Echenique2006

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La larga trayectoria del estudio de las relaciones entre vasco y románico ha experimentado una revitalización importante que se concreta en hechos de Historia lingüística y de Lingüística diacrónica, cuyo conocimiento puede conducir a la reconstrucción sistemática de la consolidación romance en área vasca, así como al entendimiento más adecuado del papel desempeñado por el euskera en el castellano y español en general.

Palabras Clave: Vasco y románico. Historia lingüística. Romance de área vasca.

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El estudio de las relaciones entre vasco y románico tiene ya larga trayectoria. En los últimos años, en todo caso, ha experimentado una revitalización importante, principalmente desde la vertiente románica, si bien es verdad que hay aún parcelas de estudio que no han sido tratadas en los trabajos clásicos. Por todo ello, la presente ponencia tiene como objetivo repasar tareas ya realizadas, así como incidir en los campos de investigación necesitados aún de estudio y atención filológicos.

1.

La realidad de la lengua vasca recubre un espacio sociolingüísticamente complejo desde Iparralde a Hegoalde o a la inversa. Hay hoy varias lenguas en contacto: castellano, francés, occitano-gascón y vasco, y había alguna más en el pasado medieval: el navarro.

En ocasiones, la demarcación territorial separa políticamente espacios que comparten en forma parcial un área lingüística común, dando lugar a una frontera administrativa que no se corresponde con la lingüística; es un caso frecuente y así sucede entre nosotros con la frontera catalano-aragonesa, la hispano-portuguesa o la gallego-asturiana, o con la frontera uruguayo-brasileña en América, donde el uso de español y portugués tampoco coincide con los límites administrativos, por poner un ejemplo geográficamente distante.

En el caso del área euskaldún, una situación así ha perdurado a lo largo de muchos siglos, durante los cuales el euskera ha mantenido vínculos de unión al margen de otras circunstancias.

Como idea inicial y nuclear hay que decir que la Historia lingüística vasco-románica tiene su principal fundamento en textos, sean del tipo que sean (inscripciones en una primera época, documentaciones románicas y vascas después, onomástica en general), pues se enmarca dentro del estudio filológico, sin que ello implique, por otra parte, renunciar a la reconstrucción del pasado a partir de los hechos de lengua actuales o de testimonios más o menos indirectos, de acuerdo con las diferentes posibilidades que la metodología lingüística proporciona. Ahora bien, si no resulta tarea fácil reconstruir la historia de cualquier lengua por la sencilla razón de que solo contamos con textos escritos para épocas pasadas, más complejo aún es llegar a perfilar la historia entrecruzada de lenguas distintas a través de los testimonios documentados que, siendo incompletos y limitados para las lenguas románicas, son casi inexistentes (apenas restos aislados) en el caso de la lengua vasca hasta el siglo XVI, momento en el cual accede a la escrituralidad y se convierte también, por lo tanto, en una lengua dispuesta para ser leída.

2.

La Filología es búsqueda de hipótesis siempre perfeccionables, ha dicho Cesare Segre, al tiempo que constituye un terreno en el que hay que ir introduciendo matices a cada paso, incluso a lo recién escrito por uno mismo, añado yo y explicaré por qué. En una publicación recién aparecida (Echenique 2004), he dicho que:

hablar del influjo que la lengua vasca ha podido tener en las lenguas romances hispánicas en general, y castellano en particular, equivale a trazar la supervivencia de una parte de la Hispania prerromana hasta el momento actual, pues la lengua vasca es la única lengua paleohispánica superviviente a la romanización de la Península Ibérica, entendida esta como última fase del proceso de indoeuropeización de Occidente.

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Pues bien, sigo creyendo que, con la llegada de la lengua latina a Hispania, en efecto, los hablantes de las diferentes lenguas prerromanas cambiaron su código lingüístico en favor del latín, a excepción del espacio vasco que, si bien adoptó el latín parcialmente, no llegó a perder la lengua originaria conocida por los nombres de vascuence, euskera, euskara, eskuara, vasco, lengua vasca o lengua vascongada, que se ha mantenido hasta el día de hoy, bien es verdad que tras haber sufrido un proceso de regresión progresiva; pero quizá no se pueda afirmar sin hacer alguna precisión que la lengua vasca sea una lengua paleohispánica.

