Cipres2006

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CIPRÉS, P. (2006), “La onomástica de las inscripciones romanas del País Vasco. Estructura del nombre personal y estatuto jurídico”, Veleia, 23, 85-128.

Comentarios de Emiliana Ramos:

"Llama la atención la concentración de restos epigráficos romanos alrededor del Iter XXXIV n14, amén de los recogidos en los valles occidentales, al oeste de los ríos Bayas y Nervión, y en Treviño, y de los correspondientes al área vizcaína, Forua y Lemona (Ciprés, 2006) n15.

n15 Para Ciprés (2006: 88) las inscripciones del País Vasco responden más bien a un medio rural que urbano, salvo las de los conjuntos de Iruña-Veleia y las de San Román (en el extremo oriental de la Llanada alavesa, cerca de Aistra-Zalduondo, conjunto sobre el que volveremos más adelante).

En toda esta epigrafía se observa una constante imbricación entre el mundo indígena y el romano n16, con frecuentes nombres mixtos, donde el elemento indígena es es de tipo indoeuropeo hispánico, salvo en escasos testimonios (Ciprés, 2006: 108) n17; no obstante, cabe destacar la marcada diferencia entre la onomástica recogida por estas inscripciones en el extremo oriental de Álava —predominio de nombres indígenas y expresión de la filiación— y el oeste de Álava y Vizcaya, donde se prefieren los nombres latinos, sin expresión de la filiación (Ciprés, 2006: 90-93).

n17 En el área alavesa tan solo podrían vincularse con una raíz vasco-aquitana Luntbel/Luntbelscottio en San Román (área oriental). También suele mencionarse un dudoso Illuna en Veleia (Gorrochategui2009: 548).



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El estudio de la onomástica documentada en las inscripciones plantea problemas relacionados tanto con la estructura del nombre y la naturaleza lingüística de los antropónimos, como con la condición jurídica y social de los individuos que los portan, aspecto que, en lo que respecta al estatuto de los hombres libres, adquiere una especial significación hasta la Constitutio Antoniniana. Desde ambas ópticas, la epigrafía romana del País Vasco refleja una realidad muy similar a la documentada en otras zonas del Imperio donde junto al sistema onomástico latino, en principio vinculado con la condición de ciuis, coexiste otro sistema onomástico peregrino de ascendencia local n2. En este sentido, la práctica onomástica en esta región sigue las pautas observadas en el marco general del Imperio, donde el sistema de denominación romano no se manifiesta de manera uniforme a lo largo del tiempo. Así las inscripciones muestran una tendencia a la desaparición gradual del praenomen, la filiación, la tribu y posteriormente el gentilicio, dando lugar a la implantación del nombre único en época tardía. Se constata, por lo tanto, la evolución del nombre ya estudiada por Thylander en 1952 n3. Pero, al mismo tiempo, se aprecian otros rasgos derivados del contacto entre Roma y el mundo indígena, que se plasman en la interrelación que se establece entre los dos sistemas onomásticos.

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Así, la adopción de la denominación romana viene acompañada del mantenimiento de algunos elementos locales como la presencia de antropónimos indígenas entre los cognomina, la alusión a la unidad suprafamiliar o la disposición de la filiación al final del nombre, posiblemente, como una adaptación a prácticas locales propias de la onomástica peregrina. Nuestro objetivo en este trabajo es el análisis y la valoración en los ámbitos social y familiar de los usos onomásticos en la epigrafía del País Vasco. Para ello tomaremos como punto de partida tres tipos básicos de denominación (nombre único, tria y duo nomina), teniendo en cuenta la cronología relativa que hemos intentado fijar para nuestro material.

