Besga2012/events/4

De EsWiki

Barbarie, ferocidad y perfidia

  1. En las fuentes de la época de los reinos germánicos no se llama “bárbaros” a los vascones<n>162</n>.
  2. Pero no cabe duda de que en el reino visigodo, como en el franco, se les consideró como tales. Y no tiene sentido discutirles el juicio.
  3. Estamos en un periodo que ha sido llamado la “época de la Europa bárbara”<n>163</n>.
  4. En esos siglos, las fuentes atestiguan la existencia de bárbaros por doquier.
  5. Para los bizantinos, lo fueron todos los que vivían fuera de las fronteras de su imperio, incluidos los persas.
  6. Para los hispanovisigodos, todos menos ellos y los bizantinos, y, por tanto, consideraron bárbaros a los francos, que también fueron tenidos por tales por Gregorio de Tours y los autores de la Crónica de Fredegario, pese al aprecio que sentían por ellos n164.
  7. Si esto es así, no hay motivo para extrañarse de que los vascones fueran considerados unos bárbaros.
  8. Es más, lo eran en todos los sentidos: en el sentido etimológico, por su incomprensible idioma; en el técnico, por ser gentes externae; y en el sentido ordinario de la época, “carente de cultura romana.”<n>165</n>
  9. La barbarie no es, pues, un tópico de la historiografía contemporánea que ha impedido estudiar correctamente la historia de esas gentes: fue una forma de calificar su atraso social.%p
  10. San Julián de Toledo llama “feroces” a los vascones,<n>166</n> como antes lo había hecho Tajón de Zaragoza al relatar la rebelión de Froia (gens effera Vasconum Pyrenaeis montibus).
  11. Tampoco hay nada extraño en este calificativo.
  12. Es un concepto que se encuentra ligado a la barbarie tanto entonces como hoy, como lo demuestra una de las dos definiciones de esta última palabra del diccionario de la Real Academia Española (“fiereza, crueldad”).
  13. Por eso, los visigodos también consideraron feroces a los francos, como testimonia san Isidoro en Las Etimologías:
  14. “Existe la opinión de que los francos se llaman así por el nombre de alguno de sus jefes. Otros, en cambio, estiman que deben su denominación a la fiereza de sus costumbres, pues no están sometidos a disciplina alguna, y la naturaleza de sus sentimientos es, de suyo, feroz.” n167
  15. Además, ¿cómo iban a considerar los visigodos a los vascones, cuando fueron atacados repetidamente por éstos en expediciones de saqueo, y otra relación entre unos y otros se desconoce?
  16. Ciertamente, los visigodos también saqueaban. Y no sólo el territorio enemigo, incluido el de los vascones n168.
  17. El paso del ejército visigodo por territorio propio también resultaba peligroso para la población, como ha sucedido hasta hace poco con la mayoría de los ejércitos n169. Pero eso resulta irrelevante para la cuestión que nos interesa ahora.%p
  18. En las fuentes francas, aunque de época carolingia, se acusa también a los vascones de perfidia.<n>170</n> Tampoco es un adjetivo injustificable.
  19. De hecho, es una característica asociada a la barbarie<n>171</n>. Más importante aún: es un calificativo que se ajusta a lo que para los francos eran los hechos fundamentales de los vascones.
  20. En la guerra, los vascones recurrían al engaño: a la emboscada, en su territorio; y a la trampa de la huida fingida —el torna y fuga—, en territorio enemigo.
  21. En la paz, los vascones no respetaban los juramentos contraídos, único medio que tenían los francos para controlarlos.
  22. El famoso comentario desengañado de la Crónica de Fredegario sobre la sumisión de los en el 636, tras la victoria más importante conseguida sobre ellos por un rey merovingio, testimonia que los francos ya tenían por pérfidos a los wascones en el siglo VII:
  23. “Y allí los wascones confirmaron los juramentos, y prometieron ser fieles en todo tiempo a Dagoberto, a sus hijos y al reino de los francos; lo cual lo comprobaron los hechos, según su costumbre y como con frecuencia lo habían hecho.”<n>172</n>
  24. Como la barbarie y la ferocidad, también la perfidia estuvo muy extendida; baste recordar que la posterior época del feudalismo fue también la de la felonía.
  25. Por eso, más significativo que el hecho de que se llame “pérfidos” a los wascones en las fuentes francas, es que no se les califique de esa manera en las visigodas<n>173</n>.%p
  26. Que todos —o casi todos— fueran “bárbaros”, “feroces” y “pérfidos” no significa que fueran iguales y que esos calificativos carezcan de sentido.
