estudios que han tratado de superar la fuerte atomización del ámbito geográfico y conceptual de trabajos anteriores (Fernández Ochoa 1994; Réchin et al. 1996; Fernández Ochoa 1997; Martínez Salcedo 1999).

Así, en los mapas de difusión de alguno de sus tipos formales se ha comprobado que, lejos de tratarse de productos estrictamente locales, al menos en el caso de uno de los más conocidos y difundidos – la olla de borde vuelto plano horizontal de sección triangular, tipo 701a- hubo una actividad comercial que propició la presencia de estas cerámicas en lugares bastante alejados de las posibles zonas de producción propuestas (fig. 1.1)

Las hipótesis planteadas por diferentes autores han animado un interesante debate en torno a estas cerámicas: su o sus posibles lugares de origen, su función, los mecanismos seguidos para su distribución y comercialización, etc.

A la luz de estos resultados fueron generándose nuevos estímulos obligando, por otro lado, a conjugar los esfuerzos de los investigadores, hasta bien poco tiempo antes dispersos, abordando, desde una perspectiva conjunta, los problemas que el debate planteaba para, de este modo, progresar de manera ordenada en el avance del conocimiento de esta categoría cerámica. Así, el trabajo de síntesis que varios miembros de este equipo presentaron como ponencia del II Coloquio Internacional sobre la Romanización de Euskal Herria: El artesanado en la Antigüedad, celebrado en Vitoria en el año 2000, permitió elaborar un primer repertorio tipológico común, a partir de los datos arqueológicos disponibles en aquel momento, a ambos lados del Pirineo occidental (Esteban et al. 2008). En este trabajo se distinguían tres grupos principales de producción que fueron seleccionados entre todo el conjunto de la cerámica común no torneada, por tratarse de los de mayor difusión y encontrar representación a ambos lados de la vertiente del Pirineo occidental. A partir de ellos se elaboró el repertorio tipológico recogido en la ponencia citada.

Este mismo grupo de investigadores inicia a partir de entonces una estrecha colaboración con el Departamento de Mineralogía y Petrología de la UPV en las personas de L.A. Ortega, Mª Cruz Zuluaga y Ainhoa Alonso completando el elenco que integra el equipo que ha llevado a cabo el presente trabajo. En un intento por responder a algunas de las preguntas, en torno al origen, los procesos tecnológicos de elaboración, los cometidos, etc. de estos recipientes, a través de las posibles respuestas que los análisis arqueométricos pudieran aportar se inició un primer ensayo de colaboración en el año 2003. Fue entonces cuando a través de una ayuda económica aportada por Eusko Ikaskuntza se puso en marcha la primera parte de este proyecto. Se planteó entonces un primer ensayo de caracterización de uno de los tres grupos de producción diferenciados – el grupo G3 - con resultados muy satisfactorios, lo que nos animó a solicitar en el año 2004 la Beca de investigación José Miguel de Barandiarán para ampliar el análisis a los tres grupos cerámicos referidos. El trabajo que aquí presentamos integra el estudio de los grupos G1, G2 y G3 de las llamadas cerámicas comunes no torneadas del País Vasco peninsular y de Aquitania meridional insertándose en esa tarea colectiva, iniciada en los últimos años, formando parte de un trayecto, sin duda, largo y costoso que esperamos permita ofrecer los mejores frutos posibles en un futuro no muy lejano. Los resultados que ofrecemos son un nuevo paso dado en ese camino n1.

n1 Durante el proceso final de elaboración del presente estudio optamos por la creación de un acrónimo que permitiera establecer una denominación, a partir de ahora, para estas cerámicas, en el que se recogiera la idea tanto de su difusión geográfica como de su posible procedencia. Optamos por el de CNT AQTA Cerámica No Torneada AQuitanoTArraconense; término que emplearemos a partir de ahora en futuros trabajos sobre este tema.

Preguntas, objetivos, hipótesis de partida

A la hora de abordar este proyecto fueron varias las cuestiones planteadas. Intentar su resolución era el objetivo general a seguir, si bien éramos conscientes de que al final de este recorrido el proceso de análisis dejaría abiertas nuevas incógnitas y, con ellas, nuevas ventanas por donde poder, en adelante, continuar buscando las respuestas necesarias.

El primer lugar uno de las preguntas básicas que nos hacíamos era ¿hasta qué punto la aparente semejanza externa que en el análisis macroscópico nos llevó a la diferenciación de estos tres grupos cerámicos era coherente con los resultados de otro tipo de observación como la del análisis petrográfico-mineralógico?

