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  2. Resumen
  3. Los testimonios toponímicos publicados sobre Vitoria y su Llanada declaran, junto a la presencia histórica del euskera en la población, la medida de la antigüedad del romance en una zona en la que coexisten las dos lenguas, vasca y castellana. El castellano de Álava, incluso en las zonas de bilingüismo antiguo, no es préstamo de una comunidad extraña sino parte vital de ella misma.
  4. La toponimia atestigua la continuidad latino-románica desde La Rioja a Ayala, comarca vinculada al norte de Burgos y a Las Encartaciones vizcaínas, cuya peculiaridad se prolonga asimismo hacia el oeste cantábrico.
  5. El gradiante de isoglosas que avanza desde lo típicamente riojano hasta lo característicamente montañés se produce a través del castellano del País Vasco.
  6. La toponimia muestra la pluralidad constitutiva del castellano de este espacio, en cuya conformación es patente la existencia de ámbitos románicos primitivos, desarrollados en un territoria probablemente ya no vasco en el momento de su latinización.
  7. [apunte] La autora imputa a Andrés Íñigo (presidente de la Comisión de Onomástica de Euskaltzaindia) el descarte de la toponimia romance de Vasconia, olvidando que el ‘territorio del euskera’ lo es asimismo del español
  8. INTRODUCCIÓN
  9. La reciente publicación de una obra de conjunto sobre la Toponimia de España n1 constituye un apoyo muy valioso en el ambicioso cometido de escribir sobre la toponimia románica del País Vasco.
  10. Sirve también para ilustrar la conocida incongruencia entre los límites administrativos y aquellos otros lingüísticamente pertinentes, pues en la parte de la suma que en la obra mencionada corresponde a Navarra y Euskadi, la toponimia romance queda fuera de la perspectiva del autor, Andrés Íñigo n2.
  11. El párrafo que Íñigo dedica a la oficialización del corónimo Euskal Herria, «el territorio o la tierra del euskera» n3, me brinda la oportunidad de emprender estas páginas observando el hecho indudable de que tal territorio o tierra lo es también del castellano.
  12. Si el español es una lengua vasca, el persistente olvido de que su historia es objeto nos interroga sobre una dimensión en la que la contribución de la toponimia
  13. resulta particularmente oportuna.
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  15. n1 Se trata de la obra coordinada por Mª D. Gordón Peral (2010).
  16. n2 D. Andrés Íñigo, presidente de la Comisión de Onomástica de Euskaltzaindia, advierte que desarrollará su tarea desde la perspectiva de esta Academia, pues «la Real Academia de la Lengua Vasca es, por ley, la Institución consultiva oficial en materia de euskera y de toponimia, tanto en la Comunidad Autónoma Vasca como en la Comunidad Foral de Navarra.
  17. n2 Las referidas leyes corresponden, respectivamente, al Estatuto de Autonomía del País Vasco de 1979, artículo 6.4 y Ley 10/1982, básica de normalización del uso del Euskera, artículo 10.1), y a la Ley Foral 18/1986 del Vascuence, artículos 3.3. y 8.2.)» (ÍÑIGO 2010: 107).
  18. n2 Se promete una visión global del estado de investigación en materia de toponimia y, por lo que se refiere a la investigación de la toponimia euskérica, el autor completa esta tarea mencionando trabajos de diverso valor acerca de la toponimia eusquérica en zonas allende los límites administrativos de Navarra y Euskadi.
  19. n2 Este asunto es asimismo tratado por González Bachiller (2010: 142-143) y Perdiguero (2010:237) en el mismo libro, a propósito de la estratigrafía toponímica de La Rioja, Castilla y León, respectivamente; en cambio ninguno de ellos se asoma a la toponimia romance en el País Vasco y Navarra, pues cada cual permanece circunscrito a sus límites administrativos.”
  20. n3 Me refiero al párrafo relativo a la decisión de adoptar, «con carácter de norma», el nombre de Euskal Herria «como denominación histórica del territorio o tierra del euskera y las de los municipios de las provincias que corresponden a dicha denominación» (ÍÑIGO 2010: 109), entre los cuales están, como bien se sabe, las tres provincias o territorios históricos de la CAV.
  21. NORMATIVIZACIÓN
  22. Suele destacarse el profundo condicionamiento que la falta de oficialidad ha ejercido en la historia de la lengua vasca para sostener la importancia de la normativización de la toponimia, proceso que es imposible soslayar cuando se aborda el estudio de la toponimia del País Vasco n4.
  23. Incluso en el interés por la recogida exhaustiva de la toponimia histórica documental y por la profundización de la investigación lingüística de la toponimia aflora una finalidad aplicada: «Finalmente, sería muy interesante que los trabajos y proyectos en el campo de la toponimia fuesen redactados juntamente con la firme propuesta de su publicación a través de mapas, folletos, materiales escolares, etc. con el fin de que su conocimiento y uso por parte de la sociedad sea más generalizado que lo que es en la actualidad» (ÍÑIGO 2010: 123).
  24. Como no cabe pensar que la sociedad no utiliza topónimos, lo que se desea ha de ser el conocimiento y generalización de los correctos.
  25. n4 Vid. Íñigo (2010: 109); Lizundia (2009: XVIII) señala lo siguiente: «Las administraciones locales alavesas, ayuntamientos y juntas administrativas han hecho una gran labor en la normalización toponímica a partir de la nueva realidad democrática y jurídicamente bilingüe, con la superación de la secular marginación del euskera».
