Besga2012/events/10

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note160 Como, por ejemplo, las crónicas asturianas, que también han sido atacadas por el procedimiento de los juicios de intenciones, atribuidos, en este caso, a unos mozárabes resentidos, cuando todavía está por demostrar que sus autores fueran mozárabes.</note>

note161 Recuérdese que no analizó las otras dos noticias sobre los vascones de la Historia Gothorum.</note>

note162 Hay algunas referencias a la barbarie de los vascones, pero todas pueden discutirse por algún motivo.</note>

En el Ymnus de profectione exercitus, elaborado para ser cantado en la ceremonia de despedida de un ejército que sale a campaña y mientras dura ésta, hay una referencia a gentes bárbaras e impías (vv. 31-32: gentes barbaricas cornibus uentilet/ac planta terat impios), que Manuel C. Díaz y Díaz, editor del texto, considera que se refiere a los vascones.%p
     

De la misma manera, la gens barbara que Eugenio de Toledo menciona en el Himnus ad pacem se ha considerado que se refiere a los vascones (Federico-Mario Beltrán Torreira, “El concepto de barbarie en la Hispania visigoda”, p. 58).%p

Más clara es la mención de las inimicas et barbaras gentes del Laude Pampilone, que, sin duda, son los vascones, que aparecen poco después. El problema en este caso es que no todos admiten la cronología visigoda de esa composición, que es la teoría tradicional (v. supra n. 36). En todo caso, el testimonio prueba que los pamploneses no sólo dejaron de considerarse (y de ser considerados) vascones, sino que les llegaron a tener por enemigos. Otro aspecto crucial más que no se ha intentado explicar con la teoría de los tópicos literarios sobre los vascones. %p

Finalmente, Venancioa Fortunato llamó “país bárbaro” al territorio de los vascones (Carmina, prefatio, 4). Cuando se ha dado tanta importancia a este poeta en la creación del tópico de los vascones, hay que tener en cuenta también que no hablaba de oídas, porque probablemente atravesó el Saltus Vasconum, dado que parece que visitó a san Fructuoso en Galicia (M. Reydellet, Venance Fortunat, I, pág. 14; S. Quesnel, Venance Fortunat, p., IX). En todo caso, no parece criticable que una persona como Venancioa Fortunato considerara un país bárbaro a un territorio que —entre otras cosas— carecía de ciudades y en el que se hablaba una lengua que resultaba ininteligible.%p

note163 M. Pozo llama a los reinos visigodo y franco “reinos bárbaros” (p. 199). Tampoco parece interesado en salvar el honor de los vascones. Eso evita que tengamos que entrar en la estéril discusión de qué es un bárbaro, una táctica dilatoria utilizada en otras ocasiones para impedir la deducción de una conclusión no querida.</note>

note164 V. Federico-Mario Beltrán Torreira, “El concepto de barbarie en la Hispania visigoda”.</note>

note165 Alfons Dopsch, Fundamentos económicos y sociales de la cultura europea (De César a Carlomagno), p. 89, donde incluye al cristianismo en el concepto de cultura romana y señala que no siempre el concepto tenía “sentido peyorativo”.</note>

note166 Feroces Vasconum debelaturus gentes (Historia Wambae regis, c. 9). Más relevante que el adjetivo “feroces” (al que los historiadores no han dado importancia, y, por tanto, no ha dado lugar a ningún error en la interpretación de los vascones), es el sustantivo “gentes.” Para Gregorio García Herrero, que ha estudiado las categorías conceptuales empleadas por Julián de Toledo en la caracterización del reino visigodo y de los pueblos que lo componían, la utilización del plural resulta significativa, cuando “gens” “es la palabra preferida” por el obispo toledano para designar a “la población de un reino, por encima de sus anteriores connotaciones raciales o tribales”: “También a los vascones se les menciona como gens, pero en plural [...]. Parece también claro, pues, el sentido de «nacionalidad» en el término, aunque en este caso el uso del plural nos remonta a un concepto un tanto más vago e impreciso que en ocasiones anteriores, tal vez más cercano al significado gentilicio propiamente dicho del vocablo: se alude a las tribus vasconas, no organizadas en un estado territorial estable, o a los diversos pueblos organizados fragmentariamente en territorios montañosos, cambiantes según las circunstancias políticas de cada momento” (“El reino visigodo en la concepción de Julián de Toledo” pp. 392- 394).</note>