Por otro lado, tratándose de grupos más o menos homogéneos en las características de las pastas cerámicas ¿Podrían distinguirse subgrupos? Estos subgrupos ¿Podrían responder a variantes en la selección y preparación de las arcillas atribuibles a distintos productores con maneras diversas de “interpretar” una misma tradición tecnológica?

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En tercer lugar ¿podría existir alguna relación entre pasta cerámica, tipo funcional/formal, cronología y difusión? En caso de respuesta positiva, podríamos tratar de plantear una evolución dentro de este grupo de producción o quizá una especialización en función de la cronología o de posibles diversas zonas de producción. Por último, si se confirmara la homogeneidad del grupo y un origen común para la materia prima empleada ¿Podríamos estar ante un solo centro productor bastante organizado o ante una constelación de pequeños productores, artesanos casi domésticos, atentos a la demanda de una clientela con unos gustos muy concretos?

Así, ante este conjunto de preguntas y posibles hipótesis en torno a sus respuestas nos planteamos cuatro objetivos principales en el momento de iniciar este trabajo:

En primer lugar profundizar en el conocimiento de las producciones de cerámica no torneada de época romana reconocidas en los yacimientos del País Vasco peninsular y la Aquitania meridional, tomando como muestra significativa tres grupos cerámicos concretos, caracterizados por su amplia representatividad y difusión, definidos a través del análisis arqueológico macroscópico.

En segundo lugar identificar los criterios de explotación de las materias primas y la tecnología de producción, con el fin de tratar de localizar hipotéticas fuentes de aprovisionamiento e inferir posibles localizaciones de los centros productores.

En tercer lugar precisar y explicar la variedad de la cronología, espectro de formas y difusión de los grupos seleccionados, correlacionándolos con la estructura y organización de su producción.

Por último, en función de las posibilidades que los procesos analíticos lo hagan posible, intentar ensayar hipótesis en relación con la función de los recipientes fabricados dentro de estos grupos de producción.

Los límites espaciales y temporales

Los límites del trabajo han venido marcados, en primer lugar, por la selección de materiales realizada de los tres grupos cerámicos a los que venimos haciendo mención y a los que nos referiremos con mayor detenimiento a la hora de abordar los aspectos metodológicos.

Por otro lado el área geográfica en la que se ha enmarcado la investigación es la de la actual Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV) y los departamentos de Landas y Pirineos Atlánticos no tratándose ni de unos límites geográficos naturales ni de una demarcación administrativa unitaria en época romana. En este sentido cabe decir que los yacimientos analizados pertenecen a dos provincias romanas distintas: la Tarraconense y la Aquitana.

Partiendo de esa comunión en el consumo de unos mismos productos cerámicos a ambos lados del Pirineo occidental, la elección de los límites geográficos y de los yacimientos de referencia ha obedecido a criterios tanto científicos como prácticos. Se trata, en primer lugar, de aquellos territorios en los que, por una lado, el número y el grado de concentración de estos materiales es más elevado y, por otro, en los que la investigación, sobre este tema, ha aportado algunos de los resultados más reveladores en los últimos años. En segundo lugar la elección obedece a una cuestión práctica: Por una parte es la región geográfica en la que el equipo responsable de este trabajo viene investigando desde hace más de dos décadas siendo los yacimientos elegidos aquellos en los que pesa un mayor grado de conocimiento del proceso romanizador de la región, sin olvidar que la disponibilidad y accesibilidad, necesarias para su consulta, han jugado, asimismo, un papel determinante.

El marco temporal en el que se centra el trabajo es el del final de la Edad de Hierro y toda la etapa romana imperial entre los siglos I al V d. C. obedeciendo al período de vigencia de este tipo de materiales en los yacimientos analizados.

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Los yacimientos de referencia

Aloria (Frato.Amurrio. Álava)