  26. n4 De nuevo, en palabras de Lizundia (2009: XV), «En una situación sociolingüística como la nuestra, donde conviven dos lenguas, el euskera y el castellano, es obligado hablar previamente sobre la normalización y la normativización de los topónimos».
  27. Tal corrección no es de índole meramente ortográfica, aunque así podría deducirse de las palabras de Gorrotxategi (2006: 106), quien en su tentativa de deslinde entre normativización y normalización, ofrece una definición, tal vez escasa del primer concepto, que «sería la designación de la grafía 'correcta' ».
  28. Por otro lado, aludo a expresiones como las de Knörr (1998: 41) cuando afirmaba que «La toponimia, tanto la vasca como la romance, es un rico legado que ha llegado hasta nosotros y obligación nuestra es que no se pierda ni quede adulterada».
  29. El concepto de normativización implica el de corrección, polo que orienta la fijación de la toponimia genuina frente a la adulterada n5.
  30. n5 Tal corrección no es de índole meramente ortográfica, aunque así podría deducirse de las palabras de Gorrotxategi (2006: 106), quien en su tentativa de deslinde entre normativización y normalización, ofrece una definición, tal vez escasa del primer concepto, que «sería la designación de la grafía 'correcta' ».
  31. Por otro lado, aludo a expresiones como las de Knörr (1998: 41) cuando afirmaba que «La toponimia, tanto la vasca como la romance, es un rico legado que ha llegado hasta nosotros y obligación nuestra es que no se pierda ni quede adulterada».
  32. Sin embargo, la variabilidad es un rasgo fundamental de la toponimia menor, cuya vida suele ser casi siempre oral y privada, y una experiencia básica en la investigación onomástica n6.
  33. n6 Dauzat (1963: 219), al referirse a los noms de lieux dit reparaba en que éstos «[sont] remplacés par d'autres quand changeait la culture, la physionomie du lieu, ou quand un mot vieillissait.
  34. n6 Les anciens termes ne disparaissaient que peu à peu: il y a parfois deux ou trois noms pour désigner, ad libitum, le même terroir».
  35. n6 son reemplazados por otros cuando cambia la cultura, la fisonomía del lugar o cuando una palabra envejece.
  36. n6 Los viejos términos desaparecieron poco a poco: a veces hay dos o tres nombres para designar, al gusto, el mismo terreno
  37. n6 Y Michelena (1969: 36) advertía que «al lado de dobletes como Villanueva /Iriberri, basados en la traducción, el calco o la simple convergencia, hay otros como Lumbier / Irunberri, Bardena / Bardea, etc., que tienen su origen en la evolución fonética divergente y pueden coexistir, en bocas distintas o en las mismas, uno al lado de otro».
  38. n6 Ambas citas observan dos posibilidades del polimorfismo en los topónimos, la fonética y la léxica.
  39. Los fenómenos de variación son profundamente informativos para el lingüista, al constituir la cara sincrónica de las dimensiones geográficas y sociales de los procesos de cambio y evolución n7.
  40. n7 De nuestra tradición filológica y lingüística, recordemos que, según Menéndez Pidal (1981b: 516), la «variabilidad multicolor» del lenguaje del período preliterario del idioma, al igual que la de los dialectos populares modernos, parece delatar la ausencia de «una norma cualquiera que rija el lenguaje popular antiguo».
  41. n7 Traté de la variación con algún detenimiento (ECHEVARRÍA ISUSQUIZA 1996: 851-858), y pude recoger interesantes observaciones hechas en los años de eclosión de los estudios dialectales, y que abarcan desde el valle de Pas a Rumanía.
  42. n7 Son trabajos destacables, a propósito de la definición de la importancia de la variación y el polimorfismo en el estudio de la lengua viva, los de Allières (1954), Alvar López (1968) o Lope Blanch (1974).
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  44. Y, aunque la heterogeneidad en la comunidad de habla no siempre comporta cambio, la implicación sí se da en el otro sentido n8.
  45. Por esta razón entre otras, la normativización de formas lingüísticas, necesaria desde el punto de vista de la vida social en aspectos prácticos como la elaboración de mapas y señales, es en realidad contraria a la descripción e investigación lingüística.
  46. n8 Como se sabe, esta idea, formulada como principio general para el estudio del lenguaje, forma parte de las conclusiones del trabajo de Weineich, Labov y Herzog, «Empirical foundations for a theory of language change» (en Directions for historical linguistics, Lehmann y Malkiel eds., 1968, Austin y Londres, pp. 97-195), cuyos principios reproduce Lloyd (1993: 28-29), mi fuente ahora.
  47. Ya Allières (1954: 100) había mostrado el beneficio que la gramática histórica debe sacar de la observación de los hechos de variación en la sincronía: por un lado, para la comprensión de la diversificación en áreas geográficas distintas de sistemas fonéticos o morfológicos complejos (por «décantations de polymorphismes»); por otra parte, la lingüística histórica, en lugar de limitarse al estudio de mutaciones acabadas, podría vislumbrar los cambios en curso.
  48. Sin embargo, sólo con el desarrollo de la sociolingüística y sus métodos se ha emprendido la profundización sistemática de estos hechos.
  49. Sobre la asunción y difusión del variacionismo en nuestros estudios, deben verse los trabajos de Penny (2004: 15- 26) o Conde Silvestre (2007) y Escoriza Morera (2003), para los antecedentes teóricos en la lingüística del siglo XX.
