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Tabla de contenidos

1. INTRODUCCIÓN

El congreso internacional sobre “Horrea, Barns and silos. Storages and incomes in Early Medieval Europe” celebrado en Vitoria-Gasteiz en el año 2011 supuso un antes y un después a la hora de “comprender la complejidad de las relaciones sociales que se establecen en torno a los procesos de gestión de las cosechas, su almacenaje a corto y largo plazo, los sistemas de captación de rentas y, en general, las formas de articulación de la arqueología agraria de las sociedades altomedievales” (Quirós 2013: 11). Las actas de este congreso posibilitaron, en efecto, un conocimiento actualizado de los últimos estudios realizados a nivel europeo sobre las estructuras de almacenaje existentes en la Alta Edad Media. Se trató, además, de un trabajo en el que coexistieron aportaciones, tanto de la documentación textual y etnoarqueología, como fundamentalmente de la arqueología, y que, por lo tanto, permitía obtener una visión multidisciplinar de esta cuestión. De este modo, se profundizaba en aspectos taxonómicos, resolviendo cuestiones formales como qué es un silo, qué tipologías y capacidades presentan, etc.; e interpretativos, recalcando la importancia que tenían estas estructuras de almacenaje, en muchos casos únicos testimonios conservados para entender el comportamiento de las sociedades altomedievales. Finalmente, gracias al análisis comparativo de la distinta casuística estudiada, se pudo establecer una serie de pautas de comportamientos generales.

Una de ellas fue la presencia de silos en las iglesias altomedievales, fenómeno estudiado por muchos de los autores que participaron en dicho congreso. Entre ellos, destacaremos a J. Roig, por ser Cataluña el lugar donde más extensamente se ha investigado el tema (y consecuentemente donde mejor se conoce), y J. A. Quirós, por haber tratado la problemática en nuestro territorio. Ambos autores abordan detenidamente esta cuestión, analizándola desde la perspectiva social y funcional.

De forma general, J. Roig relaciona la presencia de estos silos con el almacenaje del excedente agrícola que genera el alodio de la iglesia a lo largo del siglo x, así como con el diezmo eclesiástico (Roig 2013:168-169); J. A. Quirós, por su parte, considera que, hasta esa fecha, la casuística documentada en el País Vasco no permite establecer aseveraciones generales sobre su interpretación (Quirós 2013: 186). Aun así, este investigador recoge alguna de las hipótesis que habían sido planteadas hasta el momento para explicar los casos documentados en nuestro territorio. Podemos destacar dos de ellas.

Por un lado, la que ofrecen (I. García Camino y (M. Neira para el silo hallado en el interior del templo de Santa Lucia de Gerrika, en Bizkaia, datado entre los siglos ix y x. Estos autores, siguiendo a grandes rasgos las propuestas para territorio castellano de F. Reyes (Reyes 1991: 89-90) o para Cataluña de V. Farías (2007), interpretan esta estructura como un lugar de almacenaje de los excedentes generados por las comunidades campesinas, como forma para escapar a la presión señorial (García Camino y Neira 2007: 370). Por otro, la que el mismo J. A. Quirós formula para explicar el elevado número de silos presentes en el interior de la basílica de San Martín de Dulantzi. Este autor propone que el templo (y con él los silos) estuvo durante los siglos ix y x en manos de elites locales que disponían de una importante capacidad de almacenaje y, por ende, de captación de rentas (Quirós 2013: 184).

Este breve análisis al estado de la cuestión peninsular de dicho fenómeno no hace sino resaltar la importancia del caso de San Martín de Dulantzi. De hecho, y aunque tenemos en cuenta que cada territorio tiene una problemática propia que responde tanto a su propia realidad histórica como al mayor o menor desarrollo de la investigación, sorprende el reducido número de silos presentes en el interior de las iglesias estudiadas (tanto en Cataluña, como en el País Vasco), en relación con los encontrados en Dulantzi. Hay que tener en cuenta que, gracias a una nueva intervención arqueológica efectuada en este yacimiento en el verano de 2014 (Loza y Niso 2015), el número total de silos interiores ha sido ampliado a 35, el doble de los que se conocían en el momento de celebrar el congreso internacional. Ello indudablemente incrementa las capacidades hermenéuticas del yacimiento. Por esa razón, y dado que han pasado varios años desde que se plantearan las primeras hipótesis sobre los silos presentes en el interior del templo de Dulantzi, hemos considerado oportuno elaborar un trabajo que, aportando nuevos datos, aborde de forma monográfica estas problemáticas n5.

n5 Buena parte del capítulo interpretativo del presente texto ha sido realizado a partir de las ideas desarrolladas en la tesis doctoral defendida por E. Alfaro en enero de 2016. Dicho trabajo, titulado La formación de la red parroquial en Álava y Treviño. Evidencias desde la arqueología (siglos xi-xiii), se encuentra actualmente inédito.