Se encuentra en el valle de Orduña a unos dos kilómetros de esta ciudad y en las proximidades de la localidad de Aloria, en la ladera del monte San Pedro, a una cota de unos 300 metros sobre el nivel del mar y próxima al arroyo San Juan, en el lugar de Frato. Las primeras noticias sobre la existencia de un yacimiento arqueológico en este lugar fueron publicadas en la Carta Arqueológica de Alava (fig. 2.2)2. A partir del año 1989, bajo la dirección de J.J. Cepeda, comienzan de un modo sistemático los trabajos de excavación de este yacimiento, dándose por finalizada la intervención en el año 2000. Desde un primer momento pudo determinarse la presencia de un asentamiento de época romana (s. I al V d. C.), así como de restos de una necrópolis medieval con sepulturas de lajas, atribuibles a los siglos XI y XII. Algunos elementos de su mobiliario indican la ocupación de este lugar, ya en época julio-claudia - una fíbula tipo Aucissa, un as de Tiberio procedente de Caesaraugusta y un dupondio de Nerón- no hallándose, sin embargo otros materiales representativos de este período, como la sigillata itálica (Cepeda 1994). La urbanización del asentamiento parece iniciarse a partir del siglo I d. C. La mayor parte de los recintos estuvieron en activo durante todo el período altoimperial, hasta los inicios del siglo III d. C. El asentamiento de Aloria sufrió un período de abandono, o al menos de seria restricción de su actividad, a partir del siglo III d. C. Existen, sin embargo, elementos suficientes para hablar de su vigencia, aunque de un modo más precario, en un momento avanzado, centrado en torno a la segunda mitad del siglo IV y la primera mitad del siglo V d.C. En el estado actual de la investigación puede decirse, en opinión de sus autores, que Aloria parece responder a un tipo de agrupamiento de carácter rural, una villa rustica de la que, por el momento, se conocen las dependencias dedicadas a la estabulación, almacén y talleres (Cepeda 2001).

La situación topográfica del lugar, en el fondo de un amplio valle, al pie de un importante puerto de montaña y en la misma cabecera del Nervión, debió condicionar, sin duda, la instalación de este asentamiento comunicado de manera natural, tanto con la costa como con la Meseta, a través de las rutas secundarias que, desde la vía Aquitana, unirían el interior con el litoral cantábrico.


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Iruña/Veleia.(Iruña de Oca. Álava)

Situada en el término municipal de Iruña de Oca, en la Llanada occidental de Álava. Conocida su existencia a través de los textos clásicos, ha sido motivo de numerosas reflexiones e intervenciones arqueológicas (fig. 2.7).

Plinio, en su Naturalis Historia, menciona por vez primera a la ciudad de los venienses entre las pertenecientes al Convento Cluniense n4. Ptolomeo a mediados del siglo II d. C. menciona a Veleia entre Suessatio y Tullica como ciudades de los caristios n5. Por su parte el llamado “Itinerario de Antonino” fechado en el siglo IV d. C. cita, entre otros lugares por los que discurre la vía XXIV Ab Asturicam-Burdigala, la ciudad de Veleia (Roldán 1975: 99-100). La Notitia Dignitatum vuelve a referirse a ella como lugar de asentamiento, a mediados del siglo IV d. C., de la Cohors I Gallica. Por último el “Anónimo de Rávena” en su Cosmographia, fechado en el siglo VII menciona entre otras ciudades - Alba, Suessatio y Belegia (Nieto 1958; Roldán 1975).

Con posterioridad y hasta nuestros días, Iruña/ Veleia ha sido objeto de interés y reflexión desde distintos puntos de vista por parte de gran numero de autores. Tanto desde la perspectiva de la intervención arqueológica como del análisis de temas puntuales de carácter lingüistico, epigráfico, artístico, etc. el material bibliográfico es, ciertamente, extenso n6.

Las intervenciones arqueológicas de mayor envergadura son las llevadas a cabo en las dos últimas centurias. Desde las actuaciones a comienzos del siglos XX de J. Verástegui pasando por las practicadas entre 1949 y 1954 por G. Nieto (Nieto 1958) o las realizadas por J.C. Elorza en 1975. Desde 1994 y hasta el año 2008 los trabajos de excavación han sido llevados por el equipo dirigido por E. Gil. A partir del año 2010 las labores de excavación corren a cargo de la Universidad del País Vasco, dirigidas por J. Núñez.

Los datos arqueológicos permiten considerar a Iruña/Veleia como núcleo romanizado a partir del período julio-claudio. Los hallazgos más antiguos en este sentido permiten suponer su existencia ya en época de Tiberio, sobre una ocupación anterior de época prehistórica y protohistórica.

Este asentamiento podría considerarse como lo que las fuentes latinas denominan como civitas. No es casual su ubicación en el recorrido de la vía que uniría Asturica Augusta con Burdigala, ejerciendo de importante cabeza de puente desde la que se proyectaría la romanización de las tierras situadas al sur de la divisoria de aguas. No cabe ninguna duda, a nuestro juicio, de la importancia que Iruña/Veleia tuvo que jugar en la organización del territorio a lo largo de los cinco primero siglos de la Era. Se trata de un enclave que contó con edificios públicos y con una organización administrativa al modo romano. Su carácter urbano, su ubicación junto a una vía terrestre principal la convierten en un importante centro de captación de ideas, modos de vida y costumbres al gusto romano, traducidos de manera material en la llegada de mercancías de procedencia diversa, tal y como corresponde a un núcleo de esta importancia.

