Burillo2002

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Cuando Roma conquistó el valle del Ebro la sociedad indígina tenía una organización política basada en ciudades. Las etnias nunca contituyeron estados. La ciudad de Calagurris Nassica acuñó monedas con el nombre de kalakorikos, escrito en lengua celtibérica. Su adscripción a los vascones es tardía, en un momento en el que los nombre de las etnias solo tienen un significado geográfico.


Julio Caro Barojo (1970) inicia su primer capítulo con el expresivo y significativo título "Pueblos y gentes: no tribus" en el que ataca la costumbre entre los historiadores a traducir como "tribu" las referencias en las fuentes antiguas a "nación", "gente" o "pueblo".

Julio Caro Baroja. 1970. Organización social de los pueblos del Norte de la Península Ibérica en la antigüedad. Legio VII Gemina, pp.13-62.

Esta visión historicista, surgida de la traducción de Adolf Schulten y que siguen entre otros Bosch Gimpera, Aguayo Bleye y Menéndez Pidal (1955), visiona una organización tribal, basada en relaciones de parentesco, la sociedad indígena. Ahora se ha cambiado el términno tribu por el de etnia, pero se usa con el mismo significado.

Queda por resolver el significado real que tuvieron las agrupaciones humanas supraciudadanas que los escritores grecoitálicos mencionan a la llegada de Roma al valle del Ebro.

Las etnias no pueden verse como una forma de organización de parentesco (Rodríguez Álvarez 1996), como una pervivencia de sistemas sociales preurbanos, dado que el parentesco había dejado de ser la relación social fundamental (Godelier 1989).

Los etnónimos que las fuentes escritas nos muestran solo pueden entenderse como fruto de unas relaciones sociales de carácter estatal (10), de forma que el etnónimo sedentanos identificaría a los habitantes de la ciudad estado de Sedeis, que conocemos por las monedas con leyenda seteizken.

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Pero no todos los etnónimos derivan del topónimo de una ciudad, de hecho es normal que esto no ocurra fuera del ámbito ibérico. Los etnónimos pueden responder a dos circustancias:

  • Pueden hacer referencia a grandes territorios, definidos desde fuera del grupo indígena, meras identificaciones con regiones geográficas carentes de valor político, así se ha planteado para los oretanos (López Domech 1996) y carpetanos (Urbina), pero también podría aplicarse a vacceos y celtíberos.
  • Otros, como belos y lusones, el etnónimo ha podido surgir como una elección del grupo que ha logrado encabezar la estructura estatal, imponiéndolo a los demás.

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En todo caso, las referencias a etnónimos y a las ciudades a ellos vinculados sólo reflejan la adscripción dada en un momento histórico concreto y no se pueden proyectar en el tiempo como si de una realidad estable se tratara.

El proceso de conquista realizado por Roma dará lugar a que los etnónimos pervivan pero perdiendo, aquellos que lo tuvieron, su entidad política inicial, para convertirse en una mera referencia geográfica.

Monedas y ciudades

Buena parte de las ciudades del valle del Ebro acuñaron monedas en el siglo II y I a C y en ellas aparece su nombre indígena, con las características lingüísticas y epigráficas dadas por el poder ciudadano que acuñó las monedas.

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Hay casos en los que desconocemos el nombre de la ciudad sobre cuyo territorio escibieron las fuentes griegas y latinas, como es el de la ceca que emitió monedas con el nombre de areikoratikos / arekorata-s, ya que a pesar de la importancia que debió tener, a juzgar por la antigüedad de sus acuñaciones, la variedad de valores emitidos y el largo periodo que acuño, unido al hecho de que aparezca citada en dos importantes epígrafes celtibéricos no aparece mencionada, al menos con un nombre similar al indígena, en las fuentes escritas y todavíase discute su ubicación primitiva:

  • Esto sucede también en cecas de menor entidad, próxima a kalakorikos, como oilaunicos y loutiscos.
  • En otros, como la ciudad de Complega, se carece de información sobre su nombre indígena.
  • En un tercer grupo, como el de la ceca de sekaiza, o de kalakorikos, el nombre indígena aparece citado en las fuentes escritas: Segeda y Calagurris Nassica.