No debe esto entenderse en el sentido en que recientemente se ha señalado afirmando que Untermann excluye la lengua vasca del mapa lingüístico peninsular prehispánico; no, lo que Untermann excluye es la existencia de inscripciones del euskera en la Hispania prerromana, por lo que no cabe inferir su presencia a partir de testimonios directamente documentados: sí podemos, en cambio, reconstruir la existencia de la lengua vasca a partir de otros testimonios; así, resulta claro que los elementos vascos emergidos en época hispánica medieval están emparentados con los testimonios aquitanos de época antigua, a través de lo cual se puede reconstruir una cadena que habla en favor de su antigüedad a ambos lados de los Pirineos, sin olvidar la existencia de al menos una inscripción (la de Lerga) en territorio hispánico.

Nada excluye, además, la posibilidad de que puedan aparecer otros testimonios en el futuro. Hacer depender la argumentación filológica de los hallazgos arqueológicos implica correr un riesgo que, además de innecesario, es injustificado. La Filología tiene sus propios métodos para llegar a conclusiones autónomas, que luego, eso sí, encontrarán mayor o menor justificación en ciencias aledañas, como la Arqueología u otras.

Una vez reconocida hoy la existencia de varias (no de una sola) lenguas prerromanas, y descartada, por lo tanto, la tesis vascoiberista entendida como supervivencia en el vasco actual de una (única) lengua hispánica antigua, se hace necesario, en cambio, clarificar, a la par que actualizar, nuestra visión de los sustratos europeos y su relación con los sustratos hispánicos (Vennemann 2003) n1, entre los cuales el euskera tiene un lugar primordial al menos en toda el área pirenaica. Esta sería la primera de las tareas aún pendientes.

n1. Es muy necesario elaborar una crítica sistemática a las tesis de Vennemann, pues, en mi opinión, hay en ellas elementos muy válidos que permitirían clarifi car la situación lingüística del continente europeo en el pasado.

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3.

Hoy sabemos que la incidencia de la romanización en Asturias o el País Vasco, por poner dos casos de gran relieve para la cuestión que aquí nos ocupa, fue sensiblemente mayor de lo que hasta hace poco tiempo se había venido creyendo.

Y, lo que es más, hoy sabemos que la cornisa cantábrica fue zona de confluencia de dos corrientes colonizadoras, a saber, una que, procedente del Mediterráneo, penetraba en la Península remontando el curso del Ebro hacia su nacimiento, y otra que, desde la Aquitania, llegó al País Vasco rumbo al Noroeste peninsular; sobre esta última tenemos hoy más e interesantes testimonios.

Hay que mencionar un hecho de trascendental importancia encontrado en los últimos años: en pleno corazón de la costa vasca guipuzcoana, se ha descubierto un foco romanizador de gran envergadura: se trata de un asentamiento romano estable (de varios siglos: desde el siglo I al V después de Cristo aproximadamente), más de 8.000 piezas de cerámica, que Milagros Esteban (2002) propone identificar como la Menosca de los textos clásicos n2, lo que, sumado a otra serie de indicios conocidos de tiempo atrás y considerados antes “descontextualizados”, ha llevado a valorar en su justo punto la envergadura (grande) de la romanización de, al menos, la costa vasca n3.

n2. Topónimo que despierta todo tipo de sugerencias: entre ellas, la revitalización actualizada de la colonización suritálica en la Península Ibérica defendida en su día por Menéndez Pidal (Echenique en prensa b).

n3. Hay también indicios de romanización hacia el interior que van fortaleciendo la imagen de un País Vasco más romanizado, tal como se desprende de las excavaciones realizadas en la zona guipuzcoana de Zarauz y alrededores, que permiten augurar nuevos hallazgos en fechas inmediatas.