Si los vascones fueran sólo unos campesinos rebeldes, habría que explicar ese empeño por llamarles por lo que no fueron. Un empeño unánime, que no es de este o aquel autor. Y que es coherente con lo que se cuenta de ellos.%p

note167 IX, 2, 101. Además, también considera feroces a los galos: Gallos natura feroces (IX, 2, 105); Gallicam feritatem (XV, 1, 63).</note>

Nótese el carácter forzado de la definición. E imagínense las especulaciones que se podrían hacer sobre el carácter de tópico de la misma, la influencia de los tópicos en las noticias sobre los francos de san Isidoro y el influjo de éste en los autores posteriores.%p

Por lo demás, basta con leer la Historia francorum de Gregorio de Tours y la Crónica de Fredegario para comprobar que la ferocidad de los francos era algo más que un tópico.%p

note168 Wamba “entra con todo el ejército por tierras de Vasconia donde, durante siete días, por todas partes llevó a cabo la destrucción en sus anchos campos, la hostilidad a los “castra” y el incendio a las casas, con tal rigor, que los mismos vascones, depuesta la fiereza de sus ánimos, entregados rehenes, pedían insistentes, no sólo con ruegos, sino también con dádivas, que se les perdonase la vida y se les concediera la paz. De donde, recibidos los rehenes, pagados los tributos y ajustada la paz […]” (Historia Wambae regis, c. 10). </note>

     Para warning.png"J

.J. Larrea" cannot be used as a page name in this wiki. , lo llamativo de este texto es su parecido con el relato de la campaña de Suintilla contra los vascones de san Isidoro y la simplificación de los acontecimientos, propia de un cuadro retórico y de los clichés (“Aux origines…”, pp. 154-155), lo que, a mi juicio, lo único que demuestra es la facilidad del autor para descubrir y magnificar influencias literarias.%p

No: lo importante de este texto es que se trata a los vascones como enemigos y no como rebeldes: se ajusta una paz, se entregan rehenes y se pagan tributos (lo que no es un hecho reseñable cuando se es súbdito). Nótense las diferencias con el comportamiento del ejército visigodo en Septimania y el castigo inflingido a los rebeldes, que a continuación narra Julián de Toledo. Y no se trata de una excepción: los vascones nunca son castigados como rebeldes. Tampoco se trata de una interpretación personal, sino la conclusión de una monografía sobre la rendición de los vascones: “Las expresiones feroces Vasconum gentes (Hist. Reg. Wambae, c. 9) y feritas animorum (Hist. Reg. Wambae, c. 10), referidas a los Vascones, son de otra índole y tradición. Indudablemente, no resultaban las más adecuadas para calificar a las gentes de una provincia como la Narbonense, que a su alta Romanidad y refinamiento de costumbres unía su pertenencia al reino. Por el contrario, una parte de los Vascones vivía todavía en un marco de salvajismo —que los términos de feritas, ferinus contribuyen a resaltar—, que la independencia de hecho de parte del territorio vascón y sus enfrentamientos con los Visigodos, continuadores de los postulados culturales de la Romanidad, difícilmente podían haber contribuido a paliar” (R. López Melero, “Una rendición vascona en la Historia regis Wambae de J. de Toledo”, p. 839).%p

note169 La misma Historia Wambae regis testimonia que, camino de Septimania, el rey tuvo que castigar a los soldados que aprovechaban la ocasión para saquear, violar e incendiar. Conviene recordar esto cuando tantos tratan hoy de presentar las invasiones germanas como migraciones de campesinos empobrecidos y critican a los romanos por sus exageraciones.

