AlvarezLlopis2005

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  • Title: Límites y "fronteras" en el Norte Peninsular aproximación cartográfica al territorio de Cantabria entre el mundo antiguo y el medieval
  • Autores: Elisa Alvarez Llopis, Esther Peña Bocos
  • Localización: Espacio, tiempo y forma. Serie III, Historia medieval, ISSN 0214-9745, Nº 18, 2005, págs. 13-26
  • Texto completo (pdf) http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2004229

Resumen

El objetivo de este breve estudio es reflexionar y aportar un nuevo enfoque sobre los límites del territorio cántabro en la Antigüedad tardía con nuevas pautas, nueva metodología, nuevas técnicas y con un aprovechamiento exhaustivo de los datos aportados por las fuentes, tanto literarias como cronísticas y eclesiásticas como auxiliares (onomástica, epigrafía o arqueología), que utilizados de forma cartográfica se nos presenta como una forma de delimitar y reconstruir el espacio ocupado por los cántabros en época tardoantigua.

Cantabria histórica

Y en relación con ello hay que señalar que la identidad de Cantabria, como la de cualquiera de los pueblos prerromanos antes de la fase de conquista, es una empresa que entraña dificultades debido a la parquedad de las fuentes y a las diferentes etapas de un largo proceso de dominación, primero romana, y después, visigoda, que ha desvirtuado muchos de sus comportamientos y ha ofrecido en muchos casos una visión lejana y desvirtuada de la realidad al realizarse la redacción de los hechos en fechas posteriores a los actos que se describen.

Pues, en un unos casos, se ha realizado bajo la óptica del vencedor, quien ve a los vencidos como seres inferiores; y en otros, los hechos que se transmiten se cuentan a través de relatos intermedios.

Otro problema añadido corresponde a la lectura de las fuentes de las que se han hecho diferentes lecturas de un mismo texto, lo que suscita serias dificultades a la hora de su interpretación.

Una cuestión que ya fue señalada por Sánchez Albornoz ^ en 1976, al referirse al pasaje de Mela (11,1) en relación con las diferentes variantes de sus ediciones, lo que se presta a interpretaciones muy variadas.

El objetivo de este breve estudio es aportar un nuevo enfoque sobre el territorio cántabro en la Antigüedad Tardía con nuevas pautas, nueva metodología, nuevas técnicas y con un aprovechamiento exhaustivo de los datos aportados por las fuentes, tanto literarias, cronísticas y eclesiásticas como auxiliares (onomástica, epigrafía o arqueología), que utilizados de forma cartográfica se nos presenta como una forma de delimitar y reconstruir el espacio ocupado por los cántabros en época tardoantigua.

Sobre el espacio ocupado por los cántabros existen variedad de teorías aportadas por Assas ^, FIórez ^ Schulten, Fernández Guerra ^ González Echegaray^, Sánchez Albornoz 3, J. J. García González'", sin olvidar a Zurita, Gorosabel", Larramendi ^^, Garibay, Henao, o Ambrosio de Morales. En todas ellas aparece como denominador común la frontera oriental del territorio cántabro que unos colocan en el Nervión, otros en el Agüera o en el Asón, lo que sirve para que historiadores como Morales o Garibay se preocupen por la pertenencia de Vizcaya a Cantabria y localicen a Juliobriga en «las marinas de Vizcaya» ".

Por lo que respecta a la frontera occidental parece haber unanimidad en el curso del río Sella, que se prolonga hasta Cistierna; mientras que la frontera sur aparece con diferentes alternativas: más arriba o más abajo de Cervera o Herrera de Pisuerga.

También parece haber unanimidad en la idea de la localización de los autrigones como frontera oriental de Cantabria, aunque algunos los hacen llegar hasta los Pirineos.

Como podemos observar las teorías son diversas, emitidas algunas hace más de doscientos años y rebatidas o cuestionadas en esa época.

Por ello, dedicaremos nuestra atención a las teorías más modernas: la de Sánchez Albornoz (1929- 1976) y la de González Echegaray (1966).

Unas teorías que cuentan con más de cuarenta años, y que han sido emitidas con distintas metodologías.