  50. La «correcta utilización de los nombres» que Íñigo (2010: 107) destaca como finalidad de la labor de Euskaltzaindia y que parece traspasar toda su actividad onomástica, compromete necesariamente al castellano, pues de acuerdo con la ley del euskera esta lo es también del castellano n9.
  51. n9 Así lo observa expresamente Gorrotxategi (2006: 106).
  52. Lizundia (2009) trata también de distinguir la normalización de la normativización, tarea esta, dice, que «es una función de la institución académica del respectivo idioma, es decir, de la Real Academia Española, de la Real Academia de la Lengua Vasca- Euskaltzaindia, de la Real Academia Galega, del Institut d'Estudis Catalans, etc.».
  53. En cambio, Gorrotxategi (2006: 142) observa, más en consonancia con la realidad de los hechos, que «En el caso del romance, de acuerdo con la Ley también sería esta academia la competente».
  54. El artículo 10 de la citada ley remite a la «originalidad euskaldun, romance o castellana» de cada topónimo n10, si bien en este terreno poco firme la originalidad romance o castellana en Euskal-Herria es noción que no parece merecer la confianza de los autores n11.
  55. n10 Cita este artículo Lizundia (2009: XVII), a propósito de la ley y las lenguas de la toponimia; el artículo dice lo siguiente: «La nomenclatura oficial de los territorios, municipios, entidades de población, accidentes geográficos, vías urbanas y, en general, los topónimos de la Comunidad Autónoma Vasca, será establecida por el Gobierno, los Órganos Forales de los Territorios Históricos o las Corporaciones Locales en el ámbito de sus respectivas competencias, respetando en todo caso la originalidad euskaldun, romance o castellana con la grafía académica propia de cada lengua./ En caso de conflicto entre las Corporaciones Locales y el Gobierno Vasco sobre las nomenclaturas oficiales reseñadas en el párrafo anterior, el Gobierno Vasco resolverá, previa consulta a la Real Academia de la Lengua Vasca».
  56. n11 La perspectiva subyacente queda explícita en la siguiente cita de Gorrotxategi, al resumir su trabajo de (2006): «El objetivo de esta colaboración es iniciar un debate sobre la normalización de la toponimia en las zonas de Euskal Herria que han sido romanizadas y alterada su toponimia.
  57. n11 Hasta ahora se ha dado por buena la doble denominación, pero en muchos casos tras la misma se encuentra una sustitución de difícil justificación» (Cursivas mías.
  58. n11 Con sustitución no se refiere a la de un topónimo castellano por otro vasco).
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  60. Creo que soy fiel a Gorrotxategi (2006) si reduzco a unos principios básicos sus consideraciones y propuestas sobre la amplia casuística a la que dice referirse: en esencia, predice el respeto por la integridad de una forma castellana solo si, siendo exclusiva, coincidiera además con grafía y fonética vasca (Rebollar).
  61. Para los demás casos hallamos distintos supuestos que conducen a la introducción de una variante distinta de la castellana tradicional: el primero de todos es que siempre cabe considerar que el nombre se encuentra en una zona vasca histórica, de modo que la toponimia no vasca actual puede ser vista como traducción, «bien porque se ha documentado, bien porque se deduce», o suplantación.
  62. Asimismo, la toponimia no vasca actual admite modificaciones en virtud de su consideración como préstamo que así se adapta y naturaliza (Kintana) n12.
  63. n12 Observaré, de paso, que aprecio una discutible problematización ateórica de los topónimos compuestos, cuyos núcleos tienden a ser excluidos o traducidos: «En el caso de la forma única (Arroyo...) de facto estamos bendiciendo el proceso de castellanización del país, proceso que recordemos está muy cerca de la limpieza étnica.
  64. n12 En el caso de la doble cartografía tenemos por una parte una complejidad innecesaria y por otra parte de facto la relegación de las formas vascas a un segundo plano, ya que en pocos casos se utiliza la versión en euskera» (Gorrotxategi, 2006: 145; cursiva mía).
  65. n12 Es inaceptable la exclusión del núcleo de un topónimo compuesto a partir del falso entendido de que se trata de genéricos no onomásticos, lo cual repercute asimismo en el tratamiento del artículo castellano, que es tratado con suma volubilidad.
  66. n12 De entre la copiosa bibliografía lingüística, pueden verse las excelentes síntesis de Fernández Leborans (1999) y Bajo Pérez (2002: 167); sobre la distinción común / propio y su gradualidad; también Langendonck (1995: 485), quien apuesta asimismo por una concepción prototípica de la categoría.
  67. Pero el hecho más notable de la normativización toponímica es que no siempre se selecciona una de las variantes coexistentes, ya que la forma normativizada que se genera n13 puede ser nueva, creada ex novo o desde testimonios documentados o supuestos, precisamente en virtud del citado ideal de corrección y autenticidad.
  68. n13 Por ejemplo, según Sagardoy (2006: 240-241), los topónimos obtenidos se clasifican «en tres tipos principales: los orales, procedentes de las entrevistas directas; los documentados, procedentes del vaciado de fuentes documentales y los cartográficos, procedentes del vaciado de las fuentes cartográficas.
  69. n13 A ellos hay que añadir los topónimos «normativizados» que son los resultantes de aplicar el proceso de normalización lingüística a los topónimos orales seleccionados».
  70. Haugen (1972) acuñó el término schizzoglossia para referirse a «the conflict which arises within the individual user when he becomes uncertain as to what he ought to say and write because the same linguistic item is presented to him in more than one way» (apud Amorós, 2008: 31). La normativización debería sacar al hablante de tal problema mental y, sin embargo, ocurre a menudo lo contrario: la planificación origina esquizoglosia y debe ir acompañada de un profundo esfuerzo «normalizador» n14.