Desde época julio-claudia hasta el siglo II d. C. Iruña /Veleia vive su momento de esplendor y máxima expansión urbana, como lo sugieren las remodelaciones y ampliaciones documentadas en los edificios estudiados hasta ahora. Es la época de construcción de buena parte de las domus con patio central estudiadas en los últimos años.

La denominada crisis del siglo III deja sentir en Iruña/Veleia algunas transformaciones. La última gran modificación urbana parece corresponder al período de la Tetrarquía, cuando la ciudad se amuralla, reduciéndose considerablemente las dimensiones de su perímetro urbano. Se aprecia en esta etapa un nuevo acondicionamiento de algunos de los edificios.

Aunque lejos del esplendor de los dos primeros siglos de la Era, Iruña /Veleia continúa su vida a lo largo de los siglos IV y V d. C. Los datos proporcionados por la investigación arqueológica permiten hablar de la llegada a la ciudad de elementos materiales importados, como cerámicas africanas y gálicas o vidrios africanos y renanos, que ponen de manifiesto el papel de la ciudad como mercado y lugar de consumo de productos de cierto prestigio (Filloy y Gil 2000: 51).

Tanto las fuentes escritas como los resultados de la investigación arqueológica tendían a considerar a Iruña/Veleia como lugar de asentamiento durante el siglo IV d. C. de la Cohors I Gallica. El reconocimiento, en el transcurso de los trabajos de excavación, de diversos elementos de ajuar militar de época tardorromana, así como de algunas estructuras que, por su modo de compartimentación, podrían identificarse con barracones militares bajoimperiales dejan abierta esta posibilidad (Filloy et al. 1991; Filloy y Gil 2000: 250).


Bayona (Lapurdum?, Pirineos Atlánticos)

La actual subprefectura del departamento de Pirineos Atlánticos está situada en la terraza de la margen derecha del Nive. La creación de la aglomeración antigua (Lapurdum, si es que este término no designa más bien el territorio de la actual provincia de Labour), fue durante un tiempo relacionada con la presencia tardía de la cohors Novempopulana atestiguada por la Notitia Dignitatum (Occidente, 42, 19); sin embargo los trabajos arqueológicos de los últimos años ponen de manifiesto su existencia, al menos, desde el siglo I de nuestra era (Fabre y Lussault 1994: 77-78).

Los niveles arqueológicos datables en el Alto Imperio sólo han sido alcanzados puntualmente a raíz de controles de obras y sondeos alrededor del edificio de la catedral (Van Waeyenberg 1993; Métois 1994; Scuiller 1997), o al realizarse sondeos de evaluación en la Place Montaut (Riuné-Lacabe 1993)12. Por esta razón es difícil definir la función de este establecimiento que no dominaba el estuario del Adour, por entonces situado más al Norte, en la comuna de Capbreton. Únicamente podemos destacar que el mobiliario cerámico de esta época no es diferente al de otras aglomeraciones urbanas al Sur del Garona.

La muralla romana tardía (fines del siglo IV-comienzos del V?) (fig. 2.11) atestigua la importancia estratégica conferida por las autoridades militares romanas a este establecimiento donde estaba estacionada la cohorte novempopulana.

Desgraciadamente, los recientes sondeos efectuados en el interior de las 12 ha del recinto no han sido lo suficientemente amplios como para poder caracterizar el urbanismo del lugar. Lo esencial de las aportaciones más recientes proviene de los trabajos realizados en el recinto por J. P. Fourdrin y R. Monturet (IRAA-CNRS, ver Fourdrin 2004). Sin embargo, las obras de construcción de un parking al pie del tramo Suroeste de la muralla (Tour de Sault) en 2006 han permitido descubrir los restos de un taller alfarero que había producido cerámica de cocina y, tal vez, DSP (Derivadas de Sigillata Paleocristiana). Todo lleva a pensar que este taller era contemporáneo de la presencia de la cohorte (Normand y Ferrullo 2009).


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Dax (civitas Aqvensium, Landas)

Esta aglomeración relativamente modesta cuya superficie apenas excedía las 12 o 13 hectáreas, encerrada por las murallas del Bajo Imperio, tuvo un notable papel en la Aquitania meridional. La ubicación del emplazamiento, se halla sobre un vado del Adour que facilitaba el paso de la vía que llevaba a Burdeos. La vocación termal de esta ciudad, y su estatuto de capital de los Tarbelli han sido frecuentemente destacadas (Boyrie-Fénié y Bost 1994: 62-82).