La primera configura el territorio cántabro por exclusión; es decir, delinea primeramente el territorio de las tribus vecinas para concluir en la delimitación de Cantabria, apoyándose en la epigrafía, en los relatos de ios geógrafos clásicos, en los datos aportados por la arqueología, y en los de los estudios lingüísticos, teniendo como elementos auxiliares a la toponimia, y a los textos medievales.

La segunda, se apoya en las teorías de Menéndez Pidal" en relación con la pérdida de la «f» inicial, la epigrafía vadiniense, y en la interpretación de textos procedentes de Estrabón, Mela, Plinio, Floro, ...

Es decir, que en ambos existe una base común: la proporcionada por los textos clásicos, la epigrafía y la lingüística, aunque Sánchez Albornoz va más allá al complementarla con la toponimia y las aportaciones documentales.

Extraña observar que, tras cuarenta años, ninguna de las dos teorías citadas haya sido motivo de revisión, a pesar de las nuevas traducciones hechas a las obras de Floro, Orosio, Estrabón o Plinio tanto por autores españoles como franceses, ingleses, alemanes o italianos.

Cabe pensar que no existe una voluntad de volver sobre temas que algunos califican de «polémicos»; otros, no desean reconocer que nuevas aportaciones, nuevas técnicas y nuevos planteamientos ^^ pueden evidenciar la poca fiabilidad de algunos estudios sobre el tema de la Cantabria tardoantigua que se han llevado a cabo basados en escasos datos; o bien, han obviado el tema.

Y en este sentido, es de notar que algunas teorías como la pervivencia del paganismo, o la escasa romanización entre los cántabros sustentada en la datación del ara descubierta en el Pico Dobra por Alcalde del Río, y fechada en el año 399 ^'^, una nueva lectura corrige su datación y lectura.

Realizada por A.U. Stylow, la pareja consular que en ella aparece no es la que siempre se había indicado (Manilo y Eutropio), sino la de Marco Aurelio y Lucio Vero, por lo que siguiendo al autor citado, la fecha más probable para este ara sería la del 161; es decir, que el epígrafe se habría realizado 238 años antes de lo que se pensaba ^^

De ser esto así, la pervivencia del paganismo y de la organización social de los cántabros hasta fines del siglo iv, no puede seguir manteniéndose.

Las consecuencias históricas son importantes tanto para la historia Antigua como para la Medieval.

De la lectura del epígrafe citado se derivaba que las relaciones de parentesco y los vínculos territoriales estaban excluidos, puesto que la presencia de un vicanus aunigainum indicaba la existencia de un vicus y por tanto de unos grupos de parentescos que habían evolucionado hacia un grado de territorialización.

Pero, como ha señalado González Rodríguez, «existen suficientes testimonios que demuestran que Vicanus es un cognomen, un antropónimo atestiguado como tal en otros hallazgos epigráficos» ^8.

Por su parte, Besga Marroquín lleva más allá las consecuencias en relación con la teoría de A. Barbero y M. Vigil sobre la situación de cántabros y astures que se plantea en su obra Sobre los orígenes sociales de la Reconquista, ya que piensa que en las fuentes «no existe ninguna noticia de insumisión, rebelión, independencia o guerra de los pueblos del Norte peninsular en la época del Bajo Imperio.

Lo único que existe, en realidad, son interpretaciones (brevemente argumentadas) de algunos datos, que serían indicios (que no pruebas) de esa independencia».

Una teoría que está basada también en la inscripción del Pico Dobra^9


p18

Pero volvamos a los límites de Cantabria. Sobre ellos ambas teorías coinciden, al igual que las de otros autores como hemos apuntado, en señalar el curso del río Sella como la frontera Oeste de los cántabros.

Un límite bien definido por los textos y por la epigrafía vadiniense que se extiende desde la riberas del Sella fiacia el SO. hasta el lugar de Cistierna para dirigirse hacia Velilla de Río Cardón, identificada con las Fuentes Tamarici señaladas por Plinio, como perteneciente a los cántabros.

La divergencia entre ambas teorías comienza al delimitar la zona SO.

Para González Echegaray la línea de frontera desde las fuentes del Sella en el valle de Sajambre, se dirigiría hacia Cofiñal, para replegarse al SE. hasta Cistierna.