  71. n14 Dice así Gorrotxategi (2006: 142): «Normalizar por la contra [sic] sería lograr que las formas normativizadas sean las normales en la vida diaria».
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  73. Una muestra de oficialización de formas nuevas es el doblete Karrantza Harana / Valle de Carranza, que en el mejor de los casos habría consagrado un exónimo (vid. Harder, 1996), considerado sin embargo apto para sustituir el único nombre histórico y real, pues se aconseja que solo se oficialice este para «ambos idiomas» n15.
  74. n15 En el dictamen emitido por Euskaltzaindia y firmado por Mikel Gorrotxategi Nieto (Euskera, 2001, 46-2), se dice que, «el original latino», Carrantia, es Karrantza, pues ésta «es la forma propia de hablantes vascos que aún hoy en día permanece viva en la zona vascófona de Bizkaia». No dice en qué zona, si bien se deduce que no en la propia Vizcaya vascófona (al otro lado del Nervión), sino más allá, pues «en la actualidad, en el dialecto occidental o vizcaíno, al contrario que en el resto, no es frecuente la pronunciación africada tras n, por lo que si el nombre fuese moderno sería Karransa». En cualquier caso, el euskera de Carranza sería, de ser algo, una hipótesis poco plausible.
  75. Trucios-Turtzioz es la denominación bilingüe adoptada en 1996 por este ayuntamiento del occidente vizcaíno vecino a Carranza. El nombre tradicional y popular es Trucíos, con otra acentuación, y la variante llamada nombre vasco («Euskal izena», vid. Izendegia, 2011), Turtzioz, no tiene más fundamento que la forma escrita Turçios. La fiabilidad del testimonio habría merecido ser mejor aquilatada n16 antes de concederle todo el crédito en contra de la oralidad históricamente estable, por imaginar que tal Turçios puede sostener la hipótesis de un original vasco Iturri Hotz al que el elevado hoy a oficial aspira a acercarse.
  76. n16 Véase el dictamen firmado por el propio Mikel Gorrotxategi en la revista Euskera (1996, 41-1, 246).
  77. La necesidad de añadir un euskal izena (Izendegia, 2011) Guardia a la denominación Laguardia se apoya en que «recientes investigaciones han aclarado que los vascófonos empleaban Guardia para llamar a esta Villa» n17.
  78. n17 Dictamen firmado por Enrike Knörr y aprobado por Euskaltzaindia en 2003 (Euskera, 2003, 48-1).
  79. Alrededor de Laguardia hallamos otro interesante caso de toponimia fantasmática generado al calor de la documentación, pues antes que Guardia se sentó que el nombre vasco de Laguardia era Biasteri n18.
  80. n18 Puede leerse con detalle en el «Dictamen de la Real Academia de la Lengua Vasca / Euskaltzaindia sobre el nombre de Viñaspre en lengua vasca» (21-10-2010), firmado por Roberto González de Viñaspre (Euskera, 2010, 55-3, 1395-1402).
  81. Biasteri, forma hallada en un libro de 1546, se promovió a nombre verdadero, primero de Laguardia y después de Viñaspre, siendo en realidad una lectura errónea de Vinasperi, consagrada a través de la copia de mapas, es decir, una ilusión cartográfica n19.
  82. n19 Así lo reconoce González de Viñaspre: «[…] la identificación de Biasteri con Laguardia carece de fundamento histórico alguno, y el error ha sido subsanado mediante el Dictamen de la Real Academia de la Lengua Vasca / Euskaltzaindia sobre el nombre de Laguardia en lengua vasca, dado en Vitoria / Gasteiz el 24 de julio de 2003» (2010: 1401).
  83. En 2005 la comisión de Onomástica de Euskaltzaindia había aconsejado al Ayuntamiento de Viñaspre la utilización del empleo del ilusorio Biasteri. No obstante, observa el informe de 2010, «el estado actual del conocimiento nos obliga a reconsiderar la idoneidad del nombre Biasteri», y proponen Binasperi n20, pues al parecer Viñaspre, el resultado cabal y sencillamente vivo o real, de ese genitivo latino-románico documentado es por alguna razón inadecuado o insuficiente n21.
  84. n20 «Esta Comisión de Onomástica es consciente de que la reconsideración de Biasteri como nombre eusquérico de Viñaspre y su sustitución por Binasperi ha de ser convenientemente explicada al Ayuntamiento de Lanciego y a los propios vecinos de Viñaspre. Con ese fin y propósito se elabora el presente dictamen académico. Sin duda, es éste un cambio que requiere comprensión a nivel social y una readecuación en el ámbito administrativo, lo cual quizá no esté exento de algunas incomodidades. Sin embargo, esta Comisión de Onomástica no puede soslayar las nuevas evidencias documentales que aconsejan la restitución de Binasperi, y solicita el compromiso y la colaboración de todas sus partes interesadas para la oficialización de ese nombre y la difusión de su uso» (GONZÁLEZ de VIÑASPRE 2010:1402).