Antes de pasar al análisis pormenorizado conviene efectuar algunas consideraciones previas:

1. La elección como objeto de estudio de las inscripciones halladas hasta el momento en el territorio de la actual Comunidad Autónoma Vasca, tiene como base el corpus epigráfico elaborado para el programa P.E.T.R.A.E. que, en su distribución para España, incluye en un mismo grupo el material perteneciente a las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya n4. Conscientes de que éste responde a un criterio administrativo moderno sin base en la realidad histórica antigua, ni administrativa ni étnica n5, nuestro estudio se plantea como una parte más a considerar dentro de los trabajos de este género efectuados sobre la Península Ibérica. En este sentido, pensamos que los resultados tienen que ser completados con los de las regiones circundantes n6.


n4 Existen razones de orden cuantitativo para este agrupamiento de las tres provincias dado que de un total de 228 fichas tan sólo 17 corresponden a Vizcaya y 2 a Guipúzcoa. Por razones obvias, en la provincia de Álava incluimos las inscripciones procedentes del Condado de Treviño, aunque administrativamente pertenezca a la provincia de Burgos.

n5 Por lo que se puede concluir de la información que las fuentes proporcionan no podemos identificar este territorio con el ocupado por autrigones, caristios, várdulos, berones y vascones. Desde el punto de vista administrativo, tampoco se puede identificar con el perteneciente a un determinado grupo de ciuitates. Vid. J. Santos, A. Emborujo y E. Ortiz de Urbina, «Reconstrucción paleogeográfica de autrigones, caristios y várdulos», en M. Almagro-Gorbea, G. Ruiz Zapatero (eds.), Paleoetnología de la Península Ibérica, Complutum 2-3, 1992, pp. 449-467. M. A. Villacampa, Los berones según las fuentes escritas, Logroño 1980. E. Cantón, Los vascones entre el Ebro y Aquitania. La organización social, VitoriaGasteiz 2003. Tesis Doctoral inédita, pp. 27-132.

n6 Hasta el presente los estudios onomásticos se han centrado principalmente sobre la naturaleza lingüística de los antropónimos donde, sin duda, destacan los trabajos ya clásicos de M. L. Albertos, etc.

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2. Hasta este momento el corpus está integrado por 228 fichas correspondientes en su mayoría, como es habitual, a inscripciones funerarias. Su distribución geográfica (mapa 1) muestra una clara concentración de restos en un espacio que comprende dentro de la provincia de Álava aquella parte atravesada por la vía XXXIV «ab Asturica Burdigalam» y, en el norte de Vizcaya, la zona de Forua y Lemona, principalmente. Por el volumen de sus hallazgos destacan los focos de Iruña, San Román de San Millán y su entorno próximo, Contrasta y Angostina. Frente a éste queda delimitada un área que incluye la zona oriental y sur de Vizcaya, el norte de Álava y la práctica totalidad de Guipúzcoa, donde hasta el presente tan sólo se han documentado dos epígrafes n7.

Somos conscientes de que contamos con un volumen bastante bajo de testimonios para atribuir un carácter definitivo a las conclusiones que podamos establecer, sobre todo en lo que respecta a la distribución de los nombres y, en consecuencia, de los usos onomásticos. La aparición en cualquier momento de un grupo de inscripciones puede dejar obsoleta cualquier deducción extraída de series tan reducidas.

3. Debido al carácter fragmentario y/o a la desaparición de algunos epígrafes, no es posible reconocer con seguridad y de forma íntegra a todos los individuos que aparecen mencionados. Por ello y en primer lugar, hemos intentado evaluar el número de personas identificables a partir de alguno de los componentes de su sistema onomástico.

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De un total de 145 individuos se pueden distinguir con seguridad 103 hombres y 35 mujeres, de los cuales solamente hemos considerado aquellos para los que se puede reconstruir con bastante certeza su sistema onomástico n8. Estos suponen un total de 87 hombres y 31 mujeres. Para efectuar una valoración histórica de las formas de denominación documentadas, nos detendremos en el estudio de los diferentes tipos que se pueden reconocer y en la antroponimia, observando la variable hombre/mujer, la cronología y la distribución geográfica.

4. Como sucede en otros ámbitos del Imperio romano, el conjunto epigráfico del País Vasco dista bastante de reunir las condiciones óptimas para lograr un conocimiento completo y ajustado del mismo. Su estudio participa de los problemas que caracterizan a la epigrafía y arqueología de las civilizaciones antiguas y, en especial, a las de aquellas zonas mal conocidas por su lejanía de los grandes centros. Las características del material y los hallazgos arqueológicos remiten, con la excepción de Iruña y, tal vez, de San Román de San Millán, a un medio rural más que urbano.