Está aún por estudiar si esta colonización romana, de cuya penetración hacia el interior también se atisban indicios, contenía elementos de origen suritálico o si reforzó determinados rasgos de sustratos anteriores (Echenique en prensa b). De momento, lo importante es que los hallazgos recientes permiten tender un puente en el continuum norteño del que habla Penny sin necesidad de excluir la zona vasca.

Porque Penny (2004 [2000]), al explicar la distribución geográfica actual de rasgos lingüísticos en la Península, afirma que viene determinada por dos conjuntos de circunstancias, a saber, la existencia de un continuum dialectal septentrional, y la expansión territorial hacia el Sur de variedades norteñas que siguieron a la Reconquista de la España islámica.

Ese continuum dialectal septentrional ocuparía, según Penny, aproximadamente el tercio norte de la Península, y formaría parte del continuum dialectal romance que se extiende desde el Noroeste de España hacia Francia y desde allí hacia Bélgica, Suiza e Italia (v. los apartados 4.1.1 y 4.1.2) n4, por una parte, y hacia el continuum pirenaico, por otra, lo que concuerda con lo que acabo de decir sobre las dos corrientes colonizadoras.

4. V. los apartados 4.1.1. y 4.1.2. de Penny 2004 [2000]. Esto concuerda tanto con los planteamientos sobre los sustratos europeos, por una parte, como con la colonización venida desde Aquitania, por otra.

Entre el establecimiento del latín en la Península y las invasiones islámicas del 711 en adelante, y sin la excepción de la región vascohablante, por lo tanto, que por entonces, dicho sea de paso, era mucho más extensa en la zona pirenaica que en la actualidad, la totalidad de la Península debió formar un continuum dialectal. Los dialectos del Norte peninsular constituyen los únicos segmentos de este continuum que han sobrevivido hasta el día de hoy, y entre ellos no cabe olvidar el románico inserto en la lengua vasca.

p29

También este románico presente en el euskera permite completar el razonamiento de Penny, quien afirma que, si bien el ritmo de cambio en el antiguo romance meridional peninsular era bastante lento, no lo era en el Norte; tampoco lo era, creo, en zona vasca, donde el vascuence documenta vitalidad de cambio semejante a la neolatina, pues hay evolución románica activa de latinismos como ANGELLU=aingeru, SPECULU=ispilu y tantos otros (es de suponer que conforme iba evolucionando el romance conviviente), por un lado, y la propia lengua vasca, por otro, como atestigua la evolución según reglas propias en HONORE= ohore, e incluso mixtas como PULLU=oilo(González Ollé, 2004).

Por otra parte, la continuidad mozárabe con los dialectos de la España cristiana (hasta la Reconquista hubo ese continuum, que se rompió al superponerse a los dialectos mozárabes más norteños las nuevas variedades mezcladas y dando lugar con ello a una frontera dialectal donde antes no había existido ninguna, Penny, 2004) alcanza también a la zona vasca en rasgos como alguno de los que a continuación detallo:

a) Respecto a la diptongación no condicionada de la O y y breves tónicas latinas, si lo que caracteriza al castellano en el caso concreto de los derivados de latín MESPILU, es níspero, frente a la forma con diptongo en Cantabria (niéspero), lo que caracteriza al vasco, que no tiene diptongo en los latinismos ni romanismos salvo en época tardía, una vez más, es una polifonía de resultados: el Diccionario General Vasco de Michelena documenta (s. v. mizpira) las siguientes variantes vascas: MESPILU =mizmiru, mizperu, mizpiru, mizperru, mismiru, mespilu, mesmeru n5, que muestran una situación intermedia en el continuum y en que las variantes con /e/ en la primera sílaba (las dos últimas) son justamente occidentales, es decir, contiguas al territorio cántabro n6.

n5. Por no citar las que probablemente proceden del neutro plural, que en euskera llevan /-a/, como mizpira, mizmira, mizpola y otras.

n6. Véase mi trabajo (2005) “A propósito de la confl uencia vasco-románica circumpirenaica: los derivados de lat. SOROR”.