  85. n21 Puede verse Ciérbide (1998) a propósito de la toponimia vasca en Álava y las suposiciones que sin el debido fundamento han hecho revivir algunas formas exclusivamente documentales, trastrocando a veces sus referentes. Además, a propósito de los Laguardia, Miranda, Salvatierra o Mondragón vascos, su historicidad y europeidad, resulta oportuna la reflexión de Caro Baroja (1982). Confiesa Kremer (2010: 7) «cierta envidia hacia las regiones autónomas surgidas de un proceso histórico y que cuentan con lengua propia (revitalizada)» por disfrutar de la colaboración activa de las instituciones, si bien «La recatalanización o regalleguización de los nombres de lugar, a menudo alterados durante largo tiempo por la lengua estatal, constituye un fenómeno excepcional capaz de crear problemas tanto a las autoridades como a los expertos, así como a los usuarios de la lengua». Suponemos que Kremer no menciona el caso vasco porque aquí se produce un conflicto de mucho más calado que el que afecta a cognados como el gallego, el castellano y el catalán.
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  87. LOS ESPACIOS Y LOS DATOS. LA TOPONIMIA DE VITORIA-GASTEIZ
  88. La toponimia histórica del término municipal de Vitoria-Gasteiz es en la actualidad objeto de una importante investigación, cuyos frutos comenzaron a ver la luz en 2009 n22: Un proyecto «sobre todo, de toponimia histórica» (TV/GT, I: XXVIII), que abarca seis siglos de documentación (desde el XIV al XX), para el «conocimiento y la recuperación del patrimonio cultural de la capital de Álava y de Euskadi» (TV/GT, I: XXII y XXIII). Sus autores lo califican de «investigación y normalización lingüística», pues no pierde de vista un horizonte de configuración de formas estandarizadas n23.
  89. n22 Citaré la obra mediante la sigla TV/GT seguida de los números de volumen y página. El territorio comprende la capital, Vitoria-Gasteiz, y las 64 aldeas o núcleos rurales de población anexionados a partir del siglo XIII (vid. la «Introducción histórica» de José Antonio González Salazar, TV/GT, I: XIX-XX). Hasta la fecha de su fallecimiento en 2008, Henrike Knörr impulsó este proyecto y dirigió el equipo junto a Elena Martínez de Madina, responsable de coordinación, labores filológicas y tratamiento de los datos. Mis comentarios tienen como objeto únicamente los dos primeros volúmenes, publicados ambos en 2009, que contienen la toponimia de la ciudad de Vitoria (vol. I) y de los 11 pueblos de Malizaeza (vol. II), pues a la hora de redactar este trabajo no he podido incorporar datos del último (Toponimia de Vitoria III, Ubarrundia de Vitoria, 2010).
  90. n23 «Lo que se pretende con esta base de datos es, por un lado, tener la ficha completa de cada topónimo que se recoge, y por otro, agruparlos por variantes para poder dar un topónimo estándar, realizando un estudio diacrónico de los mismos, como ayuda para conocer los estadios anteriores de una lengua, así como para poder interpretar los topónimos actuales. En nuestro territorio, las dos lenguas principales que han convivido, y conviven, son el euskera y el castellano» (TV/GT, I: XXVIII).
  91. Ninguna de mis observaciones puede restar un ápice del valor documental de la obra en la que cuaja este ambicioso proyecto, base imprescindible de una investigación lingüística que está por hacer. Sin embargo, creo que el recóndito y equívoco concepto de «normalización de la toponimia histórica», acervo que reúne variantes de lenguas distintas, justifica que me detenga a comentar algunos aspectos de este importante corpus toponomástico.
  92. El primer postulado de la investigación es que la toponimia del territorio «ha sido y es mayoritariamente de naturaleza eusquérica» (TV/GT, I: XXXI), pero la incontrovertible historicidad de la lengua vasca en la zona objeto de estudio no justifica muchas de las afirmaciones y deducciones particulares que sobre este asunto se prodigan a lo largo del texto n24.
  93. n24 Así, El Rincón o Rincón de Ali, con un interesante documento de 1630: «Una pieza en le termino de el Rincon y en basquenze Oquelua» (1630). Los autores observan: «Tal y como dice el texto, rincón es una traducción de la palabra vasca, okelu». Desde luego, lo que así se afirma es más de lo que el texto dice.
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  95. Se dice que se ofrece «el estándar en la lengua en la que se creó», «bien porque se sabe, bien porque se ha estimado» (TV/GT, I: XXXII); y, sin embargo, la evaluación de variantes, que no se funda en la apreciación del uso, tampoco se resuelve a partir de la documentación original: ¿Puede ser Andramaria la forma que corresponde al «estándar en la lengua en la que se creó», por mucho que sin la menor duda haya vivido esta forma vasca en el habla? n25
  96. n25 El hagiónimo de Berroztegieta tiene la forma Santa Mia en su primer testimonio (1481-86); los otros son Santa Maria (1598), Anraimaria (1623), Anrramaria (1623) Hermita de Santa Maria (1665), Hermita de Nuestra Señora (1674) (TV/GT, I: 352-353).
  97. Como se comprueba en el mismo ejemplo, una vez seleccionada se ha corregido la forma «según las normas actuales de la lengua» (TV/GT, I: XXXII), llamadas a rectificar no una mera divergencia ortográfica sino lo que a menudo es un estadio lingüístico diferente. La evolución en el seno de la comunidad vascohablante no debería verse como deformación, pero se establece un Uribarrigutxi (Lasarte, TV/GT, II: 891) normativo a cambio de más de ocho siglos de Ullibarri n26.