Lamentablemente entre los epígrafes aparecidos hasta el momento no hallamos ninguna referencia a magistraturas, cargos religiosos o militares, lo que limita el estudio del funcionamiento interno de las comunidades aquí asentadas y la valoración de la onomástica en relación con los diferentes grupos sociales que las integran y que ejercen funciones dentro de ellas.

La presentación de los datos

La estructura del nombre personal

Sistema de nombre único (mapa 2)

Esta fórmula la encontramos ampliamente atestiguada en 55 individuos. Aunque el mayor número corresponde a hombres (37 frente a 18 mujeres), la presencia del nombre único es más frecuente en las mujeres; su porcentaje supone casi el 60 por ciento del total frente al 43 por ciento en el caso de los hombres. Desde el punto de vista jurídico, en este grupo onomástico conviene establecer diferencias, primero, entre hombres libres y dependientes y, dentro de aquellos, entre población peregrina y ciudadanos romanos, en este último caso en inscripciones tardías como resultado de la evolución que experimenta el sistema de denominación romano hacia el nombre único n9. Por otro lado, entre los hombres libres se distinguen algunas variantes (en función de la naturaleza lingüística de los antropónimos y de la presencia o no de la filiación) que parecen responder a cuestiones cronológicas y de romanización.

Según la datación relativa que hemos fijado para estas inscripciones, se pueden establecer las siguientes conclusiones provisionales, que pueden ser corregidas y/o matizadas a la luz de nuevos datos.

Nombre único vinculado a hombres libres
Nombre único + filiación

El primer tipo que podemos diferenciar es el compuesto por nombre único más la indicación de la filiación a través del nombre del padre seguido del término filius abreviado n10: Segontius Abloni f(ilius), por ejemplo.

n9 No incluimos en este grupo aquellos nombres únicos sin filiación, presentes en algunos epígrafes, que por el contexto epigráfico corresponden a cognomina.

n10 La única excepción la encontramos en el ejemplar de Oyarzun, donde no aparece el término filius.


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La antroponimia es casi en su totalidad indígena, tanto en lo que respecta al nombre del difunto como a la filiación (cuadros 1 y 2). Desde el punto de vista jurídico corresponde a individuos con un estatuto civil peregrino y, hasta el momento, geográficamente se concentra en la zona oriental de Álava, en torno a los núcleos de Contrasta, Ocáriz, Alaiza-Luzcando, San Román de San Millán, Salvatierra, Eguilaz, Urabain e Ilarduya (mapa 2) n11.

Aquí los testimonios constituyen un grupo bien individualizado que no sólo destaca dentro de la provincia de Álava sino también, del área occidental de Navarra, con la que existe una cierta unidad cultural n12. Este sistema se documenta en inscripciones funerarias con epitafios sencillos en los que únicamente aparece el difunto, su edad y la fórmula final h.s.e. (hic sepultus est), sin presencia de D.M. (Diis Manibus), lo que sitúa a estos ejemplares entre los más tempranos, probablemente de mediados o finales del siglo I n13.

Desde el punto de vista formal se trata de estelas que en su mayoría aparecen sin decoración —excepto los ejemplares de Ocáriz y Urabain— y con el campo epigráfico abierto, en algunos casos, con líneas guía profundamente grabadas.


Dentro de este conjunto merecen un breve comentario los epígrafes de Contrasta (CIL II, 2951), Salvatierra y Oyarzun. El primero —Am[ba]tus Serani f(ilius)— muestra en la filiación el antropónimo Seranus, también documentado en Navarra (Mendigorría) como cognomen.


n12 Las inscripciones procedentes de esta región de Álava y el occidente de Navarra muestran una cierta unidad cultural, resaltada por diversos investigadores. En lo que se refiere a la onomástica, aquélla se pone de relieve en la naturaleza lingüística de la antroponimia indígena, aunque los hallazgos hasta el momento documentados muestran un mayor predominio del sistema romano en el ámbito navarro, donde, además, llama la atención el elevado número de mujeres atestiguadas, especialmente en Gastiain y Aguilar de Codés. Sobre las similitudes en la onomástica indígena M.ª L. Albertos, «La antroponimia en las inscripciones hispanorromanas del País Vasco. Reflejos de la onomástica personal de época románica en los topónimos alaveses», Estudios de Deusto 20, 1972, pp. 335-356; J. García Ariza, «Estelas decoradas de Aguilar de Codés. Onomástica y tipología indoeuropeas» Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra 58, 1991, pp. 208-223; p. 216) y J. Gorrochategui, Veleia 12, p. 221. Vid. también E. Cantón, op. cit., pp. 121-130.