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2. EL YACIMIENTO DE SAN MARTÍN DE DULANTZI

El yacimiento de San Martín de Dulantzi se localiza al norte de la actual villa de Alegría-Dulantzi (Álava), a escasos 15 km de Vitoria-Gasteiz (Fig. 1). La villa de Alegría fue fundada por iniciativa de Alfonso XI en el año 1337 sobre la aldea de Dulantzi, documentada desde el siglo xi y situada en proximidad de la sede de Tullonium, una de las ciudades de los várdulos mencionada por Ptolomeo y nuevamente citada en el (Itinerario Antonino ((Gurruchaga 1951:222-231).

2.1. Secuencia general del yacimiento

Hasta el momento dos han sido las actuaciones arqueológicas realizadas en este yacimiento, que cuenta con un total de 800 m² de superficie intervenida y una amplía secuencia histórica documentada desde la protohistoria hasta la actualidad. Esta secuencia, desarrollada en varios trabajos anteriores (Loza y Niso 2012 y 2015), se puede resumir en ocho fases:

FASE 1. Siglo ii a. C. Varias estructuras excavadas en el estrato geológico a modo de posibles fondos de cabaña de planta irregular y de grandes dimensiones pertenecientes a una ocupación de la Edad del Hierro.

FASE 2. Siglos i al iv d. C. En época altoimperial se detectan dos momentos de ocupación. Un primer poblamiento basado en estructuras perecederas con pavimento a nivel de suelo y semiexcavado. Otro posterior que parece circunscribirse a los últimos años del siglo i d. C. o ya a la siguiente centuria, con estructuras murarias pétreas en torno a una calle. A partir del siglo iii se produjo una importante reestructuración en el asentamiento de la que apenas se han conservado restos constructivos.

FASE 3. Siglo v d. C. - 1ª mitad siglo vi d. C. Salvo quizá una primera ocupación de carácter funerario, hay una llamativa ausencia de evidencias arqueológicas del siglo v. Por el contrario, durante la primera mitad del siglo vi se observa una densificación de los testimonios arqueológicos, basados nuevamente en estructuras perecederas.

FASE 4. 2ª mitad siglo vi d. C. - Siglo vii d. C. En los años centrales del siglo vi se levantó un gran edificio de culto asociado a una necrópolis interior formada por enterramientos privilegiados con ricos ajuares y depósitos funerarios. Al exterior del mismo continuaron existiendo numerosas estructuras con pavimento semiexcavado.

FASE 5. Finales siglo vii d. C.- 2ª mitad siglo ix d. C. Se mantiene en uso el edificio eclesiástico, pero se amortiza la necrópolis de prestigio, que fue sustituida por un cementerio comunitario situado al exterior del templo y que parece convivir con algunas estructuras domésticas.

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FASE 6. 1ª mitad siglo x d. C. – Principios siglo xii d. C. Continuidad del templo y del cementerio comunitario, que en este momento alcanzó su mayor extensión, manteniéndose también diversas estructuras domésticas. Lo más destacable, sin embargo, es la presencia en su interior de un gran número de silos de almacenaje que se fueron abriendo y amortizando de forma diacrónica, hasta su total abandono a finales del siglo xi o principios del siglo xii.

FASE 7. Siglos xii-xiv d. C. En la primera mitad del siglo xii tuvo lugar el abandono del gran edificio de culto y, unas décadas más tarde, se erigió la iglesia de San Martín, acompañada de un nuevo cementerio. Atendiendo a la documentación escrita, parece que la función parroquial de esta iglesia pervivió más allá de la fundación de la villa de Alegría en 1337, probablemente hasta el siglo xv (Portilla 1978: 249-259).

FASE 8. Siglos xv al xxi. Transformaciones posteriores asociadas al urbanismo de la villa.