Si se conoce el lugar exacto de estas ciudades, el estudio del yacimiento arqueológico proporcionará una ingente cantidad de información para su conocimiento. Eso sucede con Segeda y Calagurris Nassica, al menos esta última en su etapa imperial.

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Calagurris Nassica

La identificación de Calagurris Nassica como ciudad es tardía. Correspondea la etapa sertoriana, al menos cuatro generaciones después de que el territorio fuera conquistado por Roma. Pero el texto de Livio la califica como urbs (que podría ser sustituida por pólis, oppidum, civitas, sin añadir mayor precisión, dado que son términos genéricos utilizados por los escritores grecolatinos a la hora de definir las ciudades indígenas de la Península, o las existentes en otros territorios del Mediterráneo).

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No es un castellum. Es la dualidad campo-ciudad la que le da contenido. La existencia de la ciudad es intrínseca a la del estado. Siempre que exista una ciudad habrá una estructura política del carácter estatal, pero no necesariamente lo contrario. Pero desconocemos el modelo político de la ciudad, por lo que debe definirse para cada caso concreto.

En la campaña de Sertorio se describe el ataque a los agros de los bursaonenses, cascantinos y gracurritanos, tres ciudades próximas a Calagurris Nassica, sin citar el étnico que pudieran englobarlas.

Pero también encontramos en la narración de estos acontecimientos las referencias a entidades más amplias, como el avance contra berones y autricones, o el desplazamiento por el agrum de los vascones.

Las emisiones monetales ayudan a conocer la existencia de Calagurris Nassica en la primera mitad del siglo II a C, con el nombre de Kalakorikos. Son acuñaciones encuadradas en un grupo muy definido territorialmente, encabezado por areikoratikos /arekorata-s y que engloba a las cecas de oilaunicos y loutiscos.

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Leandre Villaronga (14) dató las acuñaciones de kalakorikos y contextualizó su origen en kese (Tarragona) desde donde llega la influencia del monetario de iltirta y luego de seteizken (Teruel), kelze (Velilla de Ebro, Zaragoza) y sekaiza (Mara, Zaragoza).


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Las emisiones de kalakorikos se limitan al siglo II a C y no las hay en el siglo I a C, precisamenteen la etapa sertoriana en la que las fuentes la citan.

Volverá a acuñar en la etapa augustea, con la leyenda Calagurris Ivlia, en el anverso, y Nassica en el reverso, apelativo este con el que era ya citada en los acontecimientos sertorianos.


Los restos de época imperial son frecuentes en el casco antiguo de Calahorra como en el entorno inmediato (VVAA 1984, Urbano Espinosa 1984, VVAA 1991), pero son parcos los hallazgos de época prerromana (Tirado Martínez 2000).

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Las evidencias prerromanas se alejan de la hipótesis sobre el lugar donde debería estar la Calahorra indígena, para el que se suponeun oppidum formado por sucesivos anilos concéntricos (Urbano Espinosa 1984:27) y hasta la fecha no se han encontrado materiales que permitan asegurar que la Calagurris destruida por Sertorio (Urbano Espinosa 1984:189-199) se asentaraen este lugar, ni las evidencias son suficientes para defender la existencia de una ocupación con categoría de ciudad anes de 72 a C, cuando Afranio, lugarteniente de Pompeyo,la destruyó.

Dentro de las guerras sertorianas otras ciudades del valle del Ebro y de la Celtiberia (Burillo 1998:320-328) desaparecieron y se abandonó la ciudad indígena, con la fundación de otra nueva a una distancia que no suele superar los 10 km., controlando el territorio dependiente de la ciudad desaparecida.