note170 Wasconicam perfidiam (Eginardo, Vita Karoli Magni Imperatoris, c. 9)</note>

Solitam loci perfidiam habitatorumque gennuinam experti sunt fraudem (Vita Hludovici Imperatoris, c. 37). La noticia corresponde a la emboscada que sufrió en Roncesvalles el año 824 un ejército franco. Los Anales Reales, al contar esa noticia, se refirieron a la perfidia montanorum (a. 824).%p

note171 F.M. Beltrán Torreira, “El concepto de barbarie…”, p. 54; E. Pagola, “Eginhardo, Suetonio y la perfidia de los vascones”, pp. 431 y 440.</note>

Por cierto, el trabajo de E. Pagola constituye un modelo de lo que debe ser un análisis sobre influencias y tópicos literarios. Se trata de una monografía de 23 páginas de gran formato, que muestra la influencia de Suetonio en la Vita Karoli magni imperatoris, lo que, sin embargo, no le lleva a negar la veracidad de los detalles de la noticia sobre la derrota de los francos en Roncesvalles, que es el pasaje en el que está centrado el estudio. A mi entender, la teoría de los tópicos sobre los vascones precisa de varias monografías de este tipo para ser creíble y de muchísimas más para ser demostrada. Mientras tanto, lo significativo es que no se haya hecho ninguna.%p

note172 IV, 78.</note>

note173 Por ejemplo, san Julián, que nos da la noticia más extensa sobre una guerra entre vascones y visigodos, sí acusa de perfidia al duque Paulo y a la Septimania, que le secundó en la rebelión. Si a eso se añade la importancia que tiene la fidelidad en la Historia Wambae regis (A. Barbero y M. Vigil, La formación del feudalismo en la Península Ibérica, pp. 137-140), hay que concluir que el silencio del obispo toledano es muy significativo, y que su testimonio es otro argumento más contra la pretensión de convertir a los vascones en unos campesinos rebeldes.</note>

note174 El calificativo, que ya empleé en Domuit Vascones, se basa en la tesis de doctorado de M. Rouche (L'Aquitaine des Wisigoths aux Arabes, 418�781), que, sin embargo, no llegó a utilizarlo. También lo ha visto así J.J. Larrea (“Aux origines…”, p. 130), que ha criticado, con razón, la exageración cometida por M. Rouche al escribir que el vascón de los primeros siglos de la Edad Media había “salido intacto de lo más profundo del Neolítico” (p. 109). Además, como he demostrado, M. Rouche cometió fallos importantes en sus análisis de las noticias sobre los vascones peninsulares, porque no conocía suficientemente la historia española. Pero todo ello no afecta a la validez de su estudio sobre los wascones de Francia, cuyos argumentos desconozco que hayan sido criticados.</note>

note175 Julio César, IV, 3.</note>

note176 Para evitar que se siguieran cometiendo los errores que se nos han atribuido a los historiadores, sería recomendable, además, que se distinguiera en cada texto sobre los vascones qué es lo que corresponde a los tópicos (y se puede utilizar para comprender la mentalidad de los escritores y la concepción que se tenía sobre los vascones) y qué es lo que corresponde a la realidad (y se puede emplear para analizar las historia de los vascones).</note>

note177 A mi juicio, una tesis de doctorado debería ser la demostración exhaustiva de una tesis importante. En la historia altomedieval abundan las tesis doctorales que abarcan periodos y territorios muy amplios, como la que tiene previsto realizar M. Pozo, a tenor del título que ha inscrito (“Los vascones entre finales del siglo VI y comienzos del IX: identidad y poder, territorio y sociedad”). Eso significa que la demostración de la validez de la teoría de los tópicos literarios sobre los vascones, que es la que justifica una nueva interpretación de su historia, sólo podrá ser un capítulo o una parte de la tesis, lo que se me antoja insuficiente ante la dificultad y amplitud de la empresa.</note>

note178 Es lo que ha prometido J.J. Larrea recientemente: “Sobre ese dossier [de fuentes literarias sobre los vascones] hace años se empezó a trabajar: en su estudio crítico, en situar sus informaciones en la lógica propia en la que fueron generadas, y se sigue trabajando. Y creo que no tardaremos en tener nuevos resultados en torno a esto” (“Territorio…”, p. 19). </note>

note179 Tras lo tratado anteriormente, estimo que se puede concluir el siguiente dictamen sobre la teoría de los tópicos sobre los vascones:</note>