n13 Las siglas D.M. suelen aparecer documentadas en la zona oriental de Álava y occidental de Navarra (en torno al núcleo de Gastiain) asociadas a monumentos profusamente decorados con motivos de vid o arquerías y, en general, con duo y tria nomina.

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Recogido por Solin como un cognomen latino, su uso en la filiación nos sitúa ante una onomástica mixta (nombre único indígena +nombre del padre latino) no muy frecuente entre los testimonios conservados n14.

En el segundo caso nos encontramos ante una inscripción actualmente desaparecida, en la que el difunto es portador de un nombre único indígena bien conocido en la región, más una filiación de identificación problemática: Segontius Iammari? f(ilius). Tradicionalmente restituida esta última bajo la forma Tammari o Iammari n15, su lectura ha sido corregida por Abascal quien la sustituye por Ianuarius n16. Aunque las tres opciones deben considerarse hipotéticas, ante la imposibilidad de ser comprobadas, aceptar una u otra conduce a valoraciones históricas diferentes. Mientras las formas únicas Tammarus o Iammarus clasificadas dentro de la onomástica indígena n17, concuerdan bien con la estructura «nombre único+filiación» con antroponimia indígena (Segontius Tammari o Iammari filius) mayoritaria en la zona, el nombre Ianuarius, de carácter latino, estaría indicando el mantenimiento de la onomástica indígena por parte del hijo, un fenómeno hasta el momento poco documentado en esta zona.

El tercer caso, correspondiente a la inscripción de Oyarzun, presenta unas características excepcionales dentro de este grupo. Texto de interpretación controvertida durante mucho tiempo, en la actualidad se acepta la lectura Val(erius) Beltesonis como un nombre único seguido de la filiación sin el término filius n18. Por la naturaleza lingüística de los antropónimos se trata del único testimonio aparecido hasta ahora de nombre único latino seguido en la filiación por otro de raíz vasco-aquitana n19. A diferencia de lo que sucede en el resto, en este caso se habría utilizado un nomen en un sistema de denominación peregrino, un uso no muy habitual en esta región, pero sí en otras zonas del Imperio n20.

n18 Más recientemente J. Velaza ha restituido Val(eria) Beltesonis (J. Velaza, «Epigrafía y dominios lingüísticos en territorio de los vascones», en F. Beltrán (ed.), Roma y el nacimiento de la cultura epigráfica en Occidente, Zaragoza, 1995, pp. 209-215; p. 213.

n19 J. Gorrochategui, Veleia 12, pp. 217-8. 20 A. Chastagnol, Gaule et droit latine, pp. 54, 57 y 227; M. Christol, IACN, pp. 29-30; M. Dondin Payre, «L’onomastique dans les cités de Gaule centrale (Bituriges Cubes, Éduens, Senons, Carnutes, Turons, Parisii)», en Noms, identités et romanisation, pp. 193-341; pp. 309-311 (= «Gaule centrale»).

n21 En el caso de las mujeres se podrían añadir como posibles Attia de Ollávarre y [Se]ueri[na] de Meacaur de Morga. Vid. infra.

n22 A éstos añadimos la inscripción de Mendiguren (EAA 2, 119) con un estado de conservación bastante deteriorado, en el que podrían restituirse dos posibles nombres únicos [---]per y [Fla?]vina, correspondientes al dedicante y también difunto y su mujer.


Nombre único sin filiación

En este segundo tipo el número de testimonios alcanza una cifra relativamente importante (20 hombres y 8 mujeres) n21. Excepto en Lemona (Vizcaya) donde se concentran siete de ellos, la mayor parte aparecen asociados a hallazgos localizados en puntos dispersos de los territorios de Álava (Foronda, Laguardia, Baños de Ebro, Cabriana y San Esteban de Treviño n22) y Vizcaya (Amorebieta y Meacaur de Morga).