La atención y valoración del período tardío, dirigidas de manera especial al estudio de las murallas del Bajo Imperio, han permitido destacar la singularidad de la arquitectura de sus defensas, indicio, según L. Maurin, de una construcción bastante tardía, y señal de un “vigoroso renacimiento de esta ciudad. Todo ello sería la consecuencia de la promoción de Burdeos a la cabeza de la diócesis de la Galia meridional y la constitución de la gran prefectura del Pretorio de las Galias, que, poco antes de la mitad del siglo IV, reagrupó las diócesis de la Galia, de Hispania y de Britania”. Además, su papel de lugar de paso se habría reforzado pues “Dax era uno de los lugares importantes en el itinerario que, por Burdeos, comunicaba con Treveris, capital de la prefectura, con la Península Ibérica” (Maurin 1990)

La excavación del îlot Central en Dax de donde proceden las muestras, fue dirigida en 1978 y 1979 por B. Watier, y continuaron con trabajos complementarios que afectaban al mismo sector en el número 25 de la calle Cazade (fig. 2.12). La superficie puesta al descubierto es bastante importante (4000 m2) lo cual ha permitido conocer mejor esta parte de la aglomeración antigua (Watier 1979; 1981; 1986; 1988; Watier y Merlet 1988; Maurin 1990). Así, ha sido posible precisar el límite de los márgenes pantanosos del Adour en el siglo II. Las huellas del urbanismo más antiguo (¿época augustea?) en Dax conocido, hoy por hoy, fueron detectadas con ocasión de esas excavaciones. El principal descubrimiento corresponde a un monumento construido en la primera mitad del siglo II, en el límite de la antigua marisma. Tenía la forma de un edificio público rectangular (31 m x 15 m) rodeado de una vasta explanada en dos niveles apoyada en potentes muros de sostén, de 1,5 m de ancho, reforzados al Norte y al Oeste por una serie de contrafuertes semicilíndricos. Se trataba, según B. Watier de un templo de planta romana clásica construido sobre un podium y rodeado de un períbolo.

Este espacio religioso estaba bordeado al Norte por un decumanus con orientación Este-Oeste y, al Oeste, por un colector. Más tarde, el templo del Îlot central debió sufrir las consecuencias de las turbulencias del final del siglo III que dieron paso a un período de abandono. A fines del siglo IV o comienzos del V, las ruinas del monumento fueron arrasadas y cortadas por un nuevo cardo, en el marco de una remodelación del tejido urbano, al interior de la muralla recientemente erigida. Más recientemente ha sido descubierto, a raíz de unas excavaciones preventivas en el sector SE. de la aglomeración (Gerber et al. 2006), un hábitat periférico del tipo domus, construido a partir del siglo I d.C.


Lalonquette (villa de l’Arribèra deus Gleisiars, Pirineos Atlánticos)

Situada a 25 km al norte de Pau, la villa de Lalonquette estaba situada, durante el Alto Imperio, en la parte meridional de la civitas de Dax-Aquae Tarbellicae. Después, con ocasión de los cambios administrativos del final del siglo III y del comienzo del siglo IV, formaba parte de la civitas de los Benarnenses, cuya capital se había establecido en Beneharnum (actualmente Lescar, al oeste de Pau) (fig. 2.13). Su situación en el piedemonte pirenaico, no lejos del trazado de la via Burdeos/Burdigala-Zaragoza/ Caesaraugusta atestigua, a la vez, su anclaje en realidades agropastoriles típicas y su proyección geográfica (ver Callegarin et al. 2005).