2.2. Los siglos vi al xii d. C.

Serán los siglos vi-xii (fases 3-6) los que se tomarán en consideración en este trabajo, por ser aquellos en los que se han detectado silos. El punto de partida es la construcción, en los años centrales del siglo vi, de un gran edificio eclesiástico que modificó totalmente el hábitat preexistente, convirtiéndose durante casi 700 años en el (foco vertebrador de todo el lugar. A pesar de no haberse podido excavar en su totalidad y de que lo encontrado se encuentra notablemente alterado por actividades posteriores, ha sido posible reproducir su (planta basilical de 315 m² de superficie n6, perfectamente orientada este-oeste. Al este se ha documentado su cabecera, seguramente tripartita.

n6 Se trata de una estimación mínima teniendo en cuenta los restos de la iglesia que se han documentado, ya que todavía falta por descubrir la zona de los pies y el cierre de la nave septentrional. Además, hay que tener en cuenta que algunas partes del edificio ya están perdidas irremediablemente como consecuencia de construcciones modernas.

De la misma se conserva la sala central, identificada con el (sanctuarium, y la cámara sureste, de funcionalidad funeraria constatada, que también pudo hacer las veces de (sacrarium n7.

n7 Por su parte, la cámara noreste se encontraría bajo una vivienda actual.

La parte central del complejo estaría ocupada por el aula, dividida en tres naves, cuya parte más cercana al sanctuarium pudo haber servido también de acceso restringido al clero, a modo de chorus n8.

n8 La presencia de un posible espacio restringido en el aula es una propuesta que todavía sólo alcanza el grado de hipótesis y que se sustenta en la no aparición de enterramientos en esa área, en la presencia del arranque de una estructura muraria adosada a la primera pilastra de separación de las naves y en el hecho de que el acceso al sanctuarium debió estar abierto.


El aula también tendría un uso funerario en toda su superficie, a excepción del anteriormente mencionado coro. Por último, al sur de esta gran sala central y aparentemente de forma exenta, se ha identificado el baptisterium, con una piscina de inmersión central. La zona de los pies no ha podido ser registrada, por lo que no es posible determinar cómo cerraba el edificio.

En sus primeros años de vida, la basílica fue utilizada como (lugar privilegiado de enterramiento. Hasta el momento, se han documentado 30 inhumaciones datadas entre la segunda mitad del siglo vi y el siglo vii: 20 en el aula, 3 en el sacrarium y 7 al exterior de la basílica, en un espacio también de privilegio y quizás delimitado para ello, sin que se hayan detectado en el sanctuarium y el baptisterum, posiblemente por su mayor componente litúrgico.

Estos enterramientos estaban inhumados de forma ordenada en fosas, simples o colectivas, con los individuos generalmente descansando en ataúdes de madera armados con clavos. Además, muchos de ellos estaban acompañados en su ritual funerario por distintos objetos de prestigio, algunos de ellos de clara influencia norpirenaica.

Al exterior se detectaron, asimismo, diversas estructuras excavadas de aparente carácter doméstico: agujeros de postes, rozas, fondos rehundidos de cabaña y silos. La basílica anuló algunas de ellas, mientras que otras funcionaron con ella hasta su amortización, en muchos casos motivada por la ubicación a partir del siglo viii de un nuevo cementerio exterior. Este nuevo espacio funerario coincide con el abandono de la necrópolis de prestigio interior. Se trata de un cementerio muy denso y longevo que se extiende por gran parte del yacimiento, conviviendo con un buen número de estructuras domésticas, entre ellas varios silos abiertos en los siglos x-xi n9.

n9 Puede sorprender la ausencia de silos durante la fase 5 (finales del siglo vii d. C.- segunda mitad del siglo ix d. C.), sobre todo porque en este momento se detectan un gran número de estructuras domésticas al exterior del edificio eclesiástico. En nuestra opinión, las características particulares de la intervención arqueológica, que no permitieron la excavación en extensión de todo el yacimiento, pueden ser las razones que expliquen esta ausencia. Otra cuestión diferente es que no hayan sido identificadas en el interior del edificio eclesiástico, circunstancia que sí responde a un fenómeno particular del uso de la basílica en este periodo.

El interior de la basílica conoció en el siglo x una nueva e importante transformación, con la apertura de un gran número de silos de almacenamiento subterráneo que se fueron excavando y amortizando de forma diacrónica hasta finales del siglo xi o principios del siglo xii, fecha que coincide con la ruina y desmantelamiento definitivo del edificio de culto (Loza y Niso 2016). La presencia de estos silos, siempre ubicados en su interior, es el objeto de estudio de este trabajo.