1) La propuesta deja demasiados cabos sueltos. Y los que se intentaron atar, que son mucho menos que los sueltos, no están bien atados, salvo en los casos de los textos de Ausonio, Paulino de Nola y Venancioa Fortunato, que no por casualidad han sido los más estudiados por J.J. Larrea (de hecho, su análisis ocupa la mitad de “Aux origines…”), pero que apenas tienen importancia para la historia de los vascones en la época de los reinos germánicos.%p

2) La nueva explicación no soluciona ningún problema; sólo ofrece otra interpretación de la historia de los vascones en los primeros siglos de la Edad Media, pero a cambio de una reducción sustancial de la información disponible para la elaboración de dicha historia y de multiplicar los problemas que teníamos, pues convierte en un enigma la supervivencia de la lengua vasca y la conflictividad de los vascones, por citar sólo dos de las singularidades que presenta la historia de los vascones, que difícilmente puede ser una historia más cuando tantas excepcionalidades presenta.%p

3) Se basa en más supuestos que la explicación que teníamos.%p

        note 180 Publicado en Domuit Vascones, pp. 186-194.</note>

note181 No obstante, se ha defendido en muchas ocasiones que san Isidoro terminó la crónica en el año 624 (C. Rodríguez Alonso, Las historias de los godos, vándalos y suevos de Isidoro de Sevilla, pp. 25 y 27-29).</note>

note182 Historia Gothorum, c. 63. R. López Melero ha propuesto que la ambigua expresión quasi debita iura noscentes sea traducida por “como si conocieran los procedimientos legales establecidos” (“Una deditio de los Vascones”, pp. 465 y 474, n. 23), que ha sido aceptada por S. Segura%p (Mil años de historia vasca a través de la literatura grecolatina, p. 225). Aunque la versión reproducida de C. Rodríguez Alonso responde a la lectura mayoritaria (A. García Gallo, K. Larrañaga, A. Pérez Laborda, J.J. Irigay), la traducción de R. López Melero presenta dos ventajas: se acomoda muy bien al relato que sigue y no plantea el problema de que los vascones sean unos rebeldes, calificativo que no se les da en las fuentes visigodas.</note>

Por otra parte, hay que señalar que el artículo de R. López Melero es el único estudio monográfico sobre una campaña visigoda contra los vascones, y de considerable extensión, además. Pero, desgraciadamente, esto no nos exime del correspondiente análisis, porque dicho estudio está centrado en un solo aspecto de la noticia (las condiciones y caracterización de la rendición de los vascones), sin un planteamiento crítico en un texto tan sospechoso, y algunas deducciones son más que discutibles.%p

note183 V. A. Besga, Domuit Vascones, pp. 500-508.</note>

note184 Es una institución jurídica romana, que respondía también al derecho de gentes, y que servía para la incorporación de comunidades políticas soberanas, no sólo mediante una rendición incondicional, sino también por la iniciativa de un pueblo amenazado que buscaba la protección de Roma (“Una deditio…, pp. 470-473).</note>

note185 Crónica de Sampiro, redacción Silense, c. 1: Alfonso III “desde allá Oviedo] vino a León y pobló Sublancium al que ahora el pueblo llama Sublancia y también la admirable ciudad de Cea. Pero cuando se hallaba ocupado en esas operaciones llegó un emisario enviado de Álava para comunicarle que alguien había inclinado los corazones de aquellos habitantes en contra de su rey. Por lo cual, en cuanto éste así lo supo, se preparó para ir allá. Los alaveses, atemorizados por ello, depusieron su actitud, recordaron los juramentos prestados e inclinaron sus cervices, dispuestos a la obediencia y fidelidad a sus órdenes y reconociendo su señorío. De ese modo se impuso en Álava. Y a Gilón, que parecía el conde de ellos, se lo llevó a Oviedo cargado de cadenas”. La redacción de Pelayo de Oviedo sólo difiere en detalles ortográficos, pero nos da un nombre ligeramente distinto para el jefe rebelde, Eylón.</note>