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Tanto en hombres como en mujeres (cuadros 3 y 4), la ausencia de filiación viene acompañada mayoritariamente de una antroponimia latina y sólo en cinco ocasiones se constata la existencia de nombres de naturaleza indígena: Aseuucius y Ursicenus en Baños de Ebro n23, los posibles Attia en Ollávarre, [A]ndio y [Am]batus en Angostina y Sento en Alaiza n24.


n23 Dos ejemplares de San Román de San Millán plantean problemas al tratar de identificar con seguridad el tipo de denominación correspondiente a las lecturas Luntbel y Lutbelscottio, es decir su estructura onomástica y la naturaleza lingüística de los antropónimos (A. Sáenz de Buruaga- P. Sáenz de Ugarte, «La epigrafía romana de San Román de San Millán», Veleia 11, 1994, pp. 49-82; n.º 19 y 20). J. Gorrochategui valora la posibilidad de considerarlos como nombres únicos en los que el elemento bel-/ bels- los vincularía con la antroponimia vasco-aquitana, sin descartar en el caso de Lutbelscottio la existencia de dos elementos onomásticos, Lutbel y Scottio, entendiendo el segundo como un cognomen griego skótios o celta skotio- (J. Gorrochategui, Veleia 12, pp. 219-220). La profesora P. de Bernardo nos ha sugerido la posibilidad de restituir en Lutbelscottio un tria nomina con los elementos onomásticos abreviados. Respecto a la forma Sento, único testimonio documentado hasta el momento, no podemos confirmar su lectura debido a la desaparición del epígrafe.

n24 J. Gorrochategui, Veleia 12, pp. 218-219.

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Esta nomenclatura se documenta a partir del siglo ii en inscripciones votivas y funerarias, y es más habitual en epígrafes cuyas características indicarían una datación más tardía25. Los monumentos fechados a partir del siglo iii nos sitúan ante la realidad jurídica que se deriva de la extensión de la ciudadanía romana a los hombres libres del Imperio tras el edicto de Caracala. Así, en ejemplares como los de Meacaur de Morga y Baños de Ebro la fórmula onomástica debe entenderse como el resultado de la evolución del nombre romano hacia la mononimia n26. Por el contrario, su uso en una época más temprana, y ante la ausencia de cualquier otra indicación explícita del estatus jurídico, nos lleva a considerarla una variante del sistema de denominación peregrino —tal y como puede suceder en [Am]batus o [A]ndio (Angostina)— sin descartar su utilización en algún ejemplar por población dependiente que no expresa su condición de seruus o libertus n27. Este podría ser el caso de Ianuarius, procedente de una zona (Ocáriz) donde la indicación de la filiación está fuertemente arraigada.


n25 Esta cronología tardía viene indicada por la estructura del epitafio, los rasgos paleográficos, la presencia de la fórmula posuit memoriam, el texto fuertemente pautado o, como sucede en el ejemplar de Meacaur de Morga, por la expresión de la era consular.

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Nombre único vinculado a esclavos o dependientes

Sin poder descartar la posibilidad de que algunos nombres anteriormente citados puedan corresponder a esclavos, la utilización del nombre único en la designación de individuos de condición servil aparece constatada en 6 casos, en los que la naturaleza lingüística de los antropónimos varía: indígena en Ablonius (Ilarduya) y [.]anica (Contrasta) n28, latina en Tertius, Aelia (Lemona) n29 identificados como contubernales, y Rhodanus (Iruña) y griega en Tychia (Iruña). Aunque en este último caso no se indica expresamente su condición de esclava, el carácter griego del nombre n30 y su identificación como uxsor de Rhodanus (servos) parecen remitir a un ambiente servil n31.