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Los 9000 m2 de edificios, que correspondían casi exclusivamente a la pars urbana, puestos al descubierto por J. Lauffray (IRAA-CNRS) entre 1959 y 1972 muestran la importancia de este establecimiento cuya superficie total debía acercarse a las 2 ha., a juzgar por los sondeos practicados estos últimos años al sur del sector excavado. Es, por tanto, un polo de poblamiento, de explotación del suelo y de estructuración del paisaje, esencial en una zona de Aquitania donde la ocupación del suelo, en la época antigua, nunca fue muy densa. Este estudio de este establecimiento ha sido objeto de un esfuerzo colectivo por parte de los arqueólogos de la Université de Pau et des Pays de l’Adour: evaluaciones arqueológicas en 1994 y 1995, prospecciones sistemáticas en el territorio circundante a partir de 1995; y una excavación programada entre 2002 y 2005. Los niveles arqueológicos más antiguos del yacimiento, encontrados en varios puntos de la excavación y directamente depositados sobre el paleosuelo, han revelado huellas de ocupación someras. Estos vestigios corresponden claramente a una especie de gran campamento ocupado por los que construyeron la primera villa. El material encontrado en el mismo suelo (medianos bronces de la colonia de Nîmes, sigillatas itálicas y de Montans, ánforas Pascual I) permite llevar la fecha de construcción de la primera fase de la villa a la época augusto-tiberiana. El cuerpo principal del edificio se presenta así bajo la forma de un conjunto barlongo orientado al Sur y precedido de una galería de fachada encuadrada por dos pabellones. Por el contrario, es menos seguro que las termas u otros conjuntos de estancias atribuidas a esta villa primitiva existieran ya en esa fase. Posteriormente, la parte residencial, fuertemente remodelada a lo largo del tiempo, conservó el aspecto general de una residencia organizada en función de un cuerpo alargado con orientación Oeste-Este, con una larga fachada en galería. Será bastante tarde, sin duda en el siglo IV, cuando la villa se dote de un auténtico patio con peristilo y una gran parte de las habitaciones de este sector norte se equipe con un sistema de calefacción del tipo gloria. Aunque la villa de Lalonquette se abandonó como residencia aristocrática en el curso del siglo V, las excavaciones de J. Lauffray han permitido evidenciar una ocupación medieval a través de una capilla y una pequeña necrópolis. La cronología del edificio no es segura, sin embargo el modo constructivo y el plano hacen más bien pensar en los siglos VI-VIII (?). Las dataciones por C14 efectuadas en cuatro enterramientos han dado resultados aberrantes y no han permitido determinar esta cuestión. El abandono del edificio parece bastante precoz. Ni la villa, ni la iglesia, parecen haber tenido impacto en la organización parroquial del final de la Edad Media.

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Lescar (Beneharnum, Pirineos Atlánticos)

Absorbido actualmente por el extrarradio occidental de Pau, el lugar ocupado durante la Antigüedad por esta aglomeración, se inscribe en el interior de una zona de tres terrazas fluvio-glaciares de la margen derecha del gave de Pau (fig. 2.14).

En época romana (un estado de la cuestión se puede ver en Fabre y Lussault 1994; Réchin 2008), la aglomeración debía sin duda sacar provecho de su posición de bisagra. Situada en la salida de los valles de Aspe y Ossau, al pie de las colinas infrapirenaicas de la zona del Entre-deux Gaves, daba a espacios a priori más fáciles de recorrer hacia el norte por el llano del Pont-Long y en un sentido Oeste-Este por el valle del gave. Aunque es difícil probar la antigüedad de las rutas de transhumancia Sur-Norte conocidas desde la época medieval como el Camin de la Hélera, o que el camino protohistórico Oeste-Este del Camin Salier haya continuado siendo utilizado intensivamente en la época romana, el itinerario de Antonino menciona claramente el lugar de Beneharnum en las rutas que unían Burdeos con Zaragoza y Dax con Toulouse, dando cuenta de su situación de encrucijada de caminos. Por otra parte, la organización en “pata de oca” de las vías y caminos que convergían desde el Norte hacia Lescar de la que informa el catastro napoleónico muestra, con bastante claridad, el papel que esta aglomeración desempeñaba a escala regional. Es probable que en la prolongación de la vía principal NorteSur existiera un paso fácilmente controlable en el gave, explicando esta morfología tan particular. Ignoramos todo sobre la naturaleza de este posible paso, pero la impetuosidad estacional del gave, la anchura presumida de su lecho antiguo y los desplazamientos de su curso, son argumentos a favor de la presencia de un vado y una barcaza transbordadora.