En unos casos la nueva ciudad no hereda el nombre, así Contrebia Carbica y Segobriga; pero en toros existe una continuidad del topónimo, Tritium Magallum, actual Tricio, ubicada inicialmente en el Vilar de Bobadilla (28) y de forma especial Uaracos, en la Custodia de Viana (Armendariz 1997/8:19-ss), traslada la ciudad al otro lado del Ebro, a Vareia, donde Urbano Espinosa (1990) plantea el origen de un campamento estable con motivo de las guerras cántabras (27-19 a C).


La lengua de Calagurris Nassica

Untermann (1994:82, 1995:307) interpreta el topónimo Calagurris como ibérico y el calificativo Nassica como celtibérico, no obstante la razón de este nombre ha sido interpretada como un hipotético patronazco de un P. Cornelio Escipión Nassica, del 171 a C (Espinosa 1984:86).

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Gorrochategui (1993:122) señala que "no se puede identificar mecánicamente un área onomástica con un área lingüística, por lo que debemos prestar atención a aquelos datos directos que nos muestran el habla de sus habitantes, como es el caso de la leyenda monetal kalakorikos.

Existe una relación estrecha entre los dos topónimos señalados, Calagurris y kalakorikos. Kalakorikos es un adjetivo celtibérico en -iko realizado a partir del nombre Calagurris (Villar 1995).

En el ámbito ibérico es frecuente la existencia de leyendas monetales con sufijo en lengua ibérica en -sken, interpretado como un genitivo plural.

La existencia en el territorio celtibérico de terminaciones en -kos y -kom fueron interpretadas como genitivos singular y plural por Caro Baroja (1954:742).

Francisco Villar (1995:342-343) los ha interpretado como adjetivos "étnicos" en nominativo y acusativo respectivamente ("moneda de la ciudad de.."). La diferencia en el sufijo sería una cuestión dialectal, como admite García Belido (1999:203-220), para quien -kos es de los berones, con rasgos comunes en sus metrología, estilo artístico y las armas que portan los jinetes.

Es cierto que todas las cecas beronas corresponden al grupo -kos, este abarca un territorio mayor: arkailikos, aratikos, lutiakos y titiakos están fuera del territorio berón.

Kalakorikos sería una ceca con leyenda en lengua celtibérica, al igual que todas las ciudades próximas que emitieron en -kos: se encontraban dentro de un territorio de hablantes en lengua celta.

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Con lo que toma total sentido la cita de Estrabón (III 4,12) cuando señala que los berones tomaron parte en la inmigración céltica, esto es berones y celtíberos hablaban una lengua de origen celta y queda ratificado por el hallazgo en la Custiodia de Viana de varias téseras de hospitalidad (Gorrochategui 1993:122), con una densidad que hace pensar que al menos una parte de ellas sean originarias de esta ciudad berona.

Gorrochategui (1986:443) es de la opinión de incluir la orilla derecha del Ebro, donde se sitúa Calahorra, en la zona de habla céltica, aun cuando señala la existencia de evidencias, que no especifica, de una pertenencia a la cultura ibero-vascona.

Uno de los problemas que plantea este territorio riojano es la pobreza de epígrafes indígenas que no sean monetales, por ello es excepcional el hallazgo en el yacimiento de Alfaro donde se sitúa Gracchurris de un grafito sobre cerámica donde se lee lueikar... (Hernández y Núñez 1989). Javier Velaza lo interpreta coo un antropónimo de tipo vasco, lo cual ve coherente ante la adscripción de dicha ciudad a los vascones en Ptolomeo.

Un solo epígrafe no puede definir un territorio, máxime dado lo fecuente que debieron de ser los desplazamientos de personas en las ciudades del valle del Ebro, tal como lo testimonian los antropónimos existentes en el tercer bronce de Botorrita (Beltrán, Hozy Untermann 1996).