  27. Cada uno lo fue a su manera (y en distinto grado). Los vascones fueron los “bárbaros interiores”<n>174</n>.
  28. En todo caso, su barbarie (o subromanización) resulta mucho menos discutible que la de otros.%p
  29. Ciertamente, esa coincidencia de todos en la barbarie y en los calificativos que se le asocian se explica porque se trata de acusaciones que se hacen al otro, que, además, generalmente es un enemigo.
  30. Y esto es una prueba más de que los vascones no fueron unos campesinos rebeldes, sino gentes externae. Por consiguiente, aunque se probara que la barbarie es un tópico sin fundamento —que no lo es, como se ha comprobado—, todavía quedaría todo para demostrar que los vascones fueron unos súbditos contumaces. %p
  31. Finalmente, hay que señalar que los historiadores que hemos estudiado la historia de los vascones en los primeros siglos de la Edad Media nos hemos basado en el análisis de las noticias, y no en los calificativos que les dieron o en los versos que les dedicaron, que han tenido un lugar secundario y marginal hasta que J.J. Larrea centró su atención en ellos.
  32. Hemos conocido a los vascones por sus obras. No nos han engañado ni versos ni adjetivos. Habremos cometido errores (y yo he denunciado unos cuantos), pero no ése. %p

Conclusión

  1. Como hizo decir Shakespeare a Bruto, “los buenos argumentos deben ceder, necesariamente, a los mejores.” n175 Este principio rige para todos. #Ahora bien, para superar un estado de la cuestión, que cuenta con una larga tradición y unas fuentes que, según se reconoce, basta interpretar literalmente, no es suficiente con proponer una enmienda a la totalidad, basada en el análisis parcial de algunos textos, que es lo que cabe en un artículo, aunque alcance la treintena de páginas.
  2. Una empresa tan ambiciosa y difícil exige un exhaustivo análisis de todos los textos sobre los vascones en la época de los reinos germánicos, lo que incluye la crítica de las interpretaciones que han suscitado n176.
  3. Se trata de una empresa más que suficiente para completar y justificar una tesis de doctorado177. Cuando ese trabajo se haga, podremos comprobar si los nuevos argumentos son mejores que los hemos ido desarrollando tantos historiadores durante tanto tiempo<n>178</n>.%p
  4. Mientras tanto, lo único que tenemos es una propuesta, pese a las rotundas descalificaciones de fuentes y autores, que no corresponden a formulaciones de ese género.
  5. Una propuesta insuficiente que, además, que no ha superado el estadio de su formulación, pues los argumentos iniciales de J.J. Larrea no han sido reforzados posteriormente (desde luego, no lo ha hecho M. Pozo)<n>179</n>.
  6. A mi entender, para lo único que ha servido es para generar confusión en la historiografía sobre los vascones de los primeros siglos de la Edad Media y extender entre el público la idea de que la Historia no es un saber fiable. %p

Apéndice: La campaña de Suintilla contra los vascones<n>180</n>

  1. san Isidoro señala que Suintilla fue el primer rey que dominó toda la Hispania peninsular.
  2. Este éxito fue consecuencia de la Reconquista de los últimos territorios que los bizantinos poseían en la Península Ibérica.
  3. Esta victoria debió de producirse antes del quinto año del reinado de Suintilla (625-626), que es cuando san Isidoro puso fin definitivo a su crónica<n>181</n>.%p
  4. Con anterioridad, Suintilla habría conseguido otra gran victoria contra los vascones:%p
  5. “Hizo también al comienzo de su reinado una expedición contra los vascones, que con sus correrías infestaban la provincia Tarraconense; en aquella ocasión estos pueblos, acostumbrados a correr por las montañas, fueron víctimas de tal terror ante la llegada de Suintilla, que al punto, como si reconocieran ser justos deudores, arrojando sus armas y dejando expeditas sus manos para la súplica, doblegaron ante él sus cuellos, suplicantes le dieron rehenes, fundaron la ciudad goda de Ologico con sus prestaciones y trabajo, y prometieron obediencia a su trono y autoridad y cumplir cuantas órdenes les fuesen impuestas”<n>182</n>.%p
  6. De creer a san Isidoro, Suintilla habría conseguido el triunfo más importante sobre los vascones de toda la historia del Reino Visigodo.