Tria nomina. (mapa 3)

En la época alto-imperial el sistema onomástico romano ha consolidado la fórmula de los tria nomina, acompañados de la filiación y la mención de la tribu, para los hombres y los duo nomina, junto a la filiación, para las mujeres. En la epigrafía del País Vasco la presencia de tria nomina está atestiguada en 20 casos localizados en Iruña n32, donde se concentra el mayor número de hallazgos, San Esteban de Treviño, Luzcando, Angostina y Forua. A éstos se podrían añadir como posibles: ¿? Egnatius Ter. f. Vitalis —desaparecido y que podría haber portado praenomen— [Ca]ius Vet[---]us Vet[---]us C(ai) f., ambos procedentes de Iruña y C. Se[mp(ronius)] [---]ul[---] de Araya33. Dentro de este grupo se debe incluir también a Fuscus, hijo de M. Caecilius Montanus procedente de Forua, a Fuscinus mencionado en el epígrafe de Alaiza, si la restitución de las siglas p.m.f. como p(atri) m(erenti) f(ilius) es correcta n34, tal vez, a [Se]cun[dus] de Iruña, si en la parte final del texto conservado puede leerse patro[nus] dil[ect]is[simus] n35, y a Plinthas también de Iruña n36.


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Duo nomina. Mujeres. (mapa 3)

Una situación jurídica similar a la que refl ejan los tria nomina la hallamos en las mujeres portadoras de duo nomina (cuadros n.º 7 y 8). Su presencia se atestigua en doce ocasiones, a las que cabría añadir un ejemplar de San Román de San Millán que parece incluir también el praenomen: Quinta Fabia [- - -]41. Aunque la adopción del sistema romano viene acompañada de la presencia


p99

Duo nomina. Hombres. (mapa 3)

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La Filiación

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La naturaleza lingüística de los antropónimos

Si los aspectos relacionados con la estructura del nombre nos aproximan al estatuto jurídico de sus portadores, la naturaleza lingüística de los distintos elementos que lo componen remiten a aspectos de integración social y romanización n53. Los restos epigráfi cos reseñados documentan la existencia de antropónimos de naturaleza indígena —indoeuropea con algún testimonio de procedencia vascoaquitana— (cuadro 12), latina (cuadros 13 y 14) y, de forma muy minoritaria, también griega.

Como se aprecia en el cuadro 12, las inscripciones revelan 32 posibles antropónimos indígenas distintos, cuya lectura en ciertos casos no se puede confi rmar con seguridad54, de los que algunos aparecen bajo dos formas distintas Araus /Arauus, Segontius/Secontius y Segontiecus/Secontiecus, a los que habría que añadir Ambatus/Ambaicus, si la transcripción de este último es correcta.

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Exceptuando la forma Beltesonis (genitivo), cuya composición puede explicarse a través del vasco-aquitano, los restantes nombres son de naturaleza indoeuropea n55. Entre ellos encontramos antropónimos ampliamente documentados en Hispania n56, tanto en el ámbito celtibérico como en las regiones del norte y el oeste peninsular: Ambatus, Cantaber, Boutia, Reburrus y Reburrinus n57. Otras, como Segontius, Segontiecus, Turesamus/Turaesamus y Turesica, aunque se han hallado en lugares como Logroño, Cáceres o Salamanca, se localizan mayoritariamente en el territorio comprendido entre la zona oriental de Álava (Salvatierra, Ocariz, Alaiza, Contrasta) y occidental de Navarra n58. Junto a éstas, Tritai (genitivo), Tritaiecus, Aseuucius y Ursicenus solamente se han atestiguado hasta el momento en el este de la provincia de Álava n59. Así pues, la onomástica indígena (mapa 4) aparece fundamentalmente asociada a la nomenclatura de tipo peregrino (tanto en el nombre propio como en la filiación), aunque no faltan ejemplos entre los nombres únicos tardíos e, incluso, los duo nomina.