Recientemente se ha identificado como celtibérico el letrero pintado ata... descubierto en la propia Calahorra (Balleste 2001:255-262) y las téseras de Viana están en lengua celtibérica (Labeaga y Untermann 1993/4:45-53, Jordán 1997:199-211).

El peso de adscripción vascona de Ptolomeo ha llevado a Javier de Hoz (1981:27-56) a defender que lo era ya cuando emitió monedas con leyenda celtibérica, por lo que pone a su lengua como ejemplo de bilingüismo del grupo dominante, aspecto sobre el que no creo que existan argumentos para defenderlo.



Ceca de barscunes

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Existe una ceca que emitió monedas con las leyendas barskunes y bascunes- benkota. La aparente relación del topónimo bascunes con el étnico vascones, seguido de la supuesta ubicación de esta ceca en un territorio dentro del étnico y del hecho de ser la ceca más importante del mismo, ha llevado a vincular ambos nombres (Tovar 1949:88-ss, Peréx 1986:63, Sayas 1994:183-185, Domínguez 1998:141).

Esta circustancia sería excepcional en las emisiones monetales del valle del Ebro, ya que los étnicos que acuñaron monedas se restringen al área ibérica, donde con frecuencia encontramos ciudades que dan nombre a un étnico acuñando moneda. La más próxima sería seteisken, que corresponde a las emisiones realizada por la ciudad de Sedeis, de donde surgirá el etnónimo sedetanos.

La ceca barskunes tal vez pueda localizarse en Pamplona, por los hallazgos de "sus monedas en los alrededores, lo que conlleva a la defensa de la sustitución del nombre primitivo por el de Pompaelo (Domínguez 1998:142). Sin embargo la arqueología urbana de Pamplona ha sido esquiva a la hora de proporcionar niveles arqueológicos del siglo II a C en el que se inician estas emisiones (Mezquiriz de Catalán 1958,1976, 1993).

Pero los hallazgos numismáticos de La Custodia de Viana ofrecen 52 monedas (de 139 halladas) de la ceca barskunes, lo que la convierte en la más dominante, frente a 6 de uarakos (Labeaga 1984, Otero 2001), que corresponden al lugar de emisión.

Algunos lingüistas sugieren que no existe relación con el étnico vascones, puesto que el epígrafe derivaría de una raíz indoeuropea (de Hoz 1995:274). Untermann defiende que la leyenda recubre en realidad la lectura braskunes (Gorrochategui 1993:119).

Las acuñaciones de la primera mitad del siglo II a C incluyen las cecas de la Rioja Baja dentro del habla celtibérica; adscripción celtibérica que coincide con la información que proporcionan las fuentes escritas al momento anterior a la conquista romana (188-187 a C) (Villacampa 1980, Espinosa 1984, Fatás 1985, Sayas 1987).


Vascones colaboradores de Roma

Algunos han defendido una expansión vascona en la ribera derecha del Ebro pensando que el vacío de las fuentes sobre la conquista romana de los vascones se explicaría por su coaboración con Roma, quien delegaría en ellos y apoyaría la citada expansión (Fatás 1985:392-ss). Según esto, los vascones estarían dotados de una entidad política e identificados con un estado centralizado que aglutinaba las ciudades existentes en un vasto territorio. Sin embargo, en los siglos II y I a C son las ciudades y no las etnias las entidades de carácter estatal (Gómez Fraile 2001). Al ager Vasconum citado en las guerras sertorianas debe dársele el valor de territorio geográfico.

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La adsripción étnica de un territorio en la obra de Estrabón, en los momentos en que escribe, tiene un valor exclusivamente geográfico, donde el etnónimo ha perdido el significado político que pudo tener originariamente, de ahí que no pueda emplearse como un argumento sólido para conocer el proceso histórico de un territorio la inclusión o no de una ciudad en una etnia determinada.


Calagurris vascona

Existe una ceca que emitió monedas con las leyendas barskunes y bascunes - benkota.