  98. n26 Estos son los testimonios aportados: Urrivarriguchía [sic, la tilde] (1257), Ollivarri Menor (1294), Ullibarri Guchi (siglo XIII), Ulibarriguchi (1481-1486), Ulibarriguchia (1607), Ullivarri guchi (1724), Ullibarri-guchi, Ullibarriguchi (1850), Ullibarri guchi (1927), Ulibarri buchi (1842). Lugar, que al decir de los autores, «En 1782 ya nos consta como mortuorio de Ullibarriguchi […]. Al despoblarse se conservaron varias viviendas aisladas conocidas actualmente como los Caseríos de Uribarrigutxi, en jurisdicción de Monasterioguren pero lindando con Ullibarri de los Olleros». Tales Caseríos de Uribarrigutxi (TV/GT, II: 785) se conocen en realidad como Caserios de Ullivarri guchi (1847, 1931, 1943) o Los Caseríos (inf. or.). Sume en el estupor observar que se menciona la forma corregida al citar la real, como si esta existiera, práctica que no es ocasional pues la hemos observado más veces. Por otra parte, aunque Ulli- no es la primera documentación, manifiesta una existencia constante de más de setecientos años. (Vid. CARO BAROJA 1980a: 181, sobre el occidental uri-, y sus variantes antiguas urri-, uli- y ulli-, navarras y alavesas).
  99. Kurutzezuri es la propuesta para representar un amplio conjunto de formas castellanas y vascas, entre las que, con ser variadas, falta precisamente ésta n27.
  100. n27 Son tres: dos en Vitoria y uno en Arriaga (TV/GT, I: 136; I: 135). En Arriaga: Cruz de Abendañu (1588), Cruz Blanca de Auendaño (1659), Cruzezuri (1633), Cruze zuri (1702), Curzezuri (1702), Cruz Blanca (1703), Cruzezuri (1721) Curcetorri (1799), Cruz Blanca (1815), 1927, 1972). En Vitoria se documentan Cruz Blanca (1586, 1613, 1667, 1724, 1883, 1926), Curze Zury (1815), Cruz Blanca de Arana (1822). De la segunda Cruz Blanca, tenemos Cruz Blanca (1600, 1747), Curzezuri (1673) Curuzuri (1684), Cruze zuri (1726), Cruzezuri (1860).
  101. ¿Por qué no Krutzizabala, si Landuchio recoge cruscea en su diccionario? n28 Tan llamativo es el comentario «A lo largo de los siglos se denominó con la forma vasca, Kurutzezuri», que cita la forma no documentada otorgándole existencia e historia, como la ausencia de toda mención al hecho de que las denominaciones romances son más antiguas y no cabe suponer que no se dieran en el habla.
  102. n28 González de Viñaspre y Uribarrena (2005b: 371) optan por esta variante, que es la documentada en la toponimia de Sáseta, por considerar que cruçe es también variante vasca de g(u)rutze ya que la recoge Landuchio en su diccionario.
  103. Los autores justifican así la dificultad de su tarea: «[…] lógicamente se dan las entradas normativizadas, a pesar de que algunas veces no es fácil tomar una decisión sobre el topónimo estándar, bien por falta de datos o bien por no saber con exactitud cuál es el nombre genuino» (TV/GT, I: XIII). Sin embargo, tal vez más problemático que la falta de datos sea el inadecuado e insoluble concepto de nombre genuino, incompatible con la visión dinámica de la toponimización de un territorio que involucra a dos lenguas. La forma estandarizada puede servir para agrupar la multiplicidad denominativa en relación con un referente, pero las variantes de dos lenguas no son reductibles a un único lema. La selección y corrección que tiende a la eliminación del castellano en el lemario configura una imagen de conjunto artificiosa o ficticia n29.
  104. n29 El resultado es que la lematización única de grupos de variantes, que son intralingüísticas e interlingüisticas, a favor de una de las de una lengua sepulta la tradición castellana. En la documentación hay elementos que para un romanista son de interés, forman parte de lo que se decía desear salvaguardar, y que, como mota (Mota de Echauegana, por ejemplo, TV/GT, II: 325), quedan sumidas en ella, sin haber accedido siquiera a los índices.
  105. p94
  106. El lema estandarizado y acaso concebible como etimología resulta finalmente una proposición ucrónica, en tanto que se apuesta por hipótesis no asentadas en principios, pues los fundamentos de cada propuesta casi nunca se hacen explícitos. Seguimos preguntándonos por qué frai y no fraile en Fraisolo de Lasarte (TV/GT, II: 635), si es Fraylesoloa (1613), Fraisolo (1719), Fraylesolo (1794); y por qué Abendañu (TV/GT, II: 5), cuando ni siquiera se justifica la vasquidad del topónimo. Gazaeta (TV/GT, II: 537- 539) altera definitivamente el oral Gáceta, y consagra la pronunciación de una grafía medieval n30 con un «es de significado oscuro» por único comentario.
  107. n30 Las formas documentales aducidas son Gazaeta (siglo X), Gazaheta (1025), Gaçaheta (1379). La fonética esdrújula, típicamente alavesa (vid. MICHELENA 1982: 303) resulta alterada.
  108. Algunas ausencias
  109. Una mínima memoria de ausencias y exclusiones del elemento castellano podría comenzar con el topónimo de Berroztegieta estandarizado como Area (TV/GT, II: 357) n31,del cual se observa que «Probablemente el topónimo contiene la palabra vasca harea,'arena'». Análogamente, al justificar un enmendado Zentenotza n32 se comenta que «Elprimer elemento es un castellanismo (zenteno), en lugar de zekale. El segundo elemento es el sufijo -tza». Pozuondo (TV/GT, II: 170) es la forma que, sin aprecio de duda, dan al topónimo de Aretxabaleta y Gardelegi, documentado como Pozo-ondo (1865), Pozohondo (1887).