Para advertir mejor ese paralelismo, compárense las frases latinas de una y otra crónica. Historia Gothorum, c. 63: ...terrore aduentus eius perculsi sunt, ut confestim quasi debita iura noscentes remissis telis et expeditis ad percem manibus supplices ei colla submitterent, obsides darent, Ologicus ciuitatem Gothorum stipendiis suis et laboribus conderent, pollicentes eius regno dicionique parere et quicquid imperaretur efficere. Crónica de Sampiro: Terrore aduentus eius compulsi sunt, et subito jura debita cognoscentes supplices colla ei submiserunt pollicentes se regno dicioni eius fideles existere, et quod inperaretur eficere. Sicque Alauam obtentam propio imperio subiugauit. Gilonem uero, qui comes illorum videbatur, ferro vinctum Ouetum secum atraxit. En cambio, la contemporánea Crónica Albeldense se limitó a decir: Uasconum feritatem bis cum exercitu suo contriuit atque humiliauit.%p

note186 V. A. Besga, Domuit Vascones, pp. 301-302.</note>

note187 Sobre la situación de Pamplona, v. ibid., 292-301.</note>

note188 La Navarre..., pp. 149-150.</note>

note189 M. Rouche, comentando esta noticia, ha señalado que Suintilla es pues el primero en haber entrado en territorio vasco, porque Olite fue rebautizado enseguida por los indígenas Iriberri (¿ciudad nueva?) (L´Aquitaine..., p. 506, n. 25), lo que conviene tener en cuenta para valorar la autoridad de este autor en asuntos de la historia de España.</note>

note190 Para R. Collins, la fundación de Olite indicaría la Reconquista de este territorio por el que se habrían expandido los vascones que buscaban tierras para cultivar, y como “no tenían posibilidades de hacerles retirarse a sus puntos de origen [...], imitando precedentes romanos, los visigodos intentaron asimilarlos a unas formas más aceptables de actividad social y económica, por el sistema de fundar ciudades para los vascones” (Los vascos, p. 113). Pero ninguno de estos supuestos puede probarse.</note>

note191 Historia Gothorum, c. 64: “Además de estos motivos de alabanza a la gloria militar de Suintilla, tenía este rey muchísimas virtudes propias de la majestad imperial real: fidelidad, prudencia, habilidad, examen extremado en los juicios, atención primordial al gobierno del reino, munificiencia para con todos, generosidad para con los pobres y necesitados, pronta disposición para el perdón; tanto que mereció ser llamado no sólo príncipe de los pueblos, sino también el padre de los pobres”. Como ha señalado L.A. García Moreno, son “virtudes todas ellas que se corresponden muy bien con el speculum principis trazado por el sabio hispalense” (España visigoda, p. 223).</note>

El elogio que realiza a continuación del hijo de Suintilla, que, pese a ser niño, fue asociado al trono de una monarquía electiva (que el propio san Isidoro defendía), permite descartar la remota posibilidad de que el retrato trazado del rey godo pueda corresponder a la realidad: “El hijo de Suintilla, Recimero, asociado por él al trono, comparte la alegría de este mismo trono. En su infancia resalta de tal manera el brillo de su índole sagrada, que se prefigura en él, en sus cualidades y en su rostro, el retrato de las virtudes paternas. Por él se ha de interceder ante el que rige el cielo y al género humano para que, del mismo modo que ahora está asociado en el trono patrio, así también después de un largo mandato de su padre sea dignísimo de la sucesión al reino” (c. 65).%p