  7. Una victoria sencilla, además, ya que habría bastado con la presencia del rey para que los vascones se rindieran.
  8. Y una victoria total, pues, dado que Suintilla disfrutó de todo el dominio de Hispania, la sumisión habría afectado a todos los vascones de la Península Ibérica.%p
  9. Pero este texto, que proclama una victoria tan rotunda como fácil, plantea problemas de credibilidad.
  10. Que bastara la aparición del rey con su ejército para que se rindieran unos vascones, que aprovechaban las grandes deficiencias del sistema defensivo visigodo, es perfectamente admisible, pero que esa rendición afectara a todos los vascones, que carecían de articulación política n183, no es verosímil y necesita de alguna prueba o argumentación para ser aceptada.%p
  11. R. López Melero ha demostrado cómo este texto de san Isidoro describe una deditio, es decir, una rendición incondicional que debía de significar la integración de los vencidos en la comunidad política del vencedor n184.
  12. Ahora bien, dado el carácter de la descripción, cabe preguntarse si el arzobispo sevillano simplemente se limitó a reproducir unos hechos reales o los interpretó, más o menos libremente, para adecuarlos a una deditio.
  13. Y es que existen varios indicios que apuntan en esa dirección. Que la descripción de san Isidoro puede responder a un cliché lo demuestra el hecho de que cuatro siglos después Sampiro se inspiró en este pasaje para dar cuenta de una victoria de Alfonso III (866-910), que la contemporánea Crónica Albeldense se había limitado a enunciar sin ningún detalle<n>185</n>.
  14. No obstante, el que un texto corresponda a un cliché sólo es, en principio, un elemento de juicio, pues, existiendo tantos tópicos, un autor siempre puede elegir aquél que mejor corresponda a lo que trata de relatar.%p
  15. El dato más concreto de la noticia de san Isidoro es la construcción de Ologicus, tercera y última ciudad fundada por los reyes visigodos en España.
  16. Si esta plaza corresponde a Olite, como parece n186, su ubicación no parece hablar a favor de una gran victoria de Suintilla.
  17. Es más: el hecho de que esté situada al sur de Pamplona y de que en las décadas siguientes los obispos de esta ciudad no aparezcan en los concilios de Toledo ha permitido defender la hipótesis de que, realmente, la frontera visigoda había retrocedido en Navarra. #Seguramente esto es excesivo, pues se han encontrado dos monedas de Suintilla en Pamplona y no parece verosímil que un rey que fue capaz de expulsar de la Península Ibérica a los bizantinos, maestros en la guerra de sitios, hubiera tenido problemas para conservar Pamplona (o Reconquistarla, en su caso), cuando el potencial militar de los vascones en el llano está por acreditar n187.
  18. Además, J.J. Larrea ha dado, acertadamente, una explicación para la fundación de Olite que no implica la pérdida de Pamplona, pues aquélla se encuentra al pie de un macizo montañoso que permite acceder al llano sin tener que atravesar el valle controlado por la capital Navarra188.
  19. Pero si no hubo retroceso en la frontera visigoda, la fundación de Olite indica que tampoco hubo avance n189.
  20. Como Leovigildo, Suintilla tras su campaña creyó conveniente fundar una ciudad.
  21. Si esta plaza fortificada hubiera estado en el interior del Saltus Vasconum, su creación podría interpretarse como una medida para articular el control de este territorio, pero su ubicación en la periferia significa el reconocimiento de que el peligro vascón seguía vigente, pues el carácter defensivo y fronterizo es evidente n190.
  22. Por consiguiente, la campaña de Suintilla, provocada por las incursiones vasconas, no parece que tuviera mayores resultados que la de Leovigildo realizada cuarenta años antes, pese al énfasis puesto por san Isidoro.%p
  23. Ese énfasis tiene, además, una explicación. san Isidoro no sólo escribió el texto que estamos comentando durante el reinado de Suintilla, sino que el relato de los primeros años de ese período tiene mucho más que ver con la apología que la historia n191.