  110. n31 Que es dos veces Area (1573 y 1692), y todas las demás Arena (1576, 1602, 1680, 1904), Larena (1638, 1703, 1719, 1759, 1939), La Arena (1699, 1773, 1815, 1877).
  111. El incomprensible silenciamiento del elemento castellano puede llevar al sacrificio de reglas elementales de la argumentación etimológica. El vitoriano El Molinacho (1532, 1604, 1663, 1726, 1897) n33, estandarizado como Molinatxo (sin artículo), y considerado «oscuro», es objeto de varias hipótesis sobre su primitiva forma vasca, las cuales, para más desconcierto, se ofrecen el lugares diferentes, pues el topónimo se repite como referente de otros n34.
  112. n32 Las documentaciones aportadas de este topónimo de Ali (TV/GT, II: 89) son Centenosa (1611), Zentenoza (1679), Zenttenoza (1714).
  113. n33 Hay asimismo Fuente del Molinacho (1682, 1732, 1866), Cruz y Vmilladero del Molinacho (1681, AHPA); Casa del Molinacho (1481-1486), Molino del Molinacho (1573), Casa Grande y Molino del Molinacho (1653), etc. (TV/GT, I: 113, 82, 155).
  114. n34 Por ejemplo, aquí: «La forma Molinatxo es un nombre de difícil explicación. Las formas vascas esperables son borin. Pensemos en Borinivar, año 1025, actual Bolibar, pueblo del término municipal de Vitoria. Hay ejemplos de variante con cambio de consonante inicial, por ejemplo, Moringana, Moringaña, en Marquínez. Pero también se atestiguan topónimos con -l-, como Molingaña, ese mismo lugar en Marquínez. Además, Molinatxo existe también en Elosu y Treviño, como consta asimismo en Toponimia Alavesa, de López de Guereñu. Todo ello nos llevaría a creer en una forma vasca antigua *molina, 'molino, aceña' paralela a la conocida bolin(a). Molinatxo sería entonces el topónimo con el sufijo diminutivo -txo» (TV/GT, I: 152). Y a propósito de Camino del Molinatxo (TV/GT, I: 48), Camino del Molinacho (1593, 1708, 1859), se observa: «Molinatxo, es una forma extraña. ¿Cabría pensar en el castellano molino más el sufijo diminutivo vasco -txo?».
  115. Ni siquiera se menciona la posibilidad de una formación enteramente castellana, sufijada en -acho, variante etimológica de -azo, -aza, que se encuentra, por ejemplo, en Covachas (TV/GT, I: 80) n35.
  116. n35 El sufijo -acho, -cha está presente en el léxico de la toponimia castellana de Vizcaya (El Bernacho, Los Covachones, La Picacha, La Joyacha, El Joyacho o La Torcacha son topónimos de Carranza) y parece gozar aún de alguna vitalidad como apreciativo en hablas asturianas y montañesas (PENNY 1969: 97; POLA 1952: 353; MALKIEL 1969b: 33).
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  118. Los testimonios Río de la Presa Chica (1481-1486), Presachica (1572), Pressa Chiqui (1685), Presachica (1718, 1730, 1891, 1939) (TV/GT, I: 180-181), estandarizados en Presa Txiki, demandan que se considere al menos el adjetivo chica, pues txiki, aun consignando de ser seguro la existencia del vascuence, no es la forma histórica más plausible. Chico tuvo que ser adjetivo corriente en el castellano de la zona, hablado, ya sea por los mismos, ya por parte, ya por otros hablantes de la misma comunidad en la que nace San Juan el Chico (1481-1486). Sobre Rozamendi de Berroztegieta (TV/GT, II: 427) juzgan un «significado oscuro por lo que toca al primer elemento. Quizá *Arrosamendi, 'mont(e) de las rosa(s)'». A este desatino etiológico se llega desde un impenetrable desdén por la sencilla explicación que brinda el castellano roza, de rozar, tan corriente en la toponimia alavesa y en la de otras zonas n36.
  119. n36 La Roza, término montuoso en Artaza de Lacozmonte, y labrantío en Berantevilla; además, Las Rozas, es según López de Guereñu (1989: 422), «término muy abundante». Así lo reconocen González de Viñaspre y Uribarrena (2005b: 391), a propósito del topónimo treviñés Las Rozas.
  120. Asimismo, Mutilonbide (en Monasterioguren, TV/GT, II: 806-807) n37 «puede interpretarse como 'camino del o de los chicos buenos', sin que sepamos la razón»; sin embargo, el castellano mutilón o motilón (Aut., s.v., "El religioso lego") habría dispensado de una tan aventurada motivación, asunto que no puede considerarse menor en la indagación etimológica (vid. ECHEVARRÍA ISUSQUIZA, 2002).
  121. n37 «... fueron al termino de Martin alday junto al Camino de Motilhon al mojon de entre los terminos de San Juan y Mendiola y al termino de Mutil videa y al termino de Martin aldaybea ...» (1481-1486). Las otras documentaciones aducidas son Camino de Mutilonvidea (1481-1486), Mutilhonbidea (1572), Camino Real Muttilon bidea (1688), Mutilumbide (1771), Mutulumbidea (1845), Mutulunbide (1934).
  122. El topónimo de Ali consignado oralmente como Puente Laza se fija como Latsa a partir de sus variantes n38: «Latsa, de lats, 'arroyo', con artículo, salvo que estemos ante un antiguo *Latsaga»; pero ni se menciona el frecuentísimo haza (el haza, laza) n39.