c) En relación con la pérdida de vocales finales: FEBRU;RIU > moz. febrayr, febreyr (como en cat. febrer, arag. febrer, pero diferente del gal.-port. fevereiro, febreiro, leon. febreiru, febreru, cast. febrero) n7, tenemos en euskera: albaitari, albeitari (así como todos los resultados del sufijo -ari, si aceptamos que procede de latín -ARIU), al lado de albaitero (albaiterua).

d) En cuanto al mantenimiento de los diptongos decrecientes /ei/ o /ai/ (y quizás de /ou/): FEBRU;RIU > moz. febrayr, febreyr (como en gal.-port. fevereiro, febreiro, astur. occidental febreiru, pero diferente del astur. central y oriental febreru, cast. febrero, arag. febrer, cat. febrer) n8, hay en vasco el mencionado albaitari, albeitari. Todo ello sin olvidar que, en el caso del diptongo AU, el eusk. gauza, con diptongo aún más arcaico, muestra la fase más antigua.


No cabe duda de que la zona vasca es parte del continuum norteño. Es, de hecho, el puente que une el Noroeste con el Noreste en unos casos, así como Hispania con la Aquitania en otros.

La tarea aún pendiente es estudiar con mucha minuciosidad, a la luz de un planteamiento actualizado de la cuestión, si determinados hechos se deben a sustrato, a colonización de uno u otro carácter o bien a la combinación de ambos.

Con relación a los Pirineos, las cosas ofrecen mayor nitidez debido a la permanencia del euskera allí en época medieval e incluso tardomedieval.

p35

7.

Se puede decir que hay aún un extenso camino por recorrer en el estudio de las relaciones vasco-románicas en el léxico, camino que en su día inició y fue largamente transitado por Hugo Schuchardt.

En efecto, el trasvase de voces de origen latino y románico a la lengua vasca, que tiene también su parte complementaria en la adopción de vasquismos por las lenguas románicas que han convivido históricamente y conviven en la actualidad con el euskera, cuenta con una larga lista de trabajos parciales importantes, pero adolece aún hoy de un estudio de conjunto homogéneo.

Los trabajos de Luis Michelena han dejado constancia ordenada y metodológicamente impecable de la asimilación de elementos latinos por la lengua vasca n11. Después, Segura Munguía y Etxebarria Ayesta (²2002 [1997]) han comenzado a sentar las bases inventariables de tal relación, si bien el resultado final no es aún definitivo, pues necesita de una clasificación y análisis más detallados.

Por su parte, la publicación casi concluida del monumental Diccionario General Vasco-Euskal Orotariko Hiztegia (DGV) del propio Koldo Mitxelena (1987-2004)12 reúne información reciente, a la par que útil y complementaria de los Materiales para un Diccionario Etimológico de la Lengua Vasca (1989-1995) de Agud Querol, lo que, unido al desarrollo que en los últimos años ha conocido la lexicografía histórica vasca, de una parte, y a los estudios existentes sobre el elemento vasco en el léxico románico castellano, navarro, occitano o aragonés (que constituyen el reverso de la misma moneda), de otra n13, nos permite abordar las relaciones léxicas vasco-romá- nicas con mayor solidez. Como en su día recordó Antonio Tovar, y ha sido pubicado póstumamente: p39

Oso garrantzitsua da kasu batzuetan euskararen egitura barnean gertatu dena gogoratzea: maileguen bitartez, euskarak markagailu morfologikoak adierazi ditu, bere gramatikan ezagutuak ez zirenak.

Aspalditik dakigu errege maileguak erregina femenino erromantze modura moldatu zuela (eta hortik euskarak ahal izan du atzizkia: erregina, birjina (hemen malgukari bezala, birj- bera ez da ezer, ezin da segmentatu, baina eredu bezala badu bere funtzioa; erreginan, ordez, eranskaria dugu, ahal delako -ina morfema bezala kentzea), baita beste batzuk ez hain ezagunak ere: koinatu / koinata.

