Atta

De EsWiki

Tabla de contenidos

RamosRemedios2010

Entre los nombres documentados en los siglos IX y X15 encontramos nombres latinos como los ya mencionados Munnius n16, Nunnus n17, Tellus, Didacus n18, Lupus, Paternus, Felix o una variada nómina procedente de la antigua antroponimia romana: Abita (<AVITUS), Aboli (<AVOLUS) n19, Amatus, Ato (<ATTUS) n20, Balerius, Cardellus n21, Centullus, Ciscla/ Cisla (<ACISCLUS) n22,


n20. Quizá la domna Ate de 1060 del monasterio de Valvanera, sea el correspondiente femenino, LUCAS ÁLVAREZ (1950); en Albelda encontramos el nombre Atti en el siglo X, UBIETO ARTETA (1981).

Ato Orelia es señor de Ricla, aragonés, a las órdenes de Alfonso I el Batallador en un documento de Oña, DEL ÁLAMO (1950). FORT CAÑELLAS (1992: 970) recoge Atus, Actus y Atto como nombre único en la Colección Diplomática de Obarra (Huesca) en la primera mitad del siglo XI. Habría que pensar en el topónimo Atahuri de suso y Atahuri de yuso recogido en la Reja de San Millán, SERRANO (1930).

KAJANTO (1982: 42 y 176), incluye a ATTUS entre los nombres raros u obsoletos y lo identifica con el dialecto de los Sabinos.

UNTERMANN (1965: 21 y mapa 13), al trazar el mapa de los nombres indígenas propios de la Celtiberia incluye Atto, junto con Aio, Caelius, Cantaber y Caricus, cara.

Gorrochategui2009

Otros carecen de paralelos precisos, como Arancisis (gen.)(9) o Attasis (gen.)(10). Este último está basado aparentemente sobre un elemento del vocabulario infantil atta, ampliamente atestiguado en lenguas muy diferentes: tenemos el nombre simple Atta en amplias zonas de la meseta occidental (León, Ávila, etc.), pero siempre como nombre de mujer, mientras que su paralelo masculino adopta la forma Atto (Vallejo, 2005, 189ss.).

En el ámbito aquitano se atestigua el elemento Atta-, siempre como nombre de varón, con algunas derivaciones (Attaco; Attaio-) y variantes (Attixsis); también se documentan sufijos en sibilante, bien meramente consonánticos (Enne-bo-x, Lohi-xsi, gen.) bien prevocálicos (Halo-assi, Halo-isso). Como paralelo más cercano tenemos la forma Attaesoni (dat.), procedente de Labitolosa en el prepirineo oscense.(11)


CarriazoGomez2008

p81

Entre los que menciona aparece un Abtaure (973), identificado como un antropónimo en el Cartulario de Albelda, que bien pudiera corresponder con nuestro Atauri.

La abundancia de antropónimos y de topónimos en La Rioja, sean de la época de la repoblación o anteriores (sólo los últimos) a la conquista romana, contrasta con el hecho constatado de la ausencia de vasquismos en el español de La Rioja. Una situación de contacto lingüístico, sea diglosia o bilingüismo, suele tener como consecuencia la adopción de vocabulario (cultismos en el primer caso o préstamos interlingüísticos en el segundo); sin embargo, según Alvar (1976: 26), el romance riojano no se caracteriza por la presencia de léxico vasco. Entre los pocos elementos vascos abundantes en la documentación medieval riojana se encuentran las formas de tratamiento ander(a) ‘señora’ y aita ‘señor’, el cual se transformó de forma de tratamiento en nombre propio: En los documentos riojanos –por ejemplo– los tratamientos de respeto son con frecuencia de origen vasco. Se repiten hasta la saciedad eita (<eita, aita ‘padre’) y ander(a) ‘señora’. En cuanto a los testimonios del primero, son de señalar las formas Aita, que aparece en un documento de Valvanera […] y Eita, atestiguada con más frecuencia (Alvar 1976: 22-23 ). En uno de sus artículos sobre toponimia, Ramón Menéndez Pidal dedicó algunas páginas a la forma de tratamiento echa o eita en la documentación medieval castellana: Se trata del vasco ibérico aita ‘padre’, usado como nombre personal. Es de suponer que el origen remoto de este uso esté en el empleo de tal nombre como título de respeto o de amor, al igual de otras expresiones cariñosas, frecuentemente acompañadas del posesivo mi con valor afectivo (Menéndez Pidal 1951: 5-6)9.

n9 «De igual modo, con el posesivo mi, se usaba otro nombre ibero-vasco, anai ‘hermano’, “Meo annaia senior Enneco Sangiç” […] formas que explican la abreviada en el nombre famoso “Minaya Alvar Fañez”» (Menéndez Pidal 1951: 6).

p82

¿Se podría conjeturar que es ese Aita/Eita antropónimo lo que tenemos detrás del primer elemento del término que nos ocupa: Ata-uri, y su variante Abtaure? Estaríamos entonces ante un antropónimo toponímico Atauri/Abtaure que correspondería con el patrón toponímico [antropónimo + -uri] constatado en Herramélluri, Ochánduri, Belascuri, Marcuri, Semenuri o Vermoduri.

Es posible que tras Abta en Abtaure se oculte el antropónimo Aita, que es precisamente el primer elemento en los topónimos Chamartín, Chaherrero o Chagarcía, según Menéndez Pidal (1951). En estos casos no estaríamos ante un antropónimo toponímico sino ante un topónimo derivado de un antropónimo, nacido a su vez como forma de tratamiento. Sin embargo, la existencia de un lugar llamado Atauri en Álava y de otros topónimos con el elemento sufijal -uri nos hace pensar que nos encontramos ante un nombre de lugar utilizado como apellido en la documentación riojana medieval.

RamirezSadaba1988

p150 e) Antropónimos no-indoeuropeos: Abisunhar, Acnon, Andio, Araca/Araica, Atta, Buturra, Coema/Coemia, Geseladion, Nanena, Narhunges, Ordunetsi, Urchatetel, Sahar, Umme y los teónimos Lacubegui, Loxa/sa, Peremusta y Selatsa. Con el ibero se relacionan Ordunetsi y Urchatetel, mientras que se detectan elementos aquitanos en Abi (sunhari), Atta, Narhunges, Selatse y Umme-Sahar, y morfología y lexema euskéricos pueden postularse para Andio, Losa, Umme-Sahar y tal vez Selatse n8.

n8. Sin espacio para una discusión en detalle, nos limitamos a recordar que Abi, And (ossi), Atta, Ume/Ombe, Sahar, Selats, contienen elementos aquitanos, así como Ordunetsi y Urchatetelli los contienen de tipo iberico (vid. Gorrochategui, op. cit. 258 ss.). Incluimos los teónimos porque son vestigios evidentes de unas creencias (arraigadas y presuntamente antiguas) que no tienen relación con el mundo indoeuropeo (vid. Ramírez Sádaba J. L. «Las creencias religiosas, perviviencia última de las civilizaciones prerromanas en la Península Ibérica» en La Religión romana en Hispania, Madrid 1981, 228 ss.).

Herramientas personales