  123. n38 Estos son sus testimonios: Lacha (1562), Lasa (1598), Rio Laza (1606), Laça (1618), Lassa (1624), Lacha (1662, 1671, 1709, 1764, 1810), Puente Laza (1687, 1820), Laza (1701, 1774, 1810, 1879), Rio de Laza (1913), Laza (¿Latza?) (LE), Laza (1938), Laza (TA, CT) (TV/GT, II: 49).
  124. n39 Eluden mencionar cuestiones fonéticas que pesan sobre la hipótesis vasca, es decir, por qué hay laza y no lasa. En el caso de Saldisasi (TV/GT, II, 267-268), documentado por primera vez como Saldeisasi (1583), con otras variantes corrientes en la toponimia de sel aquí ignoradas, a favor de la sola hipótesis »*Zaldisasi, de zaldu, 'soto', más sasi, 'zarzal', con cambio de *Zaldusasi a *Saldusasi por asimilación consonántica. La caída de la u final ante i inicial habría provocado el paso de *Saldusasi a Saldisasi (aunque los pasos bien pudieran ser inversos, de *Zalduisasi a *Zaldisasi, y de aquí a Saldisasi)». La toponimia castellana de sel ofrece una explicación bastante natural y ajustada a sentido y fonética, cosa que desde luego no cabe decir de zaldu-.
  125. En Joyasoloa (topónimo de Ali, siglo XVII; TV/GT, II: 43-44) observan de nuevo que «La primera parte es oscura» no obstante haber un vitoriano La Joya, muy probablemente hoya, con velar que es resto de la aspiración castellana primitiva. El topónimo de Gobeo (TV/GT, II: 580-581) Prado de la Loca (1518) n40 se ha normativizado como Loka: «viene del euskera, loka, 'clueca', 'movedizo, suelto'»; ni se sopesa la oportunidad de un topónimo antroponímico femenino, tan corriente, ni se justifica la eliminación del artículo.
  126. n40 La Loca (1670, 1704, 1772, 1842, 1855, 1875, 1895, 1900, 1930, 1932), La Oca (1742), Campo de La Loca (1818), Loca (TA, 1965), Monte de La Loca (1959), La Loca (CT).
  127. p96
  128. Ciertamente, el artículo es objeto de un tratamiento asistemático y caprichoso, con acentuada propensión a eliminarlo; el caso de Coteado (TV/GT, II: 561), topónimo de Gobeo que se documenta más a menudo con artículo que sin él, no es el único. Otro más de los numerosos elementos románicos librados con la sola calificación de «oscuro» es Ribazo Mirabuenas en Berroztegieta n41.
  129. n41 Son sus testimonios Mirabuenas (1575), Mirabuenos (1593), Mirabona (1717), Mirabonus (1777), MIrabonus (1777), Mirabonos (1790), Ribazo de Miravonus (1860), Ribazo de Miravanus (1909), Ribazo de Misabonis (1927), Ribazo Misabonis (TA). «De significado oscuro», señalan (TV/GT, II: 426).
  130. El singular Mirabuenas es sin embargo admirablemente abundante en Álava, donde hallamos Mirabueno, Mirabuenos y Miralobueno, tal y como expresamente indica López de Guereñu (1989: 344); además, hay Mirabueno en Carranza, Miralobueno es topónimo de Mena (HORCH 1992: 292), y Mirabueno y Mirabuenos lo son de Cantabria (SOJO y LOMBA 1951: 592), por referirnos sólo a los próximos, pues esta formación se repite en otros puntos de España y en Francia n42.
  131. n42 Madoz (1845-1850) recoge Mirabueno en Jaén y Guadalajara, Mirabuenos en Jaén, Mirabó en Mallorca, Mirabonell en Valencia; también hay Mirabueno en la sierra norte sevillana (GORDÓN PERAL, 1987: 89-90). Compárese con los galorrománicos Mirabeau (Midi), Mirebeau (langue d'oïl), Miribel (franco-provenzal), ejemplos que muestran, precisa Dauzat (1963: 23-24), la asociación de la idea de 'relieve' con la noción subjetiva de 'mirar'.
  132. En fin, de nuevo se glosa Revuelta de Oceya (Berroztegieta) con «De significado oscuro por lo que corresponde al segundo elemento» (TV/GT, II: 426), a pesar de que Baráibar (1903: 138) trae esta voz como alavesa (Llodio) n43.
  133. n43 También la registran los glosarios montañeses como oceja 'rozón, herramienta para rozar', ocejo 'corvillo' (SÁNCHEZ LLAMOSAS 1982: 154; SAIZ BARRIO 1992: 185; PENNY 1969: 220); joceyu 'hoz' en la montaña leonesa (GONZÁLEZ 1969: 359). Hay otros Ocejo y Los Ocejos en la toponimia de Álava (LÓPEZ de GUEREÑU, 1989: 361); Ocejo en Mena, Burgos (Horch, 1992: 304-5), en Carranza (Vizcaya) y también en Cantabria, etc. (ECHEVARRÍA 1999: 272). En cuanto al resultado de 2ª yod, es testimonio único y exclusivamente gráfico, lo que obliga a guardar alguna cautela.
  134. Considero, en suma, que se produce un inconcebible e innecesario empobrecimiento del estudio al excluir la debida consideración de lo románico en un lugar cuya castellanidad actual hunde sus raíces en el pasado lejano. Para el periodo que comprende la documentación de la toponimia vitoriana no es posible fijar un tiempo en el que la toponimia romance no exista ya al lado de la vasca.
  135. p97
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