p109

La transmisión del nombre

p111

Los problemas de integración: Análisis y valoración de los datos epigráficos

p113

La integración jurídica. Algunas cuestiones onomásticas

p119

Una valoración histórica del panorama onomástico

A lo largo de las páginas precedentes nos hemos detenido en aquellos rasgos generales que destacan en el conjunto, pero el panorama onomástico hasta ahora documentado no presenta una distribución uniforme por todo el territorio y los restos epigráficos parecen indicar la existencia de diferencias entre distintas zonas. Aun teniendo en cuenta el azar en los descubrimientos y en la conservación de los monumentos y conscientes de que la aparición de un grupo de inscripciones puede alterar las conclusiones derivadas de los datos existentes, éstos muestran cómo los tipos onomásticos registrados con sus variantes, según la naturaleza lingüística de los antropónimos y/o la presencia o ausencia de los distintos elementos que componen el nombre, no parecen distribuirse de modo homogéneo por todo el territorio. En éste destacan las zonas de Iruña y el este de la provincia de Álava (con los núcleos principales de Alaiza, Ocáriz, San Román de San Millán y Contrasta), no sólo porque en ellas se concentra un mayor volumen de inscripciones, sino también porque allí parecen documentarse aquellas que podemos considerar más tempranas. Ahora bien, entre ambas se observan diferencias que pueden responder a situaciones históricas, jurídicas y sociales distintas.

Sin pretender valorar en demasía la presencia del elemento romano pero tampoco sin despreciarla, las fuentes nos muestran una sociedad que va adoptando formas de organización y prácticas romanas, pero en la que la tradición local o indígena no está ausente. En el seno de los distintos grupos de población que ocupaban en la antigüedad el territorio de la actual Comunidad autónoma del País Vasco, Roma instaura distintas ciuitates, cuya operatividad como soporte de la identidad personal atestiguan tanto la inscripción que recoge el censo de várdulos y vascones realizado por el tribuno laticlavo de la legio VII C. Mocconius Verus en la primera mitad del siglo ii n108, como los epígrafes donde la mención de la origo completa la identifi cación de estos individuos n109.

p120

Plinio y Ptolomeo transmiten sus nombres, que en algunos casos la epigrafía confirma, sin embargo, a pesar del avance que ha experimentado la arqueología en el conocimiento del poblamiento durante estos últimos años, la identificación de su espacio y del lugar central desde el que se estructuran plantea aún muchas dificultades n110. El único asentamiento urbano de dimensiones importantes lo hallamos en Iruña, probablemente la antigua Veleia. Su carácter ciudadano y su condición de centro destacado en la zona están confirmados no sólo por las dimensiones que alcanza el yacimiento, sino también por los restos materiales hallados, que se encuadran en un ambiente romanizado. Estos datos son acordes con los rasgos que la propia epigrafía de esta zona presenta. Es entre las inscripciones halladas en el propio yacimiento o en sus alrededores donde aparecen los monumentos con una mayor influencia romana —por el tipo de material, soporte, escritura, onomástica, etc.— y aquellos que remiten a una sociedad urbanizada. La existencia de fragmentos de epígrafes de carácter monumental junto a frisos de mármol, capiteles y fustes de columna que formaban parte de edificios destacados, y la abundancia de restos de placas de mármol, lamentablemente incompletas, evocan una comunidad en cuyo funcionamiento se atisban prácticas propias de ciudades organizadas según el modelo romano. Esto es lo que parece suceder con el fragmento correspondiente a un epígrafe honorífico en el que se debe reconstruir la fórmula [honore co]ntentus impensam [remisit], que documentaría una acción evergética asociada en las ciudades —municipios— donde aparece con la concesión por parte de la comunidad de un honor con el que honrar a los benefactores y / o notables de dichas ciudades. La datación de la mayor parte de este material entre la segunda mitad del siglo i y el siglo ii coincide con la revitalización que parece haber conocido este asentamiento a partir de los Flavios, tal y como ponen de manifiesto los resultados de las excavaciones.

La concesión del ius Latii por Vespasiano afectó también a esta región y los datos proporcionados por el oppidum de Iruña sin duda lo confirman. La ausencia de otra información no nos permite hablar para éste núcleo de la existencia de un estatuto diferente al de ciudad latina.