De hecho, los contemporáneos no vieron tantas virtudes, y Suintilla fue abandonado por su ejército cuando trataba de enfrentarse a la rebelión de Sisenando (631-636). Pero lo más significativo es que san Isidoro presidió el IV Concilio de Toledo, convocado para legitimar el poder alcanzado por Sisenando y condenar los crímenes de Suintilla y su familia, que se habían enriquecido gracias a “exacciones de los pobres” (canon 75). Más que apología, san Isidoro lo que había hecho era una alabanza servil de Suintilla.%p

Esta circunstancia, reconocida por todos, ha sido aprovechada por J.J. Larrea para cimentar su hipótesis sobre el carácter tópico de las referencias sobre los vascones: “Es difícil no creer que el Sevillano haya magnificado unos acontecimientos: el solo hecho de apoderarse de algunas bandas de pobres diablos aventurados más lejos que de costumbre en sus rapiñas y de afectarlos al cuidado de la viejas murallas romanas [de Olite] habría sido suficiente para hacer de Suintilla un nuevo Pompeyo”. Pero ni la manipulación de este pasaje (el más favorable para las tesis de J.J. Larrea) puede extenderse al resto de informaciones, ni la caracterización de los que infestaban la Tarraconense como pobres diablos puede aceptarse simplemente porque la narración de Isidoro sea exagerada. Entre san Isidoro y J.J. Larrea (que pretende reducir las incursiones vasconas a la zona de Olite, porque ése es el único lugar mencionado) existe un amplio término medio en el que hay que situar la campaña de Suintilla.%p

note192 Fecha argumentada por J. Madoz (Epistolario de San Braulio, pág. 40) y Ch. Lynch y P. Galindo (San Braulio, págs. 52-53), y aceptada por autores como E.A. Thompson (Los godos..., pág. 193 y 420) y J. Orlandis (Historia de España, pág. 142); no conozco una crítica en sentido contrario.</note>

note193 Luis Riesco Terrero, Epistolario de San Braulio, Universidad de Sevilla, 1975, III.</note>

note194 V. A. Besga, Domuit Vascones, pp. 192-194.</note>

note195 L.A. García Moreno, España visigoda, I, p. 222.</note>

note196 Los godos..., pp. 193-194. La existencia de una segunda invasión suele ser obviada en las obras sobre este período. En su día, y con el intento de conciliar la información de san Isidoro con la carta de San Braulio, analicé otras posibilidades pero sin resultados (Consideraciones..., pp. 40-41).</note>

note197 Partiendo de la circunstancia de que después de la campaña de Suintilla narrada por san Isidoro son mucho más escasas las noticias de guerras con los vascones, y estas tienen otra naturaleza (en tres de los cuatro casos pueden formar parte de guerras civiles del reino visigodo), R. López Meleroconcluye que hay que “atribuir a la acción de Suintilla una eficacia que no debe ser cuestionada” (“Una deditio...”, p. 470). L.A. García Moreno se ha expresado en términos parecidos: “Posiblemente con ello [fundación de Ologicus] procedió a la organización de una sólida línea de defensa del valle del Ebro y de vigilancia de los movimientos imprevistos de las poblaciones serranas vasco-Navarras. Porque lo cierto es que en los años sucesivos no volveremos a oír hablar de nuevas incursiones de dichos montañeses en el valle del Ebro” (España visigoda, I, p. 223).</note>