Algunas escuetas menciones en los textos literarios o administrativos, nos proporcionan un trasfondo histórico a los datos arqueológicos recogidos en Lescar Beneharnum. Plinio el Viejo (Historia Natural, IV, 108-109) menciona el pueblo de los “Venami”, rectificado generalmente en Venarni, de los que esta ciudad era entonces el núcleo principal (quizá con un estatuto de vicus?); y el itinerario de Antonino indica la posición de Beneharnum en la gran via Burdeos / Burdigala – Zaragoza / Caesaraugusta (Itinerario de Antonino, 453.3, 457.5). Durante el Alto Imperio, la situación administrativa de Beneharnum se presta a discusión. Una primera hipótesis pretende que la ciudad y su territorio dependen de la civitas de Dax – Aquae Tarbellicae, cuya descripción por Ptolomeo (II, 7-9) permite llevar los límites hasta la divisoria de aguas de los Pirineos, incluyendo Beneharnum e Iluro. La utilización de un hidrónimo en lugar de un etnónimo daría a entender en efecto que la civitas reunía varias etnias diferentes. Aunque no se basa en ningún dato textual, esta segunda propuesta tendría al menos la ventaja de reconstruir un territorio coherente. Éste, como el de Dax, se prolongaría en sentido Norte-Sur, desde las landas de Gascuña hasta los pastos de verano pirenaicos, a lo largo de dos vías estratégicas y caminos tradicionales de transhumancia. Al mismo tiempo, esta hipótesis permite un recuento más cómodo de los nueve pueblos que se constituyeron en provincia a fines del siglo III o comienzos del siglo IV.

Las remodelaciones administrativas de fines del siglo III o comienzos del IV permiten a Beneharnum acceder a la función de capital de la civitas de los Bearneses (Notice des Gaules, XIV, 8: civ. Benarnensium). Y aún más tarde, la firma de “Galactorius episcopus de Benarno” en el concilio de Agde en 506 atestigua el papel de sede episcopal de Beneharnum, a partir de una fecha que desgraciadamente no conocemos. Esta documentación confirma en todo caso formalmente la identidad entre Lescar y Beneharnum, en la fe de la continuidad de la sede de la circunscripción administrativa y, después, religiosa. Puede también apoyar, complementando otras fuentes, la hipótesis de la permanencia de un poder de control de la población y los territorios en este lugar después del período romano.

Los indicios de ocupación de época romana más precoces se remontan a los años 15-10 a.C. aproximadamente. En el curso del segundo cuarto del siglo I d.C. se establece una verdadera trama urbana y viviendas de entre 300 y 600 m2 que desbordan toda la orilla derecha del gave, situándose en un medio bastante húmedo por naturaleza. Pero el abandono precoz de una buena parte de estos hábitats, quizá desde los años 90-100, seguido del de algunas infraestructuras de alcantarillado en la primera mitad del siglo II muestra la fragilidad de esta aglomeración. La evolución de Beneharnum es difícil de precisar para la mayor parte del siglo III. Únicamente la colma


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Reflexiones finales

Los materiales seleccionados debían corresponder a un amplio hiatus cronológico. Con esta premisa se seleccionaron muestras procedentes de distintos contextos cronológicos situados entre los siglos II a. C y el V d.C.. Así mismo consideremos, a la hora de elegir los yacimientos de donde iban a provenír las muestras, distintos aspectos que podían aportar sentido al estudio. Nos pareció significativo que los yacimientos estuvieran situados en demarcaciones administrativas distintas, dentro del marco organizativo del estado romano, requisito que cumplían las provincias imperiales vecinas pero diferentes, de la Tarraconense y de Aquitana. Estimamos de interés que estuvieran asociados a vías de comunicación de distinta naturaleza: marítimas, terrestres o fluviales, situados, tanto en la costa como en el interior del territorio.

El muestreo, además, alcanzaría mayor significación con la diversidad funcional y tipológica de los yacimientos: ligados a actividades productivas como Arbiun; funerarios, como Santa Elena; o de hábitat, representativos de distintos modelos de asentamiento, desde núcleos urbanos como Iruña/Veleia, a todo tipo de aglomeraciones con un papel articulador de la población y del territorio. Así la civitas Aquensium (Dax) o Lapurdum (Bayona), sin olvidarnos de asentamientos rurales de distinto carácter y entidad como villae: Aloria, Lalonquette y Pardies; pequeños establecimientos temporales: Moliets; enclaves costeros con grandes prestaciones para la actividad industrial y comercial relacionadas con el tráfico marítimo como Forua y Sta. Mª la Real y Zarautz Jauregia. Sin olvidarnos de aquellos enclaves, como Santiagomendi que fueron testigos directos de los cambios operados en los modos de vida prerromanos, a raíz de la implantación de las nuevas pautas socio-económicas, políticas y culturales, a partir del cambio de era.