Alternantzia honen azpian duguna da euskaran latinezko maileguak batzuetan neutrotik hartuak izan direla (mizpiru, mizperu), eta bestetan femeninotik (mizpira, mizpera); beste kasuetan mailegu bikoitza azaltzen zaigu: historia / istorio (bata nahiz bestea etimo edo erro berdina dute, gaur egun erabat desberdinak izanik).

Zer esanik ez serorari buruz (Hegoaldean batez ere elizaren eguneroko ardura duen eta zenbaitetan apaizari laguntzen dion emakumea, sakristauaren emaztea batzuetan, eta Iparraldean batez ere moja bezala erabilia) eta bere eratorpenak (serorategi, seroragai, serorago, seroratu, serora-etxe); serora SORORE latinetik dator, eta bukaeran duen -a hori artikulu edo -a organikoa modura finkaturik dago (eta hiztegietan -a berarekin azaltzen da), baina baita femeninoren markagailu morfologikoa bezala ere, hau da erromantzetik hartuta femeninorekin loturik dago.

Bestalde, euskal erromantze toponimoak agertzen dira, Masu Nittak aztertu duen bezala: horrek esan nahi du hizketako egoeran bi hizkuntzen arteko hitzak batera erabili direla. Esate baterako Juncáriz (Vizcaya) (Barrancos de Juncáriz, Campos de Juncáriz, Fuente de Juncáriz, Pozos de Juncáriz) (Sabaiza) “Probable combinación de sinónimos interlingüísticos como rom. Juncar + de + vasc. i, ihi ‘junco’ con sufijo abundancial -tz(e), -tza (v. Apellidos, nºs 301 y 347) dela dirudi. Badakit Matias Múgikaren lanetan beste ikuspuntu batzuk azaltzen direla, baina oraindik ikerketa asko egin beharko dugu garbi ikustera iritsi arte. Nafar erromantzea. Eta oneraino iritsi nahi nuen. Badira euskaraz hitz ugari gaskoitik edo nafar erromantzetik heldu zaigunak: arrangura, tristura, ardura... De facto, nafar erromantzeren gunea, gaztelania eta aragoieraren desberdina izanik, komunikabide korapilo baten tartean murgildurik zegoen Ego Aroan, eta erabat garrantzitsua da komunikabide korapilo bezala, benetako zubia nafar erromantzea, gaztelania eta aragoieran arte Hegoaldean eta gaskoi eta okzitaniar arte Iparraldean izanik. Ez dezagun ahaztu Bernard Etxepareren Primitiae Linguae Vasconum gune horretatik etorri zaigula erromantze grafiaz (gaskoi edota nafar erromantze grafiaz idatzirik). Beste alde batetik, gogora dezagun Tovarrek (1997an) hil baino lehenago idatzi zuena (nahiz eta hil ondoren argitaratua izan): latinetik hartutako Rhin Ibaiaren alpetar aldian mailegu asko ez ziren inoiz idatzian sartu (“no entraron nunca en la lengua escrita”), bi mila urte egungo hizketan iraun arren (“a pesar de que han perdurado casi dos mil años en la lengua cotidiana no literaria”).


p41

10.

La existencia de tantas variantes dialectales vascas de préstamos románicos en euskera es buena prueba de su existencia anterior a la llegada del latín: cada dialecto vasco adoptó el préstamo de acuerdo con sus reglas, en su secular convivencia, dando lugar a léxico de origen latino-románico en euskera, distinto del léxico románico en las diferentes variantes romances.

La existencia de variantes dialectales vascas muy marcadas en los dialectos euskéricos, inexistentes en los romances del entorno, hablan de la penetración de la lengua latina en un sistema de lengua vasca, que contaba, eso sí, con claras diferencias dialectales (pero esta es otra cuestión).

Creo, por otra parte, que lo que los últimos hallazgos arqueológicos en torno a Zarauz (Zarauz, Getaria, Elcano) nos muestran es la existencia de un primer estrato de contacto de la romanización con elementos autóctonos, que, lógicamente debían ser los más antiguos; después, la romanización (entre los siglos I al IV en Zarauz), muestran el asentamiento más estable de la cultura romana, a través del cual debieron ir introduciéndose en euskera los elementos latinos.

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