Estas conclusiones no pueden admitirse. En primer lugar, hay que señalar que R. López Melero no se plantea en ningún momento la cuestión de la credibilidad de la información de san Isidoro. En segundo lugar, esta autora se deshace de la contradicción que supone para sus conclusiones las incursiones vasconas implícitas en la carta de san Braulio del año 625 (que L.A. García Moreno no tiene presente en su exposición) señalando, sin más, que son las mismas que las relatadas por san Isidoro, cuando hay tres o cuatro años por medio y con este lapso difícilmente el primero podría haber justificado el retraso de su carta al obispo de Sevilla. Y en tercer lugar y, sobre todo, el que tengamos un menor número de noticias de guerras entre visigodos y vascones no significa necesariamente que se hubieran producido menos enfrentamientos, porque desde el 625 carecemos de crónicas hispanogodas que den cuenta de ellas, y, por tanto, esa reducción del número de conflictos podría deberse a las carencias de la documentación. El hecho de que las guerras que conocemos del último período del reino visigodo se deban a noticias incidentales aboga claramente a favor de esta segunda posibilidad.%p

note198 Según K. Larrañaga podría ser “una de las adiciones que entre 628 y 630 hizo Braulio de Zaragoza al texto de Las Etimologías” (“Sobre el obispado...”, p. 312). Para este autor, semejante glosa “sería expresiva de estados mentales de ciertos círculos de la intelectualidad hispanogoda de la época, menos obligados que Isidoro a los dictados de la historia oficial”.</note>

note199 El autor dice literalmente “relajo” (“Sobre el obispado...,” p. 305), pero, teniendo en cuenta la forma prudente (e imprecisa) con la que enuncia la hipótesis y los datos con los que la acompaña, no creo haber traicionado el sentido de la exposición de K. Larrañaga sustituyendo su ambiguo término.</note>

note200 “Sobre el obispado...”, p. 301.</note>

note201 Nótese que lo que diferencia el período comprendido entre el 590 y el 625 del que viene después (san Julián sólo escribió una historia de la rebelión del duque Paulo) es que en el primero tenemos a un cronista y en el segundo, ninguno; no que una etapa floreciente de la historiografía sea sucedida por otra de decadencia, lo que tampoco probaría nada (sin la pertinente argumentación) sobre la situación del reino visigodo.</note>

note202 A mi juicio, la invasión de los musulmanes (que habían terminado con el imperio de la Persia sasánida y arrebatado a los bizantinos dos tercios de sus dominios) ha contribuido decisivamente a presentar el siglo VIIdel reino visigodo como una etapa de decadencia para explicar mejor su brusca desaparición. Pero lo cierto es que los visigodos mantuvieron intactas sus fronteras y rechazaron las invasiones de los francos que pretendían conquistar la Septimania. Y en el interior, los reyes visigodos, generalmente, se impusieron a los rebeldes. En este sentido, conviene recordar que entre el año 415 (fecha de la primera aparición de los visigodos en España) y el 569 (entronización de Leovigildo) siete reyes visigodos fueron asesinados, dos muertos en batalla, uno destronado y posteriormente ejecutado, y sólo cuatro fallecieron de muerte natural; y que entre el 569 y el 711 sólo un rey murió asesinado (Witerico), otro en batalla (Rodrigo), trece de muerte natural y cuatro fueron destronados (uno de los cuáles fue posteriormente ejecutado) [he tratado posteriormente la cuestión en “Consideraciones sobre el fin del reino visigodo de Toledo”].</note>

note203 J.J. Larrea no perdió la oportunidad de realizar una crítica contundente de esta teoría (“De nuevo...”, pp. 322), que K. Larrañaga se resiste a abandonar (“A vueltas...”, pp. 45-46). </note>

note204 V. supra n. 197.</note>

note205 J.J. Larrea, La Navarre..., p. 149.</note>

note206 “Una deditio...”, p. 484.</note>

note207 Y pontificado también como, por ejemplo, en el libro Vasconia]] de B. Estornés, que imagina a los vascones refugiándose en Pamplona tras el ataque de Suintilla (p. 41).%p

note208 “Una deditio...”, p. 484.</note>

note209“Una deditio...”, pp. 484-485. No obstante, algunas de las frases de su comentario podrían matizarse.</note>

note210 Al comienzo de las batallas, los vascones fingían la retirada para atraerse al enemigo, sobre el que volvían de improviso. Es una táctica, propia de la caballería ligera, que ha sido empleada por numerosos pueblos.</note>

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