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Con los resultados obtenidos podemos proponer para el grupo G1 su área de producción en el bajo Adour, sin llegar a definir el modo concreto en que se organizó su modo de producción. La disyuntiva estaría entre un único centro productor o una constelación de pequeños talleres. Decantarse por una de estas opciones no es tarea fácil, sin embargo tanto la calidad y uniformidad con la que fueron fabricadas estas cerá- micas, como la amplia difusión que alcanzan, especialmente durante el período bajoimperial, obliga a entender un sistema productivo, con una organización compleja y bien establecida, no sólo por lo que respecta a su proceso de fabricación, sino también a su distribución comercial. Por ello, no deberíamos descartar que se trate de un complejo alfarero de importancia, tal vez articulado en pequeños talleres ubicados en un espacio determinado, quizá compartiendo zonas de abastecimiento de la materia prima, y en todo caso siguiendo modelos y patrones unitarios en cuanto a la concepción del producto y su materialización.

La extensa difusión de estas cerámicas, especialmente las ollas 701 y 701a, obliga a pensar en un sistema de distribución bien estructurado, no menos organizado que el de su producción, en el que, sin desestimar el papel de los vendedores ambulantes y de los mercados locales, tuvieron que intervenir otros agentes -gestores o negotiatores- que controlaran toda o buena parte de este proceso.

La ubicuidad del grupo G1, es decir, la multitud y diversidad de yacimientos donde este se registra y, que sin duda, podría ampliarse a otros yacimientos no incluidos en este estudio, hace que pensemos en una distribución cuyo punto de partida estaría en el valle medio-bajo del Adour aprovechando las condiciones de navegabilidad del río y, desde allí, a los distintos puertos cantábricos, desde donde se redistribuiría utilizando los caminos terrestres y fluviales que permitían adentrarse hacia el interior, expandiéndose como una mancha de aceite e inundando el mercado regional.


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A nuestro juicio, sería importante poder abordar en un futuro con esta misma metodología de estudio su potencial presencia en yacimientos navarros y aragoneses, al igual que en los asturianos y en el entorno próximo a Burdeos, a la vista del gran número de ollas del tipo 701a, fabricadas con las características macroscópicas de este grupo y cuya difusión alcanza estas zonas geográficas. De este modo quizá fuera posible trazar con mayor precisión las rutas de distribución y comercialización de estos productos en el valle medio del Ebro y al norte de Dax donde las vías XXXII y XXXIV con sus conexiones secundarias desempeñaron, sin duda, un papel capital.

[...]

La difusión de los recipientes del tipo TP 2.1 sugiere una red comercial para estos productos en el Cantábrico oriental, el valle medio del Ebro y en el entorno aquitano, donde curiosamente no se conocen hasta ahora piezas con este tipo de marcas incisas en el borde. Si bien es arriesgado hacer de estas marcas un criterio de atribución a un mismo grupo de producción sin un estudio petrográfico que lo confirme, el dato recabado en este estudio debería ser tenido en cuenta para que futuros trabajos de investigación lo corroboraran o lo descartaran.

Por lo que se refiere al tipo TP 2.2, cabría pensar en un origen similar al del TP 2.1, y su difusión por el ámbito aquitano podría redundar en esta idea, aunque sus características petrográficas tampoco eliminan la posibilidad de un origen de las arcillas en la vertiente peninsular, hacia el valle del Oiartzun, Bidasoa, o Urumea. La muestra representada es, de todos modos, reducida dentro del conjunto estudiado. De manera que es imprescindible ampliar el número de muestras, tanto de este tipo como del TP 2.3 para así, en un futuro, tratar de definir mejor estos aspectos.

La manifiesta heterogeneidad del grupo G3 nos induce a pensar en áreas de procedencia diferentes para los distintos tipos petrográficos. Si bien, en todos los casos, el área fuente de los barros cabría situarla en el entorno del Pirineo occidental, el lugar de extracción de las arcillas para la elaboración de las cerámicas no responde a un área unitaria. El cauce medio o final del Adour parece el lugar de procedencia de la arcilla con que se elabora la pasta cerámica en el caso del tipo TP 3.1. Los cauces del Adour, el Bidasoa o el Oiartzun podrían ser el lugar de procedencia para el TP 3.2 (en concordancia con lo que podría suceder con el TP 2.2). Y quizá, del entorno de Lescar procedería la materia prima para elaborar la pasta en el caso del TP 3.4. Mayores dificultades ofrecen la determinación de un origen factible para los barros identificados en los tipos petrográficos TP 3.3 y TP 3.5.

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La heterogeneidad del grupo G3 quizá deba entenderse desde la perspectiva de unas menores posibilidades de producción de los talleres que fabricaron estas cerámicas y, quizá también, desde la reducida capacidad de distribución y comercialización de sus productos, tal y como se desprende de su restringido marco geográfico de difusión, con una distribución más ceñida a la región aquitana y al Cantábrico más oriental, pudiendo considerarse como excepcional su presencia en los territorios del interior.

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