La estructura social que se refleja a través de la epigrafía concuerda con esta valoración. Las inscripciones, fechadas mayoritariamente en el siglo ii, muestran una sociedad inmersa en un proceso de integración bastante avanzado respecto al contexto en el que se localiza. Dentro del conjunto en éstas no sólo destaca el predominio de la onomástica latina con duo o tria nomina, sino también el número de ciudadanos romanos con indicación de la tribu. Aquí encontramos la mayor concentración de individuos con duo y tria nomina documentados hasta el momento en el País Vasco. A excepción de Licin[ius] Cant[a]ber y Munatius Fuscus Ambaici f(ilius), en todos ellos la onomástica es latina incluida la filiación, aunque algunos cognomina remiten a un ambiente indígena romanizado n111. Aunque en esta región no es frecuente la mención de la tribu, de los escasos testimonios que nos han llegado el mayor número se concentra en Iruña. La identifi cación de todos ellos con la Quirina nos hace pensar en naturalizaciones efectuadas a partir de los flavios, sin que podamos establecer cuáles han sido exactamente las vías de acceso a la ciudadanía, puesto que ninguno de los textos aporta algún dato revelador en este sentido. La presencia exclusiva de esta tribu parece reforzar aún más la idea de una intensificación del proceso integrador a partir de época flavia en el que el derecho latino ha debido o podido jugar un papel determinante.


n111 Junto a ésta no podemos descartar la posibilidad de que otros epígrafes mal conservados hayan podido contener también onmástica mixta como, por ejemplo, CIL II, Suplem. 5821.Vid. supra

p121

Como hemos visto, resulta más problemática la identificación jurídica de aquellos que portan tria nomina sin tribu, a los que podríamos considerar también ciudadanos romanos que omiten la tribu en un proceso bien conocido en la práctica romana, y de aquellos que llevan duo nomina. Los únicos testimonios de posibles peregrinos portadores de nombre único+filiación corresponden a inscripciones actualmente desaparecidas y cuya lectura se presenta desde el primer momento muy problemática, por lo que deben ser considerados hipotéticos o dudosos n112. De cualquier forma éstos no llegan a representar nada más que un porcentaje mínimo del material hasta ahora documentado.

La cronología del conjunto epigráfico nos sitúa en el marco histórico derivado de la concesión de Vespasiano y, es posible, que la diversidad onomástica esté reflejando la incidencia del ius Latii, que en un contexto urbano como el de Iruña ha adquirido un cariz más romano.

El componente social se completa con la presencia de individuos no libres o de origen servil. La existencia de esclavos tan sólo se atestigua en una inscripción actualmente desaparecida, en la que aparecen dos mujeres y un hombre, este último identificado como Rhodanus, Atili f. seruos, si la transcripción conservada del texto es correcta. Estas tres personas forman parte de una misma entidad «familiar», en la que Tychia se reconoce como uxor y [---]una como socra. La primera mujer porta un nombre griego del mismo modo que Plinthas n113, también documentado en Iruña. La posesión de este tipo de cognomina no parece estar vinculada con la existencia de una comunidad helenizada, sino más bien con un grupo de origen servil, tal y como parece confirmarse en el caso de Tychia. Si las referencias a esclavos son escasas en la epigrafía del País Vasco, la mención explícita a libertos es prácticamente nula n114. El único testimonio posible lo hallamos en una inscripción de Iruña, también desaparecida, en la que tal vez haya que reconocer a Gaius Fabricius Fuscus como patronus de [Se]cun[du]s. Siguiendo el criterio de la onomástica, la presencia de antropónimos griegos, como en el caso de Plinthas —podríamos añadir también los de Antestia Euterpe (Villanañe) y Aelia Hellice (Miñano Mayor), donde el gentilicio confirma su condición de libres—, nos incita a ver en él un posible liberto o descendiente de liberto, tal y como hemos indicado anteriormente. Estos datos, aunque escuetos, nos remiten a la existencia de familias más o menos destacadas, que disponían de esclavos y libertos según el modelo social romano.

Una situación algo diferente se refleja en la zona oriental de la provincia de Álava, donde se concentra un número bastante elevado de inscripciones en su mayor parte fechadas también entre los siglos i y iii d. C. Como ya hemos indicado la epigrafía del este de Álava muestra vínculos formales y onomásticos con la que se documenta en el occidente de Navarra en nucleos como Olazagutía, Larraona, Gastiain, Marañon y Aguilar de Codés. Con la excepción de las aras votivas descubiertas en Araya y las procedentes de Angostina, el resto de los epígrafes son funerarios.

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