  24. Ahí se encuentra la clave de las diferencias entre los relatos de las campañas de Leovigildo y Suintilla.%p
  25. Un último dato prueba las limitaciones de la victoria sobre los vascones de Suintilla.
  26. Se trata de un pasaje de una carta enviada en el año 625 n192 a san Isidoro en la que san Braulio se disculpa por no haber podido escribir antes:%p
  27. [...] “no sólo la ruina provocada por las malas cosechas, sino también los desórdenes de las incursiones del enemigo me han impedido escribirte [...]. Ahora [...] como si tras un prologado tiempo de desventura hubiera despertado de su pesado sueño, me atrevo a presentarte en esta carta un saludo respetuoso” n193.%p
  28. Esos enemigos, que realizan incursiones que amenazan la comarca de Zaragoza, sólo pueden ser los vascones (rebeldes por este tiempo en Francia<n>194</n>) sobre los que, según san Isidoro, Suintilla había alcanzado una gran victoria “en el verano del 621, o todo lo más del 622”<n>195</n>.
  29. Por ello, hay que señalar, como E.A. Thompson, que durante el reinado de Suintilla]] se produjeron dos invasiones vasconas de la Tarraconense<n>196</n>.
  30. Por tanto, la victoria de Suintilla en los comienzos de su reinado no debió de ser más importante que las logradas por otros reyes visigodos (y merovingios)<n>197</n>.
  31. Además, hay una glosa de Las Etimologías de san Isidoro que si es de ésta época, como parece, confirmaría esta conclusión: Vacceos invictos a nulla gentes obtentos<n>198</n>.
  32. Pero tampoco se debe caer en el extremo contrario y sugerir, como ha hecho K.Larrañaga, que en la segunda etapa del reinado de Suintilla se produjo el inicio del desmoronamiento n199 de las posiciones que mantenían los visigodos frente a los vascones, que continuaría en las décadas siguientes, lo que podría explicar la escasez de las noticias posteriores sobre enfrentamientos entre vascones y visigodos: %p
  33. [...] “puestos a pensar, cabría igualmente conjeturar que la falta, durante esos años, de una actividad historiográfica parangonable a la isidoriana o a la de Julián de Toledo, es justamente el reflejo de la política vacilante y medrosa de una realeza goda atrapada en sus propias contradicciones, e incapaz de protagonizar hechos como los que llevaron a cabo los Leovigildo, Recaredo, Suintilla, etc; porque lo cierto es que no faltan, referidos a ese período intermedio, indicios textuales que sugieren y aun denuncian clamorosamente aires de tormenta en el ámbito norteño”<n>200</n>.%p
  34. Creo que, en este caso, la vehemencia puesta en la refutación de las tesis de J.J. Larrea, en que se inserta este argumento, ha traicionado a K. Larrañaga, porque relacionar la ausencia de un historiador n201 con la supuesta decadencia del reino visigodo<n>202</n> es algo indemostrable que el propio autor no intenta siquiera razonar n203.
  35. Porque, además, la drástica reducción del ritmo de las guerras entre visigodos y vascones de las que tenemos noticia antes aboga por una disminución del peligro vascón, como han hecho R. López Melero y L.A. García Moreno<n>204</n>, que por el supuesto contrario, que sólo tiene un argumento sólido en las ausencias de los obispos de Pamplona a los concilios visigodos de las siguientes décadas, cuya discusión conviene dejar para mejor ocasión.
  36. Pero la disminución real es la de las fuentes disponibles, pues después del año 625 carecemos de informaciones cronísticas escritas por autores hispanovisigodos.
  37. Por eso, no se puede admitir, sin la argumentación correspondiente, que el peligro vascón aumentara o disminuyera a partir de los años finales del reinado de Suintilla]].
  38. Y tampoco que este rey no diera respuesta a las invasiones citadas por san Braulio, si éstas son diferentes, como parece probable, de las atestiguadas por san Isidoro.
  39. El silencio de éste no es óbice porque, o bien terminó su obra cuando san Braulio escribió su carta, o bien san Isidoro, como en casos anteriores, no consideró relevante dar cuenta de una nueva campaña militar, que, además, contradecía lo que acababa de escribir.
  40. Y es que el dato más claro en esta cuestión es que San Braulio da por terminados “los desórdenes de las incursiones de los enemigos”.
  41. Además, no resulta verosímil suponer que Suintilla no pudiera rechazar, otra vez, a los vascones y mucho menos que el que conquistó Cartagena a los bizantinos no pudiera arrebatar Pamplona a los vascones en el improbable caso de que éstos se hubieran apoderado de la capital Navarra.%p
  42. Finalmente, y dado que vamos a entrar en un período más oscuro, conviene aprovechar en la medida de lo posible los detalles proporcionados por las noticias que hemos comentado:%p
  43. 1. Las invasiones de la Tarraconense confirman la interpretación de que la iniciativa corresponde a los vascones y que, por tanto, los ataques visigodos son campañas defensivas, lo que tenía su mejor fundamento hasta ahora en las inruptiones de la época de Recaredo.