La aparente relación fonética del topónimo bascunes con el étnico vascones, seguido de la supuesta ubicación de esta ceca en un territorio dentro del étnico y del hecho de ser la ceca más importante del mismo ha llevado a vincular ambos nombres (47).

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La adscripción étnica de Calagurris a los vascones y del territorio donde se encuentra se ha defendido a partir de la interpretación del texto de Tito Livio referente a la campaña sertoriana del año 76 a C y de la vinculación vascona dada por Estrabón y Ptolomeo.


Cecas y ciudades estado

En ningún caso encontramos entidades de carácter étnico, como vascones, berones, autricones, que acuñaran monedas.


Unas emisiones en un territorio tan interior del valle del Ebro debe entenderse dentro de las consecuencias de la conquista y pacificación impuesta por Graco en el 179 a C, plasmado con la fundación de Gracurris en las Eras de San Martín de Alfaro.

Se genera de esta manera un su entorno un territorio fronterizo, un verdadero limes en el avance de Roma hacia el interior. El territorio quedará unido por el Ebro con las redes comerciales del Mediterráneo y estará sujeto a procesos de cambio, en los que la aparición de la moneda es sólo uno de ellos.

La diferenciación de la leyenda monetal de las distintas cecas mostraba la independencia política de la entidad emisora. La moneda se convertía en símbolo máximo de la ciudad que la emite.

Las ciudades eran las máximas unidades políticas del territorio y por lo tanto se asemejaban al modelo de ciudad estado, tan frecuente en el ámbito mediterráneo.

En ningún caso encontramos entidades de carácter étnico, como vascones, berones, autricones, que acuñaran.

Todas estas monedas comparten aspectos iconográficos (una cabeza en el anverso y un jinete en el reverso) pero difieren por el símboo que acompaña a la cabeza y en los elementos que porta el jinete.

Los gobernantes de las ciudades se preocuparon por diferencias sus monedas no sólo mediante la leyenda, sino también con elementos iconográficos propios y fácilmente reconocibles en las dos caras.

Estos iconos trascienden una identidad diferenciada y simbolizan las entidades que debieron ser importantes en la estructura política de la ciudad o en la imagen que el poder político quería dar de ella.

La uniformidad en el uso de un jinete en el reverso, ejemplo de la élite aristocrática caballera (Almagro Gorbea 1995) y la neta diferenciación de las enseñas que porta a la par que la colocación del nombre de la ciudad a sus pies, configuran una unidad de mensaje iconográfico: el de la autonomía de la ciudad y el de la jerarquía de sus gobernantes.



Ager de los vascones

En la campaña de Sertorio se describe el ataque a los agros de los bursaonenses, cascantinos y gracurritanos, tres ciudades próximas a Calagurris Nassica, sin citar el étnico que pudieran englobarlas.

Pero también encontramos en la narración de estos acontecimientos las referencias a entidades más amplias, como el avance contra berones y autricones, o el desplazamiento por el agrum de los vascones.

La palabra ager tiene también un amplio contenido semántico, significa campo, pero también territorio, comarca, país o región.

En cualquier caso, se nos señala la coexistencia de ciudades con su territorio propio y la de agrupaciones de carácter étnico.

Ciudades y etnias son entidades de diferente categoría y entidad, aquellas no se incluyen en estas y deben ser definidas desde el análisis político.






Antonio Tovar. 1949. Estudios sobre primitivas lenguas hispánicas Mª José Peréx Agorreta. 1986. Los vascones J.J. Sayas. 1994. Los vascos en la Antigüedad A Domínguez 1998. Las acuñaciones ibéricas y celtibéricas de la Hispania Citerior



El análisis de las estelas ha permitido constatar la fuerte realación entre el occidente navarro y la Álava oriental, tanto desde el punto de vista de la decoración como de la onomástica.

  • Un mismo taller (Elorza 1969:55-74)
  • Territorio várdulo (F. Marco Simón 1979:249)
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