Desde aquí la divisoria estaría entre Alar del Rey y Mave, quizás después de pasar Nogales de Pisuerga, desde este lugar el inicio de la zona montañosa señalaría el paso hacia el interior de Cantabria por la vaguada del Pisuerga.

Queda por tanto más al Este el castro de Peña Amaya, que estaría según esta interpretación en territorio turmogo.

Una línea que González Echegaray califica de difusa se dirigiría hacia el nordeste, a través de Valdelucio y La Lora hasta el lugar de Paradores de Bricia, pasaría cerca de Villarcayo, dirigiéndose hacia los Montes de Ordunte.

La línea se cerraría atravesando estos montes, para descender con el curso del Agüera, hasta la ría de Griñón, que delimitaría la frontera oriental.

Sánchez Albornoz por su parte, desde Cistierna hace pasar la frontera, tras trazar una ligera curva hacia el Sur, hacia Guardo.

Desde allí seguiría una línea ascendente hasta el sur de Cervera de Pisuerga, más o menos coincidente con el territorio de La Pernía; una inflexión en la línea de frontera la llevaría hasta Treviño, para dirigirse después hacia Villadiego y Páramo de Masa hasta Terminón, como punto más oriental de Cantabria.

Desde este punto, la línea fronteriza coincide con el territorio autrigón en dirección norte con las divisorias de los ríos Rudrón, del Nela y del Ebro, divisorias que coinciden con las merindades de Bureba y Castilla Vieja.

Esta línea ascendería por el puerto de la Magdalena por la divisoria del valle de Luena con el del Pas, valle este último que quedaría fuera del territorio cántabro, para a lo largo del curso alto del río Pas enlazar con el Asón, río que servirá de frontera entre los territorios cántabro y autrigón, dejando dentro de éste último los valles de Soba y Ruesga y la península de Santoña.

En el Mapa 1 representamos cartográficamente las dos teorías que en relación con los límites y «fronteras» hemos venido comentando hasta aquí. Por lo que respecta a ambos trazados del territorio cántabro creemos que posiblemente la teoría de Sánchez Albornoz tiene más visos de verosimilitud que la de González Echegaray, aunque en algunos tramos ambos sean coincidentes como ya hemos señalado en el trazado occidental, más seguro por las aportaciones epigráficas vadinienses y las fuentes clásicas.

En el Mapa 2 hemos plasmado el territorio que según la teoría de Sánchez Albornoz correspondería a los cántabros, cuyo punto situado más al SE correspondería a Treviño (Burgos), punto de confluencia de vaceos, turmogos y cántabros, al igual que en el Treviño (Burgos) del SE. concurren cántabros, várdulos y caristios.

El territorio iebaniense se configurará como la frontera más nororiental del reino de León tanto frente a Castilla, desde época de Fernán González (923), como hasta Sancho III y Alfonso VIII, que pasa a ser castellana.

Y será frontera del reino de Navarra desde la muerte del conde García Sánchez (1029) a la de Bermudo III de León.

Eclesiásticamente, la Liébana estará adscrita a la diócesis de León hasta 1956.

Según Mañaricua, la división geográfica eclesiástica coincide con la muy anterior geografía tribal y lingüística en relación con el País Vasco 2.

Creemos que esta tesis podría ser extensiva al territorio lebaniense, pues geográficamente coincide con los vadinienses y lingüísticamente con el límite donde se pierde la «f» inicial ^s.

La división del territorio en distritos de límites variables en el reino astur-leonés, bajo el mando de un comes, preservó la extensión del territorio hasta la configuración de la merindad, que sustituye al condado a principios del siglo xiii y articula administrativamente el territorio en dos espacios diferenciados: la merindad de Lié- bana-Pernía, que comprendía los valles de Liébana, Valdeón, Pernía y Polaciones; y la de Valdeburón, en la que se integraban Sajambre, Tierra de La Reina y Riaño.

Las sucesivas divisiones administrativas que se realizan en los siglos xvi, xviii y xix (se crea la provincia de Liébana), y en la división de Javier de Burgos (1833), que perdura hasta la configuración de las actuales comunidades autónomas, terminan por desdibujar el territorio lebaniense.

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