  44. Que la comarca de Zaragoza se viera amenazada nos indica que estas incursiones no se limitaban a las inmediaciones del Saltus Vasconum, como se ha hecho en función del dato de la fundación de Ologicus, que, mientras no se intente demostrar lo contrario, no puede ilustrarnos sobre la geografía de la campaña de Suintilla<n>205</n>.%p
  45. 2. La coincidencia de una época de malas cosechas con las incursiones referidas por san Braulio podría darnos una pista sobre los motivos de los vascones, conjetura que, pese a su debilidad, me atrevo a formular porque, como veremos en su momento, carecemos de datos para explicar las causas de estas invasiones.%p
  46. 3. La expresión del plural populi para designar a los vascones es un indicio (más) de la falta de unidad de estas gentes, que ha merecido el siguiente comentario de R. López Melero:%p
  47. “Los Vascones que se rinden ante Suintilla reciben el calificativo de populi, que es el término más vago que se les puede aplicar. Tanto en Isidoro como en Juan de Biclaro, populus carece de sentido político y no tiene otro significado que el de “población”, utilizado en singular cuando se hace referencia a una unidad definida, y en plural cuando se alude a unidades varias. Por consiguiente, el empleo del plural para designar a un grupo relativamente poco numeroso y homogéneo, como es el de los Vascones de nuestro texto, indica que se les contempla como una población no sólo carente de un Estado y de la entidad que expresa el término gens, sino incluso dispersa y falta de la cohesión de un populus. Su forma de poblamiento y sus acciones protagonizadas en general por grupos pequeños, y quizá también un cierto desconocimiento de sus mecanismos de articulación interna, deben de haberles propiciado esa imagen, que les confería uno de sus rasgos peculiares de primitivismo.”<n>206</n>%p
  48. Seguramente, a los autores que han acuñado recientemente el concepto de “circumpirenaico”, para referirse a la gran Vasconia de la que han hablado sin recato los publicistas nacionalistas<n>207</n>, les parecerá excesivo el rendimiento que se le puede sacar a un plural que podría responder a razones de índole literaria.
  49. Pero cuando otros indicios apuntan en el mismo sentido y no tenemos elementos que permitan especular con la articulación política de los vascones (lo que contribuyó, por cierto, a preservar su independencia), no considero que puedan pasarse por alto este detalle y el comentario de R. López Melero, que, en mi opinión y en principio, es el más conveniente.%p
  50. 4. El calificativo de montivagi confirma el carácter de pueblo montañés de los vascones y, en opinión de R. López Melero, “cierta movilidad coincidiendo con el de vagus, aplicado al vasco por Venancioa Fortunato”<n>208</n>, que puede explicarse tanto por la naturaleza seminómada que tuvo probablemente su vida ordinaria, como por las incursiones que realizaban de vez en cuando.
  51. Ciertamente, se puede alegar que esa caracterización obedece a un tópico literario.
  52. Pero a este tipo de objeciones siempre se puede responder que, existiendo numerosos tópicos, el autor ha utilizado uno que conviene a la realidad que quiere referir, y, en buena lógica, la necesidad de la prueba adicional debe recaer en los que defienden la impertinencia del tópico.
  53. Mas no es necesario recurrir en este caso a una argumentación defensiva, pues, como ya hemos visto y veremos, el monte es el hábitat que se asocia al vascón y el llano a sus correrías y derrotas.%p
  54. 5. Como ha señalado R. López Melero, “la expresión remissis telis revela la naturaleza del armamento de los Vascones [...] armas arrojadizas primitivas”<n>209</n>.
  55. No hay razones para rechazar este dato y el comentario apuntado. Existen, como veremos, otros indicios en el mismo sentido.
  56. Es verosímil porque se ajusta al nivel de desarrollo de los vascones, cuyo armamento nadie ha pensado que fuera pesado.
  57. Y nos da una explicación para los éxitos y fracasos de los vascones pues es un armamento suficiente para realizar emboscadas victoriosas e incursiones en el llano mientras las fuerzas militares del enemigo se reúnen lentamente, e incapaz de hacer frente a un ejército real.
  58. La misma táctica del torna y fuga empleada con éxito ante los ejércitos francos<n>210</n> confirma lo dicho.%p
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