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3. ANÁLISIS DEL CONJUNTO DE SILOS DOCUMENTADO

En las páginas anteriores se ha realizado un breve resumen de la secuencia general del yacimiento, ampliando la información de aquellas fases que más interesaba destacar para contextualizar debidamente el trabajo. Corresponde ahora analizar los silos que, como se ha visto, se agrupan en dos momentos cronológicos. El primero de ellos se data en los siglos vi y vii d. C. En esta etapa ya existía un hábitat integrado por distintas estructuras rupestres, entre las que se englobaban varios silos de almacenaje pertenecientes a la comunidad que habitaba Dulantzi, con anterioridad a la erección del edificio religioso. Estos silos responden, en consecuencia, a una casuística diferente a la planteada en este trabajo, por lo que únicamente

nos centraremos en el análisis de las estructuras de almacenamiento pertenecientes a la segunda etapa, asociadas a la basílica de San Martín y fechadas entre los siglos x y xi.

Su estudio lo dividiremos en dos apartados. Uno primero referido al continente, es decir a la propia estructura arqueológica; y otro segundo relativo al contenido o, lo que es lo mismo, al material arqueológico recuperado en su interior (principalmente cerámico), puesto que, como veremos más adelante, permite ser utilizado como herramienta taxonómica (indicador cronológico) y hermenéutica (principalmente para comprender los procesos formativos en arqueología).

3.1. Los silos como estructura arqueológica

Atendiendo a la situación de los silos respecto a la iglesia se pueden diferenciar dos conjuntos. Por un lado, los 35 silos localizados en su interior. Por otro, tres silos localizados al exterior, concretamente a unos ocho metros al sureste de su cabecera y en el mismo espacio en que se sitúa el cementerio comunitario (Fig. 2).

3.2. Silos al exterior de la basílica

Se trata de tres silos coetáneos a los registrados al interior del edificio. Sólo conservan su mitad mediainferior, al estar muy afectados por distintos arrasamientos, presentando unas dimensiones en torno a 1,2 m de diámetro conservado y una capacidad estimada de 1.000 litros (Fig. 3). Comparten las mismas relaciones estratigráficas, ya que cortan a enterramientos de la fase más antigua de la necrópolis comunitaria (finales del siglo vii d. C.- segunda mitad del siglo ix d. C.) y están cortados por sepulturas de la fase más moderna de esta misma necrópolis, cuyo uso final se sitúa a principios del siglo xii d. C.

3.3. Silos al interior de la basílica

Al interior de la basílica de San Martín se registraron un total de 35 silos10. Su cronología, situada entre el siglo x y los primeros años del siglo xii, ha sido establecida principalmente a partir del material cerámico aparecido en sus rellenos de amortización, ya que las relaciones estratigráficas no permitían acotar una horquilla cronológica lo suficientemente válida. Más adelante profundizaremos en su cronología, abordando los problemas a los que nos hemos tenido que enfrentar para determinar el momento de su apertura y del posterior proceso de abandono. Ahora nos centraremos en las cuestiones relativas a su morfología y localización.

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3.4. Sobre cerámicas, dataciones y procesos formativos

Cualquier arqueólogo que trabaje con procedimientos de excavación estratigráficos conoce que la cronología de los estratos deriva de dos componentes fundamentales. El aportado por la secuencia estratigráfica del yacimiento, que proporciona una datación relativa, y el aportado por los materiales contenidos en los propios estratos, que facilitan su datación absoluta. Estratigráficamente sabíamos que todos los silos registrados al interior del templo eran posteriores a los enterramientos vestidos, datados entre la segunda mitad del siglo vi y el siglo vii, y anteriores a la construcción de la segunda iglesia y su correspondiente necrópolis, ambas datadas en la segunda mitad del siglo xii. Obteníamos así una horquilla cronológica situada entre el siglo viii y la primera mitad del siglo xii que resultaba prácticamente inservible por su extensión. Conscientes de la necesidad de constreñir este amplio hiato cronológico, procedimos al análisis del material cerámico contenido en los rellenos de amortización de los silos.

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3.5. Los silos y sus rellenos: los datos carpológicos

No queremos cerrar este capítulo sin hacer un breve comentario sobre los interesantes datos que ha proporcionado el estudio carpológico de los macrorrestos vegetales recuperados al interior de los silos21.

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